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Sueño de brujas

Me despertó un sueño loco que tuve. Llegaba a un pueblo medieval en el que había un baile —al parecer de disfraces —en un negocio/taberna de dos plantas con interior oscuro, medio tenebroso. Para mi sorpresa, varios familiares cercanos estaban en la fiesta. Mientras me adentraba en el lugar tratando de ubicarme y entender cómo rayos había llegado allí, me interceptó para bailar el hombre momia, que aunque bendado con el típico disfraz de trapo blanco a vuelta redonda del cuerpo, parecía bastante normal. Yo no estaba muy entusiasmada con lo del bailecito porque me sentía ridícula, pero además, algo parecía no andar bien. Había pasado muchísimo trabajo para llegar allí. Crucé plazas atestadas de gente que parecían de otro tiempo, pasillos angostos y apestosos, varios tropezones con baldosas despegadas, patios interiores, copas de oro rebosantes de vino, excursiones de niños escuchas, y yo sintiéndome acechada en todo momento por algo invisible. Pero al entrar en la fiesta, que parecía ser mi destino final, me sentí a salvo. No sé cuantas canciones bailé con el momia, pero el susodicho ya iba adquiriendo sentido de propiedad sobre mi, y cuando me alejaba un poco del barullo reclamaba mi presencia con autoridad. Me cansé de todo aquél absurdo y me fui afuera a tomar aire. Era un callejón comercial con muchos negocios de bebida y ambiente hostil. Yo seguía sintiéndome rara, perseguida. De momento se aparece uno de mis hermanos y me dice que tenemos que volver adentro. Cuando entro, veo al momia dando vueltas con los brazos extendidos. Cual momia de los muñequitos, me buscaba. Ya esta vez sin la soltura del baile, a paso lento, torpe pero con obstinación. Quería atraparme, lo sabía. Me cagué del miedo y empecé a huir corriendo entre la gente y gritando que si no me dejaba en paz lo mataría. Me respondió —a la vez que se destapaba la barriga en la que traía una cara tatuada en color sepia—, que no le importaba, porque él era el Barón del Cementerio, ¡en persona!. Entonces sí que corrí despavorida en busca de cordura hacia el callejón que seguía atestado de gente que creí muerta, porque cual si lo hubiese conocido de toda la vida, sabía que el Baron del Cementerio o San Elías era en algunas religiones caribeñas, el ente que permite el paso entre el mundo de los vivos y los muertos. Quisiera pensar que como tengo Influenza y no pude salir a pedir dulcecitos ayer, que fue noche de Halloween, mi inconsciente y la fiebre se encargaron de regalarme una dulce y espeluznante noche. No me empeñaré en buscarle otro sentido a ese sueño, pues no creo que haga falta. A veces, el que busca encuentra.

Topografía: El poeta y la nación

Amigos muy queridos me advirtieron que no hablara de este asunto porque iba a quedar como una persona anticuada y no sé cuántas bellezas más. Los quiero mucho, gracias. Pero, tal vez, a cierta edad, uno empieza a no tener remedio. En fin, que a veces uno se suelta, dice lo que le hierve por dentro y exclama “que Dios o a quien corresponda reparta suerte”.

Procedo entonces a contar la pequeña historia. Mi amigo y vecino el poeta llegó a mi casa desarbolado con la barba de varios días, muy preocupado. Me dijo que lo habían “acusado” de nacionalista. Estaba dolido no por la palabra que aludía a la idea de nación, sino por su empleo como acusación, lo que implicaba un significado negativo. Recordé inmediatamente una época de mi vida en que ciertos interlocutores con intención de ofensa acusaban a uno de comunista. Recuerdo amigos que no entendían ya que para ellos la palabra comunista era un cumplido no un insulto pues representaba un alto grado de desarrollo del espíritu y del sentido de solidaridad. Pero en fin, sigo con el tema. Me puse a pensar y como médico o abogado que no recuerda bien lo que estudió busqué en los libros más cercanos. El primero fue el diccionario. Leí en voz alta a mi atribulado amigo: “Nacionalista: perteneciente o relativo al nacionalismo 2. Partidario del nacionalismo.” Aunque la definición decía poco, ayudaba. Busqué entonces “nacionalismo”. Otra vez leí en voz alta: “Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia. 2. Ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado.” Esta volvía a decir poco pero decía más que la anterior. Y ya podíamos empezar a pensar, a inventar. (Sí, a inventar, porque sobre todo en este asunto no creo que debamos creer en ciertas “autoridades”. )

