Inicio Blog Página 1851

No llega la luz

ccotto@claridadpuertorico.com

A trece días del azote del huracán es que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE UU (CUPO, siglas en ingles), estará colaborando con la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) para restablecer el servicio.

En una breve conferencia de prensa desde el Centro de Operaciones del Gobierno, el general del CUPO, Todd Semonite y el director ejecutivo de la AEE, Ricardo Flores Rodríguez, dieron los detalles básicos del plan para restablecer el servicio.

El primero es la instalación de generadores de emergencia del CUPO, siguiendo las prioridades que el gobierno ha establecido que son los hospitales, sistema de bombeo de filtración de agua a hogares de envejecientes  y cualquier otra área critica que sea importante para la infraestructura. El segundo paso será reestablecer la generación de las plantas que sean viables y conectar  a las vías de transmisión. El último paso será la transmisión, la cual se dijo es la más difícil.

El director Ejecutivo de la AEE comparo que cuando el huracán Hugo reestablecer todo el servicio tomo seis meses, por lo que no quiso hacer expresiones de cuánto tiempo pueda tomar ahora el reestablecer todo el servicio. Agrego que además del personal de la AEE ahora se han movilizado prácticamente todas las compañías privadas que hay en Puerto Rico que puede hacer ese trabajo y ahora se unirá el CUPO. El oficial del CUPO, Simontie hizo también expresiones en el sentido de que las personas no se podían ilusionar de  que esto fuese un trabajo de “una noche”.

Más allá de los trabajos de restauración del servicio de energía las comunidades que circundan y o están en el margen de toda la represa de Guajataca continúan en peligro. Según se informó ante la esperada de más lluvia en los próximos días se continúa el aviso de desalojo a estas comunidades

La hipocresía oficial

Los llamados a reconstruir el país, ser solidarios y juntarnos para una vida que garantice los derechos humanos a la educación, salud, vivienda, trabajo, un retiro digno y protección social entre otros, no debe requerir del paso de un huracán categoría cinco. Somos más quienes diariamente nos lanzamos a la calle a reclamar el respeto de los derechos humanos que nos violentan cuando se queman cenizas y se depositan al lado de comunidades pobres, cuando se cierran arbitrariamente 160 escuelas, al privatizar dispensarios, hospitales, servicios de salud mental y otros. Se violentan los derechos humanos de la población de las islas municipios de Culebra y Vieques cuando no se hace una limpieza adecuada de sus terrenos y mares, ni se les garantizan condiciones óptimas de vida.

No se garantizan derechos humanos cuando a la clase trabajadora, tanto del sector público como del privado, se le coarta su derecho de libertad sindical, a la negociación colectiva y un trabajo digno. Otro modo de eliminar derechos humanos es reducir los servicios de salud a la población médico indigentes ya sea imponiendo requisitos para excluir población o reduciendo la adquisición de medicamentos, entre otros. Ni hablar de la propuesta de reducir las pensiones a quienes trabajaron varias décadas de su vida esperanzados en una vejez con seguridad y dignidad.

La eliminación de fondos para la cultura, la recreación y la práctica del deporte es una manera sutil de ampliar esa brecha de desigualdad entre quienes tienen el poder económico para disfrutar las manifestaciones de nuestros artistas y atletas y aquellos sectores excluidos por su condición económica.

Antes de llegar los huracanes Irma y  María, nuestra realidad política y económica nos confrontaba con el hecho de vivir en una colonia donde se impone un modelo que produce desigualdad (pobreza) para muchos y riqueza para unos pocos que no necesariamente viven en Puerto Rico. El 1ro de mayo de 2017 más de 100,000 personas marchamos para repudiar la Ley PROMESA y la Junta de Control Fiscal. Protestamos contra la manifestación más evidente del coloniaje y del interés del capital por despojarnos de nuestro dinero. El gobierno desvió la atención a esta importante expresión de protesta mediante la articulación mediática de un rechazo a incidentes menores que no eran fundamentales ni esenciales.

