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CRUCIGRAMA: Pupa Trabal

Horizontales

2. _____ (Pupa) Trabal; patriota puertorriqueña. Una de las fundadoras de Claridad.

12. Reuníos, juntaos.

14. Árbol costarricense de buena madera y un fruto semejante a la guayaba redonda.

15. Revoca, invalida.

17. Preposición.

18. Apócope de nada.

19. Pronombre.

21. Monarca.

22. _____ Belén Montes; prisionera de EEUU por defender a Cuba.

23. Logia _____ Bracetti; Trabal fue de sus fundadoras en Mayagüez y Primera Venerable Matrona. Estaba dirigida a mujeres independentistas.

25. Encargado de la educación de niños.

26. Persona que nada bajo el agua con un equipo adecuado para respirar.

27. San, antiguamente.

29. Símbolo del uranio.

31. Última vocal.

32. Primera vocal.

33. Siglas del Movimiento Pro Independencia; fue fundado el 11 de enero de 1959 en la residencia de Néstor Nazario y Pupa Trabal en Mayagüez.

36. Altar donde se celebran ritos religiosos.

37. Onda marina.

39. El día anterior.

40. Antonio _____; puertorriqueño general del ejército libertador de Bolívar.

41. Cántaros altos y estrechos, con dos asas.

43. Picó con la aguijada a los bueyes, mulas, caballos, etc., para que anden aprisa.

44. _____ Cancel Miranda; exprisionero político. Visitó Cuba al salir de prisión acompañado por los otros nacionalistas liberados y por doña Pupa.

45. Océano.

48. Eusebio _____ Spengler; historiador de la ciudad de La Habana.

49. _____ Castro Ruz; fue amigo de doña Pupa y saboreaba las almojábanas que ella le preparaba.

51. Juan Mari _____; amigo desde la niñez de doña Pupa.

52. Proyecto _____; Emelí Vélez de Vando y doña Pupa trabajaron en este proyecto organizando viajes a la Unión Soviética y a Cuba.

Verticales

1. _____ Trabal; en dos ocasiones, la derecha colocó bombas que destruyeron las farmacias de la familia Nazario-Trabal.

2. Hoguera.

3. Interjección que repetida se usa para arrullar a los niños.

4. Pronombre.

5. Personaje mitológico, hijo de Dédalo.

6. Entrega.

7. Del verbo estar.

8. Quia, interjección.

9. Símbolo químico del indio.

10. Ave rapaz diurna americana.

11. 1ro de _____ de 1926; nacimiento de doña Pupa.

13. Impar.

16. Canon, estatuto.

18. Néstor _____; patriota puertorriqueño fundador del MPI, esposo de doña Pupa.

20. Reúna.

23. Mugido.

24. Prefijo que denota privación o negación.

26. Perteneciente o relativo a la bilis.

28. Providencia (Pupa) _____; sufrió junto a su familia de la fabricación de casos por la policía, persecución y carpeteo. Trabajó en el proyecto Girasol.

30. Ciudad natal de doña Pupa.

33. Ciudad donde doña Pupa vivió desde su niñez.

34. Prefijo que indica anterioridad local o temporal, prioridad.

35. Las _____; documental dirigido por Maite Rivera donde describe la persecución contra doña Pupa y otros puertorriqueños.

37. Poner huevos.

38. Cansadas, faltas de fuerzas.

41. Estruja.

42. Negación.

45. Pedro _____; escritor dominicano.

46. _____ Suárez Díaz; autora de “El doctor Ramón Emeterio Betances: su vida y su obra”.

