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La política y los cristianos

Este año, en América Latina y Caribe, celebramos el centenario de nacimiento del obispo mártir Oscar Arnulfo Romero en el Salvador. En ese contexto, una agencia de noticias latinoamericana buscó saber hasta que punto las propuestas del papa Francisco son aceptadas y seguidas en las diocésis de los países latinoamericanos y caribeños. La revista concluyó que cuando el Papa es conservador, todos los obispos y curas obedecen. Cuando se trata de un Papa abierto y solidario a los pobres, muchos del clero quedan callados y esperan que el Papa se vaya.

El Papa propone una Iglesia que se inserte en el mundo y comprometida con los movimientos sociales. Reúne representantes de movimientos sociales para oirlos y apoyarlos. Mientras esto se da muchos obispos y curas siguen inmersos en una Iglesia autocentrada y aislada de los problemas del mundo. No quieren saber de movimientos sociales y muchos estan en contra los procesos políticos más en favor de los empobrecidos.

En estos días entramos en el año del cinquentenario de la Conferencia de los Obispos católicos Latinoamericanos en Medellín, Colombia. A inicios de septiembre de 1968, la conferencia de Medellín dio a nuestras Iglesias locales un rostro propio y singular. Las conclusiones de la asamblea de Medellín insisten en la presencia y actuación de todos los cristianos en los procesos sociales y políticos para transformar la América Latina en un continente más justo y igualitario. Las conclusiones de Medellín definen que es misión de la Iglesia cuidar de la promoción humana de cada persona y de los pueblos, desde los valores de justicia, paz, educación y familia. Eso fue muy revolucionario en un contexto (año 1968) en que muchos países de nuestro continente vivían sometidos a dictaduras militares patrocinadas por el imperio de los Estados Unidos de América.

Ahora, tantos años después, comunidades católicas y hasta de otras Iglesias son invitadas a recordar ese aniversario y actualizar las conclusiones principales de la conferencia de Medellín para participar positivamente de los procesos sociales y políticos que viven nuestros países en la construcción de un socialismo latinoamericano y bolivariano, fundamentado en el paradigma indígena del Bien-vivir.

El documento 5 de las conclusiones de Medellín propone: “Debemos dar a nuestras Iglesias, en América Latina, el rostro de una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, desligada de todo poder temporal y corajosamente comprometida en la liberación de cada ser humano y de toda la humanidad” (Medellín. 5, 15 a)

200 millones de bolívares: El botín bancario de Lillian Tintori y la conspiración contra Venezuela

La información llegó sigilosamente a los agentes de la policía criminal y científica (CICPC) del municipio de Sucre en Caracas. Un individuo daba cuenta de que desde el Banco Occidental de Desarrollo (BOD), la cuarta institución bancaria de Venezuela, había salido un botín de 200 millones de bolívares en efectivo en un vehículo propiedad de Lillian Tintori, la mediática y vocal esposa del líder opositor venezolano Leopoldo López.  La policía interceptó el auto, una camioneta todoterreno y confiscó las dos cajas de billetes nuevos. La persona que ofreció la confidencia a la policía dijo que los mismos estarían destinados a “financiar el terrorismo en Venezuela”. El dinero incautado se encontraba en cuatro cajas de madera, de las que se utilizan para transportar billetes que aún no han circulado.

El vehículo utilizado figura a nombre de Franco Tintori Parra, un hermano de Lillian Tintori que reside en México. Confrontada con los hechos, la ex presentadora de televisión admitió que el vehículo es suyo y que el dinero se utilizaría para sufragar los “gastos familiares urgentes” de su “abuela” hospitalizada. Dicho sea de paso, no explicó por qué para acceder a un dinero que es suyo tuvo que organizar un operativo tan complicado, cuando con una simple transferencia bancaria o con un cheque hubiese bastado.

El Ministerio Público de Venezuela solicitó que los hermanos Tintori sean llevados ante un tribunal para que ofrezcan su versión del incidente. Además, solicitó que se le congelen sus bienes y bloqueen sus cuentas bancarias, y se les impida la salida del país. El sábado pasado Tintori fue impedida de abordar un avión desde Caracas rumbo a Europa. Por su parte, también fueron arrestados dos altos vicepresidente del banco BOD por violaciones a la Ley de Instituciones Bancarias de Venezuela. Este es el curso lógico de acción cautelar en cualquier país, ante un posible caso de fraude bancario de esta magnitud.

