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Hacia una poética fronteriza: El único refugio son los párpados de Marta Jazmín García

 

Por Federico Irizarry/Especial para En Rojo

La antología El único refugio son los párpados(2020) de Marta Jazmín García reúne treintaitrés poemas que, más allá de conformar un mero compilado, constituyen el valioso registro de una poética orgánica, madura y coherente. Los textos que la componen están organizados en torno de una instancia cardinal y sostenida a lo largo de su recorrido. Me refiero a  la constancia subyacente de unlímiteque, a la manera de un eje estructurador, mantiene una tirantez enriquecedora entre antípodas: un adentro y un afuera -esos pliegues de la existencia- contrapuestos en el contexto de un careo irreductible. En el espesor de la tensión aludida se genera una significativa aspiración a un espacio intimista que apuesta por una interiorización de señas renovadoras capaz de superar la precariedad o la hostilidad  amenazantes que advienen del exterior. En el marco de ese espacio limítrofe queda articulada, a su vez, una subjetividad fronteriza marcada problemáticamente por ciertos niveles de resistencia y por un poderoso anhelo introspectivo. En el poema titulado “Súbita carencia”, el sujeto enunciador afirma tener por dominio, desde la falta, “un lugar ajeno / dentro de los párpados (…) un lugar y otro lugar / al mismo tiempo, opuestos / como la sed y el limo” (54). En estos versos se hace posible leer la impronta de una contradicción meritoria que atañe al espíritu medianero que impregna el libro: en la tentativa de subjetivar un espacio divergente, el sujeto activa un mecanismo de (re)territorialización en la misma medida en que queda desterritorializado. Algo muy similar acontece en otros textos, tales como “Las cosas que no sucederán” y “Conversación entre antípodas”. “Arder también es mojarse” (23) se afirma en este último: una densidad oximorónica deviene de este afán por cercar el fuego.

¿Cómo se construyen ese afuera y ese adentro en esta antología? En principio, el afuera, en estos textos, suele estar configurado por una suerte de bestiario -culebras, arañas, pájaros- que refiere críticamente a la irrupción de lo real, tan amenazante como el lenguaje que lo nombra. En el poema “No sé otra forma de decir”, texto que da comienzo al libro, ello queda expresado puntualmente de la siguiente manera: “Sé muy bien que la realidad sucede / primero que sus nombres / y que antes de la formación del mundo / ya habitaban los miedos / en la boca”; a lo cual añade: “El lenguaje siempre ha sido eso: / una procesión de animales peligrosos / que no nos atrevemos / morder” (15-16). Puede decirse que en estos versos subyacen una toma de conciencia y un posicionamiento ciertamente discordantes: por un lado, se percibe en el sujeto que toma la palabra la asunción de un desengaño (o, al menos, de una sospecha) ante un lenguaje incapaz de someter con efectividad tranquilizadora un mundo desfundamentado que le precede desde su origen; por otro lado, sin embargo, se advierte una postura de perplejidad ante la amenaza de ese lenguaje que, por fallido, redunda en un terror desestabilizador que cancela el potencial correctivo en que debería derivar. En relación con lo antedicho, suscribo la afirmación de Adalber Salas Hernández, quien, en el prólogo de la antología, afirma lúcidamente que la poesía de Marta Jazmín García no obra en función de una doma de esa falla inmanejable del lenguaje ya que sería una tarea inútil, sino que tiene el propósito de ahondar en la misma (7). Ahondamiento y conciencia son, entonces, las instancias primordiales que se desprenden de este afuera hostil caracterizado por la presencia de una realidad atemorizante y un leguaje frustrado; por lo que resulta pertinente recurrir al poema “Signos del agua”: “estar conscientes / de la hondura / nos mantiene al borde” (58). Aquí bordees otra forme de decir límite, ese lugar de extremos irreductibles; el núcleo duro a partir del cual se organiza la poética de esta antología.

