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El buen estudiante

Es paradójico el destino de un buen estudiante. Vallejo, me parece, hereda el bagaje de una buena escuela del pasado y ese detalle enturbia el sentimiento de su poesía. Cuando habla de los dolores de pecho o de la aritmética, en la que sin duda era más que bueno, acude a un vocabulario que no es arcaizante como el de García Márquez, aunque tampoco de actualidad. Lo que le dicen en la escuela le llama la atención, nadie habla así en la calle ni en su casa. Su idioma nunca llega a ser sentimental, como el de Juan Ramón Jiménez, aunque hable de sentimientos principalmente.

Otro autor peruano con la misma suerte es Martín Adán. Son los chistes del tranvía de nuevo, que aparecen por toda América Latina, o la obligación que tiene toda persona inteligente de cuadrar con la ciudad. Tener hijos, etcétera, o por lo menos no hacerle daño a tus semejantes. Lo mismo pasa con Vargas Llosa. Estudiante bueno. El bildungsroman alemán, que no conozco, y del que nos hablaban, supuestamente recrea el proceso de madurar- la Educación Sentimental de Flaubert- de la que nos dicen algo que nunca leímos. Pero ninguna novela latinoamericana va por las mismas y son las que leemos. Leí la historia de un viejo adolescente en Conversación en la Catedral. Es lo más parecido a lo que me decían que era un bildungsroman americano. Sin embargo, en la obra de Martín Adán es la puesta en escena otra vez de la rareza del lenguaje y las cosas que le dicen en la escuela. A la larga uno en realidad no sabe si es verdad lo que nos decían.

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En Papeles de Recienvenido de Macedonio Fernández hay un chiste que me llama la atención. Dice el humorista que quien toma el tranvía se encara a un choque con la policía. El enigmático comentario vuelve en Felisberto Hernández en un relato titulado Por los tiempos de Clemente Colling, donde el narrador se detiene largamente el la descripción de un tranvía en Montevideo. Aquí en Puerto Rico se habla de tomar el último trolley a Piñones, desde el casco de Santurce. También este famoso tren se decía que era propiedad de un catalán, don Pablo Ubarri. Ahora bien, hay que decir que significa todo esto, por qué se hace constante alusión a lo que se conoce como el tranvía o el último tramo, del que Ana Lydia Vega habla cuando antologó los escritos de sus amigos generacionales en el Relevo. Ella se refiere al tramo ancla, es el último camino que el americano o el español tomaría para civilizarse. En el caso de un joven como era yo, casarse en segundas nuncias cuando estaba vacunado, hacerme acompañar por una esposa hasta los hospitales, donde me iban a operar para que inseminaran a la dama y tuviera por fin un hijo al que yo pudiera reconocer como propio. Desde la óptica de un anglosajón, los soldados del Imperio que se enfrentan a los latinoamericanos, que ellos llaman los insectos, dan lo que se llama un Last Chance al insecto para que deje de serlo y se haga humano. Pero el sucio trabajo de humanizar al insecto lo hace un soldado sin honor, que es parte de un escuadrón de prisioneros como el de Rat Patrol en su primera serie, la de los años sesenta. El último trolley es la forma en que los insectos nos civilizamos aquí en Puerto Rico. Philip José Farmer ironiza sobre este Last Chance que dan los europeos cuando pone a Herman Goering, el publicista de Hitler, como el fundador de una Iglesia del Last Chance, en su libro Riverword. El novelista y creador de juegos Gav Thorpe escribió una versión más reciente de la idea de Rat Patrol, en su novela The Last Chancers, donde vuelve a mencionar el dudoso trabajo de los soldados civilizadores de insectos.

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No entendía el sentido de una expresión que me hacían en la adolescencia hasta que leí el Romancero. Me decían que mi suegro tenía una cava de vino en la trastienda del barrio Amelia y yo creía que se trataba de un sitio para catar vinos, mucho más cuando me dijeron que había demandado a la compañia donde yo trabajaba porque no le habían hecho una entrega. Pero en el Romancero hay un poema que habla de la Cava Florinda, novia del Cid Campeador. Entonces se trata de una mujer. Ahora que me acuerdo del comentario, la idea también está en la tradición medieval inglesa. Lady Mead es la cava de Piers de Plowman. Mead en inglés significa cerveza. La mujer tiene algo que ver con el alivio de la bebida, aunque no sé si el concepto en realidad es tardío y no medieval. La Cava de Efraín es su hija y también un alivio. Es verdad que Nayda es un alivio para todos nosotros, incluso yo, que soy su novio.

Episteme líquida o crítica de la razón colonial en Memorias de Bernardo Vega

Especial para En Rojo

Desde los espacios revolucionarios de los talleres de tabaqueros en New York, Bernardo Vega despliega saberes y encamina prácticas sociales y políticas deslegitimando el engranaje homogeneizador del capitalismo y abogando por justicia social. Al enfocar el empobrecimiento y la precariedad signados sobre los cuerpos de incontables inmigrantes, el líder tabaquero descalifica idearios de poder que estructuran la normalidad estadounidense y que justifican la depredación política global. implícitamente, problematiza la naturaleza líquida, transitoria y contingente de discursos dominantes, justificaciones doctrinarias de las múltiples modalidades de violencia institucional que operan al servicio del capital.