Hacia finales del mes de agosto de 2017, la Junta de Control Fiscal mostraba su fuerza y control sobre el gobierno al requerir la implantación de medidas de ajuste que anuncian un daño al país estimado sobre 600 millones de dólares anuales, por un término mayor de diez años. Y entonces llegaron los huracanes.

Hoy, el gobierno, los medios corporativos de comunicación y propaganda, en unión a las grandes empresas, bancos e importantes organizaciones no gubernamentales nos hacen un llamado de solidaridad. De juntarnos por Puerto Rico para levantarnos. Ese no es el mensaje de hace 30 días. Ese no es el mensaje y acciones que contiene PROMESA. Ese no es el mensaje del Plan para Puerto Rico del gobernador Ricardo Rosselló Nevares. Ese no es el mensaje de los banqueros que ejecutan hipotecas ni de los bufetes de abogados que promueven legislación para reducir los derechos humanos.

Existe una hipocresía oficial que pretende que olvidemos los golpes que nos dan diariamente a cambio de “ayudas federales, toldos de FEMA y préstamos que habrá que pagar”. Y para evitar que se denuncie y se cuestione tal hipocresía oficial, existe la militarización sin reparo de la colonia. Así nos recuerdan que siempre han estado aquí, con Junta o sin Junta, con huracán o sin huracán.

Militarización de la distribución de alimentos bajo San Ciriaco: Agosto-noviembre de 1899

El resultado inmediato del ciclón San Ciriaco en Puerto Rico fue la muerte de 3,000 personas, muchas de ellas ahogadas por las crecidas de ríos. Casi el 90 % de la agricultura de la Isla fue destruida, en particular la producción de café y alimentos. Miles de puertorriqueños estaban a punto de morir de hambre y desolación. Era el 8 de agosto de 1899, un año después de la invasión estadounidense, bajo el mando del notorio asesino de civiles Nelson A. Miles.

Lo que quedaba de gobierno propio en la isla el 8 de agosto de 1899 era muy poco. Estábamos bajo un régimen militar abierto. El gobernador estadounidense en la isla, el mayor general George Davis, hizo claro que el Congreso no daría ningún empréstito para ayudar a superar la crisis alimentaria causada por San Ciriaco. Lo que sí se hizo fue militarizar todos los rincones de la isla, con el pretexto de que solo así se podía implementar un plan racional de distribución de comida.

El 12 de agosto de 1899 el Departamento de Guerra de Estados Unidos creó una «junta local de ayuda caritativa», integrada por la alta oficialidad de la marina y del ejército norteamericano en la isla, todos anglosajones. Esta junta tendría a su cargo la coordinación del uso de fondos caritativos y organizar la distribución de alimentos a la población.

Efectivamente, el 14 de agosto de 1899 el Departamento de Guerra de Estados Unidos emitió la Orden General 115. Bajo esta directiva, la isla quedó dividida en 17 «puestos» militares regionales de distribución de comida, bajo el mando de un oficial militar estadounidense. Cada alcalde de la isla recibió entonces instrucciones para nombrar tres ciudadanos locales con la obligación de reportarse inmediatamente a uno de los 17 puestos mencionados. En total se formaron 58 «sub-puestos» bajo la supervisión del ejército de Estados Unidos. El puesto central de distribución se estableció, por supuesto, en San Juan.

Cabe mencionar que muchos de los alimentos y de la ayuda para Puerto Rico fueron aportados no por los militares, sino por la comunidad latinoamericana en Nueva York, siendo la más importante la Sociedad Colonial de Nueva York. Todo Nueva York se movilizó a recaudar ayuda para los boricuas. El gobierno de Estados Unidos, sin embargo, exigió que los fondos de ayuda vinieran de donde vinieran, privados o públicos, se canalizaran a través del National Bank of North America, y que el transporte se efectuara en barcos estadounidenses, en particular los barcos McClellan y McPherson.