47. Animal cuadrúpedo de ciertas especies domésticas.

49. Letra del alfabeto griego que corresponde a la f en las lenguas neolatinas.

50. Artículo neutro.

Secuestros

El martes 9 de mayo algunas personas pendientes de la lucha estudiantil nos enteramos de lo que parecía ser otro secuestro. La compañera de un joven riopedrense denunció que hombres sin identificar se llevaron a su compañero de la casa donde viven en un carro también sin identificar. El hecho de que el alegado evento sucede en la ciudad universitaria inmediatamente levantó sospechas. Todavía está fresca la memoria de los jóvenes Adriana Quiles y Josué Román, arrestados cerca del Capitolio mientras acudían a una protesta ciudadana que exige se audite la deuda de 70,000 millones y se adjudique responsabilidad e identifiquen posible conducta criminal o fraudulenta en las transacciones. Surgen dos preocupaciones de inmediato. Una de ellas de que a pesar de que había una alerta general que se compartió ampliamente por las redes sociales, ningún medio corporativo o masificado se mostró interesado en compartir o identificar la misma. En momentos en que se recrudece la represión contra el movimiento estudiantil y movimientos de izquierda en Puerto Rico,uno tiene que preguntarse cuál va a ser el rol de estos medios masificados en la cobertura de posibles abusos de poder, ilegalidades y agresiones del estado a quienes protestamos y le hacemos frente a las políticas neoliberales que se nos imponen. Toda ciudadana que conozca o recuerde el historial de persecución e ilegalidad contra movimientos estudiantiles y movimientos de izquierda en Puerto Rico tiene que recordar que mucho de lo que aconteció, sucedió enmarcado en un silencio cómplice de los medios de información de entonces. El carpeteo y persecución del pasado no hubiera sido exitoso con una prensa vigilante y leal a los claros principios periodísticos del momento.

La segunda preocupación es, ¿cuán normalizada y/o generalizada pudiera estar esta práctica en Puerto Rico. Muchas veces no enteramos de violaciones crasas a la ley cuando nos toca a personas con acceso a abogados(as), y con educación y consciencia de los derechos ciudadanos. Sin embargo, cuando profundizamos e investigamos, las mismas prácticas ya están generalizadas y normalizadas en comunidades de escasos recursos económicos. Es tiempo de que comencemos a conectar esas intersecciones en la implementación de prácticas cuestionables contra diversas comunidades. ¿Hay grupos de policías sin identificar que de repente y sin documentación pueden interceptar seres humanos montarles en carros sin identificar y llevárselos.

Si es así, esto tiene que denunciarse de la manera más fuerte posible y repudiarse vigorosamente por toda la sociedad civil y sus organizaciones. En un país donde crece la inconformidad, indignación, el hambre y el desamparo junto con el colapso de legitimidad de los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales, esta práctica es peligrosa. Al momento podemos estar agradecidos de que el joven que se alegó había sido removido por personas sin identificar apareció (confirmando que estaban en manos de la policía.) ¿Qué vamos a hacer cuando dejen de aparecer?

El Gran Combo celebra sus 55 años

El Gran Combo de Puerto Rico celebrará por todo lo alto su más de medio siglo de trayectoria ininterrumpida en la industria musical salsera. La invitación al pueblo puertorriqueño es para que se dé cita al concierto “This is it” el próximo 27 de mayo de 2017 en el Coliseo José Miguel Agrelot.

Ese día, La india, Gilberto Santa Rosa y Andy Montañez acompañarán en tarima a la agrupación de talla internacional. El Gran Combo y su música han sido recibidos en países de África, Centro y Sur América, Europa y en Estados Unidos, hasta en China y Japón. Y es que más de 70 producciones discográficas y más de 100 éxitos radiales comprueban la popularidad de los denominados “Mulatos del Sabor”, conformados como institución musical en 1962.

Según comentó Néstor Rodríguez, mejor conocido como el “Buho loco”, el grupo está vigente. El conocido locutor recalcó que, así como los grandes éxitos de El Gran Combo engalanan nuestras emisoras, las radioemisoras del mundo entero los ubican dentro de sus programaciones. Éxitos como “Acángana”, “Ojos chinos”, “Jala Jala”, “Hojas blancas”, “Julia” han dotado a esta agrupación de un sinnúmero de importantes premios y distinciones.

Los veteranos productores Rafo Muñiz y José Dueño tienen a cargo la producción de este evento, el cual contará con todos los elementos tecnológicos modernos: tarimas móviles, pantallas LED, luces direccionales, proyecciones digitales, entre otros. A juicio de Muñiz, el Combo “siempre ha estado presente en la vida de todos los puertorriqueños”, por eso, continuó el productor, “crearemos el mejor ambiente para tantos éxitos, para que queden vestidos de gala y botando la pelota”. En conferencia de prensa, ambos anunciaron que el concierto estará constituido por aproximadamente 35 a 40 canciones.

