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Sirva rabia en Navidad (segunda receta del Recetario de los afectos)

Especial para En Rojo

La rabia es un plato que se sirve a diario. De tan cotidiana, su preparación parecería no necesitar demasiados miramientos. Bastaría un huracán, una promesa incumplida, un mal gobierno, la busconería política o el despojo de algún derecho civil, como los servicios de salud, la educación pública o el retiro, para que la bilis, que es la base de esta exquisitez, comience a producirse. Esta es una antiquísima receta que exige concentración, precisión, un corazón fuerte y paciencia, (¡coño!), paciencia.

Aviso a la cocinera del carácter explosivo de los otros ingredientes. La injusticia, el expolio, el ninguneo, el maltrato, la frustración, la incertidumbre y la indignidad son letales si no se manejan cuidadosamente. Para ello, recomiendo que a la hora de su preparación se vista una escafandra, pero si no se consigue tan estrafalario atuendo o el calor del trópico impide su uso, al menos deben utilizarse guantes de goma, gafas protectoras y zapatos cerrados. Tener un abanico de batería a la mano -recuerde que puede irse la electricidad en cualquier momento- es altamente recomendable. Sepa también que el lugar donde confecciona el manjar debe poseer buena ventilación, y si es posible, cruzada.

No debe confundirse la rabia con el resentimiento. En nuestra cotidianidad neoliberal es común pensar que las rabiosas son personas resentidas, envidiosas, insatisfechas con lo que les ha tocado. Incluso, de ordinario se les culpa de su situación, pues como “el mercado garantiza que cada quien reciba lo que merece”, usted solo tendría que competir. De las condiciones de la competencia brutal, no se habla. De la responsabilidad política del estado por el bienestar común, tampoco. Lo que sí se escucha a diario es que las rabiosas no han trabajado lo suficiente, no poseen la inteligencia ni la capacidad para procurarse una mejor vida. Reinvéntese, no se quite, compita es el slogan en letras de neón del ideario. Si usted bien sabe que “no hay otra alternativa”, por qué se enfurece, entienda, nos exigen. Déjese explotar, acepte la privatización y el cierre de los servicios fundamentales, canta el coro de los nuevos esclavistas. En este contexto social, la rabia se vuelve un plato indispensable en el menú boricua.

Para la confección de la receta debe tener siempre disponible y refrigerado el pie de la rabia, la bilis. Es fácil de conseguir y sospecho, que, ante tanta indignidad, cada casa puertorriqueña debe tener una buena guarnición de ese elemento. El sabor de la bilis, ingrediente principal, es bien amargo, por lo tanto, debe servir la rabia diluida o mezclada con otros alimentos. Bien podría endulzarla, utilizando miel del país, o mezclarla con otro alimento ácido como el limón o la parcha para que se neutralice su sabor. Recuerde que el color verde intenso de la rabia podría arruinar la apariencia de su mesa.

El plato puede impulsar la corrección de conductas equivocadas, el avance de la justicia social y la reparación de agravios. Una vez ingerido, invita a la acción para detener la amenaza de una fuerza externa (la Junta, el gobierno, el plan fiscal). De aquí que debe aprovecharse la época navideña para servirlo. La injerencia en la acción social sería una gran resolución para el año nuevo. Sírvalo sobre los pasteles, el arroz con dulce o la morcilla. No es aconsejable que se mezcle con el coquito porque su acidez podría estropear la bebida.

Como el nivel de toxicidad del alimento es alto, recomiendo que se ingiera con prudencia. Su consumo puede aumentar el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y los niveles de adrenalina. Sus comensales podrían comenzar a emitir sonidos fuertes, gritos y hasta improperios, acompañados de expresiones faciales y ademanes como mostrar los dientes o levantar los brazos. Recuerde que no debe faltar la música cuando lo sirva.

Advierto que una vez ingerida la rabia puede ser destructiva si no encuentra una salida apropiada. Exprésela en la participación ciudadana, en la organización comunitaria, en todo tipo de manifestación pública y privada (cualquier grupo, por pequeño que sea, será buen auditorio para lo que tiene que decir). Sepa que quizás dejen de invitarla por aguafiestas, pero no se amaine, use la rabia con gracia.

