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Una mirada a nuestros principales peloteros en Las Mayores

Carlos Correa

Por Javier Guaní Gorbea

Especial para CLARIDAD

Desde hace algunos años, no es secreto que el número de peloteros boricuas en Las Mayores ha disminuido; pero no así su impacto. Al cumplirse un tercio de la temporada de Grandes Ligas, vale la pena mirar el desempeño de nuestros principales peloteros en sus equipos en este momento de la temporada.

Correa ha reencontrado su swing

Al principio de la temporada, las preguntas en cuanto a si el swing de de Carlos Correa regresaría del todo persistían. Este venía de una peligrosa lesión en la espalda, y su swing en abril no parecía estar al 100 por ciento. Pero según la salud ha mejorado, sus números también. Al momento de este escrito, éste batea 295, con 11 jonrones y 35 carreras impulsadas. Houston, pese a haber abierto una larga brecha de sobre seis juegos sobre Oakland, necesita que Correa continúe produciendo, pues actualmente se encuentran lastimados el venezolano José Altuve y el primer bate George Springer.

Se ha estancado Kike; pero no los Dodgers

Tras tener unas primeras tres semanas de ensueño, el bate de Kike Hernández se ha enfriado. Aun así, Hernández marcha con 23 carreras impulsadas y su versatilidad para jugar diferentes posiciones lo siguen convirtiendo en una pieza valiosa mientras su equipo se sigue despegando en la División Oeste de la Liga Nacional.

Berríos y Rosario han cargado a Minnesota

Aunque se esperaba que los Mellizos batallaran contra los Indios de Cleveland en la División Central, ha sido sorpresa que tenga el mejor record de Las Mayores. Sin duda, dos de los principales razones han sido el lanzador José Berríos, con marca de 7-2 y efectividad de 3.20, y Eddie Rosario, que está segundo en cuadrangulares, con 16, y entre los primeros tres de la liga en carreras empujadas.

Báez mantiene a los Cubs en el puntero

En una división que se perfila que será la más cerrada de la Liga Nacional, Javier Báez (quien llegó segundo en la votación del MVP el año pasado) sigue demostrando su valía liderando el equipo en hits, bateando ceca de los 320, con 14 jonrones y 35 carreras impulsadas. Cabe resaltar que esta es la primera vez que Báez se ha solidificado jugando una misma posición estableciéndose como campo corto donde tendrá una buena oportunidad de ganar un guante de oro, además de que sigue demostrando una manera genial de jugar el juego que no se veía en las Grandes Ligas desde la época de otro boricua, Roberto Alomar.

Yadier tiene a San Luis en pelea 

Yadier Molina presenta números parecidos a los que ha promediado para esta época en su carrera (6 jonrones y 25 impulsadas), pero su impacto en el juego va mucho más allá de sus números estadísticos, pues como receptor, este lleva el juego. Recordemos que su manera de llevar el picheo dirá si los Cardenales tendrán alguna oportunidad de meterse en pelea con Milwaukee y Chicago.

Lindor puede haber llegado demasiado tarde

Aunque quedan más de 100 juegos de la temporada, cabe preguntarse si las 2 lesiones que aquejaron al campo corto boricua al principio de la temporada y por el que perdió cerca de 20 juegos, así como las lesiones a algunos de los principales lanzadores, han hecho demasiada empinada la cuesta para los Indios, por lo menos para la división, pues como estos han venido jugando, es poco imaginable un colapso de Minnesota 

 Lindor, con 7 jonrones 16 impulsadas, y Roberto Pérez, como receptor suplente, con 6 Jonrones y 15 empujadas, han impuesto sus números. Está por verse si pueden meter a Cleveland, por lo menos, en la guerra del comodín.

Los Mets han sido una decepción

Cuando los Mets de Nueva York cambiaron por el dominicano Robinson Cano y el boricua Edwin Díaz se esperaba que estos contendieran. Pero, pese a que Díaz está teniendo una gran temporada con marca de 1-2 ,con 13 salvados y una minúscula efectividad de 1.71, no ha podido lanzar en tantos juegos como se esperaba, pues el picheo iniciador que se esperaba fuera el fuerte del equipo no ha respondido. Díaz hace su trabajo, pero no es mago, y los Mets se ven con poca posibilidad de hacer ruido en la División Este.

