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Un homenaje al “Cordovés”

Andy Montañez, Elliott Castro y Jaime Córdova

 

Por Elga Castro Ramos/Especial para CLARIDAD

Hoy  escribo una de esas muchas columnas que me encantaría tener a Papi para llamarlo y consultarle datos y pedirle consejos, aunque si estuviera aquí la estuviera escribiendo él en medio de un profundo dolor por la pérdida de un amigo, pero más que nada un mentor, maestro y la persona que le adjudicaba en gran medida haber escogido su profesión de vida. El fallecimiento de quien fuera el primer editor deportivo de CLARIDAD nos deja con una profunda tristeza en medio de esta crisis por la cual no podemos hacerle el homenaje que se merece. Así, nos unimos a honrarlo desde las páginas que él ayudó a crear.

Buscando mensajes de correos electrónicos de Papi encuentro algunos que me ayudan a construir el rompecabezas. Encuentro un escrito de Papi de noviembre de 2007 con motivo de una edición del periódico dedicada a Juan Mari Brás en sus 80 años, en la cual Papi relataba el origen de la sección deportiva del periódico. En el 1974 Claridad circulaba dos veces en semana y fue ahí cuando Mari Brás empujó la idea de convertirlo en diario, y que incluyera todas las secciones que tenían los diarios regulares, incluyendo Deportes, pero enfatizando que se hiciera desde una perspectiva particular. Jaime Córdova fue designado Editor Deportivo y desde el comienzo la impregnó de una línea editorial única y con la colaboración de grandes figuras del mundo deportivo puertorriqueño, como Quique Ayoroa Santaliz-a quien se le acaba de dedicar el Festival de CLARIDAD-, Fufi Santori y Armandito Torres. Y hablando de estos colaboradores, en otro mensaje de mayo del 2009, me mencionaba Papi que se habían reunido en el Taller de Fotoperiodismo todos los que habían trabajado en la sección de Deportes de Claridad desde su Fundación: Jaime Córdova, Fufi, Norman H. Dávila, Víctor López, Carlos Uriarte, Paquito Rodríguez, Wayka Pagán y el compañero Javier Gorbea, quien aún colabora con la sección, (Armandito se había excusado). Este evento era uno de los que se estaban haciendo por el cincuenta aniversario de CLARIDAD. Que honor leer cuántos colaboradores ha tenido esta sección, algunos de los más grandes periodistas deportivos del país. 

Genaro (Tuto) AMrchand y Jaime. Foto Ismael Fernández

Otro mensaje de septiembre del 2012 me recuerda la historia de sus seudónimos en la sección de Deportes. En la columna “Mis seudónimos en Claridad”, Papi recordaba sus inicios en el periódico y cómo su primer escrito aparece bajo el seudónimo de Gerardo Archeval, invención de Jaime Córdova, en honor a un jugador que había visto en el primer juego de béisbol profesional que asistió en Puerto Rico. Este escrito fue en la edición #654 del 4 de enero de 1975, en la sección de En Rojo y fue un escrito a fondo sobre el Hipismo. Fue Jaime quien bautizó los escritos de Papi con el título “Números y Comentarios”. El primer escrito bajo Elliott Castro Tirado en la Sección Deportiva aparece en el  Archivo Histórico en la edición #664 del 17 de enero de 1975, fue un trabajo sobre el balance del año 74 en el atletismo mundial. CLARIDAD dejó de ser diario, y en enero de 1977 volvió a publicarse un día a la semana, pero se mantuvo la Sección Deportiva de forma permanente y fue ahí que Papi fue designado oficialmente como Editor Deportivo del periódico, posición que ocupó hasta que murió. Con el semanario en 1977 nació “Las Canto Como Las Veo”, como se titula la sección actualmente. Papi contaba que el título fue tomado de “una expresión pueblerina que tiene como referencia la acción de un árbitro en cualquier evento deportivo.” Decía que a su papá, mi Abuelo, le encantaba la frase. 

