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Topografía: ¿Satanás el bueno?

Como muchos de ustedes, supongo, me crié con la idea de que Satanás, el Demonio, el Diablo, el Príncipe de las Tinieblas, Lucifer o el nombre que fuera, era lo peor de lo peor, o sea, la representación del MAL con las más grandes mayúsculas. (A veces, los vampiros personificaban la misma idea, pero eso es otro tema.) Bueno, pues el tiempo ha pasado y las cosas han cambiado. Tal vez algunos dirán que la columna de hoy es evidencia de que el diablo anda suelto y por eso el fin del mundo ya está aquí. Ni tanto. Vamos a ver cómo podemos entendernos.

El motivo inmediato que me lleva al tema es la demanda por 50 millones de dólares que el Templo de Satanás le ha puesto a Netflix a causa de una estatua. Así como lo leyeron. De este modo es que me entero de la existencia de tan particular culto pues de la serie ya sabía algo. Chilling adventures of Sabrina, la serie creada por Netflix, presenta una comunidad más o menos normal. Lo peculiar es que incluye otra comunidad: la de brujas y brujos. La protagonista es la joven bruja Sabrina. La comunidad de brujos asiste a su propia iglesia y los jóvenes van a su propia escuela. En el colegio al que asisten (algo así como el Hogwarts de Harry Potter) hay una estatua de la deidad Bafometo. Esa es la imagen de la discordia o de la demanda. La escultura representa una figura, sentada, antropomórfica pero con cabeza y patas de macho cabrío, el brazo derecho señalando al cielo, y el izquierdo, a la tierra, y tiene otros rasgos de carácter simbólico. El Templo de Satanás alega que la serie hace uso, sin permiso, de la imagen de una estatua propiedad de ellos. Pero, sobre todo, les indigna que se distorsione su filosofía ya que, en la serie, se asocia incorrectamente la figura de Bafometo con el canibalismo y los sacrificios humanos. Para los demandantes, entre los diversos significados de la deidad, se encuentran la idea la unión de los contrarios, la búsqueda de la luz y la sabiduría. La Iglesia le había comisionado su factura a un artista y este realizó la labor inspirándose en la imagen ya existente hecha por el escritor y “mago” francés conocido por su pseudónimo Eliphas Levi (1810-1875). La querían colocar frente al capitolio de Oklahoma, al lado de otro monumento con las tablas de los diez mandamientos. Se trataba de un desafío y de una denuncia pues la administración de Oklahoma había destinado terreno público para fines religiosos. El Templo de Satanás ganó el caso en corte. Los diez mandamientos se fueron para otro lado y los satánicos desistieron de poner allí su Bafometo. Ahora está expuesta en la galería de arte de los cuarteles generales de la Iglesia.

El Templo de Satanás es una organización legalmente instituida, es una “marca registrada”, como todas las iglesias. Tiene su sede en Salem, Massachusetts. Lo cual es una simpática curiosidad, pues Salem fue uno de los lugares donde en el siglo xvii hubo cacería de brujas. Según la explicación de uno de los fundadores, Lucien Greaves, un graduado de Harvard, (quien, por razones de seguridad, usa pseudónimo ya que ha recibido amenazas de muerte), el “satanismo” que propugnan es ateo y se opone a toda superstición. Según él, Satán no es una entidad sobrenatural, es un constructo metafórico que representa la rebeldía ante el poder abusivo. Apoyan los derechos reproductivos de de la mujer y rechazan la homofobia. Uno de sus actos tipo “performance” fue una “misa rosa” de afirmación gay ante la tumba de un connotado religioso homófobo, Fred Phelps, fanático, fundador de la Iglesia Bautista de Westboro. Al reavivarse el sentimiento anti-musulmán luego de los ataques en París, y ante el temor de represalias, dos capítulos del Templo Satánico, en San José y en Minneapolis, ofrecieron a los musulmanes de sus comunidades servicio de escolta y hasta llevarles la compra a su casa. El anuncio decía (traduzco): “Si hay alguien en la región de San José que sea musulmán y tenga miedo de salir de su casa por temor a represalias, no dude en contactarnos. Con gusto lo escoltaremos a donde tenga que ir sin anunciar nuestra presencia –solo tipos grandes acompañándole a donde usted tenga que ir. (“just big dudes walking you where you need to be” ) También gustosamente le llevaremos algunas provisiones.” (“We would also happily deliver you some groceries”). La propuesta de los satánicos de Minneapolis decía: “Nuestro ofrecimiento a los musulmanes de las Ciudades Gemelas viene de un lugar de compasión genuina por nuestros hermanos seres humanos.” (“Our offer to the Muslims of the Twin Cities comes from a place of genuine compassion for our fellow human beings.”)

