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La civilización de la ecología integral

Especial para En Rojo

La Organización de Naciones Unidas (ONU) concluyó la primera parte de la 15ª Conferencia Mundial sobre la Diversidad Biológica (COP 15). Representantes de más de cien países se reunieron en Kunming, China, en parte, de forma presencial, y con la mayoría, en participación virtual. Del 11 al 15 de octubre, grupos de trabajo han producido la «Declaración de Kunming» que muestra consenso sobre la urgencia de salvar la biodiversidad en el mundo. Para eso, propone que, hasta 2030, la ONU ponga bajo protección internacional el 30% de biomas y océanos. También los/as representantes de 72 países acordaron dar prioridad a la educación para una «civilización ecológica». Xi Jinping, presidente de China, anunció la creación de un «fondo Kunming» con 1.500 millones de yuanes (más de 220 millones de dólares) para apoyar la conservación de la biodiversidad en países pobres. La biodiversidad será tema de nueva sesión de trabajo en Ginebra, (enero de 2022). El documento final será votado, en abril (China), cuando se cerrará oficialmente la COP15.

El desafío es cómo conciliar las resoluciones necesarias para salvar la biodiversidad con intereses de lucro de las empresas y gobiernos que consideran la naturaleza como mercancía. Representantes de empresas multinacionales enviaron al grupo en Kuning una carta en la que afirman: «Reconocemos la gravedad de la crisis vinculada à la destrucción de la naturaleza. La naturaleza es esencial en la lucha contra los cambios climáticos. No puede haber comercio en un planeta muerto”.

En un sistema social que tiene como prioridad el interés económico, no hay posibilidad de biodiversidad ni de civilización ecológica. Ver la tierra como «casa común» supone que la máxima prioridad de toda actividad humana es la vida. Por eso es mejor hablar de socio-biodiversidad, visión que aúne los ecosistemas de la naturaleza con la lucha por la justicia social y el respeto à la diversidad de géneros, razas, culturas y religiones, así como los derechos de la clase trabajadora y de los excluidos.

En los Andes, la cultura quechua mantiene hasta hoy la noción de Pachacuti. Según esta visión, la colonización ha puesto el mundo patas arriba. Es necesario cambiar el orden del mundo para que se restablezca la armonía entre los seres humanos, la naturaleza y los Espíritus de las montañas. La Carta de la Tierra, documento de la UNESCO sobre los derechos de la Tierra, en un párrafo citado por el Papa Francisco afirma: «El destino común nos obliga a buscar un nuevo comienzo. Que el nuestro sea un tiempo recordado por el despertar de una nueva reverencia por la vida, la firme decisión de lograr la sostenibilidad, la intensificación de la lucha por la justicia y la paz, y la alegre celebración de la vida» (LS 207).

El autor es monje benedcitino y escritor.

Varadero apuesta al turismo seguro para su reapertura en noviembre

 

Corresponsal CLARIDAD

 

La Habana, Cuba-En los más de 19 meses que ha durado, la pandemia de la Covid-19 ha golpeado fuerte y sin tregua los diversos sectores que comprenden la economía cubana, ya de por sí castigada por las sanciones y el bloqueo impuestos por el gobierno de Estados Unidos.

Dentro de ese renglón, ha sido el sector turístico el que ha sufrido las más severas afectaciones. Principal fuente de ingresos para el país, desde mediados del año 2020 el turismo no ha podido aportar a la economía cubana como de costumbre, al verse privado del flujo de visitantes y turistas que suelen copar las playas, los restaurantes y la industria hotelera en la llamada época alta.

Los números dan cuenta de la situación. En 2019 –año en que ya las sanciones de la administración Trump golpeaban a la isla–, Cuba recibió unos 4,3 millones de turistas. Desde la llegada de la pandemia en marzo del pasado año, ese número se ha reducido en más de un 90% y en lo que va de 2021, sólo se han recibido poco más de 200.000 visitantes. Las autoridades aspiran a recibir un número similar de viajeros a partir de la reapertura de las fronteras el 15 de noviembre.

