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Se aplaza  la marcha No a la Estadidad , Sí a la Descolonización

El Comité Organizador  de la marcha-caravana  No a la Estadidad , Sí a la Descolonización determinó  aplazarla hasta nuevo aviso.

“Hemos acordado no celebrar la marcha – caravana de forma que las personas puedan concentrar en las tareas preparatorias ante la probabilidad de que el país reciba una tormenta tropical tal como se ha notificado. Solicitamos a todos a mantenerse pendiente a los anuncios que próximamente haremos para retomar el evento. Agradecemos el respaldo de las miles personas que ya se habían manifestado en favor de la marcha- caravana”, indicó el Lcdo. Eugenio Hopgood Dávila, portavoz del comité.

Permanecen las actividades a celebrarse mañana en la diáspora, programadas en ocho ciudades de Estados Unidos.

 

 

 

 

Se celebrarán eventos en solidaridad con la marcha de la descolonización

En solidaridad con los esfuerzos que se realizarán en la isla de cara a la marcha para contrarrestar el discurso pro estadidad del gobierno y los recientemente electos cabilderos, este domingo 15 de agosto y simultáneo a la marcha antiestadista convocada por mas diez organizaciones, tendrán lugar  manifestaciones en al menos ocho ciudades de Estados Unidos.

Estas se coordinarán  bajo el lema de No a la Estadidad, Sí a la Descolonización. y tendrán lugar en la Ciudad de Nueva York, Chicago, Washington DC, Orlando, Miami, Detroit, Minneapolis y Oakland.

Entre otros líderes de la diáspora se unirán a la marcha caravana desde sus respectivas ciudades José López, líder de la comunidad boricua de Chicago, el concejal de la Ciudad de Nueva York, José Rivera, figura legendaria del liderato puertorriqueño en Nueva York,  Jenaro Alberto Abraham, dirigente del Partido Independentista Puertorriqueño en Michigan, así como Luis Ponce, de Boricuas Unidos en la Diáspora,

Sobre los impactos que se espera tenga la marcha caravana el abogado Eugenio Hopgood Dávila uno de los coordinadores dijo que “ con esta jornada de manifestaciones anticoloniales en y fuera de nuestra isla, se romperá el monopolio de la narrativa y propaganda estadista, no solo en el centro del poder político en Washington DC sino en los diferentes estados en donde hay comunidades de la Diáspora Boricua”.

 Hopgood Dávila también expresó que el evento cambió de formato para convertirse en una Marcha Caravana, donde además de los que marchen, se unirá una caravana de vehículos.

“Con este ajuste en el diseño vamos a tener un evento más seguro para que todas las personas que tengan condiciones que les hagan más vulnerables ante el covid, que no estén vacunados, o que sencillamente no tengan la capacidad física para hacer una caminata, puedan sumarse y participar en la manifestación”, indicó Hopgood.

En cuanto a la Marcha-Caravana de San Juan , el abogado Hopgood informó que la actividad será al aire libre y frente al mar, y en todo momento se estará orientando a los participantes a mantenerse con sus mascarillas y guardar una distancia adecuada, en lo que dijo “será un evento seguro y responsible”.

Los manifestantes se concentrarán a las diez de la mañana en el Parque Muñoz Rivera y de allí marcharán por la avenida Muñoz Rivera hasta el Capitolio. Le seguirá la caravana de vehículos.

Al final de la Marcha-Caravana se celebrará un acto político cultural en la Plazoleta norte del Capitolio, en donde el ex prisionero político, Oscar López Rivera, dará lectura a la Declaración de la Marcha,  según Hopgood “ la declaración será un manifiesto de afirmación puertorriqueña, un llamado a la descolonización y un rechazo contundente a la anexión irreversible y culminación de la colonia que es la estadidad”. Como parte de las actividades  se celebrará un acto cultural- musical con la participación del Conjunto Mapeyé y exponentes del hip ho, la plena y varios cantautores.

 

 

 

 

 

Biden, Cuba y el libre acceso al cinismo

 

 Corresponsal de CLARIDAD

La Habana, Cuba-El Senado de Estados Unidos aprobó esta semana una enmienda presentada por los republicanos Marco Rubio y Rick Scott, que pide al gobierno del presidente Joe Biden destinar millones de dólares a un fondo para “facilitar acceso libre, abierto y sin censura a internet para el pueblo de Cuba”.

