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Odio al chota

El Primero de Mayo, llegando al estacionamiento del tren urbano en Sagrado Corazón, tuve un incidente sospechoso de esos que provocan que se te prendan todas las señales de alerta. Entrando al lote para dejar el carro, nos detiene el nuevo celador —que el día antes no trabajaba allí— y nos pregunta: ¿para la marcha o para CESCO?. Lo miré con cara de incrédula, pero aún así le respondí que iba a usar el tren. El hombre insistió: si pero, ¿para la marcha?. Entonces me arisqué porque enseguida sentí tufo a represión y carpeta. ¿Qué te importa a ti para dónde vamos?, le reclamé de mala manera —porque estoy harta de que el sistema insulte nuestra inteligencia pasándonos por seguridad y orden lo que es burda represión—. El hombre, ya medio incómodo, añadió a su interrogatorio que los manifestantes tenían un espacio designado para estacionar y que su trabajo era ese…, ¿identificar a los manifestantes?, le pregunto. Solo cumplo órdenes, pero si es por mi, pape, —exclama mirando a mi marido, que va de copiloto—, estaciónense donde quieran. Eso hicimos. Nos estacionamos libremente y marchamos libremente, como debe ser.

Pero este incidente se me ha quedado rondando en la cabeza toda la noche y, de un momento a otro, me descubro con resentimiento reflexionando en torno al chota, al soplón, a la rata, siendo todos la misma cosa, delatores. Me han dicho que en la cárcel, como mínimo, les cosen los labios con alambre dulce. De siempre he escuchado historias sobre el alto precio de soplar, incluso, en ocasiones, cuando menos te lo esperas, algún graffiti que reza “Muerte al chota”, te lo recuerda. Entonces, me pregunto, qué sería de la historia del mundo sin esta figura tan protagónica en los eventos políticos. Por ejemplo, en El vano ayer (2004), novela de Isaac Rosa —galardonada con el Premio Rómulo Gallegos en 2005–, encontramos una sección dedicada al ‘chivato’. Rosa, mediante un tono irónico, hace una genealogía y hasta una descripción física —que se asemeja a la de un roedor— de este personaje y su papel protagónico en la historia civil y militar española. Destaca, además, el daño que ocasionan las prácticas soplonas. Por ejemplo, en el lugar de trabajo “causan enfrentamientos, disoluciones, intrigas y una general desconfianza defensiva que impide acciones conjuntas del cuerpo asalariado” (77). Nos recuerda que el chivato no ha desparecido de las escuelas ni de la comunidad de vecinos en donde contamos con la “vecina cotilla del patio” o “el vecino-mirilla”, y “el tipo “portero”, tradicionalmente considerado como la especie de chivato por antonomasia, y tradicionalmente aprovechado por su potencial informativo por las autoridades” (77).

Lo que sucedió en el estacionamiento del tren el Primero de Mayo, lo interpreto como una sutil manifestación de esa represión a la que estamos siendo sometidos y que, ingenuamente pasamos por alto. Bien pudo ser cierto que el trabajo asignado al celador no fuera identificar los vehículos de los manifestantes, pero también es cierto que el hecho de que yo esté paranoica no quiere decir que no me están persiguiendo.

Topografía: Brazos (1939)

Gracias al celo bibliófilo y a la gentileza del escritor Ricardo Alegría Pons, ha llegado a mis manos el libro Brazos de Francisco Hernández Vargas (1914 – ¿1985?). (Lo tomo casi como una orden. Los asuntos de la cultura puertorriqueña son así, y cumplo con gusto.) El libro de poemas se imprimió en agosto de 1939 en los talleres tipográficos de la Imprenta Venezuela ubicada en la calle del Cristo No. 6 en el viejo San Juan. Los datos importan pues ayudan a imaginar con precisión los espacios del país así como las peregrinas casualidades de la historia.

Dos años antes, esos mismos talleres habían terminado de imprimir Cardo labriego de Francisco Matos Paoli, libro donde la imagen de miseria económica de la década era patente. 11 años después, en los juicios luego de la Insurrección de octubre de 1950, Hernández Vargas habría de ser abogado defensor de su tocayo Matos Paoli y de Pedro Albizu Campos. Azares de la historia y las imprentas.