La distribución militarizada de alimentos comenzó en la isla el 16 de agosto de 1899. Uno de los problemas fundamentales era, por supuesto, la transportación.  Puerto Rico contaban entonces con un sistema de tren que iba de Carolina, en dirección al oeste por la costa, hasta Sabana Grande. Pero faltaban cerca de 25 millas entre Camuy y Aguadilla. La mejor carretera del país era de tipo militar e iba desde San Juan a Ponce, con ramales a Guayama y Adjuntas. El centro de la isla solo contaba con caminos de tierra, muchos de ellos intransitables luego del ciclón. Pero era allí, en las montañas, que la necesidad era mayor. El café fue hasta 1898 el principal producto de exportación de la isla, pero San Ciriaco destruyó 90% de las siembras.

Una cosa que sí había heredado Puerto Rico de la época de España era un transporte marítimo de pueblo a pueblo por la costa, aunque en pequeña escala. Además, había una cultura de solidaridad y caridad social, como lo evidenciaba la Sociedad de Ayuda de Mujeres de San Juan.

Aunque el ejército de Estados Unidos quería controlar férreamente todo el proceso de distribución de alimentos en la isla, pronto los alcaldes locales empezaron a tomarse iniciativas. De los 58 «puestos» locales de distribución comenzaron a salir civiles en carretones, a pie y a caballo a llevar comida a los lugares más recónditos. Por toda la costa se organizó una red de pequeños barcos que comenzaron a traer la comida a los lugares en que hacía falta, sin esperar por los militares. Es decir, sacaban la comida de los centros de acopio y la distribuían por cuenta propia.

Molesto con la «indisciplina» de los boricuas (y de las boricuas, en particular), el Departamento de Guerra de Estados Unidos ordenó el 2 de septiembre de 1899 el establecimiento de un sistema de libretas de racionamiento de comida, en que todo persona mayor (capaz de trabajar) tenía que reportarse a uno de los 58 «sub-puestos»  militares y mostrar empleo legal por al menos 6 días a la semana. De lo contrario, la familia entera no recibiría nada. Esto benefició a las plantaciones azucareras, que ya venían pasando a manos estadounidenses.

Ya para octubre-noviembre de 1899, sin embargo, la producción local de alimentos en la isla comenzó a despuntar.  Productos como los plátanos, guineos y aguacates comenzaron a aparecer en los mercados libremente. Tan fue así, que a fines de noviembre ese año, el Departamento de Guerra cerró 10 de los 17 «puestos» regionales de distribución de alimentos. A pesar de toda la fuerza del ciclón San Ciriaco, la agricultura de alimentos local comenzó a mostrar energía. Ya a medidos de 1900 esa energía era palpable. El jíbaro le había dado una lección al invasor.

Fue así como, con toda maldad y alevosía, el Congreso aprobó la Ley Foraker el 4 de abril de 1900, que, entre otras cosas, disolvió todos los remanentes de gobierno local en manos de la nación puertorriqueña y devaluó nuestra riqueza agrícola, en particular la producción de café y alimentos, en un 40%.

Resulta así que el 4 de abril de 1900, mientras las organizaciones de mujeres en San Juan recolectaban comida y víveres para los pobres; mientras los campesinos hacían el mayor esfuerzo por levantar de nuevo la producción de comestibles en Puerto Rico; mientras la comunidad latinoamericana en Nueva York recolectaba fondos y mercaderías; mientras miles de boricuas burlaban las directrices militares para ayudar a las familias necesitadas, en el Congreso se fraguaba un golpe mortal a la economía local para que nunca pudiera suplir nuestras necesidades alimenticias. Por ahora lo vamos a llamar «devaluación» de la moneda, pero, en rigor, fue algo más, fue un acto criminal para destruir nuestra habilidad de ser algún día un pueblo prospero e independiente. Es un tema complejo, como todas las cosas monetarias.

Pedro Albizu Campos fue el primero en comprender a fondo, con datos y análisis detallados, lo acontecido ese 4 de abril de 1900. Por eso su rabia, por eso su rebeldía, por eso su coraje infinito para que comprendiéramos la verdadera naturaleza del imperialismo estadounidense. Ya volveré sobre el 4 de abril de 1900 y la cuestión monetaria.