El Gran Combo representa excelencia musical. Para el cantante Anthony García, músico joven integrado recientemente, pertenecer al Combo es un “sueño hecho realidad”. El joven quiso advertirle al público que asistirá que “la música será la protagonista de la noche. Más allá de ella, el privilegio de compartir con Rafael Ithier ya es suficiente”.

Será un espectáculo para los fanáticos de la agrupación porque gracias a ellos es que el Combo puede festejar sus 55 años de trayectoria mundial. De hecho, las taquillas de entrada al concierto comienzan en precios módicos “porque es la única forma de agradecerle a todo el público”, sostuvo Ithier. “Aquí recibimos los primeros aplausos. El Gran Combo es de ustedes. El alma del músico son los aplausos”, prosiguió el director y fundador del grupo.

Rafael Ithier confesó durante una conferencia de prensa que pensaban no celebrar el concierto por la “situación económica de Puerto Rico”, sin embargo, el líder aclaró que fueron Muñiz y Dueño quienes los “acogieron”.

Según el director del colectivo musical, cuando se presentan en el extranjero siempre exige que se les llame con el nombre completo: El Gran Combo de Puerto Rico porque “tenemos la responsabilidad de representar con dignidad y respeto la islita que tanto queremos”, concluyó.

Será otra cosa: De delirios, espejos y espejismos: la escoba del pequeño Eddie Munster en la Milla de Oro

Busco una casa barata y de piedra allá en Bormida, la villa italiana de 394 personas donde el alcalde está donando 2 mil euros a cualquiera que se atreva a mudarse allí. Asegura el señor alcalde que los alquileres están a 50 pesos y yo me deslumbro. Busco los argumentos con los que convenceré al prójimo de nuestra mudanza masiva, la fuente de generación de fondos para nuestra vida en Bormida, cómo exactamente llegaremos allí. Levanto los ojos brevemente de la computadora y tengo la macacoa de encontrarme frente a frente con los ojos de diablo del gobernadorcito embrionario, ahí donde siempre, balbuceando sus necedades al país. Decretado, me digo. Nuestra mudanza a Borida es cada segundo más inminente. Excepto que cambio de búsqueda. “Yucatán lluvia”, ingreso pero no quiero abrir enlaces misteriosos. “Balcones orilla”, “ruinas”, “cenotes”. Con estas cuatro palabras reveladoras decreto mi próxima mudanza a la península de Yucatán. Busco evitar pensar en la policía, en la huelga y en Nina, la muchacha presa. En todo lo que está pasando y va a pasar.

Regreso los ojos a este mundo y me encuentro de nuevo con el pequeño Eddie Munster, en su ensayo perenne de adultez. Esta vez se encuentra haciendo que barre el piso (literalmente, sí), no en mi barrio, donde los tecatos de al lado echan toda la basura en la acera. Donde el grafitti insiste una y otra vez, por encima de la pintura que el vecindario vuelve a pintar. No, el pequeño Eddie Munster está en la Milla de Oro.

Mire que una ha visto gobernantes arrodillados y serviles en Fortaleza. Pero, aún acostumbrada a la dinámica del siervo de turno, es igualmente repulsivo ver al muchachón llegar a la Milla de Oro a recogerle los vidrios y pintarle las paredes a la Junta y los banqueros. Es decir, a los individuos más poderosos del país, los que no necesitan la atención ni conmiseración de un gobernadorcito embrionario; los que no solo figuran como co-responsables de la crisis económica sino que también se lucran de ella.

