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Minutos de cine:  Terminator: Dark Fate

 

Por Marcos I. López Ortiz / Especial para En Rojo

Terminator: Dark Fate es un filme de ciencia ficción/acción y sería la sexta entrega en la serie de Terminator. Dirigido por Tim Miller y protagonizado por Linda Hamilton, Arnold Schwarzenegger y Mackenzie Davis, narra la historia de Sarah Connor y un humano/cyborg quienes deben proteger a una niña de un Terminator recién modificado del futuro. 

La serie de Terminator es una que estimo mucho. Podemos decir que dos de las películas de la serie ya pueden considerarse clásicos y lo demás es daño colateral. Muchos adjudican el descarrilamiento de la serie al énfasis que le dieron a los elementos de viajes en el tiempo. Lo cual en las originales solo era el catalizador para que la historia se desarrollara. Aparte de esto, la serie pasó de ser R a PG-13 lo cual le quitaba mucha de la violencia escénica de lo que era una película de Terminator. Ahora con esto a un lado solo falta contestar una cosa: ¿Logra Terminator: Dark Fate revivir la aclamada serie de ciencia ficción?

Una respuesta corta a esta pregunta es un enorme y rotundo no. El filme trae nuevamente a Sarah Connor a la serie pero estos no hicieron nada con el personaje. Esta no aporta nada a la historia y durante la mayoría de la misma parece un personaje de relleno cuando es la madre de la franquicia. Esto también se ve cuando hablamos de la nueva “Sarah Connor” quien es sumamente genérica y no se gana el título que querían para ella. Por otro lado, Arnold Schwarzenegger regresa como el T-800 pero al igual que Connor, este no añade absolutamente nada a la historia y se presenta más como un cameo glorificado que contradice a los Terminators en toda la serie.

En referencia a cómo esto influye en el resto de la serie, el comienzo del filme nos muestra un suceso con Sarah Connor que destruye el propósito de Terminator y Terminator 2. La falta de respeto hacia el legado de Terminator es uno que te dejará con la boca abierta si eres fan. Además la accion es sumamente aburrida. Creo que esto fue producto de que los trailers nos mostraron mucho, y la tensión del filme era no existente gracias a que teníamos respuestas de antemano a cada escena donde nuestros protagonistas estaban en peligro.

Terminator: Dark Fate es un desastre. Solo puedo pensar en las 2 películas originales y en lo excelente que son en contraste con todas las que han salido después. Falta decir que este filme no se lo recomiendo a nadie. Si eres fan de Terminator, odiarás lo que hicieron con la historia. Si no lo eres, ésta no te convertirá en un devoto de la serie.

Marcoslopez614@gmail.com

Breves de noviembre

 

Por María Cristina/En Rojo

Aproveché mi estadía n Río Piedras, mientras esperaba por una reservación en el ferry de carga a Vieques, para ver de todo un poco. Escogí Maleficent: Mistress of Evil porque me encantó la 1era historia de 2014; The Goldfinch porque, aunque no había leído el libro (ya lo ordené y llega pronto), los avances parecían prometer una historia de vacíos y misterios; Black & Blue por su ritmo y realidad sin pausa. 

Maleficent: Mistress of Evil

(director Joachim Rønning; guionistas Linda Woolverton, Noah Harpster, Micah Fitzerman-Blue; autora Linda Woolverton; cinematógrafo Henry Braham; elenco Angelina Jolie, Elle Fanning, Michelle Pfeiffer, Sam Riley, Harris Dickinson, Chiwetel Ejiofor, Ed Skrein, Robert Lindsay, David Gyasi, Miyavi, Warwick Davis)

