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Falta de electricidad Una crisis que va de mal en peor

A cinco meses del paso de los huracanes Irma y Maria, (septiembre 2017) a miles de residentes en cientos de comunidades, a los alcaldes rojos y azules cuyos municipios todavía no tienen servicio de energía eléctrica (algunos municipios tienen el servicio solo el casco urbano) se les acabó la paciencia.

Las protestas de las comunidades y peticiones públicas de alcaldes tanto de la Federación de Alcaldes (FA) que agrupa a los ejecutivos municipales del partido Nuevo Progresista (PNP y la Asociación de Alcaldes (AA) la cual agrupa a los del Partido Popular Democrático (PPD) exigiendo información a la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) respecto a los trabajos en sus municipios forzaron a una reunión con Carlos Torres, quien fue nombrado por el gobernador Ricardo Rosselló Nevares como el coordinador de la recuperación del sistema energético. La reunión no tuvo resultados positivos para los alcaldes.

Este lunes 15 de enero la Asociación de Alcaldes manifestó su malestar con una marcha que salió de la Plaza Colón hasta frente a la Fortaleza. Mientras transcurría la protesta el presidente de la Asociación, Rolando Ortíz, alcalde de Comerío y el presidente de la Federación, Carlos Molina, alcalde de Arecibo, y el alcalde de Bayamón, Ramón Luis Rivera, sostuvieron una reunión con el Secretario de la Gobernación William Villafañe, en la cual se llegó a un acuerdo para facilitar los trabajos de restauración del servicio entre los municipios y la AEE. Desde un principio los alcaldes habían reclamado que se les permitiera trabajar en las tareas de restablecer el sistema ya fuese con sus trabajadores, equipo y contratación de compañías. El acuerdo fue comunicado en conferencia de prensa en la Fortaleza una vez terminada la reunión. La AEE se supone que este lunes elaborara un borrador de acuerdo para que lo firmen los municipios.

No obstante, según se comenzó a rumorar una vez se dio a conocer el acuerdo el coordinador Carlos Torres no está de acuerdo. En tanto Villafañe en la conferencia de prensa rechazó la manifestación de los alcaldes del PPD, la calificó de estar motivada por razones políticas y también rechazó que se esté dando preferencia a los municipios del PNP que a los del PPD.

Por su parte para el exrepresentante de los consumidores en la Junta de Directores de la AEE, Juan Rosario, a preguntas de CLARIDAD respecto al tiempo que se ha tomado la AEE en poder restablecer el servicio apuntó en primera instancia que sería una mezquindad minimizar el impacto del huracán María y que el sistema eléctrico nunca había pasado una experiencia como esa, el azote del citado huracán. Precisó que María tiró al piso más de 50 torres de transmisión en el área Este, que fue por donde penetró el huracán, no solo fue que las tiró al piso, sino que las torció de tal manera que no hay forma de poder reutilizarlas. Rosario, reconocido ambientalista llamó la atención a que los fenómenos como María van a continuar por lo que es necesario hacer cambios radicales en el sistema.

No obstante denunció que la AEE no ha podido dar ninguna explicación razonable primero del impacto del huracán que diga cuántos postes había y cuántos se perdieron, cuántas torres de transmisión había y cuántas se perdieron y a cinco meses del huracán no la han ofrecido porque no la tienen. Rosario denunció además que la responsabilidad no es solo de la AEE, y atribuyó responsabilidad tanto al Cuerpo de Ingenieros del Ejército (USCI, siglas en inglés) y a FEMA (Agencia Federal de Emergencia contra Desastres).

“Todo el mundo cree que cuando habla el Cuerpo de Ingenieros habla Dios, ese pensamiento hay que quitárselo de la cabeza. Son una partida de incompetentes también, le sigue FEMA y el gobierno central (se refiere al gobierno de Puerto Rico) que es el único de todas esas cosas por la cual nosotros votamos. Este Gobierno tiene la responsabilidad de sentar a todas esas agencias en el mismo sitio a las instancias federales políticas y hacerlas que caminen en una misma dirección, el gobierno no ha podido hacerlo, no tenemos a una explicación, qué vamos a tener soluciones”, denunció Rosario.