Anotaciones sobre el Grito de Lares

A nuestros luchadores, de todos los tiempos.

¡Todos a Lares a afirmar nuestra nación, este próximo 23 de septiembre!

El día 23 de septiembre de 1868 es un día glorioso en nuestra historia. Ese memorable día en el histórico pueblo de Lares, cientos de puertorriqueños dando muestra de valor y sacrificio defienden la libertad de nuestra Tierra. Por vez primera en nuestra historia, los puertorriqueños se levantan en armas para exigir su derecho a la independencia. Tres grandes aspiraciones dan vida a este movimiento… liberación política, independencia económica y la abolición de la esclavitud. Éste fue el comienzo de una revolución política y social, que por diversas circunstancias históricas, no pudo realizarse.

No es fácil para un pueblo tomar el camino de la violencia revolucionaria. ¿Cuáles motivos y razones tuvieron aquellos hombres y mujeres para tomar tan difícil decisión? ¿Cuál era la situación de nuestro pueblo en aquella época? ¿Por qué fue un fracaso militar? ¿Cuáles fueron sus consecuencias? En forma breve trataré de contestar estas interrogantes.

Primero, examinaremos la situación política de la época. Desde el año 1508, que España comienza la colonización y durante casi cuatro siglos nuestro país sufre de todos los problemas de su condición colonial. Quienes mandaban en nuestra Tierra eran los españoles. Gobernantes y leyes impuestas para beneficio de ellos. Podemos afirmar que, con excepción de breves intervalos de liberalismo español, nuestro país estuvo regido por un gobierno absolutista de tipo colonial. Inútiles y frustrantes fueron las múltiples gestiones a favor de reformas que aliviaran nuestra situación. Igual suerte tuvo nuestra ejemplar campaña abolicionista. Los resultados siempre eran los mismos: promesas. Mientras tanto, ya en el siglo XIX, se agravaban los problemas del país. Crecía el descontento popular. Quien mejor nos ilustra esta situación es el Dr. Ramón E. Betances y Alacán cuando dice: “España no puede dar lo que no tiene”. Palabras que denotaban una plena conciencia de la naturaleza absolutista e imperialista del régimen español.

Eso no lo era todo. ¿Cuáles eran las condiciones económicas y sociales en que vivía nuestro pueblo? Consecuencia directa de nuestra situación colonial, fue el siempre ser objetos de explotación económica, a la vez que fortaleza militar para defender los intereses del imperio español. Era la época en que regía la economía mercantilista, orientada a obtener el mayor provecho posible de nuestra población y recursos naturales. Víctimas de esta situación de injusticia serán los jornaleros, los campesinos y los esclavos, que constituían la base de nuestra clase trabajadora. También los pequeños comerciantes y hacendados puertorriqueños estaban sometidos a continuas imposiciones de onerosas contribuciones. Eventualmente esto los llevaría a la ruina económica. Es precisamente en defensa de esa masa explotada por el sistema, que levantarán sus voces de protesta los líderes máximos del Grito de Lares, (y todos los que le siguieron) el licenciado Segundo Ruiz Belvis y el doctor Ramón E. Betances y Alacán. La reacción del gobierno español fue la esperada. Como siempre ha ocurrido en la historia; aquellos que se atreven a luchar por la justicia, terminan siendo víctimas de toda clase de injusticia. Nuestros próceres sufrirán todas las formas de opresión: campañas de descrédito, calumnias, amenazas y, por último, lo más doloroso para quien, como ellos amaban su patria, el destierro. Ésa era nuestra situación histórica para el año 1867, cuando el entonces gobernador Marchesi ordena el destierro del licenciado Ruiz Belvis, del doctor Betances y Alacán y de un grupo de patriotas identificados con la misma causa.