La estética del libro es clara y se anuncia en la dedicatoria: “A esos héroes del mundo, / sencillos, anónimos y oscuros / que escriben el poema del trabajo / en estrofas de brazos y de músculos.” Ahí está la analogía que preside la visión de mundo y la sensibilidad de los textos. La acción del cuerpo en el trabajo equivale a la escritura artística. Los brazos y los músculos son estrofas mientras que el trabajo es el poema. El autor escribe desde la solidaridad con los obreros y con la conciencia de la necesidad de nombrar la realidad de la lucha de clases.

Desde el título, Brazos, se declara la condición subordinada del trabajador como fuerza al servicio de la clase propietaria al resaltar del cuerpo solo las extremidades superiores imprescindibles para la faena física. Parece decirnos que lo importante –para los patronos– son los brazos, no el cerebro ni el corazón ni el conjunto íntegro de la persona.

(Motivo digno de reflexión: he aquí un letrado que asume una perspectiva de simpatía por aquellos que no son sus colegas o compañeros de profesión ni de clase social. Ignoro su biografía. Tal vez el abogado fue de origen proletario. Pero no lo sé.)

El libro, consciente de su naturaleza de combate social, ideológico, la proclama en el primer poema que, a su vez, reitera el título del cuaderno: “A esos nobles [ . . .] brazos de todos los obreros del mundo, / dedico yo mi verso rojo y agitador, / sin freno o taparrabos para ocultarle el sexo; / mi verso proletario fecunda a pleno sol.”

Se trata de una visión de lucha proletaria y planetaria. Esa frase, “los obreros del mundo”, establece el terreno del espacio mayor donde ocurre el antagonismo de clases. Sin duda, su lenguaje recuerda el famoso himno de La Internacional (1871): “Derrotemos todas las trabas / que oprimen al proletario / cambiemos al mundo de base / hundiendo al imperio burgués.”

Por ser verso de combate con moral distinta quiere escandalizar y ofender la moral tradicional presentándose como “desvergonzado” y exhibicionista en su libertad sexual (“fecunda a pleno sol”). Ese gesto enlaza con las actitudes de la vanguardia literaria de los años anteriores.

En el poema, “Brazos quietos”, ya encontramos referencia directa al país: “ (En la huelga de los muelles de 1937)”. Se exalta el método de lucha y se le adjudica la capacidad de transformación social. Asimismo, se destacan algunas imágenes (la primera es de filiación vanguardista) en las que la quietud y el silencio a causa de la huelga ponen de relieve el poder de los trabajadores: “Los grandes barcos se agachan tras los muelles / semejando gigantes somnolientos.” “Porque ancláis vuestros brazos, / todo, todo está quieto” “Camarada, se moverá la vida / cuando pongas tu brazo en movimiento; / fíjate que es tu brazo / el que detiene el pulso de los tiempos.”

Para el autor, el poder obrero es capaz de instaurar un tiempo utópico de justicia y fraternidad. Leemos en “Dirás que no”: “Cuando los hombres y los pueblos / sepan decir que no, / se acabarán las cárceles de pobres, / se acabará la explotación, / habrá pan y justicia / [ . . .] la gran familia del planeta todo / tendrá más religión. / Dios abrirá sus ojos para el mundo / cuando aprendamos a decir que no.” Dadas las circunstancias actuales, la necesidad de potenciar y practicar la capacidad para ese no al sistema colonial capitalista todavía está vigente.