Sin duda lo constante en esta secuela de Maleficent es su protagonista, interpretada genialmente por Angelina Jolie. Es una historia de amor sin barreras y de traición que afecta a dos reinos cuya visión del universo es diametralmente opuesta. El hada Maleficent ama y está dispuesta a entregarlo todo por el amor de Stefan, pero éste la traiciona y la mutila al cortarle sus hermosas alas. La Maleficent adulta se tornará vengativa—y siempre protectora de los Moors—y maldecirá a Aurora, la hija de Stefan. Con el tiempo, al ver a esta niña crecer, Maleficent se convertirá en su hada madrina y su relación será no de madre amorosa, sino de intercambio de verdades con un diálogo exquisito de ironía y de miradas que matan. Y ese es precisamente el atractivo de su secuela con una Maleficent que intenta ser cariñosa con Aurora pero su franqueza no le permite ser flexible o sonreír. El problema con esta secuela es que todo lo demás—el compromiso entre Aurora y Phillip, la rivalidad y venganza de la Reina Ingrith, el descubrimiento de los planes de destruir a la población de los Moors y anexar las tierras—parece desconectado. 

No es hasta que Maleficent es herida y rescatada por Conall, parte de la población de hadas que vive escondida en cavernas, que comienza el desarrollo de otra historia que dura muy poco ya que son casi destruidos en la guerra conducida por la Reina Ingrith. Solo Conall y Borra pueden hacer que apartemos nuestros ojos de Maleficent. Eso sí, esta secuela es un festín visual no solamente por el bosque y castillos encantados, pero la transformación de Maleficent resurgiendo de las cenizas del Fénix es sencillamente magnífica. El personaje de reparto que sí se distingue es Diaval, el cuervo confidente de Maleficent que ella transforma en humano, o dragón o en lo que lo necesite.  

The Goldfinch

(director John Crowley; guionista Peter Straughan; autora Donna Tartt; cinematógrafo Roger Deakins; elenco Oakes Fegley, Ansel Elgort, Nicole Kidman, Jeffrey Wright, Luke Wilson, Sarah Paulson, Willa Fitzgerald, Aneurin Barnard, Finn Wolfhard, Ashleigh Cummings, Aimee Laurence, Robert Joy, Boyd Gaines, Ryan Foust, Denis O’Hare)

Quizá porque el libro de Donna Tartt (2013) fue tan elogiado y ganó el prestigioso Pulitzer, transferirlo al cine con una adaptación que, por necesidad y requisitos del medio, obliga a una edición y corte ha sido apaleado por la crítica. Es posible que después que lea el libro me una a sus críticas, pero en estos momentos escribo solamente de su presentación visual y sonora.

Como las elipsis bien montadas me fascinan por dejar espacios a la imaginación de lxs espectadorxs, no tengo ningún inconveniente en contemplar una escena y esperar el momento escogido por el director para completar el pensamiento. El Theo Decker adulto puede no saber qué hacer con su vida en Amsterdam, pero ya en la próxima escena se nos presenta al adolescente de 13 años que parece haber despertado en un vacío donde no hay nada familiar y su entorno emocional ha desaparecido. A través de fragmentos donde el momento cumbre donde su vida cambia por completo se cruza con la construcción esperanzadora de una nueva familia, para poco tiempo después recuperar lo indeseable de su pasado y un presente desolador. Pero aún dentro de todos estos espacios aparecen figuras afines como Samantha Barbour y su hijo Andy; Hobie, Pippa y la memoria de Welty; Boris, el ucraniano que aparece y desaparece de su vida.

Como el centro del misterio es una hermosa y pequeña pintura que ha sobrevivido cientos de años, todas las escenas son como pinturas que vemos despacio en una galería que nos hacen reflexionar sobre nuestra vida. El filme tiene esa ternura que prevalece a pesar de la violencia que parece rodearlo todo.

