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Editorial:  Nueva era de dominio colonial

 

 

Mientras en Puerto Rico nuestro pueblo sigue, a duras penas, enfrentando una realidad cada vez más complicada, a nuestras espaldas y muy sigilosamente se cuece un nuevo e impredecible capítulo en la historia de la ocupación de nuestro país, por parte del mismo gobierno de Estados Unidos que por primera vez nos ocupó el 25 de julio de 1898. En esta ocasión, el escenario es distinto aunque puede anticiparse que las consecuencias a corto, mediano y largo plazo serán muy similares o peores. En esta ocasión no se trata de una ocupación militar, ni del desembarco de tropas en una playa sureña. Tampoco existe un general Miles, ni soldados, ni botas, ni uniformes como símbolos de la dominación colonial sobre nuestro país. Hoy no nos ocupan bajo el sol candente, sino bajo el frío glacial. En la gélida sala de un Tribunal de Estados Unidos en Nueva York, hoy convertido en plataforma virtual desde la cual una jueza extranjera decidirá el destino de nuestro país para los próximos 40 años. Las tropas de hoy no están sudorosas, ni usan armamento bélico. Por el contrario, están perfectamente acicalados y visten los costosos “uniformes” que simbolizan el éxito económico y social que les acompaña en la vida. En este caso, sus armas son legales, pero igualmente letales. Son en su mayoría, abogados y “expertos” en finanzas y demás asuntos relacionados, todos con nombres extranjeros como Bienenstock, Rosen, Friedman, Bernstein, Kirpalani,   o la plana mayor de las entidades asesoras, también todas extranjeras, como McKinsey, Deloitte, Ankura, Hastings. Unos y otros marchando al unísono- al son de casi $1mil millones pagados por el pueblo de Puerto Rico- y en cumplimiento de las órdenes impartidas por sus jefes imperiales del Congreso de Estados Unidos y sus criaturas, la Ley Promesa y la Junta de Control Fiscal (JCF).

El gobierno electo de Puerto Rico brilla por su ausencia en estos procedimientos. Su representación la asume la JCF, el ente federal que gobierna “de facto” en Puerto Rico desde hace 5 años, cuando el Congreso de Estados Unidos, amparado en sus poderes omnímodos sobre nuestro país, le arrancó la careta de gobierno propio al llamado Estado Libre Asociado (ELA) e impuso la dictadura de la Ley Promesa, como antes impuso el gobierno militar y las Leyes Foraker y Jones bajo las cuales nos gobernó durante los primeros 50 años tras la invasión de 1898.  La función del gobierno de aquí (Gobernador y Asamblea Legislativa) fue de servirle de parapeto y alcahuetes a la JCF y al Tribunal de Quiebra, aprobando la Ley 53, hecha a la medida de los conglomerados financieros de Estados Unidos que invirtieron en bonos de Puerto Rico a sabiendas del riesgo que asumían, y ahora exigen con amenazas que se les pague la pérdida. La Ley 53 es el “marco legal” del Plan de Ajuste de Deuda de Puerto Rico (PAD), documento que, de aprobarse, servirá de mapa al despojo y privatización de los principales recursos que aún le quedan al pueblo de Puerto Rico. También, será la puerta franca a la nueva etapa de ocupación neoliberal de nuestro territorio nacional.

Basta solo una mirada al récord de lo sucedido en las vistas de aprobación del PAD en la sala de la jueza Taylor Swain, para darnos cuenta del plan monstruoso de estas fuerzas e intereses foráneos para apropiarse de lo que les interesa de nuestro país y arrollar lo que se les interponga. En el cuarto y quinto días de las vistas en torno al PAD surgieron grandes revelaciones. Por ejemplo, que los acreedores fueron librados de su porción de responsabilidad por la crisis de la deuda de Puerto Rico a cambio de aceptar los términos del PAD. O también, que  el PAD dejará sin efecto unas 40 leyes de Puerto Rico para impedir que interfieran con el pago de la deuda o el uso de fondos destinados a ese fin.

