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Crucigrama: José Miguel Oviedo

Horizontales

1. José _______ Oviedo Chamorro; doctor en literatura; autor de César Vallejo; Genio y figura de Ricardo Palma; Diez peruanos cuentan; y, Narradores peruanos.

4. _____; revista caraqueña con la cual colaboró Oviedo.

7. Habla.

9. Conjunción.

10. Antepasado de los arameos.

11. _______ de las Américas; revista cubana con la que colaboró Oviedo.

13. De esta forma.

15. Otorga.

16. Campeón.

17. Taberna.

19. Se da cuenta.

20. Río de Asia.

23. _______ de la Cultura del Perú; fue dirigida por Oviedo.

24. Complacer.

28. Conozco.

29. Mugido.

30. Río de Galicia.

31. Nombre de consonante.

33. Hijo de Noé.

34. Señor, abrev.

35. Departamento de Francia.

36. Altar.

37. José Miguel _______; autor de Juventud, atroz tesoro; y, La dictadura como podredumbre y mutilación. Colaboró en Imagen, Marcha y Amaru.

39. Reunidos.

41. Se dirige.

42. Quiere.

44. Ante Meridiano.

46. Se atreve.

48. Agarradera.

50. Juventud, _______ tesoro; escrito de Oviedo.

53. Raspada.

54. Mario Vargas Llosa: Visión de un _______ angustiado y violento; escrito de Oviedo.

55. Alaba.

56. _______ Vallejo; libro de Oviedo.

Verticales

1. Persona que se aparta del trato con la gente.

2. Tiempo vivido.

3. _____; ciudad natal de Oviedo.

4. Amerindio peruano.

5. Pronombre posesivo.

6. _______ peruanos; libro de Oviedo.

8. Ahora.

10. Patriarca legendario del pueblo vasco.

12. Manto.

14. Preposición.

18. Carta de la baraja.

20. Símbolo del iridio.

21. Sexta nota musical.

22. Asistid.

24. Limpias.

25. _______ y figura de Ricardo Palma; libro de Oviedo.

26. Revista peruana donde colaboró Oviedo.

27. De Rumania, fem. pl.

30. Existe.

32. Preposición.

33. Símbolo del calcio.

38. Rememorad.

40. Imané.

43. _______ Vargas Llosa: La invención de una realidad; libro de Oviedo.

45. Onomatopeya de la risa.

47. Río de Suiza.

48. Vital _______; comediógrafo español.

49. Infusión.

51. Parecido.

52. Poema.

Tramando redes en PR 3 Aguirre: entrevista a Marta Aponte Alsina

Nelson Rivera: PR 3 Aguirre incluye textos escritos antes y después del huracán; este hecho se reconoce en la escritura misma, pero, ¿cuánto del proyecto original cambió?

Marta Aponte Alsina: Si el poblado hubiera desaparecido sin dejar rastros legibles, el libro, que dialoga muy directamente con ese espacio, hubiera quedado atrás, en el antes de la tormenta. Después volví, tomé notas y añadí escenas y comentarios a varios capítulos, en particular al de doña Rosita Ramos y su hermosa casa, que sufrió enormes daños. Hace poco llevé el libro publicado al Festival del Libre Soberao, que se celebra en la plaza histórica de Aguirre. Se acercaron muchos vecinos a la mesa. Expresaban el asombro de quien reconoce el espacio familiar en la portada de un libro. Para mí fue una experiencia rara y hermosa.

NR: PR 3 Aguirre es tu duodécimo libro publicado, logro excepcional en nuestras letras. Al considerar otros textos, tales como La casa de la loca y Sexto sueño, por mencionar dos, veo tu proyecto literario como un proyecto igualmente político: insertar la ficción literaria en la historia mayormente desconocida de Puerto Rico, para redescubrirnos como nación. Por ejemplo, en La muerte feliz de William Carlos Williams nos revelas a Mayagüez como un espacio plenamente integrado al mundo globalizado; en PR 3 Aguirre, ese espacio tan reducido es inseparable de toda una economía global. Nos desplazas del barrio al globo, prácticamente sin establecer jerarquías.

