Mi hermano y yo de niñes pasábamos horas en panaderías. De tarde noche, jugábamos en el patio de abuela entre rosales y bates improvisados con ramas. Construíamos campamentos de telas y dulces entre sofás. Corríamos por la casa sin saber que en cada corrida le ganábamos al tiempo. Trujillo Alto, Puerto Rico. 11.21.2016.
..
Cuando niña mi papá me enseñó a glacear donas. Abría pailas en la marquesina y nuestras manos se hacían brocha. Chocolate y vainilla, o ambas. A veces con rayas, otras enteras. Círculos dentro de círculos. Lunas huecas, anillos de harina. Imaginábamos. Luego las dejábamos enfriar. Casi nunca nos las comíamos. El ritual acababa con saber que alguien más las iba a mirar. Como el pintor que nunca cuelga sus pinturas en su casa. Porque la pintura misma no importa tanto como todo lo que sintió, en ese espejo de él. Cada vez que entro a una panadería lo-nos recuerdo. Pintas de tiempo. 28.01.20. Panadería Estrella, Guayanilla.
…
A los 9 años veía a mi papá recorrer talleres de panaderías como museos. Pasaba los veranos mirándolo jugar con harina. Luego amasar. Luego contarnos cómo abuelo hacía lo mismo, y así. Mi infancia olió a quesitos. Hoy, cuando recorro recovecos de país entre producciones periodísticas, paro en panaderías al borde la carretera como quien se detiene en esos lugares que son, sin proponérselo, portales en el tiempo. Tendríamos que mirarles más. 30 de mayo de 2019. Trujillo Alto, Puerto Rico.
….
Hay algo del olor del pan recién horneado que siempre me recuerda cuán volátil, y a la vez seguro, puede ser un cuerpo fermentado por el tiempo. Echarse un pedazo caliente a la boca, antes de comenzar un día de cueva de escritura, a veces es lo mismo que recordar que al final, por más que mil relojes insistan en convencernos de lo contrario, sí podemos con ‘todo’, porque ‘todo’ también es este recoveco gentil que me recibe cada
tanto con olor de abrazo panaderal, y un vaso calientico de café. 26 de noviembre de 2019. La Península.
…..
Mi señor padre, los domingos, me envía fotos de dulces y de panaderías desde distintas partes de Latinoamérica. La ternura. 20 de agosto de 2017. Trujillo Alto, Puerto Rico.
…….
Soy fan de las panaderías. Y, desde hace un tiempo, las prefiero a la hora de escribir. Cuando llego con mi teclado, un empleado de cabello canoso suele recibirme con un tierno ‘hola, mija’, y el cafecito como va. Al fondo, pastelillos, bizcochos y un corazoncito feliz. Una pequeña, pero tierna, justa y necesaria, felicidad dominical. 10 de noviembre de 2017. panadería Génesis, Guaynabo.
…….
La autora es una artista, escritora y periodista independiente. Los textos que hemos compartido forman parte de su poemario de próxima publicación en la editorial La Secta de los Perros.
La Habana, Cuba-La organización internacional Oxfam hizo un llamado a la nueva administración estadounidense del presidente Joe Biden para que revierta la política de sanciones unilaterales y el bloqueo que pesa contra Cuba desde hace casi seis décadas.
Durante la presentación a la prensa de su informe anual “Derecho a vivir sin bloqueo: Impactos de las sanciones de Estados Unidos en la población cubana y la vida de las mujeres”, la organización desglosó los daños y afectaciones generados por el bloqueo de los Estados Unidos a la isla, en particular a las mujeres cubanas.
Elena Gentill, directora Oxfam en Cuba. fotos proporcionadas por el autor
Según Elena Gentili, directora de la Oxfam en Cuba, “el bloqueo refuerza el sistema patriarcal y desconoce las necesidades diferenciadas, las oportunidades y la autonomía de las mujeres”.
La directora explicó que el 78% de las niñas y las mujeres que viven actualmente en Cuba nació bajo las condiciones del bloqueo. [El bloqueo] las perjudica en el ámbito privado donde suelen ser ellas las que llevan el mayor peso en la reproducción y la sostenibilidad de la vida cotidiana”, aseguró Gentili.