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Defender la cultura

Especial para En Rojo

Que el calendario dicte escribir en la transición de un año a otro impone el cliché de los recuentos. Como otros, este vale la pena, pues asiste al colectivo a documentar daños y perjuicios, a la vez que evidencia luchas, transformaciones y la renovación de posibilidades. Sin embargo, no puedo ahora encarar esa labor. Me hace falta una energía que no encuentro. En este 2018, para ser franca, he usado la reserva, la repuesta y hasta el vacío. Me propongo, entonces, decir algo pequeño sobre dos inmensos acontecimientos –más bien, procesos recurrentes– que han estado en acalorada discusión durante semanas recientes: las muertes de mujeres y las de gallos.

Ha transcurrido tiempo suficiente para que se asiente la gravilla de lo que he leído y escuchado sobre estos asuntos. El resultado es que el polvorín se me ha instalado en la garganta, y ya que creía poder tomar un respiro tras el año que hemos vivido, estoy, más bien, ahogada. Imagino y presto atención a las objeciones sobre lo que pretendo escribir, comenzando con la evidente: que los feminicidios y las peleas de gallos no son fenómenos equiparables, ni en el rango ideológico, ni en el social, político o ético. Tienen razón. Lo que me empuja a escribir sobre ambos fenómenos no es la sinonimia. Por el contrario, intereso señalar que en las diferencias entre los cuerpos de las mujeres y los de los gallos se aloja una de las claves más contundentes de la violencia patriarcal en Puerto Rico.

El alegato de antigüedad histórica de las peleas de gallos y de la opresión contra las mujeres las convierte en presa fácil del apelativo “cultural.” Del mismo modo que demasiadas personas han vociferado recientemente el carácter culturalde las peleas de gallos, muchos lo hacen y lo han hecho del amplio espectro de las violencias contra las mujeres, desde el silbato en la calle hasta el asesinato. De hecho, la aseveración podría extenderse para incluir como culturales todas las relaciones humanas opresivas, desiguales y violentas, pues estas han sido parte de la cultura de una u otra región, “civilización” o comunidad al menos desde el Neolítico. Si acercamos el asunto a la condición histórica de nuestro archipiélago, notaremos de inmediato que, para los imperios europeos, igual que para el estadounidense, la colonización y la esclavización (esto es, el genocidio) eran (y para muchos, siguen siendo) cuestiones culturales. Se concebían (y se conciben) como ejercicios para defender culturas, propagar culturas y lograr que gentes sin cultura obtengan cultura. Pero, si esa es la cultura, el objetivo de las luchas por la justicia es precisamente cambiarla. Y de manera radical.

He escuchado con mucha perplejidad y con aún más pavor a personalidades que defienden la independencia de Puerto Rico usar la prohibición federal de las peleas de gallos como baluarte de la defensa nacional. Mas, ¿cómo puede un país serlo si arguye –y, peor aún, toma por bueno– que su cultura (entendida, dicho sea de paso, como trofeo estático, encerrado tras los cristales en un chinero de vajillas) es y hace lo contrario de lo que un país, cualquiera, debe aspirar a ser y a hacer? Nombro algunos de los más imprescindibles principios a los que aspiro para mi país: proteger, defender y fomentar la diversidad; mantener y llevar a la acción en todos los renglones de la vida colectiva una conciencia ecológica plena; comprender al animal humano como parte del mismo espectro de la vida de todas las especies; oponerse a la crueldad, la violencia y la muerte como mecanismos de entretenimiento y fuentes de actividad económica; y asegurar la distribución justa, equitativa y sostenible de todos los recursos. Si ese no es –o no es del todo– el país al que aspiran dichas personalidades, su noción de independencia no me convoca.