Black & Blue

(director Deon Taylor; guionista Peter A. Dowling; cinematógrafo Dante Spinotti; elenco Naomie Harris, Mike Colter, Frank Grillo, Reid Scott, Tyrese Gibson, James Moses Black, Beau Knapp, Nafessa Williams)

Con una descripción hiperbólica en IMDB de los logros de Deon Taylor, director afroamericano con películas anteriores de terror con poca sustancia, esta vez nos ofrece un drama policíaco con un estilo de “Reality TV”, protagonizado por la actora británica, Naomie Harris (nominada como Mejor Actora de reparto en 2016 por Moonlight), junto a Mike Colter (Lemond Bishop en “The Good Wife” y ahora David Acosta en “Evil”) y Tyrese Gibson (Roman de la franquicia de Fast & Furious). En menos de 24 horas que incluye imágenes comprometedoras de su cámara corporal, Alice West, la novata policía pero con extensa experiencia de supervivencia como soldada en Afganistán, será testigo de un crimen a manos de otros policías y literalmente correrá por su vida. En esta lucha por sobrevivir en las calles de sectores extremadamente pobres de Nueva Orleans será confrontada y rechazada por la comunidad negra donde se crio y por el aparato policíaco que tiene sus propias reglas para lidiar con el crimen y la pobreza.

Es una historia de bastante desesperanza—quizá porque tiende a asemejarse a la cotidianidad que conocemos pero que poco se publica. En un gueto/residencial/caserío/arrabal donde rigen las reglas internas impuestas por el/a controlador/a de la economía, la policía es el enemigo (a menos que sean partícipes pagados), algunos grupos religiosos son tolerados como apaciguadores de la violencia interna, y nadie cruza esas líneas. El título del filme lo dice todo: ¿se puede ser negro y policía a la vez, o son excluyentes? Estos son cuestionamientos que se hacen a diario en todas las ciudades de Estados Unidos donde, aunque minoritario, afroamericanos ocupan desde los puestos más bajos hasta casi lo más altos dentro de la estructura de la muchas veces mal llamada ley y orden. Una de las cosas más impresionantes de este filme es su firmeza en presentar el rechazo y la agresividad de los residentes del gueto hacia la policía, no importa su raza o etnia. Se podría decir que la agresividad de los residentes hacia “los negros en azul” es más violenta hasta el punto de ponerlos en riesgo.

Santa Clo va a La Cuchilla

 

Por Abelardo Díaz Alfaro

El rojo de una bandera tremolando sobre una bambúa señalaba la escuelita de Peyo Mercé. La escuelita tenía dos salones separados por un largo tabique. En uno de esos salones enseñaba ahora un nuevo maestro: Mister Johnny Rosas.

Desde el lamentable incidente en que Peyo Mercé lo hizo quedar mal ante Mr. Juan Gymns, el supervisor creyó prudente nombrar otro maestro para el barrio La Cuchilla que enseñara a Peyo los nuevos métodos pedagógicos y llevara la luz del progreso al barrio en sombras.

Llamó a su oficina al joven y aprovechado maestro Johnny Rosas, recién graduado y que había pasado su temporadita en los Estados Unidos, y solemnemente le dijo: “Oye, Johnny, te voy a mandar al barrio La Cuchilla para que lleves lo último que aprendiste en pedagogía. Ese Peyo no sabe ni jota de eso; está como cuarenta años atrasado en esa materia. Trata de cambiar las costumbres y, sobre todo, debes enseñar mucho inglés, mucho inglés.”

Y un día Peyo Mercé vio repechar en viejo y cansino caballejo la cuesta de la escuela al nuevo maestrito. No hubo en él resentimiento. Sintió hasta un poco de conmiseración y se dijo: “Ya la vida le irá trazando surcos como el arado a la tierra.”

Y ordenó a unos jibaritos1 que le quitaran los arneses al caballo y se lo echaran a pastar.

Peyo sabía que la vida aquella iba a ser muy dura para el jovencito. En el campo se pasa mal. La comida es pobre: arroz y habichuelas, mojo, avapenes, arencas de agua, bacalao, sopa larga y mucha agua para rellenar. Los caminos casi intransitables, siempre llenos de “tanques”. Hay que bañarse en la quebrada y beber agua de lluvia. Peyo Mercé tenía que hacer sus planes a la luz oscilante de un quinqué o de un jacho de tabonuco.

Johnny Rosas se aburría cuando llegaba la noche. Los cerros se iban poniendo negros y fantasmales. Una que otra lucecita prendía su guiño tenue y amarillento en la monotonía sombrosa del paisaje. Los coquíes punzaban el corazón de la noche. Un gallo suspendía su cantar lento y tremolante. A lo lejos un perro estiraba un aullido doliente al florecer de las estrellas.

Y Peyo Mercé se iba a jugar baraja y dominó a la tiendita de Tano.

Johnny Rosas le dijo un día a Peyo: “Este barrio está muy atrasado. Tenemos que renovarlo. Urge traer cosas nuevas. Sustituir lo tradicional, lo caduco. Recuerda las palabras de Mr. Escalera: Abajo la tradición. Tenemos que enseñar mucho inglés y copiar las costumbres del pueblo americano”.

Y Peyo, sin afanarse mucho, goteó estas palabras: “Es verdad, el inglés es bueno y hace falta. Pero, ¡bendito! si es que ni el español sabemos pronunciar bien. Y con hambre el niño se embrutece. La zorra le dijo una vez a los caracoles: ‘Primero tienen ustedes que aprender a andar para después correr.’”

Y Johnny no entendió lo que Peyo quiso decirle.

El tabacal se animó un poco. Se aproximaban las fiestas de Navidad. Ya Peyo había visto con simpatía a uno de sus discípulos haciendo tiples y cuatros de cedro y yagrumo. Estas fiestas traían recuerdos gratos de tiempos idos. Tiempos de la reyada, tiempos de comparsa. Entonces el tabaco se vendía bien. Y la “arrelde” de carne de cerdo se enviaba a los vecinos en misiva de compadrazgo. Y todavía le parecía escuchar aquel aguinaldo:

Esta casa tiene 

La puerta de acero, 

Y el que vive en ella 

Es un caballero.

Caballero que ahora languidecía como un morir de luna sobre los bucayos.

Y Johnny Rosas sacó a Peyo de su ensoñación con estas palabras: “Este año hará su debut en La Cuchilla Santa Claus. Eso de los Reyes está pasando de moda. Eso ya no se ve mucho por San Juan. Eso pertenece al pasado. Invitaré a Mr. Rogelio Escalera para la fiesta; eso le halagará mucho.”

Peyo se rascó la cabeza, y sin apasionamiento respondió: “Allá tú como Juana con sus pollos. Yo como soy jíbaro y de aquí no he salido, eso de los Reyes lo llevo en el alma. Es que nosotros los jíbaros sabemos oler las cosas como olemos el bacalao.”

Y se dio Johnny a preparar mediante unos proyectos el camino para la “Gala Premiere” de Santa Claus en La Cuchilla. Johnny mostró a sus discípulos una lámina en que aparecía Santa Claus deslizándose en un trineo tirado por unos renos. Y Peyo, que a la sazón se había detenido en el umbral de la puerta que dividía los salones, a su vez se imaginó otro cuadro: un jíbaro jincho y viejo montado en una yagua arrastrada por unos cabros.

Y mister Rosas preguntó a los jibaritos: “¿Quién es este personaje?” Y Benito, “avispao” y “maleto” como él solo, le respondió: “Místel, ese es año viejo colorao.”

Y Johnny Rosas se admiró de la ignorancia de aquellos muchachitos y a la vez se indignó por el descuido de Peyo Mercé.

Llegó la noche de la Navidad. Se invitó a los padres del barrio.

Peyo en su salón hizo una fiestecita típica, que quedó la mar de lucida. Unos jibaritos cantaban coplas y aguinaldos con acompañamiento de tiples y cuatros. Y para finalizar aparecían los Reyes Magos, mientras el viejo trovador Simón versaba sobre “Ellos van y vienen, y nosotros no.” Repartió arroz con dulce y bombones, y los muchachitos se intercambiaron “engañitos”.

Y Peyo indicó a sus muchachos que pasarían al salón de Mr. Johnny Rosas, que les tenía una sorpresa, y hasta había invitado al supervisor Mr. Rogelio Escalera.

En medio del salón se veía un arbolito artificial de Navidad. De estante a estante colgaban unos cordones rojos. De las paredes pendían coronitas de hojas verdes y en el centro un fruto encarnado. En letras cubiertas de nieve se podía leer: “Merry Christmas”. Todo estaba cubierto de escarcha.

Los compadres miraban atónitos todo aquello que no habían visto antes. Mister Rogelio Escalera se veía muy complacido.

Unos niños subieron a la improvisada plataforma y formaron un acróstico con el nombre de Santa Claus. Uno relató la vida de Noel y un coro de niños entonó “Jingle Bells”, haciendo sonar unas campanitas. Y los padres se miraban unos a otros asombrados. Mister Rosas se ausentó un momento. Y el supervisor Rogelio Escalera habló a los padres y niños felicitando al barrio por tan bella fiestecita y por tener un maestro tan activo y progresista como lo era Mister Rosas.

Y Mister Escalera requirió de los concursantes el más profundo silencio, porque pronto les iba a presentar a un extraño y misterioso personaje. Un corito inmediatamente rompió a cantar:

Santa Claus viene ya… 

¡Qué lento caminar! 

Tic, tac, tic, tac.

Y de pronto surgió en el umbral de la puerta la rojiblanca figura de Santa Claus con un enorme saco a cuestas, diciendo en voz cavernosa: “Here is Santa, Merry Christmas to you all!”

Un grito de terror hizo estremecer el salón. Unos campesinos se tiraron por las ventanas, los niños más pequeños empezaron a llorar y se pegaban a las faldas de las comadres, que corrían en desbandada. Todos buscaban un medio de escape. Y Mister Rosas corrió tras ellos, para explicarles que él era quien se había vestido de tan extraña forma; pero entonces aumentaba el griterío y se hacía más agudo el pánico. Una vieja se persignó y dijo: “¡Conjurao sea! ¡Si es el mesmo demonio jablando en americano!”

El supervisor hacía inútiles esfuerzos por detener a la gente y clamaba desaforadamente: “No corran; no sean puertorriqueños batatitas. Santa Claus es un hombre humano y bueno.”

A lo lejos se escuchaba el griterío de la gente en desbandada. Y míster Escalera, viendo que Peyo Mercé había permanecido indiferente y hierático, vació todo su rencor en él y le increpó a voz en cuello: “Usted, Peyo Mercé, tiene la culpa de que en pleno siglo veinte se den en este barrio esas salvajadas.”

Y Peyo, sin inmutarse, le contestó: “Míster Escalera, yo no tengo la culpa de que ese santito no esté en el santoral puertorriqueño.”

Top Rank lleno de talento boricua, pero ¿los están llevando correctamente?

Por Javier Guaní Gorbea/Especial para CLARIDAD

El pasado sábado se llevó a cabo una cartelera de boxeo en el coliseo Rafael Amalbert de Juncos, que marcaba el regreso de Rey Ojeda al ensogado después de cuatro años fuera. Pese a que Ojeda salió victorioso en su retorno, fueron las presentaciones de Henry Moncho Lebrón y Orlando Zurdo de oro González las que se robaron el espectáculo con nocauts espectaculares en el tercer y primer asalto, respectivamente. Para los que todavía no los conozcan, estos son parte de una nutrida escuadra de boricuas con la que cuenta la compañía Top Rank, en la que hay ocho peleadores invictos que, pese a estar en diferentes etapas, prometen.

