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Ante Consejo de Seguridad de Naciones Unidas China insta a EEUU a detener sus provocaciones a Venezuela

 

Especial para CLARIDAD

 Al criticar fuertemente las acciones militares y unilaterales de Estados Unidos en el Caribe durante una reunión esta semana el pleno del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el Embajador y Representante Permanente Alterno de la República Popular China ante Naciones Unidas instó a Estados Unidos a detener inmediatamente sus acciones contra Venezuela, a evitar escaladas, y a respetar la seguridad de navegación y libertades marítimas.

El embajador Sun Lei dijo que estas acciones infringen la soberanía, seguridad y derechos legítimos de otros países, y violan gravemente la Carta de la ONU y el Derecho Internacional amenazando la paz y estabilidad en América Latina y el Caribe. A su vez defendió la soberanía y rechazó la injerencia externa en los asuntos internos de Venezuela o de otras naciones bajo cualquier pretexto.

Bajo el tema Amenazas a la paz y la seguridad internacionales el Consejo de Seguridad debatió las amenazas actuales a la paz en el Caribe. Según reseñó Telesur Vasili Nebenzia, Embajador y Representante Permanente de la Federación Rusa ante la ONU, advirtió que el bloqueo impuesto por Estados Unidos en las costas venezolanas constituye un acto de agresión cuyas “consecuencias catastróficas” serán responsabilidad de Washington.

Denunció el “bloqueo flagrante” y la injerencia de Washington que amenaza la paz regional y pisotea el Derecho Internacional. Dijo que la Casa Blanca usa pretextos para inmiscuirse en asunto internos de otros estados y sostuvo que el objetivo principal de las acciones es “acaparar los recursos naturales y minerales de otro estado ejerciendo presiones políticas, militares y económicas para derrocar un gobierno que Washington considera indeseable.” Según el embajador Nebenzia las declaraciones del Presidente de Estados Unidos Donald Trump el pasado 16 de diciembre, de que “Hoy estoy ordenando el bloqueo total y completo de todos los buques petroleros sancionados que entran y salen de Venezuela”, no requieren interpretación adicional y evidencian la violación del Derecho Internacional.

Otros países que se pronunciaron en defensa de Venezuela durante la reciente reunión del Consejo de Seguridad de la ONU fueron México, Colombia y Nicaragua.

Durante el debate Venezuela acusó a Estados Unidos de robo de petróleo y bloqueo colonial. En voz de su representante permanente ante Naciones Unidas, Embajador Samuel Moncada, la República Bolivariana de Venezuela acusó en el Consejo de Seguridad que Estados Unidos busca imponer una colonia y apoderarse de su petróleo, según divulgó ampliamente la emisora Telesur.

El embajador Moncada afirmó que la amenaza de bloqueo de Donald Trump es la confesión de un crimen “con el cual el presidente de los Estados Unidos pretende regresar el reloj de la historia 200 años para imponer una colonia en Venezuela”. Afirmó que “La amenaza no es Venezuela, la amenaza es el gobierno de los Estados Unidos”. Según Moncada el crimen admitido por Estados Unidos incluye un bloqueo naval declarado, el robo de 4 millones de barriles de petróleo venezolano y una guerra electrónica en el espacio aéreo. Además, elaboró sobre el hecho que estos actos establecen un precedente extremadamente grave para la seguridad de la navegación y del comercio internacional.

Telesur reseñó, asimismo, que el 20 de diciembre tuvo lugar un segundo acto de la misma naturaleza cuando otro buque que transportaba petróleo venezolano fue sometido por fuerzas militares estadounidenses en aguas internacionales del Caribe para robar la carga y secuestrar su tripulación. El embajador calificó estos hechos como “un robo ejecutado mediante la fuerza militar … peor que la piratería”.

Según Telesur, Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, indicó que este tipo de operaciones criminales continuarán, y el presidente Trump declaró que se quedará con la carga robada.