Datos presentados por la institución revelan que las mujeres cubanas dedican alrededor de 35,20 horas semanales al trabajo doméstico y a los cuidados familiares, y son jefas del 46% de los hogares del país.
El informe de la Oxfam, realizado a partir de un estudio del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), establece además que la medida extraterritorial estadounidense “impacta a las mujeres en el ámbito público, cuando no encuentran respuestas a sus demandas y en los espacios laborales y de estudio, donde tienen que sortear a diario la escasez de recursos”.
La directora de la organización no gubernamental en Cuba explicó que el objetivo del estudio es “buscar la cara humana de las afectaciones de las medidas coercitivas contra la isla”, por lo que “se adentra en sectores con una elevada presencia de mujeres cubanas, como la salud, la educación y la biotecnología”.
En Cuba, las mujeres tienen una alta presencia y protagonismo en prácticamente todas las esferas de trabajo más importantes del país. Por ejemplo, en la salud, representan el 71% de los profesionales; en la educación, hasta 2019 eran el 60% del poco más de medio millón de quienes integraban ese sector; y en el área de la biotecnología, representan el 53% de los trabajadores en el sistema de ciencia e innovación y el 84% de quienes laboran en laboratorios clínicos.
País bloqueado en pandemia
El informe de la Oxfam también abordó las repercusiones que ha tenido para la mayor de las Antillas tener que enfrentar la pandemia de la Covid-19 bajo las sanciones del gobierno estadounidense.
“Desde hace más de un año, esas sanciones representan un freno real para adquirir ventiladores pulmonares mecánicos, mascarillas, kits de diagnóstico, reactivos, jeringuillas para la vacunación y otros insumos necesarios para el manejo de la enfermedad de la Covid-19”, sostuvo la directora de la organización.
La titular italiana recordó que la pasada administración de Donald Trump impuso más de 240 sanciones para reforzar la política del bloqueo, 55 de ellas implementadas durante la pandemia. En ese sentido, reconoció que “el bloqueo profundiza la crisis económica, dificulta el acceso a proveedores de medicamentos, tecnologías, alimentos y otros productos de primera necesidad”.
La Oxfam es una confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales, que realizan labores humanitarias en 90 países. Desde 1993, tiene presencia activa en Cuba y anualmente publica informes con datos que muestran el impacto de las políticas estadounidenses en la economía, la cultura y la sociedad en general de la isla.
Padre Rafael (Felo) Torres fue un luchador independentista, nunca lo ocultó y en muchas ocasiones eso le causó muchos problemas dentro y fuera de la iglesia. Reproducimos esta entrevista que le hizo Mari Mari Narváez para el libro Guerra Contra el Hambre: Una historia con futuro” a manera de homenaje y para aquellos y aquellas que no lo conocían. AMF
Entrevista al Padre Rafael ‘Felo’ Torres
Dicen que las cosas del mundo son siempre fantásticas. Pero hay que tener una mirada muy particular para ver el esplendor en cada una de ellas.
El Padre Rafael ‘Felo’ Torres debe ser una de esas personas pues es un hombre que sabe encontrar el misticismo fuera de las paredes de una iglesia; en los gestos pequeños y grandes de la vida.
Desde niño fue descubriendo a Dios en la pobreza. Aunque él provenía de la clase media alta ponceña, tenía un amiguito, Mario, que vivía en el Barrio Mameyes. A menudo lo visitaba y veía aquel contraste perverso. “Eso me marcó mucho. Decía que de grande quería ser arquitecto para hacerles casas a estas personas porque las suyas eran de lata”.A sus catorce años, su familia se mudó a Nueva York. Un día estaban él y su hermana en una tienda, y una señora les comentó que eran unos niños muy lindos.
“Somos puertorriqueños”, le dijo Felo. “Qué pena, no digan eso porque van a sufrir mucho. Digan que son de Argentina”, contestó ella.
Ese día, su madre los llevó al Barrio. “Nos encantó”, recuerda Felo. “Hablamos con la gente y compramos nuestra comida. Mi madre nos dijo ‘esto somos nosotros y estamos muy orgullosos”.