El adentro, por otro lado, si bien está articulado también por una incertidumbre, la misma está marcada por una indeterminación de ribetes positivos. Es una suerte de tabula rasa que, configurada a manera de vacío, es imaginada -no obstante su persistente ambigüedad- como la posibilidad de un espacio generatriz de sentidos inéditos. El interior, en esa medida, toma en ocasiones el cariz de un vientre. Así se constata en los poemas “Tautología” y “Engendro”. La importancia de esta imagen radica en la connotación de fertilidad que implica; pues, localiza su oquedad en el marco de una indeterminación que puede llegar a ser productiva o renovadora. Puestos en diálogo, “Sapiencias” y “En el cuerpo de un hombre”, dos textos de coloración erótica, son un buen punto de partida para evidenciarlo. En el primero se dice: “Cuando estás dentro de mí / no sé si naces / o llegas del pasado. / No sé si el deseo se hunde / o deviene externo…” (22); en el segundo: “Cabalgarlo es el regreso” (56). La duda en el primer poema y la regresión en el segundo repercuten en un despunte de ambivalencia que, si bien se debe a la persistencia fallida de un deseo de interiorizar lo externo, tiene finalmente el propósito de suscitar un desgaste lo suficientemente poderoso como para lograr un vaciamiento que posibilite el grado cero de las perturbaciones que les embargan con tal de exponer las circunstancias para que la palabra reaparezca desde la nada. Así se sugiere en el poema titulado “Último día”: “-Hágase el principio. / -Hágase la nada. / El mundo / siempre ha existido / por una palabra” (40-41).

Como se ha dicho, entre el adentro y el afuera, en torno de los cuales se articula el despliegue discursivo de la antología, existe una instancia fronteriza desde donde se produce el apalabramiento del sujeto enunciador. En ese sentido, el poema “Umbral” resulta verdaderamente significativo. El título advierte la zona liminar en que está ubicado este sujeto. En términos de Bajtín, el umbral es el cronotopo que da cuenta de una vislumbre: el del presagio de una crisis (399); el del espacio en que se vive el tiempo de una espera bajo la impronta de un colapso al cual el sujeto, en este caso particular, se resiste a raíz de una apuesta mayor (“Todo está detenido y en espera”, dice). El espacio interior, en su oscuridad iluminadora (para ser fiel al trasfondo oximonórico del que se valen estos textos) resulta una opción. Cito, al respecto, el final del poema “Umbral”: El único refugio / son los párpados” (34).

En el contexto de una época en que priman tanto la noción del simulacro como la del artificio estético y las escrituras fugaces, El único refugio son los párpadosresulta un libro valioso y honesto. En sus páginas anida una poesía que, sin perder la emotividad, piensa en las honduras del ser hasta dar cuenta del develamiento de una verdad interior que nos desafía como lectores. Al respecto, Eduardo García ha dicho en alguna ocasión algo que muy bien puede prestarse para el abordaje comprensivo de la poesía de Marta Jazmín García: que la naturaleza de lo poético reside en cercar el misterio, en abordarlo oblicuamente, de través, para que escenifique una verdad que de ningún otro modo puede mostrársenos.

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Referencia:

Bajtín, Mijaíl. “Las formas del tiempo y del cronotopo en la novela” (237-409), en Teoría y         estética de la novela. Madrid: Taurus, 1989.

García, Eduardo. “Poesía e Introspección: Nuevos mitos para la sensibilidad contemporánea”.            https://www.eduardogarcia.eu/index_archivos/Page986.htm

García, Marta Jazmín. El único refugio son los párpados. Bogotá: El Taller Blanco,          2020.

 

No pasa nada, aún[1]

 

  1. No pasa nada, la apuesta amistosa[2]

Dos amigas se sientan en una mesa a tomar café. Nada parecería más cotidiano. No nos engañemos, tomar café no es una actividad inocua. Las dos amigas son jugadoras empedernidas. El café es el pretexto para el encuentro. Un cara a cara con cafeína y mucha azúcar. La mesa es una pantalla. El juego es la escritura. Las fichas son las palabras. Cada cual va organizando sus jugadas, está de más decir que las estrategias son los cuentos. No sé a dónde han ido a parar las tazas de café en esta escena, de seguro son el aliento, corto o largo, dependiendo del escrito. El juego es también una larguísima conversación. Años de entretenido palabreo. Si se expresa así se pierde la belleza del juego. Corrijo; el diálogo es también enjundioso, político, fantasioso, poético, alegre, doloroso y necesario.

No pasa nadaes una apuesta amistosa. En el sentido de que el juego es una conversación, las jugadoras, Sofía Irene Cardona y Mari Mari Narváez, han acumulado muchas horas de juego o de viaje. También de escritura. Decir acumular no es acertado. Es una manera capitalista de concebir la amistad. ¿Podemos dejar de pensar de ese modo? Digamos mejor donación, regalo. Hablar de lo debido, de lo que se adeuda a una amiga, distorsiona la apuesta de la amistad. Y la de este libro.  A Sofía Cardona la conocemos como cuentista, poeta y columnista. A Mari Mari Narváez, para quien este es su primer libro de relatos, la conocemos como columnista y periodista. Para aclarar, la amistad o el diálogo continuo de estas dos jugadoras se estableció en la columna Fuera del quicio, hoy, Será otra cosadel semanario Claridad.