Además de González y Lebrón están los hermanos Joseph y Jeremy Adorno, el joven Zander Zayas, John Bauzá, Jeyver Cintrón y Edgar Verlanga, quien pese a ver vivido toda su vida en New York es de raíces puertorriqueñas. Algunos, obviamente, están más adelantados que otros. Por ejemplo, Cintrón peleará por un título mundial el 31 del próximo mes en Japón. Sin embargo, cabe preguntarse por qué no conocemos de los demás. Con la excepción de González, Lebrón y Jeyver los otros cinco, por lo menos hasta el momento, no han sido promovido en el mercado local, lo que entiendo es un error. No cabe duda de que la diáspora es una parte importante de lo que somos como pueblo, pero mientras esos peleadores no peleen en suelo boricua, el fanático de aquí no se identificará con ellos y se hace mucho más difícil convertirlos en estrellas y favoritos del público. Sin quererle decirle a Top Rank cómo debe hacer sus negocios, creo que una alianza con alguno de los promotores principales de la isla, como Peter e Iván Rivera, Miguel Cotto, Bustillo o Juan Orengo, donde se garantice que por lo menos habrá de dos a tres prospectos de Top Rank en cada una de sus carteleras que se lleven a cabo aquí. Esa es la manera de desarrollarlos y darlos a conocer. Recordemos que esa estrategia sirvió con creces en el pasado con peleadores como Iván Calderón, Juanma López y Román Rocky Martínez.

La industria ha cambiado. Es más difícil desarrollar a los Miguel Cotto o a los Tito Trinidad, pero aunque el amor por el boxeo del fanático tradicional boricua sigue intacto, tiene que haber una conexión emocional para que el país esté pendiente de ellos, se desborde en apoyo cuando peleen y eventualmente esté dispuesto a viajar y comprar sus PPV si alguno de ellos llega ese nivel. En días recientes conversé sobre esto con Gardy López, encargado de Top Rank en Puerto Rico y quien fue fundamental en que la figura de Félix verdejo se convirtiera en la principal atracción del país en un momento dado antes de que sus propios problemas lo estancaran como peleador. Ojalá y este pedido no caiga en oídos sordos, pues una nueva cepa de peleadores boricuas tendría un efecto grandísimo en el entusiasmo de una fanaticada que actualmente anda buscando figuras y no se ve representada en Bimbito Méndez, único campeón boricua masculino de la actualidad. Ha llegado la hora de traer a todos esos muchachos a pelear en casa.

Pedro Sánchez ganó las elecciones, perdiendo

Por Victor Arrogante

Hoy (domingo, 1o de nov.) ha sido el día de la encuesta definitiva. Mucho hemos hablando de los resultados de estos cuartos comicios celebrados en los últimos cuatro años, sin que los responsables políticos hayan puesto de acuerdo para formar gobierno. Me temo que estos resultados ayuden a estabilizar la situación. Ninguno de los bloques ideológicos obtiene la mayoría absoluta, lo que no augura nada bueno. Ha quedado patente que la decisión de repetir las elecciones fue una temeridad y los resultados un desastre para todos y más para quién tomó la decisión de convocarlas, que debe asumir su responsabilidad; conociéndole no o hará.

El PSOE gana, Vox se dispara y Ciudadanos se hunde en unas elecciones que complican aún más la gobernabilidad. Por primera vez, una agrupación de electores de Teruel consigue entrar en el Congreso. Resumiendo: ha habido una participación del 69,87%, algo menos que en el 28 de Abril. El PSOE ha ganado las elecciones perdiendo 3 escaños; el PP gana 21; y la extrema derecha asciende a la tercera fuerza con 52; hecatombe de Cs que cae hasta los 10 escaños. Unidas Podemos, con 26, pierde 7 escaños, que se van a las otras confluencias y a Más País que entra en el Congreso.

Tras su desplome en abril, el Partido Popular ahora recupera casi una veintena de escaños (de 66 a 88) y alcanza el 20,81% de los votos, por lo que Pablo Casado se ve ratificado como alternativa a Pedro Sánchez. Ciudadanos se hunde y pasa de tercera a sexta fuerza política, mientras Rivera anuncia un Congreso extraordinario que resolverá si sigue como líder; no parece comprensible que se esconda tras diez escaños durante una legislatura; su hundimiento alcanza a Catalunya que consigue dos escaños. El PNV refuerza su victoria al lograr siete escaños, uno más que en los comicios de abril.