Salen rumbo al exilio; primero a Santo Domingo y luego a Nueva York, donde se reunirán con un grupo de revolucionarios (exiliados también) puertorriqueños y cubanos. Allí todos tomarán (después de profundo estudio) la decisión que haría historia: “Era inútil gastar tiempo, trabajo y dinero en esperar buena fe del gobierno español”. Sabias palabras del doctor Betances. Acuerdan organizar la revolución desde afuera ya que, de momento, no podían desde Puerto Rico. Ruiz Belvis marcha a Chile en busca de apoyo para el movimiento. Al poco tiempo de estar allí, aparece muerto de forma misteriosa en el cuarto de hotel donde se hospedaba. Él fue una de las primeras y más valiosas víctima del imperialismo que ha sufrido nuestra lucha. Betances se conmueve con la dolorosa noticia. Ahora tendría una razón más para continuar luchando.

Estamos en el año 1868. Hasta ahora todo marcha bien. Tenemos una hermosa bandera ideada por el doctor Betances y bordada por Mariana Bracetti. Un himno revolucionario que es un llamado a la lucha por la libertad de nuestro pueblo, obra de nuestra gran poetisa Lola Rodríguez de Tió. En Puerto Rico se conspira, es decir, se organiza la revolución. Ya se han logrado establecer Juntas Revolucionarias en Lares, San Sebastián, Mayagüez, Camuy y Ponce. Además había siete Juntas en proceso de formación. Desde afuera el doctor Betances auna esfuerzos, hombres, armas y un barco –El Telégrafo–. Como gran líder que es mantiene contacto con su pueblo. Sus proclamas incendiarias mantienen un gran espíritu de lucha en los patriotas. “Los grandes sólo son grandes porque estamos de rodillas; levantémonos”. “Querer ser libre es comenzar a serlo”. Su histórica proclama de los Diez Mandamientos de los Hombres Libres expresa claramente la ideología democrática que motivaba la revolución. Así se expresaba ese gran hombre.

Llega el momento decisivo, nuestros patriotas se comprometen con un juramento: a “Trabajar por la independencia de Puerto Rico, mientras me quede un átomo de vida”. La fecha de la rebelión será el 29 de septiembre. Pero lo inesperado ocurre. Hay delaciones de agentes españoles que se habían infiltrado en el movimiento revolucionario. Comienzan los arrestos masivos de los nuestros. Mientras esto ocurría en Puerto Rico, el doctor Betances estaba incomunicado en Santo Domingo. El tiempo apremia. Ante tan difíciles circunstancias, se reúnen los revolucionarios y analizan la situación. Optaron por lo más valiente: seguir adelante con el compromiso, sólo que actuarían con más prudencia. Tendrían que adelantar la fecha para el golpe. La nueva fecha sería el 23 de septiembre.

Volvamos de nuevo a Santo Domingo. El entonces presidente de ese país Buenaventura Báez, bajo fuertes presiones del gobierno español, le prohíbe la salida para Puerto Rico al doctor Betances y a un gran contingente que ya estaba preparado para venir a pelear junto a los nuestros. En Santo Tomás, el barco El Telégrafo era decomisado. Todo el plan represivo del gobierno español se había ejecutado. En nuestro país, llega la madrugada del día esperado por todos, el 23 de septiembre de 1868. Transcurre el día organizando la insurrección. Todos reiteran su juramento. Nuestro ejército libertador, es dirigido por don Manuel Rojas y formado en su mayoría por hombres y mujeres humildes, jornaleros y campesinos. Tambien pequenos hacendados puertorriquenos . Cae la noche. Se dirigen desde el barrio Pezuelas hasta el pueblo de Lares. Pelearon y lograron sus primeras victorias. Ese fue un día de triunfo. ¡Viva Puerto Rico Libre!, ¡Abajo los Impuestos!; serán gritos de lucha y combate de los patriotas. Tomaron el pueblo y con entusiasmo patriótico proclaman con orgullo nuestra independencia nacional. Constituyen el primer gobierno provisional de la República, que tendrá como presidente a don Francisco Ramírez Medina. Emiten decretos de gran importancia. Cabe mencionar dos. Primero, el que afirmaba que todo esclavo que se uniera a la revolución sería tratado como hombre libre. En la practica abolia la odiosa esclavitud. El otro, abolía el odiado sistema de libretas que mantenía en servidumbre a miles de puertorriqueños. La Revolución demostraba así su gran preocupación por los oprimidos. A media noche, terminados los actos oficiales del nuevo gobierno, marcharían todos a la iglesia a darle gracias a Dios por el triunfo alcanzado.Hermoso gesto.