MAA: Desde mis primeros libros me propuse escribir como leo: tramando redes, conexiones comparativas, evasiones del cerco insularista y sus lamentos. La voluntadimperial, sus decretos, acorralan y paralizan. La escritura, la lectura y la crítica son ejercicios liberadores si se hacencon gustoso rigor, para adiestrar los sentidos y encauzar visiones.

NR: En un momento de La muerte feliz de William Carlos Williams, tu círculo familiar se incorpora brevemente a la narración, pero en PR 3 Aguirre eres protagonista.  Esa visita al Boston Athenaeum que narras recoge no solamente tu experiencia social y política individual, sino también una centenaria experiencia colectiva.

MAA: La mirada racista pretende justificar privilegios. En PR 3 Aguirre intenté caracterizar esa mirada que nos deshumaniza y nos tacha desde cierta distancia, explorando el mundo de los personajes bostonianos. También en sus aspectos grotescos, como el incidente con el portero del Boston Athenaeum.

NR: Por PR 3 Aguirre desfila todo tipo de arte, desde la pintura de J. M. W. Turner, hasta los dibujos y esculturas hechos con pelo de María Rivera. Detecto un mismo movimiento en tu escritura, esto es, hay páginas de un lirismo muy culto, que comparte espacio con entrevistas y crónicas más informales. “Todas las escrituras la escritura”, para parafrasear a Cortázar…

MAA: Escribir así, desconociendo o pasando por alto o evadiendo los buenos modales del canon,como quien es perseguida por los sabuesos del amo, y que además se permite alguna broma, e incluso a veces daña su tarea desfigurándola, es una diversión y una divergencia del modelaje estático de las literaturas, de los géneros literarios, de las categorías académicas. Se corre el riesgo de la incomprensión, pero cada quien escoge sus pequeñas guerras.

NR: Si uno compara tus personajes estadounidenses, explotadores de puertorriqueños, con personajes similares en novelas de la caña como La llamarada o Usmaíl, se distingue una “humanidad” inusual en esas otras.  Con ello desinflas la (supuesta) superioridad del hombre norteamericano, al mostrarlo vulnerable, pedestre.  Las mujeres que los acompañan son igualmente corrientes, inconscientes de su complicidad con la explotación.  Nos haces preguntarnos cómo esa gente tan ordinaria llega a tener el inmenso poder de decidir sobre las vidas de los otros, sobre las nuestras.

MAA: Supongo que a fin de cuentas la gente es gente, con lo que eso implica de la estupidez y ceguera de las sociedades humanas y de la ideología que justifica como empresa civilizadora lo que en el fondo es feísima explotación de pueblos y recursos. Lo que hace lucir superiores a las castas y a los países ricos es, justamente, el monopolio que detentan de las representaciones culturales, el regodeo narcisista de sus autobiografías, archivos, universidades y medios de comunicación. De esos centros de saberes y técnicas emana mucho poder. Quise canibalizar la literatura de los señores (aquí el masculino es justo), sin negar un afecto a la literatura norteamericana que de algún modo se reconoce en la parodia de la escritura de Henry James, uno de mis autores predilectos, por lo mismo en que se fija en las incongruencias y las tragedias del personaje “americano”, sin dejar de explorar la infelicidadíntima de esos seres, sobre todo en los personajes femeninos.

NR: Llama la atención cómo al momento de cesar la explotación en Aguirre se acrecienta la creatividad de la comunidad. Lo veo como un comentario de todo lo que seríamos capaces de emprender si no fuéramos explotados.