Sorpresivo el bateo de Vázquez

Los campeones defensores de los Medias Rojas de Boston, comandados por Alex Cora, tuvieron un comienzo de temporada desastroso. Estos han podido enderezar el rumbo en el último mes y se han metido en la pelea de la división y el comodín. El picheo ha empezado a responder y el bateo siempre estuvo ahí. Pero lo que ha sido sorpresivo es la producción ofensiva de su receptor Christian Vázquez. El boricua siempre ha sido considerado un receptor defensivo y nunca había bateado más de 5 jonrones y más de 32 impulsadas en una temporada (ya tiene 19 impulsadas y 7 jonrones). Si mantiene ese paso podría conectar cerca de 20 cuadrangulares y empujar cerca de 80 carreras. De hacerlo, se convierte en otro out difícil de Boston, que ya de por sí tiene una gran ofensiva y, pese al mal comienzo, debe estar en la pelea hasta el final. Sin duda, son pocos los boricuas en Las Mayores, comparado con otras décadas, pero su impacto en sus equipos es de liga mayor. De eso que no le quede duda a nadie.

Los zapatos contra la necropolítica

Por Rafah Acevedo/En Rojo

Sí, valdría la pena estudiar, clínicamente, con detalle, las formas de actuar de Hitler y del hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo XX, que lleva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en si, sino en crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora sólo concernían a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África.

Aimé Césaire, Discurso sobre el colonialismo

Pero al lado de Polonia, de Irlanda o de Armenia, otra cuestión nacional, ‘incivilizada e inculta’, se agitaba en África, en Asia y en América. Millones de individuos, pertenecientes algunos a pueblos de historia milenaria, sufrían la opresión nacional más espantosa. Nadie reparaba en ellos, nadie los creía dignos de inspirar un discurso en el mitin o en la cátedra. ¿Qué burgués liberal con suficiente estima de sí mismo se hubiera dignado levantar la voz por los indígenas ‘bárbaros’ o los negros ‘bestiales’? Para que las burguesías europeas redondearan sus negocios, los negros, los amarillos y los indios debían morir en las ‘colonias’. Y como las metrópolis imperialistas más opulentas entregaban de cuando en cuando a los obreros ‘blancos’ los relieves de su mesa, fue cundiendo entre la ‘aristocracia’ del proletariado y entre los teóricos de la socialdemocracia un despego cada vez más acentuado por todas las cuestiones relativas a la liberación de los pueblos coloniales. 

Aníbal Ponce, La cuestión nacional y la cuestión indígena

Leo estas dos citas que publica Rui Costa en sus redes sociales y no tengo otra reacción que no sea una combinación de rabia y tristeza. Si usted lee sin apasionamientos, haciendo un análisis objetivo en una situación objetiva, ¿no parece que se refieren Cesaire y Ponce a Puerto Rico? ¿Son precursores de Foucault, la biopolítica y la necropolítica?

Hace un año, Gloribel Delgado y yo, movidos por un sentido de urgencia, realizamos un performance frente al Capitolio en el Viejo San Juan. Nos parecía que, pasados ocho meses del huracán María, el silencio del gobierno colonial (Ricardo Roselló) y del gobierno norteamericano (Trump), en torno a las miles de muertes ocasionadas por el fenómeno atmosférico, era, cuando menos, indigno.

A través de Facebook convoqué a realizar una instalación de zapatos qu representaran a los muertos. Gloribel Delgado se unió inmediatamente al reclamo y en 48 horas se decidió que un viernes, 1ro de junio de 2018, se realizaría el homenaje silencioso usando la plaza norte del Capitolio como espacio de expresión pública. Era la primera vez, ¡la primera vez!, que se realizaba un recordatorio popular a los fallecidos. La respuesta fue de tal magnitud que a instalación y performance continuó hasta el domingo 3 de junio en la tarde. 

¿Cual fue la respuesta del gobierno? Primero la burla y el cinismo cruel a través de la Oficina de la Primera Dama. Ofrecieron libretas y mochilas a los niños. A esos mismos niños azotados desde antes por el huracán Keleher. Al tercer día, de manera bochornosa, se presentaron a la instalación con un equipo de fotógrafos y una actriz/funcionaria que pretendía ser una corredora que pasaba por allí.

¿Es ese trato inhumano un caso aislado? Por supuesto que no. Desde antes de María hay un patrón de política económica que amenaza la vida de miles de ciudadanos. Achille Mbembe propone un análisis de las prácticas sociales a partir del necropoder. Es la negación de la vida. Los ciudadanos actúan como muertos vivientes, zombis del neoliberalismo. Y para nosotrros en la colonia, nos resulta muy faminilar porque la imagen del zombi recorre nuestra literatura desde Tapia (s.XIX) hasta hoy.

Para Mbembe, la necropolítica es una concepción del poder en la que el soberano puede decidir quién debe vivir y quién debe morir en un determinado momento a partir de intereses económicos particulares. Los seres humanos, como sucedió en los meses posteriores a María y aún hoy como plan de desarrollo, son vistos como mercancías. La vida y la muerte vida la deciden los gobernantes. ¿Qué podemos decir cuando se acaba con el sistema de salud pública? ¿Qué pensar cuando se aumentan artificialmente los costos de las medicinas y los tratamientos? ¿Qué opinar ante la migración de cientos de miles? Política y muerte. 

Desde la perspectiva de Mbembe el poder de dar muerte es una parte central en la concepción moderna del poder y en la actualidad cobra importancia en tres sentidos: el primero, se decide quién debe vivir y quién morir. La decisión, por supuesto, tiene un enorme componente clasista. Además, es la administración del estado quien decide a quienes se excluye del proceso y a quienes se incluye. Por último, no se dejan morir a miles para ocupar un territorio a través de una guerra o un ejército. Más bien se decide la vida o la muerte a partir de la utilidad económica de unos individuos, una clase o una comunidad. Dejar de hacer lo que corresponde, abandonar, hacerse de la vista larga, son mortales. 

Hoy, la crisis se ha sofisticado. La política de muerte se ha normalizado. Se pierden los hogares (ejecución de hipotecas) y se pierden los derechos sobre el propio cuerpo (aborto legal y seguro; derechos del envejeciente; terapias de conversión).

Un ejemplo de la necropolítica aplicada a las poblaciones suelen ser los programas sociales que dejan de funcionar en sectores pobres (¿para de- jarlos morir?), porque no hay presupuesto economico que los sostenga. Por lo tanto, se excluyen de la economía nacional e internacional y el Estado actúa, como decíamos, como el administrador o gerente decidiendo las escisiones de lo que debe vivir y de lo que debe morir. 

¿Por qué la imagen del zombi? Porque los que estamos vivos (sobreviviendo) tenemos constantemente que lidiar con amenazas a nuestro retiro digno, a nuestra salud, a nuestra educación, a la alimentación sana, a respirar aire puro. A pesar de estar vivos, las cenizas, el abandono, la pérdida del techo, la capitalización de las relaciones humanas, pueden hacernos sentir como muertos vivos. A veces, ya en el ámbito metafórico de la ciencia ficción, somos apenas partes del engranaje de la maquinaria capitalista. 

¿Cómo nos enfrentamos a la necropolítica? No es una tarea fácil. Pero no tenemos otra alternativa que resistir. Decenas de comunidades se han organizado para la vida. Los proyectos agrícolas se han multiplicado. Las propuestas de vivienda y desarrollo cultural han aumentado. El estado, por supuesto, obstaculiza, vende y, en ocasiones, escoge quienes recibirán ayuda y quienes no. Otro modo de resistencia es mantener y recuperar la memoria. Suena cliché pero es imperativo: prohibido olvidar. Eso intentamos hace un año, el 1ro de junio, cuando quisimos ponerle nombre a los 4645 negados por la titerería de Ricky Roselló y el gobierno de Trump.

De aquel día, mostramos algunos nombres, testimonios y homenajes que aún son recopilados. Los reproducimos tal como fueron escritos*: TIENEN NOMBRES

Joyce, murió en su casa sola. La encontraron 4 días después del huracán. Deshidratación la causa. 73 años.

Luis E. Rodríguez Lebrón – Abogado

Richard Delgado, #73, Naguabo, murió porque no había servicio de diálisis. Murió a una semana del huracán por ataque al corazón.

César Posada, Borinquen Towers dice Sr. Planell – Lares, Puerto Rico: murió por la tardanza y negligencia por parte del gobierno.

Aurora del Valle, 81 años. En medio de su quimioterapia, que dejó de recibir. Murió a la semana después de María en su hogar.

Casimiro Bonilla y Arnaldo Rodríguez Bonilla, el primero 1 día después, sin posible atención médica; el segundo el 4 de diciembre por infarto. Sufría una gran depresión.

Abigaíl Marzán Dávila, murió por falta de oxígeno cuando no había luz para su máquina de apnea del sueño. El día antes estuvo llevando suministros a Utuado.

Austria Roche 10/9/2017

Tio Othni, Alzheimer

Don Dimas Ortega

Teófilo Laboy y Evelyn Rivera

Ana Abreu 

Diana Santiago García #973 – Leptosipirosis – 16 de octubre 2017

Rev. José Luis Torres Milán

Romsy Romero

#1,160 – Por la vida de Gloria Otero

#1,172 – Herminia Espada Rosario, descanso eterno

#2,234 Dona Amelie, de Naranjito. Cedro Abajo – 94 años, Sector Calles

de complicaciones al mes de María– diabética, oxígeno. Ella estaba bien.. Yo me quito esta es mi parte.

#1,074 – Angie – Carolina- nunca la comunidad de Santo Cristo de los Milagros va a olvidar tu dedicación y entrega. Gracias por tanto amor. A causa del huracán no se pudo dar la atenciones medicas que necesitaba. Por lo tanto dejo estos zapatos conmemorando tu vida y la mujer grandiosa que fuiste.

#1,092 Eni – Extrañamos. La luz no vino suficientemente a tiempo como para que te quedaran ganas de vivir. Te dejamos unos zapatos para que conste que nuestros pies te trajeron aquí. Te amamos – Irma y Jorge

#1,125 – Jenny – Carolina – Te amamos con todo nuestro corazón hermana del alma. Los nenes te envían un tanto de amor. Papi y mami siempre te recuerdan con lo gran guerrera que fuiste. Gracias por tanto amor y sacrificio por tu Patria. – Tata y toda la familia.

#1,130 –Descansen en paz – Ruth Izquierdo

#142 – El silencio, a veces, se escucha más duro que mil palabras, por eso gritemos, en silencio, en memoria de aquellos que ya no tienen voz – Presbítero.

#895 y #896 L. Salamán – Por los ahogados bajo el fango en Villa Calma, Toa Baja.

#899 – Chole – Por todos los familiares que perdieron a un ser cercano y por Puerto Rico victimas por ahogamiento y diálisis

#932 – En memoria de una persona a quien no conocí, pero sí a sus familiares. En ellos, en su dolor, su indignación, su frustración. Los represento, con amor, honor. – Pilar Guzmán Ríos, Corozal, Puerto Rico

RIP 20-9-2018

#993 – Papi, querendón de esta tierra, falleció antes de el Huracán, hoy me tiró desde el cielo: “Vaya y ponga mis zapatos en alto de apoyo a esta ridícula y nociva situación aquí”, ponemos 3 generaciones; abuelo, padre y Bebé. Todo en memoria de los caídos que no fueron atendidos ni respetados propiamente. ¡Puerto Rico se sigue levantando coño! 

Carlos, Yahaira y Augusto Rodríguez.

Joven empleado de un hospital del área metropolitana de San Juan. Durante el Huracán estuvo acuartelado en el hospital sin receso para descansar. Se infectó con una bacteria. Murió en varias semanas. No recibió la atención médica adecuada. – Mariangely

#1,234 – En memoria a Ángel Luis Cabassa (Freddy) de tus vecinos de la Cooperativa Universitaria de Trujillo Alto. También, en honor a todos y todas los/as ausentes que hoy, más que nunca, están presentes.

#1,239 – En memoria de nuestra mami, abuela, tía, nuestro todo: Idalia Hernández, residente de Fajardo. Te nos fuiste antes de tiempo porque tu corazón no soportó tanta tragedia. Hasta siempre mamita.

#1,234 – Por abuela, el oxígeno no llegó (a tiempo), fuiste víctima de negligencia no por parte de tu familia, sino del sistema de salud. Estos zapatos va por su dignidad. La que no pudo tener su muerte.

#279 – Molly – mi amiga, quien por su condición de salud mental no pudo resistir tanto dolor y falleció de un ataque masivo al corazón. No se le pudo hacer funeral y fue cremada. 

#1,026 – Por, Jesús Juani Coriano – Maestro retirado, padre, abuelo y nombre de Dios, fallece de camino a llevar a un nieto a la universidad, un masivo al corazón, su impotencia ante las situaciones del suceso lo tenían en tensión. Dios fue piadoso ante tanta ansiedad. Se me fue en mis brazos, yo llegué primero que la ambulancia. Te amo papi. 25/oct/17

#1,051 – Roberto Díaz Febus, mueres en solo en tu cama envenenado con los gases producidos por un generador que colocó en su marquesina para sustituir la perdida de electricidad debido a el huracán. En la mañana del día siguiente se le encontró con el control remoto del televisor en su mano y sin vida. Soy la tía de las hijas de él. Margarita López Díaz

*Aunque las cantidades sean discrepantes, sabemos que son muchos mas de 64 muertes a causa de María. El pueblo y familiares nunca olvidaremos a nuestros muertos. ¿Hasta cuándo Puerto Rico?

–En memoria de los fallecidos hoy los recuerdo y es mi deber como ciudadana ser parte de esta manifestación. Mi par de zapatos es el #1,222 y espero que no sea el último. ¡Arriba Puerto Rico!, por nuestros familiares, amigos fallecidos digo presente.– Tairis

–Es una tristeza que no se puede describir, ellos son nuestros hermanos ciudadanos. El atropello social, hace que por una fuente fuera de nuestro país nos enteremos de cuan afectado ha sido nuestro pueblo. Mi zapato es el número 1,226 y espero que ante esta alarmante cifra de muertes, nuestro país despierte. ¡Arriba Puerto Rico!– Darlenis

#747 – Carmen M. Jiménez Rodríguez – Negligencia médica.

#791 – Nydia Morales Pérez – hija, hermana, prima, sobrina, nieta, amiga. Falleció el 21 de diciembre de 2017, 63 años. Después de 51 días en intensivo de Centro Médico, sin poder comunicarse. ¡Tienen nombres! ¡son miles!

*Otros testimonios y homenajes en Proyecto 4645, Facebook.

Foto: Alina Luciano Reyes/CLARIDAD

 

Que hay en un nombre

Por Juan Forn

El único territorio británico que lograron ocupar los nazis durante la Segunda Guerra fue una isla que está mucho más cerca de Francia que de Inglaterra pero, desde tiempo inmemorial, era un desatendido protectorado inglés. Cuando las tropas de la Luf-twaffe desembarcaron en el aeródromo local, se toparon con un paisano que les entregó un papel donde decía: “Esta isla ha sido declarada territorio abierto por el Gobierno de Su Majestad Británica. No hay fuerzas armadas de ninguna especie. El que porta esta carta es nuestro enviado y no habla alemán”.

Fue muy rara la ocupación nazi de la isla de Jersey y su hermanita, la isla de Guernsey. El alto mando alemán entendió rápido la movida de Churchill: había otros lugares de Francia desde donde era más fácil invadir Inglaterra, de manera que las islas quedaron laxamente ocupadas, por no decir ocupadas al pedo, desde 1940 hasta 1944. En la pequeña Guernsey, cuya costa daba a Inglaterra, los nazis instalaron la mano de obra esclava traída del continente para construir fortificaciones antiaéreas y el campo de concentración correspondiente. En la idílica Jersey se acomodó la comandancia y una tropa que cumplía básicamente tareas de policía provinciana. Aunque la presencia nazi era más que visible (dos alemanes por cada isleño), no había Gestapo, y a lo largo de la guerra se registraron novecientos nacimientos de bebés de madre isleña y padre alemán. No se conoce un solo episodio de resistencia armada durante toda la ocupación, pero sí un sonado arresto de dos solteronas francesas que vivían más allá del cementerio, en una casona de piedra frente al mar, que fueron juzgadas y condenadas a muerte por los nazis por sus actividades subversivas.

Durante cuatro años, en los bolsillos, o en el interior de los autos, o incluso dentro de los paquetes de cigarrillos, a los soldados y oficiales nazis les aparecieron papelitos doblados con una leyenda escrita a mano en alemán que decía: “Vamos a perder. El Soldado Sin Nombre”. Aquellas dos francesas eran las responsables. Las encerraron en calabozos separados; las dos trataron de suicidarse, así que terminaron juntas en la pequeña sala de hospital de la isla, con la sentencia de muerte pospuesta hasta que se recuperaran. Pero entonces vino el desembarco aliado en Normandía y la retirada de la isla de los alemanes. Las damas fueron puestas en libertad el último día de la ocupación. Al arrestarlas les habían embargado los bienes, entre ellos una caja llena de retratos fotográficos que encontraron en la casa. Todos los retratos eran de una de ellas, en el reverso de cada copia sólo decía “autorretrato” y la fecha de realización. La modelo aparecía con la cabeza rapada, a veces con el cuerpo pintado de dorado, otras veces calzando guantes de boxeo y camiseta (donde se leía “No me beses, estoy entrenando”), otras veces en posición de loto o hecha un ovillo en los estantes de un ropero, o con los ojos vendados y arrastrando a un gato de una correa. Eran tan hipnóticos esos retratos que el comandante alemán no se atrevió a destruirlos del todo: hizo quemar las copias, pero conservó subyugado los negativos, y así es como se salvó la obra de Claude Cahun, el más perturbador y secreto de los artefactos que dio el surrealismo.

Las dos damas francesas se llamaban Suzanne Malherbe y Lucia Schwob. Lucia era sobrina del gran Marcel Schwob y su historia parece salida de las páginas de esa obra maestra que su tío tituló Vidas imaginarias. Lucia y Suzanne eran hermanastras, se hicieron amantes a los catorce años, cuando las mandaron juntas al Liceo de Nantes. Juntas partieron a París en 1917 y juntas se sumergieron en la bohemia loca, luego de raparse la cabeza y adoptar seudónimos masculinos: Suzanne se bautizó Marcel Moore y Lucia se inclinó por Claude Cahun (que era el apellido de su tío abuelo, el lado más judío de la familia, y el más erudito también: “Llevamos en la frente la marca de Cahun”, escribió el tío Marcel). En la superficie fueron apenas comparsa en el frenesí de aquel período explosivamente creativo: aprendieron el arte del disfraz con la pandilla de teatro experimental Amis des Arts Esotériques, frecuentaban a Adrienne Monnier y a Sylvia Beach en la librería Shakespeare & Co., estuvieron en el nacimiento de la Association des Artistes Révolutionnaires y, cuando André Breton produjo uno de sus típicos cismas, lo siguieron y quedaron del lado de los surrealistas. Incluso hicieron juntas dos libros que combinaban textos y collages fotográficos, pero era ocioso que Suzanne se hubiera puesto seudónimo, porque ya funcionaba como mitad invisible de esa criatura bicéfala que fue Claude Cahun.

Paralelamente a sus actividades públicas, el dúo se dedicó en secreto a hacer esa serie alucinante de autorretratos que, hasta donde se sabe, nunca mostraron en público, salvo camufladas dentro de algún collage en sus dos libros surrealistas. No eran nadie en la escena parisina cuando, en 1937, se instalaron en la isla de Jersey y cortaron todo contacto con París. En aquella casa de piedra con vista al mar, y de espaldas al mundo, siguieron haciendo esas fotos. Digo “siguieron” porque hoy se sabe que todos los autorretratos de Claude Cahun se hicieron con una precaria Kodak de antes de la Primera Guerra, sin disparador a distancia. Suzanne tomaba las fotos en las que aparecía Lucia, Suzanne la ayudaba a maquillarse y a adoptar la posición frente a cámara. Es cierto que eran autorretratos: autorretratos de Claude Cahun. La guerra fue la continuación de su obra por otros medios: se disfrazaban de aldeanos para dejar esos papelitos en los bolsillos o los autos o las oficinas de los alemanes. El día que las soltaron hicieron el último de esos autorretratos: acababan de volver a La Rocquaise, su casa de piedra. Lucia se paró contra el marco de la puerta y miró a cámara, con una insignia nazi entre los dientes. Ya no es la enigmática, desafiante criatura de los anteriores retratos. Tampoco el pulso de la cámara es el mismo. Claude Cahun ya no existe: Lucia y Suzanne se habían convertido en las retraídas solteronas francesas que fueron desde un principio a los ojos de todos los habitantes de la isla.

Nunca volvieron a París. Lucia murió en 1954, en La Rocquaise; salió débil de la cárcel y nunca logró recuperarse. Suzanne la sobrevivió veinte años, pero tampoco se movió de la isla. Siguió haciendo fotos muy de tanto en tanto, de monótonos y desoladores paisajes de playa que parecían siempre la misma foto, hasta que en 1972 se suicidó. Los negativos se descubrieron recién en 1992, en la intendencia de Jersey (que para entonces ya era un paraíso fiscal como las Islas Caimanes). Marcel Schwob escribió una vez que la conciencia de ser no es sino la conciencia de ser distinto, y que la diferencia y la semejanza son puntos de vista. Lucia Schwob y Suzanne Malherbe lo entendieron mejor que nadie y, como el fantasma del Peer Gynt de Ibsen, le hicieron decir a Claude Cahun, la criatura bicéfala nacida de sus entrañas: “¿Quieren saber mi nombre? Me llamo Yo Mismo”.

Tomado de www.pagina12.com.ar. El autor es fundador de la revista Radar de Página 12..

Piedras rojas en Puerto Rico

Por Laurie Garriga/Especial para En Rojo

Hace unas semanas tuve de frente, en ocasiones distintas, dos de los paisajes naturales más impresionantes que he visto en mis treintaidós años. Eran enormes rocas rojas, entre valles y cordilleras nevadas, en sus variaciones encarnadas (areniscas), salidas con violencia de manera horizontal, diagonal, vertical del suelo. No en balde forman parte de los parques públicos más visitados de Estados Unidos. Colorado pregona con orgullo la conservación de anfiteatro Red Rocks y el Jardín de los dioses (Garden of the Gods) como parte de su legado al país y a las generaciones de visitantes.