Pero vayamos a la sustancia de lo satánico. Hagamos una prueba. Lea usted los siguientes principios. Si al final de la lectura los suscribe debo decirle, amigo lector, que es usted, por lo menos, un simpatizante del Templo de Satanás, lo cual le convierte en un posible “satánico”. Pero no hay que preocuparse mucho. Estamos entre palabras. Y como entre ellas andamos, veamos el otro lado: podemos decir que hay cristianos que obran como verdaderos hijos del Diablo, si entendemos por tal entidad todo el mal tradicional que se le adjudica. Ahora lean los siguientes preceptos y comparen con la filosofía de vida cristiana. (Me refiero a lo “mejor” o más “progre” de ella.) En la versión original en la página del Templo aparecen en inglés, aquí se reproducen en traducción nuestra.

1. Uno debe actuar con compasión y empatía hacia todas las criaturas acorde con la razón.

2. La lucha por la justicia es una búsqueda continua y necesaria que debe prevalecer sobre las leyes e instituciones.

3. El cuerpo de uno es inviolable, sujeto solo a la propia voluntad.

4. La libertad de los otros debe ser respetada, incluyendo la libertad de ofender. Atentar voluntariosa e injustamente contra la libertad del otro es renunciar a la propia.

5. Las creencias deben conformarse al mejor entendimiento científico que uno tenga del mundo. Hay que cuidarse de nunca distorsionar los hechos científicos para acomodarlos a las propias creencias.

6. El ser humano es falible. Si uno comete un error, debe hacer el mejor esfuerzo por corregirlo y eliminar el daño que se haya podido causar.

7. Cada precepto es un principio guía diseñado o pensado para inspirar nobleza en la acción y en el pensamiento. El espíritu de compasión, sabiduría y justicia debe prevalecer siempre sobre la palabra escrita o hablada.

No se alarme si se siente atraído por tales principios. Simplemente, por si acaso, no le diga a nadie que usted se siente medio satánico. Sea solidario con el prójimo como si se tratara de usted mismo. Lo demás, que ha pesado sobre todos por mucho tiempo e innecesariamente, son las instituciones burocráticas condenadas al olvido. Quién sabe. Según van las cosas en nuestra isla, a lo mejor Satanás tenga que venir a ayudarnos. Dicen que la última deuda la paga el Diablo. No estaría mal siempre que fuera un tipo solidario y justo.

Danzar en medio de los escombros

En América Latina, los movimientos sociales y la sociedad civil organizada han vivido derrotas políticas que han significado fuertes retrocesos sociales que ponen los grupos y sectores más conscientes en situación de tristeza y casi depresión. La onda de odio y violencia con la qual fuerzas de derecha han tomado el poder en diversos países del continente y ahora en Brasil, resucitan fenómenos como el fascismo. En todo eso, una de las banderas más visibles es la intención de acabar de vez con lo que ellos llaman de izquierda. Y como si aún viviéramos en los años 70, hablan en destruir el comunismo ateo.

En Brasil, el gobierno recién elegido promete luchar contra lo que su líder llama de negros desocupados, indios inútiles, homosexuales pervertidos y otras personas consideradas sub-humanas. A eso, los miembros de movimientos sociales reaccionan presentándose de forma como si todos nosotros fuéramos indios, negros, homoafectivos y personas marginadas de esa sociedad cruel. Pero, al mismo tiempo, de manos dadas y desde una espiritualidad de la resistencia. Por todo el país, una consigna irrenunciable es “Nadie suelte las manos de nadie”. Optamos por una esperanza que no es prisionera de nuestras conquistas o victorias. Si fuera así no sería esperanza revolucionaria. Es una esperanza insistente y que no cede a todo tipo de ataque. Es la esperanza de la fe. Por eso, se intenta danzar la esperanza en medio de los escombros sociales y políticos de nuestras realidades. Ese es el contexto, en lo cual, en Brasil y otros países los sectores progresistas se unen en frentes democráticos amplios, pluripartidarias y por la justicia y la vida.

En esa realidad, no contamos con la ayuda de la prensa. La libertad de expresión está amenazada. Solo podemos contar con la solidaridad de los compañeros y compañeras de otros países y principalmente de la América Latina y Caribe.

Hacen 70 años, en noviembre de 1943, en el campo de concentración de Auschwitz, murió una joven de 27 años llamada Etty (Ester) Hillesun. Era una judía holandesa de Amsterdam. En víspera de morir, escribió: “En esas circunstancias, no podemos renunciar a la misericordia. Necesitamos aprender a no odiar. Debemos denunciar la opresión, combatir el mal, vivir la indignación profética, pero sin odio, ni deseo de venganza. El enemigo puede sacar de nosotros todo, hasta la vida, pero no puede robar la integridad interior de nuestro ser íntimo. No dejemos que, en lo más profundo de cada uno de nosotros, quede ahogada una presencia de amor: el Espíritu”.

Una ópera de tres centavos

En 1978, Robert DeNiro fue a visitar a Martin Scorsese a una clínica de desintoxicación en las afueras de Nueva York. DeNiro y Scorsese eran como hermanos. Habían filmado juntos Calles Peligrosas cuando nadie los conocía, habían alcanzado fama y gloria con Taxi Driver y venían de ser despedazados por hacer New York, New York. DeNiro no había padecido tanto porque él era el actor nomás, y New York New York era evidentemente una película de director, pero Scorsese había padecido un colapso triple: el fracaso de su película, la intempestiva partida a Europa de Isabella Rosellini, su novia de entonces, y su adicción a la cocaína. DeNiro no sabía con qué iba a encontrarse pero igual fue con un libro bajo el brazo. Scorsese lo esperaba con otro libro para regalarle. Los dos pensaban lo mismo: en el traslado al cine de ese libro que tenían entre las manos estaba la oportunidad de ambos para volver a la buena senda, a los buenos tiempos. El libro que Scorsese tenía para DeNiro era La última tentación de Cristo, de Kazantzakis. El que DeNiro le dio a Scorsese era la autobiografía del boxeador Jake LaMotta.

Dos días después DeNiro volvió a la clínica y le dijo a Scorsese que el libro de Kazantzakis no le decía absolutamente nada. Scorsese le contestó que a él le pasaba exactamente lo mismo con el de Jake LaMotta. Scorsese quería que Travis Bickle hiciera de Cristo, era una idea potentísima pero él estaba demasiado débil para defenderla. Y DeNiro tenía miedo de colapsarlo si le decía lo que realmente pensaba: porque, sin decirle nada, ya había pagado de su bolsillo los derechos para llevar al cine la vida de Jake LaMotta y no se le ocurría ningún otro director que pudiera filmarla.

“Pero yo no sé nada de box, nunca me interesó”, le decía Scorsese con un hilo de voz. DeNiro insistía, apelando al corazoncito itálico de su amigo: “Imagínalo como un gladiador que sale a la arena. Imagina toda esa gente que quiere verlo devorado por los leones”. Y le describía la capacidad sobrehumana de LaMotta para asimilar el castigo sin caer a la lona, las veces que había remontado con un KO providencial peleas que estaba perdiendo alevosamente por puntos. “Marty, sólo tú puedes transmitir lo que significaba LaMotta para nuestra gente. Te estoy hablando de un tipo que perdió cinco veces contra Ray Sugar Robinson y al final de cada pelea, con la cara tumefacta y sangrante, iba a abrazarlo y le decía al oído: Tampoco esta vez pudiste noquearme, Ray. Imagina un boxeador que pelea como si no mereciera vivir. Imagina lo que puedes hacer con la cámara cuando filmes cada golpe, las gotas de sudor y de sangre volando por el aire y salpicando los tapados de piel y los smokings de la gente en el ringside. Te estoy hablando de una ópera, Marty. Las peleas serán como las arias. Sólo tú puedes convertir esta historia en una ópera del Bronx”.

Hoy es difícil imaginar un DeNiro así, pero en aquel tiempo estaba prendido fuego: venía de hacer Taxi Driver y El Padrino, y mientras convencía a Scorsese hizo El Francotirador. A mí no me parece casualidad que, en El Francotirador, eligiera mal su papel y dejara que Christopher Walken se robase la película. Tenía toda la libido puesta en convencer a su hermano Marty para hacer juntos esa ópera del Bronx. Las palabras “ópera” y “Bronx” tocaron un punto neurálgico en la vapuleada humanidad de Scorsese. En New York New York había intentado que confluyeran sus ambiciones contrapuestas de ser un grande de Holywood a la manera de Vincente Minelli o John Ford y un trangresor a la manera de Fassbinder o Godard. La crítica le había hecho saber de mala manera que no se podía ser las dos cosas al mismo tiempo, pero él seguía creyendo que sí se podía, si el vehículo elegido era el correcto.

Recordemos aquellos tiempos: Bob Fosse acababa de de filmar Lenny en blanco y negro, con Dustin Hoffman haciendo un Lenny Bruce monumental, y el gran éxito del año anterior había sido Rocky, una película de boxeo, una película de losers. En cuanto le dieron el alta a a Scorsese, DeNiro lo arrastró a un burlesque de la calle 47 donde La Motta hacía de patovica a cambio de que lo dejaran subir un rato al escenario, donde recitaba trozos de Shakespeare con su dantesco acento del Bronx, para las risotadas del público. DeNiro miró a su amigo. Scorsese ya estaba imaginando la película. Esa misma noche decidieron que había que filmar en blanco y negro, porque así era el box para el inconsciente colectivo norteamericano: como lo habían todos visto por primera vez, por televisión, en aquellas míticas peleas de sábado a la noche en blanco y negro.

Scorsese sabía que no cotizaba nada bien después de la catástrofe de New York, New York y de su internación para desintoxicarse. Pero tenía una película de boxeadores. Y tenía a DeNiro. Y tenía también a Paul Schrader, que era una garantía: venía de una racha de guiones exitosos desde Taxi Driver. Es decir que ya tenía su ópera de tres centavos. Schrader lograría sacar, de la tosca acumulación de confesiones que era el libro de La Motta, un guión que era un directo al plexo. Empezaba con un plano negro, ruido de gritos y muebles rotos y por encima un vozarrón que decía: “¡Acábenla de una vez! ¿Son animales o qué?” (El batifondo era La Motta fajando a su mujer embarazada). Y la última escena era en un calabozo, La Motta preso en Miami por chulear pibas de catorce, en su momento de mayor degradación, solo en aquel calabozo, donde procedía a masturbarse mientras murmuraba con la cabeza gacha: “No soy un animal, no soy un animal”.

Por supuesto, en el imaginario mundial, El Toro Salvaje es la película con la que DeNiro ganó un Oscar por engordar un millón de kilos para encarnar un LaMotta crepuscular, después de haber hecho todas las escenas del LaMotta boxeador con un cuerpo que era más fibroso y eléctrico que un cable de alta tensión corcoveando. La leyenda dice que DeNiro entrenó un año entero bajo la supervisión directa del propio LaMotta, que hizo más de mil rounds de guantes con sparrings que le bajaron varios dientes y a los que él les rompió una que otra costilla, que filmó contra reloj todas las escenas de LaMotta joven y a continuación se fue cuarenta días de caravana por trattorias de pueblo del norte de Italia, comiendo siete y a veces ocho veces al día hasta agregarle treinta kilos a su fibrosa osamenta de sesenta y cinco.

El Toro Salvaje es la última gran película de DeNiro y su último Oscar. Es también la última gran película americana de los años 70, además de ser la mejor película de box de todos los tiempos y la gran derrotada de los Oscar de1980, donde perdió contra Gente como uno, y Scorsese cayó como mejor director contra Robert Redford. La leyenda dice que El Toro Salvaje perdió toda chance de Oscar cuando el loco John Hinckley quiso asesinar a Ronald Reagan bajo la influencia de Taxi Driver. Scorsese no quería ni ir a la entrega de los Oscars, finalmente asistió escoltado por agentes del FBI disfrazados de invitados, y se lo llevaron antes de que terminara la ceremonia. Había sido, una vez más, el gran derrotado de la noche. En el avión que se lo llevó de Los Angeles esa misma noche encontró consuelo releyendo por enésima vez su ejemplar recontrasubrayado de La última tentación de Cristo, sin saber que lo esperaban nueve años de penuria hasta plasmar en la pantalla grande esa preproducción mental que lo distrajo del fracaso en aquel vuelo nocturno de Los Angeles a Nueva York.

Publicado en Página 12. 11 de noviembre de 2018.

Crucigrama: Silvio Rodríguez

Horizontales

1. Silvio _____ Domínguez; cantante, compositor, poeta y político cubano. Fundador del Movimiento de la Nueva Trova, junto a Pablo Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú.

5. Segunda nota musical.

7. Dirigirse a un lugar.

8. _____ con ángeles; decimoquinto álbum de Silvio de 2003.

10. Amarrar.

11. Interjección.

12. _____ Mayor; canción de Silvio dedicada al patriota cubano Ignacio Agramonte y Loynaz.

13. Señor, abrev.

14. Lengua de un pueblo o nación.

17. Empezar a mostrarse.

20. Nombre de la letra f.

23. Que forma ondas.

27. _____ Rodríguez; fue dibujante de historietas y caricaturas en el semanario Mella, además de guionista. Ha recibido numerosos premios discográficos en Cuba y en el extranjero.

28. Canción de ritmo lento, bailable, muy popular en el Caribe.

29. Reza.

31. 29 de _____ de 1946; nacimiento de Silvio.

34. Al _____ del Maniadero; documental del cubano Octavio Cortázar con música de Silvio.

35. _____ (o La canción de los viejos recuerdos); composición de Silvio.

36. _____ Antonio de los Baños; ciudad natal de Silvio.

37. La _____; composición de Silvio.

39. Tres _____ pájaros; canción de Silvio de 1868.

41. _____ de mujer con sombrero; canción de Silvio de 1970.

43. Mano a _____; álbum de Silvio y del español Luis Eduardo Aute grabado en directo en concierto en España en 1993.

45. Vivo en un _____ libre; canción de Silvio.

46. Ave rapaz diurna.

Verticales

1. La gota de _____; canción de Silvio de 1980.

2. Del verbo datear.

3. Extremista, ultraderechista.

4. Canción del _____; composición de Silvio de 1976.

5. _____ y bosteza; canción de Silvio de 1971.

6. La _____ está pariendo un corazón; composición de Silvio de 1967.

9. _____ final de la segunda luna; canción de Silvio de 1968.

10. Carta de la baraja.

15. Silvio Rodríguez _____; autor de más de 500 canciones, entre ellas: Canción del zorro, La gota de rocío, Canción del elegido, Óleo de mujer con sombrero, Ojalá, La cal, Reino de todavía, ¡Oh, melancolía!, Madre, El Mayor y Rabo de nube.

16. Cacahuate.

18. Si yo fuera un perro _____; canción de Silvio dedicada a su hija Violeta.

19. _____, te hablo de Ernesto; canción de Silvio de 1970.

20. Símbolo del europio.

21. El rey de las _____; canción de Silvio interpretada en 1971 durante los actos por el XV Aniversario del desembarco del Granma.

22. Dios de la mitología sumeria conocido también como Enki.

23. Aoven.

24. Primera nota musical.

25. Símbolo del niobio.

26. Dígrafo ll y sonido que representa.

29. Escuchaba.

30. Ameos, planta aromática.

32. _____; composición de Silvio de 1969.

33. _____ de todavía; canción de Silvio de 1994.

37. Conjunto de ramas y hojas que forma la parte superior de un árbol.

38. Pasaba la vista por lo escrito.

39. La _____; composición de Silvio de 1979.

40. Papagayo.

42. Forma de pronombre.

43. Apócope de mamá.

44. ¡_____, melancolía!; álbum musical de Silvio de 1987.

Diseños

Puerto Rico enfrenta grandes retos. Ante éstos, la disminuida capacidad de su sistema político solo sirve para acentuar la incertidumbre y alimentar la perversa cultura de la inviabilidad. La gestión pública se circunscribe, básicamente, a políticas de austeridad y dependencia.

No parece haber plena conciencia de que la inviabilidad de un orden social no obedece a una condena natural ni a la vigencia de una inexorable ley universal, sino al diseño realizado por seres humanos. Una vez se realiza el diseño se gesta la resistencia a la crítica, a la posibilidad de algún grueso error en su arquitectura o de alguna política profundamente desacertada. A esta resistencia los economistas institucionalistas le llaman “encapsulamiento ceremonial”.

Antes del huracán María la economía de Puerto Rico llevaba más de una década en franca contracción. Esta prolongada depresión fue precedida por un período de crecimiento modesto que ni el poder promocional de la famosa Sección 936 ni el descomunal aumento de las transferencias federales –sobre todo del año 1970 a 1980– lograron convertir en verdadero desarrollo. A esta etapa le antecedió la “época de oro” de Operación Manos a la Obra –décadas de 1950 y 1960– en la que las altas tasas de crecimiento económico no se tradujeron en incrementos análogos en el empleo. De hecho, Operación Manos a la Obra sacó del país muchas más manos de las que puso a trabajar.

La industrialización se diseñó a base del establecimiento de un enclave de inversión directa externa atraída por privilegios fiscales. El resultado de los enclaves suele ser el mismo en todas partes: carencia de eslabonamientos con el resto de la economía, insuficiencia en la generación de empleos, remisión de los beneficios hacia el exterior, poca diversificación y porosidad de la base tributaria.

Puesto que tal diseño generó una economía estructuralmente atrofiada, incapaz de satisfacer las necesidades del país, se recurrió a varias vías de compensación o “válvulas de escape”. Aparte de la economía informal, sobresalieron tres: emigración, dependencia y endeudamiento. No obstante, ante la profundización de la crisis, lo que ayer se invocaban como “válvulas de escape” para evitar que la olla explotara hoy se reconocen como problemas, destacándose inicialmente el de la deuda pública. Se buscan entonces nuevos diseños, como la Junta de Supervisión (Control) Fiscal creada en virtud de la ley del Congreso de Estados Unidos cínicamente conocida por sus siglas, PROMESA (“Puerto Rico Oversight and Economic Stability Act”).

Los objetivos medulares que la ley consigna pueden resumirse en dos: lograr estabilización fiscal y reanudar el acceso a los mercados de capital. Esto es imposible si no se cuenta con una base tributaria amplia y sana. Pero esto, a su vez, requiere un proceso de desarrollo que propicie el fortalecimiento de todo el andamiaje productivo. Resulta evidente que sin el cumplimiento de esta condición no hay estructura fiscal ni deuda que pueda sostenerse. Aquí, como en los diseños anteriores, radica la debilidad del Plan Fiscal que recientemente certificara la Junta: ni provee para la ampliación de la base fiscal ni, mucho menos, para un proceso de desarrollo sustentable.