Tampoco debe escapársenos que las peleas de gallos (como las de toros, perros y cualquier otra especie sometida a la perversa voluntad humana) son integrales a la cultura patriarcal. Habrá quien me diga que hay muchas mujeres galleras. No lo dudo, aunque no me interesa comprobarlo. Ciertamente, no son pocas las mujeres patriarcas. Todas, todos, todes, estamos sujetas al mismo suero cultural. Pero, lo que no puede tener objeción es que las peleas de gallos son fenómenos prioritariamente masculinos y masculinistas, al interior de lo que el patriarcado define y refuerza como tal.

Cierro estas líneas con una reflexión sobre las habichuelas que se llevan a las mesas familiares. Las peleas de gallos son un negocio, sin duda, sumamente lucrativo para unos pocos (como casi todo negocio bajo el capitalismo) y fuente de modestas economías familiares para otros muchos. No obstante, esto último no puede justificar su existencia indefinidamente al futuro, del mismo modo que no podemos hacer dicha operación respecto a ningún otro negocio que esté fundamentado en la muerte. Tampoco puede una fuente de habichuelas negarnos la posibilidad de crear colectivamente otras formas de sustentar la vida. Nuestro compromiso ha de ser con un cambio radical en la cultura y en la constitución misma del país para poder ofrecer economías solidarias que lleven habichuelas a las mesas de todas.

Nos recuerdo –porque incluso a pesar de las decenas de feminicidios en el 2018, lo olvidamos demasiado fácilmente– que el patriarcado es también un comercio mortífero, precisamente porque el único modo de asegurar el dominio de cualquier especie, idea y práctica, es la capacidad de producir muerte que llamamos violencia, ejérzase del modo que se ejerza, desde el nivel simbólico hasta el material. Lo mismo debemos decir sobre el capitalismo. Y sobre el racismo. Y sobre la homofobia. Todas estas formas de violencia son inherentes a la estructura sociopolítica y económica que nos asedia, caracterizada por la exclusión, la precariedad, la miseria, la explotación y la muerte. No son anejos. No son derivaciones. No son planos secundarios. “Son nuestra cultura”. ¿Esa es la que defendemos? Conmigo no cuenten.

Para que este año pueda ser nuevo

Especial para En Rojo

Solo los humanos son capaces de contar el tiempo. Los animales pueden presentir si va llover o hacer calor. El gallo anuncia la aurora. El caballo relincha a cada hora. Sin embargo,  solo la humanidad hace historia. Así, el futuro se hace posibilidad de lo nuevo. Es verdad que hay quien piensa que el tiempo, por si mismo, aporta las soluciones de todo. Eso no es así. Ese año solo será nuevo si nosotros, a través de nuestras luchas y actividades, lo hacemos nuevo.

Este 1º de enero, el Brasil va asistir a la posesión del nuevo presidente de la República y de los gobiernos de provincias. Como en otros países de América del Sur, los movimientos sociales tendrán días difíciles.

Gracias a Dios, para nosotros, comprometidos con un mundo nuevo, este año puede ser nuevo, independiente de gobiernos. Esa victoria de la derecha en diversos países del continente muestra el fracaso del llamado neo-desarrollismo, más que la inviabilidad de un socialismo nuevo desde las culturas de América Latina.

Las Iglesias tienen la costumbre de hablar en “año de la gracia de 2019”. Así será porque, como afirmaba la joven judía Etty Hillesun en un campo de concentración nazista: Ellos pueden robar todo de nosotros, menos la humanidad. No pueden obligarnos a odiar o a hacer el mal. Quien enfrentó dictaduras sabe: ningún poder represivo dura para siempre.

Pablo escribió a la comunidad cristiana de Roma: “Debemos ser como personas que despiertan en la mañana temprano y organizan sus vidas no como quien vive en la oscuridad de la noche y si como en la luz del día” (Rm 13, 13). Este llamamiento para «vivir a la luz del día» es un modo de decir que tenemos que ser lúcidos (el propio término lucidez viene de luz). En concreto, esto significa intensificar el espíritu crítico y refinar la conciencia para saborear la vida como algo siempre nuevo. Así, fortalecemos la comunión con los demás y con la naturaleza. A sus contemporáneos, Jesús se lamentó: «Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti. ¿Cuántas veces quiso reunir a tus hijos e hijas, como la gallina junta los pollitos debajo de las alas y tú no quisiste? «(Lc 13, 34).

