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Jenniffer González y la difamación como arma política

Jennifer González Foto por: alina Luciano/CLARIDAD

 

Francisco “El Jimagua Cartagena Méndez

En tiempos de crisis social y polarización, la difamación política se ha convertido en un arma peligrosa que erosiona la confianza pública y distorsiona el debate democrático. Cuando se lanzan acusaciones sin pruebas, sin fundamento y sin responsabilidad, no solo se ataca a una persona: se hiere la credibilidad de las instituciones y se alimenta un clima de desinformación que afecta a todo el país.

La discusión pública en Puerto Rico se ha visto contaminada por la gobernadora de Puerto Rico Jenniffer González y el  presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz tras acusaciones políticas sin evidencia. En repetidas ocasiones, se recurre a la crisis que atraviesan países como Venezuela o Cuba para insinuar vínculos o donativos inexistentes, sin presentar prueba alguna que lo sustente. Lo más preocupante es que sectores de la prensa permiten que estas expresiones se repitan sin cuestionamientos, sin exigir documentación, sin ejercer el mínimo rigor periodístico que la democracia exige.

Cuando se lanzan señalamientos tan serios sin fundamento, no se fiscaliza: se difama. Y esa estrategia no solo degrada el debate público, sino que divide al país, erosiona la confianza ciudadana y fragmenta los pilares democráticos que deberían sostener cualquier contienda política.

La política deja de ser un espacio de ideas y propuestas cuando se transforma en un campo de batalla donde la mentira se usa como estrategia. La difamación no es transparencia; no es democracia. Es una forma de violencia simbólica que manipula emociones, destruye reputaciones y desvía la atención de los problemas reales que afectan a la ciudadanía, y este no es el Puerto Rico que nos merecemos.

Merecemos aspirar a un país de avanzada, guiado por ideas y por un compromiso real con la protección del medio ambiente y nuestros recursos naturales. Merecemos un país que garantice viviendas accesibles para su gente y que reconstruya un Sistema de Educación profundamente herido por años de corrupción, tanto bajo administraciones del Partido Nuevo Progresista como del Partido Popular Democrático. Sin embargo, cuando el debate público se contamina con difamaciones provenientes de la gobernación, lo único que se produce es mayor inestabilidad social. Se profundizan las divisiones entre puertorriqueños y se perpetúan mentiras institucionales que llevan décadas utilizándose para demonizar al independentismo y desviar la atención de la pésima gobernanza del gobierno actual.

Es como si pensar por cuenta propia fuera un pecado, pues a ciertos sectores del PNP no les conviene un pueblo educado, crítico y libre de mente, un pueblo que ya no se trague narrativas fabricadas ni repita mentiras institucionalizadas. Por eso insisten en promover discursos de miedo y desprestigio contra Juan Dalmau y contra el independentismo en general: porque un país desinformado es más fácil de manipular.

Mientras la ciudadanía permanezca confundida o dividida, el gobierno de Jenniffer González puede seguir impulsando un Código Electoral hecho a su medida, diseñado para beneficiar únicamente a quienes ya están en el poder. Y así, entre sombras y artimañas, se perpetúa un sistema que les permite mantenerse arriba, aun cuando el país exige cambios profundos.

 

El autor  es escritor, activista de derechos humanos

 

4 de abril de 1968

 

Luis G. Collazo

Fue este día que el líder de los Derechos Civiles y Humanos, Martin Luther King, fue asesinado en la ciudad de Memphis, Tennessee a manos de un franco tirador. Muchos pensamos que el autor intelectual del mismo fue el sector hegemónico de la elite  prepotente de ese momento histórico., enemigo acérrimo del pastor bautista. Su sentencia de muerte resulta, a mi juicio, de su denuncia radical de la participación de los E.U. de N.A. en la guerra de Vietnam.

Retomar los valores e ideales que guiaron el ministerio profético de este pastor y profeta es hoy un imperativo ético fundamental. La perversidad con que hoy se ejerce el poder, en los diferentes contextos históricos, amerita la urgencia de asumir una opción de denuncia contundente de las agendas que frustran la esperanza, la justicia y la paz.

