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Juan Mari Brás

JUAN MARI BRAS

Por Antulio Parrilla Bonilla, SJ, Obispo Titular de Ucres

La historia será mucho más justiciera que la actual generación en aquilatar el liderato de Juan Mari Brás, que ha ejercido en casi tres décadas en la política puertorriqueña. Su personalidad y su patriotismo han dejado hondas huellas impresas, que ya son imborrables, ha trabajado para causar cambios significativos en la colonia, y lo ha logrado. Su liderato no ha sido de tipo caudillista –por más que el caudillismo, por lo menos como se manifiesta en algunos rasgos, no acaba de dejarnos, pese a que se han  hecho grandes progresos-, sino que su quehacer ha sido dentro de un equipo de trabajo, principalmente desde el Movimiento Pro Independencia (MPI) y luego desde el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP).

Si Juan Mari Brás sigue como indiscutido líder dentro de su organización política, ello se debe al consenso general dentro del PSP, desde todos los niveles del Partido, tal como son discutidas y analizadas todas las materias en el PSP. El mismo ha querido retirarse de sus altas posiciones, pero siempre ha encontrado el escollo del consenso democráticamente obtenido, que se le opone e insta que siga en su función protagónica.

¿Qué es lo que contiene el carisma de este líder puertorriqueño? Primero, se sale de serie,  pues siempre dice lo que tiene en su intelecto brillante, lo que siente interiormente; está comprometido con la verdad. Segundo, tiene una gran sencillez en el decir, de modo que todos le entienden, aunque no estén de acuerdo con él. Tercero tiene un extraordinario poder de análisis y de síntesis: sus columnas en CLARIDAD lo dicen casi todas las semanas. Cuarto, nunca hace acusaciones si no está bien documentado, y puede probar lo que dice. Quinto, sus profundas convicciones, su sabiduría, su cultura y rectitud, loasen muy elocuente y tiene una admirable capacidad de persuasión.

Juan Mari Brás tiene otras cualidades que pasan desconocidas para el que lo mira solamente desde su vida pública. Privadamente prefiere escuchar más que hablar; a cualquiera le parecería que es tímido. No es tanto timidez como respeto a las ideas de los demás. Sabe escuchar, no solamente oír: esto es precisamente uno de los factores o elementos imprescindibles de diálogo. A cuno no le da la impresión que él quiere llevar la suya adelante, cuando se barajan las verdades de cada quien. Para llegar a tener esta virtud se requieren otras ya adquiridas, tales como paciencia, humildad (como conocimiento propio –nunca apocamiento- como algunos falsamente entienden), serenidad y cortesía (que no es virtud de sólo los burgueses), paz e integridad.

Juan Mari Brás es siempre noticia: sea por lo que dice o hace, o sea por lo que representa dentro del contexto político puertorriqueño. Tiene enemigos: nada menos que todo el imperio de Estados Unidos y los que en alguna forma y por las razones que sean defienden el status quo o su perpetuación. Pero Juan no es enemigo de nadie, salvo de la injusticia, la explotación, el engaño, la enajenación, la rapacidad, la mentira, el eufemismo, la hipocresía… en fin, todas las principales características del dominio y de la dependencia que invariablemente impone el imperialismo.

Mari Brás ya es más aceptado, sin que ello implique comunión con su ideología, que a nadie él le esconde. La razón de esta aceptación es su empeño en la unidad patriótica puertorriqueña contra el colonialismo. En días recientes se ha ganado en la ONU una batalla decisiva –aunque todavía no la guerra- con la Resolución que este año aprobó el Comité de Descolonización. Este año dicho Comité acordó solicitar del Plenario de la ONU, que discuta el caso colonial puertorriqueño. No entro aquí en pormenores acerca de este triunfo de los puertorriqueño; bastante se ha escrito en la prensa. Muy poco más que hay que decir que sea original. Ahora empieza otra importante ofensiva; lograr que Estados Unidos no impida la discusión de nuestro caso en 1982.

Sin que el Comité de Descolonización deje de entender en el futuro, pase lo que pase en el Plenario con nuestro caso colonial, la lucha en la ONU llegó a un punto culminante gracias  al liderado de Juan Mari Brás. Con esto no pretendo restar méritos ni a los demás líderes puertorriqueños que han luchado en la ONU, mucho menos a los que empezaron a roturar el terreno hace varias décadas en la recién creada ONU; e incluso desde antes de crearse este Cuerpo Internacional. Fue el doctor Pedro Albizu Campos quien rompió el cerco colonial durante los años veinte y treinta, e internacionalizó el caso colonial de Puerto Rico, subsiguientemente, mediante el Partido Nacionalista.

Ahora la lucha en la ONU no es de Juan Mari Brás, de Rubén Berríos y de los nacionalistas: tampoco de los demás líderes, que se cuentan por decenas del independentismo. Ahora la lucha es de todo Puerto Rico. El año 1980 marcó en este sentido un importante hito: el año 1981 produjo un cambio cuantitativo. Tan contundente, que ha puesto al Departamento de Estado a preocuparse… que lo está, y muy significativamente. Se ha golpeado duro el corazón del imperio y se oyen las repercusiones.

Los movimientos de “diálogo” y de “descolonización” que se empiezan a percibirse en la colonia es una de las más claras señales de la contundencia del golpe que se ha dado al imperialismo. El mentado “diálogo” no tiene ni pizca de eso, de diálogo, pues el primer paso en cualquier diálogo formal es sentar las reglas del juego por l os mismos dialogantes, no por quien represente la colonia o llame al diálogo. Además, se puede uno preguntar ¿por qué se excluye de cualquier diálogo políto a Juan Mari Brás? ¿Por qué no tiene Partido? ¿Por qué es minoría? Todas estas razones que se dan son argucias; es Juan Mari Brás quien mejor comprende toda la intríngulis subyacente en toda esta cuestión.

No puede hablarse de descolonización en Puerto Rico sin que se hable de la reciente Resolución del Comité de Descolonización; ni dialogar sin las ricas aportaciones de un político formado precisamente en el diálogo. Por haberse fraguada en las luchas más duras. No hay puertorriqueño ni residente puertorriqueño que se declare abiertamente independentista que no tenga el FBI, en la CIA y en las agencias de espionaje de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Juan Mari Brás logró obtener su récord en el FBI, y hemos descubierto su valía por el ensañamiento con que lo ha acosado.

Si alguno ha tenido que sufrir (lo ha hecho con gran entereza) por ser independentista, por ser socialista y por ser marxista en nuestra patria, es Juan Mari Brás. Es sumamente doloroso pensar que uno de sus hijos fue asesinado como una venganza del FBI, para crearle problemas, para hacerle sufrir, para castigarle en donde más torturante es la aflicción, en sus profundos sentimientos de padre. Duele pensar además que este crimen ha quedado impune, pues el gatillo lo apretó el FBI, no el intermediario irresponsable a quien puso la agencia de espionaje. Tampoco en esta cuestión  pretendo ignorar o empequeñecer la grandeza del resto del liderato independentista,  que por serlo, es también es hostigado continuamente por las fuerzas represivas y de espionaje de Estados Unidos y ha tenido que sufrir cárceles, persecución, difamación, marginación y muerte por sus ideales.

Felicito a Puerto Rico por el triunfo en la ONU y por tener a un líder del calibre de Juan Mari Brás. 

Con independencia del régimen II

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás, Especial para Claridad

Ahora, más que en el pasado, es necesario que los independentistas actuemos con independencia del régimen. Lo que está inservible, y listo para echarlo a la basura de la historia, es el régimen colonial que hemos soportado por más de medio milenio. El mundo entero está de acuerdo en la necesidad de darle fin al colonialismo “en todas sus formas y manifestaciones” en todo el planeta, sin más dilación. Hace falta que nuestro pueblo así lo reclame. Cada vez son más los puertorriqueños que se convencen de esa gran necesidad.

Por eso, es necesario promover y hacer efectiva la mayor unidad posible de todo el pueblo puertorriqueño. Los grandes cambios no se dan sin el respaldo de los pueblos. Estemos claros en eso. Pero, al mismo tiempo, estemos claros, en que sin la unidad, o al menos la coordinación, del trabajo y forcejeo de los independentistas no vamos a conseguir que el pueblo se una en un esfuerzo común por la descolonización del país. Para lograr esa unidad mayor, es imprescindible alcanzar la unidad menor, que es la del independentismo. Y para alcanzar esa unidad menor, en la medida en que sea posible, es preciso que todo el independentismo actúe con independencia del régimen. Lo que confunde en sus orientaciones políticas a la mayoría de nuestro pueblo es el acondicionamiento al sistema colonial que ha producido la sumisión al régimen. Los independentistas somos los menos colonizados entre los habitantes del país. Pero eso no implica que no se nos haya infiltrado la colonización en alguna medida. Quinientos años de coloniaje dejan una huella que nos alcanza a todos. Lo maravilloso es que hayamos muchos, en todas las generaciones, que podemos cobrar conciencia de la realidad de que estamos sometidos a un régimen extranjero que nos gobierna sin respeto alguno a la voluntad soberana de nosotros como pueblo. Y más maravilloso aún es que hayamos podido cuajar una nación en la historia, de inconfundible identidad a pesar de haber vivido siempre bajo regímenes coloniales. Esos dos hechos, que nadie puede negar hoy, son los que han salvado a nuestro pueblo de haber sido arrinconados como minorías en su propio espacio, como ocurrió en Hawaii, en Alaska, en Texas y en Nuevo México.