La iniciativa llega semanas después de que el propio presidente Demócrata se refiriera a Cuba como un “estado fallido” y dijera públicamente que su gobierno estaba “considerando si tenemos la capacidad tecnológica para facilitar el acceso a internet” en la isla.

La postura del mandatario estadounidense y de los senadores Republicanos de la Florida –ahora, al parecer, devenidos buenos amigos– ha tomado a más de uno por sorpresa dentro de la isla, en gran parte por el cinismo que encierra. A lo interno, para nadie son un secreto las decenas de páginas web y aplicaciones de origen estadounidense cuyo acceso y uso están bloqueados para Cuba.

Por ejemplo, cerca de una veintena de sitios web de Google, de libre y gratuito acceso en todo el mundo –como Google Open Source, Google Domain, Google Clasroom, Google Earth, entre otras–, están total o parcialmente bloqueados para Cuba. ¿La razón? Como empresas, están sujetas a las leyes de Estados Unidos, que prohíben, a través del bloqueo, el acceso a ese tipo de servicios en Cuba.

Quienes tienen un reloj Apple o un aparato Garmin tampoco pueden utilizar todas sus herramientas dentro de la isla, pues, por ejemplo, los satélites programados para el uso del GPS de esos equipos son estadounidenses.

Incluso plataformas de comunicación como Zoom –ampliamente utilizada desde el inicio de la pandemia–, Adobe o Snapchat, están impedidas de usarse en el país caribeño por lo que constantemente los profesionales cubanos y la ciudadanía en general deben recurrir a programas alternos.

Según el ministro de Comunicaciones de Cuba, Wilfredo González Vidal, es precisamente la política de bloqueo, que han promovido, desde hace décadas, las distintas administraciones estadounidenses, “el principal impedimento para un mejor flujo de información y la comunicación en general por parte del pueblo de Cuba”.

“Se encarece la conectividad, se prohíbe el acceso a determinadas plataformas y tecnologías y se utiliza el ciberespacio para intentar subvertir el sistema político del país”, añade el titular.

Pero las prohibiciones de uso de ciertas plataformas son sólo una parte del bloqueo tecnológico al que se ve sometida Cuba desde hace años. Basta con ver la distribución en las aguas del Caribe de los cables de fibra óptica que suplen de Internet a los países de la región.

Docenas de cables submarinos que en su mayoría parten desde la Florida y enlazan con países de América Latina, formando una red de interconectividad entre Puerto Rico, La Española, Jamaica, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua y otros países. Curiosamente, ninguno de esos cables conecta con Cuba; las compañías encargadas de su instalación se han visto obligadas a dejar fuera a la mayor de las Antillas debido al bloqueo estadounidense.

La idea ha sido todo este tiempo aislar a Cuba para dar la impresión de un país incomunicado y retrasado tecnológicamente en el que sus ciudadanos se ven impedidos de establecer cualquier comunicación con el mundo exterior.

Resulta, por tanto, paradójico que después de tantos esfuerzos y dinero invertidos para suprimir la posibilidad de Cuba de contar con libre acceso a la Internet, hoy líderes Republicanos y Demócratas, indistintamente, ofrezcan con tanto desenfado brindar “acceso libre, abierto y sin censura” al pueblo cubano.

El gobierno cubano, por su parte, ha visto la iniciativa de Washington como un nuevo acto de injerencia política. El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, catalogó la medida de “agresión” y denunció en su cuenta en Twitter que la enmienda “contribuye al lucrativo negocio de maquinaria política-subversiva en Florida”.

“El bloqueo es el obstáculo fundamental al acceso libre y soberano del pueblo cubano a internet”, sentenció.

“UN PLAN SUBVERSIVO CONTRA LA ISLA”

 La estrategia de la Casa Blanca llega además tras los sucesos del pasado 11 de julio en Cuba, cuando cientos de personas salieron a protestar a las calles en varias provincias del país alentadas por una campaña en redes sociales creada desde el exterior del país. Cientos de cuentas en Twitter y Facebook, muchas de ellas falsas, que durante los días subsiguientes a los disturbios inundaron las redes con informaciones falsas y manipuladas para vender la imagen de un país en caos y guerra social.

Mientras, Rick Scott ha dicho que el gobierno estadounidense debe “tomar medidas inmediatas para implementar toda la tecnología para facilitar el libre flujo de información hacia y desde la isla, y amplificar las voces del pueblo cubano”.

