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“No vamos a permitir que los paramilitares destruyan el país que construimos”

Por Luiz Inácio Lula da Silva

Un día después de su salida de prisión, Lula da Silva se dirigió a varios miles de simpatizantes que habían acudido a la sede del Sindicato de los Metalúrgicos de ABC, su cuna política en la ciudad de São Bernardo do Campo, que habían acudido allí a presenciar su primer discurso en libertad.

Durante el discurso atacó las políticas del presidente Jair Bolsonaro y de su ministro de Economía, Paulo Guedes, señalando que habían causado el empobrecimiento del pueblo. También tuvo palabras para denunciar la brutal represión de derechos de la comunidad afrobrasileña, de las mujeres, de las personas LGTBI… e hizo un llamamiento a la gente a que se movilizase contra el desmantelamiento del país.

Algunas citas del discurso de Lula:

“Las ideas que construimos colectivamente aquí, en esta región y en este país, no podían estar en prisión, continuarían parindo por el mundo adelante. Aquí estoy, libre como un pajarito.”

“Nadie puede arreglar este país si ustedes no tienen ganas de arreglarlo. No vale la pena tener miedo de las amenazas que él [Bolsonaro] hace en la tele, de que habrá paramilitares o que decretará un nuevo AI-5. Tenemos que tomar la siguiente decisión: hay 210 millones de habitantes en este país y no podemos permitir que la milicia [como son llamados los grupos paramilitares en Brasil] destruya el país que hemos construido”.

“Lo que veo es que el pueblo se volvió más pobre, con menos salud, menos habitaciones, menos empleos. Más de 40 millones, el 50% de la población, gana R$ 413 [US$ 99] al mes. Sería importante que ellos pudieran hacer lo que ustedes hacen: mantener a su familia, pagar el transporte, ir al médico, comprar medicinas con R$ 413. No hay otra forma”.

“Me gustaría saber por qué a ese ciudadano que se jubiló muy joven le interesa quitarle el derecho a la jubilación al pueblo brasileño. Me gustaría saber porque a ese ciudadano que nunca recibió un sueldo mínimo le interesa congelar sueldos. (…) Están presentando un proyecto económico que empobrecerá cada vez más a la sociedad brasileña”.

“Voy a repetir algo que les dije aquel día. Tenía claridad sobre lo que quería en la vida y lo que represento, y también la claridad de que mis verdugos están mintiendo. Por ello tomé la decisión de ir a la Policía Federal, podría haber ido a una embajada, a otro país, pero decidí entregarme para probar que Moro no era un juez sino un canalla. Necesitaba probar que Dallagnol no representa a la Fiscalía, que es una institución seria. Que él montó una pandilla con la fuerza tarea de la Operación Lava Jato. Que aquellos que hicieron la investigación, mintieron en todas sus palabras. Si yo hubiera dejado el país, sería un prófugo”.

“Dudo que [Sérgio] Moro duerma con la misma conciencia tranquila con la que yo duermo. Dudo que [Deltan] Dallagnol duerma con la misma conciencia tranquila con la que duermo. Aún más, dudo que Bolsonaro duerma con la misma conciencia tranquila con la que duermo. Dudo que el ministro destructor de sueños, de empleos, de empresas públicas brasileñas, llamado [Paulo] Guedes, duerma con la misma conciencia tranquila con la que duermo. Quiero decirles: estoy de vuelta”.

“Quiero construír ese país con la misma alegría que construimos cuando gobernamos. La única cosa de la que estoy seguro es que tengo más ganas de luchar que cuando salí de aquí”.

“Debe haber una investigación seria para que sepamos quién mató a nuestra guerrera Marielle [Franco]”.

“A los 74 años, no tengo el derecho de tener el corazón lleno de odio. No sabía que iba a enamorarme a los 74 años de edad. Tengo 74 años, energía de 30 y vivacidad de 20. Estoy muy contento y lucharé por este país”.

“La única cosa que me anima a seguir es el hecho de haber comprobado que se puede gobernar para el pueblo. Que se puede ayudar a los pobres para que accedan a la universidad, a las escuelas técnicas. Hemos comprobado que en 12 años generamos 22 millones de empleos formales”.

