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Crucigrama: Enrique Laguerre

Horizontales

2. La _____; novela de Laguerre publicada en 1935.

11. Buenos _____; capital de Argentina.

12. Pájaro pequeño conirrostro, con plumaje gris y pico amarillo.

13. Proa libre sobre _____ gruesa; novela de Laguerre, novelista, cuentista, maestro, crítico y columnista puertorriqueño.

15. _____ Arturo Laguerre Vélez; autor de Solar Montoya (1941), El 30 de febrero (1943), La resaca (1949), Los dedos de la mano (1951), La ceiba en el tiesto (1956), El laberinto (1959), Cauce sin río, El fuego y su aire (1970), e Infiernos privados (1986), entre otros escritos.

19. La poesía modernista en Puerto _____; obra de Laguerre de 1969.

20. El fuego y su _____; novela de Laguerre publicada en 1970.

22. El diente de _____; cuento de Laguerre.

24. Juan Mari _____; fundador del Movimiento Pro Independencia y el periódico Claridad.

26. Del verbo decir.

27. La ceiba _____ el tiesto; novela de Laguerre.

28. Nombre de la g.

29. Luna de Júpiter descubierta por Galileo.

30. Preposición.

31. La responsabilidad de _____ profesor universitario; ensayo de Laguerre.

32. Contracción gramatical.

33. Roberto Ramos _____; escritor puertorriqueño autor de Tapia: el primer puertorriqueño: tratado biográfico sobre el dramaturgo y escritor puertorriqueño Don Alejandro Tapia y Rivera (1826-1882).

36. Vestido típico de las mujeres indias, pl.

40. _____ Montoya; novela de Laguerre publicada en 1941.

41. Cauce sin _____: Diario de mi generación; novela de Laguerre.

42. Los dedos de la _____; novela de Laguerre.

43. Del verbo ir.

45. Pero.

46. Pez marino del orden de los acantopterigios llamado también gallo.

47. Se atreve.

49. Mil en números romanos.

50. Catedral.

51. Última vocal.

52. _____ Belén Montes; puertorriqueña prisionera del gobierno yanqui por defender a Cuba.

Verticales

1. El _____; novela de Laguerre.

2. Rafael _____; escritor cubano, autor de Benny Moré, el rey.

3. Ata y asegura los fardos y cargas con lías.

4. Interjección usada para estimular a las bestias.

5. Acusativo o dativo de pronombre.

6. Carta de la baraja.

7. Lamento.

8. Otorga, entrega.

9. Levanté.

10. _____ privados; novela de Laguerre de 1986.

14. Día de la semana.

16. El cuento que _____ acaba; cuento de Laguerre.

17. Interjección que denota cansancio, fastidio o sofocación.

18. Miré.

21. Enrique _____; autor de La llamarada (1935), Raíces (1937), El cuento que no acaba (1939), La resentida (1949), Antología de cuentos puertorriqueños (1954), y Proa libre sobre mar gruesa (1995).

23. Afluencia de muchas cosas o personas, pl.

25. Río que atraviesa París.

26. Veinticuatro horas, pl.

27. Existe.

33. Símbolo químico del polonio.

34. _____ enemigo; drama de Laguerre de 1955.

35. _____; cuento de Laguerre.

37. La _____; novela de Laguerre publicada en 1949.

38. Asistid.

39. Sudoeste, símbolo.

44. Dios del viento.

45. _____; pueblo natal de Laguerre.

48. El _____ de febrero (vida de un hombre interino); novela de Laguerre de 1943.

La dignidad del trabajo en el mundo de la desocupación

Este 1º de mayo, las clases trabajadoras van a conmemorar su día, en un mundo siempre más dominado por la desocupación y por la precarización del trabajo. Las perspectivas son de que, dentro de cinco años, en todo el mundo quince millones de empleo van a desaparecer. En una sociedad más justa, eso provocaría hasta una vida más libre para la humanidad. Las máquinas podrían hacer el trabajo más duro y las personas quedarían con el ocio creativo, como propone Domenico de Masi. Sin embargo, lo que resulta de esa situación en un mundo injusto como ese en que vivimos es una masa de gente desechable y puesta al margen de las mínimas condiciones de una vida digna. Y aún los trabajos que todavía sobreviven son precarizados para garantizar siempre ganancias más grandes a las corporaciones financiarias.