El veterano activista criticó la conducta del USCI de que había encontrado piezas en un almacén de la central de Palo Seco. Sobre el particular denunció que el hallazgo fue un “show” montado por el Cuerpo de Ingenieros para desviar la atención de las críticas que ha recibido por parte de la prensa internacional por su trabajo en Puerto Rico. Rosario señaló que el almacén de Palo Seco es el mas público que existe en la carretera 165. Frente a la barbaridad que hizo el USCI -denunció- la AEE respondió con otra barbaridad. Se refirió a las explicaciones que dijo el director ejecutivo, Justo González, de que las piezas eran viejas y la segunda de que estaban reservadas para reparaciones capitales particulares. Sobre la primera excusa reveló que desde que estuvo en la JD de la AEE se había indicado que el almacén había que limpiarlo, y la segunda el que si las piezas eran para mejoras capitales se pudo haber consultado a los bonistas y plantear que en este momento todas son mejoras capitales.

“Aquí se han juntado la incapacidad total de nuestras agencias con la incapacidad de las agencias federales con un país que no se acaba de tirar a la calle de verdad con esta zafra de palos que nos están dando, la gente se compró su planta y se le olvidó que la solución tiene que ser colectiva. Para eso debe servir esta crisis”, resumió Rosario, quien estuvo presente en la manifestación de los alcaldes.

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La culpa de María

«Por culpa de María”… Es una frase que parece tan sencilla… Entiendo que desde el 20 de septiembre de 2017, cuando el huracán María azotó con furia mi bello Puerto Rico, los boricuas, de acá y de allá, hemos usado esa frase en algún momento, y con diferente perspectiva, política, económica o de la vida familiar y cotidiana.

Por culpa de María me pasé pegada, como en un trance, a la televisión, a la computadora, las redes sociales y el celular, todo a la vez por días interminables. No paraba de llorar por la desinformación, por no saber de mi familia, por la devastación, por la impotencia. Sólo veía las noticias y lloraba, hablaba por teléfono con los diasporriqueños para compartir alguna información y la pena, y lloraba, lloraba y lloraba. “Mamá, ¿ya no podremos ir a Puerto Rico nunca más?”, me preguntó el Dude. “Mi amor, iremos tan pronto se pueda. ¿Por qué me preguntas eso?” “Porque escuché en las noticias que sigue pasando el huracán por allá”.

Qué dolor tan inmenso en las entrañas…

Entonces, por culpa de María le escribí a las mujeres boricuas que tenía más cerca. Decidimos reunirnos esa misma tarde. De sopetón llegamos diez personas a casa de Lori. Unas eran mis amigas, otras conocidas y a la anfitriona sólo la conocía por referencia. Nos abrazamos, lloramos, maldecimos, bebimos. Intercambiamos historias de horror. Esa tarde, nos hermanamos. Nos dimos cuenta que viviendo en uno de los estados de la Unión estadounidense, nadie entendía nuestro dolor más que nosotras y nosotros mismos. Ni siquiera los otros inmigrantes comprendían. Sólo los boricuas, todos los que de alguna manera u otra quedamos traumados desde ese fatídico día de septiembre, sentíamos ese desasosiego interno.

“Mis compañeros gringos no entienden por qué llevo dos días llorando sin parar”, dijo una. “Mi jefa ha sido solidaria, pero solo porque tiene familia en la Isla”, comentó otra. “Mi jefe me envió a la casa porque pensó que me iba a dar un soponcio en pleno escritorio”, aseguró la tercera.

Todas bregamos de forma diferente, a unas se les cerró el estómago y a otras les dio por comer de más. Una tomaba xanax, otra bebía y otra fumaba. Casi nadie podía dormir durante toda la noche.