Estamos en el momento propicio para impulsar la gran alianza de los puertorriqueños hacia la completa descolonización del país. Para eso, tenemos que estar claros en varios puntos esenciales.

Primero, el asiento de nuestra nación son las islas habitadas que forman geográficamente a Puerto Rico: la isla mayor, y Vieques y Culebra.

Segundo, los boricuas, no importa donde estén residiendo, son parte de la nación puertorriqueña y tienen derecho a participar en la determinación que hagamos los puertorriqueños para iniciar libremente la redefinición de nuestras relaciones con Estados Unidos.

Tercero, lo anterior no significa que seamos una nación nómada, sin asiento geográfico. Este está muy claramente definido en nuestra ubicación caribeña. Los boricuas residentes en Estados Unidos pueden y deben reclamar sus derechos en las comunidades y el estado, provincial y nacional, en donde hacen sus aportaciones, con su trabajo, a esas comunidades, estados provinciales y estado-nacional, pero tal situación no impide que aporten y contribuyan a rescatar la plena soberanía intervenida en su patria puertorriqueña. Téngase presente que los mexicanos residentes en Estados Unidos no niegan la realidad de que México es una nación diferente a Estados Unidos ni están dispuestos a permitir que ésta sea intervenida por nadie. Lo mismo puede decirse de los polacos, los italianos, o los de cualquier otro origen, residentes en aquel país. No puede ser distinto en el caso de los puertorriqueños.

Cuarto, el ejercicio de la libre determinación es del pueblo puertorriqueño, no del Congreso ni del Presidente ni del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Por eso, el inicio de cualquier proceso dirigido a la redefinición de nuestras relaciones con Estados Unidos es un derecho de los nacionales puertorriqueños y no de los ciudadanos de Estados Unidos, de aquí o de allá.

Quinto, lo anterior es así porque la soberanía de Puerto Rico reside en el pueblo puertorriqueño y no en ningún poder interventor, según lo reconoce el Derecho Internacional vigente, el cual obliga a todos los países y gobiernos del mundo, incluyendo a Estados Unidos. En el caso de dicho país, su propio sistema constitucional así lo reconoce en la llamada cláusula de supremacía de su constitución.  El hecho de que el gobierno de Wáshington mantenga una intervención casi total sobre nuestro país lo convierte en violador del orden internacional proclamado universalmente y así reconocido por su propio estado nacional desde el momento mismo en que proclamó su independencia el 4 de julio de 1776. Los puertorriqueños, y sobre todo los independentistas, no debemos jamás repetir ofuscamiento jurídico de que Estados Unidos ostenta la soberanía sobre Puerto Rico. La realidad jurídica es que suprime, en la práctica el ejercicio pleno de nuestra soberanía por el pueblo, mediante un régimen interventor. Por eso, no hay democracia en Puerto Rico, y es una equivocación decir que aquí vivimos en un sistema democrático.

Sexto, por esas mismas razones, ni el Congreso ni el presidente, ni el Tribunal Supremo de Estados Unidos deben iniciar el proceso de libre determinación de los puertorriqueños sobre nuestro futuro. Ese poder es únicamente del pueblo puertorriqueño. De ahí la importancia de mantener abierto, y abrirlo hasta sus órganos superiores, el foro de Naciones Unidas para ventilar, y fiscalizar, el caso colonial de Puerto Rico en todo momento hasta que cese la intervención indebida de Estados Unidos en nuestro país.

Séptimo, si el Congreso, el presidente o el Tribunal Supremo de Estados Unidos están dispuestos a reconocer el derecho inalienable que tiene Puerto Rico al pleno disfrute de su libre determinación e independencia —que es el que reconoce el Derecho Internacional a todas las naciones del mundo— le daremos la bienvenida a tal reconocimiento. Eso lo deben decidir ellos. No es función nuestra estancar el ejercicio de nuestro derecho y dedicarnos a cabildear por los pasillos congresionales en Wáshington para mendingar tal reconocimiento.

Los puertorriqueños tenemos derecho a esperar que el nuevo presidente de Estados Unidos, y la mayoría Demócrata en ambas cámaras congresionales, rectifiquen la política imperial que han estado aplicando a Puerto Rico por ciento diez años consecutivos. Ahora hay un nuevo gobierno en Wáshington que surgió como decisión del pueblo de Estados Unidos de echar a un lado las políticas torcidas que han llevado a esa nación a lo que podría ser la peor crisis de su historia. Una de las rectificaciones que tienen la obligación de hacer, respondiendo al reclamo de su propio pueblo y de la inmensa mayoría de la humanidad, es sencillamente acatar el Derecho Internacional como norma invariable en todas sus acciones para propiciar la más sana convivencia con todos los pueblos del mundo. Eso incluye el reconocimiento del derecho a la libre determinación y la independencia del pueblo puertorriqueño. 

Octavo, por las mismas razones y la realidad adicional de que los puertorriqueños somos parte del Caribe y la América Latina, más allá del aislamiento político y económico a que nos condena el coloniaje, es un deber de todos los pueblos y gobiernos que forman nuestra América, respaldar en todas las instancias a las que tienen acceso —sin omisiones diplomáticas que tienen el efecto de ayudar a esconder nuestra realidad— el derecho inalienable del pueblo puertorriqueño a la libre determinación y la independencia. Para hacer patente ese derecho, y su respaldo por los pueblos del mundo, es necesario elevar el foro de discusión sobre el caso colonial de Puerto Rico al pleno de la Asamblea General y que allí se ratifiquen tras un debate abierto y profundo las acertadas resoluciones del Comité de Descolonización en torno a nuestro caso colonial. De todo lo demás, nos haremos cargo nosotros. Y nosotros quiere decir el pueblo entero de Puerto Rico.

Noveno, nada de lo que hemos discutido aquí se relaciona en forma alguna con las elecciones y sus resultados que se celebra cada cuatro años en Puerto Rico. No es cuestión de ponernos a discutir una vez más si algún sector del independentismo o de las fuerzas anti-coloniales debe participar o no en dichas elecciones. Lo que manda la realidad inmediata es que atendamos prioritariamente la búsqueda de la mayor fuerza posible en todo el país para hacer valer, aquí y ahora, sin más dilaciones, el ejercicio de nuestros derechos básicos para poder encarar la grave crisis social, económica y política por la que atraviesa el país, y la cuál afecta adversamente a todo nuestro pueblo, más allá de diferencias partidistas e ideológicas.

Es importante que todos tengamos presente que en las elecciones, tanto las pasadas como las que podrían celebrarse bajo el actual régimen, no se está seleccionando a los que nos gobiernan a los puertorriqueños. Estos los selecciona el gobierno de Wáshington, en cuya composición nosotros no participamos por la sencilla razón de que somos una nación diferente a la de ellos. 

Décimo, es importante evitar que nos estanquemos en debates triviales, inconsecuentes e impertinentes, en esta hora histórica que reclama grandes definiciones, sobre las disputas de si el estado libre asociado debe repudiarse o debe ser la base sobre la cuál el sector que lo ha respaldado reclame los poderes soberanos para el mismo que les han sido negados consistentemente por los usurpadores de éstos. Tampoco tiene relevancia alguna detenernos a debatir si la anexión (que aquí sus defensores llaman estadidad) es posible alcanzarla o no. En primer lugar, nuestro pueblo nunca la ha solicitado en los últimos setenta años; y más importante aún, jamás Estados Unidos se la ha ofrecido a los puertorriqueños. Lo cuál indica que se están perdiendo energías en discutir alternativas que, al menos por ahora, resultan ser fantasiosas. Todo lo cuál me lleva a reafirmarme en que la única manea de comenzar a ejercer la libre determinación por parte del pueblo puertorriqueño, por la vía pacífica y no confrontacional, es la de que nos auto-convoquemos como pueblo, en todas sus orientaciones, a una Asamblea Constitucional de Status, como lo ha planteado consecuentemente el Colegio de Abogados de Puerto Rico, con el respaldo de colegiados de todos los sectores ideológicos del país. Es por eso, entre otras razones, que los politiqueros de oficio —que le huyen a ese planteamiento por temor a que si éste se materializa se les termine su festín politiquero,— están tratando de descolegiar a nuestra institución profesional, que es la mayor credibilidad en el país, según todos los sondeos que se han hecho a lo largo de los años.