Dos amigas escritoras deciden apostar por la amistad con su escritura.  También lo contrario, apostar por la escritura con su amistad. Ese el germen de este escrito. El desafío, que implica la acción de apostar, lo es a la manera más común de concebir un libro como el producto de una sola escritora.  La publicación reta la individualidad. Claro que hay muchos antecedentes, de inmediato se me ocurren tres: Vírgenes y mártires (1981)de Ana Lydia Vega y Carmen Lugo Filipi, Lo femenino y lo sagrado (1998) de Julia Kristeva y Catherine Clemens, y Jacques Derrida(1991) de Jacques Derrida y Geoffrey Bennington. La lista anterior tiene que ver conmigo -la tercera-, la testigo de esta partida, que quiere ser parte de este juego de afectos.  En los libros mencionados una amistad se entiende en relación con la escritura. Y escribir es siempre la puesta en escena de la lectura. Entonces, el reto es leer y escribir como un diálogo amistoso. Nótese que la estructura del libro No pasa nadaconserva la de la conversación. En la organización de los trece cuentos las jugadoras se alternan, cada cual respetando su turno.

 

  1. Sobre el no pasar nada

Decimos coloquialmente “no pasa nada” para desdecir el acontecimiento, como si la frase redujera lo ocurrido. Es una forma de negar o anular lo que sucede por nimio e insignificante. A primera vista puede ser un gran consuelo, pero la frase “tranquila, no pasa nada”, que es otra forma de decir, “pichea, eso no es na”, resume cierta jerarquía sobre el acontecimiento y su registro. El título de esta reunión de relatos obliga a que nos cuestionemos: ¿Qué es algo? ¿Sobre qué debe escribirse? ¿Qué parcelas de la realidad son significativas? ¿Qué peripecias y personajes merecen relatarse? ¿Para qué contar si “no pasa nada”?

No seamos ilusos, en estos trece relatos, escritos con dos estilos narrativos diferentes, el “no pasa nada” se convierte en paso, pasillo, pasión, acontecimiento. Las escritoras agrandan la escala de lo cotidiano, que para muchos es sinónimo de lo banal. Como si leyeran lo habitual con lupa, Mari Mari Narváez y Sofía Cardona observan lo diminuto porque reconocen su trascendencia. Hay una actitud desafiante en esa mirada que agranda, sin aspavientos, más bien con la tranquilidad de una eterna montaña, elementos mínimos de la realidad.

En los cuentos de Mari Mari Narváez, una canción, una mirada, una gotera, un ritual desdeñado hacen estallar el silencio encubridor del “no pasa nada” de las relaciones humanas. El amor y la amistad, que a veces son lazos y otras veces cadenas, se revisitan para indagar en el compromiso de todo vínculo. Sus personajes, la mayoría femeninos, son sujetos vulnerables

-tan mezquinos, frágiles y obsesivos como todos nosotros-, que ponen en escena la dificultad de vivir.  Así, por ejemplo, una pareja se regodea en su reconciliación alrededor de un horrible jarrón naranja en “La irresolución” o una amiga valientemente confronta a otra por su mezquindad con palabras que son balas en “Ventimiglia”. Con un tono apretado, reflexivo, lleno de silencios, sus relatos cavilan sobre la fragilidad de nuestra humanidad, sobre cárceles de amor y encierros solidarios, sobre el desamor y el abandono que se curan con “los cafés que un trago forman el mundo”.

Por su parte, Sofía Cardona nos acerca a sucesos habituales extrañándolos con el exacto uso del humor y la sorpresa. En sus cuentos el tono intimista se distiende para cuestionarlo, para dejarlo sin efecto, con una impasibilidad difícil de lograr. Una cara de palo, una narradora imperturbable trastoca el orden de los acontecimientos. Así sus protagonistas, humanas y animales, participan de alguna revelación que destruye nuestro punto de visión humanista, y proponen nuevas escalas para mirar más allá de puertas y ventanas. Ya sea un hermoso ciervo, una viejita en su lecho de muerte, una hermana de visita o una amiga en el exilio, los personajes fisuran nuestro lente y provocan nuevas formas de ver.  De aquí que en el cuento “Everything’s Fine”, que parece traducir al inglés el título del libro, la narradora convierta en relato de horror el hastío matrimonial de su hermana Nilse, o que, en “La pecera”, un pez narre desde el cristal de su pequeño acuario. Parsimoniosas e impasibles sus narradoras, tan atentas a todo, son capaces de dejar “a un lado el lápiz…y ponerme a barrer los escombros de la hecatombe”, aunque sea el día del fin del mundo.

