Inicio Blog Página 1867

CRUCIGRAMA: José de Diego

Horizontales

1. Ciudad natal de José de Diego Martínez, poeta, político, escritor y defensor de la nación puertorriqueña.

6. Música popular bailable.

8. Tejido delgado y transparente de seda, algodón o hilo.

11. Hacías cosas propias de rufián.

13. Caballero de la _____; apelativo dado a De Diego por su defensa de la cultura nacional.

15. _____ de Diego; autor de Pomarrosas (1904), Jovillos (1916), Cantos de rebeldía (1916) y Cantos de pitirre (1950).

17. Res vacuna de más de un año y que no pasa de dos.

18. _____ York; ciudad donde falleció De Diego.

19. Atrévanse.

22. Del verbo caer.

24. Escuchar.

27. Removiese la tierra con el arado.

29. Acción y efecto de bramar.

31. Pronombre.

32. Sexta nota musical.

33. Bebé.

34. Líquido transparente y volátil, usado en medicina como anestésico.

35. Observas.

36. 16 de _____ de 1918; fallecimiento de De Diego.

38. Amarra.

40. Pasta de almendras, nueces, pan rallado y tostado y miel.

42. 16 de _____ de 1866; nacimiento de De Diego.

43. Cantos de _____; poemario de De Diego.

46. Pancho _____; patriota mexicano.

48. Mamífero carnívoro de gran tamaño.

49. Perduren.

51. Margot _____ de Vázquez; autora de “La obra literaria y el pensamiento poético de José de Diego”.

52. El _____ Americano; seudónimo con el que firmaba De Diego sus artículos en La República, bisemanario político fundado por él.

Verticales

1. Que sucede o se repite cada año.

2. Partido _____ de Puerto Rico; fue presidido en 1914 por De Diego. Luego se separó del mismo cuando el partido abandonó el ideal independentista.

3. _____ Alighieri; poeta italiano.

4. Bejuco.

5. Senda o lugar por donde se abrevia el camino.

7. Inclina la proa hacia la parte de donde viene el viento.

9. Costumbres.

10. En la _____; poema de De Diego.

12. Academia Antillana de la _____; De Diego fue miembro fundador.

14. Símbolo del argón.

16. Conozco.

20. José de _____ Martínez; entre su obra jurídica destacan La codificación administrativa: notas para un libro (1890) y El plebiscito puertorriqueño (1917).

21. Apuntes _____ delincuencia y penalidad; escrito jurídico de De Diego.

22. Tipo de carruaje.

23. Campeón.

25. Asistir.

26. Dicho de una persona: Manifestar, descubrir con su porte su mala inclinación y ralea.

28. Cantos de _____; poemario de De Diego.

30. José de Diego _____; el proyecto de la unión antillana y su lucha a favor de la institución obligatoria del español como lengua de la enseñanza en Puerto Rico, fueron dos de sus principales luchas.

35. Camina de acá para allá.

37. _____ Palés Matos; poeta puertorriqueño, autor de Tuntún de pasa y grifería.

39. Símbolo del aluminio.

41. Aupar.

42. Cantor épico de la antigua Grecia.

44. Atoé, llevé a remolque una nave.

45. Papel, función que alguien o algo desempeña.

47. Artículo gramatical, fem.

50. Algún.

TOPOGRAFIA: Ateo espiritual

Tengo un vecino parlanchín a quien quiero mucho, qué remedio, que después de echárselas, a lo largo del tiempo, de escéptico, agnóstico y ateo, ahora me habla de espiritualidad. (Yo creo que es la vejez. Además, hace poco se acaba de retirar.) Pero no habla de cualquier espiritualidad –oh no– sino de una espiritualidad atea. Así mismo. Yo le dije que esas palabras eran contradictorias. Pero él me ripostó que no. Me dijo que el espíritu y la falta de creencia en un dios no son opuestos.