Pero no todo es utopía o esperanza en el porvenir. En “Pilatos y judas del obrero” el letrado poeta parece referirse al liderato sindical traidor. Le advierte al obrero: “Teme a los de la grave pose de intelectual, / a los de gesto fatuo de Redentor; / mira que saben más que tú, / mira que saben que tú no sabes / y ven en ti el terreno / para sus rascacielos de mundanidad. / Mira trabajador, / mi voz, que es tuya, / te anuncia esa traición; hay pilatos y hay judas, / ¡Descúbrelos! / ¡Conócelos! / ¡Expúlsalos!” La historia de la lucha obrera también tiene sus caídas. Fue precisamente –según ciertos estudiosos– la Federación Libre de Trabajadores, el instrumento de lucha de los trabajadores, el que traicionó a los obreros durante la huelga cañera de 1933 al 1934 con la firma del convenio y su imposición a los trabajadores. Fue precisamente por la desconfianza ante sus “líderes” que los obreros acudieron a Albizu Campos.

Finalmente, se imponen una observación y una aclaración.

En el libro no hay signos de la lucha nacionalista ni de la represión colonial, tampoco del reclamo por la soberanía nacional. Tal vacío sorprende pues la década es prolífera en tales “temas” (la Masacre de Ponce, las muertes del jefe de la Policía, Riggs, y las de Hiram Rosado y Elías Beauchamp etc.) Pero no es un defecto sino un rasgo de la cosmovisión del libro. Y, sin embargo, el autor, en el futuro, será abogado de Albizu Campos. Otra casualidad de la historia donde se manifiesta la ley del cambio.

Ya se ha dicho, estos son versos de combate. Su valor estético es dudoso, cuestionable. No obstante, poseen valor histórico y humano. Además, no se olvide el cuadro de extrema pobreza de la década del treinta y la agitadísima historia de lucha obrera durante la misma. Ante tal panorama, algunos letrados e intelectuales pusieron sus palabras al servicio de las mejores causas. Es evidente que Palés Matos, Clara Lair, Julia de Burgos, Matos Paoli, entre otros, ya habían establecido un nivel de exigencia artística. Anticipándose a esta aclaración, el letrado nos dice en “Mi credo”: “Yo soy un aristócrata, / por eso escribo versos, / no a poetas y críticos / y sí a los que se guardan / verdades en secreto, / a los que sólo saben /poemas del trabajo, / a los que hacen crítica / en el taller, que es templo.[ . . .] y si preciso fuera / rúbrica a lo que siento / cambiaría en plomo ágil / el molde de mis versos.” El licenciado, pues, se reafirma en su escritura de combate. Él está claro.

Sí. Los poemas sirven para la lucha obrera. Que escriba todo el que quiera escribir. Ya la historia dirá su palabra. Y las imprentas.

Comunicación, arma de muerte o instrumento de vida

La comunicación es derecho de todos. La posverdad es un neologismo que no existe. Sin embargo, podríamos decir que es lo que en algunos medios de comunicación llaman informaciones que no llegan a ser noticias falsas (fake news), pero son reinterpretadas para otras finalidades.

Para la Ética Social, una cosa es verdad o mentira. Sin embargo, los medios de comunicación son muy poderosos. Muchos de los comunicadores son tan conscientes de su importancia social que su opinión pasa a ser la única verdad aceptada. Y ellos obedecen a sus patrones. En el plano político, sin apoyo de los medios de comunicación, ciertas mentiras oficiales no surtirían efecto. En América Latina, la gran prensa ha apoyado todos los golpes y hace que las personas consideren los gobiernos progresistas como dictatoriales o como incompetentes. Muestra la invasión del gobierno norteamericano en Siria como una operación de salvación del pueblo y no como un ataque asesino para apoderarse del petróleo del país.

En los Estados Unidos de la década de los 60, el líder negro Malcolm X afirmaba: “Si no prestas atención y no tienes cuidado, los periódicos y las emisoras de televisión te harán odiar a las personas que están siendo oprimidas y amar a quien está oprimiendo”.

En Brasil, eso está ocurriendo literalmente. La falsa cruzada inquisitorial que dice ser contra la corrupción logra disimular la entrega de todas las riquezas del país al capital internacional y a los intereses norteamericanos. Aunque la parte más sana y crítica de la opinión pública internacional reconoce que hoy el presidente Lula es uno preso político, en Brasil mismo mucha gente que fue ayudada por su gobierno lo ve como un ladrón, aunque está claro que fue condenado sin pruebas y sin culpa.