La reciente reunión del consejo de Seguridad no adoptó una resolución sobre el tema. En otra reunión del Consejo de Seguridad Rusia y China vetaron un proyecto de resolución de Estados Unidos que pedía nuevas elecciones en Venezuela y la entrega sin trabas de ayuda humanitaria a Venezuela.

El presidente Nicolás Maduro apela al pueblo de EEUU

Como Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela esta semana Nicolás Maduro lanzó por los medios un video de cuatro minutos que pide se haga viral con un mensaje dirigido al pueblo de Estados Unidos. En su mensaje el presidente Maduro reseña “la campaña y guerra mediática comunicacional psicológica que se desarrolla contra Venezuela en los medios internacionales, en particular de Estados Unidos, para justificar un golpe de estado”.

Maduro llama a pueblo de Estados Unidos a la conciencia, a la solidaridad y a un despertar para no permitir un Vietnam en América Latina. Reitera que Venezuela es un pueblo de paz que está atendiendo los problemas de la sociedad. También trae a colación que es el país de mayores reservas de petróleo en el mundo, que tiene grandes reservas de gas, oro y otros minerales en todo lo cual EEUU quiere poner la mano como hizo en Irak y Libia.

Al pueblo de Estados Unidos les dice, “Aquí en Venezuela tienen un hermano, soy admirador de la historia de su país que conozco a profundidad desde abajo. Deseo una relación de respeto, cercana, de cooperación. Estados Unidos es mucho más grande que Donald Trump. Vayamos por la vía de la democracia y la paz… evitemos un nuevo Vietnam.”

‘Para decir yo en polaco’

 

 

En 1939, en el Teatro de la Ópera de Posnan, un bailarín remató su solo con dos vibrantes taconazos (la música era una czarda) y para su estupor vio que la gente huía despavorida de la sala mientras el suelo temblaba y los vidrios se hacían añicos. Era un gran bailarín, y lo sabía, pero incluso a él mismo lo sorprendió su fuerza, hasta que cayó en la cuenta de que estaban cayendo las primeras bombas alemanas sobre Polonia.

A los polacos siempre les ha sido difícil diferenciar los hechos individuales y los hechos colectivos en su país. Durante mucho tiempo se dijo que en Polonia no tenían todos los tornillos en la cabeza, pero sí tenían un tornillo extra: el reflejo colectivo de autodefensa como sentimiento patrio nacional. “Vivo en un país que fue inventado hace mil años por los alemanes como un tapón, una muralla de defensa que los protegiera de Rusia. Ese muro se hizo reversible y eso determinó nuestro futuro. No tenemos identidad; tenemos sólo ese reflejo. Ninguno de nosotros ha sabido ser otra cosa que Polonia. Este país no olvida nunca su historia, pero la mayoría de las veces no la entiende”, escribió Kazimierz Brandys en 1975, en extrañas circunstancias. Después de haber participado en la Resistencia durante la guerra, cuando era jovencito, y de apoyar el gobierno comunista posterior, Brandys fue alcanzando la madurez de desilusión en desilusión, como muchos de sus camaradas, o no tantos, ya que la gran mayoría de ellos se fue acomodando con los años en el sistema. Después de la experiencia de la clandestinidad, donde había conocido la distancia mínima que hay entre el heroísmo y la traición, Brandys contempló en la posguerra que las almas se vendían baratas y sin regatear, así se fue edificando en Polonia, ladrillo a ladrillo, el fenómeno colectivo de la desaprobación de uno mismo: “Uno sentía que no había cumplido su deber respecto a la realidad, que no participaba en ella con todo el espíritu. Déjenme dar un ejemplo. El año pasado, en la pensión donde estaba, le robaron a alguien un anillo. Mi primera reacción fue cerrar con doble llave mi puerta. No por el temor de que me robaran algo sino de que alguien dejara el anillo robado en mi cuarto. Se puede vivir así. Sería una exageración decir que vivíamos desesperados. Se vive en la miseria de la imaginación, el propio destino nos aburre como una novela mediocre y ya leída”.