Hoy, para nosotros, insertados en ese mundo como él es, Jesús nos envía como ovejas en medio de lobos feroces. La misión es ensayar y testimoniar, por el modo mismo de vivir, que el reinado divino en el mundo está cerca y, en cierto modo, ya se hace presente. Eso es lo que hará con que este año, de hecho, pueda ser nuevo.

El autor es monje benedictino, teólogo y escritor

56 Festival de Cine de Nueva York en el Lincoln Center

Especial para En Rojo

Acaba de cumplirse un año más donde hemos tenido la oportunidad de disfrutar de un centenar de selectos largo metrajes, documentales del mundo entero y retrospectivas celebratorias del talento de realizadores ilustres. Son grandes logros que han contado con el apoyo y enfoque de avanzada de la dirección de la New York Film Society of  Lincoln Center, y su distinguido comité de selección. Incluyo aquí reseñas de una mínima selección con énfasis                                 en el contenido temático que nos puede interesar.

ROMA   – Alfonso Cuarón,Director.   México, 2018   135m.
Recibió el León de Oro a la Mejor Película, en el Festival de Venecia, 2018. Aclamado por la crítica internacional, el filme es una valiosa propuesta cinematográfica que celebra y reivindica el cine mexicano de temática social del pasado  siglo. Fue una industria de divulgación  mundial, con imágenes indelebles y contenido cultural del carácter nacional y el  transcurrir histórico   social del país. Cuarón es un justo heredero de aquellos notables directores e  intérpretes, los artistas de singular atractivo y talento que poblaron esa empresa. La cinta Romanos transporta inevitablemente  al referente del neorrealismo italiano en su sencillez contundente y escueta. Filmada en blanco y negro para exhibirse en pantalla panorámica, posee una cuidada y efectiva cinematografía, mostrando una selección de tomas y encuadres de carácter épico que la convierte en un gran teatro del mundo mientras nos coloca en el contexto mexicano de los años setenta. Para colmar nuestro interés, el autor, fotógrafo y realizadordel filmeque anteriormente nos había fascinado  con la irreverente pieza Y tu mamá también, reaviva con Roma la memoria de su niñez y pre adolescencia, al calor del abrazo,  celo y cuidado de la nana indígena, personaje central en la residencia familiar en Roma, un sector de clase media de la capital mexicana. Una joven mujer de etnia mixteca, que aún se comunica en su lengua autóctona, es la que organiza el caos matutino: los alimenta y conduce a la escuela; los recoge y les prepara el lecho. Esta anécdota de tonalidad tan íntima y escenario caracterizado por una atmósfera personal, adquiere la dimensión de homenaje, como acto de amor y reverencia a la madre ligada a la tierra que es la nación.  Nación donde al componente indígena se le intentó desplazar, reducirlo a segundo o tercer plano por los descendientes de los primeros europeos a partir de la conquista y el virreinato español y francés. La pieza es una señal de alerta para las generaciones actuales. La raíz de la identidad nacional defendida por el prócer Benito Juárez está viva y se manifiesta en todos los aspectos existenciales de la nación. Las diferentes etnias que componen el pueblo mexicano protagonizan  actos de resistencia  y combate cada día. Es la mujer indígena  y mestiza la gran matriarca y protagonista salvadora de su entorno familiar, expresado en el filme en sentido literal y simbólico. La novel actriz Yalitza Apariciole brinda al personaje absoluta  autenticidad  y prestancia, quedando plasmada en la retina del espectador su imagen imperecedera.      Netflix.

