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Unos Juegos Olímpicos inolvidables

 

Especial para CLARIDAD

Los Juegos Olímpicos que acaban de concluir en Tokio van a ser recordados principalmente por haber sido los primeros Juegos Olímpicos celebrados en medio de una pandemia, pospuestos por un año por este motivo y celebrados sin público en las gradas. La pandemia sin duda será lo primero que se recuerde cuando se estudien estos Juegos, los número 32 de la era moderna, de aquí a muchos años. Se verán las imágenes de los atletas en el podio con sus máscaras, los voluntarios distanciados y el área de público prácticamente vacía. Aún así, hay muchos otros aspectos que resaltar de estos Juegos que también los hacen únicos o memorables.

Los más caros

Con un costo estimado en 15.4 millones, estos fueron los Juegos más caros de la historia. El tema de lo exacerbado del costo de los Juegos Olímpicos, el gigantismo, las exigencias del Comité Olímpico Internacional (COI) a las ciudades sedes y cómo el costo final es usualmente muchísimo más alto que el presupuesto original, no es nuevo. Lo vimos en Rio 2016, Londres 2012, Beijing 2008, Atenas 2004, etc. El COI devenga sus ingresos principalmente de la venta de derechos televisivos y contribuye con la ciudad sede, pero no es suficiente. Este año el COI añadió varios cientos de millones por la pandemia. Obviamente el tema de los costos es uno que genera mucho debate y las cifras en sí son parte del problema, pues es difícil discernir entre un gasto estrictamente olímpico de inversiones de infraestructura largo plazo. Aún así los Juegos de Tokio costaron muchísimo, en medio de una pandemia que magnifica cualquier gasto que no sea dirigido a finalizar la misma. Por ejemplo, por este motivo, Toyota, que era uno de los auspiciadores principales, se retiró. También afectó muchísimo cuando se decidió que se harían sin público, una decisión que dio el puntillazo final luego de haber acordado que no se harían con público internacional pero sí local. Esto, añadido al aplazamiento de un año, creó más costos y quitó ingresos.

Más países medallistas

De los 205 países participantes, 93 ganaron al menos una medalla, lo que representa el 45.36%, la vez que más países han ganado al menos una presea. También es la vez que más países ganan una medalla de oro, 65 del total.

Además de estos datos los Juegos se sintieron más “democráticos” porque algunos eventos los ganaron países que tradicionalmente no los ganan, como el 100 metros liso y el 4×100 masculinos, en los cuales Italia ganó ambas medallas de oro. Igual con Noruega llevándose dos preseas doradas en atletismo. Hasta el último día Estados Unidos estaba segundo en el medallero detrás de China, y finalmente quedó en lo más alto, superando a China por una medalla de oro. En tercer lugar llegó Japón con una gran actuación, seguido de Gran Bretaña y en quinto lugar el Comité Olímpico Nacional Ruso. En algunos deportes en los cuales tradicionalmente había una hegemonía estadounidense, ésta fue alterada con la inclusión de otros países en el medallero.

Compañerismo

Como he comentado en otras ocasiones los Juegos Olímpicos tienen en su esencia una contradicción que es fomentar el compañerismo y la unidad de los países mientras se compite para ver quién es el mejor. No hay empate, no hay competencia cuyo fin sea solamente participar, siempre hay un ganador y un perdedor. Pero en estos Juegos vimos más muestras de apoyo y solidaridad entre atletas de diferentes países, abrazos a perdedores, a quien se cayó, a quien se lastimó. Pero en nuestra memoria quedará para siempre la imagen del empate entre los saltadores de Qatar e Italia cuando luego de haber empatado en salto a lo alto el juez les dice que pueden seguir compitiendo a ver quien falla o empatar y ambos obtener el oro, opción que ambos sellaron con un abrazo profundo. Más que un empate, yo siempre voy a recordar ese abrazo y las celebraciones eufóricas que lo siguieron, como uno de los momentos olímpicos más bonitos que tengo recuerdo. Como cuando el australiano Peter Norman se puso un parcho en solidaridad con John Carlos y Tommie Smith en el podio histórico en México 1968.

Hablando de Carlo y Smith los Juegos de Tokio no trajeron protestas políticas como muchos habían anticipado. Quedará por ver si el reglamento del COI condenando protestas políticas tuvo efecto.

 

Salud mental

En vez de las protestas políticas tomando un papel protagónico, el tema principal no deportivo fue la salud mental de los atletas. Esto sobre todo por la decisión inesperada de la estrella de la gimnasia estadounidense Simone Biles de retirarse de la competencia por equipos, luego del “all around” y de varios aparatos individuales, aludiendo a un bloqueo mental que en la gimnasia se conoce como “twisties”, que es básicamente un desfase entre la mente y el cuerpo, lo cual en este deporte es sumamente peligroso. Pero la misma Biles dijo que la salud mental era más importante y no se sentía que podía competir. Aunque recibió muchas críticas, también recibió mucho apoyo, sobre todo porque este tema que era tabú se ha ido mencionando más a menudo. Otros atletas también salieron en su defensa y hablaron de sus propios problemas mentales. Ya lo había hecho hace apenas unas semanas la estelar tenista haitiano-japonesa Naomi Osaka, quien se retiró del Abierto de Francia aludiendo a su salud mental.

La presión de los entrenadores, aficionados, la prensa, auspiciadores, es brutal a este nivel. Y no hay distinción entre lo que se espera de un atleta “aficionado” de uno profesional, porque muchos de estos atletas que compiten representando a su país ya tienen auspiciadores, seguidores en las redes sociales, manejadores, etc, como si fueran atletas en ligas profesionales, y la presión es comparable. El tema de la salud mental es uno para desarrollar con más detalle luego, pero es importante que se haya destapado en estos Juegos.

 

Deportes nuevos

En estos Juegos hubo seis deportes nuevos, es decir, que no estuvieron en Rio 2016. Algunos de ellos sí eran completamente nuevos en el programa olímpico, como la patineta, el surfing, el karate y la escalada deportiva. El softbol y el béisbol regresaron a los Juegos Olímpicos luego de su ausencia en las últimas dos ediciones. Sin duda la inclusión de estos deportes es un intento por atraer público más joven y reflejar entornos urbanos donde se practican los mismos. Tanto el karate como el softbol y el béisbol no estarán presentes en París.

Paris 2024

Los Juegos de Tokio cerraron el domingo y aún con todos los problemas y peculiaridades, pueden decir que los lograron celebrar en medio de una pandemia. Si el olimpismo como movimiento ya estaba siendo cuestionado previamente por los altos costos que implican celebrar Juegos Olímpicos y el problema del legado que deja en las ciudad sedes con elefantes blancos y grandes deudas, ahora se añaden otros cuestionamientos. Cada vez más hay movimientos que se oponen a que ciudades sean sedes, y Paris en el 2024 y Los Ángeles 2028 no son la excepción. Son muchos los retos y veremos cómo es capaz de reinventarse para su subsistencia y poder mantenerse vigente.

Editorial: Desarrollo cooperativo: freno a la dependencia

 

Durante cada campaña electoral, los candidatos a puestos políticos por los partidos Popular y Nuevo Progresista se hacen competencia prometiendo iniciativas de desarrollo económico para Puerto Rico. Sin embargo, las estadísticas de empleo y desarrollo del país contradicen dichos mensajes. Ahora mismo, la tasa de participación laboral en Puerto Rico es de menos de 40%, lo que significa que solo trabajan 40 personas de cada 100 aptas para trabajar. Tras la aprobación de las más recientes leyes anti obreras, y la sucesión de desastres de los últimos años, estos números están en caída libre, disparándose nuevamente las cifras de la emigración y el desempleo.

Sí ha crecido en Puerto Rico, y de forma dramática, la dependencia de los fondos de “asistencia social” del gobierno federal, sobre todo por la pandemia del COVID-19 y la aprobación por el Congreso de Estados Unidos de los llamados “paquetes de ayuda de emergencia”. Con el gobierno de Puerto Rico en retraimiento por la quiebra, la corrupción y el colonialismo, y las prohibiciones de la Junta de Control Fiscal, el panorama económico y laboral se ha complicado, con un alza vertiginosa en el costo de vida y el estancamiento en los salarios. En el Puerto Rico de hoy es imposible satisfacer las necesidades humanas básicas con el salario mínimo estándar de $7.25 la hora, y por eso mucha gente emigra.

Por eso resulta tan insólita la acción de la Compañía de Fomento Industrial de Puerto Rico (PRIDCO, por sus siglas en inglés) de iniciar una causa de desahucio contra la Cooperativa Industrial Creación de la Montaña en Utuado. Esta cooperativa, que siempre cumplió sus obligaciones, ha pasado grandes dificultades para mantenerse a flote tras el paso del huracán María, y acumuló una deuda de $164,000 por el alquiler del edificio de PRIDCO que ocupan en dicho pueblo. Las trabajadoras reconocen la deuda, y solo reclaman una negociación de buena fe por parte de PRIDCO, para un plan de pagos sostenible que les permita seguir operando. Ese reclamo es tan sencillo y coherente que obligó a los oficiales de PRIDCO y el Departamento de Desarrollo Económico a dejar sin efecto las acciones de desahucio contra la cooperativa de Utuado y otros inquilinos, en busca de nuevas soluciones.

Según la Oficina del Contralor, PRIDCO tiene deudas por cobrar ascendientes a $37.7 millones, y entre los años 2015 a 2019 no llevó a cabo gestiones de cobro. Al 2021, la dependencia tiene 949 inquilinos en atraso de sus alquileres. Por otro lado, el inventario de propiedades de PRIDCO incluye 865 tierras vacías, 796 lotes con alguna estructura y 772 edificios que equivalen a 23 millones de pies cuadrados, con un precio de tasación de $624 millones. Recientemente recibió $93 millones de FEMA para reparaciones y mejoras de sus propiedades. Debía, entonces, ser su camino lógico negociar de buena fe, retener sus inquilinos y buscar el fortalecimiento del sector de los pequeños y medianos empresarios que constituyan una base económica sólida sobre la que Puerto Rico pueda construir.

Pero el capitalismo neoliberal tiene otros planes, y la acción de desahucio contra la Cooperativa Industrial Creación de la Montaña ilustra dicha gran contradicción. ¿Cómo va el País a incentivar el trabajo y el crecimiento económico propio, sin atender ni entender las condiciones particulares y los problemas de los pequeños y medianos negocios? ¿Cómo vamos a combatir el aumento en la dependencia, si se penaliza, estigmatiza y discrimina contra los pequeños emprendimientos?

Esto ilustra también la doble vara que se utiliza para evaluar desde el Gobierno las iniciativas empresariales, con un sesgo abrumador hacia los negocios grandes y los extranjeros. Solo hay que ver el trato privilegiado y los incentivos especiales para los inversores multimillonarios de la Ley 22- una ley que estimula la evasión de impuestos- frente a la indiferencia con que se trató a las trabajadoras de la costura de Utuado. La orden de desahucio contra estas no solo les amenazó su sustento, sino las señaló públicamente como morosas, acción que podría costarles oportunidades para nuevos contratos.

El cooperativismo es una opción económica y social que promueve que personas de pocos recursos económicos individuales, se unan y creen empresas que les ayuden a ganarse un salario justo, a la vez que brindan un servicio necesario para la sociedad. Este sistema se utiliza en cientos de países y ha sido una herramienta exitosa de desarrollo económico fundada en valores humanistas y de solidaridad. Las trabajadoras de la costura de Utuado son un ejemplo de ese gran principio universal, y por tanto, su gestión debe propagarse en Puerto Rico como contraparte a la dependencia que nos hunde.

 

 

Reclaman identificación de policía agresor

Kilómetro Cero (KC), organización ciudadana de monitoreo sobre la conducta de la Policía le cursó una carta este ocho de agosto al comisionado de la Policía, Antonio López Figueroa, en la cual le solicita que le confirme si el oficial de la Policía, identificado como “Capitán Rivera”, y quien se sabe que el jueves 5 de agosto agredió a Kevin Viera un joven habitante de la calle, es el mismo oficial que el 25 de noviembre de 2018 agredió con su macana a un grupo de la Colectiva Feminista en Construcción.

El momento de la agresión por parte del Capitán Rivera al joven Viera, durante una manifestación en la esquina de la calle Fortaleza, en el Viejo San Juan pudo ser vista mediante una trasmisión de la red social Facebook. La agresión al grupo de mujeres de la Colectiva Feminista en el 2018 fue en el mismo lugar.

Junto a la carta, Kilómetro Cero le incluyó enlaces de ambas noticias a López Figueroa para una mejor referencia. El requerimiento incluye que se les informe por escrito el nombre completo del Capitán Rivera, así como con cuántas y qué tipo de querellas administrativas tiene en su expediente como empleado de la Policía. El informe debe contener el saldo de cada una de esas investigaciones administrativas y qué sanciones o medidas disciplinarias se impusieron al oficial en su momento. “Le pedimos que por favor confirme esta información por escrito en las próximas 48 horas”.

La directora ejecutiva de KC, María Mari Narváez, subrayó que esta información es de naturaleza e interés público y que hacia el reclamo sobre las bases del caso Soto v. Giménez Muñoz (112 DPR 477), en donde el Tribunal Supremo de Puerto Rico estableció la presunción de que todo expediente en poder de una autoridad gubernamental es público y, como tal, debe estar accesible a los ciudadanos. Además hay otros dos casos; Trans Ad de Puerto Rico v. Junta de Subastas de la Autoridad Metropolitana de Autobuses (2008 TSPR 110) y Asoc. de Maestros v. Rey Hernández (2010 TSPR 19).

Copia de la petición fue dirigida al secretario del Departamento de Seguridad Pública Alexis Torres.

 

 

 

 

 

 

 

Será Otra Cosa: Acaso una casa

 

Especial para En Rojo

Las casas están ahí, pero no han estado siempre, ni están para todo el mundo, ni están de igual manera. Se sabe que han cambiado con el tiempo y la cultura desde los primeros asentamientos agrícolas, cuando nos alejamos de las primitivas cuevas. Fueron lugares de refugio, de defensa, de almacenamiento. Se convivía con mucha o poca gente, con animales varios, con las cosechas y los primeros artefactos. Hubo casas de madera, de piedras, de barro, de paja, de lo más que abundara en las regiones. Con el tiempo también hubo otras casas más simbólicas, y pensamos la casa como figuración de otras cosas: alma, pertenencia, familia, tribu. Hay también casas que ya no están, casas que se añoran. Hay casas que no son lo que eran, casas que cambiaron para siempre.

Casas vacías, ocupar una casa

Desde niña he sentido cierta fascinación por la casas vacías. En Toa Alta había una de esas casas, cerca de titi Margó. Nos escapábamos para ir a explorar y jugábamos a que era una casa encantada. Adentro no había muebles, pero era emocionante registrar entre los pocos objetos que quedaban e imaginar el pasado de aquella casa, inventarse fantasmas y una historia. No sabíamos entonces que, con los años, las casas encantadas nos iban a sobrar.

Ahora hay casas vacías por todos lados. Casas, edificios completos. Es una visión desoladora. Ya no tiene la fascinación de las casas abandonadas de mi niñez. Algunas son interesantes, pero la mayoría son casas feas. Las hay adornadas con árboles y plantas invasoras que les otorgan un aire de ruina romántica algo reconfortante. Otras son casas que vimos ocupadas y saludables, con jardines cuidados, a la sombra de un árbol que ya no está para tapar, como una vergüenza, sus paredes ahora desconchadas y espantosas. Ya no son casas vacías, son casas abandonadas, como si las hubieran castigado por portarse mal. Encontrar casas y edificios así todos los días, en cada ruta, no ayuda a atravesar estos tiempos desastrosos. Quisiéramos que estuvieran vivas, habitadas, sanas, que alguien se apiadara de ellas y, de paso, de quienes las miramos y sentimos cerca todos los días. Una casa abandonada resuena en nuestras cabezas como una historia trunca.

Limpiar una casa vacía es, pues, como preparar un papel para un dibujo, la preparación para una nueva historia. Se hace con ilusión o con resignación. Se limpia para ocuparla, para borrar todo lo que hubo allí. Se restriega fuerte. Las paredes desconchadas se alisan y renuevan, los pisos se limpian, el moho desaparece bajo varias capas de pintura, se levanta una verja, se deshierba el patio, y poco a poco la casa vieja pierde su memoria y empieza a ser nuestra. La casa se ocupa.

Ocupar un espacio, sin embargo, es también dejar algo nuestro allí. Los gatos lo saben. Olfatean las esquinas, las nuevas cosas, buscan rastros del pasado. Criatura y espacio están presentes, distinguidos. Los gatos ocupan las casas habitándolas. Duermen en lo alto de los estantes, debajo o encima de los muebles. Pasan el rato observando, olfatean a todo el que llega para acostumbrarse a sus olores, para conocer y pertenecer.

Habitación pandémica

En el 2020 fuimos todos gatos. Bueno, no todos, algunos. Fuimos criaturas de cuevas. Comíamos, nos bañábamos, paseábamos por la casa. Olfateábamos las esquinas, nos frotábamos contra los muebles. Dormimos muchas siestas. Miramos por las ventanas. A veces nos daba un ataque y corríamos de un lado a otro. Así que en la pandemia, ocupando nuestras casas, nuestras casas, digan lo que digan los documentos, han sido de veras nuestras.

De paso, el encierro hizo más evidente la condición inhóspita de muchas residencias, ya fuera por la precariedad, el hacinamiento, la falta de armonía entre sus habitantes. También supe de lugares en los que la gente estaba acostumbrada a usar las casas solo para pernoctar, reducidas jaulas de oro o de burdo cemento, gente que vivía más afuera que adentro por distintas razones, y por primera vez se entrentaron al espacio interior, a los límites que antes difuminaba el tránsito de la rutina.

Así pues, durante la pandemia, hemos ocupado de otra forma la casa. Descubrimos qué funcionaba y qué no, si era muy pequeña o adecuada, si muy pegada a la vecina o muy bien localizada. Convivimos más apretadamente con los otros, con gatos, perros, pajaritos, iguanas, salamandras. Supimos lo que teníamos, lo que nos sobraba y lo que nos faltaba. Conocimos mejor el cambio de la sombra a lo largo del año, el alcance de la brisa (si alguna), las rutinas del vecindario.

En uno de los videos que circulaban entonces, dirigido y protagonizado en confinamiento por Paco León, se representaba a un vecino mortificado por la forzada convivencia con una vecina chacharera, muy parecida a la madre cuyas llamadas el personaje trataba de evitar a toda costa. Todo se oye en esos apartamentos, la coexistencia es forzosa y en algunos casos afortunados llevaba a reconocer la ciudad como un espacio también de comunidad. Esto, que es tan obvio para nosotros en el Caribe, acostumbradas como estamos a los desastres, era una novedad para los urbanitas. Si de algo sabemos, sobre todo después de María, es de la importancia de vivir en comunidad.

Casas sin techo

Hay también quien carga con sus cosas como un caracol con su concha y de vez en cuando se asienta al borde del camino, bajo un puente, o en una de esas casas vacías que nos desconciertan. Ocupa la casa, como ocupa el puente o el borde del camino: acumula, dispone, ordena.

Hace unos años todavía cruzaba el puente sobre la Piñero para ir a comprar pan. Nadie solía por ahí, pero yo tenía prisa. Suelo ser atrevida para cruzar algunos caminos, sobre todo si es de día y falta pan, no importan las advertencias que me hayan dado. Al otro lado del puente encontré una casa al aire libre. Alguien vivía allí, en el descanso de la escalera. Todo estaba muy bien ordenado: sus camisas en ganchos, su cama en el suelo. Sus tereques tenían el acicalamiento de una persona cuidadosa. Había atención, mimo, celo en el ordenamiento de los objetos. Aquella persona había tomado posesión de esa esquina del puente. La había ocupado. Sin duda era suya aquella casa sin techo: había marcado su territorio, guardaba sus cosas, se guarecía. Entendí que eso era precisamente una casa, el espacio que ocupas con voluntad o resignación, de buena o mala manera, el punto desde el cual transitas por el mundo.

Sigo mirando las casas vacías y, como en mi niñez, imagino y me pregunto por sus ocupantes y sus transformaciones. Descubro también que esto de fuera también es una casa, como decir un país, el lugar desde el cual el presente es una casa.

 

Mujeres narradoras: Recetario contra el terror

 

Chiqui Vicioso

Especial para En Rojo

 A Elena Poniatowska, por su radiante humanidad.

Un gran espectro recorre el mundo: el terror de las potenciales narradoras ante los críticos. Para todas las que se atreven, comienzo este ensayo contándoles lo que me dijera un amigo:

“Cuando papá no generaba críticas negativas las pagaba, porque sabía que era la mejor forma de difundir sus ideas y que uno mide su importancia por las pasiones que desata”. Mami, por otra parte, repetía: “Si quieres ser feliz se mediocre”, yo respondía con una fórmula elemental: “He dividido la humanidad en dos grupos: los que me interesan y los que no existen”, que me ha protegido de múltiples disgustos, y motivado a investigar la praxis vital de los que escriben, para descubrir no solo la motivación detrás de las “críticas negativas”, sino (como alguien sugirió) el de sus esposas, a veces el motor detrás de la no tan encubierta, antipatía motivando sus textos.

Y, he descubierto problemas de toda índole en las motivaciones de algunos críticos que nos permiten manejar con humor sus fijaciones y no perder el entusiasmo por la escritura y nuestro derecho a ejercerla a nuestra imagen y semejanza.

Es lo que ha hecho Isabel llende, a quien a Academia de la Lengua de su país inicialmente le negó la membrecía por “ser demasiado famosa”. El asunto es que hasta hoy nadie sabe quiénes son esos académicos; y ella, como Borges puede repetir: “Yo soy Borges, ¿alguien sabe quiénes son los académicos suecos?”.

Confieso que he intentado leer, para aprender, a los clásicos de la novela, y algunos no tan clásicos, pero clasificados como esenciales y declaro que hay autores que nunca me seducirán. Proust, por ejemplo, me deslumbró con su prosa poética de un asombroso preciosismo, pero me llevó años encontrar a un crítico que coincidiera conmigo al definir su novela: sobre la Búsqueda del Tiempo Perdido, como “paralítica” porque no acababa de dar con la trama.

Confieso que también intenté terminar las novelas de James Joyce a no aval, algo que me ocurrió con los cuentos del tan celebrado Lezama Lima, algunos de los cuales me parecieron puros disparates. Para mi asombro, osé decírselo a un afamado intelectual cubano y me respondió: “Así es”.

Aquí, estudio las novelas de Marcio y Ángeles de Hueso es para mí la más conmovedora y poética de las novelas criollas. Por la belleza, me deslumbran las de Don Pedro Mir. Y, Escalera para Electra aun me cautiva por la destreza técnica de Aida y su manejo de la mitología griega trasladada al Santo Domingo de la dictadura trujillista. De los más recientes, afirmo que Julia Álvarez ha escrito una trilogía donde abarca el devenir de las mujeres dominicanas, con sus novelas sobre Salome y Camila; las Mirabal y Como las Chicas García (las emigrantes), perdieron el acento. Ella por cierto, fue víctima de la ignorancia de un entonces “critico literario” que confundió su cuento para niños de pre-primaria “Cuando la Tía Lola vino a Cenar”, con una novela, para hacer alarde de su “conocimiento novelístico”. Cuando le señalé que ese libro era un cuentecito para niños, me respondió: “igual no me gusta”.

Otra víctima ha sido Junot Díaz, actual presidente, en sus cuarenta años, (una hazaña para un emigrante dominicano que no es de la élite) del Premio Pulitzer, a quien por falta de criterios críticos le han tratado negar, como a Julia, la nacionalidad dominicana, cuando deberíamos condecorarlos.

De ese espectro que reina en el mundo: el terror de las narradoras en ciernes a los críticos, y la descalificación constante de las establecidas (a menos que jueguen todas las bases, talento que deberían compartir en un taller literario) somos testigos aún hoy, en pleno 2021. Por eso recomiendo a las jóvenes narradoras leer a otras mujeres, con las mismas búsquedas, y utilizo como ejemplo a Sandra Cisneros, una chicana que escribe en inglés, porque su familia emigró a Chicago cuando aún era muy niña, y en esa lengua se alfabetizó.

Sandra, traducida al español por la Premio Cervantes Elena Poniatowska, y a 26 idiomas; ha vendido solo de su primer librito: La Casa en Mango Street, 30 millones de ejemplares.

Celebrada por Oscar Hijuelos, primer ganador del Premio Pulitzer latino, su libro se considera un pequeño clásico y es parte integral de los estudios de español y latinos de USA.

Dice Sandra en el prólogo a la 25ava. Edición de The House in Mango Street, una “novelita light” de apenas 110 páginas, construída con viñetas que veces son poemas, pero están escritas generalmente en prosa y también se pueden leer como cuentos individuales:

1.-“Cuando muy joven me definí como poeta, pero sentía que la poesía que me enseñaban en la Universidad de Iowa era “una torre de ideas” y yo quería escribir historias que no estuvieran limitadas por la frontera de los géneros entre lo escrito y lo hablado, entre la “alta” literatura y las rimas infantiles de la niñez en los círculos infantiles. Entre New York y Macondo, entre USA y México.

2.-Todas queremos que admiren y respeten nuestro trabajo, pero yo quiero que la gente que usualmente no lee libros pueda disfrutar mis historias. No quiero escribir libros que los lectores no entiendan y los hagan sentirse avergonzados por no entenderlos.

3.-Experimento con un texto que es tan suscinto y flexible como la poesía, e introduzco frases como fragmentos dentro del texto, para que el lector pueda pausar y cada oración le sirva y no a la inversa.

4.-Creo en un libro que pueda ser abierto en cualquier página y todavía tenga sentido para quien no sabe lo que se escribió antes, o lo que viene después.

5.-Algunas veces la mujer que una vez fui se reúne con otros escritores. Venimos de las comunidades negra, blanca, y latina, somos hombres y mujeres, todos con la creencia de que el arte debe servir a nuestras comunidades.

6.-Hacemos esto por “amor al arte”, con nuestro valioso tiempo, porque el mundo está en llamas y la gente que amamos se está quemando.

7.- ¿Qué leo? En la Universidad de Iowa nunca nos hablaron de servir a otros con nuestra escritura, y no había ejemplos a seguir hasta que descubrí a escritoras mexicanas como Sor Juana Inés de la Cruz, Elena Poniatowska, Elena garro y Rosario Castellanos, quienes me enseñaron que era posible otro modo de ser aunque yo no supiera latín.

8.-Nos atrevimos y surgimos como grupo. Hoy somos las escritoras latinas en USA: Cherrie Moraga, Gloria Anzaldua, Marjorie Agosin, Carla Trujillo, Diana Solis, Sandra María Estévez, Desiré Gómez, Salina Rivera, Margarita López, Beatriz Bakidi, Carmen Obregón, Denise Chávez. Y faltarían las puertorriqueñas Ana Lydia Vega, Magali García Ramos; las cubanas y las dominicanas, las de aquí y la diáspora, y la Danticat, entre las vecinas haitianas y escritoras del Caribe no hispano-parlante.

Que este 2021 augure el florecimiento de múltiples jóvenes narradoras. Una explosión escritural, una generación de mujeres que se atreva a decir su palabra, a escribir a su imágen y semejanza.

Recuerden: Sólo hay algo que perdura más allá de la vida: nuestros textos, quien los celebra o adversa no figurará en la historia literaria de la nación.