Lo cierto es que, según las pruebas y las denuncias presentadas por La Habana, estas acciones apuntan a un nuevo episodio de la guerra no convencional, o “guerra de cuarta generación”, que se viene aplicando en países como Cuba y Venezuela, así como países de Europa Oriental, y Medio Oriente.

Dada la obviedad de los hechos, si el gobierno de Joe Biden y los líderes del Partido Republicano quisieran realmente aportar al libre acceso de los cubanos a Internet, lo más lógico sería levantar las medidas de bloqueo que impiden a empresas extranjeras dotar de servicios tecnológicos a Cuba e incentivar a las compañías estadounidenses para que sus servicios y tecnologías puedan ser utilizados en la isla sin restricciones.

 

 

Rosa Luxemburgo habla hoy: De la Revolución

 Rui Costa*

Especial para En Rojo

Las reflexiones inacabadas, y conocidas póstumamente, de Rosa Luxemburgo sobre la revolución rusa, fueron polémicas desde el momento en que sus lectores iniciales, sus compañeros de partido, leyeron la primera versión y aconsejaron a que Rosa no las divulgara. La razón para eso – razón siempre presente en la boca de algunos – fue que esto pudiera beneficiar a los adversarios, dándoles argumentos para atacar la revolución rusa. Aunque Rosa accedió a los argumentos de sus camaradas, Rosa sostiene, como escribirá en la versión que conocemos, que “el análisis crítico de la Revolución rusa con todas sus consecuencias históricas constituye el mejor entrenamiento para la clase obrera alemana e internacional” (18). La versión que posteriormente conocimos la escribió Rosa para su camarada Paul Levi quien la publicó cuando critica el putch fracasado por los comunistas alemanes en 1921.

No obstante las palabras iniciales de Rosa en estos artículos – “La revolución rusa constituye el acontecimiento más poderoso de la Guerra Mundial” (13) –, su divulgación desencadenará otras críticas, sea por Lenin, no directamente a Rosa sino al mismo Paul Levi, o por Lukács, en un capítulo de Historia y conciencia de clase.

Es importante señalar – antes de considerar estos artículos y sus críticas dirigidas directamente a Lenin y a Trotsky –, que para el mismo Lenin “a pesar de todos los errores, Rosa Luxemburgo fue y seguirá siendo una águila” (Notas de un publicista: 109). Este elogio de Lenin a Rosa solamente se percibe cuando se sitúa su crítica a aspectos fundamentales de la revolución rusa, como una crítica que comparte con los mismos líderes de la revolución otros tantos principios decisivos, distinguiendo esa crítica de otras que podrían hacer los sociales demócratas oficiales alemanes de la época. Así antes de dirigir nuestra atención hacia las secciones finales de estos artículos en donde se encuentran aquellos párrafos que dieron la notoriedad a La revolución rusa, importa identificar las líneas fundamentales del pensamiento de nuestra autora como aquí se presentan.

La Guerra de 1914-1918 había provocado en el Partido Socialdemócrata (SPD) alemán – el partido de orientación marxista más importante en toda Europa occidental – una importante cisión entre la mayoría que votó los créditos de guerra y un sector de izquierda que votando en contra se constituyó como el Partido Socialdemócrata Independiente. Esa decisión de la tendencia mayoritaria del partido, y contra aquel que había sido el discurso anterior de sus dirigentes, expresaba un conflicto más profundo en la orientación de este partido que se hará todavía más visible al final de la guerra, cuando empieza la revolución alemana. De acuerdo con el historiador Sebastien Haffner, “la revolución alemana de 1918 fue una revolución socialdemócrata sofocada por los dirigentes socialdemócratas” (Haffner: 12), momento en el cual este partido alcanza por primera vez la chancillería, aunque fuese desde el fin del siglo XIX el más votado.

La referencia inicial al apoyo de los socialdemócratas oficiales a la guerra le posibilita a Rosa Luxemburgo criticar a Kautsky, quien en ese año publicó un folleto titulado La dictadura del proletariado, contra el cual Lenin escribe La revolución proletaria y el renegado Kautsky. La critica que aquí Rosa dirige a Kautsky se dirige a la tesis según la cual “Rusia, por ser un país económicamente atrasado y predominantemente agrario, no estaba maduro para la revolución social y la dictadura del proletariado [… y] que la única revolución posible en Rusia es la burguesa” (14). Importa entonces, cuando leamos esas muy célebres palabras – “la libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad e absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente.” (58) – que leamos en ellas efectivamente cual es la critica exacta que Rosa Luxemburgo dirige a sus camaradas Lenin y Trotsky, porque es desde este ángulo que deben ser leídas.