En cuentas resumidas, por todas las buenas razones que hemos enumerado en éste y el anterior artículo, podemos concluir que la defensa completa de los intereses del pueblo Puertorriqueño nos reclama que definamos una política contra el régimen, fuera o dentro del régimen, pero con independencia del régimen. Eso es lo que propongo que sirva de base al Congreso Pro Independencia que se ha planteado para unir en acciones concretas, ahora, a todos los grupos y personas que integramos al movimiento independentista, de suerte que podamos, a su vez, participar en las campañas específicas que conllevan enfrentar con éxito los graves problemas sociales, económicos y políticos que nos afectan a todos.

Ahora, y en lo adelante, CON INDEPENDENCIA DEL RÉGIMEN.

El nacimiento de CLARIDAD

JUAN MARI BRAS

César Andreu Iglesias y yo llegamos a la Galería Pintadera de Río Piedras tarde en la noche del primero de junio de 1959, muy afanosos por presentar nuestro nuevo producto: un boletín de seis páginas tamaño carta, en papel verde-azul e impreso en un mimeógrafo viejo. Le habíamos puesto por nombre Claridad, en reconocimiento a la sustancia de su contenido. No así a su forma, que se acercaba más a la sombra. 

El boletín se iniciaba, por acuerdo del Comité Organizador del MPI, en tan modestas condiciones, porque César, escarmentado con sus pasadas iniciativas periodísticas y temeroso de nuestro objetivo gigantista, enmendó mi propuesta para que el movimiento iniciara la publicación de un periódico, a los fines de que, al menos en sus comienzos, no pretendiéramos cumplir con los requisitos de producir un periódico, y nos circunscribiéramos a lo único que por el momento podíamos hacer, un pequeño boletín interno de la organización. Así lo acordamos por consenso.

Maura nos regaló un mimeógrafo viejo, pero aún en uso, y nosotros mismos (César y yo) cortamos los estarcidos escribiendo directamente los mismos en una maquinilla Underwood de gratísima recordación. Los titulares los trazó César fungiendo de artista gráfico en el manejo de una plumilla, también directamente sobre el estarcido. No pude ayudar en ese menester por mi temblequera de siempre en la mano derecha.

Sudamos la gota gorda, luego de aprender con muchos dificultades a operar la máquina que —aunque primitivísima si se la compara con las impresoras láser de hoy día —era mucho más complicada en su funcionamiento que las que hoy tiran boletines a colores con la velocidad del rayo. Así pudimos sacar doscientos cincuenta ejemplares de la primera edición de aquel boletín.

Con algunos de ellos en una bolsa, salimos con indescriptible contentura hacia la Galería Pintadera, en la Avenida Ponce de León, allí donde Río Piedras se convierte en Hato Rey. En ella se reunían muchos escritores y artistas boricuas —que empezaban por esos días a organizarse luego de algunos trastornos y pugnas— para una tertulia semanal que les servía para confraternizar y despojarse de las presiones consustanciales a sus trabajos, principalmente en la División de Educación de la Comunidad y el naciente Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Nunca olvidaré la simpática cara de compasión que puso Tony Maldonado cuando alcancé a escuchar a uno de los contertulios que le c comentó al oído con sorna: “¿Ya viste este mamarracho?”, refiriéndose a nuestro boletín, mientras apuntaba con el dedo índice hacia el cabezote del hoy periódico de la nación puertorriqueña. Mi afecto fraternal por Tony ha sido y será siempre de lo más alto desde aquella noche. Fue él quien le dijo a nuestro primer crítico que “lo que César y Juan necesitan es que todos nosotros nos demos a la tarea de montarles el boletín, a partir de la próxima edición”. Así, en un momento pudimos reclutar allí la más amplia gama de los mejores escritores y artistas de Puerto Rico para integrarse a la elaboración de Claridad. El mamarracho inspiró a los artistas a la acción.

El primer año se publicaron veintiuna ediciones del boletín. Del viejo mimeógrafo pasamos a una máquina “offset”, que era por entonces lo más moderno en equipos de publicar pequeños periódicos. Rifamos un automóvil Volkswagen y con el monto de la venta de boletos, menos el precio del vehículo —que nos lo dio a su costo el concesionario para todo Puerto Rico entonces, el licenciado Eladio Rodríguez Otero— pudimos adquirir la pequeña impresora “offset”.

Las ediciones de la número dos a la veintiuno fueron muy desiguales en forma, contenido y periodicidad. La junta de redacción y el grupo de artistas gráficos variaba de edición en edición. Cuando aparecía Rubén Moreira para diseñar, salíamos con un formato muy profesional. Lo mismo ocurría cuando a Lorenzo Homar le daba por hacer caricaturas de Muñoz, Ferré o el obispo McManus, directamente sobre la mesa de emplanaje en la oficinita del segundo piso de la Mueblería La Luz, mientras, al mismo tiempo, mantenía alguna polémica sobre temas muy diversos, con René Marqués o con Millito Díaz Valcárcel. Y, claro está, si Carlos Raquel Rivera venía a estrenar en Claridad algunos de sus grabados más controvertibles —como Huracán del Norte y Elecciones Coloniales— la edición salía echando fuego, con más impacto que una ametralladora.

Las noches de trabajo hasta bien entrada la madrugada en la preparación de Claridad se convirtieron en vívidos conversatorios con participantes de mucha chispa.

Al cumplir su primer año, Claridad tomó el formato de un pequeño periódico y nos limitamos a publicar una edición por mes. Ésta adquirió mayor densidad y número de páginas. Su Junta de Redacción (no había un director) se estabilizó por un tiempo con los siguientes nombres: Lorenzo Homar, Francisco Manrique Cabrera, Norman Pietri, Carlos Raquel Rivera, Antonio Maldonado, César Andreu Iglesias, René Marqués, Francisco Cabrero, Emilio Díaz Valcárcel, Juan Mari Brás, Julio Vives Vázquez y Carlos Osorio.

La edición del primer aniversario tiene tres trabajos en portada. Con titular sobre el cabezote, “Plebiscito a lo Hitler, NO”, en el que se rechaza un anteproyecto de Muñoz Marín para realizar un plebiscito interno (en 1960 no le llaman criollo a los que  no conllevaban compromiso alguno de Wáshington) y se respalda la enmienda propuesta por el legislador independentista Luis Archilla Laugier, para que el mismo fuera supervisado por Naciones Unidas y se efectuara luego de “suspendidas todas las funciones  y autoridad del gobierno norteamericano aquí”. 

Hay una noticia principal de portada una formidable entrevista al escritor ecuatoriano Benjamín Carrión, hecha por nuestro Juan Antonio Corretjer para Prensa Latina, la cual titulamos “Escritor ecuatoriano dice: Coloniaje de Puerto Rico es la herida más honda de nuestra América”. Al fondo de la portada el titular lee así: “Personalidades de todos los sectores independentistas elogian Claridad”. “Es maravilloso que con tan poco espacio puedan hacer tanto”: Concepción de Gracia.

En esa edición del primer aniversario aparece, en la página siete, una reseña titulada “Tras Bastidores con los muchachos de Claridad”, por Emilio Díaz Valcárcel, uno de los escritores pioneros del vocero. Vale la pena reproducir un fragmento del escrito:

“Recordamos las primeras reuniones los martes en la terraza del MPI. César Andreu hacía un planteamiento sereno sobre el tono, tónica, artículo de fondo, y sobre todos los detalles de que cabe hablar en una redacción. A César le corresponde el honor de se uno de los fundadores del periódico. A los que acabábamos de llegar a este tipo de actividad, no nos costaba otro remedio que callar y escuchar para aprender, para luego aplicar los conocimientos adquiridos en la preparación del vocero. Con los muchachos de artes gráficas no había problema. Antonio Maldonado hablaba de las posibilidades de imprimir el próximo número en la imprenta de Fulano de Tal, ‘que es de los nuestros’. Osorio, sin olvidar jamás su nativa Caguas, explicaba la conveniencia de imprimir en un tallercito de Caguas atendido ‘por uno de los buenos’. Carlos Raquel Rivera perdía un poco la paciencia, alegando que los imprimiéramos donde fuera necesario, incluyendo la Conchinchina y concluía: ‘La cosa es que salga siempre y sacuda a los dormíos’. Lorenzo Homar, limpiaba con aparente calma los espejuelos, carraspeaba, nervioso y nervudo, y soltaba una buena perorata sobre la conveniencia de tal tipo de máquina, dicho lo cual o algo parecido, emprendía una meteórica incursión hacia el campo del arte para terminar abriendo fuego contra los abstractos, especialmente contra Pollock. Rubén Moreira, pintor como Maldonado, Osorio, Rivera y Homar, venía siempre muy preparado para las discusiones, disciplina que tal parece Rubén consideraba una de las bellísimas artes. Y no venía solo. Carmen Rosa Vidal y él formaban un bloque difícil de echar abajo por la lenta dinamita de César o por la fogosa andanada de Homar. Mari Brás se retorcía el bigote, observaba uno a uno a los presentes, y luego hacía preguntas: ‘¿No crees, Emilio, que debes hacer una investigación sobre la manera en que afecta la nueva invasión de capital extranjero a nuestra economía?’ ‘¿No cree, Manrique, que debe usted hacer el artículo de fondo para el próximo número?’ Susín se repatingaba en una silla, y con ‘su calma lírica’ (expresión de Belaval) emitía sus expresiones periodísticas y políticas comprometiéndose a ‘hacer algo para el siguiente número’. Los artículos de Gil llegaban echando fuego, pura dinamita. El trotamundos Norman Pietri traía su colaboración, con el corazón puesto en la FUPI. Cabrero, serio y circunspecto, tartamudeaba cuando hablaba de Vieques.”