La verdad es que, muy a mi pesar, mi vecino me puso a pensar, y me lo vio en la cara pues rápido empezó a ilustrarme. Si la espiritualidad –me dijo– tiene que ver con el  espíritu, pues entonces son los asuntos de este los que le atañen a ella. ¿No? Y hablar del espíritu es hablar esencialmente de la naturaleza humana caracterizada por el pensamiento y el sentimiento, es decir, por pensar y sentir. A la vez que nos preguntamos (con el pensamiento) por qué existe todo lo que existe, por qué no todo es nada o para qué hemos nacido, y cosas así que nos causan dolor de cabeza, (pregúntale si no a Stephen Hawking, el famoso físico) también sentimos la angustia de no tener las respuestas, también experimentamos día a día distintos sentimientos en nuestras relaciones con el universo, con los otros y con nosotros mismos. Pues ahí está: todo eso tiene que ver con la espiritualidad. En realidad, lo del espíritu también es material en el sentido de que las relaciones humanas son realidades concretas, no abstractas. Convivimos con otros seres tan reales como nosotros.

Después del discursito, mi vecino metió la mano en su bulto de cuero gastado y me mostró un libro (temí que me apuntaría con una Biblia): The Little Book of Atheist Spirituality, del filósofo francés André Comte–Sponville. Me dijo que este señor, después de ser profesor de la Sorbona en París, ahora vive de sus libros y conferencias. (Jum, –me dije– no está mal para hablar de ateísmo y cosas afines.) Pensé que el prestigio de la universidad y la venta de libros, de por sí, no significa gran cosa, que lo importante son las ideas, pero no le dije nada por no discutir. La verdad es que quería que me prestara el libro, y me lo prestó. De más está decir que insistió muchísimo en que se lo devolviera pronto. Empecé a leerlo.

Me llamó la atención el capítulo titulado “Can There Be an Atheist Spirituality?” (o sea, ¿puede haber una espiritualidad atea?) donde el autor narra una experiencia de comunión con el universo y de sensación de eternidad.

Relata el filósofo (en las páginas 155 a 160) que en una ocasión, hace años, paseaba con un grupo de amigos por un bosque. Estaban contentos. Hablaban y reían. Era de tarde y caía la noche.  Las voces se fueron apagando. Una sensación de paz y felicidad invadió al autor. Cuenta que sintió, en el silencio, la presencia completa de lo absoluto. Toda la realidad se hacía presente y se sentía en ese instante que duró apenas segundos. Afirma que experimentó la sensación de ser eterno aquí y ahora. Según él, vivió una experiencia mística, de unidad con la totalidad.

Días después, cuando le mencioné el capítulo a mi vecino, este insistió en hablarme de sus experiencias.

Me contó que cuando niño, su abuela le dijo dos reglas de vida: creer en “Dios” y portarse bien. Me explica ahora la filosofía oculta de esas palabras. “Dios” es la visión de lo absoluto, la explicación del cosmos, que todavía busca el señor Hawking; y “portarse bien” no es otra cosa que ser solidario, propiciar o estar abierto a la conexión con los otros. La experiencia de la eternidad o con ese “no tiempo” extraño muchas veces ocurre con los otros.

Su abuela también le dio las primeras lecciones mágico–espirituales de arte. En su casa había un cuadro de Cecilia Orta, la pintora carolinense. Era la imagen de un indio con plumaje y unas montañas a su alrededor. Se llamaba Catú y lo seguía a él con su mirada. Con sus ojos tristes, se parecía al actor Víctor Mature. Pues bien, su abuela le decía que mirara con atención, pues en un rincón del cuadro estaba Cristo. Se trataba de una pequeña montañita, apenas un pico inclinado. Mi vecino se tardó un tiempo en verlo, pero lo vio. En otra ocasión, la abuela le dijo –mirando una servilleta arrugada–, que ahí había un espíritu. Tal vez, estaba loca, (lo más probable) pero –insistió– ella le abrió los ojos. (Ya en este punto, de seguro, Claridad ha descartado a mi vecino como posible colaborador del periódico.) Le comenté que esas dos experiencias no necesariamente equivalían a espiritualidad. Me ripostó que conducen a ella, que son una preparación para abrir el espíritu, a través de la mirada, a otras dimensiones de lo real, que esas experiencias fueron lecciones de cómo mirar e ir más allá estando aquí, o sea, cómo crear un puente con otra dimensión sin abandonar el espacio y el tiempo donde se está. Bueno, le dije, sobre eso se podría hablar más.