Transcurre el tiempo y llega el 24 de septiembre. Se mueven a San Sebastián a continuar la lucha. Allí aconteció lo más doloroso. Los españoles, que hacía tiempo estaban enterados de los planes revolucionarios, los estaban esperando con el grueso de sus tropas. Fueron momentos difíciles. Los nuestros dieron una gran demostración de valor y heroísmo. Sin embargo, el combate era muy desigual. La ventaja numérica, la superioridad en la preparación militar y armamentos, además de la falta del elemento sorpresa en la rebelión, fueron factores que pesaron terriblemente en contra de los patriotas. Muchos murieron, otros resultaron heridos. Aquellos que sobrevivieron se van a las montañas y resisten como valientes. Sufrirán la represión brutal del gobierno español. El desenlace fue doloroso para los nuestros. Combatiendo en Lares, San Sebastián y pueblos cercanos mueren 20 patriotas. Resultan decenas de heridos. Muchos sufren torturas, entre ellos don Manuel Rojas, jefe del Ejército Libertador. Cientos que fueron encarcelados sufren las consecuencias de una epidemia que causaría la muerte de 80 de ellos. Entre los que mueren combatiendo estaban: Baldomero Bauren, Matías Brugman, Leopoldo Plumey, Manuel de León, Venancio Román, Casto Santiago, N. Santiago, Francisco Santana y Bautista Toledo. También recordemos al héroe Manuel Rosado, El Leñero, portador de la bandera de Lares y al mártir Joaquín Parrilla, el que nunca se rindió. Ésta es una muestra mínima, ya que la lista es extensa. Todos mueren como héroes luchando por la independencia de nuestra patria. Tampoco olvidemos a los muchos patriotas que se vieron obligados a seguir el triste camino del exilio.

Sacerdotes comprometidos y mujeres sensibles logran promover en nuestro país un fuerte movimiento encaminado a exigir la libertad de los patriotas. Coincide este justo reclamo con el derrocamiento de la monarquía de la reina Isabel II en España. Transcurrido tres meses, el nuevo gobierno liberal español concede la libertad a los rebeldes.

A pesar de la derrota militar de la revolución, cabe preguntar ¿cuáles fueron las consecuencias inmediatas y posteriores del Grito de Lares de 1868? Nuestros historiadores reconocen que tuvo una repercusión política positiva sobre las relaciones de España con Puerto Rico. Irá cediendo la intransigencia del absolutismo. Se inicia la concesión de reformas tantas veces rechazadas. Citemos ejemplos: en 1870, por primera vez, se nos concede el derecho a organizar partidos políticos. Como era de esperarce se prohibían los partidos que promovieran la independencia. En 1873 se otorgó lo que tanto sacrificio y luchas había costado, la Abolición de la Esclavitud. Ya para el 1897, tras largo batallar y bajo el recuerdo imborrable del Grito de Lares, España se ve obligada a concedernos la Carta Autonómica que nos reconocía y nos concedia gobierno propio. Reconocia ciertos derechos políticos y representación política en las Cortes Espanolas A la vez permaneciamos dentro de la soberania espanola Fue un paso adelante pero no se lograba la gran aspiracion de la Revolución de Lares: la independencia de nuestra Patria.

Hoy tenemos una poderosa razón más para peregrinar a Lares. Fue precisamente el 23 de septiembre de 2005, que los mercenarios agentes del FBI de los Estados Unidos asesinaron vilmente a nuestro querido Filiberto Ojeda Ríos; otro mártir de nuestra centenaria lucha. Se repite la dolorosa historia. Ayer fue España, hoy es el imperio yanqui quien persigue, encarcela y mata a nuestros luchadores. Como siempre, cuando las víctimas son independentistas, los crímenes quedan impunes.

