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De luces y sombras

 

El diccionario de la Real Academia Española en una de sus acepciones define “luz” como el tiempo entre el amanecer y el ocaso. Así mismo, define “sombra” como clandestinidad, desconocimiento público.

Muchos de nosotros hemos pasado por etapas de luz y de sombra.

Ante el fallecimiento de Antonio Luis Rosado Santiago, mejor conocido como Papo Rosado, economista de formación y vocación el pasado 28 de abril nos viene a la mente la imagen de luz y sombra.

La perspectiva es importante en el balance de vida. Papo creció en el residencial Las Casas de Santurce. De ese origen humilde, junto a otros talentosos jóvenes, se educó hasta convertirse en profesor universitario, economista y financiero practicante hasta el final de sus días. Era un trabajador incansable con puntos de vista fuertes y controvertibles. Transitaba entre luces y sombras con una tranquilidad pocas veces comprendidas. Papo fue criticado y alabado por unos y otros.

Tuvo muchos momentos de sombras que a sus amigos más cercanos nos inquietaban. Sus planteamientos filosóficos de la economía política rayaban en un conservadurismo difícil de aceptar. Sin embargo, nunca rehuyó la controversia y la discusión honesta, aunque hubiera discrepancias. Fueron, tal vez, una etapa de sombras.

A principios de la década del 80 Papo formo parte de la comisión asesora a la dirección del Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) en asuntos de economía. Se le encomendaron varias tareas que trascendían la misión de la comisión. Tareas con alto grado de complejidad y compromiso patriótico. Las aceptó todas, arriesgando “vida y hacienda”. Eran tiempos de luces.

Nuestra solidaridad con Blanquita, hijos e hija y el resto de la familia, así como a sus amistades de toda una vida.

Papo, te extrañaremos.

 

Esta semana en la historia

7 de mayo de 1942

Nace Andy Montañez

7 de mayo de 1954

Vietnam derrota tropas invasoras francesas

Copiado de Wikipedia: En 1940, tras la derrota de Francia frente a los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, la colonia francesa de Indochina fue ocupada por los japoneses, pero estos permitieron al gobierno colaboracionista de Vichy seguir administrándola. Sin embargo, cuando los japoneses detuvieron a los administradores franceses sospechosos de colaborar con Estados Unidos y los restantes huyeron a China en la columna Alessandri, la reputación de Francia quedó muy dañada y sus posibilidades de volver a los tiempos anteriores a la guerra mermaron considerablemente. Sin embargo, lo intentaron y en 1949 estallaron los primeros enfrentamientos en Hanói entre las fuerzas coloniales francesas y la Liga para la independencia de Vietnam conocida por su abreviatura: Viet Minh.

En la guerra, en marzo de 1954, el comandante Giap decidió aceptar el reto de una batalla definitiva con métodos regulares, para lo que empleó el ejército que ya constaba de varias divisiones. La batalla comenzó el 13 de marzo cuando, para sorpresa de los franceses, se inició un masivo ataque de artillería: al final de la primera noche, 9 000 bombas cayeron en las posiciones Béatrice y Gabrielle. En una de las más sorprendentes operaciones de logística jamás conocidas, la artillería había sido trasladada pieza a pieza a través de la selva en bicicletas o simplemente arrastradas a mano: muchos murieron de agotamiento. Ambas posiciones cayeron, a costa de grandes bajas de los atacantes: las oleadas de vietnamitas caían ante las alambradas y sus compañeros los usaban para sobrepasarlas. Los franceses habían considerado la zona montañosa, que rodeaba la posición, como impenetrable: ante la evidencia de que la posición estaba perdida, ya que la artillería vietnamita era ilocalizable al estar literalmente enterrada, el comandante francés de artillería se suicidó esa misma noche. Ya el 7 de mayo, Francia reconocía su derrota.

8 de mayo de 1967

Quitan título a Alí

El Gobierno de Estados Unidos quita el título de campeón mundial a Muhammad Ali por negarse a participar en la invasión contra Vietnam, en la que morirán unos dos millones de civiles vietnamitas.

8 de mayo de 1999

PIP inicia su campamento en Vieques

El Partido Independentista Puertorriqueño inicia su participación formal en la campaña de desobediencia civil en la zona de tiro de la Playa Allende declarando su campamento como un “territorio libre de Vieques”.

10 de mayo de 1933

Fascismo quema libros

En Berlin, el gobierno nazi quema 20 000 libros de autores que figuraban en su lista negra en una campaña de censura de la literatura «indeseable y perjudicial», y quemando más por todo el país. Destacadas obras de la época obras de Albert Einstein, Karl Marx, libros de Heinrich y Thomas Mann, Stefan Zweig, Erich Kastner o Sigmund Freud se convirtieron en pasto de las llamas del fascismo.