Pero en medio de la parálisis que ha supuesto el Sars-Cov-2, y a pesar de las dificultades económicas, el turismo cubano no ha quedado de brazos cruzados. Polos turísticos como el de Varadero, en la provincia de Matanzas, han aprovechado el tiempo muerto para echar a andar mejoras y remodelaciones a las decenas de hoteles que ocupan la ciudad.

“Varadero no ha descansado, se aprovechó el tiempo de la pandemia para llevar a cabo acciones de mejoras”, puntualizaba hace poco Ivis Fernández Peña, delegada del Ministerio del Turismo en esa provincia.

Desde mediados de 2020, en la ciudad balneario se han realizado más de 20.600 acciones de mejoras en inmuebles, inmobiliario y decoración para mantener al día la oferta de los más de 60 hoteles que tienen lugar a lo largo de sus 21 kilómetros de costa.

También se han creado nuevos espacios culturales y gastronómicos en la ciudad para uso y disfrute tanto de nacionales como extranjeros. Un ejemplo es el ‘Boulevard de Varadero’, construido en el centro histórico durante el último año y que cuenta con más de una veintena de tiendas y restaurantes.

“Esta etapa nos obliga a un nivel superior de calidad y un turismo que encante, que enamore desde un ejercicio que ofrezca total seguridad sanitaria a los clientes”, destacaba la delegada durante un recorrido de medios de prensa extranjeros por Matanzas.

Hoy Varadero solo tiene un 17% de ocupación de sus hoteles –sólo 25 de ellos están operando actualmente– Fotos suministradas por el autor

Hoy Varadero solo tiene un 17% de ocupación de sus hoteles –sólo 25 de ellos están operando actualmente–, debido a las restricciones por la Covid-19, pero las autoridades esperan que esa cifra aumente sustancialmente una vez se reabran las fronteras el próximo mes y el flujo de turistas comience a normalizarse. De hecho, para el mes de diciembre se espera la entrada de vuelos por el aeropuerto internacional Juan Gualberto Gómez, en una plataforma aérea que superaría la que tuvo el balneario en 2019, antes de ser declarada la pandemia.

Para cuando llegue ese momento, el turismo cubano se ha asegurado contar con todos los protocolos necesarios para ajustarse a la nueva realidad de los tiempos que corren. Desde hace meses, todo el personal que labora en el sector está vacunado contra el nuevo Coronavirus y en los hoteles se siguen constantes medidas sanitarias para garantizar la seguridad de los huéspedes. Además, todo turista debe mostrar a su arribo al centro de hospedaje prueba de vacunación en su país de origen.

Las autoridades sanitarias de la isla trabajan también en la posibilidad de ofrecer sus vacunas a viajeros que aún no se hayan vacunado o que deseen aplicarse alguna de las dosis cubanas como refuerzo.

Aunque en un número menor, Varadero sigue recibiendo visitantes, en especial, provenientes de Rusia. Según Fernández Peña, el turismo ruso ha tenido un “crecimiento sostenido” y ha aumentado en un 38% en los últimos años. Si bien sigue siendo Canadá el principal emisor turístico a la ciudad balneario, desde hace seis años, y de manera ininterrumpida, las visitas del país euroasiático han sido las de mayor ritmo de crecimiento. Actualmente, desde Rusia operan tres agencias turoperadoras y cuatro aerolíneas.

Para el turismo de América Latina, Cuba espera volver a contar con los vuelos usuales de aerolíneas con escala en México, Panamá, República Dominicana, entre otros, que sirven de conexión para traer el turismo al país caribeño.

 

 

 

Yo soy, gracias a la UPR

Especial para CLARIDAD

 

#YoSinLaUPR simplemente no sería yo. 