También me contó de otra experiencia, con su madre. Era el año de 1976, mi vecino era un joven universitario. Ya había cumplido con sus labores de funcionario de colegio del Partido Socialista Puertorriqueño. Su madre y él se aventuraron a caminar y ver el ambiente en Santurce, por la avenida Fernández Juncos entre las paradas 22 y 20, en dirección de San Juan. En aquel atardecer, iban los dos, distanciados por sus votos, pero tranquilos, viendo los carros que pasaban con las banderas de los partidos, ninguno con la del suyo, el puño y la rueda. Siguieron caminando y mirando mientras se decían cualquier cosa de lo que veían por el camino. Dice mi vecino que ahora comprende lo que sintió en esa tarde. Me explicó que, aunque no pasó gran cosa, sí ocurrió algo grande en el tiempo, que se grabó en su memoria. Ocurrió un momento de unidad entre dos seres que, si bien, debían sentirse unidos por la circunstancia de un nacimiento, estaban separados por sus ideas políticas y creencias religiosas (ilusiones, dirían los budistas). Pero en ese día de días, que marcaría al país por los años venideros, su madre y él comulgaban, en paz, entre ellos y con el universo, mientras pasaban los carros con banderas, y caía la noche. (Qué ironía: era la víspera del “romerato”, cuyo extravío fanático culminaría en los asesinatos en el Cerro Maravilla.)

Esta vez, le comenté a mi vecino que la experiencia sí se parecía más a la que tuvo el filósofo.

En fin, la verdad es que mi amigo parlanchín me ha puesto a pensar.

La espiritualidad es una necesidad del individuo, y es única y válida, aunque usted no crea en ningún dios o crea en muchos. Tal vez, el truco esté en respirar un aire que es de aquí pero también de más allá, y que nos une a todos con el “Todo”, ayudándonos a vivir en ambas dimensiones. Fácil. ¿No?

Por ahora, sigo leyendo el libro de ateísmo espiritual, a ver si recupero la fe. (La ambigüedad es adrede.) Gracias, vecino. Ya figuras en “Topografía”.

El autor es poeta y profesor de la UPR en Río Piedras.

Fabricando docilidad El disimulo de la violencia

En Los guardianes de la libertad Noam Chomsky argumenta que “la propaganda es a la democracia lo que la violencia es a la dictadura”. El título original del libro es Manufacturing Consent, que pudiéramos traducir por Fabricando consentimiento.   La palabra “propaganda” según es definida por el DRAE guarda gran similitud con la definición de “proselitismo”. En ambos casos se da a conocer algo con el fin de ganar adeptos. No obstante si leemos la definición de “propaganda” en el Oxford English Dictionary, el término en inglés carga consigo una dimensión negativa que al parecer no está presente en el español. Veamos. Propaganda: “Información, especialmente de naturaleza parcial o engañosa, empleada para promover una causa política o un punto de vista (la traducción es mía)”.

En consonancia con la cita que ya vimos de Chomsky, Neil Postman en su magistral estudio sobre los medios Amusing Ourselves to Death, da cuenta de cómo nuestro mundo actual queda mejor representado por la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley y no por 1984  de George Orwell. Si el estado, en su versión orwelliana, evita que la población entre activamente en el circuito saber/poder por vía de intimidación y castigos, a la Huxley se consigue el mismo efecto saturando a la población de entretenimiento.