MAA: El estado de sitio en que vivimos es brutal. Ante una confrontación tan desigual, conviene pensar la respuesta desde la cultura, es decir, desde pensamientos y acciones que añadan valores materiales y conocimientos a la resistencia. Deberíamos imaginar un país libre y creador para no perder el deseo de ser libres. No hay un grado cero de la libertad, del cual se pase al disfrute cabal de la libertad. La libertad, que es el derecho a ser felices, se defiende “en la ferocidad de a diario” para citar a Angelamaría Dávila. El ejemplo de los luchadores y luchadoras del barrio El Coquí ha sido constante. Su fábrica cultural ha constado de escuelas y talleres;de iniciativas hacia la independencia energética;de la lucha contra la destrucción ambiental, desde la intención de construir una planta nuclear hasta la denuncia de la toxicidad de las cenizas de la incineradora y de las semilleras. Esas acciones construyeronuna cultura. Han generado ideas, manifiestos, propuestas de organización social y artistas, escritoras, grupos de danza y obras de arte. Todo ese potencialenorme reside en nuestra pequeña nación de unos diez millones de habitantes, entre la isla y el exilio. Si diéramos paso a la imaginación y al oficio, y saliéramos del desgaste de la depresión, del crónico desencanto de nuestra historia lamentable, empezaríamos a ser libres. Conviene vivir y crear como si lo fuéramos.

NR: Admiro de tu trabajo literario, ese que se hace en la soledad, la confianza que pones en tus lectores, al punto de que en este libro nos invitas a continuarlo.

MAA: Esa comunicación es la posibilidad de una literatura. Escribir y leer son tareas urgentes, como el título de tu libro. Proclaman la capacidad creadora ante el desastre, no ya como proeza individual, aunque se escriba y se lea en aparente soledad, sino como expresión de vitalidad.

NR: ¿Continuará?

MAA: Percibo que en este presente nuestro cada libro es una declaración de presencia, aunque sus escenarios se ubiquen en otros tiempos e incluso en otros espacios. Vista así, la continuidad saldrá de toda una trama de lectores y lectoras, de escritoras y escritores. Por lo que me toca, me gustaría escribir un libro impersonal, donde las acciones humanas no sean más importantes que la vida de las plantas, y en el cual esté presente el arco de islas del Caribe oriental, aquella trayectoria imposible desde Venezuela hasta Puerto Rico que hace unos años se hizo realidad en el viaje de Alberto de Jesús, Tito Kayak.

La prioridad del cuidado con la vida

Durante esta semana, en torno al 5 de junio, que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) consagra como “Día Internacional del Ambiente”, en todo el mundo, ocurren discusiones y eventos sobre la urgencia de un cuidado más efectivo con el ambiente natural y la protección de la vida en el planeta. “Informes de los organismos científicos confirman: la situación actual es alarmante. Exige respuesta urgente de los gobiernos y de la sociedad civil. La disminución del agua dulce, las consecuencias del calentamiento global sobre la tierra y los mares no se pueden más negar.” (Cf. Revista Internazionale, 1249, abril 2018).

Garantizar la sostenibilidad de la Tierra es premisa para resolver las demás crisis: social, política, económica y cultural. Desgraciadamente, gobiernos e instituciones internacionales siguen insistiendo en el modelo capitalista depredador. Cada año, se destinan sumas inmensas para armamentos y guerras, así como para salvar bancos y multinacionales irresponsables que perdieron dinero en el casino financiero de la imprevisibilidad. Hace casi diez años, la prensa denunciaba: “El dinero del pueblo, dado a los ricos, es 40 veces mayor que los recursos destinados a combatir el cambio climático y la pobreza “(Le Monde Diplomatique Brasil, mayo de 2009, página 3).

Para quien vive una búsqueda espiritual, el cuidado amoroso con la Madre Tierra, con el agua y con todo ser vivo, forman parte del testimonio que Dios es amor, está presente y actuante en el universo. A pesar de todas las agresiones y crímenes cometidos contra el Planeta, aún podemos salvarlo. En 2003, la UNESCO asumió la “Carta de la Tierra”, como instrumento educativo y referencia ética para el desarrollo sostenible. De su concepción han participado humanistas y pensadores de todos los continentes. Es urgente que la ONU asuma y ponga en práctica ese documento que todos pueden leer en Internet (basta consultar: “carta de la tierra”). Es el esbozo de una “declaración de los derechos de la Tierra”. Todos nosotros somos guardianes de eses derechos de la Tierra.