De su rememorar surge que las comunidades de inmigrantes de New York desarrollaron epistemes con el fin de sobrevivir en un medio social inhóspito y mejorar sus condiciones de vida. El cayeyano expone las contradicciones que supura la llamada economía de mercado y propone saberes descentrados que territorializan y conjugan las experiencias y las esperanzas de la clase trabajadora. En esta ponencia, epistemes significa saberes nutridos por experiencias intelectivas y vivenciales. Vega deconstruye los sistemas de creencia hegemónica y propone prácticas políticas y una filosofía de vida inclusiva que catalizarían una profunda transformación posibilitando una vida digna para todos los seres humanos.

Zygmunt Bauman conceptualiza la fluidez, lo inestable, lo efímero precarizando la existencia de los seres humanos como modernidad líquida. Términos estables como ética, poder y religión, entre otros, afirma Bauman, han perdido sus implicaciones redentoras ante el irrestricto avance de prácticas políticas y sociales neoliberales. Como pregunta Bauman retóricamente: “¿acaso la modernidad no ha sido ‘fluida’ desde el principio?” (9). Recordando a Max Weber, el filósofo responsabiliza a la modernidad líquida por haber obliterado compromisos éticos, desarticulado la solidaridad social y centrado el lucro como fin social. Esa es la realidad que encaró Bernardo Vega al llegar a New York en 1916.

Como sabemos, Vega cuestiona la situación colonial puertorriqueña y el capitalismo liberal. Devela la metafísica inherente a la episteme colonial, conjunto de saberes imaginarios anclados sobre la despersonalización de los sujetos colonizados y el presunto papel civilizador de la potencia interventora. Expone la insipidez semántica de vocablos como patria, justicia e igualdad contrapuesta a la irrefutable evidencia ofrecida por la experiencia vivida. Las angustias, las injusticias, el discrimen y la explotación laboral sufridos por muchos inmigrantes en ese tiempo contradicen los imaginarios hegemónicos y descubren la realidad empírica. Descubre el cariz ideológico y las contradicciones en conceptos presuntamente asépticos como democracia.

Como dicen Ricardo Campos y Juan Flores, la migración surge de “…los dictados de una planificada política imperialista que impulsaba a contingentes de sus compatriotas proletarios a desplazarse en sucesivas oleadas migratorias” (323). En 1914, el gobernador colonial en Puerto Rico, Arthur F. Yager, propuso la emigración de los puertorriqueños como solución, no a las serias desigualdades provocadas por el doble eje de opresión colonial y capitalista, aun más agudas para las mujeres y los afropuertorriqueños empobrecidos, sino como solución a la raíz imaginaria del problema: la sobrepoblación. Es decir, Yager responsabiliza a los sujetos coloniales de haber creado sus propios males socioeconómicos mediante su presunta hipersexualidad. Este el núcleo de la episteme colonial: los puertorriqueños son incultos, incivilizados, ahistóricos. Su incapacidad y sus deficiencias mentales y genéticas generan su propia miseria.

Al llegar a New York por vez primera, su mirada percibe una urbe estrambótica y amorfa contrapuesta a la nitidez coherente manufacturada por el mercadeo turístico. Descubre una flagrante contradicción entre la riqueza material de la nación y la pobreza estructural de sus espacios públicos (24). Al tomar el tren en el bajo Manhattan hacia su destino, el recién llegado trata de absorber las particularidades de esos entornos novedosos. Desengaño encarna su primera impresión. La metrópolis preconcebida colapsa ante la crudeza de lo que observa: “Los rascacielos se me figuraban altos panteones. Y yo me preguntaba: ‘Si Estados Unidos es tan rico, ¿por qué su más grande ciudad parece tan grotesca?’” (24). Vega desdibuja la New York imaginada y recrea una ciudad armonizada con la interpretación crítica de lo que observa. Advierte el carácter mítico de la urbe vinculándolo a un super imaginario o The American Dream, idealización fundada sobre estrategias metonímicas de mercadeo que no logran engañar al cayeyano. Su reflexión sobre el ambiente urbano evidencia las incongruencias entre la ciudad idealizada y la ciudad trenzada por diversos conflictos sociales agudizados por la atomización social que le caracteriza.

En este sentido, el líder tabaquero sintetiza sus saberes para interactuar con los individuos que componen su red social solidaria y políticamente comprometida. Desnaturaliza las formas de conocimiento totalizantes y acciona su propia dialéctica. Se construye como actor social mediante prácticas políticas, sindicales y culturales. Trabajando desde el interior de diferencias epistémicas, confía en su razonar teórico y ejemplifica un ethos igualitario contrapuesto al tren arrollador de la modernidad contradictoria, aleación de procesos históricos y sociales que comprenden desde la centralidad del ser humano en la historia y de la razón ilustrada hasta el brutal imperialismo europeo. Kurtz, personaje en la notable novela Heart of Darkness de Joseph Conrad, reflexiona sobre su vida y sobre la brutalidad británica que presenció en África, susurrando: “El horror…el horror”. A raíz de ese saqueo inmisericorde de vidas y de recursos, Charles Darwin consideraba a los neandertales éticamente superiores a sus contemporáneos británicos. A modo de virtud suprema, Bernardo despliega saberes operando al servicio de la humanidad trascendiendo barreras políticas y geográficas.