“Lo que queremos ahora es que el STF analice los habeas corpus y declare la nulidad de todos los procesos contra mi. Tenemos argumentos suficientes para probar que Moro mintió y lo digo sin rencor. Que son mentirosos. No por lo que ha divulgado el Intercept, sino por lo que escribieron. Solo hay una explicación para lo que hicieron en mi proceso, sacarme de la contienda electoral”.

“Un pueblo como ustedes no depende de una persona, sino de un colectivo. Tengo la certeza de que en 2022 la llamada izquierda a la que Bolsonaro le tiene tanto miedo va a derrotar a la ultraderecha. Este país no se merece el gobierno que tiene, con un presidente que ordena a sus hijos contar mentiras todos los días a través de noticias falsas”.

Edición elaborada con textos del discurso de Lula traducidos por Luiza Mançano (Brasil de Fato) y Alfredo Iglesias Diéguez (Rebelión).

El golpe en Bolivia: Cinco lecciones

Por Atilio A. Boron

La tragedia boliviana enseña con elocuencia varias lecciones que nuestros pueblos y las fuerzas sociales y políticas populares deben aprender y grabar en sus conciencias para siempre. Aquí, una breve enumeración, sobre la marcha, y como preludio a un tratamiento más detallado en el futuro.  Primero, que por más que se administre de modo ejemplar la economía como lo hizo el gobierno de Evo, se garantice crecimiento, redistribución, flujo de inversiones y se mejoren todos los indicadores macro y microeconómicos la derecha y el imperialismo jamás van a aceptar a un gobierno que no se ponga al servicio de sus intereses. 

Segundo, hay que estudiar los manuales publicados por diversas agencias de EEUU y sus voceros disfrazados de académicos o periodistas para poder percibir a tiempo las señales de la ofensiva. Esos escritos invariablemente resaltan la necesidad de destrozar la reputación del líder popular, lo que en la jerga especializada se llama asesinato del personaje (“character assassination”) calificándolo de ladrón, corrupto, dictador o ignorante. Esta es la tarea confiada a comunicadores sociales, autoproclamados como “periodistas independientes”, que a favor de su control cuasi monopólico de los medios taladran el cerebro de la población con tales difamaciones, acompañadas, en el caso que nos ocupa, por mensajes de odio dirigidos en contra de los pueblos originarios y los pobres en general. 

Tercero, cumplido lo anterior llega el turno de la dirigencia política y las elites económicas reclamando “un cambio”, poner fin a “la dictadura” de Evo que, como escribiera hace pocos días el impresentable Vargas Llosa, aquél es un “demagogo que quiere eternizarse en el poder”. Supongo que estará brindando con champagne en Madrid al ver las imágenes de las hordas fascistas saqueando, incendiando, encadenando periodistas a un poste, rapando a una mujer alcalde y pintándola de rojo y destruyendo las actas de la pasada elección para cumplir con el mandato de don Mario y liberar a Bolivia de un maligno demagogo. Menciono su caso porque ha sido y es el inmoral portaestandarte de este ataque vil, de esta felonía sin límites que crucifica liderazgos populares, destruye una democracia e instala el reinado del terror a cargo de bandas de sicarios contratados para escarmentar a un pueblo digno que tuvo la osadía de querer ser libre.

Cuarto: entran en escena las “fuerzas de seguridad”. En este caso estamos hablando de instituciones controladas por numerosas agencias, militares y civiles, del gobierno de Estados Unidos. Estas las entrenan, las arman, hacen ejercicios conjuntos y las educan políticamente. Tuve ocasión de comprobarlo cuando, por invitación de Evo, inauguré un curso sobre “Antiimperialismo” para oficiales superiores de las tres armas. En esa oportunidad quedé azorado por el grado de penetración de las más reaccionarias consignas norteamericanas heredadas de la época de la Guerra Fría y por la indisimulada irritación causada por el hecho que un indígena  fuese presidente de su país. Lo que hicieron esas “fuerzas de seguridad” fue retirarse de escena y dejar el campo libre para la descontrolada actuación de las hordas fascistas -como las que actuaron en Ucrania, en Libia, en Irak, en Siria para derrocar, o tratar de hacerlo en este último caso, a líderes molestos para el imperio- y de ese modo intimidar a la población, a la militancia y a las propias figuras del gobierno. O sea, una nueva figura sociopolítica: golpismo militar “por omisión”, dejando que las bandas reaccionarias, reclutadas y financiadas por la derecha, impongan su ley. Una vez que reina el terror y ante la indefensión del gobierno el desenlace era inevitable.