Tengo para mí que cuando esas dos amigas se sentaron a jugar apostaron también por el efecto de su guiño. Son tramposas,lo sé bien, como buenas jugadoras de barajas. Un mundo de cosas sucede cuando Sofía Cardona y Mari Mari Narváez nos dicen que No pasa nada. La lectora y el lector, que saben del horror y la trascendencia del “no pasa nada”, agradecen la valentía de arriesgar la amistad por la escritura.

 

[1]Esta reseña se publicó como el prólogo a la primera edición de No pasa nada. (San Juan: Ediciones Callejón, 2020).

[2]Así llaman Jacques Derrida y Geoffrey Bennington el contrato de escritura que supone su libro

Jacques Derrida(Paris: Editions du Seui, 1991).

Esta semana en la historia

JUAN MARI BRAS

7 enero 1969

Colocan bomba en automóvil del Secretario General del Movimiento Pro Independencia, Juan Mari Brás.

11 enero 1839

Natalicio de Eugenio María de Hostos

11 enero 1975

 

Terrorismo de derecha cubana en Puerto Rico

Foto: Pucho Charrón

Antes de comenzar un acto del Partido Socialista Puertorriqueño en Mayagüez en homenaje a Eugenio María de Hostos, una bomba estalló causando la muerte a Luis Ángel Charbonier y a Eddie Román Torres, de 26 años quien trabajaba en el lugar.

Nacido el 29 de agosto de 1949, a sus 24 años, el joven obrero Luis Angel Charbonier había presidido por dos años el Comité del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) de su comunidad, en el barrio Amelia. Además, presidía el Comité de Vecinos para el Mejoramiento de la Vivienda y ocupaba puestos de dirección en la Unión de los Empleados de la Industria del Cemento, que agrupa a los trabajadores de la planta de Cataño de la Puerto Rican Cement, según informa la página https://www.verdadyjusticia.net.

El 11 de enero de 1975 se trasladó a Mayagüez para participar en los actos que celebraba el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) para conmemorar el natalicio de Eugenio María de Hostos. En esos días haría su Ingreso formal al PSP, luego de haber participado por varios meses en un Circulo de Estudios.

A las 6:20 de la tarde, “Cholo”, como le decían sus amigos más íntimos, se encontraba en el Central Drive Inn, lugar de venta de comidas rápidas en la Plaza Pública de Mayagüez, donde se efectuaría el acto. A esa hora un poderoso artefacto explosivo estalló en el negocio.

El fotógrafo José Charrón captó el momento que retiran el cadáver de Charbonier del local.

Reproducido de: https://www.mayaguezsabeamango.com

12 enero 1981

Operación Pitirre

 Tomado de Bandera Roja, que informa que el artículo original fue publicado en el Periódico La Verdad de Abril-Mayo de 1981.

En la madrugada del 12 de enero miembros del Ejército Popular Boricua (Macheteros) se infiltraron en la base Muñiz de la Guardia Nacional de EE.UU. en Puerto Rico, localizada en Isla Verde, realizando el operativo militar Pitirre II. Quedaron totalmente destruidos ocho aviones militares del tipo A-7D, dañado otro seriamente y un décimo quedó parcialmente destruido.

Los daños ocasionados se calcularon en unos $45 millones de dólares [unos $128 millones en valor 2021]. La Operación Pitirre II dejó fuera de combate la mitad del Escuadrón Táctico 198 de la Guardia Nacional. Los aviones eran utilizados para operaciones militares de aire y tierra, debido a que pueden actuar como bombarderos capaces de portar ametralladoras de alto calibre. El periódico El Nuevo Día en su edición del 13 de enero, 1981, p. 3, señala claramente el “buen uso” que daría el gobierno a estos aviones en caso de una insurgencia en Puerto Rico: “Los aviones afectados pueden ser efectivos en combatir ataques a Puerto Rico generados internamente en tierra.”