De hecho, en medio de mis delirios de mudanzas exóticas, pienso que cada vez entiendo menos a estos estadistas ‘demócratas’. El presidente del Senado, por ejemplo. Si tanto se las da de guapetón y está tan en contra de la Junta: ¿Por qué no apoya la huelga de los estudiantes? ¿No están los estudiantes, precisamente, desobedeciendo las órdenes de la Junta? Para ser constante con su discurso, ¿no tendría Schatanás que apoyarlos más bien? A ellos y a los trabajadores. Lo he visto hablar directamente de que no acataría medidas de austeridad para los más “vulnerables”. Lo dijo hace un par de meses. Justo antes de cerrarle el Capitolio a la gente, estudiantes, trabajadores, cabilderos ciudadanos, los “vulnerables” que se levantan ante la explotación.

Es como cuando se jacta de ser tan bravo, todo un guapetón de barrio, ¿Y entonces por qué usa a la Fuerza de Choque como escolta personal?

Ninguno de estos dos individuos puede venir a hablarnos de violencia mientras le barren el piso de los acreedores de una deuda inmoral y fraticida. ¿Qué pensaron? ¿Que ellos serían los únicos que “romperían” la ley (para citar al genio del Gobernador? ¿Quieren imponer pobreza, opacidad, contratos jugosos para los verdugos del país, exilio, muerte a la Universidad, a la salud de los pobres pero que nadie les responda como se merecen?

Romper cristales, pintar consignas con graffiti son actos de expresión que sin duda tienen consecuencias legales, sobre todo si los llevas a cabo a plena luz del día en medio de una manifestación masiva. Pero cualquiera de esos jóvenes que ha sido arrestado aleatoriamente por resistir con una mínima parte de esa misma violencia que el Estado les imparte a ellos y por expresar su renuencia absoluta, su indignación extrema, tiene más estatura moral que estos fantoches impúdicos que todavía pretenden dárselas de decentes.

El delirio de mi vida apacible y barata en Bormida, en Yucatán o donde se instale mi próxima fantasía nomádica tendrá que esperar. Primero hay que romper, ya no solo los espejos sino los espejismos en este país.

La dama ciega

Manolo Nuñez Negrón

Doy un paso en dirección del andén y aflojo el botón para que la humedad de esta jornada que apenas comienza, con algunas nubes tapando el sol de septiembre, tarde en instalarse debajo de la piel. El pequeño chubasco ha exacerbado el calor, y ya la camisa blanca, rigurosamente almidonada, se pega a la espalda y las gotas de sudor descienden tras las orejas y el cuello, minúsculas. La primera batalla que se libra en el Caribe es la de la temperatura: ser isleño significa estar solo sobre el agua y aceptar, con cierta resignación, el vapor inclemente que sube desde el asfalto y te calcina las entrañas, sin prisa, pero sin pausa. Aunque tacaña, la brisa está soplando y en la estación del Tren Urbano, ubicada entre edificios abandonados, levantada del suelo por pilares gigantes, los pasajeros son escasos. Ha pasado la hora pico, el rush mañanero, y es por eso, imagino, que los vagones demoran en llegar y las personas esperan sentadas en los bancos, sujetando sus pertenencias. En Nueva York es cada siete minutos, sin fallar, dice la señora a mi derecha, y yo sonrío, asintiendo con la cabeza, mientras el ruido de los rieles anuncia que se acerca el furgón anhelado: pero aquí hacemos las cosas al revés, y no hay progreso.

Las puertas tardan en abrir y aprovecho para cotejar que el nudo esté en su sitio. Puedo escuchar, nítida, la voz de mi madre que, sentada en su taller de artesana, con las manos llenas de barro y el delantal jaspeado de colores brillantes, le repite a mi padre la misma consigna: el traje lo hace la corbata. Es inevitable: el recuerdo está hecho de esas frases sueltas que van desperdigando los seres queridos y que, a la postre, se convertirán en nuestra única, y última, literatura. Este gesto, en apariencia indiferente, de anudarse la chalina frente al espejo sacude, ahora que lo pienso, la memoria, y trae al presente, a este presente inestable, otras locuciones que se han quedado dormidas en el interior: me voy a mandar a hacer unas telas, nene, porque el hábito no hace al monje, pero ayuda.