Quinto, la seguridad y el orden público no debieron haber sido jamás confiadas en Bolivia a instituciones como la policía y el ejército, colonizadas por el imperialismo y sus lacayos de la  derecha autóctona. Cuando se lanzó la ofensiva en contra de Evo se optó por una política de apaciguamiento y de no responder a las provocaciones de los fascistas. Esto sirvió para envalentonarlos y acrecentar la apuesta: primero, exigir balotaje; después, fraude y nuevas elecciones; enseguida, elecciones pero sin Evo (como en Brasil, sin Lula); más tarde, renuncia de Evo; finalmente, ante su reluctancia a aceptar el chantaje, sembrar el terror con la complicidad de policías y militares y forzar a Evo a renunciar. De manual, todo de manual. ¿Aprenderemos estas lecciones?

Reproducido de www.rebelion.org

Puerto Rico contemporáneo ¿narco-estado o una instancia de capitalismo gore?

Por Luis Javier Cintrón Gutiérrez/Especial para CLARIDAD

La cultura y la sociedad del Caribe contemporáneo tiene la muerte es la espina dorsal. Al menos eso plantean antrópologxs caribeñistas como Maarit Forde y Yanique Hume al decir que la historia del Caribe ha sido escrita sobre un sistema político y económico de basado en la muerte impuesta por potencias externas. Las mismas han llevado a la invisibilidad y exterminio de poblaciones originarias junto al descarte de cuerpos desde aquellas empresas del colonialismo europeo, la imposición de sistemas de plantación y más en el presente con economías volátiles y estados no necesariamente solidificados.

Con la resiente cobertura mediática sobre masacres y asesinatos en Puerto Rico, la opinión pública ha acuñado el concepto de Puerto Rico como un narco-estado. Este tema no es nuevo en la discusión. Cuando Luis Fortuño y el Partido Nuevo Progresista (PNP) gobernaban, la prensa nacional e internacional hacía uso de este concepto. Para esa fecha, la tasa de asesinato alcanzó cifras históricas y alarmante. En el 2011 hubo 1,117 muertes violentas y en el 2012 961. Esto se daba a la misma vez que el PNP implementaba una serie de reformas neoliberales como las Alianzas Publico Privadas y el despido de una cantidad sustancial de empleomanía en el sector público.

Si bien es cierto que el narcotráfico ha tomado una notoriedad en la cotidianidad de Puerto Rico, el argumento de que el archipiélago está sumergido en la lógica de un narco-estado es, a mi entender, un poco desenfocada y le quita la responsabilidad al estado y al sistema capitalista neoliberal.

Puerto Rico es un país (colonia o territorio) con su estructura estatal colapsada. La institucionalidad cada vez representa menos a la ciudadanía que habita el archipiélago y representa mucho menos a esos flujos migratorios transnacionales que llamamos diáspora. En clave de Samir Amin (2005), un economista y pensador neomarxista de origen egipcio, muchos países de la periferia se encontran de frente a la erosión de otras expresiones anteriores de legitimidad de poderes como la identidad nacional, la pertenencia de clase o los llamados logros del “desarrollo”. En el caso de Puerto Rico, las principales estructuras de representación “oficial”, la partidocracia y el gobierno, al igual que el conglomerado industrial y comercial que alguna vez fuera el orgullo del Estado Libre Asociado se encuentran en ruina. Estas instituciones dejaron de ser el motor para de alcanzar el “éxito” prometido por la modernidad y la legitimización de la ciudadanía en base al consumo. La mayor evidencia del colapso del sistema político y económico son: la reducción en la participación electoral a cerca del 50% en un país donde sus votaciones eran de participaciones pluralistas; las espontaneas y masivas protestas contra Ricardo Rosselló que terminaron en la renuncia de este gobernante; y la imposición de un organismo federal para regular la administración pública local en defensa del mercado de especulación.