Brandys pertenecía al mundo del teatro. En ese mundo había cumplido sus actividades para la Resistencia y en ese mundo se quedó después de la guerra, relegado a teatros y escuelas de provincia por su falta de empatía con el espíritu colectivo, con el régimen. Devino disidente casi sin proponérselo, hasta él mismo se había olvidado de él cuando se le avisó, en 1975, que había sido invitado a Oslo, a unas jornadas docentes teatrales, una invitación tan menor que el régimen le permitía ir. Al llegar a aquel congreso le pidieron, como a los demás participantes, que llenara un cuestionario de 25 preguntas, que debía funcionar como un curriculum vitae comentado. Era un mero formulario, pero Brandys se tomó cada pregunta del cuestionario al pie de la letra y se puso a contestarlas como si fuera descubriendo, a medida que escribía, por qué había hecho lo que había hecho en cada instante de su vida.

En septiembre de 1943, el joven Brandys hizo entrar a una muchacha en la Resistencia. La chica era una aspirante a actriz que trabajaba en el famoso café Melpómene. Unas semanas antes, un familiar de ella había muerto en Auschwitz. Ella empezó a beber y a buscar hacer contacto con la Resistencia. Brandys le dijo que podía serles útil aunque él mismo era un perejil, porque la chica no iba a durar mucho si seguía exponiéndose así. Así que le hizo creer que ingresaba a la organización y no le dijo nada a nadie y le dio a ella tareas banales que no implicaran peligro, como llevar una valija a la consigna de una estación de tren cercana a Varsovia. Incluso le dio un nom de guerre para que ella le creyera más: Mewa, que significa gaviota, porque ella amaba a Chejov. Todo era perfectamente inocuo, pero en 1944 comenzaron las suspicacias dentro de la Resistencia entre comunistas y nacionalistas católicos. Corría la voz de que había tribunales secretos y ajustes de cuentas. Brandys recibió en un mismo día la orden de someterse a los nacionalistas católicos y un aviso de Mewa de que estaba embarazada. Por llevarla fuera de la ciudad, con unos parientes que tenía en el campo, Brandys incumplió las órdenes de plegarse a los nacionalistas católicos y sobrevivió de milagro a un ajuste de cuentas, y en el caos del fin de la guerra descubrió que sus problemas no habían terminado, cuando algunos de esos nacionalistas virados a comunistas y comisarios políticos lo convocaron a interrogatorio. Lo liberaron casi un año después. Brandys fue a pie hasta la casa de aquellos parientes en el campo y volvió a pie a Varsovia con una bebé en brazos, que crió como si fuera suya porque a la madre se la habían llevado los alemanes a los campos. Esa hija ya tenía treinta años y estaba casada y era todo lo feliz o infeliz que podía ser una mujer como ella en Polonia cuando Brandys se sentó a contestar aquel cuestionario en Oslo en 1975 y se topó con la pregunta: “¿Tiene hijos?”.

Brandys asistió cada día a las jornadas y volvía de raje a su habitación a pasar las noches en vela contestando febrilmente el cuestionario y, cuando llegó el momento de volver, decidió ocultarlo en un doble fondo de su valija y llevárselo a Polonia. El último día del congreso se le acerca un polaco exiliado, que está en viaje de negocios en Noruega, y que recuerda a Brandys de los tiempos de la guerra, cuando lo veía en el café Melpómene. Le cuenta que le llevó años llegar a Canadá desde los campos, pero lo logró, junto con su mujer, dice, y saca una billetera y muestra una foto de familia: él, dos hijos sonrientes y la mujer, que es Mewa. Brandys recuerda al instante una postal anónima que llegó alguna vez hasta sus manos después de rebotar de dirección en dirección, y que sólo decía: “Estoy viva. Olvídenme”. Eran tantos los que pedían eso en aquellos años posteriores a la guerra, que Brandys había creído que la postal no era para él.