A simple vista, y sin que aún se conozcan todos sus pormenores, este incidente sobresale por dos razones principales. Primero, porque es obvio el maridaje entre la institución bancaria (BOD) y la oposición venezolana, que hace sospechar sobre el verdadero motivo para entregar y transportar, a plena luz del día, tan extraordinario botín. Confirma, además, las denuncias repetidas sobre cómo ciertas instituciones del gran capital financiero venezolano se han convertido en parte de una gran conspiración- que incluye a muchos conglomerados mediáticos, a los gobiernos de Estados Unidos y de España, principalmente; a la Organización de Estados Americanos, y otros estamentos del gran capital venezolano e internacional, para derrocar mediante la fuerza al gobierno democráticamente electo y refrendado por la mayoría del pueblo de Venezuela.

Segundo, el incidente revela el verdadero rostro de los líderes de cartón de la oposición venezolana. ¿Qué pueblo que se aprecie y se respete a sí mismo escogería entregarle el poder a gente de esta calaña?

La investigación de este incidente continúa y promete destapar un esquema mucho más grande de desestabilización y agresión contra Venezuela. Mientras tanto, “para muestra con este botón basta”.

A exigir descolonización, no a suplicar

Puerto Rico siempre ha estado en crisis. Hoy, que esa crisis arropa todos los renglones que  inciden en nuestras vidas individuales y colectivas, es más evidente que nunca antes. Un país como el nuestro, que ha sido víctima del colonialismo por siglos y que no ha encontrado el curso para quebrar el mismo, está destinado como siempre ha denunciado el independentismo –y como ahora muchos comienzan a asimilar– al fracaso económico, social y político.

Recientemente el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) que represento, anunció que no participaríamos en el llamado frente por Puerto Rico, un anticipado y estéril esfuerzo que promueve la perpetuación de la dependencia y el coloniaje, esa combinación sobre la cual se cimenta la génesis de las desgracias de los puertorriqueños. Lejos de tratarse de un genuino movimiento para romper con el yugo de la colonia, esta perenigración persigue, cabizbajamente, la súplica indecorosa de dádivas a cambio de la sumisión y el inmovilismo político necesario para eternizar la subordinación que los Estados Unidos ejercen sobre Puerto Rico.

En circunstancias en las que el modelo político del ELA colonial, hoy desboronado ante los ojos de los puertorriqueños y el mundo, excepto para aquellos que ven a la Junta de Control Fiscal como la democracia en su máximo esplendor, proponer cualquier esfuerzo en Washington que no vaya de la mano de una exigencia contundente de un proceso de descolonización, es una farsa a la que ningún independentista habrá de prestarse. Y no debe sorprender a nadie, es lo que siempre ha denunciado y combatido el independentimo incluso mucho antes de que gobiernos rojos y azules –y sus respectivos partidos– se atrevieran a siquiera aceptar la realidad colonial de Puerto Rico.

Este tipo de estrategia no es nueva. El pasado cuatrienio del Partido Popular, el gobernador de turno llamó a una iniciativa similar a la que el PIP tampoco se prestó. De hecho, quien convoca hoy declinó participar en aquel entonces. Nadie en aquel momento, como nadie hoy, debe pecar por ingenuidad. Detrás de este esfuerzo mediático para lavarle la cara al gobierno, también se esconden estrategias deliberadas para, de aceptar participar del mismo diluir el fracaso del gobierno actual y, de no participar, señalarnos de no trabajar en consenso. Nada más lejos de la verdad. La posición histórica del PIP siempre ha sido y será la de participar de aquellos esfuerzos y procesos que redunden en vías para adelantar la descolonización e independencia.

De igual forma, resulta indignante e hipócrita este llamado cuando quienes convocan no han estado dispuestos a resolver asuntos en los que existe amplio consenso en el país. Una consulta plebiscitaria sin alternativas coloniales ni territoriales, la prohibición definitiva del depósito de cenizas tóxicas de carbón como propongo en el PC–1160 y, el aumento de 10 por ciento en la tasa contributiva a las corporaciones foráneas como pretendo en el PC–1174, son ejemplos claros en los que el actual gobierno no sólo se ha hecho de la vista larga sino que, además, ha traicionado el vasto consentimiento de múltiples sectores en el país. Olvidan los que han gobernado el país que un fundamento básico en los consensos es la reciprocidad y que la unilateralidad no permite que los mismos prosperen. Podrán contar con colaboradores útiles pero no con el independentismo que se respeta a sí mismo. Si de algo sirvió esta actividad fue para reunir en un mismo lugar a los lacayos del imperio y a los responsables del fracaso que hoy encaramos. Nada más. Dios los cría y ellos se juntan.

En su pretensión de crear un “frente unido” evidentemente fingido y simulado –y por ende inconsecuente– el gobierno recurre al chantaje para configurar el mismo. Si te prestas al “frente unido” se crea la falsa impresión de un esfuerzo conjunto en el que, una vez fracasado, todos seremos los responsables de dicho revés y se diluya la responsabilidad de la administración de turno. Y si no se participa del “frente unido” se acusa de no trabajar en consenso por el país. Se trata de una movida política y de una manipulación mediática.