11 de mayo de 330

Bizancio es capital de Imperio Romano de Oriente

Constantino el Grande nombró a Bizancio (Constantinopla, actualmente Estambul, Turquía) nueva capital del Imperio Romano de Oriente y la rebautizó con el nombre de Nueva Roma. Hasta el surgimiento de los estados marítimos italianos, fue la primera ciudad comercial, así como la ciudad principal de lo que fue hasta mediados del siglo XI la potencia más fuerte y prestigiosa de Europa. (www.muyhistoria.es)

11 de mayo de 868

Fecha de impresión de El sutra del diamante

El chino Wang Jie autorizó la impresión y distribución de El sutra del diamante, el libro impreso más antiguo del que se tiene conocimiento, que se estampó casi 600 años antes que la Biblia de Gutenberg. El sutra del diamante no es el primer texto impreso de la historia, pero sí el más antiguo que se conserva hasta la fecha. El término “sutra” proviene del sánscrito, la antigua y sagrada lengua de la India, que es de origen indoeuropeo. Un sutra es un texto que recoge las palabras de Buda. (historia.nationalgeographic.com.es)

11 de mayo de 1930

Albizu electo presidente del Partido Nacionalista

Ese día se llevó a cabo la asamblea general del Partido Nacionalista Puertorriqueño. El juramento tomado al final de la asamblea da una idea de la nueva orientación que habrá de imprimirle su recién electo presidente, Pedro Albizu Campos: «Juramos aquí solemnemente que defenderemos el ideal nacionalista y que sacrificaremos nuestra hacienda y nuestra vida, si fuera preciso, por la independencia de nuestra patria».

12 de mayo de 1898

Armada de EUA bombardea a San Juan

Los Estados Unidos iniciaron sus acciones hostiles contra Puerto Rico con el bombardeo a la población civil de San Juan, causando 7 muertos, 53 heridos y grandes daños a edifcios y residencias. La población de la Isla rechazó la invasión. Se organizaron diversos grupos de resistencia. En la playa de “Los Machos” en Ceiba, los invasores no pudieron entrar.

El 25 de julio, entraron por Guánica. En Yauco, el Tnte. Enrique Méndez López y 11 guerrilleros resistieron; en Guayama, la guerrilla del Capitán Ochoa se unió a los Macheteros de Cayey y detuvieron el avance del invasor. En Coamo, Aibonito, Hormigueros, Mayagüez y Ciales se peleó bajo la consigna de “Viva Puerto Rico Libre”.

12 de mayo de 1927

Lucha nicaragüense contra invasión

Augusto César Sandino empieza en Nicaragua su lucha contra la invasión estadounidense.

Fuente principal:Página FB de Darío Ortiz Seda.

Será Otra Cosa: Comerío, montaña en flor

Especial para En Rojo

 

0.Indecisión

No sé si es el cambio de temperatura o el verde de las montañas la primera noticia del retorno al origen. Bajar la ventana del auto, tocar la brisa con las manos, oler y sentir el fresco del viento en la cara son reacciones casi inconscientes, quizás, reflejos infantiles al paisaje. Luego la represa, el cementerio y la curva de La vuelta del Dos. De camino a ese referente familiar y lejano, Comerío, el pueblo de mi madre, de mi padre, de mis abuelas y abuelos, me pregunto si es posible orillar la nostalgia y establecer otra relación con el lugar. La nostalgia pinta con sepia, folkloriza, debilita, convierte en postalita la ruralía. La nostalgia enferma.

1.La montaña mágica

Quizás el pueblo mismo me ofrezca la cura. Gracias a la gestión municipal de transformar el Hotel Media Luna en un centro de aislamiento para enfermos de Covid-19, Comerío se convierte en la montaña mágica. No debe extrañar que ese pueblo, montaña en flor, ayude en la recuperación de enfermos, así como Davos, el pequeño pueblo de La montaña mágica (1924), la clásica novela de Thomas Mann. La apuesta es urgente: solventar la crisis hotelera con los necesarios servicios de aislamiento de pacientes contagiados. No imagino mejor camino para la recuperación: los provocadores verdes de las montañas que bordean el lugar, el trino y belleza de las aves, la temperatura apacible, el silencio y, quizás, con suerte, la neblina de la madrugada. El tiempo se hará otro en la contemplación de la naturaleza; se aprenderá a esperar.

2.Una visita es una visitación.

Es Lunes Santo y voy a la Exposición Permanente Fotográfica y Cinematográfica en el Centro Comunal El Cielito. Allí, en la falda de uno de los barrios más pobres del pueblo, se exhiben la clásica película Los peloteros (1951) y el documental Luchando por la Vida (1985), así como fotografías del proceso de producción de las películas y de la industria tabacalera en Comerío. Nos esperan Carmelo Pérez Vega, voluntario y gestor político-cultural, y Edelfina Nieves, empleada municipal, quienes nos permiten recorrer el museo/centro comunal cerrado en tiempos de pandemia.