Papi siempre resaltaba y decía consistentemente que gracias a Jaime había sido el editor de esta sección pero también lo nombraba como mentor, como uno de “sus maestros”. Y era que Papi sentía una gran admiración por el genio y la pluma de Jaime, por su sentido del humor, creatividad e inteligencia, además que valoraba muchísimo su amistad y su sabiduría beisbolera. Sin duda muchos admiraban su brazo como lanzador y así Papi (que creció en una familia de peloteros) sabía de él, pero la influencia que Jaime ejerció en Papi era en su arte de plasmar la belleza del deporte en papel. Así, su libro de “Béisbol de Corazón” (Ediciones Callejón 2006) era para Papi una joya. Aquí un extracto de esta oda al deporte más lindo:

No recuerdo haber escrito de beisbol antes. Sin antecedentes, al día de hoy no tengo buena explicación cuales fueron las razones de Juan Mari y Manuel de J. para ofrecerme la dirección aquella tarde en el Viejo San Juan en medio de un alborotoso piquete frente a la Corte Federal.

Mis posibles cualificaciones además de haber jugado el deporte eran leer lecturas pocos comunes sobre el beisbol. A menos que haya otro loco soy la única persona que ha leído enciclopedias del Béisbol Mexicano, de las ligas negras y las Grandes Ligas.

O quizás haber hablado y gritado tanto en los silvestres grupos de discusión que siempre había en cuanta barra de la Calle Loíza y Barrio Obrero. Para lograr que te escucharan y las carcajadas estuvieran a favor tuyo tenias que lanzar al ruedo, sobre la marcha y el escándalo, frases inexpugnables como «ese no coge ni un catarro» o el contundente «es un muerto con el bate». De esas sesiones aprendí como argumentar y ganar discusiones sin tener razón. Fue un buen campo de entrenamiento para el periodismo combativo.

Comencé escribiendo breves cuentos titulados «La silla de Ricardo» y «La Barbería de Toño»; la redacción de Claridad se preguntaban si la sección de deportiva era apropiada para estos ensayos literarios….

El asunto se llevó a Mari Brás quien dijo: que escriba sobre velloneras y músicos trasnochados si quiere….vamos a hacer la prueba.

Sin duda, Jaime tenía algo que pocos tienen, y es la combinación de una habilidad deportiva y literaria. No todo el que es buen deportista escribe bien ni viceversa. Pero Jaime era un pelotero completo, jugaba bien, conocía el deporte y además tenía el don de plasmarlo todo, muy hermosamente, en papel. Quizás es por todas las metáforas que cogió de los boleros que tanto le gustaban, combinado con las mañas del mundo de la publicidad. 

Los que hoy escribimos en estas  páginas, le agradecemos su ingenio y tenacidad en sentar las bases para lo que más de 40 años después todavía existe, una sección deportiva en este semanario. Hoy escribimos con nuestros nombres propios y le damos gracias a Jaime y a Elliott por el legado. Y a todas las personas que han defendido esta sección, no solo por lo importante del deporte en nuestra vida como nación y su defensa de la puertorriqueñidad, sino como homenaje a quienes lucharon por defenderla. Y una buena manera de honrar a Jaime en esta cuarentena, es poner un bolero, buscar un buen libro y ver un juego de béisbol viejo.

Posponen actividad que conmemora el Centenario del Natalicio de Pedro Grant Chacón

Los portavoces de las organizaciones que integran el Comité del Centenario de Pedro Grant Chacón, la Profesora Tania García Ramos y la familia Roig Grant-representada por su nieto Roberto (Tito) Roig Grant- informaron la posposición de la actividad programada para recordar y honrar al líder obrero y político puertorriqueño a llevarse a cabo el próximo 2 de abril de 2020, ante la amenaza a la salud que representa la presencia del Coronavirus en Puerto Rico.

“Los integrantes del Comité, el Instituto de Relaciones del Trabajo de la UPR y el Comité UPR Sindicatos, hemos tomado la decisión de posponer la actividad Recordando a Pedro Grant Chacón, que estaba programada para llevarse a cabo en el Anfiteatro contiguo a la Torre Central de Plaza Universitaria, ante la crisis desatada por la pandemia del Coronavirus en nuestra Isla” —— anunció la doctora García Ramos.

Esta actividad sería la primera de una serie donde se recordará y honrará la memoria del líder obrero Pedro Grant Chacón, gestor del Movimiento Obrero Unido (MOU) y principal dirigente sindical puertorriqueño de la segunda mitad del pasado siglo XX.

“En la medida en que avancemos en la lucha contra el Covid-19 y vayamos logrando la normalidad, estaremos informando de la nueva fecha de la actividad inicial, que será una de carácter educativa-musical, y de las otras que constituyen parte de la jornada que habrá de tener lugar a nivel local en San Juan y en los diferentes pueblos de la Isla.”- ——concluyó Roberto (Tito) Roig Grant.