En la encíclica sobre el cuidado con el planeta, nuestra casa común, el Papa Francisco propone una alianza de toda la humanidad para cuidar de la Tierra. El pide que las religiones y tradiciones espirituales se unan para fortalecer esa alianza de todos por la vida. En cada tradición espiritual, que seamos capaces de explicitar y desarrollar más y más el amor a la Tierra y podamos testificar la presencia del Espíritu en el universo. Como dice una oración de la eucaristía: “Los cielos y la tierra están llenos de tu gloria, o sea, de tu presencia amorosa”.

Incendio en la Casa del ser

«Una mujer descuartizada / viene cayendo desde hace 140 años”. Por esas dos líneas escritas por su compatriota Vicente Huidobro decidió el joven Nicanor Parra dedicarse a la poesía. Ya era (además de hermano mayor de Violeta Parra) ingeniero, diplomado en termodinámica en USA y en cosmología en Oxford, cuando quiso saber por qué caía esa mujer desde hacía siglo y medio. La pregunta en particular y la poesía en general no son asuntos muy pertinentes para la ingeniería y Parra era, a pesar de ingeniero, un impertinente. Así que prefirió adscribir a esa otra ley de la termodinámica que enunció Leopoldo Marechal: “De todo laberinto se sale por arriba”. Así fue como llegó Parra a lo que definió como antipoesía. “Yo me preguntaba por qué cresta los poetas hablaban de una forma y escribían después con esa jerga conocida como lenguaje poético, que no tiene nada que ver con el lenguaje de la realidad”.

Puesto en esos términos, parece un mero cuestionamiento verbal, pero lo de Parra apuntaba más lejos: para poder ver las cosas de otro modo es necesario cambiar de perspectiva, y pocos tipos en nuestra lengua fueron capaces de sacarnos la alfombra debajo de los pies con una sola frase como Parra. Vean, si no, este ejemplo: “El automóvil es una silla de ruedas”. Léanla de nuevo, van a ver que el texto se movió, que se lee otra cosa. Eso es Parra. El juego de palabras que de pronto corcovea y muta en otra cosa. El creativo publicitario tiene esa clase de don, pero para generar antimateria. Parra generaba antipoemas; es decir, anticuerpos contra la antimateria que nos tiran todo el día por la cabeza.

Hay un famoso poema suyo que empieza: “El hombre imaginario / vive en una mansión imaginaria / rodeada de árboles imaginarios / a la orilla de un río imaginario”. Y así sigue avanzando facilonamente, estrofa tras estrofa, hasta sus versos finales. Antes de citarlos déjenme contar que Parra descubrió un día a la mujer de su vida, fueron brevemente felices juntos pero ella lo abandonó y poco después se suicidó. En honor a ella escribió Parra El Hombre Imaginario, que termina: “Y en las noches de luna imaginaria / sueña con la mujer imaginaria / que le brindó su amor imaginario / vuelve a sentir ese mismo dolor / ese mismo placer imaginario / y vuelve a palpitar / el corazón del hombre imaginario”.

Fue famosa su pica con Neruda. Igualmente famosa es su frase: “Hay dos maneras de refutar a Neruda: una es no leyéndolo; la otra es leyéndolo de mala fe. Yo he practicado ambas, pero ninguna me dio resultado” (otra vez contestó así a la acusación de que la obra de Neruda era despareja: “La cordillera de los Andes también es despareja”). En su poema Malos Recuerdos dice: “Para la mayoría / soy un narciso de la peor especie / El hombre dos caras / El que se cree más de lo que es / El que no tiene paz / ni con las mariposas del jardín / Todos se consideran con derecho / a festejarme con un poco de barro”. Treinta años después, al recibir un doctorado honoris causa en la Universidad de Chile, dijo: “Una sola pregunta / ¿Cuándo piensan erigirme una estatua? / La paciencia tiene su límite / Sin estatua me siento miserable / Pero por favor que sea de barro / Para que dure lo menos posible”.