Poco tiempo después fue el ataque nacionalista al Congreso de Estados Unidos, y a pesar de la histeria generalizada que causó en todo Estados Unidos, el joven Rafael sintió aquel acto “muy cerca de mi corazón”. Podía ver resumido en el todo el dolor y la historia del puertorriqueño.
La escuela superior la pasó en un internado jesuita en Pennsylvania. “Me mantuvieron allí para tener una buena educación y hacer dinero pero no me llamó la atención. A nivel social, encontré unos valores que no eran los míos. A nivel religioso encontré misioneros de una espiritualidad profunda, hombres de Dios”.
Un día, en un retiro, sus compañeros le preguntaron qué iba a estudiar. “Dentista”, dijo. “Y cuando terminé de decirlo me sentí bien vacío”. Era el primer domingo de Adviento de 1955. Se fue a su cuarto y buscó una oración que tenía guardada sobre qué profesión escoger. “La hice con mucha fe. Sentí que Dios me llamaba, me sentí amado por él, que él había muerto en la cruz por ese amor. Lo había escuchado muchas veces pero ese día lo sentí de otra manera. Ahí dije “si eso es así, aquí estoy Señor”.
Hizo su noviciado en Maryland. “Era un mundo muy estructurado: los fathers, los estudiantes de teología y los brothers, que eran los que limpiaban la casa. Vivíamos en esas categorías”.
Se hizo muy amigo de un paraguayo y un brasileño. Un día, iban a caballo por unos campos de coliflor cuando Rafael escuchó un aguinaldo puertorriqueño. “Eso te toca el alma. Paré los caballos y nos encontramos a un grupo de obreros agrícolas trabajando y cantando. Nos hicimos amigos. Compartíamos de noche y nos envolvimos con ellos celebrándoles los ritos religiosos, porque no tenían. Les dábamos cursos, vimos las condiciones inhumanas en que trabajaban, se fueron en huelga y los apoyamos”.
Fueron muchas y muy duras las críticas que recibió por vivir abiertamente su puertorriqueñidad y apoyar a los pobres. Hasta un puertorriqueño, Miguel Rodríguez, quien luego llegaría a ser Obispo de Arecibo, le aconsejó un día que dejara de hablar español, de reunirse con los latinoamericanos y de trabajar en los campamentos de los inmigrantes porque eso iba contra la vida comunitaria. “Ese fue el mejor consejo que me dieron”, dice el Padre entre risas. En efecto, su filosofía humana y espiritual ya estaba formada, y más nunca volvería atrás. “Lo social, lo caribeño y lo racial siempre estaba ahí. A medida que desarrollaba mi espiritualidad, iba percatándome cada vez más de mis raíces”.
Regresó a Puerto Rico para su ordenación, y se unió a la congregación Redentorista, haciendo votos de pobreza. Los caminos fueron abriéndose y él fue envolviéndose en las luchas más “contracorrientes”: el boicott al servicio militar obligatorio y la paz de Vieques, entre muchas otras. También vivió con los pobres y promulgó lo que ahora se conoce como la teoría de la liberación.
Dos luchadores por la independencia, Monseñor Antulio Parrilla y padre Felo Torres.
Cuando, en los años setenta, fue trasladado a Aguadilla, el mismo Miguel Rodríguez del noviciado, ya para entonces Obispo de Arecibo, no quiso aceptarlo en la región. Acusó al Padre de falta de fidelidad al magisterio de la iglesia, falta de respeto a las normas litúrgicas e ideales políticos subversivos. A pesar de que Rafael tenía el apoyo de su congregación, pensó que ninguna Diócesis querría recibirlo.
Fue ahí cuando Monseñor Rafael Grovas Félix, primer obispo de Caguas, lo abrazó y le dijo: “Barbita, tú eres de los nuestros. Tú te quedas aquí”. Al poco tiempo lo nombró vicario de pastoral, función que cumplió desde 1975 hasta 1980 y que marcó una época muy fructífera e importante en su vida.
Fue allí donde, con un pequeño grupo de religiosos, laicos y mujeres, ayudó a fundar Guerra contra el hambre.
Según cuenta, todo comenzó un Día de Acción de Gracias. A unos amigos laicos, Sonia y Juancho Agostini y Otto y Margie García les impactó el darse cuenta de que se tenía que dar gracias por tener comida.