En la historia de la humanidad, estamos viviendo en el siglo con el índice más bajo de muertes producidas por guerras. En las sociedades agrícolas antiguas el quince por ciento de sus poblaciones perecía producto de las guerras; en el siglo 20, el cinco por ciento pereció por guerras; y, en el inicio del siglo 21, sólo el uno por ciento (Harari, 2016). ¿Acaso esto significa que se han obliterado las luchas de poder entre países? Nada más lejos de la verdad. Basta con ver los nuevos modos neocoloniales. Distintos métodos, resultados similares. Harari también argumenta que en el futuro cercano, quedaremos privados de nuestra libertad, no por coacción de los estados, sino porque voluntariamente la entregaremos. Concederemos nuestra libertad a cambio del pragmatismo que nos ofrecen los algoritmos al retroalimentarlos con información personal y privada (ej. Facebook, Amazon, Google, etc).

Lo que todos estos escritores plantean es un cambio de paradigma en los métodos de control. De la violencia unilateral característica del autoritarismo, hemos pasado a una violencia pasiva. En la medida en que se disimula la violencia, se simula cooperación y civismo.

La simulación de cooperación

Durante el feudalismo las jerarquías sociales estaban bien demarcadas y los modos de dirigirse entre personas variaban de acuerdo a la posición que cada cual ostentaba. Sin embargo, durante la transición del feudalismo al capitalismo, esto es, de la relación señor/campesino a la relación vendedor/comprador, para que el comercio se diera en un marco civilizado y de orden, había que asumir una igualdad entre las partes. El sinólogo Michael Puett (2016) explica cómo el rito de decir “por favor” y “gracias” surgió como un derivado de ese supuesto de igualdad entre vendedores y compradores. Según Puett los ritos nos transportan a un espacio que él denomina “como-si” (as-if). El decir “por favor” y “gracias” durante una transacción, abre un espacio por un tiempo determinado en el que actuamos como-si fuéramos iguales. Esta igualdad, claro está, no es real; de ahí la necesidad del rito, para dar orden a una realidad que justamente, no es ordenada. (El hecho de que tengamos un Departamento de Asuntos del Consumidor nos deja saber que el supuesto de igualdad, es sólo esto: un supuesto. Las violencias jerárquicas continúan incólumes).

El capitalismo trabaja de maneras misteriosas, y el no interesarnos por estos misterios, descifrarlos y usarlos a nuestro favor, nos coloca en desventajosa posición. Como se afirmó arriba, el hecho de que la violencia física haya mermado en los últimos dos siglos, no significa que el control y el poder centralizado hayan disminuido. Hoy día luchamos contra una violencia latente, esparcida cibernéticamente (en el sentido original de la palabra) de tal manera que cada vez es más difícil identificar sus fuentes y vías.

Llegados a este punto, examinemos una táctica concreta empleada en el mercadeo y estudiada a fondo por la psicología. Robert B. Cialdini en su libro Influence: The Psychology of Persuasion narra cómo un día, mientras caminaba por la calle, un niño Boy Scout se le acercó ofreciéndole en venta un boleto para una actividad anual de la organización que representaba. El costo del boleto: cinco dólares. Caldini cuenta que luego de rechazar la oferta, el niño le dijo, “Bueno, si no quieres comprarme ningún boleto, ¿qué tal si me compras una de nuestras barras grandes de chocolate? Cuestan tan sólo un dólar (la traducción es mía)”. Cialdini accedió y compró un par de barras. ¿Lo extraño? Cialdini nunca había gustado del chocolate. ¿Qué fuerza extraña lo había motivado a terminar con un par de chocolates en sus manos, a pesar de no gustar de este sabor? Una vez en su oficina, Cialdini reunió a sus asistentes de investigación y se dieron la tarea de analizar lo sucedido.