En su carta, escrita mientras estaba en la cárcel de Birmingham, estado de Alabama, fechada el 16 de abril de 1963, les respondía a líderes religiosos de la ciudad la carta que estos le enviaron recriminando su gesta profética, “Pero lo fundamental es que, si estoy en Birmingham, es porque aquí está la injusticia. Al igual que los profetas del siglo VIII a.C. dejaron su tierra y llevaron la palabra de Dios mucho más allá de los confines de sus pueblos de origen, y al igual que San Pablo dejó su ciudad de Tarso y llevó la palabra de Cristo hasta los confines del mundo greco-romano, yo también estoy impelido a llevar la palabra de la libertad más allá de mi ciudad.”

Es evidente que la gesta de King constituyó una ruptura entre un discurso auténticamente evangélico y una agenda religiosa – eclesiástica subordinada al poder político predominantemente racista, belicista y opresivo. Su mensaje implicó la denuncia de una religiosidad y una cultura eclesiástica prostituida por una cultura dominada por un síndrome de codicia, lucro y ansias de poder.

Nos desafía el mensaje de M. L. King a retomar el camino de la resistencia y la denuncia radical que nos ejemplificó Jesús de Nazaret. No el Jesús de la catedral y del populismo asfixiante de estos tiempos, sino el que nació en un pesebre y alteró el orden en el templo. Su confrontación a los líderes religiosos de Birmingham es la que hoy merecen muchos líderes religiosos que han corrompido el mensaje de Jesús a cambio de algunas monedas.

Si hemos retrocedido desde aquel año 1968, en lo que respecta a defender los valores y referencias del mensaje radical de Jesús, entonces hoy nos urge una mirada crítica y severa a la disfuncionalidad histórica que vivimos. El vacío de una conciencia histórica fundada en la empatía, la justicia y la solidaridad global exige de la militancia auténticamente evangélica que Martin Luther King ejemplificó. Recordemos la afirmación evangélica: “Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciara a uno y amara al otro”.

Optar por una agenda multi- estratégica es fundamental para confrontar las de los “estrategas del mal”. Sus aliados, muchos de ellos líderes de movimientos religiosos, carecen de una espiritualidad legitima. La “Roma Imperial” que hoy está encarnada en la prepotencia imperial, la sed de riqueza desenfrenada y el afán de poder; merece ser denunciada y rechazada enérgicamente por la auténtica comunidad de seguidores de Jesús de Nazaret.

El autor es pastor bautista.

Detrás de la expresión musical: Springsteen: Deliver Me from Nowhere, Song, Sung Blue y Rescates del pasado

 

María Cristina

En Rojo

Desde que vi varias veces a A Complete Unknown (James Mangold, 2024) y supe que Jeremy Allen White interpretaría a Bruce Springsteen, estuve esperando su estreno en Puerto Rico. Nunca llegó, pero gracias a PrimeVideo la pude ver en mi pantalla reducida que nunca puede transmitir la grandeza de la sala de cine. Tuve + suerte con Song, Sung Blue que sí pude ver en una de las pequeñas salas de Fine Arts Popular con casa llena. Y como pasé las noches tratando de escapar del ruido infernal de petardos, dinamita y tiros (y protegiendo lo + posible a mi perra, Yazmi), me tiré las cuatro secuencias de Jason Bourne que disfruté como la 1era vez. Incluyo algunos como “Rescates del pasado”.

 

Springsteen: Deliver Me from Nowhere

Director y guionista: Scott Cooper; autor: Warren Zanes; cinematógrafo: Masanobu Takayanagi; elenco: Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Stephen Graham, Gaby Hoffmann, Odessa Young, Paul Walter Hauser.

Bruce Springsteen ha sido una de esas voces y personalidades que no le temen a expresar sus opiniones sociales, políticas y, en el caso de este filme, familiares. Al igual que A Complete Unknown, este biopic enfoca en una etapa de la vida de Springsteen, pero contrario a Bob Dylan y su temprano ascenso, aquí el periodo escogido es de la depresión que sufrió a largo plazo después de alcanzar fama tanto con sus canciones, arreglos de su banda, giras con presencia masiva de fans y éxitos tanto de sencillos como de álbumes. Aquí acompañamos e intentamos entender al Springsteen que quiere buscar otros caminos para expresarse y que está dispuesto a echar a un lado todo lo que le ha dado fama para presentar otro estilo, otro texto, otra manera de expresar ese lado oscuro que no ha podido definir todavía. Este será el álbum “Nebraska” de 1982.