Por mi reciente y primera visita a las zonas, supe que estas formaciones geológicas tienen millones y más millones de años. Parecen haberlo visto casi todo. Allí se han encontrado fósiles de dinosaurios, de mamíferos gigantes y rastros de aguas ancestrales (antes de la emergencia de las rocas y de las montañas las zonas estaban cubiertas por agua). Allí también han vivido centenas de grupos humanos desde hace más de 10,000 años.

Durante las expansiones imperiales españolas, la corona decidió incorporar a Colorado como un territorio de la Nueva España (Virreinato de México). Con la independencia, México reclamaría a Colorado como región suya (a pesar de estar casi despoblada). Y tras la guerra con Estados Unidos sería botín junto con California, Arizona y Nuevo México, aunque habría que esperar unas tres décadas más para que se incorporara oficialmente como estado en 1876.

En el siglo XIX, poco antes de esta oficialización, Colorado evocaba la imagen de la última frontera. Es decir, una tierra fuera de la ley, un diamante en bruto, el dorado en ciernes, territorio difícil, pero de amplias posibilidades. Ya no el medio camino en las travesías del este hacia el oeste, sino un destino propiamente. Pasarían más campañas por la región: mormones al borde la ley, curiosos, buscadores de oro, otros tantos a la zaga de borrón y cuenta nueva. Llevándose por delante a tribus y distintas comunidades nativoamericanas violentamente desplazadas de sus asentamientos. 

En medio de este berenjenal especulativo, a la región aun no incorporada a la bestia gigante que se iba formando como nación (¿nos suena de algo?) se le acercaban muchos listos para el billete. Colorado, encerrado en sus montañas rocosas, mesetas y rocas rojas, era el lugar perfecto para aprovechar la ausencia de un estado robusto para desarrollar monopolios o para comprar tierras (ya ocupadas y desalojarlas a la fuerza) para el disfrute propio de las maravillas naturales. 

Una camada de comerciantes de la Edad Dorada norteamericana hizo escante, entre ellos, John Brisben Walker. El famoso editor y empresario automovilístico utilizaría las ganancias de la venta la revista Cosmopolitan, cuyo comprador fue nada más y nada menos que el magnate de la prensa William Randolph Hearst, para adquirir el territorio, denominado por los nativoamericanos, como Red Rocks y unas cuantas montañas más del área. Walker aprovecharía la formación natural del lugar para establecer un anfiteatro y celebrar conciertos.

Asimismo, Charles Eliott Perkins, empresario ferroviario, compraría la tierra sagrada del Jardín de los dioses como lugar para su disfrute, esparcimiento y veraneo. Al cabo de los años la legaría a sus hijos. En medio de las medidas de conservación de recursos naturales y parques públicos desarrolladas durante de la presidencia de Theodore Roosevelt, tanto los herederos de Perkins, como los de Walker, terminarían vendiéndole las tierras al estado. Los excesos de la industrialización y la desreglamentación de los suelos norteamericanos habían despertado preocupación en aquel presidente y pronunciaría en uno de sus discursos: “The nation behaves well if it treats the natural resources as assets which it must turn over to the next generation increased and not impaired in value.”

La conciencia de conservación de Roosevelt no fue tan vinculante en Puerto Rico. De hecho, bastante al contrario. Unas regiones se protegían y otras estaban, designadas por el destino manifiesto, a ser invadidas. Tampoco parece haber cambiado demasiado el eslogan del Colorado de entonces y del Puerto Rico de ahora. A casi dos años del huracán María, con la precariedad invicta, una crisis extendida, con una junta de aves de rapiña encima, las amenazas ambientales choretas, un gobierno vil, cómplice y actante, la afirmación es “we’re open for business” para los mismos gansos, de aquí, de allá y de siempre.

Un palacio yaucano

Por Luz Nereida Pérez/Especial para En Rojo

Los edificios son el lodo blando sobre el que nuestros pies pisaron y que con el tiempo se volverá dura materia resistente al olvido.”

Estas palabras del arquitecto Jerry Torres Santiago son a modo de un lema que se reproduce en la contraportada de su libro

El palacio de Alejandro. Arquitectura de la Casa Franceschi de Yauco, Puerto Rico (Lumenros, 2019) 

Se trata de la historia de la construcción, el posterior abandono y el rescate de la que fue la residencia de Alejandro Marcial Franceschi Antongiorgi (1868-1939), conocido familiarmente como Chalí, un hombre de ascendencia corsa, tanto por el lado paterno como por el materno.