Y por último, ¿qué significación ha tenido el Grito de Lares en el siglo XX y XXI para Puerto Rico? Desde la década de los años 30, el Maestro Pedro Albizu Campos inició la honrosa tradición de peregrinar a Lares todos los días 23 de septiembre para honrar la memoria de los héroes y mártires que nos legaron nuestra Patria. He sido testigo, desde 1968 que conmemoramos el primer centenario, cómo ese redescubrimiento de Lares ha calado hondo en el movimiento patriótico. Crece el entusiasmo y se aviva más nuestro espíritu de lucha. Se fortalece nuestra fe en el triunfo definitivo de los ideales que inspiraron el Grito de Lares: la independencia política y la justicia social para nuestra Patria, Puerto Rico.

El autor es maestro de Historia de Puerto Rico

Barrio San Isidro y una historia que merece contarse

“Cuando tú no vienes al tronco, todo se queda oculto”.

Líder comunitaria del sector Los Jobos, Loíza

Llegué junto a la fotoperiodista Alina Luciano al final de la calle 2 del sector Villa Hugo en el barrio San Isidro, Canóvanas. Fuera de lo que quedaba de su residencia de madera, fuertemente impactada por los vientos del huracán Irma, estaba José Carrasquillo, quien vive en esa misma calle desde el 2001. Antes vivía en otra casa de la calle, de madera también, pero en 2007 se quemó totalmente. Desde entonces, la débil estructura que se llevó el huracán le servía de hogar a él, a su hijo y a su perrita.

“Aquí no ha subido un camión de escombros, ni el de la Energía Eléctrica, ni la alcaldesa (Lorna Soto). Nadie. Vino el de la basura porque fui insistente y adelantaron el día”, relató a este medio Carmen Pérez, vecina de José y quien desde siempre le ha tendido la mano.

“Hemos sido una familia”, continuó.

Esta historia humana merece ser contada, además de porque esta familia necesita la ayuda del pueblo de Puerto Rico, para evidenciar que no necesariamente los donativos que se ofrecen en estas emergencias atmosféricas llegan a quienes realmente los necesitan.

“Por lo menos si me dieran bloques, arena, varillas, piedras, cemento. Eso es un empuje”, dijo José. Tras él, se escuchó nuevamente a Carmen: “No le den una casa hecha, él sabe hacerla, pero ayúdenle para que pueda levantarse”.

“Estas son cosas que quizás la gente no siente, pero yo soy un ser humano. Al verlo a él, que perdió todo nuevamente…”, las lágrimas no la dejaron terminar de hablar.

Ante la situación que enfrenta José, que la vive en carne propia Carmen, ella ha sido fortaleza para todos. También para una hija que tiene de 10 años de edad y para su madre de 84 años de edad, Emérita Amaro Morales, operada de corazón abierto. Según contó Carmen a CLARIDAD con la voz quebrada, durante el huracán Irma y varias noches después, prefirió dormir en el carro. “Preferí la incomodidad del carro, pero estaba cerca de los míos. Eso era lo importante”, expresó.

“Nosotros no queremos un tesoro; queremos lo esencial. La lavadora no me sirve y voy a perder la ropa también… La alcaldesa se paseó por ahí abajo y aquí no vino a nada. Nosotros somos humanos”, denunció Carmen parada en la calle, desde la cual se aprecia una vista panorámica del pueblo de Loíza.

“Pedí hasta un toldo y me dijeron que si la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) no lo pone, no había. Entonces, ¿él se va a quedar a la intemperie?”, cuestionó la señora, quien a pesar de tener una casa de cemento, desde siempre le ha regalado solidaridad a su vecino.

“Tenemos que unirnos. Qué dejen la mala fe, la tiranía. No es tiempo para eso”, concluyó Carmen denunciando el mal trato que le han dado a ese sector todas las administraciones municipales que salen electas.

Para comunicarse con esta familia y ayudarlos, puede llamar a los números de teléfono 787- 539 – 6172 o 267-205-4632.