Cialdini designó a la táctica utilizada por el niño Boy Scout rechazo-luego-retiro (rejection-then-retreat) o rechazo-moderación (rejection-moderation). En resumidas, dicha táctica consiste en hacer una oferta inicial que exceda por mucho la oferta que realmente se quiere proponer; de este modo, si la oferta es rechazada, la “contraoferta” da la impresión de ser una concesión. Cialdini, junto a otros investigadores, publicaron los resultados de tres experimentos distintos bajo el título Reciprocal Concessions Procedure for Inducing Compliance: The Door-in-the-Face Technique, en el cual se nos dice que el 50 por ciento de los sujetos acceden a una oferta si se emplea la táctica rechazo-moderación, frente a sólo un 16.7 por ciento que recibieron la oferta pequeña directamente. ¡La sumisión se puede fabricar!

Desde que surgió la noticia de los recortes presupuestarios en la Universidad de Puerto Rico, se han escuchado dos cifras distintas: trescientos millones y cuatrocientos cincuenta millones de dólares. Ahora recordemos al Boy Scout de Cialdini. Posiblemente en un futuro cercano tengamos a los estudiantes y a la Junta de Control Fiscal celebrando el acuerdo mutuo, producto de concesiones de parte y parte. ¡Que se preparen los estudiantes si, como Cialdini, no gustan del chocolate!

De igual manera que no hay que tener un grado en ciencias de computadoras para reconocer cuando una computadora nos ha dejado de funcionar, fácil es reconocer cuando el sistema nos ha fallado, lo difícil es repararlo o cambiarlo. Para esto último primeramente hay que tener un conocimiento básico de cómo funciona el sistema, por más críptico que nos parezca al inicio. ¿Saben los estudiantes o la población en general cómo funcionan los bonos? ¿Saben las diferencias entre los bonos y las acciones y sus respectivas correlaciones en las fluctuaciones del mercado? ¿Cómo ejercer presión en un sistema impulsado por el mercado si no se conoce lo que es y cómo funciona?

Junto a la táctica rachzao-moderación existen miles más que logran de manera efectiva manipular tanto a individuos como a sociedades enteras. En casi todos los deportes la estrategia de un jugador se tiene que adecuar a la de su contrincante; y la efectividad en gran medida dependerá de cuán bien se conozca el sistema del opositor (¡y las dinámicas del juego!). Si bien las protestas, manifestaciones, huelgas y demás, ayudan a llamar la atención sobre ciertos asuntos, y en algunos casos conseguir exitosamente ciertos reclamos, lo cierto es que difícilmente trastocan las nuevas estructuras de poder.

Aunque el propósito de este texto es identificar el disimulo de la violencia y la simulación de cooperación, naturalmente nos asalta la preocupación de cómo atender el problema en cuestión. Gilles Deleuze hablaba del “devenir revolucionario de los individuos”. Michel Onfray, siguiendo esta línea, nos dice que en estos tiempos posmodernos las revoluciones a la antigua son inútiles; propone “revoluciones moleculares” o “atómicas”. Según él, estas revoluciones “micro” tienen la capacidad de contagiarse por reacción en cadena. Naomi Klein en su libro cada vez más relevante No Logo, nos habla sobre el vínculo del capitalismo con las marcas comerciales y sus vulnerabilidades; también sobre la posibilidad de impactar las marcas para crear cambios sociales. Estas son solamente algunas pistas que pueden servir de punto de partida a nuevos debates para elaborar y desarrollar estrategias nuevas.

Habría, pues, que retomar una filosofía que sea una puesta en práctica. Asumir el cuerpo como vehículo político y hacer de la vida toda el argumento filosófico.

Más democracia en las Justas de la LAI

La regla que controla la cantidad de atletas no-puertorriqueños que pueden participar en la LAI ha democratizado el podio de los ganadores, repartiendo las puntuaciones entre más instituciones.

La situación llegó a salírsele de las manos a la LAI y en las Justas de 2013 la cantidad de extranjeros llegó a casi 150, los que dominaron ampliamente el podio de los medallistas, relegando a los demás a puntos misceláneos. Obviamente, las universidades privadas, especialmente las de mayor capacidad económica, como la Inter y las tres que componen el Sistema Ana G. Méndez (Turabo, la UNE y la UMET), se repartieron la mayor parte del bizcocho.