En todo el mundo, pocos grupos financieros tienen el control de la inmensa mayoría de los medios de comunicación y de las agencias de noticias. Hoy la comunicación es la arma letal de una guerra sofisticada, la llamada guerra de cuarta generación. La ONU consagra el 03 de mayo como el día mundial de la libertad de prensa. La cuestión central es el derecho de todos a una información honesta y por eso la lucha por la democratización de los medios de comunicación.

Para quien es cristiano/a, el Evangelio significa buena noticia, o sea, una comunicación verdadera y transformadora de la realidad. Por eso, hace parte del anuncio de la fe el compromiso con una información de calidad ética. Más que nunca, es verdad lo que Jesús afirmó: “La verdad os liberará” (Jn 8, 32).

El nuevo mester de juglaría

Kiara Crespo Malavé está a penas en su primer año en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. Sin embargo, ya, junto a cuatro universitarios (uno de ellos del CCAT) funda , Copleros PR, un grupo de poetas compuesto por Leandra Ortiz, Alejandro Graziani, Steve Calimano y Valeria González. Le pregunto de dónde el nombre.

KC: “En la Edad Media los juglares a través de la poesía llevaban al mundo los acontecimientos a través de la música y la poesía. Pocos sabeian leer y escribir. Actualmente se vive dentro de una era de analfabetismo sentimental. Donde a pesar del título que se tenga, hay cierta limitación a la hora de proyectar sus pensamientos y lo que siente.

Si antes los poetas traducían las palabras en escrito, queremos en el ahora traducir emociones en poesía. Seremos los juglares del siglo XXI. Seremos la voz de los que no hallan la forma de canalizar sus sentimientos y pensamientos. La idea es crear un espacio para esos que anhelan hallarse en una expresión artística.

Hoy día queremos ser nosotros quienes recopilemos, como decía Lorca, el “latido social, histórico, el drama de sus gentes”. Hacer renacer el arte poética para crear conciencia social, introspectiva, histórica, cultural, ambiental, etcétera. Confrontación directa por medio del arte. Aportar hermosura al mundo con tan antigua tradición.

Haremos renacer la poesía y al mundo literario. Le daremos alas a jóvenes y adultos para que compartan su arte y no se sientan limitados. Todo esto mediante actividades como micrófonos abiertos, presentaciones en vivo, publicaciones a través de las redes sociales, entre otros. Queremos darle vida a la utopía del mundo que queremos ver. Cambiaremos armas por escenarios y papel, y las balas por lápices e instrumentos”.

Kiara y los copleros también proponen la “artesanía poética”, una suerte de poetry on demand. Con ello participaron en La Campechada el pasado fin de semana.

“En nuestras actividades ponemos una mesa con herramientas de escritura tales como plumas y tinta, cartas, etc. Hablamos sobre tus ideas y sentimientos para escribir un poema inspirado por ti. Estamos creando poesía personalizada al momento con el tema que cualquiera desee. Escoges un poeta y dejas en nosotros el trabajo poético”

Kiara escribe drama, guiones, poesía. Uno de sus poemas fue seleccionado para ser parte de una antología de La Alianza.

“Algunos escritores fueron invitados y otros pasaron por una convocatoria publicada en las redes sociales de La Alianza.

Hay 25 escritores puertorriqueños y 13 escritores internacionales.

Puerto Rico, Cuba, México, Argentina y Francia. Saldrá el 1 de junio a través de Amazon”.

Prepara un guión junto a varios compañeros para una serie de televisión, “Incorregibles – trata de un grupo de jóvenes rebeldes y furiosos con la vida… es un guión con el que estamos trabajando.

La joven artista tiene una buena formación en teatro y literatura gracias a sus años en la Escuela de Bellas Artes de Ponce y la Escuela Libre de Música Ernesto Ramos Antonini de Mayagüez. Es redactora en un periódico estudiantil y protagonizó un cortometraje con un grupo de estudiantes del Liceo de Artes y Tecnología.