Comenzamos un grupo de mensajes y decidimos vernos con cierta regularidad. Nos reunimos en la fonda Criollísimo, un conocido oásis boricua en New Britain. Nos apetecía comida para el espíritu, fritanga, arroz con habichuelas, mofongo y colita champán, mientras nos dábamos los partes más recientes de quienes ya habían localizado a sus familiares.

Entonces nos organizamos para llevar donaciones a un centro de acopio. Con la bandera de triángulo azul celeste, fuimos hasta New Haven en caravana y llevamos los carros llenos tepe a tepe. Nos abrazamos, y nos dijimos por lo menos hicimos ‘alguito’ para aliviar el dolor de los que lo perdieron todo. “No están solos, en Connecticut estamos con ustedes”, expresamos en un vídeo.

Las semanas que siguieron al huracán fueron intensas… cómo continuar con la vida cotidiana con esta culpa en el alma. “No es culpa”, me dijo Marilyna. “Es ‘Survivors Guilt”, añadió. ¡Umjú! Tenía razón. No era culpa per sé, porque cómo una sola persona podría ser responsable de semejante desastre natural. Era remordimiento por estar fuera de la patria, por el sentimiento de impotencia, de sentirse que es difícil colaborar; remordimiento de una estar bien, con energía, agua, techo, comida, conexión a internet… Era la culpa por habernos ido, por vivir fuera, por no estar ahí.

En esos días sentía que había sólo dos tipos de personas en el mundo, los boricuas y todos los demás. El carro se quedó sin batería, así que llamé a asistencia en la carretera. El tipo se baja de su carro y me pregunta con mi propio acento: “¿eres de Puerto Rico?”. Resulta que Johnny, de Vega Baja, mientras me ‘jumpeaba’ el carro me contó que todavía no sabía nada de su familia. Llegué a comprar la batería nueva y me atendió Carlos, de Caguas, quien le acababa de conseguir pasaje a su abuelita para que llegara a pasarse una temporada con él y sus padres. Fui a enviar un paquete para la Isla y me atendió Jenny, de Toa Alta, aún no se había comunicado con su padre, con quien no tiene relación hace años, pero sigue siendo su papá y quería saber cómo estaba. Me enfermé y cuando vi a Dr. Valentín me relató apesadumbrado que por fin había hablado con su mamá que vive en Levittown, después de interminables días de silencio. A todos los boricuas que me encontraba les preguntaba si sus familias estaban a salvo, sabía que nadie estaba bien. Cada quien tenía una historia traumática que necesitaba compartir.

No existían palabras de consuelo y tampoco las quería si provenían de alguien que no entendía realmente. Mi estilista me preguntó cómo estaba mi familia y acto seguido me mencionó la masacre de Las Vegas. “Tonta”, pensé. No entiende nada. Sólo nos tenemos a nosotros y nosotras.

Nos seguimos reuniendo, enviando paquetes a la Isla, abogando en nuestros centros de empleo y en las escuelas de los hijos para que se hicieran donaciones a las entidades de base comunitaria y no a las grandes corporaciones. También para darnos la mano con los refugiados que comenzaron a llegar, la mamá anciana, la tía, los suegros, los sobrinos.

Sobre todo, nos reuníamos para hablar. Necesitábamos escucharnos, desahogarnos. Una tarde en casa de Gaby, con el olor del pernil recién sacado del horno, las abuelitas intercambiaban historias de lo sucedido en su pueblo, los niños y las niñas correteaban, las parejas compartían… Esta desgracia había unido a este grupo de personas tan diferentes. Nos unía la pena. Nos unía la culpa. Nos unía nuestra cultura y nuestro acento. Nos unía el amor por Puerto Rico. Y de repente, por primera vez desde que vivo en el exilio, me sentí parte de una comunidad.

La culpa o el “Survivors guilt” sigue ahí, latente. Pero, por culpa de María nos unimos y hay más solidaridad que nunca. Más ganas de echar pa’lante a Puerto Rico, de reconstruir la nueva patria.