Bernardo Vega encarna saberes populares, resignifica prácticas culturales dominantes desde una perspectiva subalterna, desestabiliza dualidades insidiosas como estadounidense/puertorriqueño, participa en las controversias de su tiempo espacio y reflexiona sobre sí mismo y sobre su lugar en la sociedad y en el mundo. Su conocimiento rebasa los límites disciplinarios que imponen voces autorizadas desautorizando las voces de la gente común. Rechaza la autorización del saber de augustas instituciones académicas o profesionales validando lo que se aprende en la calle, en el barrio, interactuando con los demás, lidiando y aprendiendo con contingencias que requieren respuesta rápida. En síntesis, estos saberes significativos son practicados y enunciados por “Gente con minúscula”, como ironiza Juan Flores (148).

Bernardo se autoriza a sí mismo. Contrapone el conocimiento regulador al conocimiento emancipador, lo monocultural a lo plenamente diverso, su presunta inexistencia a su presencia esclarecedora. Después de todo, los saberes autorizados y los desautorizados parten de un lugar común: la ignorancia. Ambos tratan de subsanar la brecha entre desconocer y conocer. En el capitalismo, la episteme hegemónica es sólida, representa imaginarios ahistóricos que eterniza las relaciones desiguales de clase que fomenta. Sin embargo, al desmantelar las condiciones de vida de la clase trabajadora, se torna líquida, se accede a la nada propia de la inseguridad social. Empleo seguro, un salario digno, la educación, el retiro, la salud y el sagrado derecho al techo se tornan insustanciales, fluyen indetenibles entre las grietas de existencias desvencijadas para reconvertirse en sólidos al amparo de hedge funds y otras travesuras del capital. Lauren Lauder, una maestra de Detroit de 33 años, informa el New York Times en su edición del 21 de mayo del 2021, perdió a su padre por el Covid y enfrenta facturas médicas totalizando un millón de dólares. Como evidenció el cineasta estadounidense Michael Moore en su documental Sicko, Estados Unidos tiene el peor sistema de salud de los llamados países desarrolladores. Inscribe en el cuerpo y en la mente de esta educadora la modernidad líquida su pavoroso poder corrosivo.

Volvamos por un momento a la modernidad porque creo que debe considerarse una relación dialógica que, implícitamente, entabla Bernardo con figuras relevantes del siglo XIX. La conversación con Marx y con Engels es evidente. Pero no así con otros pensadores de ese siglo. “Experience”, dice Immanuel Kant en Critique of Pure Reason, “is an empirical cognition that determines an object through perceptions” (295). Por separado, Kant y Vega proponen un sujeto capaz de pensar su lugar en el mundo, de racionalizar su situación existencial. Instalados en una modernidad oposicional, estos dos pensadores, un puertorriqueño y un alemán, cristalizan una ruptura que discurre por senderos diferentes.

Kant evidencia los límites de la razón pura desmitificando argumentos metafísicos que intentan prescindir de la experiencia humana. Más aun, el genial filósofo evidencia que, en gran medida, la mente estructura la realidad procesando y codificando el insumo de los sentidos. Por lo tanto, no podemos conocer a Dios; solo podemos experimentar lo que catalogamos como manifestación divina. En su ensayo, “¿Qué es la Ilustración?” Kant habla sin ambages:

La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad

significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro… ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la Ilustración.

En ese sentido, Kant y Bernardo confían en lo inevitable del progreso moral, obliterador de todas las formas de opresión. Desde la perspectiva posmoderna, Kant podría descartarse como un conservador, enemigo de las revoluciones. Sin embargo, Kant calificó la instauración de la república francesa como “…día memorable”. Le expresó a un colaborador «that all the horrors that took place in France were nothing compared to those that people had suffered under a despotic regime, and that the Jacobins were probably right in all their actions” (Ypi 265). O como expone Ypi: “Kant then identifies a sign of moral progress in enthusiasm, the attitude of those who take side in favour of the cause of the whole humanity, and who raise themselves above particular interests even at the cost of sacrificing their lives” (270).

Sus memorias cierran con una detallada descripción de una episteme particular, un saber técnico: examinador forense de documentos. En 1942, Bernardo consigue trabajo en la Oficina de Censura Postal. Vega contextualiza ese momento recordando la presencia conspicua de submarinos nazi en el Caribe. Analizando una valija diplomática que llegó a su mesa de trabajo, este examinador forense puertorriqueño descubrió certificados de nacimiento falsos emitidos en pueblos de España y de Portugal remitidos a oficinas de abogados en México, Buenos Aires y Rio de Janeiro. Bernardo explica la importancia del hallazgo y rememora que América Latina figuraba prominentemente en los planes nazi hasta el punto de concebir una República Austral Suramericana: “…me satisface haber contribuido en algo a la victoria de los pueblos contra las potencias nazifascistas” (258).