Contra la socialdemocracia oficial del SPD alemán, Rosa Luxemburgo no cree que el atraso económico de Rusia implica lo que más tarde se conocerá en tantas partes del mundo como etapismo, o sea, la necesidad de que en países atrasados o subdesarrollados solo después de una revolución demócrata-burguesa consolidada será posible la transición hacia el socialismo. Sin embargo, existe un otro problema, que es la imposibilidad de realizar el socialismo en un solo país. Sin la “resuelta acción internacional de la revolución proletaria […] hasta los mayores esfuerzos y sacrificios del proletariado de un solo país inevitablemente se confunden en un fárrago de contradicciones y errores garrafales.” (17). Así, aunque un proceso revolucionario que busque alcanzar el socialismo empiece naturalmente en un país cualquier, ese proceso no puede detenerse en sus fronteras. Es esta la explicación de Rosa para que la revolución de 1905-1907 no pudiera desarrollarse, porque “despertó apenas un débil eco en Europa.” (16).

Además de la oposición a Kautsky, también la anterior crítica de Rosa Luxemburgo a Bernstein (en ¿Reforma social o revolución?) situaba su critica a Lenin y Trotsky como dirigentes máximos de revolución rusa como una desde adentro entre quienes defienden la necesidad de una ruptura revolucionaria.

Obviamente que en su época no era necesario recurrir a lo que hoy en día se designa de lawfare para derrumbar gobiernos, que no asistió en su tiempo a gobiernos como el de Salvador Allende que ganando las elecciones serían derrumbados por golpes militares. Rosa Luxemburgo creía que considerando la “psicología de las masas campesinas y de grandes sectores de la pequeña burguesía, y las miles de maneras con que cuenta la burguesía para influir sobre el voto” se hace “imposible introducir el socialismo mediante el voto popular” (39). Al fin de cuentas, si todos los socialdemócratas se debaten con el problema de como “ganar a la mayoría del pueblo”, para Rosa y en eso se diferencia de los socialdemócratas oficiales, no se trata de que primero seamos “mayoría” sino el “camino no va de la mayoría a la táctica revolucionaria, sino de la táctica revolucionaria a la mayoría.” (26). Además, si consideramos las elecciones en Alemania, desde la última década del siglo XIX, ya los socialdemócratas habían alcanzado la mayoría de los votos, pero no solamente el sistema electoral era injusto beneficiando los partidos conservadores, como ni siquiera el nombramiento del canciller y de su gobierno dependían del Reichstag, sino del emperador. Ese cambio en el sistema electoral y político que permitió que el canciller resultase de las elecciones generales solo se dio, de acuerdo con Sebastien Haffner, porque el jefe del ejército alemán Eric Ludendorff no quería ser conocido como el responsable por la derrota militar de Alemania en la primera guerra mundial, y prefirió así que un nuevo gobierno pudiera ser responsabilizado por esa derrota, aunque eso significara el fin del Imperio Alemán y el inicio de una república de base parlamentaria, la breve y trágica República de Weimar.

