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Mirada Cooperativista: Alianza Cooperativa de las Américas, un encuentro y nuevos bríos

Del 23 al 26 de octubre de 2018 se celebró en Buenos Aires, Argentina, La V Cumbre de la Alianza Cooperativa Internacional de las Américas. Puerto Rico estuvo presente en dicho evento internacional mediante una delegación de seis personas. En una edición reciente de Claridad se reseñó los logros de esa presencia y se hizo hincapié en la importancia de participar en este espacio de concertación, educación y formación cooperativista. Además, este acontecimiento constituye un momento ideal para consolidar esfuerzos en la defensa de este modelo de organización social ante la coacción de los intereses del lucro y la especulación.

La ACI fue creada hacia el 1895 y su función esencial es promover y construir un escenario que favorezca el crecimiento del cooperativismo mundial. Esto incluye el ámbito político, jurídico y normativo. Defiende los intereses del cooperativismo y desarrolla trabajo y alianzas para promoverlo. Sus miembros son organizaciones cooperativas y mutuales de todos los sectores. Su sede internacional está ubicada en Bruselas, Bélgica y para asegurar el desarrollo de la agenda de trabajo poseen cuatro oficinas regionales: África, América, Asia-Pacífico y Europa, ocho organizaciones sectoriales globales (agricultura, banca, comercio minorista, pesca, salud, vivienda, seguros e industria y servicios), y cinco comités y redes (género, investigación, derecho, juventud y desarrollo). ACI- de las Américas tiene su sede en Costa Rica. La Alianza Cooperativa Internacional destaca que en el mundo existen aproximadamente tres millones de cooperativas que agrupan a 1.2 billones de personas, en otras palabras, una de cada seis personas en el mundo pertenece a una cooperativa.

Esta V Cumbre de las Américas tenía un matiz distinto al ser el primer evento que actual presidente, el argentino Ariel Guarco, dirigía en su tierra natal. Guarco es un líder cooperativista de gran trayectoria. Es veterinario de profesión y cuenta con una maestría en Economía Agraria y un posgrado en Economía Social. Nacido en Coronel Pringles al sur de la Provincia de Buenos Aires es el segundo latinoamericano en presidir esta organización en sus 123 años de historia. El primero fue el brasileño Roberto Rodrigues que presidió del 1997 al 2001. Estas actividades regionales son encuentros muy esperados y concurridos por los cooperativistas pues facilitan el intercambio de experiencias y el análisis a profundidad de temas de interés.

Ariel Guarco, presidente de esa organización recientemente hizo declaraciones en las cuales destacaba la importancia de visibilizar el modelo frente a sus detractores: “Ellos están mucho más preparados que nosotros para hacer que nuestro modelo fracase”. El líder del movimiento cooperativo argentino, que lleva poco más de un año a la cabeza de esta entidad mundial recabó que es urgente dar respuesta rápida a los problemas que enfrenta el modelo alrededor del mundo. Esa es una clara aceptación de las amenazas que rodean al cooperativismo y que nos mueven a impulsar trabajos concretos en el aspecto de incidencia en políticas públicas que respeten y propicien el desarrollo del modelo.

Por eso me sentí honrada al ser invitada a disertar en el Foro sobre Derecho Cooperativo en el cual abordamos los problemas de la actuación de los organismos regulatorios en nuestro país. En esa disertación, que incluyó el desarrollo histórico de nuestra legislación, los organismos regulatorios y la participación del cooperativismo afirmamos que: la experiencia ha sido útil a los fines de haber alcanzado una dinámica de defensa con participación directa de los nuestros en las estructuras de gobierno. Sin embargo, no hemos logrado cambiar el escenario de excesiva intervención, control gubernamental absoluto y desviación de recursos. A través de su historia el Movimiento Cooperativo puertorriqueño ha procurado el respeto por la naturaleza especial del modelo y sus bases filosóficas. Nuestra respuesta a las condiciones económicas y sociales que nos plantea el momento histórico debe apoyarse en estas mismas bases doctrinarias y concretizar un escenario que nos independice de las fuerzas políticas y económicas desvinculadas de los intereses sociales del movimiento cooperativista en nuestro país.