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El huracán María, la crisis y el escándalo

La destrucción del paso del huracán María fue terrible. Se ha llegado a dividir nuestra vida social con un antes y un después del mencionado huracán. La huella es poderosa, sin duda, pero al mismo tiempo puede ser engañosa. Su peligro consiste en lo que puede ocultar o sacar de foco: la enorme crisis económica-social-política que vivía Puerto Rico mucho antes del huracán. El movimiento violento de la naturaleza no ha cambiado, en lo sustancial, la crisis. Lo que hizo fue agudizarla. Pero ha sido tan fuerte el golpe, que puede hacer visible sus daños como si tuvieran una autonomía que no tienen.

Después del paso de María, Puerto Rico quedó expuesto con una desnudez sorprendente: parecía estar sin gobierno. Es cierto que las comunicaciones quedaron destrozadas, pero esa dolorosa ausencia no explica la total incapacidad del gobierno de Ricardo Rosselló de operar y hacerse visible. Intentaron organizarse en el Centro de Convenciones, pero lo que hubo allí, durante semanas, fue un verdadero caos. Los vientos de María no soplaban en el interior del Centro de Convenciones: lo que soplaba allí era la total incapacidad de un grupo de políticos empresarios obsesionados con la política como negocio, con la política como medio de enriquecimiento por la vía “fast track”, enfrentados súbitamente con la ineficacia de sus mágicos celulares. El vacío imaginativo fue como la otra cara de la moneda de la crisis. Criaturas neoliberales, hijos legítimos e ilegítimos del mercado, entonces se vieron desnudos ante el derrumbe inesperado de la gran maquinaria del intercambio de mercancías. Y el resultado fue evidente: no supieron qué hacer. Todavía, a cuatro meses del huracán, no saben qué hacer.

Los síntomas más visibles de la incompetencia del gobierno aparecieron y todavía se ven en la calle: la ausencia escandalosa de semáforos en áreas urbanas donde hace meses se restableció la luz, la ausencia sorprendente de policías en avenidas principales sin semáforos y en cruces de gran circulación de automóviles, el abandono experimentado por un gran sector de nuestra población ante la inactividad en el restablecimiento de la luz, y la inseguridad que se extiende ante la creciente ola criminal. Dos niveles de abandono social han puesto de relieve el huracán María: el abandono del gobierno debido a su alarmante incompetencia y la lentitud, la ineficiencia, e incluso el desprecio de la burocracia federal.

Pero no todo lo que parece ser un efecto del huracán es un efecto del huracán. La persistente y duradera huelga de brazos caídos de miles de miembros de la Policía de Puerto Rico no tiene causas naturales. Sus causas son económicas y políticas. La ausencia de miles de policías de su trabajo diario no se ha debido a las horas extras que se les debe. También tuvo que ver con la amenaza que se cierne sobre su plan de retiro. No fue el huracán la fuerza que los sacó de la calle. Fueron las medidas neoliberales con sus efectos de empobrecimiento general sobre los sectores laborales del país. Es decir, causas sociales puestas en acción por la política neoliberal, han provocado que miles de policías no cumplan con sus funciones diarias en medio de una situación de emergencia. Si la protesta policiaca se ha dejado ver y sentir con fuerza, ha sido precisamente por las condiciones de inseguridad acentuadas por el huracán. Ahora bien, esa ausencia policiaca ha hecho más visible la ausencia del gobierno y su innegable incompetencia.