Ante la seriedad del movimiento que amenazaba con separar a todo el sistema público y formar un nuevo organismo paralelo, la LAI respondió con la aprobación de unas enmiendas de vanguardia, en las que es justo destacar que recibieron el apoyo de algunas privadas, como las de Ana G. Méndez.

Ahora cada institución tiene derecho a un máximo de dos extranjeros por sexo en deportes con más de quince atletas, como son las Justas de Atletismo. Además, la cantidad de extranjeros está limitada a uno por cada sexo en deportes con máximo de quince atletas participantes.

Aparte de esos estrictos controles, se legisló para atender casos excepcionales a la regla que específicamente permite “la presencia de  dos atletas domiciliados, que hayan estado en la Isla dos años antes de ingresar a una institución universitaria local …”.

La interpretación y posterior implementación de esa parte de la regla provocó fuertes discusiones en el seno de la LAI, que horas antes del inicio de las Justas llegaron a los tribunales, prevaleciendo fundamentalmente la interpretación de la institución.

Aun así, atletas de solo cinco universidades ganaron eventos en ambos sexos. Las tres de Ana G. Méndez (Turabo–13, la UNE–4 y la UMET–2) y la Inter–10 lograron la mayor cantidad de primeros lugares combinados, mientras que con cuatro oros, el Colegio de Mayagüez rompió el copo de las privadas.

Cayey ganó tres en féminas y Humacao uno, mientras en hombres la Católica se impuso en tres pruebas y la UPR en dos.

Además, Bayamón, Ponce, Arecibo y Carolina lograron puntos, así como Caribbean University y Sagrado.

Cada universidad puede inscribir un máximo de dos competidor@s en cada evento, que otorga diez puntos a la primera posición, ocho a la segunda, seis a la tercera y en orden descendente de cinco al cuarto hasta un punto al octavo.

MUJERES

La jamaiquina del Turabo Asaine Hall fue la Atleta Más Destacada de las Justas con un máximo posible de 35 puntos, producto de tres medallas de oro en pruebas individuales (100, 200 y 400) y otras dos en los relevos (4 x 100 y 4 x 400).

El Turabo se coronó al despegar ocho puntos y medio sobre la Inter (162.5 – 153), que dejaron a la UNE (103) y la UMET (99) tercera y cuarta, respectivamente. En la batalla de las “públicas”, el Colegio de Mayagüez (97) dominó a la UPR (93).

Por su parte, Angelín Figueroa fue la Reina Boricua de las Justas al imponerse en los eventos lisos de mayor distancia (10,000, 5,000 y 1,500). Para culminar, aun con 15,000 metros de carga encima corridos en dos días, guardó su mejor actuación para el evento de su preferencia (1,500), en el que estableció la única marca para todas las Justas, con 4:21.96. Con relativa facilidad, la carolinense que estudia biología en Cayey, le redujo más de siete segundos a la marca que desde el 2013 estaba en poder de la dominicana de la Inter, María Mancebo, una de las mejores corredoras de esta generación y que era de 4:29.05.

Entre las restantes ganadores hay que destacar a Erika Serrano, quien le regaló a Humacao su única medalla de oro.

Los restantes oros fueron tres de la UNE, dos del Colegio de Mayagüez y una de la UMET.

NO HUBO COPOS

Como ejemplo de lo que he llamado la democratización de las Justas, en todas las pruebas de mujeres, no hubo una sola en que una misma institución copara primero y segundo.

De hecho, la distribución fue tan grande que en apenas tres eventos el Turabo y la Inter se repartieron oro y plata. Las Taínas se impusieron en cinco pruebas individuales y los dos relevos, mientras las Tigresas hicieron lo propio en cuatro.