Entre otras chambonadas que le endilgaban sus enemigos, Parra aceptó ir a la Casa Blanca a tomar el té con la esposa de Nixon en plena guerra de Vietnam, durante un congreso de escritores en Washington (horas más tarde, los cubanos le retiraron la invitación que le habían hecho como jurado del Premio Casa de las Américas, y él contestó con un telegrama a la isla que decía: “Apelo a la justicia revolucionaria rehabilitación urgente. Fidel debería creer en mí tal como yo creo en él”). A diferencia del resto de su familia, Parra nunca apoyó la Unión Popular de Allende y siguió enseñando en la universidad después del golpe de Pinochet. Pero cuando el Papa polaco fue a Chile escribió: “La sonrisa del Papa nos preocupa / SS debiera llorar a mares / y mesarse los pelos que le quedan / ante las cámaras de televisión / en vez de sonreír a diestra y siniestra / como si en Chile no ocurriera nada / que se ría de la Santa Madre si le parece / pero que no se burle de nosotros”. Poco antes (más precisamente en 1977) había escrito: “Que levanten la mano los valientes / A que nadie es capaz / de arrancarle una hoja a la biblia / cuando el papel higiénico se acabó / A que nadie se atreve / a escupir la bandera chilena / A que nadie se ríe como yo / cuando los filisteos lo torturan”.

Se admirara o se odiara a Parra, había que reconocerle su fidelidad absoluta al género que inventó. Cuando le dieron en Guadalajara el Premio Rulfo, empezó su discurso de agradecimiento diciendo: “Hay diferentes tipos de discursos / El discurso ideal / es el discurso que no dice nada / aunque parezca que lo dice todo”. Lo pongo en verso porque así lo leyó. Y así lo incluyó en su libro Discursos de sobremesa, que está compuesto enteramente de textos leídos al recibir premios y honoris causas. Y que, por supuesto, son todos antipoemas. Es decir, reversos exactos del discurso ideal: parece que no dicen nada, y logran decirlo todo. Mi preferido es el que pronunció en el centenario de Vicente Huidobro, que se titula Also sprach Altazor (y que debajo aclara “Título del original en inglés: Hay que cagar a Huidobro”). Empieza preguntando qué sería de la poesía chilena sin Huidobro, para defender después la megalomanía del poeta (“Sus opiniones nunca pecaron de moderadas / incluso llegó a atreverse / a enmendar la plana al propio Homero / que no debió haber dicho jamás, segun él / las nubes se alejan como un rebaño de ovejas / sino lisa y sencillamente / las nubes se alejan balando”). Y sobre el final hace su famosa declaración: “Hay una frase de Huidobro / No creo que haya otra más sobrecogedora / en todo el reino de las bellas letras: / una mujer descuartizada / viene cayendo desde hace 140 años / A mí me deja mudo”.

Mentira, por supuesto: nada dejaba a mudo a Parra. El otro día se murió, a los 104 años, después de esperar contra toda esperanza que le dieran el Nobel. A quienes llegaban en peregrinación a verlo en su escondite del sur de Chile les contaba que, en el preciso lugar donde alzó su casa, había antes un castillo hecho enteramente de tejuelas de alerce. “El que entraba ahí se quería quedar a vivir para siempre”. El castillo estaba medio abandonado cuando Parra lo compró, y el cuidador que vivía ahí se tuvo que ir a su pesar. Pocos días después, un incendio destruyó el castillo. Todas las señales indicaban que el cuidador había provocado el fuego. Parra se lo encontró contemplando las cenizas aún humeantes y le dijo: “¡Huevón de mierda, mira lo que hiciste!”. El cuidador le contestó sin apartar la mirada: “Yo quería esa casa más que usted”. Heidegger decía que la poesía es la casa del ser. Parra vio arder esa casa y levantó otra sobre sus cenizas. Están los que dicen que fue él quien la quemó. Y están los que dicen que nadie quería esa casa tanto como él.