Cuando Claridad cumplió un cuarto de siglo, escribí en la columna Pulso Caribeño, un artículo titulado “César Andreu Iglesias” en que afirmaba algo que confirmo y que siempre he sostenido: “Nadie contribuyó más, individualmente, a la concepción y fundación de Claridad que César Andreu Iglesias. Lo hizo guiado por una clara idea de la gran envergadura del proyecto que  modestamente iniciábamos, tanto al fundar el Movimiento Pro Independencia como al establecer Claridad como su primer órgano periodístico”. Citaba yo en ese artículo un párrafo de un trabajo escrito por César, mientras residía en la ciudad de Nueva York, titulado “La lucha de independencia en la década del setenta”. Como entiendo que todavía hoy sigue teniendo vigencia, quiero reproducirlo aquí para que forme parte de estas memorias:

“Pero para que la labor efectiva trascienda, se requiere un factor de suma importancia: una prensa propia. Ésta constituye una  de las medidas más claras de la efectividad de la lucha de independencia. Pretender que la prensa enemiga va a dar beligerancia favorable a una lucha revolucionaria efectiva es una ingenuidad. De ahí la conclusión: sin prensa propia que circule, se lea e influya no hay lucha de independencia que verdaderamente se deje sentir: entre los amigos, para reforzar su militancia, y entre los enemigos, para obligarlos a respetar (y a temer) la inminente victoria del pueblo puertorriqueño y el triunfo definitivo de su identidad nacional.”

Concluía mi artículo en el vigésimo quinto aniversario del periódico con el siguiente párrafo:

“Al rendir tributo a uno de los fundadores de Claridad,su primer ideólogo y uno de los más lúcidos intérpretes, el mejor homenaje que los actuales dirigentes de este periódico pueden hacerle a Andreu Iglesias, como a los tantos fundadores ya desaparecidos, es tener muy en cuenta que aún cuando el periódico sea órgano de un partido político, es además el principal órgano periodístico de la lucha de independencia en su conjunto. En ese sentido, ha de vigilar muy cuidadosamente no caer en sectarismos que puedan menguarle su cometido. ‘El sectarismo’, señala César en el trabajo al que he hecho referencia, ‘tiende a encerrar la lucha de independencia en sí misma. Cuando eso ocurre, en vez de pelear hacia fuera, los militantes comienzan a pelear hacia adentro. Como resultado, se pierde la perspectiva de la lucha nacional y los pequeños conflictos asumen proporciones dinosáuricas.”

Claridad es una de esas instituciones del independentismo que se ha ganado el reconocimiento de todo el pueblo puertorriqueño por la perseverancia de su esfuerzo editorial. No pudieron eliminarlo con bombas que colocaban en sus talleres y sus oficinas, ni con las amenazas y agresiones a sus anunciantes, ni con la infiltración esporádica de agentes enemigos para torpedear desde adentro su trabajo, ni con los allanamientos policíacos a su redacción, ni con el intento de acusar y encarcelar a sus redactores, ni las persecuciones a sus distribuidores, ni con los atentados homicidas contra sus funcionarios y colaboradores. Hemos pasado la prueba del tiempo, que es la más importante para acreditarnos como institución primaria de nuestra lucha nacional.

Ese es el espíritu en el que los fundadores del periódico lo echamos a caminar. Así se encauzará hacia el futuro, sin duda. 

Ya Claridad pasó de su cuarenta y cinco aniversario. Es el periódico de mayor duración en el periodismo boricua. Luego de haberse disuelto del Partido Socialista Puertorriqueño, pasó por una serie de transiciones hasta parar finalmente —espero que por un buen trecho histórico— a la dirección de un grupo de independentistas, la mayor parte de los cuales no están afiliados a organización alguna, que realizan en Claridad su aportación a esta lucha incesante por la liberación patria.

Yo pasé por la dirección del periódico en seis ocasiones diferentes. La duración de esas direcciones, siempre interinas en el propósito y casi siempre como resultado de alguna crisis interna, o en el movimiento y el partido, o en el propio periódico, o ambos, varió entre algunas semanas y varios años. Ahora me limito a ser colaborador y  apuntador crítico en las reuniones a que acudo, que no son muchas. Me designan en el colofón, junto a César Andreu Iglesias  Ramón Arbona Martínez, ya difuntos, como director-fundador. Fue una manera no muy disimulada de dejarme entre los muertos. Pero como yo no acepto cargos cosméticos, les dije que escribiría “la esquina del director-fundador” cada vez que lo creyera necesario, y sin autoridad de censura o edición por los directores circunstanciales. Hasta ahora, se han cumplido esas normas. 

El viejo Vega

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

Es curioso. Cada vez que se acerca el once de enero la figura de Bernardo Vega es la que más asocio con los orígenes de al nueva lucha. Sin embargo, el viejo Vega no estuvo en Mayagüez cuando se fundó el MPI. Creo que ni siquiera había regresado a Puerto Rico para esos días y yo o le conocía aún. Pero no hay nadie –vivo o muerto- que representar con mayor fidelidad el espíritu renovador del Movimiento Pro Independentista que él.

Bernardo Vega regresó a Puerto Rico a la edad de setenta y cuatro años, a principios de 1959. Venía de un largo peregrinaje de más de medio siglo por tierras norteamericanas. Allá se había desarrollado su inclinación de trotamundos en múltiples idas y venidas por las ciudades del sur, el noreste y hasta el lejano oeste. Trabajó en tabaquerías de la Florida, Nueva York y California. Fundó periódicos y revistas. Cultivó la tertulia con varias generaciones de jóvenes y viejos, puertorriqueños, norteamericanos y de muchos sitios del mundo. Se formó en el marxismo y –sobre todo- en esa ciencia de la vida que como tantos jíbaros el llamaba “mundología”. Su última gran actividad política, pensó él, fue la campaña del tercer partido por llevar a Henry Wallace a la presidencia de Estados Unidos en 1948. Después –durante los años cincuenta- hizo varios intentos de regreso definitivo a su tierra, pero no fue hasta el ’59 que logró quedarse aquí.

Pensaba que venía a descansar. El primero de marzo de 1959 le escribía desde San Juan a su amiga Ada Morales, en Nueva York, lo siguientes: “Todavía no he hecho nada –solamente viajar por la Isla y comer. Pronto tendré que empezar a mejorar mi economía, la cual está un poco deteriorada. Me parece que me afincaré definitivamente en nuestra Isla. Está llegando la hora del descanso. Ya deben terminar los viajes y las fatigas. La persona física está agotada. Menos mal que la parte espiritual está completamente joven. Todavía sueño…”

Acercó en lo del regreso definitivo más no en el descanso, ni en el cese de los viajes y las fatigas. Quizás una pocas semanas después de haber escrito esa carta, nos conocimos Bernardo y yo. Fue una reunión en casa de don José A. Cedeño, donde se reunía un grupo de independentistas de Puerto Nuevo para iniciar la organización de la misión del MPI en ese sector capitalino. Recuerdo que me impresionó su comentario, luego de mi intervención enla cual expliqué los fundamentos de la organización del MPI. Pidió la palabra y dirigiéndose a mí, dijo más o menos lo siguiente: “Tú eres un gran optimista. Sólo con una gran dosis de optimismo se puede empezar a rehacer la lucha de independencia de nuestra patria. Yo estoy viejo y cansado, pero; al igual que tú, soy un optimista sin remedio. Cuenten conmigo para la que pueda ayudar en esta obra”

Aquellas sencillas palabras sellaron el compromiso que llevaría al viejo Vega a consagrar los últimos seis años de su existencia, hasta el momento mismo de su muerte, a levantar las bases organizativas de la nueva Huecha. En ese empeño, recorrimos juntos todos los rincones de este país. Don Bernardo fue Secretario de Organización del MPI y en el desempeño de sus funciones volvió por los caminos de su primera juventud –cuando había participado en la organización del Partido Socialista- en continua actividad organizativa.