Brandys volvió de Oslo a su departamentucho en Varsovia. De aquel cuestionario hizo un libro. Le puso de título: En Polonia, es decir en ninguna parte (que es la famosa frase con que empieza el Ubú Rey de Jarry). Es la historia de un tipo que contesta un cuestionario en una habitación de hotel: el libro es el cuestionario contestado, es una vida, un país, en doscientas páginas. En un momento estremecedor dice: “No soy ninguna excepción, mucha gente aquí vive y piensa así. Todo lo que dije podría ser dicho en tercera persona y no es improbable que esa persona existiera”. Así son los polacos: hasta cuando hablan en primera persona del singular dicen “Polonia”. Sólo así pueden hablar de sí mismos.

 

Tomado de Contratapa, 13 de abril de 2012. Juan Forn fue un gran amigo a quien nunca conocimos en persona (falleció en junio del 2021). Le pedimos permiso para publicar alguno de sus textos. La contestación fue “Publicá todo lo que quieras”. Gran escritor, editor, solidario con otras publicaciones. Lo recordamos siempre.

 

¿Será que ya nadie es trabajador o trabajadora o trabajadore?

 

En Rojo

Digamos que no existen aquellos que no poseen los medios de producción y, por lo tanto, deben vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Postulemos que sus ingresos provienen de salarios y están generalmente en una posición de dependencia respecto a los empleadores. ¿Ya no existen estos seres?

¿Será que ya nadie se nombra o se siente burgués? Pensemos que no existe la clase burguesa que posee los medios de producción, como fábricas, tierras, imprentas, Google y recursos. Imaginemos que en el planeta no quedan quienes obtienen su riqueza mediante la explotación del trabajo de los trabajadores, generando ganancias a partir de la diferencia entre el costo de la fuerza de trabajo y el valor producido.

Si esto fuese cierto, ¿se quedó sin motor el Volkswagen de la historia? En otras palabras, no hablemos de la lucha de clases entre trabajadores y burgueses como un motor de cambio social y político en la historia porque ahora todo se mueve con otro mecanismo.

Entonces, ¿se acabaron las revoluciones? Bueno, la Revolución Francesa, donde los ideales de igualdad y libertad desafiaron el poder de la aristocracia y la burguesía, fue hace un fracatán de años. Y la Revolución Rusa, que buscó derrocar al régimen zarista en favor de los trabajadores terminó en manos de un señor que luego anunciaba Pizza Hut.

¿Negamos que la organización de los trabajadores en sindicatos y movimientos llevó a mejoras en las condiciones laborales, derechos laborales y políticas sociales? ¿Derogamos las leyes que protegen derechos como el salario mínimo, la jornada laboral y la seguridad en el trabajo porque ya no hay burgueses y trabajadores?.

Debemos suponer que no es necesaria la presión de los movimientos de clase trabajadora para que los gobiernos al servicio de las grandes corporaciones implementen reformas que busquen mitigar la desigualdad, como sistemas de bienestar social y regulaciones económicas. Porque debemos suponer que, como ya no existen aquellas clases clásicas, ni existe la lucha de clases, todos, todas y todes hemos alcanzado esas reivindicaciones. ¿No?

Bueno, bueno, sin prisa que voy pa’ lejos. Es verdad. Marx hablaba de la producción industrial y el capitalismo ha evolucionado hacia un enfoque más centrado en servicios y tecnología. Sin embargo, en el sector de servicios, la atención al cliente/consumidor y las plataformas digitales, a menudo se observan condiciones laborales precarias como las de una fábrica de finales del siglo XIX. Digo, por eso de dar fechas lejanas. Hoy, el análisis puede explorar cómo los trabajadores son explotados a través de bajos salarios, inestabilidad laboral y falta de beneficios.

Es cierto que en el mundo digital, el trabajo a menudo no se traduce en propiedad física. Pero se puede analizar cómo las plataformas digitales (como Uber o Amazon) generan valor a partir del trabajo de los empleados sin proporcionarles derechos laborales adecuados. También se puede explorar la creación de «trabajo inmaterial» en áreas como el marketing digital y el desarrollo de software.

La digitalización ha permitido un aumento en la vigilancia y el control de los trabajadores. Un análisis marxista puede investigar cómo las tecnologías de monitoreo afectan la autonomía de los trabajadores y su capacidad para organizarse.

Entonces, ¿lucha de clases? A pesar de las dificultades, los trabajadores en estos sectores están formando nuevas formas de organización y resistencia. Los movimientos de trabajadores de plataformas y los sindicatos digitales ejemplifican cómo se están adaptando las luchas de clase a las nuevas realidades.

¿Hay desigualdad en la democracia digital? tanta como en la norteamericana o en la que sea. Se puede analizar cómo la brecha digital crea desigualdades en el acceso a oportunidades laborales y cómo esto afecta a diferentes clases sociales, perpetuando la desigualdad económica.

Está bien, esto se parece al amor complicado “No le demos nombre a esto”. Si alguien me demuestra que las estructuras de poder y la desigualdad económica no persisten, ni están generando tensiones sociales y políticas ahora mismo, cuando acabo de pedir un sándwich de atún a las dos de la tarde, pues entonces, dejo de repetir palabras y frases como burguesía, trabajadores, lucha de clases. Si tienen nombres más sexy, metan mano.

 

 

El animal que cocino

 

 

  1. El animal que cocino no está ahí. No fue un animal producto de mi caza, sino producto de la especulación del capital. Al ser ausente, no me preocupa su sangre, excepto la que escapa del paquete, y se echa por el fregadero cuando se aboba la carne. Tampoco tengo que trozar, y el descarte es mínimo. Paso de lo crudo a lo cocido sin caza alguna. Sin ritual. Sin ofrenda a dioses.

Sin embargo, devengo animal.

  1. En mi mesa está el plato con la carne. Con el arroz, las habichuelas. Tenedor, cuchillo. Cuchara. Ser civilizado es vivir desde la mimesis del animal. El tenedor, la cuchilla, la cuchara, no sólo son sustitutos del animal depredador. Son correcciones humanas a lo animal, son suplementos que corrigen el animal de nuestro animal, suplen su falta y la nuestra. Con esto quiero decir que el tenedor, el cuchillo y la cuchara son más todavía que la garra. Suplen el animal del animal, y por consiguiente, suplen lo humano como carencia animal de lo animal.
  2. En el restaurante renunciamos al resto, la carne que todavía queda presa entre los huesos. En la casa, y sobretodo cuando estamos solos, el animal urge morder el hueso, maximizar el consumo de la carne, en este caso, cocida. No muy diferente al leopardo que trepa la caza a la rama más alta del árbol, del pájaro que impala su presa en la rama, para comer ahora y guardar para después. En ese después hay una cocción en la carne que se cura bajo el sol, o la sombra. Ah, pero el fuego. No es exclusiva nuestra, simios han logrado el fuego, y han cocinado. Pero hay algo en el fuego y la actividad humana que precisa subrayarse.
  3. La luz eléctrica está donde nos iluminaba el jacho, el fogón, el quinqué. Cuando cocino, abro las puertas para que escape el humo. Pero entonces estoy pendiente al delincuente o al ratón que aprovecha la oscuridad iluminada, y quiera entrar a la casa, al estilo para combatir el tiempo, como diría Lezama. Mi casa es la tesis y antítesis de la naturaleza. Se establece al oponerse a ella. Deviene, así como un niño deviene en caballo. La arquitectura es más viva de lo que queremos pensar.
  4. Suplir, suplemento, suplicio. Eso que suple sufre de la más terrible carencia.

 

 

Alejada de las grandes promociones: Rental Family, Train Dreams, Dead of Winter, The Summer Book

 

En Rojo

Mientras las salas de cine se llenan de lo conocido y seguro ‘hitazo’ (Avatar, Anaconda + algo de horror y religión), me muevo a Popular y Miramar para carteleras variadas y desafiantes. A esto le sumo lo producido o distribuido por las plataformas que nunca llegan a las salas o se van demasiado rápido (aún si han sido elogiadas con nominaciones o escogidas por círculos de críticos). Aquí incluyo uno que vi en pantalla grande y todavía sigue en cartelera, Rental Family, y otros tres en Netflix y Prime: Train Dreams, Dead of Winter, The Summer Book.

Rental Family

Director: Hikari; guionistas: Hikari y Stephen Blahut; cinematógrafo:: Takuro Ishizaba; elenco Brendan Fraser, Takehiro Hira, Mari Yamamoto, Shannon Mahina Gorman, Akira Emoto, Shino Shinozaki, Kimura Bun, Sei Matobu, Misato Morita.

Muchos elementos sobresalen en este filme, pero la facilidad de juntar escenas de comedia con la espiritualidad y respeto cultural del lugar de encuentro de todos estos personajes lo hace destacarse y difícil de encajar en categorías. Brendan Fraser en su papel de Phillip (con otros nombres fabricados para actuar los papeles que le pagan por crear) le transmite la misma sensibilidad que tuvo en The Whale (2022), por la que obtuvo un Oscar + que merecido. Vive e intenta trabajar en Japón como actor y para eso aprende su idioma y sus costumbres por quien tiene un gran respeto y admiración. Puede que siempre lo contraten como el “sad white man”, pero si eso le devenga un sueldo, no tiene problemas con ello (piensen en lo contrario: lo confundido y molesto que siempre está Bill Murray en Lost in Translation; Sofia Coppola/2003). Cuando una agencia que contrata a actores o personas para simular ser lo que sus clientes necesitan en ese momento de sus vidas, le ofrece un trabajo fijo, Phillip acepta sin entender todos los detalles de su actuación.

Así comenzará a conocer a sus compañeros de empleo y a las familias donde se convierte en el novio de la hija que lo menos que quiere es casarse tradicionalmente; el esposo y padre ausente en las vidas de Hitomi y Mia, niña hãfu (hija de japonés y extranjero), que necesita la presencia de un padre para solicitar y ser aceptada en una escuela privada; el periodista serio que interesa entrevistar para un futuro libro a Kikuo Hasegawa un gran actor japonés que pocos recuerdan en el presente. Junto a Phillip podremos captar la belleza y ceremonia de una boda, un funeral, un lugar de meditación individual y la búsqueda del pasado lleno de recuerdos. Estas estampas se humanizan cuando Phillip mezcla lo real con lo creado y su empleo se vuelve otra realidad.

Train Dreams

Director:Clint Bentley; guionistas: Clint Bentley y Greg Kwedar; autor: Denis Johnson; cinematógrafo: Adolpho Veloso; narrador Will Patton; elenco: Joel Edgerton, Felicity Jones, William H. Macy, John Diehl, Kerry Condon, Nathaniel Arcand.

Este filme se expande al abarcar la naturaleza que rodea a los hombres y mujeres que decidieron formar nuevas vidas en bosques y territorios montañosos deshabitados o habitados por comunidades originarias. Comienza en casi la última década del siglo 19 durante la construcción y expansión del ferrocarril y la necesidad de tener hombres fuertes para cortar árboles y crear los nuevos caminos que cruzarían a los Estados Unidos después de la devastadora guerra civil. Y aunque todo el enfoque es en Robert Grainier (Joel Edgerton), la historia se desarrolla a través de la excelente voz narrativa de Will Patton.

El filme es unipersonal porque la única vida que conocemos a través del narrador es la de Robert, casi como si pudiéramos leer sus pensamientos. Su soledad—y la de muchos otros que conoce en su camino tanto en la minúscula comunidad donde se mueve y en los apartados lugares donde corta árboles—es lo que cubre todo y es el silencio el que parece caracterizarlo. Ya sea con Gladys (Felicity Jones) cuando deciden construir para tener una vivencia + estable o con los hombres que trabaja en temporadas, la comunicación verbal es casi inexistente y por eso alguien como Arn Peeples (William H. Macy) sobresale por sus cuentos dirigidos a entretener e informar a los otros trabajadores. Ignatius Jack (John Diehl), originario, es el único “amigo” que lo acompaña cuando todo parece perdido. Pero el silencio es el que impera en la vida de Robert, lo que lo hace difícil expresar su tristeza, confusión y anhelos. Es hermoso presenciar cómo Robert puede sobrevivir sus crisis personales asemejándose a la naturaleza con sus ciclos, misterios y poder de renovarse. Los personajes son como sombras que entran y salen de su vida y quizá nunca vuelva a ver. No hay amistad ni compañerismo, tan solo una persona en medio de la naturaleza. (Netflix; nominaciones Golden Globe)

Dead of Winter

Director: Brian Kirk; guionistas: Nicholas Jacobson-Larson y Dalton Leeb; cinematógrafo: Christopher Ross; elenco: Emma Thompson, Judy Greer, Marc Menchaca, Laurel Marsden, Gaia Wise, Cúán Hosty-Blaney, Paul Hamilton.

Acabando de ver la excelente serie de 6 capítulos de Apple, “Down Cemetery Road”, descubro este filme también protagonizado por la sorprendente Emma Thompson. Aquí interpreta a una mujer que acaba de enviudar y que se prepara para llevar a cabo el último deseo de su marido de tantos años. El lugar es desolado, en plano invierno en esos lugares (para mi) deshumanizantes de Minnesota (recuerden a Fargo, el filme de Joel e Ethan Coen de 1996 y la serie de 2014-2024 que ha sido tan popular). Barb (Thompson) se prepara para ir una larga distancia y tiene la confianza de saber lo que hace y valerse por sí misma. Tiene que combatir la nieve y el frío, pero en ningún momento titubea porque ha vivido bajo estas condiciones con Karl (Cúan Hosty-Blaney y Paul Hamilton) desde que se conocieron, enamoraron y compartieron todos estos años juntos. Son los pocos extraños con quien se encuentra para pedir direcciones que la sacan del espacio conocido. Así conocerá a un cazador en su cabaña en medio de la nada, luego a una mujer sospechosa de todo y a una joven aturdida que no sabe cómo enfrentar la realidad en que vive.

En este lugar tan deshumanizante, revivimos la historia de amor de Barb y Karl, sus largos años juntos, sus vivencias en este lugar tan inhóspito y su promesa de encontrarse nuevamente en este lugar tan apartado, pero de hermosos recuerdos. La otra historia, la que nos remite a Fargo, ocupará el espacio con su crueldad y violencia demente.  (ganadora del premio del público en Varsovia y Lucarno)

The Summer Book

Director: Charlie McDowell; guionista:Robert Jones; autor Tove Jansson; cinematógrafo: Sturla Brandth Grøvien; elenco: Emily Mathews, Glenn Close, Anders Danielsen Lie, Ingvar Sigurdsson.

Esta historia ubicada en los países nórdicos europeos nos presenta un junte familiar que solo se puede dar en el escaso verano donde pueden disfrutar de los exteriores sin pensar en el invierno y encerramiento que exige el resto del año. En estas isletas apartadas de las ciudades, los habitantes pueden alejarse de prácticamente todo lo familiar para pasar semanas casi en comunión con la naturaleza. No la que congela todo, sino la de la pequeña siembra de arbustos, la búsqueda de animalitos escondidos, la pesca casi personal y la lentitud y el silencio que les permite, leer, escribir, crear, trabajar lentamente, contar cuentos reales o inventados y conocer otras facetas de la familia. Se mueven en botes, escalan parajes desconocidos y conversan continuamente.

Son los ojos de Sophia los que nos guían mientras comparte con su padre y su abuela en este apartado lugar donde quiere encontrar aventuras y desafíos. Esto es algo difícil ya que su padre quiere utilizar el espacio nuevo para seguir trabajando y así no tener que pensar en su viudez y su abuela (Glenn Close) quiere rescatar sus recuerdos de este lugar donde ella misma venía de niña. Es un filme lento, hermoso, rodeado de aguas tranquilas y tormentosas a la vez, que definen ese espacio individual y familiar que todxs guardamos en nuestra memoria.