Todo museo es un altar: las fotos en blanco y negro de Landrón Ramírez, Toro Romanache, E. Roskam y Jack Delano, entre otros, dan cuenta del Puerto Rico rural de la primera mitad del XX.  Reconozco todos los lugares comunes del álbum familiar: los cerros poblados de casitas de madera y zinc, la represa, el río La Plata, los niños descalzos, las siembras de tabaco con sus paños blancos, los ranchones, los salones poblados de despalilladoras en el proceso de clasificación, despalillaje y pesaje de la hoja. Me interesan las fotografías de la producción de los peloteros: en unas Jack Delano está entre el equipo de la producción; en otras, entre la gente del pueblo, incluso, hay una en donde aparece vestido de sacerdote. Y voy reconociendo los actores profesionales, Diplo y Miriam Colón; los actores naturales, José Manuel, Celso, Daniel y los otros niños; y las escenas de la película: el cafetín, el juego de pelota, el circo.

 Los peloteros, la película más famosa de Jack Delano, y una de las de mayor trascendencia de la División de Educación para la Comunidad, se filmó casi por completo en Comerío. Con gente del pueblo como actores, guión de E. Roskam y música original de Delano, la estupenda película participó del propósito de organización de las comunidades del país que procuró el proyecto de la DIVEDCO división adscrita al Departamento de Instrucción y creada por Ley en 1949.

Luchando por la vida, por otro lado, documental de José Artemio Torres, presenta a través de entrevistas, fotos y películas antiguas el desarrollo de la industria del tabaco durante las primeras décadas del siglo XX y el lugar protagónico de las despalilladoras en dicha industria. Comerío, famoso por la calidad de su hoja desde el siglo XIX (Tapia y Rivera y Bird, entre otros), fue un importante enclave tabacalero. La Porto Rico Leaf Tobacco Co (La Colectiva), sucursal de uno de los emporios tabacaleros del momento, la American Tobacco Co, se estableció en el pueblo durante los primeros años del XX, adquirió unas 860 cuerdas y construyó tres grandes almacenes para el procesamiento de la hoja de tabaco en el casco urbano (Torres, 17). El cuerdaje dedicado a la siembra del producto en haciendas y vegas del pequeño pueblo, la construcción de grandes almacenes para el procesamiento y venta de la hoja en el casco urbano, la existencia de grandes talleres para la elaboración de tabacos y cigarrillos, así como la fundación de cooperativas y sindicatos de tabaqueros, confirman que la industria del tabaco transformó la historia de la comunidad comerieña, sobre todo la historia de las mujeres y del movimiento sindical de la primera mitad del siglo XX. La industria del tabaco en Comerío, como en todo el país, incorporó significativamente a las mujeres como asalariadas que llegaron a constituir el 53% de su fuerza trabajadora (Azize, 48). Como sembradoras, recolectoras, despalilladoras, escogedoras, hiladoras, trabajadoras en el fileteo de cajas y anillado de los tabacos, las mujeres puertorriqueñas participaron activamente de la fuerza laboral. Además, su impronta en la vida económica del país solidificó también su participación en el movimiento sindical, y, desde allí, en la historia política del país.

Nuestros gentiles guías no saben -no tienen por qué saberlo-, que he visto muchísimas veces ambas producciones. Tampoco que el interés de mi visita es medir la trascendencia de ambos hitos: la industria del tabaco y la película de la DIVEDCO, en la historia del pueblo. Además, quería asomarme al Cielito actual para corroborar si sigue siendo un cerro lleno de casas, ahora de cemento.

Me dejo guiar. Me emociona la emoción de mis guías. Las historias son refundiciones de relatos de camino, pues ninguno de ellos había nacido para entonces.  Los cuentos de la inauguración de la película el 29 de mayo de 1951, día del cumpleaños de Diplo, acaparan por un momento la conversación. Imagino el parque de pelota abarrotado de comerieños: niños, niñas, mujeres y hombres que se buscan en el reflejo de la pantalla improvisada de un parque vuelto anfiteatro.

El orgullo por la historia de Luchando por la vida, eclipsa el interés en Los peloteros. Los guías se vuelven obsequiosos en palabras para contarnos de las tabaqueras: sus abuelas, sus tías, sus vecinas. Nos muestran la gavilla que guardan como tesoro de un pasado que deciden escoger. Nos refieren, divertidos, sobre la producción del documental de Torres. Supimos de la vitalidad de Carmen Figueroa, alias La Changa, tabaquera protagonista de la película. Recordaba vivamente su entrevista, fue la que cantó el himno de la Internacional Socialista.  Antes de que acabáramos el recorrido, Carmelo me señala: “Delano no incluyó a Juana Colón en su película”. Delano no tendría por qué incluir a la legendaria líder obrera Juana Colón en un largometraje sobre unos niños peloteros que se organizan para recaudar el dinero de sus uniformes, recuerdo pensar entonces. Lo que me pareció en ese momento un comentario descabellado, se transformó en una brillante observación.  Al comentario, siguió nuestra visita a la Casa Juana Colón, Centro de Apoyo y Orientación a la Mujer ubicado en la misma calle del Museo. A tres pasos, la respuesta.