HOMBRES

En hombres ganó el Turabo, apoyados en la declaración de inelegibilidad de un atleta de la Inter, posición que fue revalidada en los tribunales de justicia del país. Aun así la diferencia fue de apenas cuatro puntos (174–170).

Contrario a las féminas, no hubo un solo atleta específico que cargara al Turabo a la victoria, sino que fue su profundidad en todas las áreas, particularmente los eventos de distancias. Aun así, si hubiera que identificar a un Taíno, debía ser Yuber Echevarri con dos primeros (3,000 con obstáculos y 10,000) y segundo en 5,000.

EL ESPECTÁCULO DE LOS HERMANOS SANTOS

Los hermanos Juander y Luguelín Santos cargaron a la Interamericana hasta las puertas del campeonato, con tres oros individuales y uno más en relevo, así como otras tres medallas de plata para un total combinado de 59 de los 170 puntos de su institución.

Sin lugar a dudas, los hermanos dominicanos de la Inter fueron los atletas de mayor nivel internacional de las Justas. Juntos guiaron a la Inter al oro en el relevo de 4 x 400 metros y esperaban hacerlo también en el de 4 x 100. Juander, por su parte, venció a su hermano en 200, aunque ganó, no pudo romper la marca de los 400 con vallas, en poder del medallista olímpico Javier Culson y fue segundo de Ricardo Torres del Turabo en los 110 con vallas.

800 METROS – EVENTO PARA LA HISTORIA

Ese evento y los 800, posiblemente definieron las Justas. En las dos vueltas a la pista, Ryan Sánchez, que corre con el uniforme del Turabo, venció a Luguelín en un verdadero clásico, que será recordado por años. No fue solo su marca de 1:46.76, sino el temple y el control de sus emociones demostrado por el adolescente carolinense, lo que le permitió volver atrás para doblegar al medallista olímpico qisqueyano, que tuvo que conformarse con 1:48.67.

La Católica con tres oros (1,500, triple salto y el relevo de 4 x 100) y la UPR con dos (100 y 1,500), se incorporaron a los que ubicaron atletas en lo más alto del podio.

Filadelfia también: Para completar el rompecabezas de la historia de la diáspora

La publicación en 1977 de las memorias de Bernardo Vega, libro que todavía hay que estudiar con más detalle, por la cantidad y calidad de su contenido histórico y por la historia aún sin explorar de su propia creación, cambió nuestra visión de la diáspora puertorriqueña en los Estados Unidos. Vega nos hizo descartar la idea casi aceptada como dogma que las comunidades boricuas, especialmente la de Nueva York, se establecieron a partir del final de la Segunda Guerra Mundial cuando, definitivamente, se dio una emigración masiva a esa ciudad. Con el relato de la vida de su tío Antonio –¿personaje real?, ¿ente literario?– nos hizo ver que las comunidades puertorriqueñas en esa y en otras ciudades de los Estados Unidos tuvieron sus orígenes en el siglo XIX y que antes de 1945 ya habían producido movimientos culturales y políticos de interés e importancia. Por ello siempre he dicho que la investigación sobre la diáspora boricua en los Estados Unidos se divide en dos periodos, aBV y dBV: antes de Bernardo Vega y después de Bernardo Vega.

Pero por años el foco de interés de los investigadores se ha centrado casi con exclusividad en Nueva York. Esta ciudad, el centro de la emigración puertorriqueña a los Estados Unidos, parecía tener el monopolio absoluto sobre la investigación histórica y social de este hecho. Pero poco a poco han ido apareciendo estudios sobre las comunidades boricuas en otras localidades estadounidenses: Chicago, Boston y hasta el lejano Hawái. Por ello mismo, hoy le damos la bienvenida a un texto que estudia la historia de los puertorriqueños que emigraron a Filadelfia; se trata de un libro de Víctor Vázquez-Hernández, Before the Wave: Puerto Ricans in Philadelphia, 1910-1945 (New York, Centro Press, 2017). Este breve libro es una muestra más del magnífico trabajo que ha hecho y sigue haciendo el Centro de Estudios Puertorriqueños de la Universidad de la Ciudad de Nueva York para apoyar y difundir el estudio de la realidad boricua en los Estados Unidos.