Cuando el consenso sea para confrontar políticamente a los Estados Unidos, para adelantar la descolonización, para romper con la dependencia que genera pobreza y para comenzar un verdadero proceso de reconstrucción nacional, el PIP participará del mismo. A Washington vamos a exigir, no a suplicar.

Será otra cosa: Notas del doctorado de una instructora de lengua

Ya es la cuarta vez en que comienzo un año académico en una universidad norteamericana. El doctorado, un programa de cinco años en el que estudiamos y para el que enseñamos, según el cronograma o las falsas esperanzas, debe ir sosegándose. Faltan dos años para que, dicen los más optimistas, te hagas doctor en letras y consigas un buen trabajo fuera de aquí. Está difícil eso. Está difícil también imaginarse aquí por mucho tiempo o prever un regreso a cualquier parte. La ciudad, el dinero, el trabajo y los estudios no dan mucho espacio para divagaciones: se está aquí en el “eterno presente” (mucho menos poético que este verso de Guillén). En cuenta regresiva para los recesos. Menos mal.

El componente de enseñanza del doctorado, ese que te requiere 3 o 4 años de los cinco del PhD, más bien se concentra en impartir lengua en todos los niveles hasta llegar a dar clases de literatura. La idea es que los estudiantes graduados son gran parte de la fuerza laboral de estas instituciones y su trabajo en el aula paga su programa de estudios. Estos fundamentos se cuestionan poco y son problemáticos, porque muchas veces se nos explota e insta a dar las gracias… pero eso es otra columna. A mí me falta un semestre para alcanzar el peldaño de enseñar un curso de literatura, ahora enseño un cuarto semestre, el último español intermedio que pone a los estudiantes frente a las muchas identidades y estereotipos que se erigen en el mundo hispano. Estos cursos parecen ser catálogos pintorescos de la hispanidad: una película grabada por españoles en Cuba, imágenes de Frida Kahlo –debates sobre su ‘mexicanidad’ y performatividad de género, por ejemplo–, discusiones sobre las dictaduras y cómo se representa en la cultura popular lo hispano, latinoamericano y en ultimísimo lugar de prioridad, lo caribeño. Son prontuarios ambiciosos, pero también un tanto leves, caemos un poco en la trampa de querer ser portavoces, aunque no sé muy bien de qué. Venimos cada semestre esperanzados de tal vez levantar interés en el salón de clase, provocar dudas, no importa cuánto mastiquen el español los estudiantes, de que se imaginen algo fuera del confort del que vienen y en el que viven sus cuatro años de bachillerato. Siempre hay excepciones, uno o dos en cada salón, el resto parece listo para el recorrido visual. Un poquito de gramática, un poquito de videos, conversación, juegos en clase, tareas en la plataforma en línea, la píldora dorada; todo cómodo y ameno. El instructor debe representar lo mejor de su lugar de origen y echarse encima el o los cursos sin demasiada guía, al menos en mi universidad.

En estos días comencé un trabajo nuevo, el dinero del doctorado no da y menos en esta ciudad (pero eso también será para una próxima ocasión). Comencé a enseñar dos clases de lengua a tiempo parcial en otra universidad del área, esta católica, también rica y abrumadoramente homogénea (ya se imaginarán a lo que me refiero). Las dinámicas son distintas, hay un coordinador que no duerme, todo parece velado y el elemento pintoresco y diverso-friendly de la otra universidad, de donde me doctoro, no se busca, no se fomenta, no existe. Cada facultad es una réplica arquitectónica de las iglesias británicas del siglo 16, y los recursos de las bibliotecas parecen inagotables (como buenos jesuitas). Mi universidad y esta son dos caras de una misma moneda: los estudiantes (o sus padres) pagan más de 50 mil dólares al año en cursos sin contar vivienda, o plan alimenticio o gastos alegres. El perfil de estudiantes es distinto, pero la reputación es que ambas son instituciones educativas privadas de ricos: ricos liberales y ricos conservadores. Se me hacía un poco difícil pensar que todo era tan blanco y negro, pero ya con algunos años aquí, hablando con la gente local y con ciertos prejuicios en las espaldas, no parecen tan absurdas estas etiquetas o tan inconcebible el statu quo.

Bueno, en fin, que aquí estamos. Con trabajo. Hay que ser agradecidos. Sirviéndole a los riquitos del estado. Hay que dar las gracias, de nuevo, ¿verdad? El PhD pasó a un segundo plano ante las deudas más básicas que no cubre el trabajo en la universidad donde me doctoro (apartamento, compra, salud). Aunque ha cambiado un poco el panorama y las metas a corto plazo, el motor para estar como tres en un zapato se ha compendiado en que queremos volver a Puerto Rico. En nuestras ficciones imaginamos que cualquier cosa que hagamos allá será mejor que cualquiera que hagamos aquí. Para eso hay que contar de manera regresiva, dos, tres años, y alimentar las esperanzas para sobrevivir el presente en un país tan rico, como tan vacío.