El recorrido, como la historia, es una suma de silencios. Carmelo tiene razón, el rescate de la fuerza de las tabaqueras, organizadas en el referente Juana Colón, es una trama necesaria. Ante el encuadre de postalita, el relato de resistencia. El paisaje puede ser engañoso; será porque el futuro no lo podemos ver.

 

Reflexiones: la discusión del estatus y la estadidad tras el fin de la Guerra Fría

 

Tras la conclusión de la Guerra Fría el lenguaje sobre el estatus político cambió de una manera visible. La pérdida de relevancia geoestratégica de Puerto Rico tras la disolución del socialismo realmente existente y el desarrollo del neoliberalismo fueron determinante para ello. Sin embargo la distensión política internacional, breve preámbulo de nuevas e inéditas tensiones,  no adelantó la solución del problema estatutario el cual, por el contrario, se empantanó de una manera dramática. Las partes responsables de enfrentar el dilema, el Congreso de Estados Unidos y las organizaciones políticas, coloniales y anticoloniales del país, no pudieron concertar un proyecto eficaz en esa dirección.

Una de la razones para el fracaso fue que el asunto nunca ha sido en realidad prioritario para aquellas maquinarias que se lucran del presupuesto. El provecho que los actores del bipartidismo obtenían y obtienen de la situación colonial siempre ha sido enorme. Otra forma de explicar el estancamiento tiene que ver con el hábito: los años de dependencia material e inmaterial parecen haber inmovilizado a las fuerzas actuantes en ese ámbito. El discurso anticolonial pronunciado por el nacionalismo, las izquierdas y, desde mediados de la década de 1970 por los estadoístas, da la impresión de funcionar como un oposicionismo retórico emitido con el propósito de atraer electores y mantener cierta imagen del solvencia civil que los partidos políticos de tradición moderna han perdido en el neoliberalismo.

¿Y ahora qué significa la soberanía?

En términos jurídicos lo que ha ocurrido es que, en un mundo que ha sacralizado el principio de la “interdependencia”, el “derecho inalienable a la independencia” como culminación del “relato liberal” se ha modificado. Por un lado, la consagración del valor de la “interdependencia”, en Puerto Rico un impugnable eufemismo de la “dependencia colonial”, fue revalidada a la luz de una mal entendida globalización. La validación de la “interdependencia” se sostuvo con un lenguaje similar al que se invirtió en el momento de la instauración del ELA en 1952. Los usos demagógicos de un concepto por demás interesante son obvios en los medios políticos de un país como este. Aunque la crisis fiscal, económica, política,  jurídica y social que atraviesa al ELA desde el 2006 al presente, debiera haber  barrido las presuntas diferencias entre “interdependencia” y “dependencia colonial”, en general no parece que eso haya sucedido.

Por otro lado, la tradicional identificación de “soberanía” con “independencia”, un producto neto de los procesos que condujeron a la maduración del mundo moderno, y la vinculación de aquellas con el “estado nacional” moderno ha sido socavada.

Desde una perspectiva cultural de la política el asunto no es una nimiedad. Aquel fue el lenguaje de Woodrow Wilson (1856-1924), de Vladimir “Lenin” Ulianov (1870-1924), de la Liga (o Sociedad) de las Naciones (1919-1947), de Josip “Stalin” Vissariónovich (1878-1953) y de la Organización de Naciones Unidas (1945 al presente) en el contexto bélico que condujo a la Guerra Fría. En Puerto Rico llenó de contenido, no siempre de manera homogénea,  el lenguaje de José de Diego Martínez (1866-1918), Rosendo Matienzo Cintrón (1855-1913), Pedro Albizu Campos (1891-1965), Gilberto Concepción de Gracia (1909-1968) o Juan Mari Brás (1927-2010), entre otros.  Aquel era un lenguaje teórico jurídico preciso y cargado de certidumbres, rasgo propio de la pasión por las certezas mostrada por los modernos.

Desde mediados de la década de 1990 se impuso una concepción utilitaria que podría definirse como un “derecho pragmático a cierta forma de la soberanía”, impreciso, aleatorio e indisociable de la retórica posmoderna. Las implicaciones del giro han sido que muchos se han convencido de que de la “dependencia” colonial no se saldrá hacia la “independencia” soberana sino hacia una forma  respetable de “interdependencia”, concepto que actúa como un acomodaticio amortiguador de cualquier extremismo. Muy pocos observadores se ocupan de reflexionar sobre la tesitura y los efectos que podría tener ese giro. La descolonización de Puerto Rico, al cabo de la modernidad, parece encontrarse ante otra probable farsa si uso el lenguaje del Vicente Géigel Polanco (1904-1979) en un volumen de 1972 en torno al ELA.