Así que finalmente llegamos a la crítica más importante de Rosa Luxemburgo a la revolución rusa. Una crítica hecha por alguien que, como Lenin y Trotsky, cree en la dictadura del proletariado, aunque como ella afirma claramente, se trate del proletariado como clase, y no de una fracción de este, no se trata de la dictadura de un partido y menos todavía de un grupo de dirigentes de este: “esta dictadura debe ser el trabajo de la clase y no de una pequeña minoría dirigente que actúa en nombre de la clase […] debe avanzar paso a paso partiendo de la participación activa de las masas […] bajo su influencia directa, sujeta al control de la actividad pública; debe surgir de la educación política creciente de la masa popular” (69). Desde esta perspectiva que es la de Rosa, la discusión sobre la asamblea constituyente versus los sóviets o consejos es menos importante – y su opinión cambió posteriormente – que cómo se ejerce el mismo órgano de poder. Así, cuando en un momento evalúa lo que designa como “la teoría de Trotsky” de que “toda asamblea electa refleja de una vez y para siempre sólo la mentalidad, madurez política y ánimo propios del electorado justo en el momento en que este concurre a las urnas” (48), Rosa Luxemburgo se le opone considerando que esa visión “niega aquí toda relación espiritual viva, toda interacción permanente entre los representantes, una vez que han sido electos, y el electorado” (49). No nos parece útil discutir si esta su visión es idealizante o utópica, sino antes subrayar que la posibilidad de que ese “fluido vivo del ánimo popular” (49), necesariamente plural, independientemente de en que órganos concretos actúa, es aquel que permite de acuerdo con Rosa combatir lo que de otra forma se volverá rígido, sin vida, burocrático. Las masas, más que espontáneas en lo que eso pueda parecer como denotando inconsciencia, son vivas, plurales, fluyen en movimiento constante. Esa visión biológica, vital, de las masas es también aquella que está presente en su concepción de la democracia y del socialismo. Así ante el peligro de la degeneración de la corrupción – en este momento hablando sobre los dirigentes sindicales alemanes – Rosa opone la “única antitoxina: el idealismo y la actividad social de las masas, la libertad política ilimitada” (65). Esta perspectiva dinámica, plural, vital de las masas implica que Rosa se oponga a los medios utilizados en el poder por Lenin, a “los decretos, la fuerza dictatorial del supervisor de fábrica, los castigos draconianos, el dominio por el terror” a los que opone “la escuela de la misma vida pública, por la democracia y opinión pública más ilimitadas y amplias.” (60).

En la polémica de Rosa Luxemburgo con Lenin y Trotsky, es evidente como su concepción de transición hacia el socialismo implica una ruptura revolucionaria que sustituya la hegemonía de una clase social (la burguesía) por otra, y que a ese proceso se designa como “dictadura revolucionaria del proletariado”. Es a ese proceso que Rosa designa de dictadura, rechazando por completo la centralización del poder por un partido único y un diminuto grupo de sus dirigentes. El temor principal de Rosa Luxemburgo, como lo dice en un momento fundamental, es que “sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública, dirigen y gobiernan unas pocas docenas de dirigentes partidarios de energía inagotable y experiencia ilimitada. Entre ellos, en realidad dirigen sólo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una elite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas –en el fondo, entonces, una camarilla– una dictadura, por cierto, no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir una dictadura en el sentido burgués” (61).

Sabemos que la “irrestricta libertad de prensa” no existió en países en que la centralización del poder en un partido único se verificó, pero también sabemos que esta no existe cuando los medios de comunicación social están en manos privadas de grandes grupos económicos, sabemos también que esa “interacción permanente “entre representantes y el electorado no existe ni siquiera en el cuadro de una democracia de tipo representativa en las sociedades capitalistas actuales, como tampoco existió en otras en que el poder fue centralizado dictatorialmente.

En síntesis, sabemos que el modelo de participación democrática y de ejercicio del poder de las masas que Rosa Luxemburgo defiende en estos artículos no fueron generalmente alcanzados. En sus críticas ella está consciente de que “una revolución proletaria modelo en un país aislado […] sería un milagro” (71), pero “el peligro comienza cuando hacen de la necesidad una virtud, y quieren congelar en un sistema teórico acabado todas las tácticas que se han visto obligados a adoptar en estas fatales circunstancias.” (70).

Obviamente que siendo asesinada en 1919 a las manos de un gobierno cuyo canciller pertenecía al mismo partido socialdemócrata en que había militado, Rosa Luxemburgo no pudo ver la evolución de la revolución rusa. No obstante, sus intuiciones sobre el peligro de la concentración de poder en un partido y un estricto grupo de dirigentes, y la imposibilidad de conseguir alcanzar el socialismo en un país sin que ese proceso se internacionalice, así como su conciencia de que “la realización práctica del socialismo como sistema económico, social y jurídico yace totalmente oculta en las nieblas del futuro. En nuestro programa no tenemos más que uno cuantos mojones que señalan la dirección general […] y las señales son principalmente de carácter negativo […] no hay programa ni manual de ningún partido socialista que brinde la clave.” (59). Por fin, y cuando hoy en día, en las izquierdas hay quien sostenga que cualquier crítica a un determinado gobierno de izquierda sirve siempre el imperialismo y por lo tanto debería callarse, también aquí la postura de Rosa Luxemburgo tiene mucho que enseñarnos.

El autor es un intelectual internacionalista portugués. Ha sido profesor de lengua portuguesa en Francia, Brasil y Puerto Rico. Aquí se doctoró en Estudios Hispánicos mientras como profesor y estudiante participaba en las movilizaciones por una universidad democrática y popular.