Regresamos a Puerto Rico con nuevos bríos y conocimientos fraguados en las experiencias compartidas principalmente con Colombia, Uruguay, Paraguay, Brasil y Argentina. Todas experiencias ricas, con altas y bajas, nos dan perspectiva. Estos eventos nos recuerdan que no estamos solos en el reclamo de políticas públicas de respeto para los que edificamos un sistema que esté al servicio del desarrollo sostenible. Un sistema que propicia la inclusión financiera de los más vulnerables y que reclama que las regulaciones financieras reconozcan la naturaleza distinta del modelo que fomenta el crecimiento de una economía social y solidaria. Regresamos a la realidad sobre la necesidad de mantenernos alerta ante el impacto de la Ley PROMESA y sobre todo porque la Junta de Supervisión Fiscal extendió su marco de acción a la Corporación para la Supervisión y Seguro de Cooperativas (COSSEC), que ejerce las funciones de regulador y asegurador de las cooperativas del país.

En los planes fiscales presentados por el gobierno de Puerto Rico ante la Junta se insiste en que los regulados no pueden estar en la junta del ente regulador, refiriéndose a la actual composición de la junta de directores que incluye representantes del gobierno y del cooperativismo. Ese es el pie forzado para que propongan cambios en la dirección de la corporación pública dirigidos a eliminar la representación de las cooperativas en la Junta de Directores de COSSEC. La reacción de los cooperativistas es: ¿y a quiénes van a dejar, al gobierno solo? La experiencia es que el sistema en más de una ocasión se ha visto amenazado en diversas administraciones que han intentado echar mano de los dineros de COSSEC para fines ajenos a su naturaleza.

Lo positivo de este proceso es que los líderes del cooperativismo en Puerto Rico han abierto la puerta del diálogo con las autoridades federales y estatales sobre las bases de propiciar garantías de protección de un modelo que está arraigado en el pueblo y que le ha servido bien. La discusión incluye medidas financieras que fortalezcan el sistema cooperativo para que continúe ocupando ese espacio de inclusión financiera con impacto positivo en el entorno económico y social. Además, para que pueda asumir un rol destacado en el desarrollo económico de otros sectores productivos.

No podemos bajar la guardia. Es tiempo de estar atentos. No se puede permitir que se utilice la situación fiscal del gobierno como una excusa para vulnerar los fundamentos básicos éticos y democráticos del cooperativismo. Eso lo hemos vivido en carne propia y lo palpamos en este pasado encuentro regional cooperativo.

La autora es líder cooperativista. Comentarios a: mildredkairo@gmail.com

Será Otra Cosa: Refugiados

Las que tenemos acceso a la red y algo de tiempo para navegarla hemos podido ver durante los últimos días los espeluznantes vídeos grabados desde autos que avanzan en medio de la oscuridad mientras a su alrededor todo arde. En uno de estos vídeos divulgado por el periódico británico The Guardian (https://youtu.be/LtwutlbJQqI) una voz femenina reza mientras un conductor en silencio busca algún pedacito de cielo sin humo o un campito verde a salvo de las llamas. Por los segundos que dura la grabación, estamos allí a su lado, aguantando la respiración como si pudiera alcanzarnos el humo que les rodea y sentimos el más ligero matiz del miedo que deben haber experimentado los que grabaron de cerca ese súbito infierno.

Se trata de los testimonios fílmicos que han compartido los supervivientes del Camp Fire, el fuego forestal más mortífero en la historia de California. En unas pocas horas las llamas se extendieron hasta el poblado de Paradise, a los pies de la Sierra Nevada. De ese paraíso que ya no es salieron huyendo buena parte de sus 27,000 habitantes, algunas mascotas e innumerables animales silvestres. El Camp Fire es solo uno de tres incendios que ardió simultáneamente este noviembre en California. Tras cuatro años de sequía (2011-2015) los bosques del estado perdieron 100 millones de árboles que ahora alimentan los incendios, cual fogatas enormes que pueden ser vistas desde el espacio.1 El gobernador demócrata Jerry Brown ha llamado a esta tragedia la nueva normalidad. Y según el informe publicado por más de una docena de agencias del gobierno de Estados Unidos durante el fin de semana de Acción de Gracias, el Fourth National Climate Assessment0(https://nca2018.globalchange.gov/), parece que Brown tiene razón. En lugares tan ricos como California la nueva normalidad será saber que una puede amanecer en un pueblo que habrá sido obliterado antes de que caiga la noche. Apocalíptico.