Su ánimo renovador fue una influencia definitiva en moldear la nueva lucha. Nadie podía compenetrarse mejor que él de las inquietudes y afanes de la juventud combativa que se nucleaba en la FUPI y el MPI por aquellos días. Su casa y chinchal de tabaquería en la urbanización Santiago Iglesias fueron un hervidero de conversatorios patrióticos y revolucionarios, adonde acudíamos con frecuencia a cargar los ánimos alicaídos, en los momentos de ambivalencia. El siempre estuvo claro de cuáles serían los rumbos de este movimiento. No son pocas las veces que un acontecimiento, una huelga, una tensión de las que se han sucedió en los años desde su muerte, nos hace evocar sus premoniciones, su sentir, satisfechos, que aquel viejo tuvo ________ ante-visión casi exacta de los caminos que __________ estamos recorriendo.

Cuando él pensaba que había llegado ______ descansar a su patria, la vida le tenía reserva____ ofrendarle una de sus mayores contribuciones _________ la de inspirar, con el ejemplo, a toda una generación de luchadores a reconstruir las _________ y las perspectivas de nuestro forcejeo centenario.

El viejo roble

Conversación con Ada, alma plena en canción de patria y humanidad, pensando en Bernardo y sus afanes.

¿Ves, Ada?

Está de pie. No le dobló el silencio ni el rumor de impotencia que nos marca la hora; no ocultó su verdura en el hueco del tronco ni anticipó la muere pensando en la derrota; sus raíces desprecian la blandura del lobo para buscar el duro corazón de la roca; su fronda, madurada por el sol y los viento, cuando azotó la furia no desprendió una hoja. Porque este viejo roble sabe de tempestades no le halaga la brisa ni el huracán le dobla.

Toma.

Muerde un retoño y verás como sabe a leyenda de siglos y a caminos de auroras. Sorbe mieles de vida. No te duela la herida. El viejo roble sabe que está bebiendo historia. Extendiendo los brozas en busca de horizontes, parece que nos llama al calor de locuras heroicas.

Mira.

Sueños que nacen de sueños enterrados en la muda leyenda de sus raíces hondas. Su tronco nos relata una historia ya vieja  que señala un futuro por veredas de gloria; caja tajo es un himno que compuso la vida con las gotas de esperanza y sangre en cada  nota arruga es un verso de un poema vivido con sal de voluntades y fiebre en cada estrofa.

Ves, Ada? 

Está de pie. No le arredró el silencio que se prendió en la selva y marchitó las fronda/

Bien sabe el viejo roble de silencios profundos que lavaron la vida y escribieron la historia.

J. Dávila Semprit

1955

El PSP a través de una década

JUAN MARI BRAS

Por Vilma Ramos,Especial para Claridad

El 28 de noviembre se celebra el Décimo Aniversario del Partido Socialista Puertorriqueño, antes Movimiento Pro Independencia. Recopilar en forma sintetizada, si se puede, los eventos que impactaron la vida del puertorriqueño, que fueron al menos influenciados significativamente por el PSP, no es tarea fácil.

En cambio si fue fácil compartir por espacio de dos horas con el secretario general del PSP, Juan Mari Brás, que es la persona que mejor puede evaluar al Partido en esta década pasada y también hablar de la próxima, por ser su máximo dirigente y uno de los principales de la lucha por la liberación nacional de Puerto Rico.

El dirigente Socialista destaca los siguientes eventos como los que más impactaron en el país, donde el PSP tuvo una participación activa e influyente:

  •  La lucha contra la explotación de las minas de cobre;
  •  La marcha contra la Conferencia de los Gobernadores yanquis en Puerto Rico;
  •  La campaña contra el superpuerto;
  •  Las luchas obreras y el nuevo sindicalismo;
  •  La discusión del caso colonial de Puerto Rico en la ONU;
  •  La campaña por la liberación de los presos Nacionalistas;
  •  La labor desde la legislatura colonial mediante un representante Socialista;
  •  El surgimiento de CLARIDAD diario; portavoz de la Independencia y el Socialismo;
  •  La celebración de las dos Conferencias Internacionales en Solidaridad con la Independencia de Puerto Rico;
  •  La lucha contra la Marina yanqui en Culebra y Vieques;
  •  La divulgación masiva de la alternativa socialista en la campaña electoral del 1976;
  •  Las actividades de reafirmación nacional en torno a los Juegos Panamericanos;
  •  El respaldo masivo a las candidaturas socialistas de Juan Mari Brás y Carlos Gallisá durante la campaña electoral del 1980 y
  •  La campaña por la unidad de la Izquierda.

Comenzamos nuestra entrevista con Juan Mari Brás preguntándole cuáles de estos eventos destacaría como los más significativos.

Juan Mari Brás: “Si se fuera a hacer una evaluación del cumplimiento de metas a base de la realización de unos objetivos, podríamos destacar aquellos que están en la lista que tuvieron esa realización plena como fue la campaña contra el superpuerto que indudablemente no se estableció. Te imaginas el desastre que sería tener esos superpuertos de hondo calado con toda la parafernalia para ahora convertirlos en elefantes blancos como las petroquímicas.

“Pues eso se logró, como se logró la realización de las dos Conferencias Internacionales y se ha logrado el avance, incluso más allá de lo planificado en el caso de Puerto Rico en la ONU. Se logró la libertad de los presos Nacionalistas, en la que se envolvieron eventualmente los sectores más amplios de Puerto Rico y que fue campaña motorizada por este Partido desde los tiempos del  MPI  pero acentuada desde 1973, ya fundado el PSP.

“Sin embargo, no es el único criterio que debe prevalecer al evaluar el cumplimiento de metas porque digamos, metas como la campaña de unidad, que ciertamente, no se ha logrado una unidad orgánica del independentismo en Puerto Rico, pero se ha sembrado suficientemente la idea para que prevalezca en este instante una inquietud unitaria que siente las bases para lograrse a mediano plazo. Esa inquietud se manifiesta no sólo en las expresiones sino en las actuaciones de diferentes líderes y grupos dentro del independentismo en Puerto Rico y a pesar de que el principal agrupamiento independentista, desde el punto de vista cuantitativo, que es el PIP, se manifiesta, formalmente contrario a la idea de la Unidad, en el seno de ese Partido, sin embargo, ha surgido un espíritu unitario que obtuvo concreción en este momento en la participación de sectores pipiolos en las actividades unitarias que promueven los expresos nacionalistas.

“Pero más que todo eso se puede señalar como ha avanzado el convencimiento de que la unidad es necesaria, de que sin la unidad el independentismo no está en condiciones de avanzar hacia sus objetivos fundamentales.

“ Y lo mismo puede indicarse en relación a puntos tales como el movimiento sindical. Si bien es cierto que el movimiento sindical está en un momento de dispersión y debilidad porque se ha reducido la tasa de sindicalización, se ha dispersado más aún la acción de los sindicatos y se ha reducido, por tanto, el poder de regateo frente a los patronos, también es cierto que se está cobrando conciencia de estas debilidades y de la urgencia que hay de coordinar el esfuerzo de los diferentes sindicatos y uniones, de presentar un frente común a la ofensiva patronal, que nosotros  hemos sostenido siempre como principio cardinal. Como cuestión de hecho, entre los cuatro pilares básicos de la estrategia que plantea la tesis del Partido, uno de ellos es la unidad sindical de los trabajadores.”

¿Estos eventos reflejan la visión que en aquel entonces la dirección del MPI tenía sobre la necesidad del cambio, de MPI a PSP?

JMB: “El conjunto refleja lo que es a mi juicio el logro principal, que es insertar el socialismo como una alternativa en el espectro político puertorriqueño, cosa que indudablemente se ha logrado, ya que la gente en este país reconoce en términos generales que nosotros formamos parte de ese espectro político.”

¿Y ese, socialismo “insertado” se tenía que lograr mediante la transformación a Partido?

JMB: “Eso fue coyuntural, pero si no lo hubiéramos hecho entonces, perdíamos espacio político el MPI, porque el PIP ya había invadido el espacio del MPI, el PIP de entonces. Bajo el PIP se volcó todo el pueblo independentista en 1972. El PIP que venía renovándose desde el ’68, obtuvo su impulso mayor en el ’70 con la elección de Rubén Berríos a la presidencia y la creación de una nueva dirección, que recogió elementos progresistas, que por diferentes circunstancias, estuvieron en el MPI y se fueron, como César Andreu Iglesias y Norman Prieti, entre otros. El PIP estaba, más o menos, cumpliendo el espacio que en la década de los sesenta había tenido el MPI. Nosotros teníamos que movernos a la izquierda para crear un nuevo espacio político en este país, que es la creación de un partido marxista-leninista.”

¿Destacaría errores o críticas que junto a los eventos positivos que enumeramos anteriormente se puedan traducir en adelantos para el futuro?

JMB: “Lo más negativo ha sido la dificultad en definir con toda claridad un proyecto socialista ajustado a las necesidades y posibilidades de Puerto Rico.”

¿Por qué ha sido tan difícil?

JMB: “En primer lugar, la apabullante campaña anticomunista que se da en todos los medios de penetración y comunicación ideológica. Ese es el problema principal. No podemos perder perspectiva de eso. No son nuestros errores, sino la deformación de opinión pública que crea el sistema. Pero conociendo eso, nosotros debimos ser más creativos en ajustar nuestras miras a una transición ideológica mediante la cual el pueblo pueda absorber una dosis que resulta sumamente fuerte, que es la ideología marxista. Tendíamos o hemos tendido en diferentes ocasiones a asumir posiciones seguidistas y transmitir etiquetas y la visión esquemática del comunismo. Esa visión es lo que conforma lo que ahora se llama estalinismo, pero que no se reduce a eso, porque depende de cual sea la moda. En un momento, puede ser la revolución cubana, en otro puede ser el eurocomunismo, en otro momento puede ser la vía electoral, la Unidad Popular de Chile, etc.

“Cada acontecimiento que ocurre, cada fenómeno que se da más cerca, más lejos, va abriendo expectativas de que por esa vía es que se puede romper el cerco. Nosotros lo que tenemos que hacer es crear nuestra propia vía, cogiendo de la Revolución Cubana, lo que sea asimilable, de la Bolchevique lo que sea asimilable, del eurocomunismo, de la chilena, de los Sandinistas de Nicaragua, de todo eso, pero pasándolo por un filtro, que es la comprensión de la realidad puertorriqueña y transformándola con nuestra propia creatividad en una doctrina del socialismo puertorriqueño. Eso es lo que es difícil.”

¿Cuándo usted dice “nosotros”, se refiere al PSP  o lo ubica como problema de la izquierda, con sus crisis internas como, por ejemplo, el problema de la unidad?

JMB: “Ahora hablamos de la  izquierda.  La izquierda puertorriqueña fue creación nuestra. Aquí no había izquierda. La izquierda surgió del MPI, pero hoy hay una izquierda dispersa, hay catorce microgrupos y un contingente de gente no-afiliada. Estamos hablando de todo eso.

“Ya aquí se está reproduciendo el espectro de la izquierda mundial. Aquí hay trotkistas, foquistas, todo lo que hay por todos lados tiene su reproducción equivalente aquí en Puerto Rico.”

¿Refleja esto que muchos “vieron” los ejemplos externos como alternativas nuestras, adoptándolos?

JMB: “Claro, y se quedan ahí estancados.”

¿En términos del PSP, de su desarrollo interno, qué pasa con esa capacidad creativa?

JMB: “La militancia nuestra es muy desigual en formación, en educación  política, en comprensión, porque con la excepción de una pequeña minoría, la mayor parte de nuestra militancia tiene una vida activa en nuestra Partido de dos o tres años. El “turn-over” de que hablaba César Andreu de que la gente, al cabo de dos o tres años, se agota.

“Entra, hombre o mujer, y se consagra al trabajo del Partido y se “funde” en poco tiempo. Se margina normalmente, busca un diferendo ideológico para racionalizar su mantiene un elemento de continuidad sustancial, que para uno que va cambiando de año en año.”

Usted y otros compañeros militantes se dedican 24 horas a la lucha. ¿Está conciente de que otros militantes no están en situaciones similares, que son trabajadores con otras condiciones objetivas?

JMB: “Ese es el problema principal, que nosotros organizamos este Partido con una base esencialmente estudiantil y de desempleados, que dio margen a una especie de coraza de funcionarios que fue el centro principal de la actividad partidaria. 

“Aquí en el 1976 llegó a haber más o menos 300 funcionarios en todas las áreas del Partido. Cuando eso se desmanteló, entonces llegamos a la conclusión política de que había que proletarizar al Partido en el sentido de convertirlo en un Partido de gente que trabaje, que se meta en el tapón por la mañana, que tenga su trabajo en el oficio, profesión, lo que sea y que le de sus horas extras al Partido. El acoplamiento de funcionar desde esa perspectiva ha sido lento. Hoy es así en el sentido de que casi todos los organismos del Partido, de dirección y de base, están compuestos por gente que trabaja, pero todavía no se ha podido acoplar el ritmo de vida de la militancia para mantener una actividad partidaria mínimamente eficiente dentro de esas limitaciones.

“Eso no se logra si no es ampliando la base, porque dos trabajando 24 horas no pueden ser sustituidos por diez que sólo pueden trabajar dos horas. Todavía no estas compensando. Tienes que meter más gente para compensar la actividad anterior.”

Antes la gente decía que no entraba al Partido porque había que fajarse demasiado y no había tiempo para compartir otras actividades. ¿Por qué no ha crecido la organización se ha mejorado en ese sentido?

JMB: “Porque la gente no cree que ha habido una reducción en la actividad. Nosotros no hemos proyectado eso. No hemos proyectado cambio en actitud suficientemente. Todavía es un misterio entrar al Partido. ¿Por dónde entro? La mayor parte no sabe como se ingresa aquí y todavía es muy difícil. Aparte de que no hay  masas ávidas de entrar, por razones obvias. Independientemente de los ajustes que hagamos, ser militante socialista en la principal colonia de Estados Unidos, es un reto muy grande; es un desafíos descomunal que no todo el mundo está preparado para enfrentar, pero así son los procesos.”

¿La gente en los demás partidos, populares y penepés, se sienten que están organizados políticamente?

JMB: “Yo creo que el PNP ha creado un espíritu de cuerpo con una base que le sirve de coraza, activistas. Ese es el problema, que el fascismo está insertado en nuestro país. No ya en la base de los votos que saca el PNP, que no son fascistas, sino de esa militancia penepeísta, esos terroristas que tienen a cargo la organización, Freddie Valentín, Misla Aldarondo, ese Gonzalo de Jesús, que dice que se debe hacer “carne al pincho” con los estudiantes. Eso refleja una actitud militante de derecha, fascista, que se está organizando aceleradamente en este país.”

HACIA LA RUTA DEL SOCIALISMO

¿Qué han sido para usted estos diez años en su visión y función como dirigente?

JMB: “Para mí han significado los diez años más traumáticos de mi vida en varios aspectos. Han sido un cambio acelerado de visión de mundo. Enfrentarse a los retos de haber fundado el primer partido revolucionario a escala nacional en este país, indudablemente, eso no lo perdona el imperialismo.”

¿Entiendo a lo que se refiere, pero yo quería tocar el peso político que está teniendo el Partido en la opinión pública, el cambio que se percibe en la gente, en la calle, esas pautas que van abriendo? ¿Cómo brega usted con todo eso?

JMB: “Se va transformando uno. Es la dialéctica del liderato. Los líderes influyen a las masas y las masas influyen a los líderes y el líder que quiera estar inmune a las influencias de las masas de su época y de su unidad, no tiene sentido.”

¿Pero reconoce usted el rol que cada vez más tiene como dirigente máximo de la izquierda dentro de la colonia más importante del imperio yanqui? ¿Ese rol internacional que parte de ese pueblo no reconoce todavía, pero que el enemigo sí?

JMB: “Desgraciadamente el rol del liderato siempre se exagera por los pueblos. Yo no creo que esto se va a resolver por la proyección de uno o varios líderes. Es de verdad insertar orgánicamente en el seno de la clase obrera la ideología socialista y que surjan una red de cuadros, militantes, miembros del PSP y de otras organizaciones que hagan irreversible esta realidad. Si eso se logra, se logró hacer irreversible la ruta hacia el socialismo. Si no se logra, los líderes de ahora pueden diluirse como ha pasado con tantos otros.”

¿Usted usó anteriormente la palabra de moda y en la calle de lo que se habla es que somos colonia? ¿Cómo definiría usted los rasgos fundamentales del puertorriqueño fuera de esquemas encajonados económicamente?

JMB: “La característica negativa peor del colonizado en el caso nuestro es su sentido de impotencia, “que no puedo”. Eso pesa como un lastre tremendo sobre cada puertorriqueño en alguna medida. Los puertorriqueños todos están concientes que este es un país distinto a los Estados Unidos. Los más pitiyanquis están concientes de eso. Aquí la gente es puertorriqueña.

“La identidad puertorriqueña de la gente no es intelectiva sino intuitiva. La gente es puertorriqueña porque sí, no tiene que hacerse largas explicaciones sobre eso. Cuando se van para Estados Unidos, dicen “voy para Estados Unidos”. Ese es otro país, allá. Hablan de los americanos. Esa es otra gente.

“Luego, la identidad nunca ha sido erodada masivamente. El problema es ese, ese sentido de impotencia y el que no podemos ser libres, porque nos morimos de hambre, no podemos hacer esto porque somos débiles. Y eso se manifiesta en la vida de la gente y en las posiciones que se asumen en la vida colectiva”

¿Considera la militancia del PSP está equipada para desmembrar toda esa realidad del puertorriqueño y transformarla en un trabajo organizado?

JMB: “Preparados estamos para intentarlo. Lo que tenemos es que superar deficiencias, reconocer mejor los problemas que hay que superar en la comunicación, en la tarea de incorporar en forma diversa los diferentes medios, recursos. Combatir ese sentido de impotencia. Pero eso no se combate con argumentos, discursos, artículos y razonamientos. Se combate en la práctica, demostrando la posibilidad que tiene Puerto Rico como pueblo y cada puertorriqueño como ser humano de enfrentarse a situaciones y de resolver problemas. Cuando los pescadores de Vieques interrumpen a la Marina en unas yolitas, les hace paralizar unos ejercicios navales por unas horas, unos días, la gente aprende con eso a ver que no hay abismo de poderío que no se puede superar y eso es más elocuente que mil discursos y quinientos artículos. Eso descoloniza más. Cuando los Macheteros tumban a la Guardia Nacional en un  operativo nítido, eso descoloniza a los que son y no son, que leen en el periódico que una gente —que como dijo Romero Barceló— ‘lo que tienen son machetes’—, ¿cómo pudieron haber tumbad eso?”

“Esa es la manera más directa de combatir lo que a nuestro juicio es lo peor que ha dejado el coloniaje aquí, esa sensación de la indefensión, de debilidad cuyo ideólogo mayor fue Muñoz Marín.”

¿Cómo parte del proceso de educación, de ubicar al pueblo en ese proceso histórico, se entiende la necesidad de desmistificar esa imagen gloriosa que el pueblo tiene de Muñoz Marín?

JMB: “Más que acelerar el intento de desmistificar a Muñoz es transformar la mentalidad a la gente para que no sea víctima de ese complejo que llevó a Muñoz a ser lo que fue.”

¿Se monta Muñoz sobre ese sentido de impotencia y miedo?

JMB: “Muñoz es una víctima. Muñoz decía que este país estaba destinado por la fatalidad, a ser mendigo y que no tenía más remedio; que según dependimos del situado mexicano en los primeros años de la colonización, ahora era de la ayuda americana y que ese es nuestro destino inevitable.

“De ahí es que parte toda la teoría del ELA, de los cuatro pilares aquellos de la unión, del mercado común, de la moneda común, ciudadanía común, defensa común y de ahí es que parte la infame campaña contra la independencia que Muñoz hizo en el 1948, que fue la siembra más fructífera del anexionismo que se ha hecho en Puerto Rico.

“Muñoz le metió miedo a la gente de este país con la independencia. Llevaban diapositivas a los mítines sobre los haitianos hambrientos y se las enseñaban a la gente. Yo me acuerdo. Y le decían “esa es la independencia; el hambre y la miseria”. Muñoz le cogió tanto miedo a que el PIP pudiera prender como una fuerza en el 1948, que decidió meter todo su poder, su capacidad persuasiva contra la independencia. Fue tan torpe, que para combatir a un enemigo táctico en unas elecciones, sentó las bases de la propia destrucción de su ideología autonomista. Eso no es más que sentido común. Si a la gente le meten miedo con la independencia, se tiene que acercar más a los americanos y ¿cómo es que se acercan más a los americanos?, pues haciéndoles estadistas. Y lo que era un movimiento exiguamente minoritario, se ha convertido en un movimiento fuerte, que no es mayoritario el anexionismo, pero es mucho más fuerte de lo que era antes.”

Usted hablaba sobre el problema de la comunicación, el coloniaje, la falta de creatividad…. ¿cómo ve que se pueda romper con el llamado “consenso de las masas” sobre la presencia yanqui aquí?

JMB: “Se han hecho unos avances en esa dirección. Por ejemplo, nosotros hemos logrado romper el cerco que se nos excluyera de los  medios de comunicación, al empujar el reconocimiento del Partido por las masas, en los periódicos, canales de televisión y radio. Han tenido que reconocer esa realidad y en alguna medida participamos de todos esos foros de los programas de servicio público.

“Eso es una gota de agua en un océano todavía. Pero, se va abriendo brecha. Uno de los instrumentos más poderosos en el proceso de mantener la hegemonía es el sistema de instrucción pública. Los vehículos más directos de transmisión de esa ideología son los maestros. ¿Cuántos maestros socialistas e independentistas hay en Puerto Rico? Hay millares, incluso están organizados en un sindicato progresista, que es la Federación de Maestros, que agrupa a más de 13,000, que representa más de la mitad de los maestros. Pero todavía no se tiene conciencia de la relación que hay entre la defensa de sus intereses como maestros y la defensa de la posición independentista y por lo tanto, ese sindicato no puede ser instrumento para desarrollar una contraofensiva a nivel del salón de clase contra la ofensiva ideológica que nos sigue bombardeando el sistema de día a día, de semana en semana.

“Uno se pone a pensar restrospectivamente, cada uno de nosotros, los que hemos llegado a ser independentistas y socialistas, la inmensa mayoría tuvimos un maestro que en alguna etapa de nuestras vidas nos aguijoneó nuestra conciencia, un maestro de historia o de español. Ese ha sido una especie de legado que se ha transmitido de generación en generación por acción y combustión espontánea. Nunca ha habido una acción colectiva del esfuerzo de los maestros para transmitir la ideología independentista. ¿Y si se hiciera? ¿Por qué no se puede hacer?

“Por ahí se le puede quebrar buena parte de la hegemonía al imperio. La escuela no puede sostenerse con maestros americanos. Eso lo probaron las primeras décadas del siglo y tuvieron que renunciar a eso. Tuvieron que usar los de aquí para maestros. Y así cada aspecto de esa hegemonía está fundado en la utilización de los propios puertorriqueños; los medios de comunicación, la televisión, la radio, las agencias de publicidad, es talento puertorriqueño que se canaliza y a veces talento independentista y socialista.”

Los diez años terminan con los comienzos de una nueva crisis económica. Después de las elecciones en Puerto Rico y los recortes de Reagan, ese es el tema en la calle. ¿Qué se plantea el puertorriqueño para salir de la crisis? ¿Qué se plantea el Partido? ¿Qué se plantea usted?

JMB: “Yo creo que una crisis económica, no necesariamente conlleva una crisis política. Eso depende del grado de conciencia que se tome en las masas para transformar esa crisis en una de índole político, en donde se buscan las soluciones. Pero queda el elemento material básico para desarrollar una estrategia de liberación. El hecho que se profundice la crisis económica, cada vez se van cerrando las soluciones parciales, de reforma, de programa, se va abriendo la posibilidad de una transformación completa. Pero eso necesita un vehículo y una acción concertada y organizada y ese es el punto débil, del socialismo y el independentismo.”

Cuando quiten los cupones en este país, ¿hacia dónde va a mirar la gente?

JMB: “Hacer la independencia y reclamar por vía de indemnización a los Estados Unidos por todo lo que nos deben. Nosotros por ejemplo, estamos viendo el inicio del desmantelamiento de la industria petrolera y petroquímica en Puerto Rico. Hemos dicho en nuestras tesis, que eran industrias estratégicas, que tienen una inversión de miles de millones de dólares. Eso no tiene más solución que la independencia. Eso le pueden seguir dando vueltas a la noria y van a cerrar aquí y van a desmantelar allá, porque el problema es que Estados Unidos no tiene acceso al petróleo barato en el mundo, que fue la base sobre la cual se instaló la industria petroquímica aquí. Eso se le acabó a Estados Unidos, se acabó. Los países productores de petróleo decidieron que ya bastaba de comprar maquinaria cara producida por los americanos y venderle petróleo barato. Nosotros le compramos más de $1,000 millones de petróleo a Venezuela al precio que Venezuela le d a los americanos y le compramos petróleo a Arabia Saudita, Libia, y Argelia. En la república, podemos salvar la industria petrolera porque Venezuela, Libia, y Argelia e Iraq, estarían dispuestos a concertar tratados comerciales con Puerto Rico para darnos el descuento que le dan a otros países en desarrollo, el recio que no le dan a los americanos. Eso la gente no lo ve, pero cuando se cierren las petroleras, sí,, pues no hay cosa más convincente que la realidad. La realidad lleva a que se abran las perspectivas de alternativas que resuelvan y cuando quiten los cupones la gente pensará con mayor seriedad el concepto de indemnización que plantean los independentistas.”

¿Qué va a hacer Estados Unidos para mantener la situación en Puerto Rico?

JMB: “Ellos van a pasar parte de su industria de guerra a Puerto Rico. El problema aquí tampoco resolverá con la emigración a Estados Unidos porque el desempleo allí está creciendo y el puertorriqueño es la primera víctima del desempleo de Estados Unidos. Antes era relativamente fácil para un puertorriqueño que quedaba desempleado aquí trasladarse a Nueva York, Chicago, Boston y el pariente lo llevaba a una agencia de empleos y en una semana conseguía empleo. Ahora no, la alternativa de la emigración también se va cerrando.”

EL REAGRUPAMIENTO DEL SOCIALISMO

Hablemos un poco sobre la actividad de celebración del Décimo Aniversario.

JMB: “La idea nuestra es que eso sea embocadura de un diálogo al interior del socialismo, del PSP con las otras fuerzas socialistas organizadas y no-organizadas, que conduzca a lo que podríamos llamar al reagrupamiento del socialismo. Es buscar un nivel de consenso nuevo que reagrupe en lo posible a las fuerzas positivas que están en disposición de buscar esos consensos y que el Partido esté a su vez en disposición de abrirse a eso, con miras a su congreso del año que viene, de transformarse para convertirse en instrumento de ese reagrupamiento de los socialistas.”

Para las elecciones se llamó la “alianza PPD-PSP” por unas convergencias tácticas positivas. Ahora estamos en las de bregar con la izquierda, ¿cómo se compagina esto, implica unos pasos a seguir?

JMB: “Se interrelaciona esa actividad en distintas escalas. Son tres escalas de unidad socialistas, independentistas, puertorriqueñistas, que tienen que darse simultáneamente y sólo en la medida que se logre van a motorizar a escala superior. Un socialismo disperso no puede influir decisivamente en el movimiento independentista y un independentismo disperso no puede influir decisivamente en el movimiento general de afirmación puertorriqueña. Por eso, nosotros insistimos en la unidad de los socialistas y en la unidad de los socialistas y en la unidad de los independentistas. Uno de los problemas de la izquierda en Puerto Rico es que es demasiado joven. Tiene que pasar muchos traumas todavía, aprender mucho. Tenemos esperanzas de que esta actividad sea el inicio de un diálogo fecundo.”

Usted ha cambiado en su relación con los militares y en su proyección nacional, ¿a qué se debe?

JMB: “Ha sido el producto del resultado saludable de asimilar críticas, eso es lo más difícil que hay como revolucionario. Uno siempre habla de crítica, autocrítica, todo el mundo está dispuesto a teorizar sobre eso, pero todavía no he encontrado un solo caso, incluyéndome a mí, desde luego, donde desde primera instancia se acepten planteamientos de críticas. Uno tiene los mecanismos de autodefensa de la personalidad, que inmediatamente racionaliza unos argumentos para rechazar la crítica. Sin embargo, eso es como una gota sobre el cántaro. Va cayendo tanto que va haciendo hueco. Entonces, si un día uno va a hacer una crítica, ese mecanismo funciona y uno reacciona violentamente, sobre todo, si uno tiene un carácter irrascible determinado genéticamente como es mi caso. Pero eso va repitiéndose, mentalemtne las defensas que crea un mecanismo sicológico, se va debilitando. El proceso de autocrítica es lo más trabajoso que hay y angustioso en la mayor parte de los casos. La gente verdaderamente resiste la autocrítica porque eso va vinculado a todo lo que tiene que ver con el ego. Después de todo, el ego es lo que le da aliento a la vida. Toda la problemática filosófica de la muerte, por ejemplo, ¿por qué hay tanto vehemencia con eso?, si lo que se disuelve es el ego. Lo demás sigue, uno se integra a otros niveles. Pero, porqué esa vehemencia con que le  hombre ha tratado el problema de la muerte, que ha dado curso a tantas religiones y filosofías. Por qué no hay nada a lo que los seres humanos se aferren más que al ego. El que diga que no tiene ego está falsificando la realidad. Eso hace que el proceso de autocrítica sea tan difícil. Pero se da y sobre todo cuando es justa una crítica que se haga. Eventualmente se asimila a menos que el individuo sea tan insensible que la pase por alto. Todo el mundo tiene la capacidad de superarse, pero ésta tenemos que desarrollarla muy trabajosamente, en lucha interna con uno mismo.”

¿Cómo usted combina su intensa vida política con su vida privada? Me refiero a ratos de esparcimiento, vida familiar, etc.

JMB: “Trato de mantenerlo. Es esencial para el equilibrio de la personalidad que mantenga a uno en niveles productivos. Incluso como necesidad política, hay que resguardar una cierta expansión de la vida individual. Siempre he tratado de mantener eso. No se puede mantener la rutina ordinaria de la vida familiar, sobre todo, cuando como  en mi caso pertenezco a dos familias muy extensas  y muy cerradas al mismo tiempo. Parte de lo que he tenido que hacer como resultado de la lucha es separarme de la rutina de esas familias.  Pasan los años y no veo a mis tíos, primos, que antes no era así cuando no estaba envuelto en la intensidad de la lucha presente.

“Por lo menos, con la familia inmediata y en el círculo de amistades constantes llevo una vida personal lo más equilibrada posible, pero eso no es fácil.”

Hablemos sobre su actitud antes la juventud actual, sus valores y cómo los visualiza políticamente.

JMB: “Ha habido unos cambios radicales en las concepciones básicas sociológicas del puertorriqueño, que son bien difíciles de asimilar para los que nos formamos en otra época, pero sólo en la medida en que se tenga una apertura para comprender y asimilar en parte, es que se puede hacer la transición para vivir en esta sociedad como está.

“Yo no creo que todo ha sido positivo, hay signos preocupantes. Hay una erosión de ciertos valores que si se dejan desarrollar en la forma en que se están dando, podrían determinar incluso un colapso de Puerto Rico como pueblo. Eso es una de las cosas más inquietantes sobre el futuro de Puerto Rico, que tiene su origen en el colonialismo.

“Pero hay que distinguir entre lo que es positivo a la larga, de una transmutación de valores y de instituciones y lo que es de verdad deterioro. Hay que puntualizar la diferencia. Uno no puede asumir una posición conservadora, reaccionaria, pero  tampoco caer en la glorificación del desmantelamiento de todos los valores. Porque eso puede llevar a un cinismo colectivo y a una brutalización del espíritu general de las masas, que sería desastroso. Los hijos míos no se han criado como yo me crié y a mí me resulta extraño en muchos aspectos, el comportamiento de ellos, pero tengo que cruzar el puente yo y no pretender que ellos lo crucen, para poder entender su sensibilidad, sus valorizaciones, sus principios.”

¿Con qué elementos brega usted para mantenerse vinculado, percibiendo la realidad y el sentir de este pueblo, a pesar de su condición de líder político y no de ciudadano común?

JMB: “Trato de mantener una cierta normalidad de funcionamiento. Nunca he renunciado a ejercer la profesión de abogado. Siempre he llevado casos dependiendo de a intensidad del trabajo político. Eso es una manera de comunicarse; en las cortes, en los problemas de la profesión, no con la intensidad de cuando era abogado de asistencia legal que veía 200 casos en un mes y bregaba con miles de gente.

“Por otro lado, yo tengo una especie de muestra personal hecha a lo largo de años para tratar de percibir el pálpito del pueblo. No pretendo que sea una muestra científica. Tengo círculos de gente, amigos míos, unos viejos, otros jóvenes, familiares, vecinos, gente que no tiene nada que ver con el Partido. Les oigo. Algunos son populares, pipiolos, religiosos, etc. Es muy importante aprender a oír y sacarle provecho.”

En un artículo reciente de Monseñor Antulio Parrilla sobre usted, se destacaba su capacidad para escuchar, que es la base para cualquier diálogo. ¿Existe algún paralelismo entre eso y el espíritu que guiará la actividad de aniversario del PSP?

JMB: “Es un esfuerzo nuestro para promover que todos los que dentro del socialismo tienen cosas que opinar y decir, nosotros escucharlos y ellos tienen que escucharnos a nosotros. Que no sea un diálogo de sordos. Eso es lo que generalmente ocurre en los llamados debates ideológicos. Que cuando uno está escuchando al otro, uno no está escuchándolo, con el espíritu de aquilatar o ponderar ecuánimemente lo que está diciendo el individuo, sino que ya tú estás buscando como es que le vas a contestar y pasas por alto muchas cosas que dice porque lo que no está dentro de lo que tú quieres caricaturizar de lo que la personaestá diciendo, lo eliminas enseguida en la cabeza. Ni siquiera lo registras.”

Como dijera al principio, fue fácil hablar con Juan de tantas cosas ocurridas en 10 años. Lo mejor de todo sería si esas dos horas de charla y ahora escritas cumplieron su propósito de recoger en forma sencilla diez años de lucha del Partido Socialista Puertorriqueño, tarea no tan fácil realizada con el esfuerzo conciente de muchos militantes y afiliados de esa colectividad.

También habla este artículo sobre los próximos diez años enmarcándolos en la actividad que conmemora el Décimo Aniversario, el Encuentro Nacional sobre el Socialismo en Puerto Rico, que se llevará a cabo los días 19, 20, 21 y 22 de noviembre en el Colegio de Abogados, donde los paneles organizados nos ayudarán a crear las condiciones para la arrancada de los próximos diez años. ¡Asiste!