Miel que me das: «Geografía» – Íbico

Geografía

 

cerca de la costa de rocas puntiagudas

erigidas por mortales;

antes era la casa de caracoles y peces

que comían humanos

 

Fragmento 321 de Íbico en traducción de Cristina Pérez Díaz

Portada de «Miel que me das» por Emanuel Torres

Nota de la traductora

Recientemente me hice de un nuevo amigo, de esos que sabes que llegan para quedarse porque cuando van a tu casa se olvidan el reloj, con lo que queda cancelado el tiempo (¿y no es la suspensión del tiempo la prueba de que se ha dado un encuentro real?), pero también porque al llegar no son sólo inmediatamente familiares, sino que sabes que son, a la vez, un tanto extranjeros, foráneos dentro de la ciudad miniatura que toda amistad conforma: te incomodan, te confrontan, y hacen lumbre con los pensamientos, para después, para cuando en tu soledad puedas ocuparte de esas brasas. 

Sucede que este amigo está convencido de que este oficio mío de traducir a los griegos es irremediablemente conservador, que con ello estoy insistiendo en que se siga leyendo a los mismos autores que la tradición europea ha enaltecido y construido como su propio «origen» y bastión de resguardo de su mismidad. Lo que pasa es que mi amigo es un amigo del futuro. Le interesa pensar las geografías, los paisajes y las formas de lo que vendrá, cuando el capitalismo complete su propia destrucción. Lo nuevo no sale de lo viejo, es lo que me dice, aunque creo que no lo ha dicho así. Y yo estoy, en esencia, de acuerdo con este amigo incordio. O lo estaría, si tuviera la razón, pero no la tiene mi amigo, tan sólo en su deseo de futuro da en el clavo. 

Pero yo me tomo muy en serio a mis amigues.

Es innegable que tan pronto una dice que algún poema proviene de la Grecia antigua, este adquiere inmediatamente un aura de autoridad y respeto, porque, claro está, la tradición humanística europea ha construido a Grecia como El lugar de donde emana lo literario. Y es innegable también que un ejercicio de crítica radical del poder comprometido con el futuro tendría que involucrar el cuestionamiento de esos lugares privilegiados, de esas auras que no son sino construcciones imperiales para privilegiar los modos de hacer sentido de una cultura sobre todas las demás. 

Ahora bien, la cultura griega no tiene la culpa de lo que Europa ha hecho con ella. Los textos y artefactos de la antigüedad griega han sido precisamente objetos de apropiaciones, tráficos e imposiciones ideológicas a manos de los poderes imperiales europeos responsables de su diseminación global como cultura “originaria” (¿cuántas veces no nos han dicho que Grecia es «la cuna de la civilización occidental»?). Al pasado también hay que liberarlo de esas violencias infligidas, porque con ellas nos han violentado a nosotres igualmente. También hay que leer desde los márgenes lo que el centro ha sobrecargado de sentido con su muy limitada comprensión de la vida y del mundo (básicamente, la superioridad de la raza blanca y el capital como único modo de relacionarnos). O a eso apuesto yo. En todo caso, la lucha por el futuro tiene que darse desde diversos flancos, y yo desde mi minúscula esquina apuesto, porque es lo que sé hacer, por saturar de nuevas posibilidades estos ejemplos de la ruina. 

Así que presento esta semana este fragmento de Íbico, un poeta muy poco leído que escribió en el siglo VI a.C., en lo que hoy es la costa sur de Italia. Sabemos por el autor que lo cita (un comentarista antiguo de Píndaro) que las líneas describen la geografía de Ortigia, una pequeña isla convertida en península al adherirse a Sicilia por medio de puentes. El breve fragmento alcanza a demarcar no sólo un paisaje geográfico, sino también claramente el antes y el después de este territorio: ahora es una «costa de rocas puntiagudas» que han «erigido los mortales»; antes, un lugar en el que a los humanos se los comían los peces. Se trata claramente de un paisaje sujeto al trabajo civilizador, y el fragmento es una brevísima narrativa del pasaje de “lo crudo” a “lo cocido”. Doblemente sujeta está, entonces, Ortigia en el fragmento de Íbico, pues no es sólo un paisaje trabajado, sino que también se ha construido sobre ese trabajo un discurso que la separa de su paisaje anterior como de algo inhóspito y salvaje.