Doy fe de la disciplina de Kiara Crespo. Es un nombre que van a escuchar por mucho tiempo.

Bienvenidos a la historia del espía

El escritor pensó en un cuento nuevo. Ya nada se le daba. No podía narrar nada, no tenía una noción clara de las cosas. Su madre le pedía que escribiera cuentos para niños, pero ni modo. Tampoco iba a los recitales de poesía. Se le perdían los detalles de los sitios, San Juan ya no tenía sentido. Había tratado de sostenerse económicamente vendiendo calendarios, pero pronto ya nadie le quiso comprar calendarios. Ya no tenía dinero para nada, ni para cigarrillos. Bueno, anteriormente había estado así, antes de que naciera su hijo. Vivía en un apartamento en aquel entonces. Todavía podía escribir algunos cuentos, pero pronto la gente se fue alejando de su persona. Así que no había nada. La nada. Entonces, nada. Ni la muerte ni el desprecio. Claro, que pensó en un nuevo tipo de historia. Historias de su abuela, ¿qué tal? Historias sobre su padre. Bueno, en fín, nada. Tantos detalles no convienen. Tantos perros, tantos muebles. Uno monólogo quizás, ¿quién querría representarlo? Entonces, como es natural, se viró sobre la cama.

Sí, pensar en la cama. Por la mañana, su hermano salió a comprarse una crema. Unos tabaquitos, los Don Bienve, era su ilusión en aquel momento de su vida. De una época en la que los tabacos eran más baratos. Pero salido al revés. No pensando en ello. Moviéndose acaso, un poco a la derecha. Te voy a tirar una foto, y ya eso sería todo. Lo importante era tomar nota de estas cosas. ¿Quién le escribía en aquel entonces? Una poeta, un actor. Ellos le mandaban mensajes. El escritor imaginaba, por su lado, que el actor no era el actor ni la poeta la poeta. “Estos cuentos no convienen”, se dijo. “Nadie tiene interés en lo que escribo, nadie se fija”. Pero no era tan grave en el fondo. Terminar un cuento como este sería un reto. Pues no se llegaba a ninguna parte. Lo otros cuentos eran viñetas. Pequeñas imágenes religiosas.

Entonces empieza el cuento. Ohh… Es como una montaña lo que se acerca. Ahí viene. Nota ese detalle. ¿Qué haremos cuendo venga el cuento? ¿Qué haremos cuando todo termine? Cuando se pueda decir: el autor, el autor terminó una historia. Y es cierto que así vienen muchos. No es nada grave. El cuento está saliendo como un recien nacido. Primero, la cabeza. Asoma la cabeza. Se puede ver el pelo mojado. El color gris ceniza, pues aún no respira por su cuenta. En el seno de su madre, ¿qué tánto lo esperó? El cuento viene así. Bueno, eso dicen los cuentistas. No se puede ser tan crítico. No se puede esperar interminablemente. Hay que pasar esa selva tupida de palabras preliminares. Alguna historia tienes que contar. Algo se te tiene que ocurrir. Algo tiene que haber pasado. Siempre pasa algo.

Digamos que se te ocurre la historia de Nayda. Se trata, por supuesto, de una niña que estudió en una escuela de espías industriales. ¿Cómo la vamos a hacer? Pues todo comienza brevemente. Una muchacha retardada mental. Eso es lo primero. Descubre que la ex mujer del escritor le escribe mensajes a su nuevo novio, que le contesta con una dirección de e-mail que da la impresión de que es el escritor, y no el nuevo novio, quien le contesta. Así empezó el cuento de Nayda más o menos, y todavía no lo ha terminado. Porque le faltan detalles, porque la historia no es verosímil.

Pero ya siente pereza el escritor. Ya no quiere narrar los detalles. Ya no le interesa la historia, ni el suspenso. No es exactamente pereza. Es falta de interés. ¿Cómo esperas que se interesen en tus historias si tú mismo no tienes interés en ellas? Se pregunta esas cosas, y otras, esa mañana en que su hermano ha salido a comprarse una crema en la panadería. Y pensando en el pan caliente, todo lo ha olvidado. Mañana quizás. Puede ser que mañana quiera seguir. Hoy no. El tabaquito Don Bienve, eso es todo. Sí, puede ser que mañana quiera seguir. Olvídate de todos esos profesores que no te otorgaron el título para que dieras clases, olvídate de todo lo que te pasó cuando eras estudiante. Mejor déjalo todo olvidado. Déjalo todo abandonado.

Sin embargo, el cuento quiere ser. Algo marcha bien. Pues, bien. Seguir con la historia de Nayda. Juan Carlos te decía que era espía, cuando vendías stereos en la juventud. No pensabas que te gustaría la literatura. Bueno, porque no te habían sacado de todas partes. Entonces, la literatura es un consuelo. Pero, ¿qué hay de Nayda? La poeta te pregunta mucho de ella. Todo el mundo, dos personas, quiero decir, se interesan por la historia. Dices que es espía industrial. Pistas que te han llegado a la casa. Que vino a verte una niña con retraso mental que usaba su nombre. Familias la habían llevado al notario para que usara ese nombre cuando estaba contigo en el apartamento. Y es ridícula esa idea de tener un apartamento cuando los padres de uno están tan cerca. Idea de mujeres, y uno las deja hacerlo. En una isla tan pequeña, quiero decir. Y se te ocurre decir que Nayda es espía. Ahora bien, ¿por qué se te ocurre esa idea? Es el bebé de cuento que nace, uno sencillamente no controla el azar, pues la historia no tiene por qué tener sentido. ?

La muchacha retardada que vino a verte no se parecía a la muchacha Nayda que estudió contigo en la Universidad, cuando tu compañero te decía que ella era espía. O por lo menos, que se fijaba en los demás. No tienes por qué ser tan dramático. Bueno, es la historia de la espía industrial. Bienvenidos a la historia de la Espía Industrial. No haremos otra. Esa es la que vamos a terminar. Pero, ¿por qué no la terminas? Bienvenidos, bienvenidos, pasen todos. ¿Qué es lo que pasó?

Llegó a la casa del escritor una niña con retraso mental. Usaba el nombre de una antigua compañera de estudios del escritor, en aquella época en que todavía era joven y vendía stereos. En una época buena. La actual no tan buena. No ha dinero, no hay nada. Y llega a su casa esa muchacha con el nombre de la otra. Bueno, eso es lo que le ha dado motivo al escritor para pensar que Nayda es espía. Se le injerta en el medio una explicación.

¿Por qué piensas que Nayda es espía? Es un incidente de tu vida, de cuando eras estudiante, que una muchacha estuvo contigo para desarrollar una cepa de células madres. Las células madres tienen una peculiaridad. No son como los embriones. Si una mujer da a luz un embrión, el nene se parece a la mujer que lo otorga, pero con las células madres no es así. Sucede lo contrario. El nene se parece a la mujer que recibe la cepa, es decir, que pasa lo contrario. Este incidente, justamente, es el que te hace pensar que Nayda estaba detrás de un hijo tuyo. Ya queno quiso alumbrar la cepa. Esperaba alumbrar un embrión.

Cuando la nene retardada llega a la casa del escritor, piensa que Nayda toma represalias. Ya que si le entrega la cepa a la nena retardada, va a nacer un nene retardado con la cepa de la donante. Y fundamentalmente, esa es la historia de la espía. Ya ha tenido el escritor que dar algunas explicaciones de orden técnico, ya ha tenido que explicar algunas cosas, cuando en los cuentos, por lo general, se sugiere todo. Pero le sucede eso. Tiene que dar explicaciones todo el tiempo, tiene que sentarse a enseñar biología.

Y no es que esté mal, realmente mal. La historia de Nayda no termina. Todo sucedió azarosamente. La nena con retraso sabía que la donante, la esposa del escritor, ya no estaba con él. Pero se consolaba recibiendo por e-mail mensajes de un nuevo novio que tenía una dirección con el nombre del escritor. La nena retardada espiaba la cuenta de la ex mujer. Pensaba que el escritor todavía le escribía. Ello le dio dolor al escritor, que no tenía computadora. Y así empieza la historia con la nena retardada. No sabía qué hacer con ella.

Aunque nuestros padres viven cerca de nosotros, y no tiene sentido tener un apartamento. Aunque si tenemos un apartamento, vienen nuestros padres a averiguar cómo nos va, el pueblo le había conseguido el apartamento a la nena. Forzoso para el escritor cuidarla, otorgarle la cepa incluso, aunque la pierda. Pero afortunadamente, la nena no quería ser madre. De aquella época en la que fue vendedor de stereos, le quedaba una amiga. Una amiga de Carolina.

La amiga de Carolina era una muchacha que usaba el nombre de la donante. Cuando vio que habían dejado al escritor con una nena retardada que no deseaba ser madre, la amiga de Carolina se ofreció a ser la madre de la cepa. Entonces, como es natural, no perdería el trabajo que había hecho con la donante cuando era estudiante. Pero, ¿quién era Nayda? El escritor no sabía.

Y ahí viene el cuento. Es un nene, es un nene. La amiga de Carolina lo ha cargada nueve meses. Son las etapas finales del trabajo. Primero se asoma la cabeza y puede ver el pelo. Puede ver el color gris ceniza de la piel, ya que no respira aún. El escritor reflexiona. La extraordinaria generosidad de esa amiga que le ha ofrecido ser la madre de su hijo. ¿Qué harán con el nene luego? El escritor ya no piensa en eso. El nene viene en camino. Todo ha terminado. Un leve dolor de cabeza, pues no sabe quién es Nayda. Aparentemente, habría sido la madre si su esposa hubiera donado un ser completo. Pero una cepa no. Ser en parte la madre del nene, no. Eso lo ha hecho la amiga. Y puede ver a su amiga cuando lo alumbra. Relámpagos a lo lejos. Todo ha terminado.

II

No he terminado la historia de la espía. Un día, un sólo día, y casi un sueño. Nayda está en una casa de Isabela en donde guardo algunos muebles una colección de tocadiscos. Ya el nene ha nacido. Nayda administra la propiedad, que no es mía. Nuestra relación es distante. Nayda es como una casera, lo que es raro. Tu alma en tu almario. Nadie se imagina que ahora todo esto es un sueño. Tan distante la persona, que ya no tiene una realidad corpórea. Pero seguimos adelante. Quieres contar un cuento largo y necesitas seguir. ¿Cómo seguir? Te preguntas eso, pues no tienes más nada qué hacer. Ya no se te ocurre nada. La descripción de un paisaje te cansaría. Insertar ahí el nombre: Nayda. Como en un formulario. Pues, no tiene sentido, ya todo esto lo has hecho, lo has vivido. Le digo a Nayda que me voy a llevar los tocadiscos para San Juan. Ella, por otro lado, no tiene nada que ver conmigo ya. Su presencia animal no me dice nada. Así tendría que terminar todo.

Varios sueños se suceden. Un agricultor quisiera ser cazador. Persigue una presa y los ganaderos lo detienen. Otro. En la Universidad, siempre ahí. Ya casi ni lo recuerdo. Pero trata de máquinas. Los recuerdos de los sueños. Y casi no hay nadie en ninguna parte. Cuando dicen “action writing” es que no hay nada qué decir seguramente. MI amigo fue así. Se fue un día. Ya no había más nada qué decir. Nada qué hacer. Si recordaba un cuento, se iba para su casa o se mudaba lejos. Me escribía desde allá porque había fundado una casa editorial. Poco a poco no tenía nada qué hacer, ni qué decir. A mi hermano le recetaron un glucómetro. Había que aprender a usarlo. Cuando yo trataba de escribir una historia como antes, no tenía nada en la cabeza y ya me iba para mi casa. Lo fuí terminando así. No pensaba nada, no se me ocurría nada. No había nigún argumento al que yo pudiera hechar mano. Ayudé a mi amigo con un argumento. Todavía la embriología era un tema de interés, y se lo dije. Pero a poco no había nada qué decir.