En California, como en muchos otros lugares, el cambio climático significa menos lluvia y temperaturas más altas durante el año. Cuando al fin llueve, lo único que crece rápidamente es la hierba, que volverá a secarse y servir de mecha cuando recomience la sequía. Debe ser aterrador vivir en un bosque seco donde cualquier chispa puede ser tragedia, como lo es vivir en un lugar que cualquier aguacero inunde, en una estructura que cualquier viento estremezca o en cualquier costa a merced de las olas. Es de una violencia enorme que una tenga que vivir en condiciones que no son seguras para nadie por falta de los recursos personales para agenciarse otro espacio. Es más violento si al riesgo cotidiano se le añade la colosal indiferencia del estado que solo se da por aludido cuando le ciegan las cámaras y el dolor o el peligro de una le resultan políticamente rentables. Es todavía peor si a esas experiencias de riesgo y de indiferencia se le suma el conocimiento de que hay gente obcecada con extraer de las entrañas de la tierra la última gota de combustible fósil antes que perdonarle a una la vida junto a millones de humanos, animales y plantas. Todo esto es terrible y nos piden que lo normalicemos, por lo que esta nueva normalidad no es solo apocalíptica. Es también prefilosófica. Corresponde a una época antes de que el tábano de Sócrates anduviera por la plaza y los mercados de Atenas intentando razonar con sus contemporáneos sobre cómo vivir una vida que pudieran llamar buena. Ahora resulta que vivir colectivamente es pactar con la muerte que otros nos imponen mientras el llamado a protegernos bosteza.

Para colmo, no le va mejor a los supervivientes, a los que sí lograron llegar a un lugar seguro cargando con los niños, el abuelo anciano o el transeúnte que encontraron varado en el camino. Una pensaría que a esos, verdaderos supervivientes de la lucha por la mierda de vida con la que nos quieren hacer pactar, el estado o el capital indiferentes, implacables y sanguinarios les concedería algún mérito, una especie de segunda oportunidad, al menos la ocasión que les permitiera compartir sus genes de triunfadores. Pero ni asistir a la evolución de nuestra torpe especie les importa. Nada que ver. Los que logran escapar no tienen otro destino que arremolinarse en el estacionamiento del Walmart más cercano. Allí los vemos, organizándose solos lo mejor que pueden para repartirse lo que otros van dejando. Allí esperarán por FEMA que les pedirá cada uno de los papeles que se quemaron y querrán que la parta un rayo. Allí irán descubriendo que nadie tiene a cargo el rol de apiadarse de ellos. Estarán vivos, pero los dejarán vivir como muertitos sociales. En las casas de campaña que van montando o en los campamentos de gitanos en los que convierten sus autos arremolinados esperarán su turno por un plato de sopa. Con él les darán su turno para darse una vueltita al lugar que era su casa. Allí buscarán al gato chamuscado y algún amuleto que no lo haya consumido el fuego. Donde antes salieron ciudadanos ahora volverán refugiados, esa nueva identidad que todos llevamos dentro.

Uno al que no pudiste ignorar: a Residente

“Tu cultura hip hop me da pena/ Me hablas a mí de película, Y tú eres el que no sale de la escena”.