Pero como la geografía siempre está también demarcada por el plano mitológico, para leer este fragmento hay que recurrir al mito. Dicen que en Ortigia nació la diosa Artemisa. Así que esta geografía de este paisaje y pasaje está también sobredeterminada por su estatus mítico como el lugar en el que nació esta diosa, la hermana gemela de Apolo, hija de Zeus y Leto. Los dioses que Zeus procrea fuera de matrimonio no nacen en el Olimpo, porque el Olimpo es la casa de Zeus y Hera. Tienen que nacer en otro lugar. Así que un dios nacido durante el reinado de Zeus siempre signa al nacer un territorio en estas zonas cósmicas que después poblarían los mortales, aunque, claro está, la raza de los mortales no existía en ese tiempo mítico en el que nació Artemisa en Ortigia, en esas “rocas puntiagudas” que nombra el poema y que aceptaron a Leto cuando andaba buscando en dónde dar a luz a una parte de su estirpe gemela—no cualquier geografía quiere echarse a cuestas la responsabilidad de acoger a algún hijo de Zeus (Ortigia aceptó el nacimiento de Artemisa; Delos aceptó el de Apolo). Para leer esta geografía tenemos que ver cómo está inscrita en ella desde siempre Artemisa con sus atributos propios: ella es la diosa protectora de las vírgenes, vive en los bosques y su atributo principal es, como el de su hermano Apolo, el arco y las flechas. Pero mientras que Apolo es el que “hiere desde lejos”, Artemisa es “salvaje” (no se somete a la institución del matrimonio, no se reproduce, caza bestias no domesticadas). Apolo no sólo tiene el arco, también la lira, es un dios musical y preside sobre la medicina (y la enfermedad), es, en palabras de Nietzsche, un dios de las formas. Al principio de la Iliada, son sus flechas las que causan la plaga que amenaza con terminar a los Aqueos, y es al apaciguar al dios que la plaga termina. Artemisa es mucho más voraz en su destrucción, no tiene nada que ver con la música ni con las formas. Al pobre Acteón, que accidentalmente la vio desnuda mientras se bañaba en el río, la diosa primero lo transformó en ciervo para que después fuera descuartizado y devorado vivo por sus propios perros de cacería. 

En cierta forma, Apolo y Artemisa son también “lo crudo” y “lo cocido” que vemos en el paisaje costero de Ortigia, presentado allí en la oposición entre las rocas trabajadas por los humanos versus las bestias antropófagas. Y con ello parecería entonces que los discursos históricos y mitológicos inscritos sobre la geografía llegarían, por decirlo así, exactamente al mismo puerto y parece que todo está decidido: el fragmento nos habla de un paisaje que ha pasado de lo inhóspito a lo habitable. Pero esto, claro está, es producto de una trampa en la que hemos caído, pues pretendimos hablar de geografía histórica cuando hablábamos desde un principio de una geografía mitológica en la que los animales comían humanos «antes» del trabajo civilizador. El trasfondo del nacimiento de Artemisa que resuena en el fragmento por lo signado del territorio no es una capa mitológica sobre un discurso puramente geográfico, sino que es un complemento a un discurso ya desde siempre mitológico.

Lo cual me lleva de nuevo a mi amigo, y parecería darle la razón: el pasado está tan sobrecargado de sentido que nos sigue llevando a lo mismo, que no puede ser allí donde esté el futuro. Sin embargo, la densidad misma que causa la sobredeterminación es lo que me permite leer. Mi nota es un ejercicio de lectura, un clavado en la densidad del fragmento. Y aquí la geografía se convierte en geología: leemos densidades, leemos estrata, el abajo el antes el después de las rocas puntiagudas. Cierto, se reconfiguran las superficies, se producen otros planos, se desestratifica la profundidad, y eso es lo que más importa, pero sin densidad no pueden darse esos movimientos de fuga. Hay que pasar por la densidad, porque sólo lo denso es legible (lo otro es pura fonética o balbuceo ingenuo o reproducción mediática de lo mismo). Así que le ofrezco a mi amigo, y a ustedes, mi oficio como una práctica del clavado; como una descodificación de las estrata (de lo codificado, de lo sobredeterminado); como una apuesta por que el futuro será de quienes leen profundidades. Y de ahí, líneas de fuga: por ejemplo, los caracoles que aparecen en el fragmento, los cuales quedan indeterminados por el adjetivo, ni comían humanos ni sabemos nada más de ellos, allí también hay un punto de partida.