Otro de los aspectos más evidentes de la crisis, tal vez el más dramático, ha sido el estado de destrucción del sistema eléctrico del país. Se ha dicho, con razón, que sus grandes torres, sus postes y su cables quedaron en el piso. Nadie puede negar esta realidad. Los ojos pudieron constatarla. Lo que no pueden constatar los ojos fue el largo y silencioso huracán neoliberal que durante décadas azotó a la AEE: corrupción a granel, grandes y disparatados proyectos de gasoductos fracasados, falta de mantenimiento a las generadoras de electricidad y al sistema de distribución, etc. Durante décadas la política bipartidista PPD-PNP se dedicó a esquilmar y debilitar a la AEE como parte de un proceso de desmantelamiento para entregar esta importante corporación pública al capital privado. No esperaban un huracán. Mucho menos de la categoría de María. Antes de poder privatizarla, como resultado de un proceso inmoral de debilitamiento de la AEE, el huracán los madrugó.

¿Qué significó la presencia inesperada de María para el sistema eléctrico? Pasó con toda su violencia sobre un sistema con un mantenimiento totalmente deficiente, prácticamente abandonado, con una significativa disminución de trabajadores para atenderlo, y con una pérdida enorme de clientes industriales y domésticos, debido al cierre alarmante de fábricas desde la liquidación de la Sección 936 y la emigración masiva debido a la pérdida de decenas de miles de empleos. Por consiguiente, el derrumbe de la red de energía eléctrica no puede disociarse de la política neoliberal de las últimas tres décadas. Claro, quién recibe el golpe más duro e inhumano es el mismo pueblo trabajador que ve en peligro su empleo, su sistema de retiro, y muchas otras cosas por las que ha luchado toda su vida.

Apenas toco algunos aspectos alarmantes de nuestra realidad. Falta uno, sin embargo, porque sirve para dar una medida de la insensibilidad que caracteriza la política neoliberal en sus peores aspectos. Mientras se le impone la austeridad a las mayorías laborales y comunitarias, para supuestamente salir de la crisis, resulta revelador observar algunos sueldos de los que dirigen la política neoliberal local. Dos figuras de la Junta de Control Fiscal resultan muy representativas: Natalia Jaresko, con un salario anual de $625,000.00, y Noel Zamot, con $325,000.00. Ni Christine Lagarde, Presidenta del Fondo Monetario Internacional, ni Donald Trump, Presidente de Estados Unidos, se acercan al salario de Natalia Jaresko. Lo mismo sucede con funcionarios del gobierno de Ricardo Rosselló. Julia Keleher, Secretaria de Educación, y Héctor Pesquera, Secretario de Seguridad Pública, ganan al año $250,000.00 y $248,000.00 respectivamente. Estos salarios están por encima de los salarios de Mike Pence, Vicepresidente de Estados Unidos, de Paul Ryan, Presidente de la Cámara de Representantes, así como de Kristjen Nielsen, Secretario de Seguridad Nacional, y James Mattis, Secretario de Defensa, ambos del gobierno estadounidense. No hay forma de justificar este despojo. Ninguna de estas personas, en medio de la crisis que vive Puerto Rico, posee destrezas que justifiquen un asalto así al erario. Los policías saben que mientras el gobierno arrastra los pies para cumplir con el pago de sus horas extras, y mientras su sistema de retiro corre peligro, los funcionarios del gobierno y de la Junta de Control Fiscal, llenan sus bolsillos con dinero público.

La política neoliberal ha fracasado de forma trágica en Puerto Rico. El huracán puso al desnudo la falta de proyecto de desarrollo económico de la última camada de políticos-empresarios. ¿Podrá pensar alguien que desde la bancarrota puede abrirse el camino hacia la estadidad? El delirio colonial neoliberal ha hecho de la estadidad un verdadero esperpento y ha llevado hasta consecuencias grotescas la vieja fórmula romerista con su afirmación de que la estadidad era para los pobres.

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Brasil: Alerta ante un eventual golpe dentro del golpe

Por Juraima Almeida

El 2018 da la oportunidad a los brasileños de optar entre la posibilidad de construcción de una sociedad mínimamente igualitaria o la consolidación definitiva de un proyecto expoliador, represivo, antipopular, siempre y cuando se realicen las elecciones presidenciales y no se produzca un golpe dentro del golpe para impedir, a toda costa, la participación del exmandatario Lula de Silva en ellas.