 

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Jaime, desde la “retaguardia canosa” nos harás falta

 

Por Manuel de J. González/CLARIDAD

Como ya estoy viejo y se me mueren mis amigos, se me está haciendo costumbre escribir obituarios. Había decidido no escribir más. Pero hoy, 27 de marzo de 2020 a las 10:06 de la mañana, en pleno encierro por el coronavirus, recibí este mensaje: “Manuel, murió Jaime. Voy camino al hospital.” Como es Jaime el que se me ha ido, debo intentar escribir algo.

Esperaba ese mensaje desde hacía algunos días, pero eso no hizo menos fuerte la noticia. Jaime Córdova Rodríguez, uno de mis hermanos más queridos, que también fue más que hermano de Carlos Gallisá, de Jorge Segarra y de Tuto Marchand, ha optado por unirse a ellos. Además de hermano, fue mi compadre, pero también fue una de las personas más cultas que he conocido y uno de los hijos más productivos de la patria puertorriqueña.

Todo lo que Jaime hizo en su vida, lo hizo bien. Primero fue un muchacho que creció lleno de inteligencia y alegría en la legendaria Calle Loíza, junto amigos del barrio, como aquel que lo acompañaba camino de la escuela Labra llamado Ismael Rivera. Más tarde, desarrollando el beisbol que le empezó a enseñar Nydia en los solares vacíos de la Loíza, se convirtió en un legendario lanzador de pelota en los años ’50. Le apodaban “El Látigo” y fue un miembro destacado de los equipos nacionales de aquella década, incluyendo el único que ha ganado medalla de oro en un Mundial.

Luego, gracias a su conocimiento del deporte y su maestría manejando el idioma, producto de su vasta cultura autodidacta, fue director de la sección deportiva de CLARIDAD por varios años. Allí hizo muchísimas aportaciones, incluyendo darle un nombre apropiado a los equipos que representaban a Puerto Rico en torneos internacionales. Desde CLARIDAD insistió en darle el nombre correcto – selección nacional- y poco a poco el resto de la prensa se fue acostumbrando a hacerlo.

En Claridad hizo aportaciones extraordinarias a la literatura nacional, con sus relatos sobre música popular y deporte. Cada uno de esos escritos, cortos y precisos, son pequeñas obras de arte. El otro día escuché al escritor  y director del En Rojo Rafael Acevedo decir que “La verdadera muerte de Daniel Santos” es uno de los mejores cuentos de la narrativa puertorriqueña. Muchos de esos trabajos se recogieron en dos libros: “Beisbol de corazón” y Partiré canturriando”. También se distinguió como un gran entrevistador y entre las muchas que hizo destaco sus entrevistas a Pedro Flores, Juan Mari Brás y, últimamente, a Terín Pizarro. Esa variedad de entrevistados – un compositor de música popular, un dirigente patriótico y un lanzador estrella – es buen ejemplo de su profundidad cultural. También ejemplifica los tres temas fundamentales de su vida: el deporte, la música popular y la lucha patriótica.

Entre una cosa y otra, antes y después de su trabajo en CLARIDAD, se destacó como uno de los mejores publicistas de Puerto Rico. Los más viejos deben recordar aquella campaña legendaria de la cerveza Corona con un personaje llamado “Cantalicio”, que Jaime dirigió.

Ya estaba viejo y hablando en términos beisboleros, como siempre, me decía que ya “había jugado 8 y dos tercios de entrada”. Estaba a ley de “out”, decía, pero mientras esperaba por esa última jugada, publicó su primer libro de poemas, “El orfebredemente”, y trabajaba en un epistolario junto al querido amigo Antonio Arraiza.           Yo creía que el juego de la vida de Jaime se iría a entradas extras, tras empatarse en la novena, retrasando al máximo el inevitable último “out”. No fue así.

Lo despido con versos de uno de sus poemas:

Soy miembro de la retaguardia canosa

en la cola de la gran manifestación…

Saludos silenciosos a los compañeros de iremita

que repartieron periódicos con fuego en la portada…

Si puedo ayudar en algo,

sirvo para llenar espacios

y levantar el puño pecoso.

Jaime, somos muchos los que ya estamos en la retaguardia, pero la lucha sigue. Harás falta.

 

Un aplauso y un hasta siempre para Jaime Córdova Rodríguez

Este viernes 27 de marzo de 2020 falleció Jaime Córdova Rodríguez. Para CLARIDAD, para sus amigos y amigas, para quienes compartieron de distintas maneras con él, su muerte es un golpe duro, difícil de absorber.

Perdemos a uno de los mejores escritores del país y, tal vez, el mejor que tuvo la redacción de CLARIDAD en estos 60 años de historia.

Jaime sería el primero en tachar adjetivos en un texto, pero no existe otra manera, hay que utilizarlos al hablar de él: agudo y valiente en el análisis, certero en sus juicios, escritor comprometido con las causas que defendía, honesto y franco con sus amigos.

Fue lanzador con el único equipo en la historia de Puerto Rico que ha ganado un campeonato mundial. Más de medio siglo después, es recordado por sus hazañas en el béisbol. “El látigo Córdova” se hizo legendario. Para vivir, pues le complacía, trabajó como publicista, y fue reconocido como uno de los mejores.

Como escritor, merece muchísimo más de lo que podemos decir en estas líneas urgentes que anuncian su deceso. Quienes leímos sus libros, artículos y columnas, a veces ni siquiera nos interesaba el tema que trataba en ese momento, solo leíamos para deleitarnos con la magia de su escritura. Poseedor de un estilo utilizado solo por quienes pueden echarse el idioma en un bolsillo, eran un fluir las oraciones construidas con fuerza y agudeza. Sus historias, las que fueran, eran pura literatura. Fue autor de varios libros, entre ellos, Béisbol de corazón, de deportes, Partiré canturreando, de música, y el último, El orfebre demente, poesía. Escribía otro.

Fundador de las páginas deportivas de CLARIDAD, una vez retirado del periódico, continuó con sus colaboraciones, quiso a este periódico hasta el final. Amó su país, y luchó por él. Extrañaremos al amigo, al compañero, al escritor, al independentista Jaime Córdova.

Reciba su familia nuestro más fuerte y apreta’o abrazo.

Junta Directiva y Colectivo de Trabajo de CLARIDAD

Pandemia y olvido: García Márquez en Puerto Rico

Por Rafael Acevedo / En Rojo

Estamos encerrados en casa, los que tenemos casa. Buscamos establecer un cierto orden, algo que nos permita establecer un ritmo a seguir.  Algunos de nosotros busca referencias a situaciones parecidas en la literatura. Aquí estamos en medio de un nuevo Decamerón o mirando como se cumple alguna profecía.