Después de leerle las definiciones al amigo vecino y poeta y luego de un largo silencio este reaccionó y dijo: “como Puerto Rico es una colonia no puedo identificarme con su historia, valga la redundancia, colonial, pero sí puedo identificarme o reconocer el valor, la importancia de la lucha contra esa realidad. Por otra parte, si nacionalismo es la ideología de todo un pueblo que quiere constituirse en Estado, estoy totalmente de acuerdo.” Yo le dije que recordara que en nuestro país mucha gente erróneamente pensaba que la noción de nacionalista implicaba la identificación con lo que dijo o hizo el Partido Nacionalista fundado en 1922, al cual se unió Albizu en 1924 y que llevó a cabo la Insurrección del 30 de octubre de 1950. Él me respondió que ya el tema iba para un rollo histórico ante lo cual le recordé: “tú fuiste el que trajiste el lío, ahora hay que desenredarlo.”

Así las cosas, a mi amigo se le encendió la bombilla y tuvo la ocurrencia de decirme: “¿y los que se sintieron puertorriqueños antes que nosotros, qué dijeron?” Me gustó su idea y volví a buscar en los libros. Sé que la verdad o la realidad no es solo cosa de libros, pero debía ayudar a un amigo y eso era lo que tenía a la mano. El amigo y vecino añadió: “antes que nada busca a ver qué dicen los poetas”. Lo miré sonriéndome pues sé que esa es su debilidad o fortaleza, según se mire. Obedecí y leí en voz alta la última estrofa del poema “Insomnio” de Santiago Vidarte (1828-1848), nuestro primer gran poeta, que murió a los 20 años: “Cerca está el puerto. ¿Ves la peña aquella / que está del mar en brazos reposando, / vestida de castillos, rica, bella . . .? / Pues es . . . ¡Poder de Dios, si estoy soñando . . .!” Vaya, me dijo mi amigo, parece que nuestro país, desde el comienzo, es un viaje hacia un lugar que al final resulta ser un sueño, una ilusión, un deseo. Le concedí la razón al vecino y añadí haciéndome el erudito intelectual moderno que había autores que afirmaban que la nación era una comunidad imaginada. Pero él no hizo caso e insistió en que le leyera más de los poetas. Era evidente que se había entusiasmado con el tema y la búsqueda. Y a mí me entró el temor (o el entusiasmo) de que me preguntara si tenía vino o cerveza en la cocina. Entonces leí de José Gautier Benítez (1851-1880), el poeta cagüeño, una estrofa de “A Puerto Rico” que complicaba y enriquecía el tema: “Para poder conocerla / es preciso compararla, / de lejos en sueños verla; / y para saber quererla / es necesario dejarla.” Ahora resulta, dijo el amigo, que la distancia o la ausencia es requisito para querer el país. Sí, le dije, y creo que también se sugiere que la emigración también es experiencia importante para el “amor” o la apreciación del lugar de origen de uno o de sus ancestros.

Después de un largo rato de sacar libros del librero y leer pasajes pertinentes al tema ya se me habían irritado los ojos y, además, estaba cansado de hacer de terapista. En ese momento decidí declarar de forma espontánea y tajante mi sentir sobre el tema. Nótese que he hablado de mi sentir.

Entonces le dije al amigo que el nacionalismo como realidad emocional o psicológica y posición política no se podía limitar a un partido sino que podía ser la verdad de todo un pueblo. Le dije que el país donde uno ha nacido si bien es obvio que es punto de partida nada ni nadie prohibe que pueda ser punto de llegada. Le dije que no veía por qué a otras nacionalidades en otras regiones del planeta se les reconoce sin problemas su particularidad, su derecho a constituirse en nación con su propio Estado mientras que a Puerto Rico se le niega. Le dije que, a veces, es irónico que se hable a favor de la diversidad de las culturas nacionales, por más extrañas que sean, mientras que a Puerto Rico no se le reconoce su particularidad dentro de la diversidad planetaria. Le dije que el nacionalismo o la afirmación del derecho a existir y a imaginar y organizar el futuro de un país no equivale necesariamente a una actitud o propuesta violenta, agresiva, patriarcal, xenófoba, racista basada en una visión monolítica, simplista y petrificada de la nación. Le insistí en que no se debía aceptar que otros por ingenuidad o perversidad ideológica definieran los conceptos de nación o nacionalismo en contra nuestra. Me reafirmé en que sí podíamos soñar (como nuestros primeros poetas) con una nación libre y solidaria amada en la presencia y en la ausencia, y que abrazara la diversidad de identidades incluyéndose a sí misma como una cultura heterogénea y cambiante donde podíamos ponernos camisas de todos los colores, incluyendo el negro, sin que a nadie se le ocurriera por eso la tontería de decir que eramos fascistas.