Lázaro feliz – Lazzaro Felice  Alice Rhorwacher Dir. Italia, 2018   128m

La mirada extasiada en el rostro hermoso del novel actor Adriano Tardiolo en el rol de Lázaro, nos vaticina que el desenvolvimiento de la trama podría  tener elementos de encantamiento o exorcismo, realismo mágico,  o más bien la narrativa de un sonámbulo. Observamos que inicialmente el personaje central se desplaza por la vida como en un estado de divinidad. Nada le afecta, nada lo escandaliza, es tan bueno como el pan, qué se deja comer … En Inviolata  __una aldea italianaque no aparece en el mapa__ habita un conglomerado de personas que trabaja sin parar en el sembrado y la recogida de tabaco entre otros productos. Este núcleo se nos presenta suspendido en el tiempo sin conexión aparente con el resto del país. No pueden tomar días libres ni viajar; viven endeudados y nunca terminarán de pagar. Son probablemente analfabetas funcionales, que al parecer han tenido que  aceptar un destino de explotación y sumisión  absoluta a manos de impostores, o bajo el yugo de una familia supuestamente aristocrática. La narración, si la tomamos a manera de parábola o lección simbólica  sobre la despiadada y vergonzosa explotación económica, adquiere sentido. En una de las escenas más gráficas aparece una larga caravana, gente que por su aspecto de parias forzados anda buscando empleo en una zona desértica. En otras escenas una pareja que ha logrado escapar de  la aldea y llegar a la ciudad  en busca de familiares,  enfrenta la otra realidad del desplazamiento en el ámbito urbano que nos recuerda a la cinta extraordinaria de Visconti, Rocco y sus hermanos, que al unísono establece el vínculo con la pieza teatral La carretadel autor puertorriqueño René Marqués. En conclusión, nos tornamos en testigos del desplazamiento económico y de la diáspora de una humanidad pobre y doliente: una vez más ´´Los condenados de la tierra´´(título de la obra de Frantz Fanon). Cada día en multitud de fronteras se reproduce la caravana de los´´bad hombres´´. Los desposeídos heredarán la tierra, decían los antiguos para darnos esperanza… La película está filmada a plena luz. Hay escenas de gran belleza y vibrante color como contraste a las dramáticas connotaciones que pesan sobre las sociedades de nuestro universo todavía habitable, donde no se acaba de enfrentar el reto de eliminar la pobreza, la ignorancia, el colonialismo y la mendicidad para siempre. Mientras tanto, como subtexto, los poderosos violentólogos que son la némesis del  planeta, manejan extraordinarias sumas para la producción, compra y venta de armamentos, combustible con destino a las guerras, que irán dejando un rastro de más hambre, más muertos, más destrucción. Por consiguiente quedarán más enriquecidos, más satisfechos, más, más… ¿buen negocio verdad? Excelente filme que merecemos ver porque  hace tiempo el cine se tomó la delantera en materia de ilustración del colectivo humano.                    Netflix

If Beal Street Could Talk    –   Barry Jenkins, Dir.   USA, 2018, 117m.

La cinta es una adaptación de la penúltima novela homónima de  James Baldwin (1924 -1987) el renombrado y desaparecido autor afrodescendiente de los Estados Unidos. Como toda su obra, Baldwin fue un intelectual comprometido y lúcido, que dedicó vida y pensamiento al análisis crítico de la condición existencial del ser humano negro dentro de una sociedad donde se  continua  librando  una lucha tenaz para conquistar derechos fundamentales, inalienables, desde la emancipación de la esclavitud hasta el presente. Esta singular narración, una historia de amor que se desarrolla en los años setenta enfoca específicamente la realidad y los fallos de un sistema legal que no ha cesado de arrestar, condenar y encarcelar  a jóvenes negros por crímenes nunca cometidos. La cinta es una denuncia al racismo implícito y explícito presente en el sistema judicial y carcelario de los Estados Unidos con sus inconsistencias de carácter anticonstitucional que afectan de manera trágica y directa a los ciudadanos de las minorías no blancas de esta poderosa nación. La cinta nos permite penetrar en la intimidad familiar del joven protagonista, en sus ilusiones truncas por el encarcelamiento, por la joven esposa abandonada a su pesar, y el hijo que crecerá sin su amor y cuidado; por sus padres que han quedado desolados, despojados todos de sus derechos intrínsecos. La película está excelentemente actuada por los hermosos actores Kiki Lane, y Stephan James, protagonistas, compañeros sentimentales en la cinta. Ambos utilizan un estilo de actuación suavemente depurado, profundo e intenso a la vez, para cautivarnos, mientras nos involucran siguiendo el desarrollo de una trama con final nada feliz. La realidad que enfrentan continua siendo cortante: el Sistema norteamericano persiste en tratar a los ciudadanos negros como si hubieran nacido culpables por definición y no fueran parte de la sociedad civil. Esta es una producción muy lograda técnicamente, que destaca una excelente iluminación, con escenas exteriores en Harlem. El filme siendo un drama romántico de estilo realista, no cae en los extremos de un costumbrismo jocoso. Fue estrenada a extramuros, a casa llena durante el Festival, en el histórico Apollo Theater en Harlem. La pieza se convierte en otro salto de calidad y esfuerzo notable, una gestión con fuerte empuje de los artistas y realizadores negros del País.