“Ese día se les enfrió el pavo”, cuenta Padre Felo. “Se reunieron con otros amigos. Ahí nace ese núcleo y luego nos unimos aquí (en Caguas). Había una preocupación por la guerra, el hambre y dimos un enfoque especial en la justicia, fraternidad y solidaridad caribeña”.
Fundadores de Guerra Contra el Hambre ahora REDES, Magali Millán y Felo Torres. Foto cortesía REDES
Algunos de los fundadores fueron el Obispo Grovas, el Padre Miguel Mendoza, Sor Carmen Rosado, Lucy Magali Millán Ferrer y el Padre Felo. “Guerra Contra el Hambre empezó a trabajar desde la base en Caguas. Fuimos por toda la región de la Diócesis hablando de la injusticia, del hambre, la llamada del evangelio y los documentos sociales de la Iglesia. El pobre de Puerto Rico enseguida se identificaba porque había vivido la injusticia y el hambre. Tocábamos las heridas sociales de Puerto Rico”.
Un día fueron a trabajar con las religiosas de Cité Soleil en Haití, una comunidad de pobreza extrema, formada mediante el rescate de tierras en un terreno pantanoso.
“Aquello son callejones sin salida. Tú te preguntas cómo sacar a aquellas personas de aquella situación. No es sólo conseguir un donativo, es un cambio de actitud, de mentes. Ver esto, llena a uno de pasión por el reino, por una vida mas llena de amor, de paz”.
Caminando por los callejones, sintió algo que cruzaba; como un animalito. “¿Qué es eso?”, preguntó. Era un niño que se arrastraba por el piso. Le explicaron que no podía caminar porque, cuando tenía cinco años, se metió en un basurero buscando comida y se quemó los pies.
“Me tuve que arrodillar porque el niño estaba en el lodo”, recuerda. “Me ensucié y él me abrazó. Fue un momento único en mi vida cuando sentí ese abrazo desde abajo, desde lo más profundo de la sociedad, lo que nadie quiere, lo que es basura. Dios se enamora de lo pequeño. Sentí una fuerza, que me dije: ‘Haría cualquier cosa, rompería cualquier pared por ayudar a este niño, Elíe Galliotte, en su lucha por la dignidad”.
El Padre y sus compañeros hablaron con el capellán de un hospital en Caguas para que los ayudara a lograr que operaran al niño, y pudiera “caminar como un ser humano pues llevaba demasiado tiempo de rodillas”.
Pero las puertas migratorias se cerraron. El gobierno de Estados Unidos no daba el permiso de entrada al Elíe.
Todavía en Haití, el Padre Felo se decía: “¿Tengo que ir donde el Presidente Carter? ¿Dónde? El embajador no me recibía. Salí a la calle y encontré un letrero que decía ‘Nunciatura apostólica’ y entré. El Nuncio me dijo ‘quiero conocer al niño’. Así se hizo. Y con la ayuda de otras embajadas que presionaron, nos dieron el permiso. Esos momentos te van marcando, te van hablando de Dios, de los pueblos y sus luchas, de un reino, de esa espiritualidad desde abajo”.
Los miembros de Guerra Contra el Hambre lograron traer al niño, operarlo y tratarlo y Elíe se convirtió en el hijo de Rafael. Años después, cuando ya llevaba mucho tiempo de regreso en su país, Elíe moriría de cáncer. Pero la foto de su rostro siguió acompañando al Padre Felo.
A más de treinta años de la aventura de crear Guerra contra el hambre (hoy Red de Esperanza y Solidaridad), el Padre todavía ve la organización como “una voz profética en medio del desierto de este momento de la historia donde no hay oídos para el clamor del pobre. Son muchas manos solidarias a nivel latinoamericano que están tejiendo esperanzas desde los pequeños. Una voz profética de la Iglesia Católica”.
El Padre llegó a África en 1992, y a menudo sacaba la foto de Elíe, su mejor pasaporte. “Es mi hijo”, decía a los hombres y mujeres que dudaban de su buena voluntad como hombre blanco.
Allí acudió como misionero, respondiendo al llamado del Papa Juan Pablo II de que la Iglesia latinoamericana fuese misionera en ese continente. Pasó nueve años, entre la zona desértica del Níger y Burkina Faso, países islámicos.
Fueron tiempos duros, de una soledad inmensa, lejos de su familia y en un desierto donde apenas podía comunicarse. Pero su espíritu de misionero lo sostuvo. “La espiritualidad de la solidaridad”, dice.
Su primera Nochebuena allí se vislumbraba triste “sin parrandas ni asaltos”. Estaba reunido con los cristianos en misa, cuando escuchó una música que le fascinó. “Era un ritmo yoruba y me fui directamente (a buscarlo)”. Un grupo de africanos cristianos celebraba la Navidad bailando al ritmo de los tambores.
“Me uno al grupo bailando, gozando ese momento de solidaridad, de alegría, cuando el jefe del grupo de momento dijo que pararan la música. Yo me quedé frío y él dijo: ‘aquí hay un misterio’. Todo el mundo me estaba mirando. Yo digo, ‘¿cuál es?’, y me dice ‘el misterio es usted’. Miré al cielo y dije: ‘¡Mira, mándame más si más merezco!’”.
“Pero qué pasa”, preguntó el Padre Felo. “Que usted es blanco y baila como un negro. Un francés no puede bailar como un africano”.
‘Ah’, le dijo Rafael. “No hay ningún misterio porque yo soy puertorriqueño y el Caribe lleva a África en el corazón. Esa música la aprendí yo de niño”.
“¡Ah, pues que siga la fiesta!”, gritó el africano.
Después de varios años allí, un día, Padre Felo estaba muy enfermo y deshidratado. El calor era de 125 grados Fahrenheit y él daba cualquier cosa por tomar algo frío. Por eso se fue al mercado.
“Había una multitud. El aspecto no es agradable, los chivos colgando, las vacas, la lluvia de moscas. Yo decía, ‘quisiera ahora mismo una coca cola con hielo’. Pero no había hielo ni agua fría, nada. De pronto, un hombre tirado en una cuneta con traje blanco me dice ‘Nazara’ (cristiano). Me miró a los ojos y me dijo: ‘El que tiene paciencia adquiere sabiduría’”.
Al Padre le brotaron todos sus prejuicios. “Pensé quién eres tú para venir a decirme que tenga paciencia, tú ahí sentado sin trabajar’. Tenía un coraje. Pero me di cuenta de que uno tiene que ser cortés y entonces le di la mano hipócritamente y cuando él abre la suya, no tenía dedos, era un leproso. Ahí fue que yo desperté. Este hombre estaba hablando de una realidad que conocía. ¡Qué podía hacer si no tenía paciencia! No había servicio sanitario ni había nada. Era un joven de 33 años. En él yo vi a Jesús de Nazaret. Lo fui a visitar a su casa y se hizo mi maestro. Lo adoptamos en nuestra comunidad”.
Así fue vivir en África: encontrar a Jesucristo en todas partes. Un día encendió la tele y vio la noticia: unos jóvenes tumbaban la verja de la Marina en Vieques. “Eso para mí fue un orgullo, una esperanza”. Su cuerpo ya no toleraba la malaria, de la que enfermaba año tras año. Entonces volvió, a tiempo para unirse a la desobediencia civil en la Isla Nena.
Ultimo acto presencial, Misa en Mayagüez para Rafael Cancel Miranda.
Fue el único religioso que no aceptó salir bajo fianza, por lo que cumplió cárcel, desobedeciendo así la orden de su Diócesis pero cumpliendo con la suya.
La suya y la de su Jesucristo, ése que encuentra en toda la solidaridad del mundo.
El rechazo de la gente, de compañeros, ya no. Me siento libre. Eso es lo bonito de ponerse viejo, que has vivido y nadie puede quitártelo. Solo agradecimiento a ese Dios que sigue presente, que sigue llamándome a lo que es la aventura del reino, un reino de amor, de justicia.
Reproducido del libro del libro “Guerra Contra el Hambre: Una historia con futuro” de Iván Martínez Colón, 2011.