Las señales son confusas y es difícil que quienes hoy detentan el poder se pongan la soga al cuello: las elecciones no están aseguradas, y harán lo imposible para impedir la elección del expresidente, inclusive un nuevo golpe que conlleva al vaciamiento del presidencialismo o de un enmienda constitucional (eludiendo la consulta popular) que dicte un parlamentarismo de hecho, o una presidencia colegiada, con jueces y quizá militares.

Durante el gobierno golpista Brasil ha retrocedido en todas las áreas, suprimiendo y destruyendo los derechos sociales y concentrando la riqueza en la mano de los más ricos, con aumento expresivo en el precio del gas, la gasolina y la electricidad, cortes en el salario mínimo, en la salud y reducción de inversiones en las universidades, cortes drásticos en la educación, en la investigación y en toda el área social.

No hay esperanza con este gobierno de facto: las medidas anunciadas para 2018 van a agravar aún más este cuadro: Son los más pobres quienes pagarán la cuenta de la reforma de la seguridad social que no afecta a los ricos, los parlamentarios, los jueces ni los militares. Es que para fines de 2017 los “nuevos pobres” sumaron 3,6 millones, mientras Naciones Unidas anunciaba que Brasil retorna al Mapa del hambre.

Solo un nuevo pacto popular alejará del horizonte las amenazas de hoy, que no se reducen a las consecuencias del neoliberalismo radical sino a la radicalización conservadora, como pensamiento, acción, política, gobierno, valores sociales e ideología. El conflicto que no favorece los proyectos de conciliación de clase, presidirá las maniobras de la derecha y condicionará los movimientos del campo popular, independientemente de los partidos y de las candidaturas conocidas y aquéllas por ser anunciadas, señala el exministro de Ciencia y Tecnología, Roberto Amaral.

El académico Liszt Vieira señala que mientras se producen aumentos de impuestos, por un lado, por el otro se perdonan deudas multimillonarias de grandes empresas y se decreta la exención de impuestos a las empresas multinacionales de petróleo. Los medios de comunicación hegemónicos aplauden las reformas presentándolas como esenciales al interés nacional.

El Poder Judicial, cada vez más participante en temas que no le debieran concernir, parece sintonizado con los mismos intereses, al igual que los mandos policiales. A partir del golpe de 2016, la radicalización creció, se expandió y se profundiza a favor del poder económico, bajo el liderazgo del capital financiero y el monopolio de los medios de comunicación, uno y otro “estados” dentro del Estado, que actúan en consonancia y son portavoces del poder fáctico, más allá de los tres poderes constitucionales.

Más allá de los medios de comunicación de masas, en su permanente deconstrucción de la imagen del expresidente, actúan, tomados de la mano, el poder judicial (de jueces de planta como Sergio Moro hasta el STF, pasando por el TSE y los tribunales superiores regionales), el Ministerio Público y la Policía Federal. La intención no es comprobar presuntas irregularidades cometidas por Lula, sino impedir, hoy, su candidatura; mañana, su elección, su posesión y su gobierno, aunque sea a costa de su libertad, amenazada por condenas anunciadas.

Lula promete un nuevo manifiesto-compromiso, dirigido ahora al pueblo (y no como en 2002 a los banqueros), a trabajadores y campesinos, proletarios urbanos que sobreviven en los servicios y a aquellos sectores de la clase media perdidos en el último quinquenio. Un cuando quiera fortalecer su imagen de conciliador, estará presionado por las circunstancias.

La gran ofensiva de la derecha intenta privatizar todo lo posible, hasta el Jardín Botánico de Río. Luchar contra las zancadillas que intentan impedir que Lula sea candidato en 2018 y levantarse en la defensa de la democracia y los intereses de la nación, puestos en riesgo por el entreguismo más descarado, son las tareas del espectro popular, en busca de unidad táctica, estratégica y de acción.

Revertir el grave retroceso será la gran tarea del gobierno que sea elegido en noviembre de 2018.