Tomado de Página 12. 24 de enero 2018.

Topografías: Miqueas

Este escrito, disculpen, es una impertinencia, pero ocurren cosas que uno debe aceptar y contar como llegan, con ironía y cariño. Hace unos días, mientras caminaba fantaseando por la playa, encontré a mi amigo el poeta. Suelo verlo así o así a él le gusta aparecerse: columbrando la lejanía como atento a una gran visión o como si se hubiera vuelto tonto. De inmediato, me habla de un libro suyo que, a juzgar por lo que cuenta, es muy raro. Me dice: “Imagínate una obra de ficción, no te digo novela porque todavía no sé lo que es, que casi se escribiera a sí misma, sola, poco a poco, con el menor esfuerzo, en fragmentos escritos a través del tiempo, con el ritmo de esas olas que trae el mar.” Y empezó a echarme el rollo. Primero, comienza por el verbo “miquear”, lo que me suena sospechoso. Me informa que solo lo encontró en el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico. Por tanto, es vocablo boricua, ay mi madre. Me ilustra con las definiciones: “No estudiar, vaguear”, “tontear”, “Perder el tiempo en el trabajo por vagancia”; “Actitud de ocio, algo fácil de hacer. Coger todo a vacilón. Coger las cosas con calma. Vacilar. Vaguear.” Entonces le pregunto qué tiene que ver la palabra con el libro. Contesta: “Mucho, el verbo es el origen del nombre del protagonista, Miqueas.” Y rápido me habla de Wittgenstein. “Según el pensador austríaco, todo lo que puede ser dicho debe ser expresado con claridad, y lo que no se puede decir no debe intentarse decir. Lo que está más allá del límite de lo decible es el sinsentido y el disparate. Y eso puede ser cómico, ¿no? Pues en ese límite, en esa orilla de extraña playa habla Miqueas a través de metáforas, pleonasmos y circunloquios, etc. Donde Filosofía calla, Fantasía goza. ¿Me entiendes?” No, pero callo, y él continúa con su discurso. “Será un texto paródico y cómico que invite a pensar. El protagonista es un ‘sabio’ que, por razones contradictorias o ambiguas, será desterrado a una islita. Allí tendrá visiones del pasado remoto de su isla natal. Hay una relación humorística con los modelos de vidas de sabios antiguos y libros sagrados como los fragmentos de los presocráticos, la Biblia, el Tao Te Ching etc. El juego con los temas de la sabiduría, el conocimiento, la espiritualidad, la creación, entre otros, será obvio.

Habrá varios prólogos. Uno establece que un personaje, aquí, recibe el manuscrito desde la lejana isla de Chipre. En una carta, los remitentes, una pareja de profesores retirados, de origen griego, (que habrá perdido a su hijo en las luchas políticas) le encomienda la protección del texto que, a su vez, habrá llegado a sus manos de manera azarosa. El antiguo manuscrito, como un niño huérfano, habrá sobrevivido los avatares del tiempo incluyendo el torbellino de violencia de la historia de Chipre en el siglo veinte que hasta conecta con el líder religioso Makarios.” Mi amigo se entusiasma y añade: “Desde ahí ya encontraríamos el tema de una isla dividida y en lucha consigo misma por ideologías, etc. El destinatario del manuscrito deberá ser su guardián y lector, y deberá haber algún juego de palabras con su nombre y su doble función, por ejemplo, algo así como Héctor -protector de Troya- y su apellido Léctur.” ¿Cómo Aníbal Caníbal? le digo pero no hace caso.