El mundo actual es dominado por lo que el economista brasileño Ladislau Dowbor llama “capital improdutivo”. Los bancos e instituciones financieras que, antes estaban al servicio del sistema productivo, ahora, dominan el mercado y viven de rentas. En un tiempo en que todo el mundo habla de crisis económica, recesión y desempleo, los bancos registran intereses y gaños multimilionarios. Eso explica por qué el mundo llegó a una situación en la cual ocho familias tienen más riquezas que mitad de la humanidad. Y los medios de comunicación al servicio de esa desigualdad predican que eso es inevitable.

En el mundo, una minoría de la sociedad civil organizada y los movimientos sociales luchan en contra de ese sistema. Inventan alternativas creativas y transformadoras, como experiencias de economía solidaria, cooperativas de producción y gestión comunitaria del trabajo. Ya desde años, en Argentina y otros países, decenas de industrias en falencia fueran asumidos por los trabajadores que las administran colectivamente.

El papa Francisco ha insistido que ese sistema económico dominante es inicuo y cruel. Sostiene que los pobres y trabajadores pueden ser constructores de una sociedad más justa y más humana. En su reciente carta sobre la santidad, el llama a los cristianos a vivir el espíritu de las bien-aventuranzas de Jesús. Eso significa no conformarse con un sistema injusto y excluyente, sino, como dice el apóstol Pablo, transformarlo.

Al luchar pacíficamente para cambiar ese mundo, los/las trabajadores/as saben que son testigos de que el reinado divino está llegando y Dios está presente en las luchas del pueblo por la justicia y la paz.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

Cuento: El remolque

–A Daniel Torres

Poco después del fallecimiento de mi padre, me encontraba en una librería cuando pude ver a precio especial un volumen de historias sobre diversos aviones de la Segunda Guerra Mundial. Nítidamente colocados en una lista, estaban varios aviones que de niño había armado en el interior de un remolque que mi padre había comprado para quedarnos a dormir en diferentes sitios de la isla. En aquel entonces, me había tenido que quedar a dormir en el remolque porque la Autoridad de Acueductos cortaba el servicio de aguas constantemente. Sin que yo supiera por qué realmente mi padre había comprado el remolque, me había quedado a dormir en diversos sitios que los campesinos habían habilitado para que los dueños de los remolques se quedaran allí. En el “camping” había varias tomas de luz eléctrica y de agua potable. Una niña con la que años después estudiaría en la Universidad, se me había acercado para venderme una colección de tirillas cómicas. Aunque en el interior del remolque, mi padre me había puesto a montar modelos de aviones de guerra, trataba de pasar la mayor parte del tiempo afuera del remolque en una motorita que llevábamos con nosotros todo el tiempo. Los temas de guerra no me atraían especialmente, pero las tirillas cómicas que me había vendido la niña también eran de tema bélico. Historias bien barrocas sobre el Soldado Desconocido o el Sargento Furia poblaban mis sueños. Cuando en la Universidad, me le acerqué a la niña para hacer amistad con ella, supe que se había casado a los quince años y que tenía una hija pequeña, lo que era una especie de condición para poderla conocer. Además, el “camping” de Gurabo en el que la había conocido ya había cerrado y las razones que nos habían llevado a acampar allí los veranos seguían siendo tan enigmáticas como a los diez años, cuando armé los aviones de la guerra.

Cuando me divorcié de mi esposa, a los veintitrés años, mi padre me dejó volver a la casa. Para pasar la soledad lo mejor posible, había empezado a trabajar en una librería y con el dinero que me aportaba el trabajo, había comprado un tocadiscos y varios discos de jazz. La muchacha que me había vendido las tirillas cómicas en la niñez me había llamado por teléfono varias veces, porque ella, aunque divorciada también igual que yo, consideraba que ahora estábamos en igualdad de condiciones aunque yo no hubiera tenido hijos con mi esposa. Cuánto añoré entonces aquellos ratos de la infancia en que estuve sentado en el comedor del remolque, armando un avioncito de guerra, mientras la nena me hablaba de los comics que me iba a regalar. Aunque finalmente me los vendió y no me los regaló, ahora, quince años después, me imploraba que me casara con ella aunque tuviera una hija. Me explicaban mis padres que la hija que ella había tenido con su primer marido había sido la condición que le había impuesto su familia para entrar en relaciones conmigo años después, cuando fuéramos a la Universidad.

–Tienes que entender que la niña ha hecho un esfuerzo descomunal para que la dejen llamarte por teléfono– me dijo mi madre. –Tener esa hija ha sido el requisito que se le ha impuesto. Además, tú sabes que tienes un defecto en las manos y que cualquier muchacha que te quiera debiera ser bienvenida.