Ante el colapso del modelo económico y de representaciones del Estado Libre Asociado las economías informales han sido un salvavidas para la ciudadanía que vive al margen. Esto no es muy ajeno al desarrollo histórico de Puerto Rico en la medida en que cuando Puerto Rico era colonia española, el contrabando era el mecanismo de subsistencia ante el abandono del soberano de ultramar. Las economías informales que se han aferrado en la isla no representan un rompimiento del sistema capitalista, sino más bien es una forma orgánica del mismo sistema capitalista de socorrerse y perpetuar su existencia.

El capitalismo en su naturaleza es violento y su forma de operar puede ser sutil o agresiva. Un ejemplo de violencia sutil dentro capitalismo es los ejercicios que hacen los seguros médicos donde toman la decisión final de qué medicamento o tratamiento tiene derecho el o la paciente. La forma más agresiva del capitalismo es el uso de las armas para imponer su hegemonía.

El capitalismo en Puerto Rico no representa a las grades o plurales voluntades colectivas, pero aún así es el sistema en el que se vive y las personas desean legitimar su existencia dentro del consumo de objetos de valor, ya sea por el camino formal o informal. Nuestra socialización es en base al consumo. Un ejemplo de ello es el auge en Puerto Rico de tiendas de “off-price”(estilo Marshalls y TJMaxx) donde la ciudadanía tiene acceso a los excedentes capitalistas que nuestra sociedad ha determinado como objetos de valor y legitimación. La gente privilegia y se siente más legitimada usando producto de marcas globales de lujo que vistiendo de o teniendo tecnología de marcas menos globales. Esta disyuntiva empuja a lo que Sayak Valencia, teórica mexicana y profesora de Estudios Culturales en el Colegio de la Frontera Norte, denomina como el Estado/Nación versus Mercado/Nación.

Una de las economías informales que en Puerto Rico han tomado notoriedad en los medios de comunicación y en las narrativas locales es el narcotráfico. Aun, cuando siempre se ha habido discusión sobre las drogas y su trasiego, para el contexto puertorriqueño podríamos decir que toman mayor notoriedad en la campaña electoral de 1992, cuando Pedro Rosselló declaró en su campaña como candidato a gobernador del PNP que la Guerra contra las drogas de Rafael Hernández Colón y el Partido Popular Democrático (PPD) había fracasado y ofreció la “Mano dura contra el crimen”. Puerto Rico no es un país productor, sino es un simple puente entre los circuitos productores y los circuitos consumidores en los Estados Unidos. A pesar de ello esa actividad ilícita, de carácter menudera, representa una inyección monetaria sustancial en espacios que el Estado y la economía informal no llegan. Esta economía informal ha penetrado el quehacer cultural y social de Puerto Rico. El consumo de narco-novelas extranjeras y algunas canciones de reggaetón local son algunos síntomas de esa permeación de una economía informal al mainstream.

El narcotráfico según plantea Oswardo Zavala (2018), profesor en Staten Island College-CUNY, es una actividad económica del capitalismo global de orden clandestina que solo conocemos por narrativa oficial del Estado y de los medios de comunicación. Todo lo que sabemos e imaginamos del narco es en función a las narrativas estatales y las creadas por los medios de comunicaciones. Ante unas deficiencias y unas carencias en nuestro imaginario y formas de articulación, nace la utilización de narco-estado y el desarrollo de unas narrativas que construyen un enemigo evidentemente violento pero sin rostro.

Hablar en Puerto Rico de un narco-estado, supone replicar el discurso violento del todxs contra lxs pobres. El imaginario construido por los operativos estatales y federales en comunidades marginadas en espacios urbanos, junto a su cobertura mediática como objeto de consumo, apuntan a una teatralización de la violencia. En Puerto Rico, por su condición colonial, opera códigos y lenguajes que refieren a una “guerra contra las drogas” que Estados Unidos ha impulsado desde que se percibía el colapso del bloque soviético. Como apunta Valencia, los conflictos bélicos posteriores a la II Guerra Mundial ya no tienen a las naciones como el objetivo a atacar, sino a la sociedad civil como un “target no declarado”.