Recuerdo vívidamente mi día de orientación en la Universidad de Puerto Rico (UPR). Estaba muy nerviosa. A pesar de estar loca por salir de la escuela superior, era intimidante estar en el gran campus de la UPR. Mientras esperaba el pon para Río Piedras, una imprudente paloma sanjuanera me cagó encima. La amiga de la familia, al verme manchada y casi al borde del llanto, muy generosamente, me dijo que me esperaba mientras me iba a cambiar rapidito. Una vez sentada en el anfiteatro de Estudios Generales, me di “palmaditas en la espalda” por tomar la decisión correcta de graduarme a los 16 años. Todo valió la pena.

Cuando por fin entré a la Iupi fui feliz. Sentía que podía respirar libremente, estaba a mis anchas. Atrás quedaron los dramas adolescentes, las claques y demás. Estaba lista para ser adulta, escoger mi horario, mis clases, mis profes… mi rumbo.

#YoSinLaUPR no hubiera conocido a personas maravillosas, que se convirtieron en grandes amistades. Gente chula y solidaria con quienes compartía no solo el gusto por la literatura, el arte y la fotografía, sino por el activismo político.

Ya no era la nena de Norma y Manny en el piquete; ahora era mi propia persona luchando hombro con hombro, con mis pares. Imposible olvidar la gran marcha desde el Recinto de Río Piedras hasta el Capitolio, por toda a la Avenida Ponce de León luchando en contra de la privatización de la Telefónica. Que orgullo haber sido parte de ese mar de estudiantes que defendimos con sudor y sangre el patrimonio nacional, y le hicimos frente a la administración del infame Pedro Rosselló González.

Manifestación d estudiantes frente al capitolio en contra del PC1003. Fotos Alina Luciano/CLARIDAD

Mi conciencia política y de justicia social se solidificó y creció gracias a la UPR.

#YoSinLaUPR no tendría una preparación académica completa y de excelencia. Gracias a una gran combinación de profesores y profesoras, y otros recursos, aprendí sobre literatura, humanidades, periodismo, ética, sociología y mucho más. La calidad de la enseñanza es indiscutible. Lo comprobé en más de una ocasión, (y esto sin ánimos de ofender a nadie) tanto en conversaciones con colegas que estudiaron en universidades privadas del país, como en instituciones de Estados Unidos.

Parte de lo que enriqueció mi educación fue el intercambio académico con Hunter College (CUNY) en mi tercer año de bachillerato. Porque #YoSinLaUPR tampoco hubiera tenido esa oportunidad única de irme a estudiar un año a la ciudad de Nueva York. La experiencia fue inigualable, por las clases y profesores, por el estudiantado, pero más que nada por el solo hecho de que se me abrió un mundo nuevo, amplio, exquisito, diverso, –en ocasiones muy duro–, para explorar.

La UPR también me dio cultura, una cultura rica, sabrosa, llena de cine internacional, teatro –clásico, absurdo y moderno–, música, fotografía, literatura… Imposible olvidar las visitas de “los indispensables” Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, al igual que de autores como Elena Poniatowska y Adolfo Bioy Casares; de disfrutar zarzuelas y operetas, de ver “Esperando a Godot” en el Teatro de la UPR y “Jardín de Pulpos” en el teatrito Julia de Burgos.

#YoSinLaUPR no tendría grabado en la memoria un masivo concierto de Fiel a la Vega en los predios frente a la Torre en los que bailé y canté con mis amistades en medio de la muchedumbre que celebraba el regreso a clases.

Fueron años maravillosos gozando de mis clases, compañeros y compañeras, de mi entorno, de la belleza del campus, del pueblo de Río Piedras, y mucho más.

Las luchas de la comunidad universitaria por una universidad pública, digna y accesible para todas las personas se han dado toda la vida. El poder y el capital continuamente acechan y amenazan al primer centro docente del país. Sin embargo, el estudiantado siempre saca la cara por todos, todas y todes.

Hoy, la UPR se ve amenazada una vez más. Pero esta vez el monstruo tiene más cabezas. No es solo el gobierno colonial del Estado Libre Asociado, la Junta de Control Fiscal (JCF) también ejerce su dominio. En 2017, a través del monigote Ricardo Rosselló Nevares, se impusieron millonarios recortes sistemáticos para el centro docente. La orden ejecutiva “para fortalecer las finanzas de la UPR” —eufemismo muy ofensivo– le exige a la Iupi que aumente sus ingresos de fuentes externas. Como ejemplo, osaron compararla con centros docentes en los Estados Unidos, que funcionan gracias a los altísimos costos de matrícula y créditos, más de donaciones multimillonarias. A la misma vez, pretenden que la UPR compita con entidades privadas para recibir contratos, a pesar de que la ley estipula que se le debe dar prioridad a la universidad del estado.

Ahora, el mal llamado, Plan de Ajuste de Deuda propone la subvención anual de $500 millones por parte del gobierno, lo que representa la mitad del presupuesto que se requiere. La quieren desmantelar, cerrar recintos y restarle poder a la estudiantina, a la disidencia, al lugar en el que tantas personas aprendimos a cuestionar, a exigir justicia.

Tenemos que defender la universidad del pueblo con uñas y dientes. Porque #YoSinLaUPR no hubiera conocido estudiantes de otros recintos que eran los primeros en su familia en llegar a la universidad, personas que no podían costear una educación de altura por no tener los recursos económicos. Comparto mi experiencia en Río Piedras, pero conozco muchas personas que estudiaron en Mayagüez (RUM), en Cayey, en Carolina, en Utuado y cuando intercambiamos relatos coincidimos en que #YoSinLaUPR no seríamos las mismas personas. Todos los recintos son importantes y satisfacen unas necesidades básicas para la población de Puerto Rico.

A la UPR la llevo en la sangre, en el alma y en el cuerpo y lucharé por el lugar que le provee a mis compatriotas una educación pública, accesible de excelencia. No permitiremos que la dejen en pilotes. No dejaremos de pelear por ella. ¡Los “pelús de la Iupi” somos gente combativa y arrojada, y daremos la batalla con orgullo!

Porque #YoSinLaUPR no sería por siempre 801-96-0194. Y como dicen las pancartas de mi pueblo: ¡La UPR no se vende, se defiende! ¡Nos roban el presente, la UPR se defiende! ¡Que vivan los estudiantes! ¡Que viva la UPR! ¡Hasta la victoria!

 

 

 

 

 

 

 

75 Años Rumbo a la Libertad

 

En la música se llama “Leitmotiv” a la melodía que se va repitiendo, reiterando y desarrollando de distintas formas a lo largo de toda la composición.

En el año 2021, cuando se cumplen 75 años desde la fundación del Partido Independentista Puertorriqueño y cincuenta desde la Gesta de Culebra, es ocasión propicia para reiterar, de similar manera, las ideas esenciales que orientan la naturaleza y la acción política de nuestro partido. Ha escrito el Premio Nobel de Literatura Andrés Gide: “Todas las cosas ya se dijeron, pero como nadie escuchaba (salvo los independentistas), hay que repetirlas”.

En síntesis, el ELA -la colonia- ha perdido su utilidad y viabilidad; la estadidad no puede convertirse en realidad; la independencia, tantas veces reprimida y excluida, se evidencia y se confirma como siempre ha sido, la solución natural al problema del colonialismo.

Los seres humanos hacen su propia historia pero condicionados por poderosas fuerzas, en ocasiones apenas perceptibles, de la misma manera que las corrientes, las mareas y los vientos determinan la ruta y el tiempo que tardará un velero en llegar a puerto seguro.

Así sucede con el Partido Independentista Puertorriqueño, una institución política que se fundó para llevar nuestra patria al puerto seguro de su independencia a través de lo que don Gilberto llamó “el camino menos doloroso”: la lucha civil y electoral por nuestra libertad.

En esa lucha por la libertad hay que entender plenamente lo que está y lo que no está bajo nuestro control.

Las corrientes, los vientos y las mareas, los grandes acontecimientos históricos, mundiales y continentales, tienen vida propia y afectan nuestro destino, independientemente de nuestra voluntad. Ya nos advirtió de Diego, que Puerto Rico también es “parte de la bola del mundo”.

Durante el siglo XX nuestro país estuvo a la merced de una poderosa corriente que nos arrastró ineludiblemente: el interés geopolítico militar y económico de la potencia más poderosa del siglo. Desde la invasión norteamericana del 1898, la voluntad de los puertorriqueños ha sido factor de menor importancia en la ecuación imperial. Como lo diagnosticó certeramente don Pedro Albizu Campos, el interés primordial de EU ha sido la jaula, no los pájaros.

Al presente, como demostró Vieques, luego de la Guerra Fría y en tiempos de sistemas y armamentos hasta ayer impensados, la utilidad estratégica militar de Puerto Rico para los EU es cosa del pasado. Los días del colonialismo, antidemocrático por definición y repudiado por la mayoría de los puertorriqueños, están contados; la quiebra colonial, el exilio de más de la mitad de nuestra población, el caso Sánchez Valle y la Ley Promesa son las manifestaciones más burdas del colonialismo que ya perdió su viabilidad y utilidad aunque en EU no exista todavía voluntad suficiente para desahuciarlo. Y, como si no bastara, la colonia es la puerta abierta a la anexión como estado federado que EU tiene que cerrar por ser contraria a su naturaleza de federación unitaria, no multinacional, ya que independientemente de la existencia de minorías étnicas, ninguno de los estados constituye una formación nacional.

La estadidad –colonialismo con otra máscara para una nación latinoamericana y caribeña como Puerto Rico– es un fantasma y un mito. No solo por ser contraria a la naturaleza de la federación estadounidense, sino por ser contraria a los intereses nacionales de los EU debido a razones políticas, económicas, sociales y otras. Son las razones que subyacen la actitud renuente y las declaraciones negativas del liderato del Congreso, tanto demócrata como republicano, luego del plebiscito del 2020.

El “mudo” empezó a hablar. Se confirma así lo que el PIP viene señalando hace décadas y don Pedro hace ya casi un siglo, que para Puerto Rico la estadidad es “un absurdo…pues tal pretensión equivale a solicitar del pueblo de EU que derrumbe su unidad nacional”.

Por eso reitero: Ayer Lares, hoy Vieques, mañana Puerto Rico.

II

Lo que sí ha estado y está bajo nuestro control es construir y mantener, contra vientos y tempestades, el velero que nos llevará a la Tierra Prometida.

Al igual que sin pueblo, sin partido no hay independencia. Y es la fundación del Partido Independentista Puertorriqueño –un partido de liberación nacional, por definición una fortaleza sitiada, cimentado luego de tres cuartos de siglo en la coherencia ideológica y la unidad y cohesión organizativa y de dirigencia– lo que hoy en el 2021 conmemoramos.

El PIP se fundó el 20 de octubre del 1946. En aquel tiempo los EE.UU., como consecuencia del inicio de la Guerra Fría, reafirmaban su voluntad de dominio sobre Puerto Rico. Era época de persecuciones y chantajes imperiales, de claudicaciones y colaboración nativa y también de valor y sacrificio patriótico.

Los 48 años desde la invasión norteamericana del 1898, la presencia de don José de Diego a principios de siglo, y luego la de don Pedro Albizu Campos y los nacionalistas y las luchas sociales de los años 30 y 40 estaban tan vivos en la memoria de los fundadores de nuestro partido, como en la de mi generación han estado presentes los años de la época luego de la Segunda Guerra Mundial y las décadas posteriores. En el Partido Independentista Puertorriqueño se conjuga más de un siglo de lucha por la independencia, la justicia social y los derechos humanos.

Encabezados por don Gilberto Concepción de Gracia –amable y generoso, inquebrantable y prudente, sacrificado y perseverante– los fundadores del Partido Independentista Puertorriqueño fueron hombres y mujeres con sentido histórico y profético que les impedía someterse al chantaje imperial para que renunciaran a la lucha por la independencia y acataran la subordinación colonial como hicieron tantos otros. Para ellos la política era, en palabras de don Gilberto, “la más noble de las profesiones, el más alto sacerdocio”.

Tan firme era la fidelidad de nuestros fundadores a los principios patrióticos que en el 1950, a raíz de la Revolución Nacionalista, dejando a un lado toda consideración de cálculo electoral y ante un clima de histeria y persecución, reunieron en Aguadilla a la Junta de Directores del Partido Independentista Puertorriqueño (compuesta por todos los presidentes de los comités municipales) y aprobaron una histórica Resolución que los honra.

Luego de responsabilizar al gobierno de Puerto Rico y al de Estados Unidos por la persecución y por el “fraude y ultraje” a la dignidad de Puerto Rico de la llamada Constitución determinaron: “Consignar el sentimiento del más profundo respeto del Partido Independentista Puertorriqueño hacia los compatriotas que han ofrendado y están ofrendando sus vidas por la causa de la independencia de Puerto Rico”.

A la luz de lo anterior no debe extrañar que para los que han regenteado el poder colonial durante los pasados 75 años, la figura de don Gilberto queda prácticamente invisibilizada. Ya lo dijo Sarmiento: “El olvido de las grandes figuras tiene como su principal razón absolver y agrandar a las pequeñas”.

Nuestros fundadores cumplieron con su deber aunque tuvieran que esperar tres cuartos de siglo hasta que las condiciones se tornaran favorables al logro de la independencia. Les aplica lo que el padre de Eugenio María de Hostos le dijo al prócer: “Hijo, te levantaste muy temprano”. Sabían, como el patriota mayagüezano, que “Cuanto más llego a donde debo, más temprano llego”. Resistieron la tentación del poder, la persecución inmisericorde, el deslumbramiento ante el cambio socioeconómico y, quizás lo más difícil de superar, la frustración.

Por eso, en la lucha por la independencia lo imprescindible es la perseverancia, la tenacidad, la dedicación constante y generosa de una vida, muchas veces a la sombra; no es el efectismo momentáneo, el relámpago fugaz y pasajero; es no frustrarse, ni cansarse, ni desesperarse.

En Vieques, 30 años después de Culebra, cuando por las noches veía el cielo estrellado pensaba, como pienso, que las estrellas más lejanas, las que ni siquiera se ven, son soles esplendorosos. ¡Quien se dedica a luchar por la independencia sin aspirar al reconocimiento y al protagonismo, es también sol radiante en el firmamento de la Patria!

Sabían también nuestros fundadores que los tiempos y las circunstancias, las mayorías y minorías, cambian. Sucede en la vida de los pueblos, al igual que en la experiencia individual, que acontecimientos en apariencia aislados, esperanzas que se ven inalcanzables o energías dormidas, van madurando hasta que despiertan, coinciden y cristalizan. Nadie expresó con mayor hermosura el resplandor que genera esa coincidencia extraordinaria de factores que Juan Ramón Jiménez, el poeta de Platero en su “Fiesta”: «Las cosas están echadas / mas de pronto se levantan / y en procesión alumbrada / se entran cantando en mi alma”.

Respecto a nuestra independencia también “las cosas” empiezan a levantarse. Así lo demuestra el histórico resultado de las elecciones del 2020.

III

La independencia es necesaria para unirnos al mundo y lograr un verdadero desarrollo económico con los poderes y flexibilidad de la soberanía.

Así lo comprueban países más pequeños y con menos recursos que Puerto Rico –desde las Bahamas y Barbados hasta Singapur y Malta, entre otros– quienes luego de su independencia han alcanzado ingresos per cápita superiores a los nuestros. Un país no se puede desarrollar plenamente con una mano amarrada a la espalda.