Equipo Nacional: Hay mucho que trabajar, pero hay esperanza

El pasado fin de semana se llevó a cabo el torneo AmeriCup de baloncesto; un torneo clasificatorio para los Juegos Panamericanos Lima 2019 que le brindó la oportunidad a Puerto Rico de presentar su renovada escuadra. La misma muestra un cambio generacional necesario, con baloncelistas cuya edad promedio es 25 años, la mitad de ellos haciendo su debut con el equipo grande.

De los objetivos importantes, se consiguió el más apremiante: la clasificación panamericana. Sin embargo, no se pudo llegar al “final four” del torneo que se realizó el pasado fin de semana en Argentina.

El grupo de Puerto Rico contó con Brasil, Colombia y México. Los boricuas, que lograron la segunda posición, perdieron el primer día 69-66 contra México, pero luego se recuperaron para vencer consecutivamente a Colombia y Brasil por 19 y 9 puntos respectivamente.

Nos faltó fogueo y malicia para ganarnos a los aztecas

La primera derrota sufrida frente a la escuadra mexicana fue sin duda alguna el juego más intenso del torneo. Puerto Rico tuvo oportunidades reales de ganarlo (estuvimos empate a 62 tarde en el juego), pero una serie de malas posesiones ofensivas y falta de experiencia a ese nivel nos pasaron factura. Se notaba también que el equipo se estaba conociendo y que sus integrantes no habían jugado lo suficiente en conjunto. Eso es natural con equipos jóvenes pero no se puede utilizar como excusa ya que, en el escenario internacional, dicho proceso hay que aprenderlo rápidamente.

Debilidades

Haciendo un estudio macro de lo que fue nuestra participación, creo que hay tres preocupaciones que saltan a la vista. En primer lugar, el equipo de Puerto Rico promedió 17 errores (“turnovers”) por partido. A nivel internacional, si se quiere ser competitivo, ese número no puede pasar de 12. En segundo lugar, es preocupante que Puerto Rico parece no tener un tirador natural de tres puntos, a excepción de Mike Rosario, jugador que dicho sea de paso, no tuvo un gran torneo lanzando el triple. Ese factor nos hace vulnerables a la defensa de zona de los otros equipos, por lo que se debe considerar otro tirador, como por ejemplo Isaac Sosa o el veterano Javier Mojica. Por último, aunque Chris Gastón tuvo sus buenos momentos en el torneo, la posición de delantero fuerte es una donde Puerto Rico todavía tiene que estabilizarse y necesita más ofensiva de Carlos Yao López, quien actualmente es el defensa fuerte regular. La buena noticia es que parece que esa posición será reforzada prontamente con la llegada de Melsahn Basabe, un joven de origen puertorriqueño con experiencia en ligas europeas.

Noticias positivas

Más que las dos victorias obtenidas y el pase panamericano, Puerto Rico puede ver con esperanza el desarrollo de la posición de centro tanto de Jorge Bryan Díaz, quien año tras año ha ido progresando en su juego hasta convertirse en un centro internacional respetable, como del debutante Tyler Davis. Este último, con apenas 20 años ya cuenta con grandes herramientas. Viniendo del banco, hizo un trabajo excepcional promediando 12.3 por juego y 6.7 rebotes. Además, se fajó de tú a tú en el torneo con los centros internacionales. Considero que de seguir su curva ascendente, Tyler Davis pronto será el centro nacional del equipo y, de mantenerse saludable, será el dueño y señor de dicha posición por mucho tiempo.

Se debió haber explorado la combinación de ambos centros en la cancha al mismo tiempo, pues eso le hubiera causado problemas mayores a los rivales al tener que “gardear” a dos hombres grandes que cuentan a su vez con mucha agilidad.

Hay que resaltar, además, la producción e intensidad que trajo la presencia de Ángel Rodríguez, armador que debutaba con el equipo olímpico. Rodríguez fue una estrella con la Universidad de Miami a nivel colegial y ahora añade una chispa por su velocidad y habilidad para encargarse del equipo ofensivamente. Así lo demostró en el juego contra Brasil, donde encestó 23 puntos. Además, el armador puede crear su propio tiro, algo que Puerto Rico había perdido ante la salida de Carlos Arroyo y la ausencia en este torneo de José Juan Barea.

Definitivamente, nuestro equipo de baloncesto nacional demostró carácter y ganas de seguir mejorando como grupo. Aunque habrá momentos fuertes como parte del cambio generacional y hay que seguir “puliendo” al grupo, creo que vamos por buen camino en ruta al ciclo 2020. Mientras tanto y como siempre, el país estará siempre apoyando la escuadra y pendiente de sus 12 magníficos.