Narco-estado es un código del neologismo político, económico y jurídico. El mismo opera con múltiples lagunas y hasta con desconociendo de cómo funcionan la dinámica desde el interior del narcotráfico. Se habla en Puerto Rico de que es un narco-estado por unas percepciones de aumento en el ejercicio de la violencia. En este plano, la estadística o el número tangible no juega un rol significativo, sino las percepciones y las emociones. Ante una deficiencia de vocabulario frente a la violencia capitalista, se asumen estos juegos de palabras.

Más allá de la culpa de un sector que vive en el clandestinaje, la narrativa y la percepción de inseguridad reside en la teatralización de la violencia capitalista por parte de los medios de comunicación. Muchas veces, esta excesiva proyección mediática perpetúa estigmas y estereotipos que alimentan imaginarios amorfos sobre nuestras crisis. La violencia extrema y la crisis del Estado fallido son hoy objetos de consumo rentables para las industrias de comunicación. Aun cuando estadísticamente hablando hay menos asesinatos en que en el año 2011, tomando en cuenta que el Instituto de Estadística de Puerto Rico compila que en el 2011 hubo 1,164 asesinatos contra 641 en 2018 (BBC Mundo, 16 de enero de 2019), los medios de comunicación nos hacen sentir que vivimos en una necrópolis. Un ejercicio interesante, sería exponer las muertes productos de capitalismo agresivo, frente a las muertes a consecuencia del capitalismo pasivo. Un ejemplo muy particular, cuánta gente muere por falta de acceso a servicios médicos y por la intervención gerencial de aseguradoras sobre dictámenes médicos.

La violencia teatralizada, según nos apuntan intelectuales como la antropóloga colombiana Elsa Blair y Sayak Valencia, van en la dirección de enviar un mensaje y de control de poblaciones. En el caso de Valencia, ella nos presenta la violencia asociada al narcotráfico como un síntoma de la crisis del neoliberalismo. La profesora de Tijuana nos destaca que el neoliberalismo carece de la capacidad de autoidentificación colectiva a presente y fututo de los pueblos, y además el actual sistema del Estado se encuentra desgarrado. El poder reside en las agencias licitas e ilícitas del mercado. Los derechos humanos y las garantías de dignidad humana ya no son prioridad para gobiernos como el de Puerto Rico. Su “performance” posterior a los huracanes Irma y María deja esto de manifiesto. Este escenario dejó demostrado una transición de la biopolítica a una necropolítica. La precarización del trabajo, con un acento fuerte en el desvanecimiento de la Sección 936 y el florecimiento de acuerdos de Libre Comercio a los cuales Puerto Rico no tiene acceso por su situación colonial es un asunto que deja de manifiesto la crisis económica. Estos son algunos de los síntomas que podrían traerse a la discusión para entender a Puerto Rico, en clave de Sayak Valencia, como una instancia de Capitalismo Gore. O sea, un espacio donde la violencia es un “commodity” más en función a los medios de comunicación dentro de la economía formal y el narcotráfico en la informalidad frente a un Estado que claudicó a su función de preservar la ciudadanía. En cita de Sayak, “la muerte se ha convertido en un negocio rentable”.

El autor es doctorando en Estudios Latinoamericanos y Caribeños en State University of New York at Albany. Posee una maestría en sociología por la Universidad de Puerto Rico. Comentarios a: lcintron-gutierrez@albany.edu

El principio del desmadre

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD

gvazquez@claridadpuertorico.com

Para Ricardo Santos, la sustitución de los lectores de contadores por la lectura remota fue el principio del “desmadre” que hay en la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), decisión a partir de la cual se disparó el robo y que según el líder sindical forma parte del proceso de inhabilitación que la AEE desarrolló sistemáticamente en contra de sus empleados en su afán de poner la corporación en manos privadas.