Alejandro Franceschi contrajo matrimonio con su prima Lorenza Antongiorgi Franceschi, evidencia de la tendencia a la endogamia típica entre los corsos de la época. La ceremonia se realizó por rito católico y el escritor Manuel Zeno Gandía fue uno de los testigos. La pareja procreó cinco hijos: Francisco (fallecido aún infante), Pedro Marcial, Áurea Elena, Carlos Fausto y Carmen Aída. 

Este eminente industrial y hombre de negocios fue presidente de la Junta de Directores de la Compañía Eléctrica de Yauco, bajo cuyo liderato se puso alumbrado a las calles y residencias de los centros urbanos. De igual modo, Franceschi fundó una de las primeras fábricas de losas del país en Puerto Rico, estableció en 1917 una tienda de piezas de automóviles, tuvo negocio de producción de aceite de coco y fue mecenas de las artes.

El caudal acumulado por sus empresas le facilitó construir la residencia que describe en su libro el arquitecto Torres Santiago, la que marca un “hito en la historia local, no solo por la novedad de los materiales, el diseño y la decoración, sino por la cuantiosa inversión de tiempo y dinero”. Monto que en el 1910 ascendió a $20,650, lo cual equivaldría en la actualidad del 2016 a $504,555.17, cálculo provisto por el autor.

El arquitecto Jorge Rigau señala, en su introducción a este libro, que la casa ubicada en la esquina sureste del Parque Arturo Lluberas, calles Betances y 25 de julio, evidencia “cómo en la microhistoria se transparenta la macrohistoria de un país”, ya que el hogar de un individuo se transmuta en reflejo de la sociedad puertorriqueña, con sus hábitos, preferencias y hasta con sus marcadas diferencias de clase. 

Una vez dedica una sección del libro a delinear la personalidad de Franceschi, el arquitecto Torres Santiago entra de lleno en el desarrollo del proyecto residencial, comenzando por trazar el perfil de su constructor Fernando Trublard-Anneton (1866-1927), contratista natural de Francia y residente en la ciudad de Ponce.

La casa, con 109 años de existencia, es de hormigón armado (algo novedoso en la época en que fue construida) y consiste de un edificio achaflanado con doce columnas jónicas a lo largo de su deslumbrante balcón. Otra de sus novedades consistió en tener un jardín, en lugar de un patio interior como era lo típico en la época, y en contar con un sistema de energía eléctrica integrado al diseño (22 lámparas de techo, 9 de pared, tomacorrientes, caja de fusibles, timbres y el primer sistema de intercomunicación eléctrico en Puerto Rico). Este sistema de comunicación, al igual que las escaleras que originalmente descendían de terraza a patio, es revelador de la separación física entre amos y sirvientes, teniendo estos últimos sus dormitorios y un baño para todos en el sótano de la casa.

Otra novedad de la residencia Franceschi eran los baños de la familia que tenían tuberías de agua fría y caliente, en una época en que los hábitos de higiene comenzaban a valorarse. Contaban, además con la innovación adicional de estar profusamente decorados mediante murales porque, según afirma Torres Santiago, para entonces: “Los baños se convirtieron en recintos de la privacidad y la individualidad donde la persona se entregaba al descanso, el acicalamiento, la contemplación y la ensoñación”. 

La construcción, que tomó de 1907 a 1910, resultó en un “edificio cuya figura provocaba una impresión duradera de belleza clásica y refinamiento”, con losetas isleñas de diversos diseños, mármol en la escalera de acceso a la casa y en los baños, plafón de estaño martillado y pintado, y seis vitrales en los que destaca el estilo art nouveau.

Sin embargo, su “verdadera riqueza, atractivo y excepcionalidad” está en los cinco tipos diferentes de pinturas murales, siendo los más impresionantes los que ubican en el baño principal de la residencia. 

En el libro El palacio de Alejandro, se detallan igualmente los pormenores de su rescate y restauración y cierra con una mirada a la última morada de Chalí Franceschi, un mausoleo en el cementerio de Yauco.

Para que esta edificación yaucana Franceschi Antongiorgi se torne verdaderamente en “materia resistente al olvido”, es preciso desarrollar conciencia de que su conservación, como bien afirma el arquitecto Jerry Torres Santiago, “es parte insoslayable de nuestro deber colectivo hacia las generaciones del porvenir”.