Lo cierto es que el concepto “soberanía” se ha (des)radicalizado a lo largo del siglo americano pero muy en especial desde la década de 1990. Recuérdese que De Diego Martínez veían en la Ley Foraker una garantía de soberanía porque aseguraba la ciudadanía portorriqueña. Las permutas de sentido  resemantización de los conceptos que se usan para comprender un problema a la luz de las prácticas en las cuales se vierten no deberían sorprender a nadie. Bastante trabajó ese fenómeno, entre otros,  el historiador alemán Reinhart Koselleck (1923-2006) desde el nicho teórico de la Historia Conceptual.

En el caso puertorriqueño ello ha implicado que la meta de la “soberanía”, meritoria para todo anticolonialista, puede obtenerse por medio de la independencia en buenos o malos términos con Estados Unidos; a través de un pacto de libre asociación o mediante el estado 51. Los tres regímenes encajan en el concepto “interdependencia” pero solo el tercero de ellos no desemboca en la “separación”. La tirria “antiseparatista” de los estadoístas resulta comprensible en ese contexto. El Derecho Internacional moderno, un producto de la conflictividad de siglo 20, ha reconocido la legitimidad de los tres opciones y cualquiera otra que cumpla con unos requisitos mínimos y, poco a poco, la gente se ha ido adecuando al nuevo lenguaje. Las excepciones al ajuste están en todas partes porque los extremos siguen allí y la política basada en “principios morales inconmovibles”, es decir ahistóricos,  convive con la que se apoya en la conveniencia y el pragmatismo. La clase política local, a regañadientes, ha admitido el criterio con reservas: los estadoístas, independentistas y estadolibristas han manifestado un acuerdo al respecto pero continúan cultivando los prejuicios contra el opositor en los términos absolutos más convencionales.

Un rasgo característico de todo aquel proceso fue que, salvo contadas excepciones,  la moderación,  la circunspección y en ocasiones la más franca reserva, se han ido imponiendo desde el fin de la Guerra Fría en los sectores socialistas, socialdemócratas y nacionalistas. Se trata de un tanteo ideológico que no debe confundirse con la renuncia a sus posturas fundamentales. El hecho de que luchas como la de Vieques, el reclamo LGBTTQ o la protesta ambientalista hayan sido tan exitosas en los últimos dos decenios, ratifica que no se es testigo de un retroceso sino de una redefinición de prioridades de combate, tal y como se ha indicado. Los nichos de las resistencias y las posibilidades de éxito de aquellas ante el inmovilismo en el antes primado ámbito político y estatutario, son una señal interesante de cómo se reformula la oposición al establishment en el Puerto Rico de 1990 al presente. En cierto modo el alcance de la lucha por la “liberación” y el sentido de ese concepto ha cambiado.

¿Qué significa luchar por la estadidad?

La imagen de la estadidad se ha alterado mucho desde que el fantasma de la anexión a Estados Unidos apareció en el panorama a principios del siglo 19. En el contexto de la retórica separatista independentista del siglo 19, la anexión era identificada con la absorción material y cultural del territorio insular. Pero durante los primeros días de la invasión de 1898, Eugenio M. de Hostos Bonilla (1899), desde el independentismo, y José Celso Barbosa Alcalá (1900) desde el estadoísmo, entre otros, pensaron la estadidad como un derecho al cual se podía aspirar y como una relación soberana o no colonial, legítima y jurídicamente posible si el pueblo soberano la solicitaba libre de coacción alguna. En aquel momento no contaban con la resistencia de los republicanos que dominaban el Congreso estadounidense, por cierto.

Tanto Hostos Bonilla como Barbosa Alcalá eran republicanos y federalistas del viejo cuño que se habían formado en un siglo 19 en el cual aquellos eran discursos de fuerte entronque popular, progresistas, antimonárquicos, revolucionarias y radicales. Pero también era innegable que el republicanismo y el federalismo estadounidense, el de la era de William McKinley (1843-1901),  no respondía a aquellos principios y reivindicaciones. El acto de 1898 fue la expresión de una agresión imperialista por parte de un  poder amenazante.  Hostos Bonilla fue capaz de reconocer aquella contradicción temprano en el siglo 20 porque tenía un pasado antianexionista desde la década de 1870, pasado que algunos problemas le había causado con el separatismo anexionista cubano en incluso con su aliado mayor, Ramón E. Betances Alacán.