La audiencia/espectador/a lo verá 1ero en el River Tour en su mejor momento, disfrutando de la fama y atención del público masivo, el acercamiento de otros músicos y cantantes, la posibilidad de comprar/alquilar auto, cabaña, casa, estudios de grabación sin preocupaciones económicas. Bruce cuenta también con un manejador que es ante todo su amigo, Jon Landau (Jeremy Strong), que puede percibir sus altas y bajas durante este periodo. Nos adentramos en su conflicto mental al estar atraído a Faye Romano (Odessa Young) y su hija y sentirse nuevamente parte de una familia, pero a la misma vez no poder lidiar con los recuerdos de violencia doméstica de su propio hogar. Todo esto se integra a su proceso creativo de las nuevas canciones. Sabemos lo serio que esta depresión es cuando encuentra inspiración en los cuentos de Flannery O’Connor y el filme Badlands (Terrence Malick 1973), que despliegan una violencia sinsentido. Todas las actuaciones sobresalen en el poco o mucho tiempo que estén en escena, pero Jeremy Allen White (“The Bear”) y Jeremy Strong (“Succession”) nos hipnotizan. Y por supuesto, escuchar a Springsteen es el regalo mayor.

 

Song, Sung Blue

Director y guionista:Craig Brewer; autor: Greg Kohs; cinematógrafa: Amy Vincent; elenco: Hugh Jackman, Kate Hudson, Ella Anderson, Hudson Henseley, King Princess, Michael Imperioli, Fisher Stevens, Jim Belushi, Mustapha Shakir.

El arte de la imitación de voces y estilos de artistas populares es un negocio muy lucrativo en los EU. Quizá estemos + familiarizados con los miles de concursantes para parecerse y sonar como Elvis Presley ya que estos aparecen en casi cualquier lugar, pequeño pueblo o gran centro de entretenimiento como Las Vegas. Pero cualquier ‘famoso’ puede tener su ‘doble’ en las múltiples ferias que se celebran a través del año en estos lugares. Lo que enfatizo es que esto no es un ‘hobby’ sino un empleo a tiempo completo que puede generar un buen ingreso. Este es el caso de los protagonistas de Song, Sung, Blue, Mike/Lightning (Hugh Jackman) y Claire/Thunder (Kate Hudson) que crean un montaje con las composiciones de Neil Diamond que imitan a la perfección y se desplazan por el estado de Wisconsin. Ambos son admiradores y seguidores de Diamond y cada interpretación es casi una conversación con su autor.

Fuera del escenario, Mike y Claire intentan crear una normalidad para sus familias que ahora se juntan: lxs adolescentes Rachel y Dana de Claire y Angelina de Mike. El otro grupo lo forman sus socios en estos montajes: Mark Shurilla (antes imitador de Buddy Holly y ahora parte del acompañamiento musical), Dr. Dave Watson (que intenta mantenerlos ‘sanos’ durante los tours), Tom D’Amato (su promotor) y Sex Machine (colega y amigo fiel). Porque nos vamos de gira con Mike y Claire y los conocemos como excelentes intérpretes de Diamond y porque compartimos espacios de familia con ellos, no hay separación entre el escenario público y el espacio que han creado para ellxs con su nueva familia. Compartimos su alegría al ser reconocidos dentro de ese círculo de intérpretes y los acompañamos en las crisis familiares sin en ningún momento caer en sentimentalismo. Las actuaciones de Jackman y Hudson son excelentes y lxs jóvenes Ella Anderson, Hudson Henseley, King Princess se entrelazan perfectamente con el mundo de adultxs del que pronto serán parte.