–Pero tú no te casaste antes para estar con mi papá– le dije. –Tú te pudiste casar sin cumplir con un requisito así.

–No importa– dijo mi madre. –Esta vez te ama una muchacha a la que se le han puesto muchas trabas y debes honrarla.

Mi familia estaba preparada entonces para que me casara con la niña que me había vendido las tirillas bélicas. Cuando empezaron a llamar por teléfono sus amigas, con un dejo de burlas, en esas noche en que sólo y recien divorciado escuchaba jazz, mi madre deploró que hubiéramos vendido el remolque, ya que allí al menos habríamos podido mudarnos de haber tenido que casarnos. No obstante, cuando las llamadas empezaron a ser insistentes, dejé el trabajo de la librería y me preparé para terminar mis estudios universitarios, ya que casado en segundas nupcias convenía que tuviera un título universitario que me favoreciera. Sucedió algo curioso, y es que vino a verme a mi casa otra muchacha a la que le habían dejado usar el nombre de la niña para que viviera libremente en la ciudad. Fue ella, y no la niña que me vendió las tirillas, la que vino a verme en esta ocasión. Como mis padres me seguían presionando para que me casara con la primera, acepté mudarme con la otra muy cerca de una represa. Los campesinos querían que me mudara cerca de la represa, no sé por qué, y que viviera allí de una manera informal con la otra, como si viviéramos en un estado de emergencia muy parecido al que había vivido yo a los diez años, cuando arme los aviones en el remolque. De ahí que aceptara mudarme con ella de esa manera informal.

Para pasar los días de modorra en la casa informal a la que me mudé con la otra, me puse a leer sobre los aviones de guerra. Un detalle que los hacía interesantes era el hecho de que se les pintara con un óxido de chatarra, cosa de que fuera fácil romperlos cuando terminaran las hostilidades. Para recordar al Junkers Stukka, o al B–17, la gente tenían que armar modelos de plástico como los que yo montaba de pequeño. La idea de que un país pobre los heredara de un país rico era no solamente inmoral sino imposible, justamente por el hecho de que el óxido de chatarra con el que estaban pintados los carcomía rápidamente. Metido en el interior de ese apartamento informal, cercano a la represa, pensaba que la vida no era tan injusta después de todo. No solamente había tenido la oportunidad de informarme sobre los aviones que armaba, sino que estaba ahora viviendo con una muchacha que fingía ser la que me habían vendido las tirillas de guerra. Seguí viviendo allí un tiempo más, en un estado de emergencia muy parecido al que había vivido en la infancia, y la lluvia no cesaba nunca de caer.

La muchacha con la que me había mudado ahora, aunque no era la misma que tenía una hija de un primer matrimonio, empezó a negociar conmigo la separación después de tres años de informal convivencia. Quiso saber, por supuesto, en qué estado me había dejado mi primera esposa y supo que la muchacha me había heredado una cepa en una clínica de Río Piedras. A la que estaba conmigo le habría bastado estar casada para que la clínica le cediera el embrión, pero a la larga no tuvo ni siquiera que casarse conmigo para que la dejaran ser la madre. Al parecer, la que me había vendido las tirillas había llegado a negociar con mi exmujer. Como había accecido a estar con la que usaba su nombre, no tuvo que insistir mucho para que mi exmujer le cediera la cepa a la que estaba conmigo. Para ser la madre de mi hijo, no tuvo que casarse conmigo.

El niño nació en el mismo hospital en el que yo nací. Igual que yo, tenía un defecto en la mano que impresionaba tremendamente a la nueva madre. Las condiciones para separarnos habían sido esas, que la dejara con el niño, sola, en el mismo apartamento informal en el que vivimos tres años. Felizmente, los campesinos construyeron una casa de cemento en el mismo sitio, que es donde vive mi hijo en la actualidad. Pronto regresé a mi casa para lamentarme de mi soledad. Si bien por un lado las mujeres eran justas conmigo, faltaba afecto en nuestras relaciones. La racionalidad de nuestro trato era producto de años de injusticia. Ahora que en la librería tenía la oportunidad de saber lo que había pasado con los aviones que armaba, y que sabía que estaban casi todos oxidados o inexistentes, pensaba no obstante que la vida había llegado a ser justa a un precio elevado para nuestros sentimientos. De cualquier manera, prefería el presente estado de vida más que cualquier otro estado de vida en otra época histórica de la Humanidad.