En la medida que la AEE dejara de ofrecer un servicio de excelencia, la gente perdería la confianza y el respeto que se mantenía hacia la corporación y sus trabajadores. De esta forma, encontrarían razones suficientes para justificar la privatización.

Santos explica:

En las oficinas comerciales teníamos los lectores de contadores que se encargaban de visitar cada dos meses el área rural y, mensualmente, el área urbana. Eran alrededor de 500 empleados UTIER. Esos empleados tenían la función de leer el contador casa por casa, te dejaban un recibo/papel donde notificaban la lectura que habían hecho. De esa forma, el ciudadano estaba consciente de que le leían el contador, del consumo que tenía. Por otro lado, mientras el abonado tenía esa ventaja, la AEE tenía también la ventaja de que verificaba el servicio. Si encontraba que el contador estaba detenido, roto o si veía que había muchos aires acondicionados en la casa y notaba que el consumo era bajo, pues tenía unos símbolos que se anotaban. Y si ese mismo lector de contadores encontraba que había un poste podrido cerca o había una rama metida entre los cables, marcaba la nota de poda. Después, en las oficinas de Comerciales había otra oficina que se llamaba Servicios Técnicos Comerciales. Esa gente iba y verificaban. Si era una nota de robo, iban los de Hurto.

Se mantenía una vigilancia continua durante todo el año. Una vez la autoridad cambió eso por la lectura remota o los contadores remotos, que leían electrónicamente sin tener que ir al sitio, ¿qué le iban a resolver? Al no tener que tener 500 personas haciendo ese trabajo, se disparó el robo. Además, ya no tenías el personal que supervisara todo el trabajo en la calle. No había otra forma de supervisarlo más allá de la nota que te pudiera enviar un abonado.

Hace 10 o 12 años el servicio era de excelencia. Si tú llamabas a la AEE porque te cortaron la luz y tú ibas y pagabas, esa misma tarde se te iba a poner el servicio porque nosotros, como trabajadores, teníamos como una cuestión de principios que nadie se podía quedar sin luz. Eso era patria o muerte. Nosotros vimos cómo eso se murió. Se empezó a perder el respeto y el cariño al trabajo que realizábamos. Ya no había ese enfoque de realizar el trabajo a tiempo. Dejaron de comprar vehículos y equipo.

A eso le sumamos que Eduardo Bathia inició una campaña diciendo que los trabajadores de la AEE eran vagos, que era un monopolio fracasado. Eso culmina con el anuncio que hace Ricardo Rosselló de que la AEE no sirve y que por eso hay que venderla. En ese sentido que se fue deteriorando el servicio, cambió el parecer de las personas sobre la AEE.

¿Está de acuerdo o no con los contadores remotos?

Ahí entramos en el dilema de lo moderno y la mecanización versus el trabajo. Cuando vamos a entrar en la discusión de la mecanización y el trabajo hay que traer otros criterios que no sean meramente los de eficiencia. Hay que traer unos criterios que son los de país. Ese país que nosotros queremos.

Por ejemplo, si tú me dices, bueno, es que los contadores remotos son más efectivos, yo te diría que hay que ver cuál es la prioridad que tenemos. Si yo como país quiero tener a la gente empleada en trabajo que verdaderamente saquen de pobre a uno —te lo digo porque me utilizo como ejemplo. Mi trabajo en la AEE me sacó de la pobreza. Gracias a eso yo pude sacar mi familia adelante—, en ese sentido el gobierno tendría que plantearse si dentro de su visión de política publica está transformar la vida de las familias en Puerto Rico. ¿Qué valor puede tener eso versus la economía que pudiera tener hacer la lectura remota? A eso le sumamos que la lectura remota no va a tener otras ventajas como la de tener una presencia física, de persona a persona, agencia con clientes: eso es lo que hay que valorizar.

Desde mi perspectiva, y el país en que yo creo y al que aspiro, me parece que esa presencia y la posibilidad de impactar más familias para mí es más importante que tener una economía donde supuestamente me economizo algo porque mecánicamente lo hago de esta forma, cuando realmente la prioridad mía como país es que mas gente tenga empleos y una mejor calidad de vida. Ahí es cuando uno tiene que sopesar si vale la pena o no la maquinita.