Ese desarrollo no lo puede proveer la impotencia y subordinación de la colonia como lo confirma la realidad del país. Tampoco la estadidad, que constreñida por la camisa de fuerza de la uniformidad fiscal y el federalismo estadounidense, nos destinaría a mayor dependencia, convirtiéndonos en un gueto tropical.

Ante esas realidades, es más necesaria que nunca nuestra estrategia para la plena descolonización y desarrollo económico de Puerto Rico: lograr que tanto Puerto Rico como los EE.UU. se enfrenten a la que don Pedro llamó “la suprema definición, Yanquis o Puertorriqueños”.

Ese es el camino que solo puede transitarse mediante un proceso político que enfrente a los EE.UU. con el problema de estatus de tal forma que los costos de no enfrentarlo sean tan grandes que no les quede más remedio que resolverlo. Como en Vieques, hay que presionar a los EE.UU. desde Puerto Rico, desde la diáspora e internacionalmente por todos los medios disponibles.

En Puerto Rico hay que constituir un gobierno que se atreva causarle al gobierno estadounidense una crisis política. Eso no lo han hecho ni lo harán el PPD ni el PNP, cuyo liderato, en su gula presupuestaria, son capaces, en palabras de Matienzo Cintrón, de “convertir una idea en lechón asado y una bandera, por sagrada que fuese, en servilleta”.

Para constituir ese gobierno que Puerto Rico necesita es preciso obtener el respaldo electoral de los que ansían la descolonización, independientemente de sus preferencias de estatus, al igual que de los que aspiran a un gobierno honrado y eficiente. De ahí que el PIP haya postulado durante décadas una Asamblea de Pueblo o Estatus. El programa de Patria Nueva para las elecciones del año 2020 es una versión actualizada de dichas ideas.

La Asamblea de Estatus –o un proceso análogo bajo ese u otro nombre– es, en su definición más sencilla, una institución compuesta por delegados electos por nuestro pueblo en representación de las diversas alternativas descolonizadoras aceptadas por el derecho internacional; en afirmación de nuestro derecho a la libre determinación y con la encomienda de resolver el estatus en negociación con el gobierno de los Estados Unidos y en consonancia con la voluntad descolonizadora de nuestro pueblo.

La Asamblea de Estatus se celebraría con posterioridad a las elecciones entre alternativas descolonizadoras continuando en funciones hasta lograr su objetivo. En la elección de los delegados, cada elector votará por los delegados que representen el estatus de su preferencia. Y, por supuesto, en dicha Asamblea, el PIP defenderá la independencia.

Cuando a través de esa Asamblea u otro mecanismo análogo se conozcan las condiciones y los procesos de transición de las alternativas disponibles –cuando el “mudo” tenga que hablar alto y claro– y los puertorriqueños tengan que decidir entre ser puertorriqueños o “americanos”, el interés mutuo y la independencia prevalecerán. Los EE.UU. –que como todo imperio, en palabras de don Pedro, “consultan su conveniencia”-– han perdido interés en “la jaula”, saben que la estadidad es contraria a sus intereses nacionales y que la independencia los libraría de los futuros crecientes costos económicos de la dependencia.

En cuanto a la decisión final de los puertorriqueños, ya lo anticipó hace décadas el senador demócrata Daniel Patrick Moynihan cuando planteó ante el pleno del Senado: “A fin de cuentas, los grandes asuntos planteados aquí son cívicos… ¿Quieren los puertorriqueños convertirse en americanos? Porque eso es lo que implica ineludiblemente la estadidad. Eso es lo que trae la estadidad. ¿O quieren preservar una identidad separada?”. Los puertorriqueños, ante todo, somos y queremos seguir siendo puertorriqueños. Repito con don Gilberto: “además eso es así”.

Como eso es así, y particularmente luego del extraordinario resultado de las pasadas elecciones, ya se perfila una cruda y despiadada campaña antiindependentista. Misión destinada al fracaso. La corriente de la historia está con nosotros; siempre tengo presente la frase mal atribuida a Cervantes: “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos,” y la bien atribuida a de Diego: “De tanto recorrer los mares, tengo la frente acostumbrada a la tormenta”.