De modo que Vega concebía también su trabajo como parte de un esfuerzo global para detener las fuerzas fascistas. En este sentido, su acumen resultó ser históricamente certero. Documentos desclasificados por la administración del expresidente Barack Obama confirman que Augusto Pinochet recibió asistencia de antiguos oficiales nazi en la implementación de la brutal operación Condor. La Operación Condor proponía destruir a los opositores políticos de los regímenes de derecha en América Latina. Esta operación política sanguinaria contaba con el aval del gobierno estadounidense.

Su aventura más extraordinaria, como diría Vega, consistió en identificar numerosas cartas falsas que daban cuenta de conspiraciones inexistentes para derrocar a Francisco Franco. Las cartas aparecían firmadas por líderes españoles antifranquistas. El plan, deduce Vega, consistía en accionar el poder represor del régimen contra esos desafectos políticos. Escuchemos a un orgulloso Bernardo Vega: “Conseguí firmas auténticas de los lideres españoles, obligué a los jefes superiores a traer un calígrafo, y se comprobó que las cartas eran apócrifas. Pude así lograr que no llegaran esas cartas criminales a su destino” (259). Esta episteme técnica, en efecto, salvó la vida de activistas antifranquistas.

En sus notables memorias, Bernardo Vega nos permite apreciar el espíritu inquebrantable de un hijo ilustre de Cayey y de al menos dos generaciones de inmigrantes hispanohablantes, quienes convirtieron las desventajas en acicate de lucha. El tabaquero testimonia las complejidades de diversas luchas, en lenguaje coloquial, irónico, inquisitivo, humorístico. Como se pregunta Juan Flores, traductor de las Memorias al inglés, en su prefacio: “What would Puerto Rican working-class experience be without the humor and picaresque irony, the humility and determination, the singular tribulations and triumphs of everyday life?” (10). Su generación, para tomar un término suyo, desbrozó el camino. Prefirió la ruta menos transitada y entregó todos sus haberes materiales en aras de un mundo receptivo a todos. Muestra la contradicción suprema que le humaniza: amante del buen ron y de mujeres interesantes, adopta un estilo de vida asceta. Se reconcilia con el mundo, a su manera, sin deponer sus idearios. Opta por una especie de viaje a la semilla, el regreso freudiano a la paz que propicia el seno materno. Se sacude la hojarasca saturada de egos insatisfechos, de envidias vulnerables, de agendas maliciosas. Remueve la arena de sus sandalias, y, resuelto, decide regresar a su verdadero hogar, satisfecho de haber cumplido con su deber: “¡Vuelvo a mi chinchal!”, nos dice en este extraordinario testimonio que rezuma integridad, solidaridad y patriotismo. El momento histórico que vivimos requiere que vayamos a buscarle al chinchal. No se hará de rogar.

Este es un fragmento de una ponencia leída en el Primer simposio de historia y literatura de las diásporas puertorriqueñas el 25 de mayo de 2021 auspiciada por la facultad de Estudios Generales y la Biblioteca y Centro de Investigación Social Jesús T. Piñero de la Universidad Ana G. Méndez, recinto de Carolina. 

 

 

 

REFERENCIAS

Bauman, Zygmunt. Modernidad líquida. México, Fondo de Cultura Económica, 2003. 

Campos, Eduardo, et al. “Migración y cultura nacional puertorriqueñas: perspectivas proletarias.” Antología del pensamiento crítico puertorriqueño contemporáneo, editado por Anayra Santory Jorge and Mareia Quintero Rivera, CLACSO, 1979, pp. 303-354.

Darwin, Charles. The Origin of Species. En Darwin. Ed. Phillip Appleman. New York: Norton, 1979. 

De Sousa, Santos. “Las ecologías de saberes.” Construyendo las Epistemologías del Sur Para un pensamiento alternativo de alternativas, Volumen I. Madrid: Morata, 2017, pp.237-263.

Foucault, Michael. The Archaeology of Knowledge. Trad. By A.M. Sheridan. New York, Pantheon Books, 1972.

Kant, Immanuel. Critique of Pure Reason. Trans. And Ed. By Paul Guyer and Allen W. Wood. Cambridge, Cambridge University Press, 1998. 

Memorias de Bernardo Vega. Editadas por César Andreu Iglesias. San Juan, Ediciones Huracán, 1997. 
Moffat, Ken. Postmodern Social Work. New York, Columbia University Press, 2019.

Steinbeck, John. The Grapes of Wrath. New York, Penguin, 2002.

Ypi, Lea. “On Revolution in Kant and Marx”. Political Theory, Vol. 42 (3), 2014, pp. 262-287.

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En Rojo

Los tres filmes que comento hoy y que tuve la dicha de ver en pantalla grande este año son tan diferentes en su temática, época y estilos, lo que prueba las dimensiones que tiene el cine para contar historias que enternecen, ahondan en la interioridad de los personajes y nos abren una ventana a esos lugares que han estado cerrados para nosotrxs desde hace tanto tiempo. Dos son producciones británicas, The Courier y The Father y la 3era la más reciente producción de la española Icíar Bollaín (Te doy mis ojos, Y también la lluvia, El olivo, Yuli), La boda de Rosa.