Otra revelación es la proyectada ampliación de la doctrina del “campo ocupado”, que ya ejerce el gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico en áreas tales como aduanas,  aguas territoriales, espacio aéreo, inmigración, correo, y otros. Ahora, la Ley Promesa podría ocupar el campo de otras leyes, como por ejemplo, aquellas relacionadas a las corporaciones públicas y la Universidad de Puerto Rico. La Ley Promesa podría incidir, además, en la paralización de leyes futuras o de cualquier estatuto vigente que la JCF determine como en conflicto con los objetivos del PAD, incluso limitar a la Asamblea Legislativa por diez años de su facultad para adoptar medidas que, de alguna manera, puedan interpretarse como contrarias al PAD.

Las filtraciones a cuenta gotas del debate en la sala de la jueza Taylor Swain en Nueva York, indican que las necesidades apremiantes del pueblo puertorriqueño no figuran entre las prioridades, como si no fuera nuestro pueblo el principal pagano de esta embrolla multimillonaria.  A falta de defensores en las altas esferas, será desde la calle que nos toque luchar y defendernos de esta nueva embestida del amo colonial, y de los cipayos en Fortaleza y el Capitolio.

 

Mirada al País: El PPD, el Plan de ajuste y su fraude de auditoría de la deuda

 

Especial para CLARIDAD

En días recientes, la mayoría del Partido Popular Democrático en la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de auditoría de la deuda (Proyecto del Senado 457). El presidente de la comisión de hacienda, Jesús Santa, rápidamente tuiteó denunciando que la delegación del Movimiento Victoria Ciudadana había votado contra la medida, después que tanto había exigido una auditoría. Es cierto, votamos en contra. Votamos en contra porque sabemos distinguir entre un producto legítimo y un fraude. Como aún estamos en la lucha contra el Plan de ajuste de la deuda que está bajo la consideración de la jueza Taylor Swain, conviene examinar este punto.

Nuestra propuesta de auditoría está contenida en el Proyecto del Senado 159 (y su versión en la Cámara, Proyecto de la Cámara 506). Nuestro proyecto plantea y propone una auditoría ciudadana de la deuda. Por eso plantea la creación de una Comisión de auditoría con amplia representación de la sociedad puertorriqueña, incluyendo los sectores que más se afectarán con cualquier intento de pagar esa deuda insostenible. Incluiría representantes de los sectores sindicales públicos y privados, de las pequeñas y medianas empresas, del sector cooperativista, de las organizaciones ambientales y ecológicas, del sector agrícola, de los estudiantes y docentes de la UPR, de los pensionados y pensionadas, de las organizaciones defensoras de los derechos y equidad para las mujeres y catedráticos en las áreas de economía, planificación, estadística, salud pública y derecho constitucional. Por supuesto, la investigación estaría a cargo de un equipo técnico, pero este será el cuerpo ciudadano que orientaría la investigación y evaluaría y certificaría los hallazgos y recomendaciones.

¿Cuál es el objetivo de la auditoría ciudadana? El objetivo es identificar las partes de la deuda que son ilegales, inconstitucionales, corruptas o ilegítimas para lograr su anulación, para lo cual hay que evaluar distintos aspectos de la deuda (desde los términos de emisión hasta cómo se usaron los fondos) que se detallan en el proyecto. La auditoría es un arma para luchar contra los bonistas y contra los planes favorables a los bonistas acordados por la Junta de Control. Ese es el modelo de las auditorías que se han realizado en Ecuador y Grecia, para tomar dos ejemplos.

¿Qué hizo la mayoría popular en la Cámara con nuestra propuesta? Nada. No hicieron nada. De hecho, hicieron menos que nada: en lugar de enfrentar la séptima versión del Plan de ajuste de la deuda, presentaron el Proyecto 1003 para autorizar la emisión de bonos necesaria para dar paso a ese plan. En lugar de usar el poder que tiene la legislatura de detener ese plan, le dieron paso. Entonces, luego de haber aprobado pagar deuda ilegal e inconstitucional (con el Proyecto 1003, ahora Ley 53) proponen auditar la deuda. Uno se pregunta ¿para qué auditarla ahora, si ya aprobaron el acuerdo? ¿De qué sirve la auditoría ahora, si acordaron los términos de pago? Había que auditar primero y luego renegociar. Estos señores aceptan la renegociación acordada por la Junta primero y ahora pretenden auditar. Como dice un dicho en inglés: eso es cerrar el portón después que se salió la vaca.