Barbosa, por su parte, aprovechó la situación para instituirse como la figura central del nuevo estadoísmo del siglo 20. La Gran Depresión (1929 en adelante) volvió a cambiar la concepción de la estadidad. De acuerdo con Albizu Campos en la década de 1930 y mientras fungía como presidente del Partido Nacionalista, aquella solución era una imposibilidad y un contrasentido. Las referidas representaciones de la estadidad desde el separatismo, el independentismo, el antillanismo, el socialismo amarillo y rojo y, claro está, desde los anexionismos del siglo 19 y los estadoísmos del siglo 20, es un asunto que habrá que trabajar con calma en otro momento.

Tras el fin de la Guerra Fría el estadoísmo había vuelto a ganar la legitimidad que había tenido en los primeros días de la presencia estadounidense en el país y que había visto erosionada durante la era del novotratismo y el populismo. La década de 1990 experimentó el desasosiego de la celebración / condena / reflexión en torno al 1898: un collage de pasiones y razones era lo que muchos, incluyéndome, esperaban del momento. No solo eso: los ideólogos estadoístas había aprendido que, si el asunto dependía del Congreso, la estadidad estaba muy lejos de convertirse en una realidad.  No parecía haber muchas diferencias entre el discurso de los demócratas y los republicanos en torno a ello. La situación difería de las discusiones congresionales del 1899 que condujeron a la Ley Foraker, y de las de 1916 que llevaron a la Ley Jones, dos remedos coloniales estrechamente vinculados.

Un nuevo estadoísmo se afirmó en el horizonte: de Romero Barceló a Rosselló González. El “estadoísmo radical”, no se trataba de las izquierdas estadoístas por cierto, que maduró en aquella década debió mucho a las figuras de Romero Barceló y Rosselló González y su insistencia la retórica de la “estadidad ahora”. Valdría la pena evaluar el papel del imperativo de la “inmediatez” como expresión de un cándido exceso de confianza, como manifestación  de desesperación o como mero recurso propagandístico o publicitario a la militancia, siempre de la mano de la irracionalidad. Lo que parece obvio es que el estadoísmo se radicalizó alrededor de dos líderes y dos momentos de crisis y transición muy significativos: la década de 1970 y la de 1990. A mediados de la década de 1970, Romero Barceló construyó su discurso de la mano del estado interventor y el capitalismo de la segunda posguerra, mientras que Rosselló González lo construía de la mano del estado neoliberal y el capitalismo de la posguerra fría. La tesis común de aquellas figuras era que, para romper con el mutismo del Congreso, es decir, de los demócratas y republicanos por igual,  era necesario crearle una “crisis” insostenible que forzara al cuerpo a expresarse sobre el futuro de Puerto Rico.

El nacionalismo, el independentismo y el socialismo electorales había recurrido a la retórica de la “inmediatez” en otros momentos de la historia. Los paralelos entre la ansiedad de crearle una “crisis” al Congreso o a Estados Unidos como nación interventora que sirviera para adelantar la estadidad, y la tesis nacionalista de 1930 de la “acción inmediata” para forzar la independencia, no pueden pasar inadvertidas. El aspecto más significativo de todo aquel proceso de revisión del estadoísmo fue el abandono de la actitud tolerante y sumisa ante el descuido congresional con respecto al territorio no-incorporado. En  su lugar se  afirmó un lenguaje anticolonial (anti ELA en última instancia) agresivo y se insistió en proyectarse como una alternativa descolonizadora legítima. El nacionalismo fundamentalista, moderado o no, nunca ha dado crédito a dicho cambio. Con toda probabilidad muchos de los estadoístas más moderados y tradicionalistas tampoco se identifican del todo con un lenguaje que acusa a Estados Unidos de ser un poder colonial. El tema debería estudiarse sistemáticamente, sin duda.

Las vías para afirmar la  acometividad anticolonial del “estadoísmo radical” fueron  varias.  Una primera táctica discursiva fue la contumacia de la administración Rosselló González en poner el dedo en la llaga señalando el carácter colonial del ELA. Su insistencia en recurrir al mecanismo de las consultas o plebiscitos en torno al estatus fue notoria, por otra parte. En 1993, recién llegado al poder, y en 1998 durante el centenario de la invasión de 1898, una fecha mística para el viejo republicanismo de principios del siglo 20, se consultó al respecto. El resultado no fue el esperado. El  crecimiento porcentual de la preferencia por la estadidad en aquellos seis años fue de un 3 a un 4 tan sólo.

Una segunda táctica fue la promoción de la discusión pública de la posibilidad de recurrir al “Plan Tenesí”. Aquella propuesta asomó en el panorama como una reacción al mutismo del Congreso y la ralentización del crecimiento de los defensores de la estadidad. A la altura del año 2006, el PNP aprobó una resolución adoptando la táctica  como “una estrategia adicional para descolonizar Puerto Rico” siguiendo los pasos de Michigan, Iowa, California, Oregón, Kansas y Alaska. El “Plan (Tenesí/Puerto Rico)” se proyectaba como un mecanismo válido capaz de comprometer a la gente con la causa estadoísta, generar la “crisis” deseada y forzar una decisión del Congreso que debía aplicarse junto con una pluralidad de tácticas de diversa naturaleza.