La boda de Rosa, Directora: Icíar Bollaín; guionistas: Icíar Bollaín y Alicia Luna; cinematógrafos: Sergi Gallardo y Beatriz Sastre.

Al igual que lo hizo en 1999 con Flores de otro mundo, la directora y guionista nos da una comedia que combina lo lite con lo oscuro para contar la historia de Rosa (Candela Peña), mujer de 45 años que no puede ser ella por estar pendiente—quiéralo o no—de la familia que la quiere y la adora, pero que solamente la ve como la resuelvelotodo. Su familia sólo ve a una buena mujer que siempre está dispuesta a ayudarlos cuando están en algún aprieto como cuidar a los hijos si Armando (Sergi López), el hermano, tiene que trabajar esa noche, ocuparse de las necesidades del padre (Ramón Barea) la mayoría de las veces, nunca contar con su hermana Violeta (Nathalie Poza), la traductora profesional y abandonar todo si surge una emergencia. Ellos se consideran demasiado ocupados para romper su rutina o extender sus responsabilidades.

¿Por qué una mujer que no tiene marido, cuya hija ya es una adulta con su propia familia, que tiene un empleo que le da la estabilidad económica que necesita no puede decidir un día que su única responsabilidad es con ella misma? ¿Por qué no puede renunciar a su empleo—es modista de cine—donde el sueldo no recompensa el trabajo explotador que hace, mudarse a un pueblo pequeño de Valencia (Benicasim) y recuperar el espacio que una vez fue de su madre, la que le enseñó a coser? ¿Por qué todxs quieren dirigir su vida supuestamente para protegerla y encaminarla? ¿Acaso ella no puede decidir lo que quiere por sí misma? Por supuesto que puede, pero qué difícil se lo hacen. Todas las actuaciones son de 1era: Candela Peña obtuvo el Premio Gaudí, Nathalie Poza el Goya, el filme ganó en el Festival de Sant Jordi y casi en todas las categorías del Círculo de Escritores Cinematógrafos (CEC) y obtuvo nominaciones en los tres festivales más importantes de España. La incorporación de Benicasim en la trama, los vestuarios que se inventa Rosa para ella y sus allegadas y el reunir una diversidad de personajes de todas las edades para la gran boda es el ambiente perfecto para una comedia con conciencia.

The Courier, Director: Dominic Cooke; guionista: Tom O’Connor; cinematógrafo: Sean Bobbitt.

Este filme de espías pudiera ser parte de ese mundo de la guerra fría de las novelas de John Le Carré que involucra a las agencias de inteligencia de Gran Bretaña y Estados Unidos. Quizá la diferencia es que, aunque las historias de Le Carré pudieran incluir episodios de la vida real, The Courier se basa en detalles precisos de un comerciante con lazos internacionales, pero de poco o ningún alcance político, que se involucra en una trama de espionaje. Benedict Cumberbatch es el actor perfecto para interpretar a Greville Wynne, por la humanidad con que llena a su personaje que es neutral y comprometido, nervioso en situaciones desconocidas y seguro en sus transacciones comerciales y muy temeroso de ser parte de una red de espionaje de la que desconfía.

Tanto Bridge of Spies (2015) como The Courier son historias basadas en experiencias del pico de la guerra fría (1950-1965) con espacios vacíos por tratarse de espionaje del que nunca se sabe todos los detalles ni se tiene todas las contestaciones en cuanto a la extensión de la red de información que se logró. Por eso el enfoque está en el ser humano: cómo piensa, se relaciona, sus dudas y convicciones. A Wynne lo que le interesa es mantener y, si es posible, ampliar su negocio y viajar a Europa del Este es la mejor manera de hacerlo. Su interés es personal y aunque entiende la enemistad política con la URSS, su negocio y sus viajes son legales. Por eso, cuando Dickie Franks (Angus Wright) de MI6 y Emily Donovan (Rachel Brosnahan) de la C.I.A. le hacen un acercamiento para que sirva de mensajero de documentos con Oleg Penkovsky (Merab Ninidz), no entiende que al acceder a su petición se ha convertido en parte de la red de espías. Es esta “inocencia” que nada le va a pasar porque no es empleado de las agencias de inteligencia que provoca su falsa seguridad y sorpresivo arresto y convicción.

Todas las actuaciones sobresalen, incluyendo a Jessie Buckley como Sheila Wynne en un papel “pequeño” pero impactante, al igual que la recreación de época* y de sus sistemas penales. Nos duele la deshumanización de lo que denominamos presos políticos, pero para imperios y países los espías no cuentan como ciudadanos ni seres humanos. Son sencillamente traidores y si pudieran asesinarlos (Ethel y Julius Rosenberg) o que se pudran en la cárcel (Albizu, Oscar López Rivera, Lolita Lebrón, Ana Belén Montes) mejor todavía, pues así borran su existencia.