–Residente

La historia va más o menos así. Era la época de los “Reaganomics”: políticas bajo Reagan que reducían impuestos a los ricos y promovían el libre mercado sin restricciones. MTV transformaba la manera de escuchar música. Michael Jackson se convertía en el Rey del Pop con su disco Thriller. Se identificaba el virus del SIDA. Carlos Romero Barceló comenzaba su gobernación. Aparecía el juego Pac-Man. Madonna desfilaba con un vestido de novia en el escenario de los Grammys. Michael Jordan hacía su debut en la NBA. A Lidia Echevarría se le pasaba la mano cuando enviaba a unos jóvenes a darle un susto a su marido Luis Vigoreaux quienes terminaron asesinándolo. Run DMC elevaba el estatus del Rap de los parques a la radio a MTV. Ocurría un desastre nuclear en Chernóbil. Diego Armando Maradona anotaba un gol que se recordaría para siempre como “la mano de DI0S”. Mike Tyson se convertía en el campeón indiscutible de pesos pesados. Unas lluvias intensas provocaban derrumbes en el barrio de Mameyes en Ponce. El transbordador espacial Challenger se desintegraba en segundos después de su despegue. “Un cortocircuito” provocaba el incendio del hotel Dupont Plaza. El ELA dejaba de ser la promesa que alguna vez fue en los sesenta. Aumentaba el crimen y la deserción escolar. Brewley MC y Rubén DJ rapeaban sobre esto. En la moda, los colores y las exuberancias eran la orden del día. A las mujeres se les recuerda por las pollinas, a los hombres por sus bigotes de Magnum. Y mientras el huracán Hugo dejaba maltrecho a Puerto Rico, caía el muro de Berlín. Para Vico C entrábamos en La Recta Final.

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En los noventa Bill Clinton asumía la presidencia de Estados Unidos y bajo su administración se derogaba la Ley 936, entre otras razones, porque los fondos no se estaban usando para lo que habían sido estipulados. El cantazo de las 936 impactaba todo el tejido social, afectando a Puerto Rico de diversas maneras. Una de ellas fue el giro hacia una economía de narcotráfico.

La demanda por drogas en Estados Unidos aumentaba y Sur América jugaba un papel central en suplirla, formando un comercio internacional que se movía por toda la cuenca del Caribe. Esto creaba un tipo de “Segundo Estado” con sus propias leyes y lógicas de mercado, al margen åde la economía mundial y, en el caso de Puerto Rico, paralelo a su economía afectada por el cierre de fábricas. El narcotráfico no solo generaba una alternativa real vida para algunos, sino además todo un estilo de vida. Es aquí donde se debe insertar el origen del reggaetón en Puerto Rico, marcado en particular con la salida del cassette de Playero 37. Muchos fueron los resultados de este giro económico-cultural en la isla: aumento en la venta de drogas y armas, etc. La política de Mano Dura trató de contenerlo, pero no pudo. Muchos fueron los jóvenes que murieron.

Y es aquí, en medio del fracaso del ELA, que surge también la cultura Hip-Hop en Puerto Rico. Cierto que sus pioneros fueron Vico, Brewley y Rubén… Jelly D, Lisa M, Piro JM y toda aquella primera generación de raperos de los ochenta. Pero junto a Chezina, Yaviah, Yankee y Eddie Dee, se levantaba también el colectivo de No Mel Syndicate, Conciencia Poética y Vanguardia Subterránea. Eran “aquellos días”, como dice el poeta Stanley Rosario, “en que los vecindarios eran tierras lejanas. Y un par de nosotros decidimos juntarnos y hablar en contratiempo. Y fue entonces que las vocales se salieron de los libros”. Y con cada party, y en cada graffity se comenzó a escribir otra historia. Una memoria generada por jóvenes que estaban fuera del proyecto del ELA. Una historia que aún no se encuentra en los libros de historia del Hip-Hop, pues las comunidades afro en Estados Unidos, sin querer queriendo, han omitido de su discurso la participación de los boricuas en esta cultura “Desde un principio”. Basta con solo ver el documental Hip-Hop Evolution (2016), que, a pesar de sus virtudes, sigue repitiendo esa omisión. Sin embargo, la historia se sigue escribiendo.