Pero la medida es peor que inútil. Según la exposición de motivos, su objetivo no es anular deuda ilegal ilegítima (eso no se menciona por ningún lado) sino descubrir como “llegamos hasta aquí”. Es decir, el objetivo sería descubrir por qué se llegó al impago.

Al impago se llegó por razones que es necesario discutir, por supuesto. Para nosotros, por ejemplo, la crisis de la deuda no puede separarse de la situación colonial de Puerto Rico y los límites que plantea a nuestro desarrollo económico; de las acciones irresponsables del Congreso de Estados Unidos, en el contexto de la relación colonial; de la incapacidad del gobierno de Puerto Rico de idear estrategias económicas más allá de la exención contributiva; del impacto y costo de medidas como la privatización de la salud, entre otros elementos. Determinar las raíces de la crisis es parte de un debate político y de análisis que tenemos que desarrollar.

¿Será esto lo que pretende determinar la auditoría propuesta por el PPD? Basta con ver la composición de la comisión de auditoría para contestar la pregunta. Desaparece todo atisbo de auditoría ciudadana de la deuda. La comisión la presidirá la contralora, es decir, una funcionaria de gobierno. Y los integrantes serán representantes de un puñado de organizaciones profesionales, entre los cuales se incluyen la de contables y de asesores financieros. Es la reducción de la crisis de la deuda a un problema contable. Lejos de ser la ciudadanía la que investigue las acciones del sector financiero, serían delegados vinculados al sector financiero los que auditarán las acciones del gobierno.

En el marco de esa auditoria esto de “descubrir cómo llegamos a esta situación” se limitará a la afirmación redundante de que llegamos a la crisis de la deuda porque se tomó demasiado dinero prestado y averiguar a quién se le fue la mano. Y este ejercicio, esta reducción del análisis de la crisis a la pregunta ¿cómo fue que nos embrollamos tanto? se usará entonces para justificar medidas de austeridad futura, para que evitemos un nuevo impago. Es decir, en lugar de auditar la deuda para anular la parte ilegal, se acuerda pagar parte de esa deuda ilegal, como parte de un plan que exigirá nuevas medidas de austeridad. Luego se pretende desarrollar una auditoría que en lugar de anular deuda ilegal ayudará a justificar las medidas de austeridad que serán necesarias para pagarla.

Llamar a esto auditoría de la deuda es un chiste de mal gusto. Por eso le votamos en contra. Nosotros tenemos dos votos en Cámara y Senado. Si el PPD no ha querido realizar una auditoría ciudadana de la deuda, que no la haga. Pero no va a contar con nuestro voto para tomarle el pelo al país con medidas que son peores que la inacción.

Hacia el futuro el rumbo está claro. Hemos luchado y seguimos luchando contra el Plan de ajuste. Si se logra que la jueza Taylor Swain no lo certifique será una victoria de la resistencia de tantos sectores de nuestro pueblo. Si la jueza certifica el plan, nos esperan nuevas luchas contra los nuevos recortes y medidas de austeridad. Como quiera que sea, la lucha sigue. Y la lucha que damos hoy es la mejor base para las del futuro.

 

 

 

El grupo 5

Especial para CLARIDAD

 

MANAGUA– Integrantes de Costa Rica, Guatemala, Puerto Rico y República Dominicana conformaron el Grupo 5 de acompañantes internacionales que presenciaron las recientes elecciones en Nicaragua y el contraste entre el contenido de los medio occidentales y de Estados Unidos sobre la realidad de Nicaragua y su proceso electoral, y como en realidad se desenvolvió el proceso.

De Puerto Rico participaron del proceso de acompañamiento William Cruz Alicea, Ivan O. Hernández Martinez y Olga Sanabria quienes visitaron en el Departamento de Rivas cuatro Centros de votación que normalmente son escuelas públicas.