En teoría, Puerto Rico debía redactar la constitución del Estado 51, elegir sus senadores y representantes acorde con el censo electoral estadounidense y enviarlos a Washington a reclamar sus sillas en el Congreso. Resulta por demás interesante que a la altura del 2021 los dos senadores y los cinco representantes del Estado de Puerto Rico, señalados como “cabilderos por la estadidad” por sus opositores, no hayan ocupado sus sillas. La Constitución del Estado 51 tampoco ha sido redactada en una Asamblea Constituyente soberana por lo que la retórica de la “inmediatez” como expresión de desesperación o mero recurso propagandístico o publicitario parece haberse confirmado.

La tercera táctica, desde mi punto de vista la más promisoria, era judicial y se consolidó alrededor de la teoría de Gustavo A. Gelpí (1965- ),  juez de la Corte de Distrito de Estados Unidos en Puerto Rico en 2008. El argumento central del jurista era que Puerto Rico ha sido incorporado de facto desde 1900 al presente por lo que está o estará en la situación legal de solicitar la estadidad dentro de poco. El argumento de Gelpí era que “aunque el Congreso nunca ha adoptado ningún lenguaje afirmativo como Puerto Rico es por tanto un territorio incorporado, la secuencia de sus acciones legislativas desde 1900 al presente han incorporado, de facto, el territorio”. En ese sentido, el país debería ser considerado como un candidato al Estado 51, se encuentra en posición de reclamarlo y debería ser considerado para ese fin por el Congreso, sin la necesidad de una expresión concreta del cuerpo al respecto. El argumento quedó como una “opinión personal” del juez en el marco de un caso federal.

La tesis de Gelpí recuerda otra del liberalismo y el abolicionismo clásicos del siglo 19 en el sentido de que el reconocimiento de una sola libertad al esclavo implicaba, en el marco del derecho progresista, el inevitable reconocimiento de todas las libertades al cabo del tiempo, argumento utilizado por los Comisionados de Puerto Rico en Madrid para justificar la solicitud de la abolición de la esclavitud con o sin indemnización. Es curioso que una meta compartida por el PPD y el PNP, la equiparación o igualación del ELA a cualquier otro Estado en el renglón de las transferencias federales, se haya convertido en una navaja de doble filo para ambas organizaciones políticas. Lo que para algunos dignifica al ELA, para los otros lo mina y lo mutila. De 2017 al presente, según se profundiza la crisis fiscal, económica y de salud pública, la ansiedad por la  equiparación o igualación  en las transferencias federales se ha convertido en la meta de ambas organizaciones, práctica que adelanta la integración de facto señalada por Gelpí que algunos temen.

Un problema, acorde con ciertos observadores, es que los “Casos Insulares” que establecieron la doctrina de que Puerto Rico pertenece (es propiedad)  pero no es parte (componente) de la unión, requieren al Congreso una “declaración expresa” de incorporación que no se ha hecho. El “Plan Tenesí” y la tesis jurídica de Gelpí, junto a la praxis económica de Rosselló González en el marco del “nuevo federalismo” y la autonomía de acción reconocida a los estados de la unión que aquella teoría admitía, fueron la expresión más acabada del “estadoísmo radical” de una elite del PNP, ideología que no parece haber penetrado a una parte significativa de su base electoral que continúa viendo la estadidad como una panacea o una alternativa romántica que será garantizada por un “imperio bueno” cuando el país se la gane.

Otro problema, insisto,  es que los resultados de las consultas no fueron convincentes para el Congreso. El “Plan Tenesí” y la tesis jurídica de Gelpí no garantizaban la aceleración del camino hacia la estadidad y, por el contrario, devolvían el caso de Puerto Rico al lugar en que lo había dejado Ferré Aguayo en 1972: la estadidad, si viene será gradualmente en un futuro no precisado. El hecho de que el apoyo electoral a la estadidad y al PNP se haya seguido reduciendo en medio de la crisis actual, los resultados de las elecciones de 2016 y 2020 son un buen ejemplo de ello,  no es auspicioso para los defensores de ese proyecto.

Cualquier reclamo que requiera forzar la estadidad en el modelo de la “acción inmediata”, chocará con el Congreso, el Tribunal Supremo y Tesoro Federal de una manera irremediable. La utilidad de aquellas tácticas se ha reducido a soliviantar a una militancia que las comprende en verdad poco. La relación entre Puerto Rico y Estados Unidos, esto lo saben muy bien los independentistas, no se reduce a un nudo jurídico que pueda desenlazarse con facilidad. La lista de fracasos de intentos análogos es nutrida. La jurisprudencia unionista de principios del siglo 20 reclamó la nacionalidad amparada en la “ciudadanía portorriqueña” que estableció la Ley Foraker de 1900, y la jurisprudencia nacionalista reclamó la independencia a la luz de la ilegalidad del Tratado de París. En ninguno de los casos se consiguió mucho con ello.