The Father, Director y autor: Florian Zeller; guionistas: Christopher Hampton y Florian Zeller; cinematógrafo: Ben Smithard.

The Father es un soliloquio donde el protagonista (Anthony Hopkins) conversa con sí mismo, espera con cierta ansiedad las visitas de su hija Anne (Olivia Colman) y pelea contra cualquier imagen que altere lo conocido, lo acostumbrado, lo reconocible en la realidad que ha creado. Parece tener dos obsesiones: 1) el reloj que siempre busca y encuentra en el mismo lugar donde lo puso, pero que alega que se perdió o alguien se lo llevó y 2) su espacio de vivienda. Continuamente declara que este es su piso (“flat”), se mueve de su cuarto a la sala, comedor y cocina notando que todos los cuadros estén en su sitio, que nada falte. Aparte de Anne, todo el que entra a su apartamento lo hace acompañado de su hija, quien le da detalles de quién es esta extraña y por qué invade su espacio. Cuando Anne trae a Laura (Imogen Poots), la joven cuidadora que asumirá muchas de sus tareas con su padre, Anthony decide montarle un show para contradecir todo lo que Anne le ha contado de él. Hablará de su reloj, por supuesto, pero además se presentará como bailarín y demostrará sus habilidades, lo que entretendrá a Laura y la dará más confianza para desempeñar su trabajo.

¿Y que hay de los otros personajes que aparecen en el piso de Anthony sin anunciarse y que él tiene que cuestionarse dónde está? Un hombre (Mark Gatiss) que parece ser el ex de Anne, pero que habita su espacio; alguien (Olivia Williams) que dice ser Anne pero en nada se parece a ella; otro extraño, Paul (Rufus Sewell), que parece molesto con su presencia en su propio piso. Puede haber ciertas conexiones—la compra para preparar la cena, el cuadro que pintó su hija Lucy, las razones para la presencia y ausencia de Anne—pero estos encuentros parecen confusos cuando Anthony trata de entenderlos. Sin aceptarlo, Anthony va perdiendo su capacidad de reconocer los giros del tiempo y su intento de congelar el presente y a veces colapsarlo con el pasado reciente y lejano le producen la confusión que sólo su estadía en su piso—o lo que él entiende que es su espacio—logra calmarlo. Poco a poco podrá transportar ese imaginario a su presente.

Anthony Hopkins—ganador del Oscar y BAFTA en 2021—es sencillamente extraordinario como Anthony. La profundidad de esta actuación no nos sorprende porque hemos quedados sorprendidxs con su capacidad de darnos personajes que nunca se borran de nuestras mentes: The Elephant Man (1980), Howards End (1992), Shadowlands y Remains of the Day (1993), Proof (2005), King Lear (2018), The Two Popes (2019). Florian Zeller, director/autor/coguionista, ha logrado darnos una historia real y dolorosa desde la perspectiva de la mente y visión de la persona cuya realidad es cambiante sin tener control sobre ella.

¡Gracias, juventud colombiana!

 

 

Por Pedro Pierre

Colombia es un país con más de 50 millones de habitantes. Su doble característica, entre otras, es de ser el quinto país más industrializado después de Brasil, México, Argentina y Chile, y el segundo exportador mundial de café después de Brasil. A diferencia de los demás países latinoamericanos Colombia, desde la colonización europea, no ha realizado ninguna reforma agraria, de tal manera que las tierras, con inmensas haciendas, están en manos de grandes terratenientes y las grandes empresas nacionales e internacionales. Además tiene el primer premio por abrigar 7 bases militares norteamericanas. Desde la independencia se han alternado exclusivamente en el Estado los partidos conservadores y liberales… Todo esto ha producido, arriba, mucha acumulación de riquezas y, abajo, muchas inequidades. Los colombianos ya no aguantan más… ¡Desde lo que va este año, los asesinatos de líderes populares llegan a 32, casi uno por semana!

Ya en 2019, las protestas se estaban generalizando. Pero la pandemia dio un pare a estas protestas. Ahora se dan cuenta que el gobierno de Iván Duque-Álvaro Uribe (igual que Moreno-Nebot-Lasso) es más peligroso y mortífero que el covid. Este 28 de mayo las protestas cumplirán un mes de vigencia: los jóvenes colombianos principalmente no están resueltos a cesar sus protestas y el gobierno no sabe cómo emprender un diálogo que no le sea desfavorable, por eso “conversa de día y mata de noche”, militarizando el país convulsionado en una guerra sin cuartel. ¡Los muertos superan los 50; los torturados, asesinados y desaparecidos son varios centenares y las denuncias de atropellos mayores a los derechos humanos son más de 2,500!