https://youtu.be/mvouTW0PWi0

Según opiniones vertidas en El Nuevo Día del 13 de enero, el Operativo Pitirre II es considerado “el mayor operativo terrorista en territorio americano”. La reacción del gobierno de Estados Unidos podemos palparla en las expresiones del senador demócrata, Edward Zorinski quien señaló, “Esto nos convertirá en un hazmerreír”, según El Nuevo Día. Por su parte el Wall Street Journal señalaba: “Se trata exactamente de la clase de suceso que menos necesitaba el ejército norteamericano en este momento de tensiones en el Caribe… La apariencia de poder es tan importante como el poder mismo….No va a ayudar precisamente a reforzar nuestra imagen, el hecho de que terroristas y saboteadores puedan hacer volar nuestros aviones con tanta facilidad.” El referido periódico plantea una reestructuración de las fuerzas armadas de los EE.UU. “ya que ni siquiera son capaces de proteger sus aviones cuando están en tierra.

 

www.bandera.org/pitirre-ii-y-la-lucha-por-la-liberacion-nacional)

Memorias de enero

 

Por Graziella Pogolotti

Parecía simbólico. El triunfo había llegado con el año nuevo. Esta vez los rebeldes habían entrado en Santiago y se produjo la invasión de Oriente a Occidente, conducida por Camilo y Che. Desde los lugares más remotos del mundo las miradas se volvieron hacia el pequeño Archipiélago, hasta entonces desconocido.

El derrocamiento de la dictadura, que disponía de un ejército profesional entrenado y armado por el imperio, derribó las predicciones de los especialistas, rectificados por los portadores del sentido común. Era el resultado de una estrategia elaborada a partir de un conocimiento profundo del devenir histórico del país, del análisis de los factores determinantes de los reveses del ayer y de las contradicciones reales latentes en el trasfondo de la sociedad. De este estrato nació el ejército popular victorioso que, con melenas, barbas y collares, mostraba el rostro inédito de la nación. 

Para algunos, todo había concluido. En medio de la euforia general, Fidel se apresuró en señalar que la batalla más difícil recién comenzaba. El proyecto de justicia social y de conquista de la plena soberanía habría de tropezar con numerosos obstáculos.

Implicaría, entre otras cosas, una impostergable tarea de aprendizaje colectivo, de adquisición de las primeras letras para abrir caminos a la ciencia y a la cultura, de entender de dónde venimos y tomar conciencia acerca del lugar que ocupamos en el mundo, porque el conflicto entre explotadores y explotados se reproduce a escala planetaria.

Para llevar adelante ese aprendizaje colectivo, pensamiento, palabra y acción se juntaron en un solo haz. El ámbito propicio era el multitudinario de la Plaza de la Revolución, pero también la televisión, medio que favorecía la comunicación más íntima y acentuaba el carácter dialógico de los discursos de Fidel.

En cada circunstancia develaba las causas de las cosas y del tumulto de las ideas surgía el modo de afrontar los problemas. Por dura que resultara, la verdad tenía que mostrarse en sus perfiles más nítidos. Así sucedió con la irrenunciable defensa de los principios en los dramáticos días de la Crisis de Octubre y mucho después con el temprano pronóstico del posible derrumbe de la Unión Soviética.

Con su minúscula oligarquía sujeta a los intereses del imperio, Cuba cargaba con las costras del coloniaje, denunciada años atrás por Rubén Martínez Villena. Era destino compartido con muchos países que, a la vuelta de los 50 del pasado siglo, luchaban por romper los viejos ligámenes. En Estados Unidos adquirían fuerza las luchas por los derechos civiles.

Poco faltaba para que la guerra de Vietnam produjera un proceso de radicalización en la generalización emergente.  A las reivindicaciones antirracistas se añadieron los reclamos de las mujeres y las de aquellos discriminados por su orientación sexual. En las Naciones Unidas, el pensamiento y la palabra de Cuba se hicieron voz emancipadora.

En un extenso discurso que rompió las reglas del juego establecidas, Fidel alertó acerca de los peligros derivados de la imposición de formas de dominio neocolonial en los países que recién accedían a la independencia política. Su discurso mantuvo en vilo a un público expectante. En el hotel Theresa de Harlem recibió la visita de destacadas personalidades del movimiento de liberación nacional.

El asesinato de Patricio Lumumba fue un triste ejemplo, capturado y torturado. Desapareció Amílcar Cabral, uno de los más lúcidos dirigentes africanos. Cayó el Che en Bolivia. El golpe contra Salvador Allende frustró su proyecto reformista y con la dictadura de Pinochet los Chigacoboys instauraron, mediante el uso de la violencia, la doctrina neoliberal. El gran capital transnacionalizado imponía, de ese modo, una nueva forma de apropiación colonial.