La garantía del triunfo de nuestra causa es la reciedumbre de la nacionalidad puertorriqueña, antillana y latinoamericana, esa flor que crece silvestre aún en la tierra infértil del dominio extranjero, pero que no puede florecer plenamente ni en los sótanos de la colonia ni en los museos folclóricos de la anexión.

IV

Al conmemorar nuestro 75 aniversario, aquí estamos rumbo a la Tierra Prometida; tocando el mismo cielo, llenos de esperanza, constantes, perseverantes. Nuestra obligación es honrar nuestro partido como legado invaluable de nuestros fundadores y fortalecerlo con tesón, lealtad y cariño, conscientes, como Martí, que: “Mientras todo no esté hecho nadie tiene derecho a descansar”.

Repetimos con don Gilberto: “¡A la lucha y a la Victoria!”.

El autor es Presidente Partido Independentista Puertorriqueño

 

Francisca Esquilín Donis, te nombro

Tengo una bisabuela que es casi un fantasma. Nadie la menciona. De mis parientes vivxs, nadie la conoció. No hay fotos suyas y conseguir información de su historia, es casi una investigación detectivesca. Se llamó Francisca Esquilín Donis (1881-?). Era mi bisabuela materna, por parte de mi abuelo Fabián (1910-1973). Era lavandera, jefa de familia y mulata.

Ahí el detalle. Ser negra y pobre a principios del siglo XX en un barrio rural de Trujillo Alto, era sinónimo de invisibilidad. El racismo rampante que sigue dominando la sociedad boricua. Esta es una historia casi arqueológica de la familia. Contarla ha sido el resultado de ir destapando, insistentemente datos. Una reconstrucción que también ha ido haciendo mis primas Rivera-Ballester Karen y Rosana Rivera, desde Florida.

Lo escribo y duele. Lo escribo y siento que saco un trauma viejo del pecho. Por el color de su piel y su estatus social, mi abuelo y mis tíos no fueron reconocidos por Juan Manuel Díaz, padre biológico de sus 4 hijos. Mi bisabuelo nació en el 1864. Si poco sé de Francisca, menos sé de mi bisabuelo blanco.

Aparentemente me conecta con un primo lejano que admiro, el escritor trujillano Emilio Díaz Valcárcel (1929-2015) y la primera alcaldesa de Trujillo Alto, Isabel Díaz de Díaz (1906-1971). Pero eso es otra historia a hilvanar. Voy con Francisca.

Como Juan Manuel no reconoció a sus cuatro hijos, Carmen, Fabián, Martín y Ramón, toda la cepa fue bautizada con el apellido materno, Esquilín. Francisca no sabía leer ni escribir, pero levantó una familia. Fue trabajadora y limpia. Dos valores que mi abuelo Fabián siempre repitió.

Una de mis primas mayores, Judy Esquilín, recuerda que mi tío Martín le hablaba del hermoso pelo largo de su madre. Que era bella. Yo la imagino alta, flaca y de ojos buenos. Pero quiero saber más sobre ella, quiero encontrar una foto de Francisca. Verle los ojos. Publicarla, dibujarla, pintarla. Honrar a una mujer poderosa que levantó una familia desde el barrio Puto de Trujillo Alto. Así le llaman al sector, cerca de la represa Carraízo.

Como no he podido dar con su foto, hace unos meses, comencé a bordar un retrato textil de mi cara y me salió ella. Con un turbante y un sol violeta sobre su cabeza.

Sé que me mira desde algún punto y espera que cuente su historia. Aquí voy dando mis primeros pasos. Imagino sus manos limpias lavando en el río, su corazón valiente poniendo su apellido a una tribu de hijes saltarines. La veo caminar derecha por el barrio, con la cabeza alta, así como en mi retrato textil, con un sol violeta alumbrándole los pasos.La sigo.