Las elecciones generales le han dado a Esquerra Republicana de Cataluña, 13 escaños, uno menos que en los comicios del 28A, pero suficientes para mantener el liderazgo en Catalunya y volver a ser clave en un posible gobierno de izquierdas. El independentismo catalán mejora sus resultados. La suma de ERC, Junts per Catalunya y la CUP da 23 escaños, uno más que en los comicios del 28A. En general, estas elecciones han servido para que la derecha se refuerce y para que tengamos una extrema derecha de las más fuertes de Europa; todo un logro político para quién las convocó.

Vamos ha hacer una retrospectiva de lo ocurrido los últimos días. Las encuestas y sondeos coincidían en sus premoniciones, salvo la gran encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas que se desmarcó de todas. El último día en el que se permitió publicar encuestas y sondeos fue el pasado día cuatro de noviembre. Ese mismo día por la noche, tuvo lugar el debate que protagonizaron los cinco principales partidos políticos: PSOE, Unidas Podemos, PP, Ciudadanos y Vox. Cada una de las encuestas, si bien estimaban resultados distintos, había un común denominador; nada estaba garantizado para que el bloqueo político vaya a terminar después de las elecciones. Y viendo los resultados parece que las cosas han ido por este camino.

Los datos del último Barómetro de Octubre del CIS, le otorgaba una amplia victoria al PSOE (133-150 escaños) con la que podría pactar tanto con Ciudadanos (27-35) como con Unidas Podemos (37-45) o el Partido Popular (74-81) y alcanzar la mayoría. Teniendo en cuenta estos posibles resultados, podría formarse una gran coalición entre el bipartidismo, que facilitaría un Gobierno de sobrada mayoría absoluta (176). Según los datos del CIS, la derecha no sumaría de ninguna de las maneras la mayoría absoluta. Nada ha resultado ser como pronosticó el CIS. Todo ha resultado ser una falsedad más y una manipulación de la opinión pública de máximo alcance.

La estimación de voto y escaños, según el promedio de las encuestas, publicado el último día permitido, relacionándolas con los resultados del 28A, resultaba ser el siguiente: PSOE 121 escaños (-2); PP 96 (+28); UP 32 (-10); Cs 15 (-42); Vox 44 (+20); Más País 3. Con estas estimaciones, las dos opciones con más apoyo para el día después, sería de un Gobierno monocolor socialista y un pacto PSOE-Podemos. Si los relacionamos con los resultados, podríamos decir que ha sido todo un pleno de bingo.

Permítanme que haga memoria sobre algunos de los procesos electorales que ocuparon buena parte de la historia de España hace unos años, con algunas semejanzas con la historia actual. Me remonto al 12 de abril de 1931, cuando la ciudadanía eligió a los partidos republicanos y socialistas, contra los monárquicos que dieron la espalda al rey. Las elecciones, que se habían convocado para consolidar el sistema y conseguir mayor apoyo para la monarquía, resultaron ser la perdición. La monarquía era un símbolo de decadencia y republicanos y socialistas, decidieron convertir las elecciones municipales, en un verdadero plebiscito, sobre la continuidad de la monarquía en España. No se consiguió el objetivo de consolidar el sistema, sino derrocarlo. Pedro Sánchez, con la convocatoria de elecciones, no ha conseguido consolidar su posición sino debilitarlo; el ansia del poder hace perder la razón en cuanto se aleja de la realidad.

Con la proclamación de la República y la celebración de elecciones legislativas el 28 de junio de 1931, se inició un proceso constituyente. El Estado republicano quedaría legitimado democráticamente por las elecciones y la probación de la Constitución. La primera vuelta electoral, se celebró el 28 de junio. Se presentaron candidaturas por la Conjunción Republicano-Socialista, compuesta por el PSOE, los radicales de Lerroux, los radical-socialistas, la Derecha Liberal Republicana de Alcalá-Zamora y la Acción Republicana de Azaña. Cada partido se presentaba con su propio programa. Las elecciones dieron el triunfo a la Conjunción Republicano-Socialista. La derecha y el centro republicanos quedaron reducidos a un papel testimonial, en tanto que la derecha monárquica sufrió un serio revés. Algo parecido a lo que le ha ocurrido a Ciudadanos, por sus vaivenes y oposición a Pedro Sánchez.