Encontrado en las redes: El ruido del aguacero en la flama

 

— e.s. Ortiz-gonzález

 

  1. Hace unas semanas fui transferido al taller de soldadura de la compañía. El taller de soldadura es pequeño, pero siempre está lleno de trabajo. Compactadoras que hay que reparar, tapas que reemplazar, fondos que hay que poner nuevos cada cierto tiempo, porque el lixiviado, (o como le llamamos acá, el caldo de momia) es cosa seria.
  2. Desde el primer día me han asignado labores. No sólo mantengo limpio el taller, asisto en traer, cortar y sujetar planchas de metal mientras los soldadores les meten puntos de soldadura. Mis cortes con acetileno y plasma poco a poco han pasado de ser un garabato de curvaturas, a comenzar a tener el atisbo de una línea recta gracias al control del pulso, aunque debo admitir que me falta mucho por mejorar.
  3. Hay días que los paso de la sierra de banco al acetileno. Primero es cortar las varillas a 16 pulgadas, y de ahí a con acetileno hasta que estén al rojo vivo, para hacer una L a ocho pulgadas. De ahí paso a cortar canales de acero de tres pulgadas de ancho, estos los corto a seis, cuatro y tres pies respectivamente.
  4. El acetileno deja un resto que le llaman escoria. Hace unos años conocí a un cubano que llegó a Río Piedras desde Mariel y de ahí Miami. Su nombre no lo recuerdo. Él insistía en que lo llamaran Escoria. La primera vez que lo conocí, junto con otros nos invitó a que fuéramos a su apartamento a seguir bebiendo y escuchando música. Cuando entramos y encendió la luz, una millonada de cucarachas, de todos tamaños, se dispersaron por el apartamento. La mayoría nos quedamos de pie. A mí se me ocurrió pedir un poco de agua. Cómo no, respondió Escoria, agarrando del suelo un vaso que no se sabe cuánto tiempo llevaba allí. Abrió la nevera, llenó el vaso, lo puso en mis manos. Nunca lo bebí. No sé cómo pude lograr llevar el vaso hasta una mesa sin dejarlo caer.
  5. Mientras remuevo la escoria del metal, recuerdo las historias de Escoria, por qué insistía en que su nombre era Escoria. Quizá, lo pienso ahora, quizá alguna vez escuché que dujo que su verdadero nombre era Manuel. Pero Escoria narraba una y otra vez su salida por Mariel, el castigo de ser declarado marginal por elegir ser hippie. Imagino el origen de Escoria allí, en el temple de un acero revolucionario, donde por amor se estaba hasta matando para por amor seguir trabajando. Él, como muchos otros, fueron el excedente a remover.
  6. Uno de los soldadores me manda a cortar un pedazo de tola de acero con acetileno. Me mira prender la pistola, ajustar el acetileno y el oxígeno. Entonces me manda apagar la pistola. Lo primero, me dice, es que abres demasiado el acetileno. No hay que abrirla tanto, es un poquito, mira. Abre la perilla, y acerca el mechero. Chispa, puf. Una llama breve. Ahora, ves ese humo negro? No lo queremos. Abre la perilla y la llama incrementa hasta que el humo negro desaparece. Ahora viene el oxígeno, que lo abro hasta que las llamitas del medio estén iguales todas. Abre el oxígeno, e incrementa hasta que las llamas se ven iguales. Ahora, ¿no te das cuenta de algo? No, le contesto. Escucha, me dice. Ambos escuchamos en silencio, en medio de los ruidos del taller. ¿A qué te suena? No sé, no tengo idea. Yo te voy a decir. Suena a lluvia, a aguacero. Escucha. Escucho. Entonces, de la flama escucho el ruido de la lluvia. Un aguacero. Es cierto, se escucha un aguacero. Ajá, eso me lo enseñó un soldador cuando empecé aquí, y ahora te lo enseño a tí. Quiero hacerlo, quiero hacerlo, le arrebato la pistola y la cierro. Abro el acetilteno, pero un poco. Ajá. Abro. Acerco el mechero. Puf, la llama. Ahora, no queremos el humo negro. Ajá. Abro la perilla de acetileno hasta que no hay humo negro. Ahora, el oxígeno. Ajá. Pensé en tus muslos desnudos. Pensé en Escoria, cómo terminó trabajando de guardia nocturno, y luego desapareció de Río Piedras. De entre los recuerdos, escucho el sonido de un aguacero. Tengo el privilegio de que un soldador me haya transmitido el más hermoso poema sobre el ruido de la lluvia que hace una flama.