*  La autor es actriz de teatro; fue profesora de Lenguas Hispánicas y Literatura en QC, y Estudios Puertorriqueños en Hostos College, CUNY.

2018: legislación neoliberal y retrocesos sociales

Especial para CLARIDAD

Los acontecimientos políticos y sociales que definieron el pasado año 2018 podrían catalogarse de repetitivos, casi de copias de años anteriores. Todas las acciones del gobierno han estado básicamente condicionadas a tres factores generales fundamentales: el poder de la Junta de Control Fiscal sobre la acciones del ejecutivo y el legislativo; la legislación neoliberal enmarcada en la privatización de agencias y actividades públicas; y las posiciones conservadoras, de corte fundamentalista, en áreas de derechos humanos y sociales. Desde la Legislatura y los diversos espacios políticos y sociales en que luchamos y trabajamos nuestra respuesta ha sido la de afirmativamente cuestionar, fiscalizar, denunciar y presentar propuestas que den salidas y alternativas viables y ejecutables a las endebles y abusivas políticas del gobierno local y federal.

El primer semestre del año nos trajo la nefasta aprobación de la mal llamada reforma educativa. Con ella se ha permitido la privatización del sistema educativo de Puerto Rico estableciendo las escuelas “charter” y reviviendo los “vales educativos”. Se mutila así el derecho humano a la educación, criminalizando en el proceso el sistema educativo vigente mientras se crean las condiciones para entregar al mejor postor las escuelas públicas y provocar el despido de miles de maestras y maestros del sistema público.

Vino acompañada la aprobación de esa nefasta medida del tercer capítulo de cierre de nuestras escuelas. El primero bajo la administración del PPD, el segundo y tercero bajo la presente administración. Una vez más esta acción se caracterizó por la total ausencia de consulta con las comunidades escolares. Fue literalmente de escritorio, donde un grupo de burócratas unidos a contratistas de educación diseñaron este funesto plan. Desde mi oficina legislativa activamente recorrimos el pais colaborando con diversos grupos que luchaban por mantener abierta su escuela. La experiencia constante fue que nunca los visitaron, nunca los consultaron. Nunca tomaron en consideración las condiciones geográficas, la distancia hasta las nuevas escuelas receptoras, las condiciones sociales ni la diversidad de comunidades. Tampoco el efecto sobre los estudiantes de educación especial, ni sobre la creación de proyectos innovadores como los del sistema de educación Montessori.

La legislatura se convirtió, tanto por acción como por omisión, en cómplice del desastre que representa la dirección del Departamento de Educación, en clara traición a la educación pública. Si bien debemos reconocer que en la Cámara se aprobaron medidas legislativas para cuestionar los cierres de escuelas y exigir información, no hubo la voluntad política de enfrentar, interpelar y cuestionar a la Secretaria de Educación ante el constante planteamiento de falta de consulta a las comunidades escolares, quienes ahora viven en carne propia la traición a la niñez al ver sus escuelas clausuradas.