Poco a poco supe cada vez menos de la niña que me vendía las tirillas cómicas. La muchacha que usaba su nombre, madre de mi hijo ahora, me hablaba vagamente de su hija y todo parecía indicar que vivía lejos de mi vida. Jamás supe quién podría haber sido ella realmente, ni quiénes sus familiares. Un extraño dejo de sequedad en la garganta me decía que nuestra relación no era amorosa, sino forzada por las circunstancias. Eso me apenaba, aunque ahora en mi nueva vida hubiera podido conseguir de nuevo un tocadiscos para oir mis discos de jazz. Pensaba constantemente en los aviones de guerra. Me estaba aprendiendo de memoria sus historias, y no había uno solo de los que yo había armado, que no estuviera en la lista de artículos que conseguí después.

El momento de la verdad para Jayson y Manny

Por razones distintas este próximo fin de semana es crucial para las carreras boxísticas de Jayson “La Maravilla” Vélez y Emanuel “Manny” Rodríguez. Jayson enfrentará el viernes 4 de mayo en el Staples Center de Los Ángeles a uno de los grandes prospectos de la compañía Golden Boy Promotions en la figura del mexicano-americano Ryan García, con marca de 14-0 y 13 KO, y quien fue prospecto del año en el 2017 según varias publicaciones boxísticas especializadas. Esta será la pelea estelar de un programa que será transmitido a las 9:00 PM por la cadena ESPN 2.

Jayson está consciente que en esta pelea el propósito es usarlo como escalón para añadir un buen nombre al récord de García, sin embargo, el boricua manifestó recientemente que no entiende por qué Golden Boy lo seleccionó para este combate y que se equivocan si piensan que será una pelea fácil para García. “Él no es prueba para mi y yo soy la prueba para él”, dijo Jayson. Cabe destacar que tras un periodo de seis peleas donde Jayson perdió cuatro de seis y obtuvo un empate, éste parece haber cogido un segundo aire al subir a las 130 libras. Vélez ha ganado sus últimos tres combates entre los que se encuentran el que le tumbó el invicto al boricua Alberto Mercado, y más recientemente noqueando al dos veces excampeón mundial Juanma López en Guaynabo en marzo. Una victoria podría significar una oportunidad titular contra algunos de los campeones como Miguel Beltcher o quizás el boricua Alberto Machado, mientras que una derrota lo pondría en lo que se conoce en el boxeo como un gatekeeper.

Finalmente llegó la pelea mundial de Manny

Por otro lado, un día más tarde, o sea el sábado en Inglaterra, llegará la esperada oportunidad titular de Emmanuel “Manny” Rodríguez, cuando rete por el campeonato de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) al británico Paul Butler por el título vacante gallo de ese organismo (118 libras).

Para Manny ha sido una larga espera pues, aunque hace más de tres años que éste se encontraba entre los primeros clasificados, una serie de peleadores estelares se negaron a darle una oportunidad titular y parece que en ocasiones su carrera no fue llevada de la manera correcta. Pero finalmente Manny tendrá la oportunidad de realizar todo el potencial que enseñó cuando se convirtió en el primer medallista de oro olímpico juvenil de Puerto Rico en 2010 en Singapur.

En Butler enfrenta a un rival experimentado con marca de 24-1 que ha sido campeón en las 115 libras y que peleará en su gallinero, donde siempre es difícil ganar una decisión. Una victoria podría significar la llegada de una nueva estrella al boxeo boricua (la habilidad la tiene). En cambio, pese a ser joven (25 años) una derrota podría significar otra larga espera tanto de peleas grandes, como de buenas bolsas para el boricua. La pelea de Manny solamente podrá ser vista en Puerto Rico por los suscriptores de Liberty Cable que tendrían que pagar el paquete Deluxe de la compañía que contiene cuatro canales y tiene un precio adicional de $6.99 y se vería por el canal 295 (AWE) a partir de las 3pm de la tarde en la cartelera que estelarizarán los pesos completos británicos David Haye y Tony Bellew.

Sin duda ambos tienen mucho que perder este fin de semana, pero también tienen la oportunidad de reescribir la historia del boxeo boricua y la suya propia. Vamos a ustedes.