Recientemente uno de los mejores emcees que salió de Vanguardia Subterránea, Tek One, junto al productor Yallzee, de Vanguardia también, sacaron una canción para Residente quien lleva rato tirando puyas para la escena de Hip-Hop boricua. El día que salió “Calle C” hubo fiesta. Para los que vivimos y representamos esta cultura de una manera u otra, esta canción fue motivo de alegría, imagino que tan cercano a la alegría que sentiremos el día que Puerto Rico sea libre, pues finalmente le tiraba a Residente alguien a quien este no iba a poder ignorar. Es el Uno, brodel. Y que nadie me malinterprete, en Puerto Rico se le ha estado diciendo a Residente que respete a la escena desde el 2008. Excelentes emcees de la talla de Siloé Andino y R-Two, hasta Tony Small quien puso “Los puntos sobre las íes”. El asunto es que el Uno ha competido para las Batallas de Gallos de Red Bull y nos ha representado en México y Venezuela mucho antes que Residente tuviera su reconocimiento internacional. Además, es uno de los cuchillos más amolaos que tenemos en la gaveta y Residente lo sabe. Lo sabe porque como dice Low Q, Tek era el ídolo de muchos (incluyendo René) para los tiempos de Café Seda.

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Dos semanas y tres días después, Residente respondió. Nada nuevo. Y de todas las cosas que se pudieran decir sobre su respuesta, me quiero detener en la barra que utilicé como epígrafe. Cuando Residente ataca a Tek diciendo “Tu cultura hip hop me da pena… tú eres el que no sale de la escena”, posiblemente jura que está diciendo gran cosa. Y cuánto se equivoca. Cuando uno sigue aquí hablando de los elementos de la cultura no significa que uno no haya evolucionado, que es lo que Residente insinúa. Al contrario, cada vez que uno habla sobre los principios y valores del Hip- Hop lo que se hace es recordar de dónde uno viene. Y en el caso del Hip-Hop de Puerto Rico esto puede significar: que escribimos y bailamos desde la última colonia del mundo, pregúntale a SieteNueve. El Hip-Hop ha sido el outlet que nos permite recordar a nuestros muertos y celebrar a nuestros vivos. Nos dio hermanos y hermanas. Nos ha permitido sobrevivir el fracaso de proyecto que construyeron los tecnócratas de Muñoz y nos ha ofrecido una historia con la que nos podemos identificar ya que la que construyeron Ricardo Alegría y compañía está llena de mitos y mentiras. En fin, la escena de Hip-Hop en Puerto Rico, con sus virtudes y defectos, ha creado una memoria colectiva y no una individual como la que propone Residente cada vez que dice que él no tiene escuela.

Una vez más Residente se “cuelga en lo más básico”. Pero quizás era de esperarse pues como le dijo Tek “esquipiáte la escuelita, nunca hiciste la tarea, de ahí tu confusión entre rapeo y cacarea”.

San Juan, PR, 19 de noviembre 2018

Los infinitos de Einstein

Albert Einstein solía decir que sólo dos cosas son infinitas: el Universo y la estupidez humana. Nosotros, jóvenes de la generación de los 60 del siglo pasado, pensábamos lo contrario (sobre lo segundo). Creíamos en la Revolución con mayúsculas y en aquello de que EL PUEBLO ES SABIO. Apenas habían pasado algunas décadas desde que Mussolini y Hitler llegaran al poder por abrumadora mayoría, pero nosotros creíamos igual, con místico fervor, en la infinita sabiduría de ese ente ideal llamado “el pueblo”.

Ahora tenemos a un Donald Trump, el Brexit, las vallas anti inmigrantes, el “no” a la paz en Colombia, y un largo y deprimente etcétera de fenómenos avalados por decisión popular. ¿Es que no sirve la democracia como forma de gobierno o es que somos demasiado tontos para darle buen uso? Lo único cierto es que, al combinarse con el idiota que todos llevamos dentro, el resultado es un cóctel letal.

Preguntarnos si funcionaba la fórmula de la democracia en la Atenas en el Siglo V a.C., con sus ciudadanos ociosos parloteando en el Ágora, no nos dice mucho. Era aquella una sociedad esclavista donde el ejercicio del poder estaba restringido a una reducida élite de ciudadanos libres, de sexo masculino, y lo de “gobierno del pueblo” era un eufemismo para un novedoso tipo de oligarquía. Después, a partir de la Ilustración y las revoluciones americana y francesa, vuelve a retomarse el hermoso ideal de un pueblo soberano que se autogobierna por su propia voluntad.