Definitivamente, en algunas cosas yo apuesto a la máquina. Por ejemplo, en un trabajo que signifique poner en riesgo la vida de un individuo. Si ese trabajo se puede sustituir por una máquina, yo apuesto a ella. Pero en un trabajo que meramente la diferencia sea la economía de tiempo en términos de precisión no vamos a hacer mucha diferencia. Ahí, de acuerdo al país que tenemos, yo apuesto a la gente trabajando.

No rechazo lo moderno ni la mecanización de las cosas. Lo que digo es que sea para aquello que represente un riesgo inmenso para el ser humano y que de momento una máquina lo pueda hacer.

En la planta, por ejemplo, teníamos que echarle al agua hidracina, una sustancia química y cancerígena que se le echa al agua para evitar que los tubos de las calderas se oxiden por dentro. Eso se hacía a mano, venía el técnico de laboratorio con el dron de hidracina y vertía eso en los tanques de agua, exponiéndose a morir. A raíz de un incidente que hubo, donde unos trabajadores por “error” bebieron de esa agua porque los tanques no estaban rotulados, entonces, de la investigación que se hizo de ese caso en particular, la AEE cambió el sistema de manejo de hidracina y lo mecanizó. Era por medio de una línea directa que se echaba la hidracina. Eso es un desarrollo importante que va encaminado a mejorar la calidad de vida en el trabajo y proveerles mayor seguridad y salud a los trabajadores. A eso yo no tengo ninguna objeción. Pero un desarrollo cuyo único objetivo sea que en vez de usar diez trabajadores puedas usar uno, y meramente economizarte eso, cuando tenemos un país con alto desempleo y los empleos no son decentes, que te ayuden a transformar, que la gente tiene dos y tres trabajos, ahí es donde yo veo la diferencia.

Todo apunta a una estrategia para justificar la privatización del servicio de energía eléctrica y precarizar el trabajo, como hemos podido ver en todos los niveles de la sociedad. Ahora tenemos empleos más explotadores, contrario a lo que se supone que ocurriera, que la mecanización facilitara el trabajo para todo el mundo. Hemos visto que no ha pasado eso, sino todo lo contrario, trabajos precarios, a tiempo parcial y con una remuneración horrible y la gente tiene que tener dos y tres trabajos para poder echar para adelante a duras penas. Hoy lo que tenemos es gente trabajando 10 y 12 horas, sin beneficios de vacaciones y planes médicos. Cuando uno se pone analizarlo, nos han echado para atrás 50 años.

Entrevista a Ricardo Santos: Los trabajadores de la AEE sentían orgullo del trabajo que realizaban

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD

gvazquez@claridadpuertorico.com

La sustitución del personal de carrera por personal de compañías privadas no es tema nuevo en de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Este esquema neoliberal se comenzó a aplicar principalmente en las centrales generatrices y, con los años, se ha ido “regando” por toda la corporación pública.

Hoy, la AEE inicia abiertamente una campaña para sustituir a todo el personal, utilizando hasta cierto punto el eufemismo de una corporación público-privada. Según Ricardo Santos, expresidente de la Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego (UTIER), se trata “más bien de subcontratar y ceder la administración y el desarrollo de los trabajos públicos al sector privado”.

Santos recordó que, antes, el proceso era más lento y la compañía no se planteaba abiertamente la sustitución de todo el personal. Actualmente, la AEE proyecta la entrega de todo el trabajo de los celadores de línea a compañías privadas que administren el área de transmisión y distribución.

“Eso era insospechado. Lo que ellos están planteando es lo mismo que hicieron con Acueductos, y fracasó”, dijo.

En el caso de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), explicó Santos, dejaron a los empleados de la corporación y subcontrataron a la gerencia. Eso fracasó y posteriormente empezaron con el área operacional. Actualmente la AAA tiene varios oficios que están subcontratados en áreas operacionales. Por ejemplo, la lectura de contadores y algunas operaciones de reparación de tuberías. “Como pasó con la AEE”, comparó.