Rescate del pasado

The Bourne Identity

(Doug Liman, 2002); The Bourne Supremacy (Paul Greengrass, 2004); The Bourne Ultimatum (Greengrass 2007); Jason Bourne (Greengrass, 2016)

Incluyo cuatro de los cinco filmes basados en el personaje creado por Robert Ludlum porque son estos los que protagoniza Matt Damon como Jason Bourne y son los que desarrollan las historias de su enfrentamiento con “el lado oscuro” de la C.I.A. que en este caso son los proyectos ‘Treadstone’ y luego ‘Blackbriar’. Lo que se creyó que iba a ser solo un filme de acción, resultó en las secuelas más exitosas de la década, a tal punto que el público esperó nueve años para el último capítulo de la historia que fue otro gran éxito, aunque la crítica no quiso ponerlo al nivel de los anteriores. En 2019 USA desarrolló una serie para cable, “Treadstone”, que, para mí, resultó desorganizada y poco entendible al tratar de unir historias disímiles en tiempo y geografías. Sin duda, Damon ha desarrollado su personaje desde el primer Bourne como un súper agente especial que cumple órdenes ciegamente, tiene todas las destrezas necesarias para sobrevivir en cualquier circunstancia, la inteligencia para casi de inmediato evaluar una situación sospechosa y cambiar estrategias para derrotar lo que percibe como peligroso. Pero lo que Damon desarrolla a través de sus nuevas experiencias, sus flashes de memoria, contacto con extraños que no son una amenaza es la capacidad de sentir, despertar emociones que le parecen ajenas o tan lejanas que ya no las recuerda. A través de los cuatro filmes tendrá opositores formidables por el poder que ostentan ya que todos son agentes de la Agencia o políticos activos en el gobierno: Conklin (Chris Cooper), W. Abbott (Brian Cox), N. Vosen (David Strathaim), R. Dewey (Tommy Lee Jones) y dos mujeres poderosas que logran acercarse a Bourne con agendas muy diferentes: Pamela Landy (Joan Allen) y Heather Lee (Alicia Vikander). También aparecen muy fugaces mujeres que despiertan las emociones olvidadas: Marie (la maravillosa Franka Potente) y Nicky Parsons (Julia Stiles) quien es la constante en todos los filmes. Y para maravillarnos aún más, la trama nos pasea por el mundo: Italia, Suiza, Grecia, París, Praga, Goa, Nápoles, Múnich, Berlín, Moscú, Turín, Londres, Madrid, Tánger, Atenas, Las Vegas y Nueva York. Ni los Mission Impossibles pueden competir con esta geografía.

Destinada al fracaso la nueva Doctrina Donroe

 

Especial para En Rojo

Con la denominada Doctrina Donroe del actual presidencia Donald Trump, el “corolario” que combina el nombre de pila de Trump con la histórica Doctrina Monroe del presidente James Monroe durante su séptimo mensaje anual al Congreso el 2 de diciembre de 1823, aumentan exponencialmente los riesgos para Estados Unidos de involucrarse en un conflicto bélico.

Siendo la Doctrina Monroe originalmente un principio de la política exterior de Estados Unidos que proclamaba cuando varias naciones latinoamericanas acababan de obtener su independencia de España y existía el temor de que otras potencias europeas intentaran restablecer el control colonial en América, su posterior desvirtuacion encierra rampantes y díscolos propósitos imperialistas.

En un reciente artículo, Brandan P. Buck, investigador de política exterior en el Cato Institute y exoficial de inteligencia estadounidense, rememora que desde Herbert Hoover y su famosa «gira de buena voluntad» por América Latina, hasta la ‘Política del Buen Vecino’ del otro presidente Roosevelt, Franklin Delano Roosevelt, Estados Unidos finalmente aprendió que la intervención militar en en el hemisferio americano no era una buena idea.

«Entre el alarde actual se pierde el hecho de que muchos de los que llevaron a cabo políticas intervencionistas estadounidenses luego las consideraron errores. Sería prudente escuchar su experiencia, en lugar de dejarse llevar por una nostalgia infundada», señala el experto.

Añade que con la línea actual, «Mientras la administración Trump mantenga objetivos maximalistas en Venezuela y una visión ambiciosa y sin restricciones sobre su papel en el hemisferio occidental, seguirá creando y respondiendo a incentivos para enredos innecesarios y poco productivos», apunta al considerar prudente que la administración «se resista a una política exterior basada en la nostalgia».