El Grupo 5 llegó antes de las 7am al primer centro de votación que visitó. Ahí ya aparecía una fila de aproximadamente cien personas ávidas de ejercer a partir de las 7am su derecho a escoger el presidente, vice presidente y otras autoridades gubernamentales que regirán los destinos del pueblo nica desde enero de 2022.

La invitación a acompañantes internacionales en lugar de observadores(as), incluso de la Organización de Estados Americanos (OEA), a presenciar estas elecciones responde a que ese organismo desprestigiado entre pueblos de América Latina y el Caribe (la OEA) ha desvirtuado lo que deben ser observadores electorales, en particular respecto del penúltimo proceso electoral en el Estado Plurinacional de Bolivia.

Los integrantes del Grupo 5 fueron parte de los aproximadamente 260 acompañantes internacionales que viajaron a Nicaragua sufragando sus propios gastos. Pudieron constatar como al llegar su turno los electores y electoras primero se identificaban para ser dirigidos(as) al aula donde su nombre aparecía en la lista electoral.

Ahí personal del Consejo Supremo Electoral de Nicaragua constataban con el carnet del elector su identidad y que su nombre apareciera en la lista electoral correspondiente. Al firmar la lista al lado de su nombre y fotografía, recibía su papeleta electoral, era orientado a marcar sus opciones de preferencia y se dirigía a la estación en la misma aula donde de manera secreta marcaba su decisión, luego doblaba la papeleta y la depositaba en la urna.

Antes de marcharse, su dedo pulgar izquierdo era entintado para evitar el doble sufragio. Así mujeres, mujeres embarazadas, hombres, ancianos(as), personas con funcionalidad física diversa ejercieron su derecho al voto en total orden, paz y libre albedrío.

Es de notar que a pesar de su derecho a optar por la función de fiscal electoral (funcionario de colegio) celador(a) de la pulcritud del proceso, estos escasearon con excepción de fiscales del Frente Sandinista de Liberación Nacional a quienes no se les observó intervención alguna.

Mientras acompañantes nos movimos sin impedimento de aula en aula y conversamos con electores(as), oficiales electorales y medios noticiosos presentes.

 

[Más en la próxima edición de Claridad]

 

 

 

 

 

 

Israel en Puerto Rico

 

Especial para CLARIDAD

Leí con mucho interés el artículo publicado en estos días en un medio escrito del país sobre el nuevo cónsul de Israel en Florida, Kansas y Missouri quien al parecer también será concurrente en San Juan.

En su visita reciente a Puerto Rico en busca de alianzas de todo tipo, Mar Elbaz-Starinsky se reunió con oficiales del gobierno de Puerto Rico y otros para ofrecer asistencia a varios proyectos y entidades aquí.

Todo bien, pero el Sr. Elbaz-Starinsky debe enterarse que históricamente en Puerto Rico habido solidaridad con el pueblo palestino, con sus derechos humanos, su derecho a la libre determinación, su derecho a su territorio y a vivir en paz.

Afirmar esto no es antisemitismo, sino sensibilidad con la situación de un pueblo la cual también debe tomar en cuenta el gobierno de Puerto Rico. Además, tocó se trata de objeción a la colaboración e intercambio con países del mundo.

Por último, debemos recordar que a pesar de la presencia en Puerto Rico de cubanos activos opositores(as) de la Revolución Cubana, a diferencia de la situación en Miami, en Puerto Rico siempre hemos expresado nuestra solidaridad con la Cuba Socialista y su pueblo al igual que continuaremos expresando nuestra solidaridad y amistad con el pueblo palestino en lucha por sus derechos reconocidos por la comunidad internacional.

 

 

 

Cuba, el poeta, el tablero y el olvido

 

Por Ricardo Ronquillo

Raúl Rivero acaba de morir en Miami con su talento y desplantes desgastados por el abandono y el olvido. Lo dicen quienes buscan más allá de las fanfarrias anticomunistas fúnebres de ocasión.

Según parece, se fue al más allá con la ingratitud de su más acá; de los que ensalzaron su genio, y hasta su maldad, para ponerlo al servicio de causas que no lo merecían. Fue tras ellas con la promesa de ser el rey en un tablero de intereses donde —está demostrado— lo único “aspirable” es ser un simple peón, para el sacrificio, por supuesto.

Esa muerte a la que intentan sacar nuevos jugos los exprimidores de siempre, y los de ocasión, puede decir mucho en esta inquietante, para unos, como prometedora para otros, antesala del 15 de noviembre en Cuba, cuando pareciera que pretenden coronar nuevos monarcas sobre el mismo tablero en el que Rivero se va, como otros, con su jaque mate.

Cuántos otros nombres y falsos profetas faltarán para que se entienda que en la tabla sobre la que se juega el destino de Cuba frente a Estados Unidos, cuando se escoge el bando de la reacción, o sea, el de la contrarrevolución, no hay otro destino que el de terminar convertido en una ficha, movida a juicio y apetencias extrañas. Penosa variante de destino manifiesto para los cubanos que deshonran su condición.

De qué otra causa vendría la prevención, o el escozor, que a todo patriota —que así merezca ser llamado desde los fundadores hasta hoy—provocó siempre la participación de los gobiernos de Estados Unidos en la causa de la independencia de Cuba.

Una de las lecciones más notorias de nuestra historia, y de las más gravosas para olvidarla, es que los problemas de la Revolución, con sus más de 150 años de impulsos, retrocesos y remontadas, deben resolverse dentro de esta, nunca en su contra.

En esta tierra, cuando se abandona el camino de la Revolución, o este se debilita o desvirtúa, se termina, de alguna manera, en los pantanos de la anexión o de la intervención.

Todo lo anterior no es solo una enseñanza para quienes se dejan arrastrar a la contrarrevolución por causas diversas. También lo es para los líderes y hacedores todos de la Revolución: siempre tiene que existir una vía, una salida para la corrección y el mejoramiento a su interior.

A la Revolución no solo la legitiman sus leyes, sus líderes o sus políticas, que pueden llegar a ser más justicieras o erradas —pónganle el masculino—, sino además su capacidad de rectificación.

Se trata también, como le escuché defender hace poco a un ciudadano íntegro sometido a la insensibilidad burocrática, de que nadie se vea compulsado a la contrarrevolución para resolver los problemas de la Revolución.

Seríamos ingenuos si creyéramos que lo que está en juego ahora mismo, mientras nos enfrentamos a una de las más graves operaciones político-comunicacionales contra el país —dirigidas y financiadas por el Gobierno de Estados Unidos— es cualquier tipo de liderazgo prefabricado o pretencioso. La gran disputa estratégica es por la legitimidad de la Revolución y de su sistema político e institucional.

Quienes le hacen la pala interna no son más que fichas al servicio de la jugada que busca ese propósito, y que muy pronto —lo estamos viendo todavía sin el final de la provocación en marcha— serán sustituidas por otras que les parezcan más eficaces para el empeño.

La legitimidad, por supuesto, requiere de consensos, algo que los contrarios a la Revolución buscan quebrantar a toda marcha, sobre todo después del 11 de julio pasado, cuando creyeron ver señales de fracturas en ese valladar portentoso contra el que se estrellaron todos sus actos, desde los más bárbaros hasta los más siniestros, como el de Joe Biden de mantener las más de 240 medidas de la administración Trump, en medio del infortunio de la COVID-19, pese a las promesas de campaña.

La ruptura de esas promesas, con el pretexto de los sucesos de la mencionada fecha, muestra la bajeza moral de un contendiente que, como denunció el presidente mexicano Manuel López Obrador, utiliza el bloqueo para impedir el bienestar del pueblo de Cuba con el propósito de que este, obligado por la necesidad, tenga que enfrentar a su propio Gobierno.

El cálculo, vil y canallezco, para usar calificativos de Obrador, choca contra una dignidad que el Presidente hermano considera, con toda razón, debiera premiarse internacionalmente.

Es la dignidad que nos da, como pueblo, la salida del “infortunio” de la pandemia, y nos dará la paz del presente y del futuro, y seguramente el bien, tan postergado como merecido.

Aunque las fichas con pretensión de ser reyes sigan apareciendo sobre el tablero, y hasta añoraron algún épico poema, que parece será el del olvido.

Reproducido de www.cubadebate.cu