Hoy en día, tras muchísimos altibajos, la democracia acaba por imponerse –al menos como objeto del deseo– en todo el mundo occidental. Sin embargo, a la luz del panorama actual de nuestra convivencia en el mundo, no queda claro si la democracia sirve o no sirve. O si nosotros servimos para ejercer la democracia. En el mejor de los casos, elegimos libremente a unos gobernantes de un Estado sin poder real, al servicio de los grandes intereses económicos o impotente ante ellos. Sin mencionar que en la sociedad de consumo los políticos por los que votamos son un producto más de la industria publicitaria.

Y entonces ¿Quién podrá rescatarnos? ¿El Chapulín Colorado?

Cuando me levanto de buen humor pienso que hay esperanza. El problema consiste en que una verdadera democracia no la hemos tenido nunca. Cómo lograrla ya es otro cantar, pero podríamos empezar por un sistema de educación pública de excelencia y la redistribución de la riqueza. Casi nada…

Un poeta llamado Catalino

Habría que imaginar cómo trabajaba para llegar a crear una de sus canciones. ¿Cuántas veces se demoraría escuchando la voz del “cantante de cantantes” llamado Héctor Lavoe antes de componerle “Juanito Alimaña”? En esa canción el sonero ponceño hallaba su medida justa, que la metáfora de la horma y el zapato no traduce eficazmente. El compositor no calzó a nadie. El título de sastre tampoco lo vistió bien. Más que trajear personajes, Tite los creaba de cuerpo entero. Catalino debí decir: don Catalino Curet Alonso, un poeta llamado Catalino, que compuso canciones como “Tiemblas,” “Juanito Alimaña” y “La cura,” que sólo resultan tres gotas en un mar inmenso de piezas magistrales. Su magisterio no se reduce a la imagen pobremente populista con la que todavía solemos extraviar su verdadero rostro: el de un artífice tremendamente sabio y exigente. Tite sabía mucho, esto es, tenía que saber muchísimo para haber estilado una poesía cantada de tanta popularidad en aquellas geografías donde se oye, se baila y se admira la Salsa. Se habla muchísimo de no sé cuántos cientos de canciones suyas que permanecen inéditas; para constatar la grandeza del compositor no hace falta siquiera reclamarlas. Sólo hay que ponerse a escuchar cuidadosamente las que sí se grabaron, y en las voces inconfundibles de Tito Rodríguez, La Lupe, Cheo Feliciano, Héctor Lavoe, Rubén Blades, Totico Arango, Justo Betancourt, Chamaco Ramírez y el maravilloso Maelo quedaron tatuadas, como si hubiesen sido creadas por ellos mismos. Por eso digo que Tite no los vistió, sino que supo escucharlos, al extremo de propiciar que en sus canciones no fueran sino ellos quienes cantaran.

¿Habrá mayor generosidad que la de procurar que el otro encuentre su voz? Cuando uno escucha la canción “El cantante” en voz de Héctor Lavoe, uno piensa: que Rubén Blades la escribió para aquél, pensando en él, oyéndolo. Idéntico vínculo hermana a muchos de los cantantes salseros más destacados a lo largo de la historia del género con la figura paradigmática de Catalino Curet Alonso. ¿Qué sería Cheo sin “Anacaona”? ¿Chamaco sin “Planté bandera”? ¿El Conde sin “Pueblo latino”? Seguramente muchísimo, pero no tanto cuanto son por haber interpretado dichas canciones, compuestas por don Tite.