El 19 de noviembre de 1933 se celebró la primera vuelta de las segundas elecciones generales. Fueron las primeras en que las mujeres ejercieron el derecho al voto. Las elecciones dieron la mayoría a los partidos de derecha y centro-derecha, quienes procedieron a desmantelar la obra reformista del primer gobierno, dando comienzo al denominado bienio negro entre 1933 y 1936. Con los resultados de las elecciones de hoy, con unos resultados tan estrechos, el peligro del desmantelamiento de derechos y libertades, puede hacerse realidad, trasladándonos a pasados tiempos oscuros.

Los días 16 y 23 de febrero de 1936 se celebraron las terceras elecciones generales, y últimas de la República. Se enfrentaban los dos bloques históricamente irreconciliables. Una coalición de izquierdas de republicanos, socialistas y comunistas, se agruparon en torno al Frente Popular. Su programa preveía amnistiar a los represaliados políticos y poner en funcionamiento la legislación reformista suspendida durante el bienio anterior. Los resultados dieron la victoria al Frente Popular, contra los partidos de la derecha, aglutinados en torno al Bloque Nacional. Comenzaba el principio del fin. Desde entonces no hemos vuelto a tener en España un jefe del Estado elegido en las urnas.

Según el artículo 69.7 de la Ley Orgánica 5/1985, del régimen electoral general, “Durante los cinco días anteriores al de la votación queda prohibida la publicación y difusión o reproducción de sondeos electorales por cualquier medio de comunicación”, por lo que en España no se ha podido publicar ninguna encuesta ni sondeo; pero como cada año, con información procedente de medios extranjeros, hemos podido conocer como va el estado de la cuestión. El Periòdic d`Andorra ha venido publicando hasta seis entregas del `tracking´ preelectoral del GESOP, para conocer la evolución de los votos y los escaños en el Congreso de los Diputados.

El independentismo catalán, según El Periòdic estaba en condiciones de mantener su hegemonía en Catalunya, como ha ocurrido, pero frenando el ascenso. ERC conservaba sus expectativas de obtener 12-13 parlamentarios. A la victoria de Esquerra habría que sumar los 6-7 escaños que conseguirían JxCat y los 3-4 diputados con los que debutaría la CUP. Así, las fuerzas secesionistas podrían obtener la mitad de los 48 escaños catalanes en liza.

El PSOE+UP+MP, han conseguido 148 escaños, frente al trifachismo (que ahora se convierten en dos) PP+Vox+Cs, han conseguido 149); lo que se dice un empate técnico que nos aboca, posiblemente, a otro bloqueo, que es lo que se pretendía superar con la convocatoria de las elecciones. El PSOE podría gobernar con UP+PNV+ERC; de esta forma se podría avanzar en una solución al problema territorial; pero conociendo el percal, me temo que no podrá ser.

Gana el PSOE, se debilita un poco más la izquierda, la extrema derecha se alza en su máxima expresión, el PP eleva su poder, se hunde Ciudadanos y se mantiene la fortaleza del independentismo lo que hace la gobernabilidad aún más difícil, casi imposible. Creo que el mejor fichaje que ha hecho Vox en este camino electoral ha sido Pedro Sánchez. El PSOE con su afán de repetir las elecciones ha conseguido pasar los escaños de Ciudadanos a la extrema derecha de Vox.

Pedro Sánchez ha ganado las elecciones por la mínima, dando la victoria de hecho a la derecha y a la extrema derecha unida, sin convencer con sus argumentos. Quería gobernar en solitario como un caudillo y la ciudadanía no se lo ha consentido. Vino a por lana y salió trasquilado.

Me temo que mientras sigan las mismas caras mandando en los partidos, la situación política seguirá siendo la misma. Nuevo bloqueo o trágala. Al tiempo, espero, verlo.

Reproducido de www.cubarte.cu