Byung-Chul Han es el filósofo ideal del neoliberalismo en descenso, justo el pensador que Occidente necesitaba para apostar a que nada cambie. No es, por su puesto, un defensor del neoliberalismo (eso ya está fuera del mercado). Es un fiel defensor del «todo está perdido». Mientras hay estallidos sociales distintos, heterogéneos, en diferentes partes del mundo, ninguno de ellos que pudo predecir Han (ni en su propio país), él prepara una lectura del individuo en la sociedad (rara vez de relaciones sociales, mayormente lecturas psicológicas individuales) atrapado en su propia psiquis y sus propios deseos. Es una sociedad asfixiante, antidialéctica, que solo existe en sus libros y en las mentes de los derrotistas que se alegraron al encontrar a un filósofo tan pesimista y abstraído de la lucha social como ellos.
Parte de su atractivo es que es pop – escribe libritos que se pueden leer en el tren o en la guagua. No tengo nada en contra de ese tipo de lecturas, pero es una de las razones por la que se consume tanto. Parte de su atractivo, también, es la manera ligera en que cita a mucha gente, usualmente tomando conceptos, torciéndolos, y criticando los muñecos de paja que él mismo ha decidido construir. Pasa mucho cuando cita a psicoanalistas. Pero, sobre todo, cuando cita a marxistas.
El domingo pasado, Han llegó a su espacio ideal dentro de la sociedad puertorriqueña: a las páginas de El Nuevo Día. Fue una mención pasajera, pero no dudo de que se repetirá, y que el propio Ferré Rangel pronto lo mencionará. Como pasaba con Laclau, que todo «wishful thinking liberal» utilizaba para calmar las aguas a las luchas de clases, Han es la respuesta cínica a la esperanza por un cambio real.
La campaña de concientización y oposición contra LUMA continúa este fin de semana. Además de varias actividades que se están organizando en diversas dependencias de la AEE que han sido ya ocupadas por LUMA en conspiración con la gerencia de la AEE, continúa La Ruta de la Verdad, que este sábado 29 visita los municipios número sesenta al sesentidós de sus caravanas. Su punto de salida está programado en Villalba, a las nueve de la mañana, en la carretera 149, frente a Tierra Santa Superette, de ahí pasan a Jayuya y terminan en Adjuntas. Estas caravanas las vienen organizando trabajadores y trabajadoras -tanco activas como retiradas- de la AEE, y militantes comprometidas y comprometidos con la defensa del bolsillo y bienestar del pueblo trabajador. Más información accesible en facebook, La Verdad Sobre Luma Energy.
Y como mecanismo de denuncia contra el robo, el Movimiento 20.9, expande su actividad de final de mes contra el colonialismo a tres días, con el Campamento Vigilia: Fuera LUMA, en el lado norte del Capitolio, Puerta de Tierra, montando el viernes 28 por la noche hasta la noche del domingo 30. Según Estelí Capote, portavoz de 20.9, el campamento busca crear un espacio que ayude a mantener y expandir la denuncia de como el contrato con LUMA es parte de todo un entramado de violencia del sistema colonial en contra del pueblo y atropellando los sectores más vulnerables: “Las ventas de tierras y propiedades por todo el país a precio de baratillo, las burbujas de exoneraciones contributivas al capital extranjero, las expropiaciones de hipotecas, los recortes en servicios públicos orquestados por la confabulación Junta-Gobierno del ELA, los robos a las pensiones y el contrato con LUMA, son apenas parte de una gran lista de los saqueos producidos por la explotación colonial que padece este país”. Y añadió Anamarys Jiménez, militante de Jornada Se Acabaron las Promesas, y parte del equipo que coordina el campamento: “El robo de LUMA se da en un pico de esta violencia sistémica, en unos momentos cuando somos testigas de como estas agresiones se ensañan en particular contra la mujer trabajadora, jefa de familia, que no solo sufre la conocida doble explotación laboral y doméstica, si no que su propia vida es tronchada por la misma lógica de machismo y violencia que permite que un país invada a otro para explotarlo y para colmo sea administrado por gobernantes que defienden esa mentalidad”.
A esta convocatoria se han sumado organizaciones independentistas, socialistas, sindicalistas, culturales y sociales. El campamento tendrá un área para acampar, conversatorios, repartirá propaganda y proyectará imágenes en la fachada del edificio donde se legisla en el ELA. Para más información, pueden enviar texto al 787.562.3494 o al 787.324.9787.