Las consecuencias están a la vista en la América Latina toda con el crecimiento de la desigualdad y el ejercicio de prácticas violentas agravadas por la expansión de los carteles de la droga, el tráfico de personas al que sucumben quienes aspiran a emigrar. El rebrote neoliberal también socava las políticas de bienestar implantadas en el Primer Mundo como medidas de salvaguarda ante el modelo de una perspectiva socialista en la Europa del Este.

Observador atento y crítico del transcurrir de la contemporaneidad, Fidel alertó temprano acerca de los peligros que se cernían sobre nuestra especie. Su llamado de entonces trascendió fronteras e ideologías. Pero la depredación del planeta ha proseguido a ritmo acelerado.

Aparentemente disperso en discursos nacidos de circunstancias concretas, libre de ataduras dogmáticas, el pensamiento de Fidel se proyecta con organicidad y coherencia notables, al punto de constituir herramienta indispensable para seguirnos acompañando en la actualidad. 

Con el oído atento a los rumores de la tierra, su visión abarcó los rasgos esenciales del acontecer del planeta.  Nunca axiomático, siempre transitó por los complejos vericuetos del análisis de la realidad. No podemos fragmentarlo. Nos corresponde rescatarlo en su integralidad.

Reproducido de www.cubadeabte.cu

 

Mujeres al Senado

 

 CLARIDAD

ccotto@claridaadpuertorico.com

Con una representación plural por primera vez en su historia, la mayoría en el Senado de Puerto Rico está constituida por mujeres, aunque no le toque a ninguna la presidencia. De hecho,  la candidata más votada en el Senado fue una mujer.

En ocasión de juramentar como senadora por acumulación, electa bajo la insignia del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), la vicepresidenta de esa colectividad, María de Lourdes Santiago, subrayó la importancia de que por primera vez en la historia legislativa las mujeres constituyan la mayoría del Senado de Puerto Rico. La juramentación de los miembros de la Asamblea Legislativa se celebró en la mañana del sábado, 2 de enero, en sus respectivos hemiciclos.

“Existe una mayoría indiscutible en el Senado. Hoy, por primera vez, la Cámara Alta quedará constituida por una mayoría de mujeres. Somos 14 de 27. Representamos al País en su diversidad y complejidad, y las diferencias que tenemos no desmerecen la importancia de este hecho”, expresó Santiago, la candidata más votada en estas elecciones.

La senadora del PIP hizo un llamado a las compañeras de todos los partidos “a honrar la valentía de las que desde diversos espacios políticos nos precedieron y nos abrieron camino. Hoy que la violencia contra la mujer nos agobia, que la desigualdad marca la vida de tantas, que el hostigamiento y el discrimen siguen tan presentes, esta histórica representatividad es un llamado a unirnos por la equidad”, puntualizó.

Además de Santiago, quien ha ocupado la posición en dos cuatrienios anteriores, forman parte de esa mayoría dos senadoras en representación de nuevas colectividades: la licenciada Ana Irma Rivera Lassen, veterana activista por los derechos de las mujeres, por el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) y la senadora por el partido conservador Proyecto Dignidad (PD), Joan Rodríguez Veve, quien es parte de la organización laica Alianza Católica Puertorriqueña por la Vida y por la Patria.

La delegación del Partido Popular Democrático (PPD) en el citado cuerpo tiene seis senadoras. Asumen el cargo por primera vez Elizabeth Rosa, Ada García, Migdalia González, Marially González, Gretchen Hau y Rosamar Trujillo Plumey.  Entre estas hay abogadas, folkloristas y trabajadoras sociales.

La delegación por el Partido Nuevo Progresista (PNP) está encabezada por Migdalia Padilla (quien ocupa la silla desde el 2000), Keren Riquelme, Nitza Morán, Wanda Soto y Marrisa Jiménez.

El hecho de que las mujeres representen la mayoría en el Senado cobra envergadura luego de que durante la campaña política la perspectiva de género fuera uno de los temas de debate. Los candidatos varones, a excepción del candidato del PIP, licenciado Juan Dalmau, mostraron poco conocimiento del tema.  Durante todo el cuatrienio que terminó hubo un reclamo por parte del movimiento feminista para que se declarara un estado de emergencia nacional por la violencia de género. Contrario a la urgencia con que se esperaba fuera atendido, el reclamo fue desoído por las administraciones del PNP de Ricardo Rosselló  y de Wanda Vázquez.