Al modo de ver de los expertos en política internacional. contrario a tener el efecto de prevenir la intervención militar de otras potencias en el hemisferio americano y en Occidente, la Doctrina Monroe y su nuevo corolario, la Doctrina Donroe, que yo prefiero bautizar como la Doctrina Trumproe, lo que intenta no es otra cosa que imponer la hegemonía estadounidense.

La Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump quiere imponer el designio imperialista de Estados Unidos y obligar a hacer lo que la política exterior estadounidense indique sobre cualquier asunto que surja.

Bajo la actual presidencia de Trump, Estados Unidos denota una predisposición depredadora en sus tratos comerciales con otros países y no hay indicios algunos de cooperación. Se recurre a las amenazas para conseguir lo que Estados Unidos quiere, sin bilateralidad en las negociaciones. La concomitancia de ello es que si Estados Unidos interfiere en las economías de sus vecinos, entonces tendr’ia que hacerse responsable de las condiciones económicas bajo su injerencia.

El prohibicionismo comercial de Washington no ofrece alternativas, al exigir a los países latinoamericanos que no compren productos chinos o rusos, que a veces son más baratos, con transacciones negociadas bajo condiciones favorables al comprador y de mejor calidad que los estadounidenses.

No parece haber bajo la presidencia de Trump la disposición de Washington a hacer inversiones de capital para mejorar las infraestructuras de los países latinoamericanos del llamado traspatio de Estados Unidos bajo los parámetros de bilateralidad y cooperación que lo hace China, por ejemplo, con el objetivo de sacar a la región de la pobreza; una región que constituye la vecindad de la mayor potencia económica del mundo, pero empobrecida.

Lo que Estados Unidos hace al presente es culpar de sus problemas a los inmigrantes y refugiados de Latinoamérica y matar sus sueños de una mejor vida y progreso con cierre de las fronteras y masivas deportaciones.

 

El autor es periodista.

“Ilustrísimo Donald”: La cosa que no nos gusta a los cubanos

Ilustración Adan Iglesias

 

 

 

 

Por Ricardo Ronquillo

 

Cuando Fidel Castro Ruz afirma que a los cubanos hay una cosa que no nos gusta, en el tono y los ademanes de un líder como él, no está haciendo un alarde personal de lo que en esta tierra se denomina “guapería de barrio”.
Cuando concluye que esa “cosa” que no nos gusta es “que nos amenacen” no lo hace como el guapo clásico de la esquina, a veces sin mayores consecuencias, sino como una figura central de nuestra historia que más bien proclama, a su estatura y para los enemigos que a veces se niegan a oírlo, el mandato imperturbable de las luchas de su pueblo.

https://www.facebook.com/reel/1352049820002116

Por eso, no resulta nada raro que tras la especie de ultimátum de este domingo, en que, además, de ordenar que ni una gota de petróleo a Cuba, debemos “negociar”, o nos atendremos a las consecuencias, del nuevo emperador de la galaxia, no pocos entre los compatriotas expusieron en redes -para el que tenga ojos para ver- sobre qué bases fue tomando forma, incluso institucional y hasta constitucional, ese rechazo congénito de los criollos y el resto de los congéneres que terminaron por definir, o formar lo cubano, a dejarse ningunear bajo chantaje o en circunstancias excepcionales, pese a la nobleza preciosa que nos reconoce y de la que es testigo el mundo.

Tanta significación alcanza la repulsa a dejarse someter por presiones que tomó forma legal en los artículos 12 y 17 de la Constitución de la República aprobada por mayoría abrumadora en 2019.

En el 12 se establece, como principio, que la República de Cuba repudia y considera ilegales y nulos los tratados, concesiones o pactos acordados en condiciones de desigualdad o que desconocen o disminuyen su soberanía e integridad territorial, lo cual implica que se declara inválidos cualquier acuerdo que se considere impuesto bajo coacción o que menoscabe la soberanía.

En el artículo 16, que puede considerarse como un apoyo del primero, y hasta una acentuación, se reafirma que las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier otro Estado jamás podrán ser negociadas bajo agresión, amenaza o coerción.

No es difícil entender entonces que en este país está absolutamente proscrito entablar negociación bajo fuerza en las relaciones internacionales. Lo anterior parece estar muy claro para muchos admiradores del pueblo cubano en el mundo que, incluso, como el expresidente de México, Manuel López Obrador, han exaltado que merecería un premio mundial de la dignidad.