El aire acondicionado domestica el sofoco, lo mantiene a raya, y al aproximarme al asiento coloco el bulto, parsimonioso, y doblo la chaqueta para que no se estruje. Esa conciencia de la pulcritud en el vestir se la debo a mis abuelas: costurera y modista, la una, joceadora y fritolera, la otra. Los adjetivos delatan su procedencia: la primera vino al mundo en una hacienda, y la segunda en un arrabal. También el vocativo sugiere una discreta, velada, diferencia de clase: abuelita conoce el orden de los cubiertos en la mesa y es diestra en los encajes de mundillo, sabe distinguir entre una mazurca y un fox-trot, entre el champagne, el vino blanco y la sidra; aguela vive abrazada al caldero, adosada a la radio, le vende una nevera a un esquimal, y de un pollo criado en Aibonito, donde nacen las flores, mijo, fríe las pechugas, guisa las caderas, mete los muslos en el arroz y zambulle el espinazo en una sopa con fideos: ese abuelo tuyo come igual que los presos. Ambas, eso sí, me velaron el sueño con esa ternura sencilla, rústica, de las matriarcas en las Antillas, y me pasearon por el atrio parroquial, antes de la misa, con la partidura perfecta y el filo del pantalón impecable: este es mi nieto, el mayor. Quizás por eso ahora, cuando la muchacha que carga el niño en el regazo me pregunta, a quemarropa: ¿y tú eres abogado?, siento que algo, en secreto, las reivindica.

Todavía, contesto, y ella tuerce la boca, incrédula: es que no me pasan pensión y tengo que orientarme. Se baja en la Roosevelt: pa’ coger la guagua que me tire en Plaza, explica, y enseguida salta al ruedo el caballero de boina crema a mi izquierda: lo que tiene es que ponerse un coi y dejar de traer críos al mundo, qué cojones. Miro la avenida repleta de vehículos y observo el tráfico, esa prolongada fila de coches que se amontonan tras el semáforo: esta ciudad no está hecha para caminar. Ni una acera ni un árbol, ni un parque ni una fuente al lado de las viejas estructuras: solo una larga, monótona sucesión de señales de tránsito, de billboards y cables eléctricos, de pasquines con fotos de políticos y letreros de negocios de comida rápida. Y en medio del desparrame urbano, de esa orgía de cemento que es Puerto Rico, campeando por sus respetos, el dueño y albacea de nuestros trámites diarios: el carro. Distingo, desde lo alto, los modelos. Establezco diferencias, jerarquías, después de todo formo parte de esta sociedad y soy capaz de reconocer el valor simbólico del auto: perdóname caballo, no te enredes, una cosa es un BMW, aniquelao, y otra es un punto ocho, con permiso, por eso es que sigues soltero, mamón.

Esos chamacos que corren entregando periódicos, flyers con ofertas y menús de almuerzo, también se están buscando la peseta. Pero el individuo ubicado dentro de la máquina de lujo, alimentada por el diésel, el que acelera su Mercedes Benz o su Range Rover, por lo regular, va absorto en sus cavilaciones y está escindido de la realidad. Le resulta difícil, to say the least, reparar en las zonas de exclusión que la metrópolis consagra y exhibe: las barriadas marginales, los residenciales públicos, ese invento macabro del viejo Muñoz Marín, los hospitalillos clandestinos. El sillón de cuero que le da masajes en los muslos y se anticipa a sus necesidades vitales, las pantallas relucientes del dash que adivinan su ritmo cardíaco y el equipo de música ultrasónico, en el que suena la cantante sajona que está in en Miami o la dicción pausada, perfecta, de un locutor que lee una novela de Ken Follet o John Grisham, impiden que se compenetre con un ambiente y unos escenarios que, pongamos esto en contexto, lo desquiciarían. ¿Cuándo carajo nos nació este gueto?, inquirirá, trágico, pero se acogerá solícito a la solución Jet Blue, sin esperar la réplica.