La Justicia de las Justas

Para Belin, quien siempre fue mi acompañante y la de Papi en las Justas por muchos años, y gracias a quien pude regresar ahora 20 años después

Para los Católicos la Semana Santa es conocida como “la semana mayor”, en mi casa la semana mayor, la semana en la que todo se paralizaba, era la semana de las Justas. Desde pequeña veía cómo la vida de mi padre cambiaba en las semanas previas a este evento. Toda la emoción y adrenalina que asumo sienten los atletas antes de competir, la sentía él cuando se acercaba este evento. Las Justas eran “el evento” del año para él. Nunca participó en ellas como atleta, aunque sí como estudiante, y por las últimas décadas como el narrador principal del evento. Pero las Justas eran para él muchísimo más que un trabajo o un evento el cual ir a narrar, eran un festival deportivo universitario, y él se vivía todas las facetas. Esta semana se le dedicaron póstumamente las Justas y aunque no era la participación que hubiera querido, fue un día lleno de emociones y sé que él hubiera disfrutado mucho.

“Ese perro del Colegio, ése sí que está cabrón…”, ésa era una de las canciones de cuna favoritas de mi Papá para ponerme a dormir. Imagino que soñaba con criar una futura Juana, y pues, tuvo que bregar con criar una Jerezana. Aún así, y entre vacilones de él vestirse de verde y yo de rojo durante la semana de las Justas, él cantarme el himno del Colegio, cuya versión terminaba “tumbando” la torre de la Universidad, y yo gritarle “refugio”, siempre era una semana especial para los dos. Tan pronto pude, Papi me empezó a llevar a las Justas, cuando aún eran en el Sixto Escobar, y junto a mi gran amiga Melinda Eisenmann, la gran Belin, la “nena dulce” de Papi, trabajábamos de runner, llevando estadísticas y corriendo. Melinda y yo, que ya éramos Jerezanas pues estudiábamos en la UHS y soñábamos con estudiar en la iupi, nos sentíamos universitarias y grandes y era un día mágico para nosotras. A las dos nos gustaba el atletismo y admirábamos muchísimo a esos estudiantes-atletas, pero también nos encantaba mirar hacia las gradas, el ambiente nos embriagaba. Íbamos aprendiendo las canciones, los insultos y el lunes, con guille en la escuela a contar nuestras aventuras en las Justas. Cuando se mudaron a Ponce la experiencia adquirió otros matices, ahí éramos más grandes y ya empezamos a janguear y cada vez más a trabajar menos y estar más en las gradas con los Gallitos y Jerezanas. Éste era nuestro fin de semana con Papi, él trabajaba un montón, desde días anteriores preparando libreto y trabajando en los otros eventos del festival deportivo que se añadieron al calendario en la Ciudad Señorial, pero ese día, a pesar del trabajo intenso, él era feliz, se lo gozaba y vivía, como él decía, era su Día de Reyes. Y con lo que le quedaba de energía, a veces jangueábamos después el sábado en la noche o el domingo. Y es que durante mis años universitarios, Papi fue también nuestro hotel y alcahuete durante las Justas. Muchos de mis panas se quedaron en su habitación, en mattress tirados por el piso y hasta una noche terminamos en un hospital con uno con gastritis.