Resulta menos comprensible para los representantes de una derecha fascista envalentonada, todavía sin frenos consistentes para sus renovadas elucubraciones y aventuras fascistas de la teoría del espacio vital que, tras invadir Venezuela, secuestrar a su presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros, y la esposa y diputada Cilia Flores, y manteniéndolos como prisioneros de guerra en Nueva York, creen que puede continuar con sus andadas y sin mayores consecuencias.

No es que lo consagre la Constitución, es que esta lo recoge de la historia de lucha de los revolucionarios cubanos que, con su actuar y su honor pagado con sangre, prepararon a este pueblo para la resistencia, nunca para la rendición.

Si se hurga en nuestro encrespado devenir no se encontrará entre los patriotas íntegros una disposición para rendirse o negociar la libertad y la independencia bajo fuerza externa, o calamidades internas. Esa es la razón por la cual esa misma Constitución establece la defensa y la resistencia armada como un derecho y un deber y prioriza, tan raigalmente, la defensa de la soberanía frente a cualquier negociación.

El Pacto del Zanjón quedó como una marca bochornosa en nuestra historia, lavada por su antípoda sublime y honrosa: la Protesta de Baraguá, protagonizada por el Titán que no tenía, y esto no es nada menor, tanta fuerza en la mente como el brazo, para blandir el machete dignificador.

Por ello, no es extraño tampoco que circule por las enredadoras redes sociales ahora mismo una circular firmada por José Martí y Máximo Gómez desde el Cuartel General de las fuerzas patriotas en la que se recoge que la guerra por la independencia de un pueblo útil y por el decoro de los hombres vejados, es una guerra sagrada, y la creación del pueblo libre que con ella se conquista es un servicio universal, por tanto, el que pretende detener con engaño la guerra de independencia, comete un crimen.

En virtud de ello, especifica, la Revolución, por sus representantes electos, vigentes hasta que ella se dé nuevos poderes, en descargo de su deber intima a Usted que, en el caso de que en cualquier forma y por cualquier persona se la presenten proposiciones de rendición, cesación de hostilidades o arreglo que no sea el reconocimiento de la independencia absoluta de Cuba, —cuyas proposiciones ofensivas y nulas no pueden ser más que un ardid de guerra paro aislar o perturbar la Revolución—, castigue Usted sumariamente este delito, con la pena asignada a los traidores a la Patria.

Mucho antes de que dicha circular mambisa circulase ya estaban cociéndose las cadenas biológicas genéticas patrióticas incompatibles con la rendición.

La muerte digna del cacique Hatuey negándose a aceptar el premio de ascender al cielo que le prometían los conquistadores que llegaron a Cuba con la espada y la cruz estuvo entre los primeros sedimentos. También el gesto de Casiguaya, la mujer del cacique que protagonizó en Cuba la primera contienda independentistas de los diez años.

Capturada tras la muerte del rebelde, su esposa, condenada a la horca, prefirió antes de tirarse de la soga ahogar a su propia hija para no dejarla en manos de los crueles colonizadores.

El indio Naborí inmortalizaría su grave acto en versos memorables: Antes del crimen nefando, le admitieron que abrazara a su niña, que en la cara mostraba un Guama peleando. La madre la fue apretando hasta matarla de amor, Y gritó bella de horror “ni Guamá, ni su mujer, ni su niña… podrán ser esclavos del invasor”.

Tiene mucha razón Donald, el aspirante a nuevo emperador de la galaxia, de mientras nos mide, y no es para ropa, entre tantas bravuconerías, pensárselo dos veces, porque tendrá que enfrentarse a un pueblo bravo, guapo. Tal vez lo descubrió mejor aquella noche mientras secuestraban a Maduro y Cilia en Fuerte Tiuna y él lo disfrutaba, con bajeza, como uno de sus espectáculos. Esa noche no todo fue tan fácil como lo pinta la propaganda, y eso se le sale de entre sus desplantes de conquistador.

Esto, ilustre emperador, podría ser otro corojo.

Reproducido de www.juventud rebelde.cu

El autor es Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba