Inicio Blog Página 1815

Desmienten a Secretario de Seguridad y Comisionado de la Policía

ccotto@claridadpuertorico.com

La iniciativa, Pueblo Unido Contra la Venta y Privatización de los Servicios Públicos, desmintió las alegaciones del Secretario de Seguridad Pública (SSP), Héctor Pesquera y del Comisionado de la Policía (CP), Henry Escalera de que se habían reunido con las organizaciones convocantes de la manifestación en la Milla de Oro para llegar a acuerdos sobre las rutas y horarios.

En comunicado de prensa emitido este lunes 7 de mayo, Juan Camacho, portavoz del Pueblo Unido denunció como “un planteamiento falso” la afirmación de Pesquera a través de los medios de comunicación de que la Policía sostuvo reuniones con los convocantes. En el comunicado se reconoce que la actividad de Pueblo Unido constó de las cinco marchas que salieron; una del Parque Hiram Bithorn; una del Departamento del Trabajo (DT); una del Departamento de Educación (DE), la de la Universidad de Puerto Rico, y otra de la Parada 26 (estación del tren urbano del Sagrado Corazón). A la marcha que salió de la UPR no se le permitió transitar por la Milla de Oro y fue la encerrada y atacada por la Policía. Las otras marchas tampoco estuvieron exentas de la intimidación y acoso policíaco.

En sus declaraciones Camacho denunció que el plan para las agresiones contra los manifestantes comenzó días antes con el anuncio de que 1,100 agentes serían asignados a la actividad, dando la impresión que la misma sería violenta y descontrolada. Así, también, visitaron los comercios del área de las marchas que contaban con cámaras de seguridad para orientarlos cómo enfocar sus cámaras contra los manifestantes, tratando de crear miedo entre los comerciantes y ciudadanos cercanos a las rutas.

La organización además envió una carta al comisionado Escalera, en donde también le confronta con que sus declaraciones escritas a la Prensa de que “sostuvo reuniones con siete de los ocho grupos” que convocaron a la Milla de Oro el pasado primero de mayo de 2018. “Ese señalamiento no es cierto. Nunca nos hemos reunido con la Policía, ni entidad parecida, para discutir rutas, accesos, horarios, funcionamiento y mucho menos los perímetros que se establecieron en las rutas de las marchas y en la misma Milla de Oro”.

Además de desmentir a ambos funcionarios, mediante carta, Pueblo Unido le reclamó al gobernador Ricardo Rosselló, que le solicite la inmediata renuncia al Comisionado de la Policía y al Secretario del Departamento de Seguridad.

“Que los jefes máximos de la seguridad pública utilicen información falsa como excusa para impedir un derecho constitucional, más aún para agredir y dispersar una marcha con gases lacrimógenos, más que un error, es una causal para ser despedidos inmediatamente”. Reclaman los portavoces de Pueblo Unido, Ángel Figueroa Jaramillo, Juan Camacho y Eva Ayala Reyes.

1ro. de mayo: Un entrampamiento bien planificado

Claridad

ccotto@claridadpuertorico.com

Una violación al derecho a la libre expresión, una agresión planificada, un despliegue de fuerza indiscriminado con el propósito de acorralar a los manifestantes, ése fue el comportamiento de las fuerzas policiacas contra manifestantes de una de las marchas este 1 de mayo. Así se desprende de la versión de los hechos que expuso la Unión Americana de Libertades Civiles, capitulo de Puerto Rico (ACLU, siglas en inglés), la cual mantuvo observadores en todos los puntos de partida y el trayecto de las marchas desde tempranas horas de la mañana.

El director ejecutivo de ACLU, licenciado William Ramírez Hernández, en conferencia de prensa, expresó que ante la conferencia de prensa celebrada por el Gobernador Ricardo Rosselló Neváres, para dar la versión del Gobierno sobre los hechos, la ACLU se vio en la necesidad de exponer lo que ellos –sus observadores– vieron.

Apuntando que el trabajo de ACLU es el de velar por el respeto de los derechos constitucionales fundamentales del pueblo, Ramírez Hernández, defendió; “Nosotros velamos porque el Gobierno de Puerto Rico respete esos derechos, que la Policía de Puerto Rico respete esos derechos, en este caso la Primera Enmienda de la Carta de Derechos de Puerto Rico que garantiza la libertad de expresión”. Señaló que la libertad de expresión no se limita a que se permita llegar a una persona a un lugar, sino que las personas puedan expresarse sin sentirse limitados en su expresión y coartados en alguna forma.

Frente a los acontecimientos el director ejecutivo de ACLU trajo a la atención el que la Policía se encuentra en un proceso de “reforma” mediante un acuerdo firmado entre el Departamento de Justicia de Puerto Rico con el Departamento de Justicia de Estados Unidos (EEUU) que tiene el deber de cumplir, por lo que la Policía, “tiene que hacer su trabajo de una forma constitucional y como dice el gobernador ‘somos un país de ley y orden’, y en el país de ley y orden los ciudadanos tienen que respetar la ley, la Policía también tiene que respetar esas leyes y los derechos fundamentales del pueblo porque ésa es la ley suprema”.

En esa línea el licenciado Ramírez Hernández, apuntó de que Puerto Rico es uno de los pocos lugares que carece de cualquier forma de monitoreo civil independiente, de la Policía. Dada esta carencia reclamó que eso hace más importante el trabajo tanto de los observadores de ACLU como el de la Prensa. Esta defensa de la Prensa viene al caso debido a que la Policía agredió no sólo a manifestantes, a los mismos observadores identificados, sino también a periodistas identificados que estaban ejerciendo su oficio.

En una critica al gobernador por sus expresiones en la conferencia de prensa, de que ‘una piedra sirve para construir’, Ramírez Hernández, opinó que el Gobierno no estaba viendo el cuadro completo. “La gente está protestando porque se está desconstruyendo este país, se está derrumbando este país. La gente está protestando porque tenemos un país que se está decayendo y que no le está ofreciendo oportunidad a su pueblo y tenemos muchos de nuestros familiares que tienen que irse, tenemos jóvenes que están protestando todas esas fallas y son personas que no se quieren ir”.

El experto en derechos civiles aclaró que el hecho de que una persona esté incurriendo en una conducta particular, en un acto particular, aun cuando pueda ser una expresión no protegida, no deja de ser expresión. Como es el caso de una acción de desobediencia civil. En tanto el licenciado Josúe González, también de ACLU, y que fue uno de los observadores que estuvo en la Milla de Oro, expuso sobre los acontecimientos; “Estamos viviendo un momento en que el país está acorralado por unas políticas abusivas que ha estado adoptando entiéndase la Junta de Control Fiscal y el Gobierno y se han estado cerrando puertas y a la gente no nos queda otra alternativa que salir a la calle y la reacción del gobierno ha sido de hostilidad y esto lo hemos visto por mucho tiempo”. Insistió que aun en medio de la reforma la Policía no ha cambiado su actitud hostil. Esta actitud dijo se vio en los eventos del año pasado y ahora este 1ero de mayo se vieron con mayor intensidad.

Desde el punto de vista de la ACLU –dijo– no hay duda y así lo pudieron observar desde el principio sus observadores en los distintos puntos, que el propósito del gobierno más que garantizar el derecho de los manifestantes a expresarse con tranquilidad y velar por la seguridad, el propósito era reprimir la expresión. En primer lugar expresó que la Policía manejó toda la actividad como una de confrontación, con una movilización exagerada y desde un principio obstaculizando las vías públicas, las cuales se suponen que son el escenario de expresión protegida, por lo que existe el derecho de las personas a pasar por éstas.

Una vez le cerraron todas las vías a los manifestantes, e impidió el derecho de estos a la libertad de expresión, la Policía ignoró todos los requerimientos de la reforma en términos de lo que tiene que ver con el manejo de multitudes, el uso de fuerza y el despliegue de agentes químicos.

González fue enfático en acusar que la Policía agredió e hizo uso de un despliegue indiscriminado de fuerza contra personas que estaban participando de la manifestación de forma pacífica e ignoró los protocolos básicos que se han acordado como parte del proceso de la reforma. Uno de estos protocolos fue el que la Policía no hizo advertencias de que se proponía desplegar los gases lacrimógenos para notificar a los manifestantes la intención de dispersión.

“Pero ahí no había el interés de dispersión porque no había a donde ir los manifestantes fueron literalmente acorralados en la avenida y hasta los mismos policías fueron afectados por los gases lacrimógenos y eso lo tenemos perfectamente documentado. Fue un operativo disparatado y estamos hablando en el contexto de la reforma de la policía. No se dio oportunidad para vías de escape que es una de las cosas que está incluída en los protocolos establecidos para la reforma”.

A la luz de los acontecimientos González señaló que el país está en una situación bien difícil en términos de los derechos civiles y los derechos humanos y en términos del comportamiento de la Policía. Mientras la coordinadora de los observadores, la licenciada Johana Plinet, comprobó que se tuvieron observadores en todos los puntos de partida de cada marcha, eso incluyó a la que salió del Puente Dos Hermanos para llegar al Capitolio, y de las que llegaban a la Milla de Oro. Todas, dijo, salieron de manera pacífica, incluyendo la que salió de la Universidad de Puerto Rico (UPR), y no hubo eventos en el camino, todo surgió una vez se llegó a la Milla de Oro.

La licenciada Plinet apuntó que desde las 9:00 de la mañana los observadores de ACLU pudieron ver que ya desde esa hora la Policía había creado una línea para impedir el acceso a la Milla de Oro por la Ponce de León. Contó que ella personalmente se acercó al teniente coronel Torres, y le preguntó por qué estaban impidiendo el paso de la marcha que venia del edificio de la Procuradora de la Mujer (Marea Feminista), cuando se había notificado que ésa iba a ser la ruta. La contestación del oficial fue el que ‘estaban allí para proteger al comercio’. Le planteó que las marchas que venían de la UPR y el Departamento del Trabajo, enfrentarían la misma situación a lo que el oficial le contestó ‘que sí iban a mover’. Por lo que los observadores desde temprano temieron que se provocara una confrontación.

El acoso policíaco no se limitó a los manifestantes, la licenciada Plinet, denunció, incluso, que en muchas ocasiones, la Policía, impidió el acceso a los y las observadores, aun cuando se había notificado a la Oficina de la Reforma y se reunieron con la coronel Clementina Vega (supervisora de la Reforma) de que iban a estar presentes e identificados en la actividad.

La conducta de acoso –denunciaron la licenciada Plinet y la licenciada Wilma Valentin Custodio, otra observadora– incluyó comentarios machistas, sonidos inapropiados hacia las observadoras, mujeres por parte de algunos efectivos. Esta conducta llama la atención dado a que éste es uno de los señalamientos en el acuerdo de la reforma de que se tiene que atender la violencia y acoso contra la mujer. En esa misma línea las observadoras levantaron bandera sobre la presencia de un escuadrón integrado sólo por mujeres al mando de un oficial varón.

Otra de las observadoras licenciada Nora Vargas agregó que les llamó la atención el que muchas de las agresiones directas de rociar con gases fueron dirigidas a mujeres que no estaban encapuchadas, algunas estaban solas o conversando. Las observadoras coincidieron en su apreciación de que la Policía las miraban de manera retante con la intención de intimidarlas.

En tanto el observador, licenciado Diego Coral González, quien acompañó a la marcha que salió desde el Hiram Bithron, narró que una vez la marcha llegó a la avenida Muñoz Rivera, intercesión con la Roosevelt, vio hacia atrás que había un contingente de policías pisándole los talones a la marcha. Este contingente se apostó en la avenida Muñoz Rivera (frente a la farmacia Cvs) en dirección hacia Río Piedras. Además, estuvo presente cuando el teniente Santos de Operaciones tácticas hizo un acuerdo con los manifestantes de retirase, pero pasados unos 20 minutos la Policía no se había retirado, poco tiempo después se produjo la agresión contra los manifestantes. Describió la experiencia del comportamiento policíaco como una muy severa comparada con la del año pasado.

Presidente del Colegio de Abogados

Por otra parte consultado por este semanario, el presidente del Colegio de Abogadas y Abogados de Puerto Rico (CAPR), Alejandro Torres Rivera, coincidió en denunciar que la conducta de la Policía fue de un entrampamiento planificado. Como observador del CAPR contó que estuvo desde temprano en la mañana frente al Departamento del Trabajo y cuando apenas había un centenar de personas ya la Policía había hecho un despliegue de fuerza. Sus observaciones sobre la presencia y ubicación de los efectivos policiacos cerrando el paso a la Milla de Oro, a las marchas que transcurrieron por la Ponce de León y la presencia de un fuerte cordón policíaco en la Muñoz Rivera, coinciden con lo descrito por los observadores de ACLU.

Torres Rivera describió que la Policía metió intencionalmente a una marea de gente en un túnel donde no había salidas laterales. Recordó que los hechos se desataron una vez finaliza la actividad en la tarima. Para el presidente del Colegio de Abogados no hay duda de que hubo violaciones constitucionales por parte de la Policía, desde el punto de vista de la supresión adelantada del derecho a la expresión, el cierre de las vías publicas para su libre acceso, como tampoco había manera de justificar la persecución de las personas por toda la avenida Muñoz Rivera hasta Río Piedras y luego el uso de fuerza en la comunidad de Santa Rita. De igual forma confirmó que la Policía violó los protocolos y las guías de la reforma policíaca para el manejo de manifestaciones.

En relación a la presencia de un contingente paramilitar en la manifestación que era evidente no correspondía en relación a su armamento y fisonomía con Puerto Rico, el licenciado Torres Rivera recodó que días previos al 1 de mayo el secretario de Seguridad, Héctor Pesquera a preguntas de la Prensa respecto a la posible participación de de las autoridades declaró que ‘ya estaban en contacto con las autoridades federales’, por lo que no le extrañaría que los hayan traído de “refuerzo”.

“Me parece que este es un país que siempre ha rechazado la teoría de lo que es el entrampamiento y en este caso hay elementos forzados para pensar que hubo entrampamiento”, concluyó.

Puerto Rico: Primero de Mayo violento

Por Alejandro Schneider

Las movilizaciones del Primero de Mayo en Puerto Rico, al igual que en otras partes del mundo (Francia, Honduras, Perú, etcétera), finalizaron con una fuerte represión policial contra los manifestantes que se desplazaron hacia la Milla de Oro, en Hato Rey, el centro financiero de San Juan.

Esa fecha, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de los países del mundo, en Puerto Rico, por su condición de colonia yanqui, al igual que en Estados Unidos, ese día no se rememora la masacre de los obreros de Chicago, por lo tanto es un día laborable. Sin embargo, del mismo modo que el año anterior, la jornada estuvo signada por un exitoso paro de trabajadores públicos y estudiantes. De ese manera, diversos colectivos sociales aprovecharon la conmemoración para expresar desde las primeras horas de la mañana el amplio rechazo a la dramática situación que está padeciendo la población boricua.

Recordemos que hace más de ocho meses el archipiélago sufrió dos devastadores huracanes, a pesar del tiempo, sus consecuencias se siguen sintiendo en el presente; tal es así, que hoy en día existen cientos de hogares que carecen de energía eléctrica y de agua potable. Además, de que aún no se conoce la cifra exacta de muertos y heridos por estas inclemencias. Lo que sí se sabe es estos desastres dejaron sin trabajo, sin vivienda y sin seguridad sanitaria a más de medio millón de personas, muchas de las cuales emigraron a Estados Unidos. Todo eso en un contexto donde la mayoría de la población se encuentra atravesando por una grave crisis económica desde el comienzo del nuevo milenio, donde el 46% de las personas y el 43% de las familias se encontraban, antes de las catástrofes naturales, bajo el nivel de pobreza. A eso debe sumar el fuerte desempleo existente, el cual oscila entre un 15 y un 35% en el marco de una tasa de participación laboral de 40%, o sea que el 60% de la población en edad de trabajar se encuentra por fuera del mercado. Frente a ello, la solución brindada por parte del Congreso norteamericano fue la aprobación de un drástico programa de austeridad con el objetivo de pagar la abultada e ilegítima deuda externa, cercana a los 70.000 millones de dólares. Así, en junio de 2016, con el aval del ex presidente Barack Obama, se aprobó la Ley PROMESA, por la cual se impuso una Junta de Supervisión Fiscal (JSF) que se erigió por encima de la constitución boricua y de cualquier legislación nativa. Desde entonces, con el apoyo del gobierno local, de la Legislatura isleña y de los principales partidos políticos, se produjo un empeoramiento de las condiciones laborales (entre ellas, reducciones en los salarios y despidos) junto con un draconiano recorte presupuestario en las áreas de educación, salud, vivienda, etc. En términos cotidianos, esta crisis se expresa en que la actual administración busca privatizar la Autoridad de Energía Eléctrica, al igual que otras veinte corporaciones públicas; no conforme con ello, el gobierno busca clausurar más de trescientas escuelas provocando que una miríada de estudiantes queden sin la posibilidad de estudiar al igual que cientos de docentes permanezcan sin plaza laboral.

Con ese contexto de fondo, la jornada del Primero de Mayo comenzó con distintas manifestaciones en protesta desde temprano en diferentes puntos del país (Mayagüez,Ponce, Arecibo y Caguas, entre otros municipios), cobrando particular protagonismo, la movilización que se concentró en la zona de la Milla de Oro donde confluyeron ocho colectivos sindicales, civiles y estudiantiles provenientes desde distintos puntos de partida: el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR), el Centro Médico, el Departamento de Educación, etcétera. En forma paralela, en el viejo San Juan, frente al Capitolio, se concentraron cerca de una veintena de entidades laborales convocadas por la Central Puertorriqueña de Trabajadores junto con un grupo de alcaldes opositores al gobierno central.

Sin embargo, la jornada de protesta no finalizó en forma pacífica. Desde hacía varios días se percibía que la policía iba a reprimir las movilizaciones, como había ocurrido el Primero de Mayo del año anterior. Esto se evidenció desde las primeras horas del día cuando las fuerzas de seguridad comenzaron a hostilizar a los manifestantes con diversos provocaciones, tal cual lo expresaron el colectivo de mujeres denominado Marea Feminista.

Al medio día, en el área financiera se hizo más tensa la situación cuando se impidió a una columna de manifestantes alcanzar el punto de encuentro definido con anterioridad. En ese contexto, la policía comenzó a agredir lanzando gases lacrimógenos, golpeando a los trabajadores y estudiantes movilizados y persiguiendo a los mismos por diversas calles de la ciudad. Asimismo, la agresión se dirigió también al interior de las viviendas adyacentes a los puntos de concentración y en las cercanías al recinto de Río Piedras de la UPR. La jornada finalizó con un saldo de varios manifestantes heridos junto con cerca de veinte jóvenes detenidos imputados por delitos “de robo y agresión a la autoridades”, entre otras acusaciones.

En resumen, al igual que el año anterior, la jornada masiva de paro y movilización que finaliza con represión es indicio de que en Puerto Rico asoman nuevos tiempos. Por un lado, es cada vez más evidente el fuerte descontento con la situación económica que existe en la Isla, lo cual se expresa en las diversas protestas que están desarrollando los diferentes colectivos sociales en los lugares de empleo y en las comunidades. Por el otro, el gobierno de Ricardo Rosselló, que responde a la Junta de Supervisión Fiscal, demuestra que para poder gobernar necesita violar en forma permanente los límites de la democracia formal, restringiendo en este caso, las voluntad ciudadana de manifestarse y de movilizarse libremente en defensa de los derechos adquiridos. Asimismo, va quedando cada vez más visible para amplios sectores de la población que las fuerzas de seguridad, sobre todo la policía, son un instrumento que las administraciones emplean para mantener su dominio y control. En otras palabras, el pacto de dominación colonial establecido en 1952, con la conformación del Estado Libre Asociado y el sostén de los grandes partidos electorales (populares y estadistas), se encuentra en este momento dando distintas señales de que está comenzando a resquebrajarse; sin embargo, el futuro dependerá del camino que empiecen a recorrer los propios trabajadores juntos con los estudiantes.

El autor es historiador, Universidad de Buenos Aires, quien ha impartido cursos en la UPR y lleva tiempo investigando el movimiento obrero en AL y Puerto Rico.

Ni flores, ni chocolates

Especial para CLARIDAD

“Madre es la más bella flor”, “Madre, la reina del hogar”, “Madre, sóolo hay una”, “Madre, perdóname”… siempre que se acerca el famoso Día de las Madres nos bombardean con frases cursis como éstas. La gente se vuelve loca regalando flores y chocolates, pero pocas personas se dan a la tarea de preguntar en realidad: ¿qué necesitan y se merecen las madres en esta sociedad?

Porque aunque tengamos el amor incondicional de los hijos e hijas, las madres queremos y necesitamos de mucho… en especial de empatía, comprensión y compensación por todo lo que hacemos con dedicación, entrega y sacrificio. Y no sólo las madres, también las abuelas, las madrastras, las tías, las madrinas y las madres de críos cuadrúpedos.

Una de mis frases preferidas desde que me embarqué en esta maravillosa y complicada aventura de la maternidad es “se requiere de todo un pueblo –o una aldea, para ser más literal– para criar a un niño o niña” (It takes a village to raise a child). Sin embargo, ¿qué sucede cuando tu pueblo está dividido y cuando la patria está invadida?

En estos momentos en que nuestro Puerto Rico se enfrenta a una de las mayores olas migratorias hacia los Estados Unidos (EE.UU.), a causa de la crisis económica y de los desastres causados por los huracanes Irma y María, son más las familias que a diario ponen océano de por medio. Cada día hay más abuelas que se despiden de sus nietos, más hijos e hijas que se despiden de sus madres y padres, más hermanos y hermanas que se separan. El otro día compartiendo con unas amistades en una reunión de exiliados, nos dimos cuenta que ambos hijos de doña Margarita y don Gilberto viven en EE.UU., que de los cuatro hijos de don Ebenezer y Zodet tres viven fuera, que de los tres hijos de doña Iris y el Doctor López, dos viven en el norte, y así por el estilo.

Entonces, ¿qué se hace cuando de repente te encuentras criando en un país ajeno y sin red de apoyo? Sin abuelitas a quienes pedirle que te echen una mano cuidando al crío o enseñándole la importancia de hablar español boricua y de comer arroz con habichuelas; sin titís o tíos solidarios que te cuiden al nene para ir a una cita médica, o simplemente cuando quieres dar un paseo a solas con tu pareja.

Poco a poco, con dificultad una va construyendo una nueva aldea. La familia escogida, las nuevas amistades, las ‘mommy friends” (amigas mamás), y por supuesto la boricuada, que te rescata. No obstante, criar en este país –cuyos supuestos líderes aseguran que es del primer mundo y está ‘desarrollado’– no es cáscara de coco, para ponerlo en términos criollos.

Para empezar, la licencia por maternidad, según las leyes federales, le da a la madre un mínimo de 12 semanas para atender al recién nacido, pero sin paga alguna. Eso significa que la mayoría de las mujeres que son asalariadas tienen que usar sus días de vacaciones o por enfermedad porque no pueden costear estar sin recibir ingresos por 12 semanas o más. Ni hablar de días libres para los padres. Luego de tener a la criatura, muchas se ven ante la encerrona de decidir si pagar los altos costos de los cuidos o quedarse en la casa con el bebé.

Una amiga me contó que tomar la decisión de regresar a trabajar después de parir a su niña fue bien difícil ya que el costo de cuidar a una infante es exhorbitante. Luego sacó cuenta de que el primer año de la niña invirtió sobre el 50% de su salario en el cuido de la beba y de su hijo de edad escolar. No obstante, decidió hacerlo con mucho sacrificio, porque sabía que a las mujeres se les hace cuesta arriba reintegrarse a la fuerza laboral asalariada una vez llevas varios años en la casa con los niños.

Otra amiga tuvo que renunciar a su trabajo cuando quedó embarazada pues no podía subir y bajar escaleras todo el día, lo que significó sacar su nena de 4 años del pre escolar, porque sin el ingreso de su empleo no podía costear la escuelita, ni siquiera con las ayudas del estado.

Si a eso le sumamos la falta de empatía y el sexismo de los patronos, la situación de las mujeres se complica más aún. Muy pocas empresas son flexibles a la hora de recoger a los niños cuando se accidentan, cuando salen temprano de la escuela o cuando están enfermos, tareas que usualmente recaen en la madre, aún cuando el padre esté activo en la crianza.

Además, hay un claro menosprecio y poca comprensión en esta sociedad sobre lo que hacemos las madres que nos quedamos en la casa con los niños. Se entiende que lo hacen por elección, y no porque muchas veces es más costo efectivo quedarte en el hogar que pagar cuido; se cree que tenemos mucho tiempo para realizar otras tareas y ¡para descansar! ¡Ja!

Entonces, en este día, que supuestamente es de nosotras, las madres pedimos –y no lavadoras, ni planchas, ni flores, ni bombones– y pedimos mucho. Es más exigimos y reclamamos: una licencia de maternidad con paga, una licencia de paternidad, cuidos costo efectivos, equidad en salarios, una tarea doméstica compartida, una crianza compartida, la erradicación del sexismo y del hostigamiento sexual, empatía, colaboración y más. Pero sobretodo, el Día de las Madres hay que verlo como un día para concientizar, para seguir luchando por lo que nos merecemos, en el hogar, en el trabajo y en la calle.

El primero de mayo: una reflexión

Por Félix Córdova Iturregui

Especial para CLARIDAD

La situación de Puerto Rico en el momento presente es extremadamente compleja. La percepción de grandes sectores del país es que estamos en un punto decisivo de nuestra historia. Hay muchas razones que validan esta manera de pensar. Pero no se puede perder de vista la dimensión principal de la coyuntura actual. Es el resultado de una política que han impuesto los dos partidos de gobierno durante los últimos treinta años. El aspecto principal de dicha política lo expresó Pedro Rosselló en un enunciado muy preciso y concreto: que el mercado decida. Si hoy la Junta de Control Fiscal (JCF) es la coronación de esa política, llamada neoliberal, con su fundamentalismo de mercado, no es posible separar las propuestas de este cuerpo dictatorial de las propuestas del gobierno. Llevan la misma dirección y forman una misma comparsa.

Si la imposición de la JCF tiene todas las características de un golpe de Estado, no podemos disociar esa apariencia de dos leyes anteriores que tuvieron un carácter parecido: la Ley 7, de 2009, y la Ley 66, de 2014. Ambas crearon un estado de excepción y golpearon duramente a trabajadores y trabajadoras. La Ley 7 hizo algo nunca antes visto en la historia política de Puerto Rico: dejó en la calle a más de veinte mil trabajadores del sector público. Un gobierno estadista hizo añicos la vieja consigna anexionista: “estadidad es seguridad”. Si ayer Richard Carrión presidió el famoso comité (el CAREF) que dio forma a la Ley 7, hoy José Carrión III preside la JCF. Si ayer Carlos García fue el artífice de las terribles cartas de despido de 30,000 empleados públicos, cuando presidía el Banco Gubernamental de Fomento, hoy este banquero inescrupuloso, con su brillante carrera en el Banco de Santander, es uno los exponentes de la línea dura neoliberal en la JCF.

¿Entonces son falsas las contradicciones entre el gobierno de Ricardo Rosselló y la JCF? Aunque caminan en la misma dirección, no son falsos los conflictos. La diferencia principal tiene que ver con el carácter tiránico de la JCF. Mientras este cuerpo frío y calculador está dispuesto a hundir el cuchillo, sin delicadeza alguna, en el cuerpo social de la Isla para extirpar de allí lo que le molesta, el gobierno no puede hacer lo mismo. Hay una diferencia entre ambos que no debe subestimarse: la JCF no es electa, es una imposición del gobierno estadounidense, mientras el gobierno de Ricardo Rosselló fue electo. El núcleo del desacuerdo se encuentra en la reforma laboral y en la reducción de las pensiones. El gobierno ya aprobó el año anterior una reforma laboral que golpeó duramente al sector laboral. Nadie debe olvidar que esa reforma fue aprobada por la Cámara y el Senado? Thomas Rivera Schatz le dio el visto bueno, como también hizo en el pasado con la Ley 7. ¿Cómo es posible, entonces que el presidente del Senado se presente hoy como defensor de los trabajadores? Su nuevo disfraz surge de su reacción ante la JCF. Este cuerpo financiero, con su apetito voraz, quiere llevar el cuchillo hasta el fondo y extirpar lo que queda de las conquistas históricas de la clase trabajadora de la Isla.

Los políticos neoliberales como Rivera Schatz saben que la voracidad de la JCF los liquidaría políticamente. Carlos Romero Barceló lo dijo con vehemencia: la reforma laboral exigida, en combo con la reducción de las pensiones, tendría un impacto análogo al de la Ley 7. Se haría mucho más visible el efecto de la política neoliberal estadista: el empobrecimiento del pueblo trabajador. La vieja consigna, estadidad es seguridad, quedaría sustituida por otra destacando la inseguridad y la pobreza. Pero el temor de Romero Barceló se alimentó también de lo que sus ojos pudieron ver por todos lados: las protestas diarias de comunidades exigiendo el restablecimiento de la luz, padres y maestros luchando contra el cierre de 283 escuelas en diferentes pueblos, y por donde quiera el malestar ante la precariedad de los servicios. Los que no creen en las protestas deben estar con la boca abierta al considerar que el cierre de las escuelas se ha reducido ya a 266.

La celebración el 1 de mayo de este año se dio en un contexto de continuas movilizaciones por diferentes pueblos y comunidades de la Isla. Algo nuevo en nuestra historia moderna, solo comparable a la ola de protestas que precedió el 1 de mayo de 2009 como resultado de los despidos masivos de la Ley 7. Sin embargo, hay una enorme diferencia entre el 2009 y el 2018. Las protestas masivas de 2009 fueron laborales, mientras las protestas actuales tienen un predominio comunitario. Esa diferencia refleja un debilitamiento creciente del movimiento obrero organizado y de la clase trabajadora en conjunto. Desde 2006 han desaparecido más de 275,000 empleos. Decenas de miles de esos empleos han sido eliminados en el sector público. Desde la decisión de eliminar la Sección 936 en diciembre de 1995, casi 100,000 empleos, bastante más de la mitad, se han perdido en la manufactura. Mientras tanto, desde 2006, sobre 300,000 personas abandonaron la isla.

En un contexto en que ha fracasado la austeridad y se insiste en la austeridad, en que se propicia la eliminación del empleo público a favor del privado y no crece el empleo en el sector privado, ¿no deben los sindicatos aglutinar sus esfuerzos reforzando su independencia de los partidos que representan los intereses patronales? En la división sindical reciente en este pasado Primero de mayo es posible que se haya manifestado con mas eficacia que nunca la debilidad de los sindicatos. La mayor concentración, por significativa diferencia, fue la marcha que salió de la Universidad de Puerto Rico con más de 10,000 personas. No podemos olvidar que el año pasado se dio el 1 de mayo más concurrido en la historia de esta isla, convocado principalmente por los estudiantes en huelga.

Un importante signo de los tiempos que vivimos se ha podido notar en los últimos dos paros magisteriales: la contundencia del resultado exitoso ha dependido más de los padres que no han enviado sus hijos a la escuela que de los maestros convocados por el paro. El país se siente agredido por todas las esquinas, las comunidades más aisladas y abandonadas se levantan en protesta ante la ausencia de servicios necesarios para la vida, los padres airados se manifiestan en las comunidades por el cierre de las escuelas, los estudiantes universitarios se ven amenazados por el aumento de las matrículas, más de cien mil pensionados viven la amenaza de ver sus pensiones reducidas, y la escuela pública, así como los servicios de agua y luz se enfrentan a proyectos de privatización.

En un país agredido por todos las flancos no tiene sentido aferrarse a las sillas completamente apolilladas de envejecidas burocracias sindicales. Si el gran sacudimiento social que se vive hoy en Puerto Rico no levanta todas esas nalgas cómodas y encallecidas de sus asientos, serán barridos sin pena ni gloria porque pronto no quedarán ni migajas para repartir ni unión para certificar. Ante las fuerzas de la disolución no tiene sentido la prudencia de la oficina. Si el movimiento obrero no sale a la calle a organizar con nuevas formas de convergencia y solidaridad, sustituyendo la prepotencia con el análisis, el sectarismo con la acción amplia, y el miedo con la determinación, brillarán sus huesos ante la luz del sol.