Las proyecciones de crecimiento económico del Plan parten de la premisa de que llegará un gran influjo de fondos –alrededor de $82,000 millones– para compensar el desastre provocado por María. Pero tal parece que la Junta anticipa que la “ayuda”, como es usual, entrará por un lado y saldrá por el otro. Por tanto, el crecimiento proyectado es pasajero. Además, se presume que la debilitante emigración continuará.

El período cobijado por el Plan comienza con altas tasas de crecimiento económico, 7.9 y 5.5 por ciento para los años fiscales 2019 y 2020 respectivamente; luego, en los siguientes dos años, se torna modesto, 2.9 y 2.5 por ciento; acaba colapsando en el año 2023. Al colapso del crecimiento económico le sigue el colapso del llamado sobrante presupuestario en el año 2033. El desarrollo sostenido y sustentable brilla por su ausencia.

La Junta, como tantos otros actores de acá y de allá, se inspira en la doctrina neoliberal, con su juego de ideas y de intereses. Su preferencia del espacio privado sobre el público, del lucro sobre el servicio y del individualismo sobre la solidaridad es clara. De aquí se desprende su obsesión con el desmantelamiento de la dimensión pública, su afán con la eliminación total de los sistemas de pensiones de beneficio definido y su alergia a todo lo que se asemeje a una reivindicación laboral. Bajo este esquema ideológico –aderezado con planteamientos académicos provistos por asesores mercenarios– los integrantes de la Junta distinguen los diseños que consideran viables de los que, de arranque, condenan por inviables. Hacen recordar una punzante crítica que le hiciera John M. Keynes a personajes con ideas similares en medio de la Gran Depresión: “Los maniáticos de la autoridad, que oyen voces en el aire, destilan su frenesí inspirados en algún mal escritor académico”.

En resumidas cuentas, el pueblo de Puerto Rico se enfrenta a dos rutas con distintos diseños institucionales. La primera es la que existe, por la que ha estado transitando. Sus coordenadas son una relación colonial alimentada por la obsesión política con la “unión permanente” que en ninguna de sus dos versiones –estado libre asociado y estadidad– es vía de desarrollo sino de emasculación, ahora bajo la égida de la Junta; y un enclave económico agotado que siempre se tuvo que acompañar de emigración, dependencia y endeudamiento, ahora parte de la crisis.

La segunda ruta presume un nuevo diseño que hace rato la necesidad dicta. Es la que muchos invocan –muchas veces sin plena conciencia de ello– cuando postulan el imperativo de aumentar los vínculos internacionales, de diversificar la economía, de multiplicar las fuentes de inversión tanto para acceder a distintos mercados como a nuevas tecnologías, de definir una política de inversión directa externa que no desplace sino que complemente y movilice recursos internos, de promover el empresariado local, de abrir oportunidades en el mercado laboral, de auditar la deuda y reestructurarla legítimamente, de articular un sistema integrado de pensiones y seguridad social, de enriquecer el quehacer cultural, de lograr una sociedad sana, justa y equitativa… Es la ruta de la construcción de un estado nacional en un mundo extraordinariamente dinámico en el que la interdependencia, o lo que se ha denominado “espacio multidimensional”, se plantea como vía al desarrollo.

Se trata de la ruta de la viabilidad. Pero algo debe estar claro. Si no se tomara, si Puerto Rico derrotara su futuro, no sería por falta de posibilidades sino –más allá de la irresponsabilidad e indiferencia del gobierno de Estados Unidos– por incomparecencia del pueblo puertorriqueño y sus dirigentes, por sucumbir a los cantos de sirena de diseños conducentes al naufragio.