Por otro lado, el destrozo a la infraestructura eléctrica de la isla tras el huracán, y la incompetencia del gobierno de reinstalar el servicio eléctrico a todas las comunidades en Puerto Rico, sirvió como punta de lanza al gobierno para aprobar una nefasta legislación que marca la ruta para la privatización de la AEE. Convierten así a una corporación pública fundamental, que a pesar del canibalismo político en su dirección le ha servido bien al país, en un sistema a la merced del mejor postor provocando aumentos en las tarifas de energía eléctrica.

En las últimas semanas de la sesión legislativa se discutió el presupuesto del país o más bien el presupuesto de la Junta. Una vez más aflora nuestra condición colonial cuando a pesar de los ahogados gritos de la mayoría legislativa de que la política pública la establece el gobierno, la determinación de mayor importancia de política pública -el cómo se distribuye y se adjudica el gasto público y cuáles son los servicios y sectores de prioridad- la decide un ente antidemocrático y ajeno a nuestro país. La segunda parte del año estuvo dominada por las amenazas constantes de la Junta de Control Fiscal con su plan de ajuste fiscal, que le impone a la legislatura un camino de medidas en contra de la sociedad.

Ese plan de ajuste fiscal va dirigido contra dos grandes generaciones en Puerto Rico. La primera, los pensionados. La imposición de la Junta de reducirle sus pensiones a miles de personas luego de años de trabajo de servir al país -desde el gobierno de Puerto Rico, en la Universidad de Puerto Rico, en el sistema educación-, además de un crimen y una violación a sus derechos humanos, resta a los ingresos de ese gran sector de la población que va en crecimiento poblacional. Ha sido a las personas de mayor edad a los que se les perjudica sus servicios médicos, que se traduce en la pérdida de acceso a medicamentos, a servicios de cuido y atención, condenándolos a condiciones que atentan contra su vida. La irresponsabilidad de los diversos gobiernos del PNP y del PPD con sus nefastas políticas económicas y financieras quebraron los sistemas de Retiro de Puerto Rico y, unido a las políticas neoliberales de la Junta, condenan a la generación de trabajadores y trabajadoras que rindieron servicio al país a una condición de pobreza insostenible. La mutilación por la Junta del financieramente saludable y solvente sistema de retiro de la Universidad de Puerto Rico impone una visión ideológica que se niega a reconocer ni aceptar que los miembros de este sistema han demostrado al país cuan eficientemente han dirigido el mismo.

La segunda gran generación vapuleada por las acciones de la Junta es la juventud universitaria. Sus propuestas aumentan la matrícula, eliminan exenciones, reducen profesores y empleados, consolidan recintos y eliminan programas académicos, afectando directamente a una nueva generación de ciudadanos que van a la Universidad de Puerto Rico a formarse profesionalmente y a prepararse para contribuir al desarrollo económico y social, precisamente desarrollando allí su pensamiento crítico, evolucionando como seres humanos, generando conocimientos y avances científicos, educativos, sociales, culturales. Su visión parece ignorar que se va también a la Universidad a pensar por sí mismo y aprender que la disidencia, la diversidad, es fundamental en una sociedad democrática.

En respuesta a esta serie de acciones violentas, desde la legislatura discutimos a profundidad el proyecto del Nuevo Código Civil, vigilantes y denunciantes de aquellas propuestas que revocan y destruyen derechos adquiridos. Comenzamos a combatir, en protección de nuestros derechos ambientales, el intento de promover energía nuclear en Puerto Rico y promovimos la creación y protección de reservas naturales. Continuamos, también, nuestra jornada en defensa del arte y el patrimonio cultural del país.

En cada instancia pública y de acción legislativa insistimos en la necesidad de combatir y rechazar las acciones de la Junta de Control, la más grosera manifestación del colonialismo, y en continuar trabajando para lograr un proceso de descolonización que nos encamine a la independencia de Puerto Rico en aras de reconstruir este país, en uno donde la justicia social, la equidad y la solidaridad sean el norte.