Eso le dije al vecino poeta que se declaró totalmente de acuerdo conmigo y acto seguido propuso muy pícaro que debíamos celebrar nuestro acuerdo.

Ya he contado la pequeña historia. Ahora que los lectores o los dioses repartan suerte.

Llamado a la resistencia

El domingo pasado (28 de octubre), la mayoría de los brasileños escogió para presidente de la República a el candidato de la extrema derecha que promete al país un camino hacia la dictadura militar y el fascismo. Hizo campaña con las mismas palabras que usara Hitler en la Alemania de los años 30. El hecho que, en pleno siglo XXI, un país como Brasil tome ese camino merece estudios y reflexiones que no se agotarán en pocos días.

El discurso de odio e intolerancia ya estaba sembrado en las personas. La derecha solo tuvo que hacerlo aflorar. Aparentemente, en la lucha de la civilización contra la barbarie, la mayoría de los brasileños votó por la barbarie. Los pobres han votado contra sí mismos y solo podrán percibirlo eso cuando sea tarde. Para quien tiene fe, lo más triste es ver que amplios sectores de las Iglesias cristianas (Católica y Evangélica) se han sumado al proyecto del odio y han hecho una gran contribución para la victoria del mal. No es la primera vez que padres y pastores optan por la derecha.

En 1964, apoyaron la dictadura militar en nombre de la familia y de Dios. El resultado de eso, todos lo conocimos. En la Alemania del Nazismo, la mayoría de obispos, curas y pastores evangélicos apoyaron Hitler. Sólo un pequeño grupo de cristianos, coordinados por el pastor Dietrich Bonhoeffer creo la Iglesia de la Resistencia. Parece que en el Brasil actual, tendremos de retomar el espíritu de la Iglesia resistente. Pero de esta vez, será junto con las comunidades de culto afro que serán las primeras a ser perseguidas por el nuevo gobierno (él ya prometió eso). Y las comunidades indígenas tendrán que defenderse para no ser consideradas extintas. Con todas las personas que aman la justicia y buscan un nuevo mundo, tendremos que reorganizar la esperanza y formar los cenáculos de resistencia. Es bueno recordar que en sus inicios, las Iglesias cristianas eran grupos de solidaridad y subversivos en relación al imperio romano. La propuesta de Jesús fue la de plantar las semillas de un nuevo mundo ensayando un nuevo estilo de vida y siendo aquellos/as que creen en el amor. Ese amor de predilección no es solo un sentimiento, sino un camino social de solidaridad y comunión, profecía de un mundo nuevo.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

La ceremonia de los miércoles

Cada miércoles por la tarde, delante de la embajada japonesa en Seúl, un puñado de mujeres coreanas de más de noventa años reclama en vano que Japón reconozca lo que hizo con ellas. Cada vez son menos porque, desde que empezó el reclamo, en el año 1991, han ido muriendo casi todas: hoy sólo quedan treinta y cinco sobrevivientes. Por esa razón, desde el año 2011 se han ido erigiendo estatuas de esas mujeres frente a las embajadas japonesas, no sólo en Seúl, sino también en Hong Kong, Taipei, Yakarta y Tainan, para que su reclamo no cese cuando ellas no estén. ¿Qué hizo Japón, el Japón imperial, con esas mujeres? Las convirtió en esclavas sexuales para su ejército, cuando todas ellas eran menores de edad, entre 1937 y 1945.

La historia empezó después de la tristemente célebre masacre de Nanking. En diciembre de 1937, luego de que las tropas japonesas arrasaran la capital china, mataran más de trescientos mil civiles y violaran ochenta mil mujeres, el emperador Hirohito se escandalizó con sus altos mandos y ordenó que no se repitieran más “semejantes estigmas para la imagen del Imperio” (cito textualmente). Los altos mandos inventaron entonces las “estaciones de consuelo”, unos burdeles militares que debían cumplir tres funciones: dar satisfacción sexual a las tropas, evitar las violaciones de mujeres locales y reducir la transmisión de enfermedades venéreas, ya que las integrantes de estas “estaciones de consuelo” eran sometidas a revisaciones médicas semanales.