¿Desde qué momento se están asando estos adolescentes sobre la brea de una capital llamada San Juan? Puede que lo ignoren y, aun así, estos jóvenes en mahones y talego amarrado a la cintura, son descendientes de aquellos jíbaros que salían a cortar caña o recoger café, con el machete al hombro, para ganarse el sustento. El tiempo ha pasado, el país se industrializó, se vivió la transformación social que trajo a los campesinos a la urbe, y en cambio un sector importante de la población sigue anclado en lo que podría llamarse, a falta de un término más adecuado: el precariato, gente que para poder subsistir tiene que diversificar su jornada laboral: soportar el part time en Walmart, la chiripa en Walgreens, el doble turno en Burger King. Se mueven con energía, reparten los panfletos sin perder el equilibrio, sortean el atasco con gracia. Bien visto, son supervivientes, y su presencia en la calle, la solitaria sombra de su silueta, basta para romper el mito de la igualdad entre todos los ciudadanos. Lo cierto es que no somos idénticos ni ante las fuerzas de la ley ni ante las furias del mercado, dos formas de la violencia organizada. Ellos, los nuevos jornaleros, lo saben. El altoparlante interrumpe la meditación: Piñero, Piñero.

–Por lo menos aquí se apean los pica pleitos.

Esta mujer, algo entrada en carnes, con el pelo grisáceo, trae consigo una cartera negra, enorme, que aprieta contra su cadera: está el pillo josco. No encuentra, ya se ve, razones de peso para disimular su resentimiento. Concurro con su comentario, sonrisa y carcajada incluidas, y ella coge los topos. Cualquiera diría que esperaba un guiño de alguien, una señal divina o humana que le permitiera explayarse contra la clase togada a la que, ya es más que evidente, aborrece: mijo, no hay uno bueno. Y entonces remata con una expresión a prueba de balas: imagínate tú, que después se hacen políticos.

Quedo avasallado por un razonamiento que hubiese sobrecogido al propio Trías Monge, al famoso y cultísimo don Pepe, al jurista insigne que nos explicó, mucho antes de descubrir y desmenuzar las penas más antiguas, que nuestra Constitución, colonial as it may be, es de factura más ancha que la norteamericana. Larga vida a la tradición civilista, que es hija del código Justiniano y los desvaríos napoleónicos. ¡Sufre Hamilton! Es probable que esta dama desencantada de la vida y sus miserias no haya terminado la secundaria y, sin embargo, tiene claros los muñequitos: imagínate tú, que después se hacen políticos. Res ipsa loquitour. O en su versión boricua, más persuasiva y convincente que el latín clásico: la cosa se cae de la mata.

Y tú, ¿a qué te dedicas?, pregunta, y suspira hondo al mirar las ventanas del Auxilio Mutuo, los cristales esmerilados tras los cuales los enfermos aguardan, desvelados, por la dudosa luz del día que disipa, con análoga indiferencia, la niebla y el miedo: ¿defiendes delincuentes o robas herencias?

–Soy estudiante– aclaro.

Crece una frontera de silencio, una telaraña de suspicacia entre ella y yo:

–Ah… – y parpadea con ahínco, evitando el estornudo.

Pues yo que tú me dedicaba a otra cosa. Vete a trabajar la tierra, que es más digno. Ya nadie quiere meter las manos en la tierra.

–Eso es así – concluyo.

Salgo a la plataforma y tomo las escaleras que conducen a la salida. Llevo el gabán abotonado, el portafolio con el interrogatorio bajo la axila, la mandíbula temblorosa. Repito en mi mente, cual mantra budista, las Reglas de Procedimiento Criminal, tal y como lo hacía en la escuela elemental antes de declamar un poema, mientras busco el boleto en los bolsillos llenos de monedas.

De pronto me alcanza el olor inconfundible del trópico en su dimensión urbana: ese vaho que emana de los carritos de hot dog, de la greca de café y de las pincheras protegidas por un techo de zinc. Traigo escondido, desde luego, un rosario confeccionado con pepas de olivo. Son rituales de la infancia. Al intentar cruzar la vía, atiborrada de policías y patrullas, de prestamistas, detectives y fiadores, de parientes y dolientes que desfilan hacia la edificación despintada, sucia, una pareja de predicadoras que distribuye folletos se atraviesa en mi camino:

–Ay de aquel que confíe en la justica de los hombres.