Luego de años de reflexión y experiencia en las centrales generatrices, Santos recuerda que los trabajadores sentían orgullo por el trabajo que realizaban. Los supervisores eran altamente cualificados y buscaban la forma de “sacar” cada proyecto. Pero al pasar el tiempo, se fueron desvalorizando las posiciones gerenciales, utilizando criterios políticos y no de conocimiento para nombrar estos puestos.

“Ese era el orgullo. Por más grande que se presentara el desafío del trabajo a realizar, el orgullo era uno poder resolverlo. Pero ¿qué pasa? Comenzaron a sustituir a los supervisores de oficio por políticos que, en términos prácticos y en la mayoría de los casos, no tenían pleno conocimiento ni dominio del trabajo. En la primera etapa funcionaban dependiendo del trabajo que realizaban los trabajadores, pero en la medida que fue pasando el tiempo, empezaron a aplicar el modelo de darle al subcontratista el trabajo que les correspondía a los trabajadores de la corporación pública. Entonces, fueron perdiendo ese orgullo y empezaron a fomentar una cultura de dejarle el trabajo difícil al de afuera. En la medida que se fue fomentando esa cultura, los supervisores se fueron desprendiendo del trabajo.

Lo que primero se afectaba era la fuente de aprendizaje y experiencia con los distintos trabajos que se realizaban porque esa experiencia se la dabas al de afuera; el que venía y hacía el trabajo, no enseñaba cómo hacerlo y se iba. En algunos casos hasta lo hacían mal y la gente lo reparaba”. Con el pasar de los años los pocos trabajadores que tenían experiencia y conocimiento se fueron jubilando. En algunos casos se fueron a trabajar con compañías privadas.

Algunas de las áreas que se vieron afectadas por la aplicación del modelo neoliberal en las plantas de producción de la AEE fueron soldadura, albañilería y mecánica, dio como ejemplo Santos. “Ahora está ocurriendo en el área de los celadores y las oficinas, pero donde primero se da esa situación a gran escala es en las plantas, cuando prácticamente despoblaron al personal de carrera las plantas. […] Prácticamente ese mismo esquema se regó por toda la Autoridad hasta el nivel que llegamos hoy…”, manifestó el líder sindical.

Celadores de línea

El celador de línea es el que interviene con toda la transmisión y distribución de la energía eléctrica: los postes, cables, subestaciones.

“Los celadores de línea son un ejemplo vivo de lo que hemos estado hablando, porque prácticamente le robaron todos sus derechos del convenio. A cada celador le restaron sobre $17 mil anuales a su salario. Primero le bajaron el pago del tiempo extra. Entonces se le pagaba por convenio doble el tiempo extra y ahora se paga tiempo y medio; se le pagaba un bono de navidad de 8.5%, sin límites, y ahora lo que le dan son $600, es decir, que de un promedio de $3 mil, ahora le pagan $600; se le pagaba un bono por riesgo como de $1,500, también lo eliminaron; con la Ley 66 eliminaron la licencia de accidente del trabajo, que eso sí es canallesco, porque si sufrían un accidente del trabajo se mantenían recibiendo el salario hasta 2 años y un tercero a 80%;

Santos señaló que con estas acciones muchos celadores se han ido, ante las ofertas de trabajo en EE. UU. hechas por compañías privadas. De 1,200 trabajadores que eran, apenas quedan 435 en toda la isla.

“Esto lo que supone es que ahora tienen que hacer el triple de trabajo porque el trabajo sigue siendo el mismo. Encima de eso no, han cambiado la flota de vehículos, no compran herramientas. O sea, que todas las condiciones de trabajo como tal han empeorado gravemente. Y para colmo se da la situación de María. Entonces ellos traen empleados de afuera y esos empleados vienen cobrando el doble o el triple de lo que cobran los empleados de la Autoridad”.

Al cierre de esta edición la UTIER firmó un acuerdo con la Autoridad de Energía Eléctrica, que incluye un aumento en salario a los celadores y el restablecimiento de la licencia de accidentes.