El reclutamiento de “voluntarias” comenzó en 1941, principalmente en Corea. Fueron pueblo por pueblo y aldea por aldea.

Amparados en la Ley de Movilización General que regía en todo el imperio, se llevaban las hijas mujeres de todas las familias. Se les decía que viajarían a Japón a colaborar con el ejército imperial cocinando para las tropas, o remendando uniformes, o trabajando de enfermeras. Pero no se las enviaba a Japón sino al frente, donde eran sometidas a un régimen inhumano: vivían apiñadas en las “estaciones de consuelo” sin permiso para salir, mal alimentadas, sometidas a castigos constantes y obligadas a satisfacer las demandas de las tropas, que se incrementaban antes de cada batalla (podían llegar a ser hasta sesenta soldados por noche) porque los japoneses creían que tener sexo antes de combatir los fortificaba y protegía.

El asunto quedó convenientemente silenciado después de la guerra porque los japoneses quemaron todos los registros y, además,porque la gran mayoría de las víctimas murieron (durante la guerra o inmediatamente después, por suicidio o por enfermedades consecuencia de su internación)o no se atrevieron a volver a sus pueblos natales, por falta de recursos o por vergüenza. Recién en 1991, cuatro años después de que se estableciera la democracia en la República de Corea del Sur algunas de las sobrevivientes se atrevieron a contar por primera vez su historia. Una de ellas llamada Kim Hak-sun aceptó relatar su experiencia para un diario coreano: dijo que el calvario no había terminado con el fin de la guerra, que callarlo era casi igual de malo que habérselo confesado a sus familiares porque la escarnecían cada vez que tomaban unas copas. La única solución que veía era unirse, contarlo públicamente. Logró que doscientos cincuenta de sus compañeras se sumaran y comenzaron a juntarse cada miércoles frente a la embajada japonesa en Seúl, al principio con casi nula repercusión.

El debate acerca de la esclavitud sexual en las “estaciones de consuelo” gira en torno al modo en que fueron reclutadas sus integrantes. El gobierno japonés sostuvo durante años que no había habido reclutamiento forzoso, que se trataba de “trabajadoras sexuales con licencia para ejercer y cobrar”, una forma de prostitución legal, como la que regía en su propio territorio. Las sobrevivientes no tenían ningún documento que sostuviera su acusación: sólo podían ofrecer el relato de su atroz experiencia. Pero reuniendo uno a uno esos testimonios se pudo establecer que las “mujeres de consuelo” fueron no menos de veinte mil (y se estima que pueden haber llegado hasta ochenta mil). Luego de que la legendaria jurista argentina Carmen Argibay presidiera el Tribunal Internacional de Mujeres para el Enjuiciamiento de la Esclavitud Sexual, que condenó en diciembre de 2000 al ejército nipón por los crímenes cometidos en las “estaciones de consuelo” durante la Segunda Guerra (Argibay publicó poco después un formidable trabajo sobre el tema en el Berkeley Journal of International Law) se creó en Japón el Fondo de Reparación de Mujeres Asiáticas.

Era una iniciativa privada, orquestada por Yoshiko Yamaguchi, ex actriz chino-japonesa devenida diputada en el Parlamento nipón (hablé de ella en otra contratapa: “La Orquídea de Manchuria”). El resarcimiento sólo fue aceptado por 285 de las víctimas en Corea, China, Filipinas y Taiwan: se le entregó a cada una la suma de dos millones de yens (diecisiete mil dólares). Mientras tanto siguieron las marchas de los miércoles frente a la embajada japonesa en Seúl y de a poco empezaron a repetirse en otras ciudades del sudeste asiático, hasta que en el año 2015 el gobierno japonés aceptó presentar disculpas públicas a las ya ancianas víctimas sobrevivientes, en forma de un nuevo Fondo de Reparación. Lo hicieron a la manera japonesa: con reticencia, afirmando que no habían logrado hallar en los archivos oficiales ninguna prueba concreta de esclavitud sexual en las “estaciones de consuelo”. El Comité por la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas decretó este año que la respuesta de Japón no es suficiente.

Según encuestas recientes, el 70 porciento de la población coreana cree que el asunto de las “estaciones de consuelo” sigue sin resolución, mientras que el 50 porciento de la población japonesa considera que quedó finiquitado en 2015. Lo que hace falta, sostienen mientras tanto las últimas sobrevivientes, es un museo y un centro de investigaciones que nuclee todos los testimonios y documentos posibles antes de que ellas mueran: para que sea el mundo y no sólo ellas quienes pidan explicaciones al Japón. Así las cosas, en los últimos meses sucedió un hecho minúsculo que quizá tenga enormes consecuencias en esa dirección: la coreana-canadiense Emily Jungmin Yoon publicó un extraordinario libro de poemas en inglés, titulado A Cruelty Special to Our Species (“Una crueldad especial para nuestra especie”), en el que utiliza las voces de las sobrevivientes, sus testimonios, para dar a conocer al mundo los detalles y los alcances de aquella aberración.