“El manuscrito será una colección de fragmentos de hechos y dichos estrafalarios y contradictorios de y sobre Miqueas que incluiría los comentarios del editor, los discípulos y de un falso discípulo. Uno podría ser “fiel” y entusiasta seguidor (el Sublime), otro, su negador (el Renegado), y otro sería un proponente de la incoherencia (el Indiscípulo K). Al final, la desaparición física del ‘Maestro’ deberá ser motivo de diversas interpretaciones cerrándose el libro con una pluralidad de epílogos, a semejanza del comienzo.

En la historia se barajarían tres tiempos. 1. En el presente estaría el editor y el “héroe” lector que deberá proteger el manuscrito. 2. En una especie de época antigua tendríamos a Miqueas en la cueva donde tiene visiones etc. en la islita del destierro. 3. En otra época, en el remoto pasado de la isla natal de Miqueas, a la cual el visionario tendrá acceso, estarían los “primigenios”; en ese tiempo prevalece la convivencia entre sabios y sabias. Sus nombres deberán sugerir la imaginación libre que huye de los simples simbolismos. Por ejemplo, algunos nombres azarosos podrían ser Ataraxia, Cadencia, Nimia, Triquis, Piques, Costras, Síncope etc. En esa época, deberá aparecer misteriosamente –casi de la nada– una gigantesca masa a modo de cordillera, como gran plasta viscosa, con forma de sandalia, entre otras, que atraviesa la isla y que será nombrada como el Enigma. Los personajes se dispondrán a entrar en la Gran Masa para descifrarla, pero su ruta se podría bifurcar bruscamente hacia otros caminos, por ejemplo, la búsqueda de alguien muy querido que ha desaparecido y cuyo nombre, ese sí, sugeriría el Comienzo o Primer Principio de la Realidad. Algo así como Arjé o Arjeo. El punto es que al final se llegará al mismo sitio. Ese Arjé podría ser el viejo encargado de limpiar las plazas de encuentro de los remotos primigenios. El resultado de tal expedición coincidirá con una catástrofe natural causada por la “Virazón del Ser” que a su vez coincidiría con la desaparición o transformación de Miqueas. El tal ‘Ser’ podría ser un inmenso e inocentón mamífero marino sobre cuyo lomo descansaba la remota isla. La desaparición de la ínsula y de Miqueas impedirán la comunicación entre los tiempos. Sin embargo, hay un puente al porvenir: una sabia primigenia, Ataraxia, será salvada por sus amigos escualos y cetáceos. Al final, circularán versiones contrarias del ‘sabio’ y su descendencia que podrían incluir al editor del libro. (También, en el presente, regresará del clandestinaje el hijo de los remitentes del manuscrito. Su prole llevará los nombres de los sabios primigenios. Ja.) ’Miqueas’ deberá ser un texto que nunca termine ya que gran parte de su sentido o razón de ser es el acto mismo de leer e interpretar.”

Le pregunto por el título, y me contesta: “ Mi favorito es ‘Evangelios para Miqueas’, por las muchas voces que dan noticia de este personaje de pura palabrería. Pero no me decido.”

Sí, es un enredo de islas, sabios, temas y épocas. Pero se trata de un querido amigo y eso me basta. Entonces le digo, ¿ya has escrito esos “Evangelios”? Él, muy tranquilo, levanta una mano y con el dedo índice tocándose la cabeza dos veces contesta: “Lo tengo todo aquí.” Vaya, no has escrito nada. Y él riposta, “ni tanto, hermano, que tengo algunos apuntes”. Finalmente, termina diciendo: “Si la vagancia lo permite, algún día veré escrito el libro y proclamaré su buena nueva”. A lo que yo añado burlón, ¡si Moira Krataia lo dicta! (o sea, el Destino Poderoso, en el idioma de la Ilíada). Él se ríe y asiente. Así, me despido deseándole suerte al poeta mientras sigo por las arenas de mi isla natal fantaseando frente al mar.