Reproducido de www.redcomsur.org

La izquierda puede ganar en México

Por Emir Sader

Ya son como ocho veces que la izquierda llega al final de la campaña electoral con posibilidades de ganar en México, y casi gana. Le han quitado varias veces el triunfo con fraude. El Estado-partido del PRI ha sobrevivido a dos mandatos fuera de la presidencia, pero ha retornado. Y aunque ha fracasado como gobierno, se ha debilitado con ello, mantiene el poder de imponer resultados a fuerza, como la elección del gobierno del estado de México lo ha demostrado.

Pero el PRI ya no puede todo. Primero, ha perdido dos veces. Segundo, llega a estas elecciones muy desgastado por el fracaso del gobierno de Peña Nieto, quien ha resucitado el destape, eligiendo a un economista neoliberal típico, quien ha servido al gobierno del PAN y ahora presta sus servicios al del PRI, como candidato de fuera del partido, pero absolutamente integrado en las élites empresariales: José Antonio Meade.

Del otro lado del mismo campo, el PAN logró imponer al presidente del partido, Ricardo Anaya, como candidato a presidente, en alianza con lo que queda del PRD –anteriormente representante de la izquierda.

Son dos máquinas políticas, cada una con muchos gobernadores, con grandes bancadas parlamentarias, listos para accionar todo ese poder de aparato para disputar entre sí quién tiene mejores condiciones de enfrentarse al candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

López Obrador se lanza a su tercera campaña presidencial, lo cual significa que ocupa el centro del espacio de la izquierda desde hace por lo menos 20 años, desde que sustituyó a Cuauhtémoc Cárdenas como candidato a la Presidencia de México por el PRD, y ahora por su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional, Morena.

Candidato moderado, calificado por el New York Times como más cercano a Lula que a Hugo Chávez, aunque como todo candidato progresista sea tildado de chavista y bolivariano por la derecha. Con un programa económico tradicional, ubica el tema del combate a la corrupción como el eje de su programa de gobierno.

Así como otras veces, López Obrador se ubica como primero en las encuestas, incluso por gozar del recall respecto de los otros candidatos. Es así la víctima privilegiada de los ataques de la derecha y de sus medios, aunque no es tan boicoteado como en otras campañas, por el hecho mismo de que es el favorito en las encuestas.

Síntomas favorables a López Obrador son adhesiones de empresarios y de políticos vinculados al PRI y al PRD, que se combinan con anuncio de posible ministerio moderado. Por ello y por la alianza con un partido fundamentalista religioso provocaron críticas dentro de la misma izquierda, pero sin mermar, hasta ahora, su favoritismo.

Por otra parte, la lideresa indígena candidata del zapatismo, María de Jesús Patricio, conocida como Marichuy, tiene dificultades para lograr las firmas necesarias para registrar su candidatura. Ello también puede favorecer a López Obrador.

Pero lo decisivo es la división y el debilitamiento de los dos partidos tradicionales. Fracasó Peña Nieto como alternativa renovadora del PRI. El PAN, aún aliado a lo que queda del PRD, tampoco muestra fuerza para enfrentar a López Obrador, aunque parece ser el frente que va a recibir el grueso del apoyo de la derecha mexicana, preocupada con la eventual victoria del izquierdista. Aunque el principal adversario de Lopez Obrador es el fraude, que varias veces impidió la victoria de la izquierda en las últimas décadas.

El que gane, aun no siendo de la izquierda, tendrá que enfrentarse a la postura de Trump en contra de México y del tratado de libre comercio, además de lo del muro y de la expulsión de inmigrantes. Posiblemente el próximo presidente tendrá que volcarse hacia América Latina, restableciendo alianzas, especialmente si Lula vuelve a ser presidente de Brasil.

Con elecciones en México, Brasil, Colombia y Venezuela, entre otros, 2018 permite que la izquierda recupere iniciativa y se vuelva a fortalecer en el continente.

Reproducido de www.rebelion.org