Aunque llevaba casi veinte años sin asistir a las Justas, siempre hablaba con Papi y seguía todo desde Nueva York. Él se las continuaba viviendo como siempre, acomodando su itinerario de trabajo para que esa semana estuviera libre y con la pasión a flor de piel como si aún estuviera en el Colegio. Regresar al Paquito Montaner a unas Justas, sin Papi, dedicadas a él, fue una mezcla de muchos sentimientos. No niego que pisar la pista como parte del desfile me dio muchísima emoción, pero se me partió el alma al pasar frente a la mesa de transmisión y no verlo. Pero qué alegría me dio ver a su colega Manuel Charbonier y su hermano de la vida Joaquín Porrata trabajando con la camisa de “Qué bueno es”, ver a la compañera de tantas Justas Lizette Santiago, entre muchos otros compañeros. Me emocionó ver a la Banda del Colegio, que siempre le creaba un taco en la garganta a Papi. También fue emocionante el aplauso sólido que recibió de los miles de estudiantes que llenaron las gradas a apoyar su universidad, cuando mencionaron que se le dedicaban las Justas. Rectores, la alcaldesa de Ponce María “Mayita”, la otra homenajeada la Dra Ana Cintrón, el Comisionado de la LAI, José Enrique Arrarás, entrenadores, atletas, jóvenes, colegas periodistas, de todos y todas recibí hermosas palabras sobre Papi y su importancia para las Justas. Desafortunadamente la idea del legado es difícil de medir cuando las personas están vivas, pero me atrevo a decir que con las Justas Papi era una leyenda viviente. Entre las múltiples muestras de cariño quisiera destacar la del atleta dominicano de la Inter, Álvaro Abreu, quien se hizo una camiseta con la frase de “Qué bueno es” al frente y en la parte de atrás la cara de Papi. Mi madre, Vilma Ramos Acosta, Joaco y yo tuvimos la oportunidad de hablar con él y retratarnos, y realmente los ojos le brillaban al hablar de Papi y lo importante que fue en su vida atlética universitaria. Álvaro, quien posee el récord de los 3,000 metros con obstáculos y quien clasificó para los Juegos Centroamericanos en Barranquillas, es uno de los atletas para quienes la persona que le dio voz a sus gestas deportivas fue alguien importante en su vida, porque sabía que detrás de aquella voz había una persona que amaba el deporte y lo valoraba. Yo creo que parte de la conexión entre Papi y los atletas universitarios se daba por el respeto, la admiración y el valor que él le daba a lo que hacían. El creía genuinamente en el estudiante-atleta, en aquellos que se sacrifican estudiando para sacar una carrera y que mientras lo hacen practican duro un deporte para su desarrollo personal y gloria y orgullo de su institución universitaria. Creo que las Justas combinaban elementos que para él eran importantes, como el deporte aficionado de alta calidad, un espacio para la juventud y la educación, todos pilares para él del país con el cual soñaba. Y claro, quienes lo conocían, sabían que era un enfermo del atletismo y que mientras trabajaba, “se curaba”. Y también que para muchas cosas era como un chamaco, y que se sentía como pez en el agua entre los jóvenes. Creo que Papi hubiera estado particularmente orgulloso de la LAI y de los jóvenes y atletas del País, ya que lograron restablecer el calendario deportivo post Huracán María, cuando muchas de las instalaciones deportivas, incluyendo el Paquito Montaner, estaban afectadas. No sólo es un logro que se hayan llevado a cabo las competiciones, sino que los estudiantes afirmaran el derecho a una educación superior, sobre todo la pública, ante todas las amenazas de la Junta de Control Fiscal; los reclamos de algunos estudiantes y profesores durante el desfile le hubieran llenado de orgullo y emoción.

Por muchos años, muchas personas me comentaron que lo más que disfrutaban era la narración de Papi del relevo 4×400, la emoción que le ponía al evento que coronaba un día de atletismo era única y para él era el clímax de un día de emociones. Estas Justas dedicadas a él, el 4×400 fue un evento peculiar. Luego de una primera falsa salida, el atleta de la UPR de Río Piedras hizo una falsa salida y de acuerdo con el reglamento de la IAAF, la segunda se le aplica a todo el mundo, así que inmediatamente el relevo de los Gallitos fue descalificado. Ya me encontraba en las gradas junto con mi Madre en territorio Gallito y Jerezana y los gritos comenzaron. Pero fueron los estudiantes de la Inter los que comenzaron a gritar, “déjenlos correr, déjenlos correr”, coro al que se unieron los 10,000 estudiantes que estaban en el Paquito Montaner. Ante la negativa de los oficiales, cuando éstos pretendían pedir silencio para comenzar el relevo, se escuchó un sonoro abucheo, obviamente los estudiantes de las 21 universidades representadas no iban a permitir que se corriera el relevo sin los atletas de la iupi. Luego de unos minutos de un ruido ensordecedor y de una hermosa muestra de unidad y solidaridad universitaria, finalmente permitieron correr a los Gallitos. Antes de comenzar este evento las Justas estaban definidas, los Taínos de la Universidad del Turabo ya eran matemáticamente campeones, al igual que las Tigresas de la Inter, las campeonas. Muchos me comentaron que Papi se hubiera emocionado con esta muestra de unidad de los universitarios. Para mi fue una hermosa manera de concluir estas Justas para Papi. El siempre decía que las “Justas eran injustas”, pues eran sólo una vez al año. Ayer las Justas fueron “justas”, él se merecía esta dedicatoria. Se merecía que unánimemente las universidades decidieran homenajearlo, que los estudiantes, atletas y periodistas le reconocieran. Que le devolvieran el amor que tanto le tuvo que por tanto años desinteresadamente les dio. Definitivamente ayer fueron justas, y tan bellas y emotivas para mí como desde la primera vez hace 25 años, aquella vez al lado de Papi, ayer, con Papi presente en todas partes.