Muchos dones recibimos del maestro. Catalino Curet Alonso es uno de esos pocos nombres de nuestro tiempo que acaso resonarán en la memoria de un largo porvenir. Gusto pensar que cuando alguien, en conjetural época lejana, escuche una canción de Tite como quien interroga los restos de una comunidad perdida, descubra en su docta sonoridad la huella más certera de nuestra posibilidad, esclarecida con él, uno entre los pocos. Curet Alonso es uno de los poetas más finos de la segunda mitad del siglo XX puertorriqueño. Siempre se habla de él como poeta popular, cuando fue poeta sin más, tan valioso como el mejor de nuestros letrados. Pocos, sin embargo, como él, capaces de escribir excelentes poemas que resultaron ser también magníficas canciones. La sofisticación del arte verbal de Tite es evidente en un fracatán de composiciones suyas que fueron grabadas. A decir verdad, no creo recordar una sola de las muchas canciones suyas que he escuchado que no me haya parecido excepcional. Las composiciones de Curet Alonso son una rara combinación de inteligencia, riqueza técnica y musicalidad. La fineza de su decir se debe, en parte no pequeña, a que su ética poética prestó igual atención a aquellas dos dimensiones de un mismo fenómeno que en otro tiempo solían denominarse como la forma y el contenido de una composición. No es que Tite trabajara simultáneamente en dos niveles diferenciados, intentando unir a posteriori un mensaje “correcto” a una forma que, aunque lograda, le resultara extraña. Tite muestra que la inteligencia del nombre exacto de las cosas no antecede su formalización, que la palabra justa en sentido estético es la palabra eficaz en la intelección de algo que acaso no ha sido nombrado y aguarda su signo. El efecto de esa eficacia verbal es su propia transparencia: igual que un motor bien calibrado, casi no se oye. Pero no se trata tan sólo del manejo brillante de su instrumento, sino además de la elegancia retórica de sus canciones, de su buen gusto en la selección léxica, de su inteligencia siempre alerta.

Don Tite ejerció la imaginación con acierto. Resistió el chantaje ilustrado y evitó los laureles que otorga el consenso chato de la corrección. Tres eslóganes no valen, en tanto intuición encauzada, lo que vale una canción como “Juanito Alimaña”, en la que la crónica nos presenta con ojo y oído certero un boceto convincente de algunas cosas nuestras. No es casual que “Juanito Alimaña,” con su atmósfera de humo y alcoholes, preceda en la grabación original a “Pasé la noche fumando,” también compuesta por Tite, y cantada a dúo por Héctor Lavoe y Willie Colón. Musicalmente, la pieza es excelente, con un solo de cuatro de Yomo Toro que es cosa que hay que oír. Su letra (que es de aquello de lo que puedo hablar) es como el negativo de “Juanito Alimaña”: si en ésta el humo y el alcohol simulan ser el sello inequívoco de la infamia, en aquélla se transforman en sustancioso filtro de la melancolía. Ambas canciones son como estudios parciales de un personaje en escenas diversas de una misma trama, al modo en que lo hace un artífice que se propone llegar a conocer lo que tal vez tan solo se insinúa en su creación.

En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche señalaba que el fenómeno dramático primordial consiste en que el actor se vea transformado, como si realmente hubiese penetrado en cuerpo de otro. ¿Cómo Tite habrá dado con la canciones que fijaron el perfil de tantos cantantes imprescindibles? ¿Seremos capaces de imaginar su forma de escuchar el grano de la voz de Lavoe, de Cheo Feliciano o de Frankie Ruiz antes de componer las melodías que mejor amonedaron sus perfiles como cantantes? Lástima que ninguno de nuestros narradores nos haga el relato de alguno de esos momentos en los que Tite captó, en el alma de una voz, la forma de un destino.

Piénsese en una canción como “La cura,” cuya letra habilita de modo ejemplar varios niveles de lectura, dándolos a la alquimia o destilación de un fármaco verbal necesario a la purga de nuestras simplificaciones más descaradas a la hora de referirnos a las causas últimas de nuestros males. Don Tite Curet Alonso fue capaz de convocar la complejidad semántica de una frase nominal como “la cura,” cuya transparencia supuestamente poseíamos. En voz del inconfundible Frakie Ruiz, “La cura” elabora un tejido de resonancias y falsos ecos. La cura es la droga, esto es, la sonada suma de nuestras fatigas; pero la cura es también––según nuestro antiguo gusto por las metáforas patológicas––la solución del mal. Lo que logra Tite de forma magistral es que ambas acepciones de “la cura” hagan corto circuito, purgando con ello la palabra de prejuicios y juicios fáciles, de consignas apodícticas que fundamentan obstinadamente nuestra forma de estar en el lenguaje. Con suma economía, ambas acepciones de la palabra aparecen enmarcadas en la letra de lo que sólo entre comillas podríamos denominar Salsa romántica.

Catalino Curet Alonso demuestra como pocos que cada palabra es portadora de su crítica, si se le sabe oír.