Fue la presentación de una ley de reforma tributaria que provocó las primeras manifestaciones de los sindicatos. Luego la participación de toda la población, incluso la de los indígenas, fue multitudinaria, en particular con el protagonismo de los jóvenes expresándose en las calles mediante conjuntos musicales, danzas folklóricas, disfraces simbólicos… que llaman la atención y hacen reflexionar sobre las causas y las metas de las protestas. Un Comité Nacional de Paro articula las manifestaciones y exige al gobierno cesar las masacres y los arrestos domiciliarios para sentarse afín de encontrar una salida nacional. El gobierno ha retirado su emblemática propuesta de ley tributaria; luego vinieron 2 renuncias significativas: la del Ministro de Hacienda (… ¡de “hacienda” quiere decir de ‘economía’!) y la del ministro de Relaciones Exteriores; además ha sido despachado el director general de la Policía de Cali, mientras los Asambleístas archivaban la Reforma de la Salud. Por su parte el ex presidente Uribe, cuya familia fue la vanguardia de los paramilitares y es calificada de ‘sub-presidente’, invita a los colombianos a “sostener el derecho de los soldados y policías a utilizar sus armas para proteger su integridad, defender a las personas y los bienes contra la acción criminal de los terroristas y vándalos”. En seguida el presidente Duque, el 1 de mayo, ordenaba la intervención del Ejército “para proteger a la población”… En Ecuador conocemos estas clases de explicaciones de octubre de 2019… E igual que en Ecuador, casualmente, unos pocos meses antes de las actuales manifestaciones, el gobierno colombiano, en plena pandemia, compró, para la policía, armamentos y municiones para más de 3,5 millones de dólares: ¡Somos países ‘hermanos’!

Lo que llama la atención en estas protestas colombianos es la violencia de la represión… al mismo tiempo que la solidaridad internacional sin precedente. Para colmo, el gobierno colombiano acaba de negar la entrada en su país a una Comisión Internacional de Derechos Humanos que quería investigar las múltiples denuncias ocurridas en todo el país… ¡En esta Comisión constaba un enviado del papa Francisco… hacia la ‘tan católica Colombia’! Muchos colombianos denuncian el silencia ensordecedor de la Conferencia Episcopal Colombiana… La realidad es que “¡El paro no para!” “El terrorismo de Estado es más grande que lo que imaginábamos.” “En la lucha nos hacemos más hermanas y hermanos”. “¡Aquí nadie retrocede ni se rinde!” “Jóvenes, ¡gracias por despertar a un país!”.

Comenzó una nueva Colombia. La generación actual es el resultado de las luchas de muchas generaciones anteriores y de decenas de miles de muertos por una Colombia diferente. Pero el sistema de muerte no va a dejarse eliminar fácilmente. Es un monstruo que vive de la sangre humana y del orgullo de los que han hecho del dinero su divinidad suprema. También la realidad es que la historia no da marcha atrás. Colombia está a las puertas de su segunda independencia… que todavía se puede hacer esperar un poco.

En Ecuador tenemos que aprender del ejemplo de los colombianos que protestan. ¿Acaso estamos en una situación muy diferente? ¿No somos también un pueblo crucificado por el neoliberalismo? Desterremos el odio al correísmo que los perversos medios de comunicación comerciales nos han metido en la cabeza y en el corazón. No es más que una cortina de humo para desviar nuestra atención de las verdaderas causas de nuestra situación: un gobierno y unas élites bancarias y empresariales que se enriquecen a costa de nuestro empobrecimiento creciente. La verdad es que los pueblos solo se levantan el día en que son conscientes de su fuerza, pero solamente son conscientes de su fuerza el día en que se levantan. ¿Sabremos, los ecuatorianos, aprender la lección y ser suficientemente valientes para barrer nuestra complicidad con los que nos despojan y nos humillan?

Reproducido de www.alainet.org

 

Mirada al País: ¿Se aprendió?

 

Especial para CLARIDAD

Aprender, tanto vía la socialización formal como informal, no es fácil. Toma tiempo. No es por capricho pedagógico que los niños, luego adolescentes, se toman de doce a trece años para graduarse de escuela superior. Súmele varios años – no pocos – si prosiguen estudios universitarios.

Muchas veces el aprendizaje, sobre todo en los adultos, supone deshacerse de viejos usos y costumbres para incorporar nuevos ordenamientos normativos. Por ello la resistencia al mismo, en mayor o menor grado, siempre está presente. En los procesos de cambio unos ganan y otros pierden. ¿Acaso fue accidental el prolongado dominio del horroroso – conveniente para la clase dominante – régimen esclavista? ¿Cuánto tiempo tomará liberarse plenamente de un sinfín de pautas culturales que sirven de fragua para forjar injusticias y prejuicios de toda índole que, desafortunadamente, en no pocas instancias se practican, enseñan y predican como si fueran verdades absolutas.

El notorio e infame “Chat” del gobernador Rosselló y sus cuates – todos “profesionales” en posiciones de poder — es un extraordinario catálogo de cuanta torpeza y prejuicio se pueda imaginar, desde discrimen por género hasta político. Las protestas del ya famoso verano de 2019 impugnaron la insensibilidad, mendacidad, ineptitud y corrupción del gobernante y provocaron su renuncia. Podría decirse que se le “destituyó” por falta de estatura moral.