Ya en el primer poema, titulado “Una desgracia habitual”, Yoon dice: “Han pasado setenta años ya y nadie sabe / nadie dice que éramos niñas / y esclavas / y cuán habitual era esa desgracia”. Cuenta Yoon que, cuando llegó a América, descubrió que nadie conocía la historia de las “estaciones de consuelo” y que muchas veces, hablando con canadienses y norteamericanos, le preguntaban qué pasaba entre Japón y Corea, ¿tan diferentes eran? Ella contesta así en su libro:”Hace muchos muchos años que en Japón / usan la frase jûgoen gojissen para decir coreanos / Una crueldad especial con nuestra especie / porque jûgo suena a morir en coreano / y goji suena a mentir en coreano”. Yoon dice que se decidió a terminar y publicar su libro cuando leyó que, de aquellas cuarenta mil o doscientas mil esclavas sexuales, sólo quedaban treinta y cinco sobrevivientes. Sus poemas, como esas estatuas que hay frente a las embajadas japonesas en Seúl, Hong Kong, Taipei, Yakarta y Tainan, seguirán hablándole al mundo cuando ya no quede ni una sola de esas ancianas para asistir a la ceremonia de los miércoles.

El autor es fundador del suplemento Radar de Pagina 12, periódico argentino, ahora escribe la mayoría de los viernes una columna en la contratapa.

Tomado de www.pagina12.com.ar

Alex Cora nos uniría

Por Zacha Acosta

Querido Elliott:

Siempre quise vivir contigo el momento que estamos pasando en Puerto Rico, con el pana Yankee que ama la Patria y quiere la independencia por Puerto Rico. Contradicciones de la vida, pero así te queríamos Elliott Castro Tirado.

¿De qué momento hablo? ¡Ay Elliott, lo que te has perdido en el parque terrenal por estar de fiesta en las gradas celestiales!

Te informo que el cagüeño Alex Cora se convirtió el domingo, 28 de octubre de 2018, apenas rosando el reloj 11:15 de la noche, en el primer puertorriqueño y segundo latino en ganar una Serie Mundial en las Grandes Ligas. ¿Adivina con que equipo lo hizo? Con los Medias Rojas de Boston. ¡Sííí con tus “Medias Rotas” favoritas!

Cuanto daría por escucharte en la Descarga Original. Te extrañé mucho. No es igual, no puedo mentirme.

Hubiese sido divertido una de esas intervenciones de resúmenes de la Liga Atlética Interuniversitaria contigo para lanzarte el veneno bostoniano. Como este: “¡Ganamosssssssssssss! ¡Puerto Ricoooooooooooooooo CELEBRA a tus boricuas!  #AlexCora #ChristianVazquez #RamónVázquez. Nos dieron lo que los Yankees no podrán tener: el primer campeonato de los #RedSox dirigido por el primer puertorriqueño en una serie Mundial. Esto vale más que 27 campeonatos. Aquí mi veneno ¡Amamos el béisbol!” Lo hice en las redes y de seguro que te lo enviaba por WhatsApp en el momento de su publicación.

Pero… ya vez, no te lo puedo ni textear por irte de pachanga muy temprano. Qué bueno que sigues con vida en mi recuerdo y yo con las mismas intensiones de echarte sal en la llaga o, mejor dicho, hacer leña de tu árbol Yankee caído. Se que me hubiese salido con esta: “Esta muchachita. Joaco, busca la mamá de esta niña. No jorobe más y tiré pa’ lante”.

Fuera de nuestro vacilón quiero compartir contigo un resumen de lo que ha sido este campeonato: el número 9 para Boston y el primero para un boricua.

Alex Cora firma su contrato el lunes, 6 de noviembre de 2017 para dirigir a las Medias Rojas de Boston. Un logro alcanzado por todo lo que se dedicó en sus facetas.

Recuerdas algunos datos, porque todavía andabas por ahí entre nosotros. Si no, te recuerdo los últimos: Cora fue Gerente General de los Criollos de Caguas y los ayudó a conquistar el campeonato nacional del torneo 2016-17 de la Liga Profesional Roberto Clemente Walker y así su boleto de avión a la Serie del Caribe. ¡Doloroso, porque eliminó a mis Indios de Mayagüez!

Para añadirle sazón a su carta de presentación, su equipo, los Criollos de Caguas, le dan el primer campeonato a Puerto Rico desde el 2000 en la Serie del Caribe eliminando a los Águilas de Mexicali, bailando en la casa del trompo, México.

Eso no es todo, va al Clásico Mundial como gerente general con el #TeamRubio en marzo de 2017 y revalidan el subcampeonato.

Siguiendo con la bendición trabajada, los Astros de Houston lo contratan como “bench coach”, ganando primer título en la administración de un equipo con estrellas boricuas con el rival conocido, su primera franquicia como pelotero, los Dodgers de Los Ángeles.

Todo el éxito acumulado lo lleva a las puertas de su contratación con las Medias Rojas. Entró al libro de estadísticas de las Grandes Ligas como el dirigente número 47 y el segundo boricua en tener ese puesto. El primer boricua fue Edwin Rodríguez con los Marlins de Florida. Esta contratación la hizo bajó una petición especial: que la franquicia enviara a Puerto Rico un avión con suministros para ayudar en la sanación del país tras el paso del huracán María el 26 de septiembre del mismo

Todo le salió perfecto. Franquicia inicial Los Dodgers de Los Ángeles, eliminándolos en la serie final, con el equipo que representó en cuatro campañas. ¡Elliott fue magistral su gesta! Aquí algunos detallitos que estarías orgulloso, aunque fueras de los Yankees:

• 2-5 de agosto, usamos la escoba para barrer a los visitantes Yankees del Fenway Park

• 12 de septiembre, 100 victorias para acabar con la estadística de 72 años donde no llegaban a esa cantidad de partidos

• 20 de septiembre, las Medias Rojas aseguran el título Divisional del Este en la Liga Americana tras ganarte 11-6.

• 22 de septiembre, igualan la marca de 105 victorias que habían alcanzado en 1912 cuando ganaron su segundo título mundial frente a los Gigantes de San Francisco.

• 25 de septiembre, rompe el récord de juegos ganados con 106 sin llegar a la postemporada.

En la postemporada, se enfrentan a los rivales “más odiados” los Yankees. ¡Mano!, los Medias Rojas de Alex Cora festejaron en el Yankee Stadium al eliminar a los Mulos del Bronx en cuatro partidos.

El mejor equipo según especialistas de la MLB y poseedores del trofeo de campeones 2017, Astros de Houston, fueron los siguientes rivales. Este tardó un poquito más… en cinco juegos se eliminan los Astros para quedar bacante la silla del reino mundial y ser campeones de la Liga Americana.

Lo demás se fue en cinco partidos: 1ero Boston 8-4 Dodgers; 2do Boston 4-2 Dodgers; 3ero Dodgers 3-2 Boston para un récord de 18 entradas para un partido de Serie Final; 4to Boston 9-6 Dodgers; y, 5to Boston 5-1 Dodgers.

Espera … espera… esto te dará alegría. Los periódicos de mayor circulación del país acapararon a sus lectores con sus portadas dando la buena noticia. Los que no eran fan del béisbol, lo vieron. Los que son Yankees dejaron a un lado, momentáneamente su fanatismo, para felicitar al boricua. Las redes sociales siguen explotando. Amigos colaboradores como Jossie Alvarado sigue #EnFiebre y tiró con to’ los datos de la gesta histórica.

Elliott, nuevamente el deporte une al país. Se respiró felicidad. Se olvidó por un momento todo lo que nos hiere: la crisis fiscal, la corrupción, los politólogos, la criminalidad, las enfermedades, las enemistades y todos los males que todavía cargamos.

Y… yo hice lo que tu hija Elga hubiese hecho contigo: disfrutarme la final con mi papá. Viví este momento con mi viejo,  mi hermano Yankee me felicitó y me expresó su admiración por Alex Cora y mami anda culeca.

¿Qué más podemos pedir? Te contaré mi sueño, uno que compartí con mi papá y me miró incrédulo: Sería tan brutal que Alex Cora fuera el dirigente de MLB con un equipo todos boricuas. Esos segundos de sueños me dieron una mega sonrisa. ¡Quién sabe!

Hasta la próxima, Elliott.

La autora es esgrimista, periodista y mantiene su blog www. la estocada, donde salió publicado este trabajo.