Sin embargo, lo que más llega a mi mente como una alarma de emergencia en este sexto día de encierro por causa del CodVid-19 es el olvido. El olvido de lo que somos. La angustia nace de pensar que ni siquiera tenemos el poder -como estado- de decidir cerrar fronteras en beneficio de los ciudadanos. De repente algunos han visto como las fuerzas del orden arrestan vendedores ambulantes mientras las grandes cadenas de supermercados siguen abiertas. Algunos comentan con indignación cómo arrestan a una pareja de boricuas en la playa mientras siguen llegando aviones llenos de turistas a quienes ni siquiera se les pregunta si les gusta la piña colada para bajar temperaturas. Y no, no es que uno esté identificando enemigos. El enemigo es el capital. El enemigo es convertirnos en bueyes de un sacrificio colectivo para rendirle tributo a los intereses de Wall Street, la salvación de las aerolíneas y el culto al dólar. Y es que, repito, esas cosas relacionadas con diferencias de clase y con realidades coloniales las vemos a diario, pero sufrimos de olvido, colectivamente hablando. El olvido de lo que somos.
No recuerdo donde aprendí algo sobre cómo funciona esto de la contaminación viral.  Dos cosas son necesarias. La primera es que aparezca -¿se produzca? ¿surja? un organismo patógeno que igual puede ser una bacteria, un quiste,  un parásito, un demagococo, que nos use de huéspedes, de receptores. La segunda vaina necesaria es huéspedes exportadores. Y esa segunda cuestión es la que permite que un proceso infeccioso sea exitoso.
Si el contagio está por debajo de una cierta línea mínima la pandemia se convierte, poco a poco en un mal recuerdo. Los más optimistas dirán que se convertiría en una buena lección. Pero mi opinión es que lo que he aprendido en estos últimos años es que  estamos siempre por encima de la tasa mínima de contagio. Muy por encima.  Porque ni siquiera tenemos modos de tratarlo. Ni siquiera existe un plan para evitarlo de manera radical -y racional-.  A veces olvidamos lo que somos.
¿Dónde leí sobre una epidemia? ¡Ah, ya sé!:
Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía de la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga. Fue así como les quitaron a los chivos las campanitas que los árabes cambiaban por guacamayas, y se pusieron a la entrada del pueblo a disposición de quienes desatendían los consejos y súplicas de los centinelas e insistían en visitar la población. Todos los forasteros que por aquel tiempo recorrían las calles de Macondo tenían que hacer sonar su campanita para que los enfermos supieran que estaban sanos. No se les permitía comer ni beber nada durante su estancia, pues no había duda de que la enfermedad sólo se transmitía por la boca, y todas las cosas de comer y de beber estaban contaminadas por el insomnio. En esa forma se mantuvo la peste circunscrita al perímetro de la población. Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir.
—(Gabriel García Márquez , Cien Años de Soledad )
No quisiera pensar en que acá, en el mundo real de una isla caribeña, una situación penosa como es el coloniavirus se ha convertido ya en algo natural y hemos organizado la vida de tal modo que ni cuenta nos damos. No. Nos damos cuenta. Sobre todo cuando hay una crisis. Esa crisis es ahora global, porque el virus, el CodVid-19 consiguió huéspedes viajeros que son más rápidos, con medios de transporte más eficientes, como para propagar organismos patógenos de manera exponencial. Pero, no nos hagamos los pendejos. La situación colonial impide que se tomen decisiones sobre puertos. Tenemos que atenernos a las delirantes medidas que la administración norteamericana. Ya sabemos que el presidente es capaz de llegar a la isla y volvernos a lanzar papel toalla como medida sanitaria. La hermosa paradoja que escribe García Márquez parece un espejo en mi mente.
El desparpajo con que Trump se burla de una crisis mundial hablando de su tío que era un genio y de otras sandeces, mientras deja los aeropuertos en funciones normales inyectando millones a esa industria es aterrador.  Sus funcionarios y, por supuesto, los indignos siervos que administran nuestro país, parecen sonreír como aquellos idiotas del cuento de Horacio Quiroga. Y se impone la rabia. Recuerda uno la risa de José Arcadio Buendía cuando sucedió lo de Rebeca:
Una noche, por la época en que Rebeca se curó del vicio de comer tierra y fue llevada a dormir en el cuarto de los otros niños, la india que dormía con ellos despertó por casualidad y oyó un extraño ruido intermitente en el rincón. Se incorporó alarmada, creyendo que había entrada un animal en el cuarto, y entonces vio a Rebeca en el mecedor, chupándose el dedo y con los ojos alumbrados como los de un gato en la oscuridad.
Pasmada de terror, atribulada por la fatalidad de su destino, Visitación reconoció en esos ojos los síntomas de la enfermedad cuya amenaza los había obligada, a ella y a su hermano, a desterrarse para siempre de un reino milenario en el cual eran príncipes. Era la peste del insomnio.
Cataure, el indio, no amaneció en la casa. Su hermana se quedó, porque su corazón fatalista le indicaba que la dolencia letal había de perseguiría de todos modos hasta el último rincón de la tierra. Nadie entendió la alarma de Visitación. «Si no volvemos a dormir, mejor -decía José Arcadio Buendía, de buen humor-. Así nos rendirá más la vida.» Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado. José Arcadio Buendía, muerto de risa, consideró que se trataba de una de tantas dolencias inventadas por la superstición de los indígenas. Pero Úrsula, por si acaso, tomó la precaución de separar a Rebeca de los otros niños.
—(G.G.M. Cien años de soledad)
Pero no. Trump no es José Arcadio Buendía. Puerto Rico no es Macondo -aunque se parezca-. Y no está Úrsula en Fortaleza.Wanda Vázquez, la flamante gobernadora constitucional ni siquiera es capaz de tener “la precaución de separar a Rebeca de los otros niños”. No hay voluntad política. No hay conciencia del deber de defender la vida de los ciudadanos. Al contrario. Esta administración se ha caracterizado por imponer de manera descarada la política de la muerte. La necropolítica. Pero nosotros no olvidamos. No olvidaremos. 4645 murieron por la negligencia criminal de los funcionarios de gobierno. Ahora, en esta crisis global, no tienen como convertirse en otra cosa que lo que han sido siempre. Serviles lacayos de un imperio en decadencia.  Esclavos de los intereses del capitalismo salvaje. Alpiste de los buitres. Prohibido olvidar. Nunca olvidar. Nosotros no vamos a hundirnos en una especie de idiotez sin pasado.