Poco después, en las elecciones de noviembre de 2020, se da una segunda lección, ahora más inclusiva. La prolongada contracción económica, la pobre ejecución en el manejo de la deuda, la bancarrota gubernamental, la politización del servicio público, el uso deshonesto del tema del estatus, la sumisión ante la Junta de Supervisión (Control) Fiscal y el descarado vicio de la cacería de rentas – privilegios tributarios, concesiones contractuales, malversación de fondos públicos locales y federales – colman la copa y provocan un debilitamiento significativo en el bipartidismo gobernante. El poderoso binomio del Partido Nuevo Progresista (PNP) y del Partido Popular Democrático (PPD), acostumbrado al 90 y 95 por ciento del total de votos, tiene que celebrar su precaria victoria – el PNP en la gobernación y el PPD en la rama legislativa – con alrededor de un 65 por ciento de los votos, dividido prácticamente en partes iguales. El restante 35 por ciento le correspondió a Victoria Ciudadana, al Partido Independentista Puertorriqueño y al Proyecto Dignidad.

¿Se ha aprendido de las lecciones dictadas en dichas jornadas cívicas? La inclinación es, y con razón, a contestar categóricamente en la afirmativa. No obstante, todo parece indicar que es obligado confesar que todavía no se ha aprendido lo suficiente y que, claro está, son muchos los que se resisten al aprendizaje.

En las propias elecciones de 2020 se llevó a cabo una consulta engañosa sobre el estatus. Posteriormente, con una exigua participación, se eligen seis personas –cabilderos, delegados, charlatanes, jaibas o bufones (escoja la mejor contestación) – con la encomienda de abogar por la estadidad ante el Congreso de Estados Unidos. Todo esto, huelga aclararlo, financiado con fondos del gobierno de Puerto Rico. Para colmo, entre los seis personajes, se distingue Ricardo Rosselló, cuya residencia en Puerto Rico está en entredicho. Evidentemente, las malas costumbres no se pierden así como así… Persiste la resistencia al aprendizaje.

Mientras tanto, la Junta de Supervisión (Control) Fiscal, también generosamente financiada con fondos del pueblo de Puerto Rico, ha continuado de lo más tranquila con sus políticas de austeridad y con sus planes de ajuste de deudas. En lo primero ha sobresalido su saña en contra de los más vulnerables, desde los pensionados hasta la Universidad de Puerto Rico; en lo segundo ha sido notable su sesgo a favor de determinados grupos de bonistas. Después de todo, la Junta no se creó por la “divinidad imperial” del Congreso para recibir lecciones sino para darlas y, por cierto, de las peores y en la peor forma. Su bendición al contrato con Luma ilustra uno de sus muchos “consejos” al gobierno de Puerto Rico que, en realidad, no necesita muchos para despeñarse por el precipicio en lugar de transitar por el camino real.

El contrato de Luma para, en efecto, hacerse de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) es una joya en el ejercicio del viejo vicio de cacería de rentas: la empresa privada no pone un centavo, no asume riesgos y se beneficia de un contrato leonino que le garantiza jugosos beneficios, a lo que se suma la entrada en escena de una asignación de fondos federales de unos $10,000 millones. Ni siquiera los que de buena fe creen en la privatización y en las reglas del mercado capitalista pueden apoyar semejante contrato. Lo apoyan los que de una u otra forma son beneficiarios de la cacería de rentas o los que creen que la misma es la ineludible regla operativa del sistema.

Por el mismo camino se descarrila el Departamento de Educación. Desde tiempos inmemoriales se ha acusado el mal uso de su presupuesto, generoso en fondos locales y federales. Abundan las empresas, como Luma en el caso de la AEE, expresamente organizadas para venderle servicios inspirados en las posibilidades de cazar rentas.

Los nombramientos de mediocres cuadros partidistas para dirigir esta agencia no son meros accidentes. Garantizan la cacería de rentas. ¿Qué puede ser más bajo que traicionar la educación de los niños? Hasta la fecha, no se ha demostrado la más mínima voluntad para tomar otra ruta.

La carencia de aprendizaje también se hace patente en las propuestas de reforma electoral presentadas por los legisladores del PPD. Luego del desastre de la reforma que encabezara el PNP, comprobado durante las primarias y las pasadas elecciones, ahora se pretende restaurar al oligopolio PNP-PPD reduciendo a los demás partidos a la virtual inexistencia. Definitivamente, si no se quiere o si no conviene aprender no hay manera de que estos actores asimilen la lección. Solo resta mandarlos al fondo del salón con la consabida capucha de castigo.

Para mandarlos al fondo del salón con la merecida capucha se requiere poder político. Este no florece de manera silvestre. Tampoco se logra con endosos improvisados ni con aventuras pasajeras, ambos ejercicios alejados de alianzas auténticas. Hay que contar con una organización política coherente, persistente, ideológicamente clara, que conquiste palmo a palmo la confianza del país. Sobre esto abundan las lecciones. También, en otro plano, hay que fortalecer las diversas organizaciones que conforman la sociedad civil: comunales, laborales, ambientales, cooperativas, académicas, profesionales…

Nada de lo expuesto agota la lista de las lecciones que recientemente han dictado los acontecimientos. Cuando se intenta aprender la agenda se torna interminable.