Before the Wave… es un trabajo que se basa en nueva investigación histórica y sociológica y también, como buen texto académico, se construye a partir de investigación hecha anteriormente. Así lo reconoce el autor con sus frecuentes referencias, por ejemplo, a los estudios de Carmen T. Whalen, quien hasta el momento era la estudiosa que más detalladamente había investigado el tema, y el libro de Virginia Sánchez-Korrol sobre nuestra comunidad en Nueva York, libro que en gran medida le sirve de modelo principal a Vázquez-Hernández para el estudio de nuestra presencia en la ciudad que por un tiempo fue la tercera de mayor población puertorriqueña en los Estados Unidos, después de Nueva York y de Chicago. El autor reconoce que se apoya en la investigación previa para avanzar la suya. Su honestidad académica es impecable y reconoce, sin así expresarlo y como Newton, “estar subido a hombros de gigantes”, como decía el físico inglés repitiendo lo dicho por los maestros medievales. Sin el trabajo de otros investigadores – además de Whalen y Sánchez-Korrol hay que mencionar a Jorge Duany y, sobre todo, al propio Bernardo Vega – este libro no existiría; pero recalco el rigor y la honestidad de su autor al reconocer la labor anterior en la que apoya su propia investigación.

Pero ¿qué contribución hace Vázquez-Hernández para ir completando el gran cuadro de la historia de la diáspora? El autor, más allá de interpretar cifras sacadas de los censos y de explorar periódicos y archivos, tuvo la gran oportunidad de entrevistar a puertorriqueños que vivieron la experiencia de la temprana emigración a Filadelfia o a familiares suyos. Esa historia oral, pues, se convierte en la contribución central de su estudio. También ofrece fotos y documentos –anuncios de fiestas y actividades políticas y religiosas– que le sirven para crear una imagen aún más detallada del proceso de formación de esa comunidad. Pero la evidencia, en el fondo, es escasa y, por ello, a veces se repiten en las páginas del libro los mismos nombres; es que todavía hay más investigación que hacer, aunque no cabe duda de que este breve estudio de Vázquez-Hernández servirá a futuros investigadores de la presencia boricua en Filadelfia.

El título del libro promete un estudio de la emigración boricua a esa ciudad entre 1910 a 1945, año cuando comienza la entrada masiva de boricuas a los Estados Unidos, emigración fomentada tanto por el gobierno insular como el metropolitano. A pesar de la promesa del título, Vázquez-Hernández dedica el último capítulo de su libro a los años posteriores a 1945. Aunque no estudia ese periodo con tanta atención como lo hace al que declara como su objetivo desde el título, el estudio de este periodo reciente va en contra del compromiso hecho en el título y convierte así el libro en una historia de la emigración boricua a Filadelfia desde 1910 hasta hoy. Pero lo que podría parecer una falla es en verdad un mérito. De todas formas, el interés de Vázquez-Hernández claramente se centra en la primera mitad del siglo XX. Eso se nota por la ausencia de un análisis detallado de la población boricua en Filadelfia –los Philly-Ricans como a veces se les llama– a partir de los censos más recientes, como hace muy detalladamente para los años anteriores a 1945.

Dos rasgos más quiero destacar del estudio de Vázquez-Hernández. El primero es la atención que siempre le presta a la presencia de los tabaqueros entre los grupos hispanos en Filadelfia. Desde que Vega destacó esa importantísima presencia en la comunidad puertorriqueña, los historiadores de la diáspora han tenido que prestar atención a ese grupo obrero que desempeñó un papel tan importante en nuestra historia, acá y allá. Filadelfia fue un centro de producción tabaquera desde el siglo XIX. Para el periodo que Vázquez-Hernández estudia quedaba sólo una gran fábrica de cigarros en Filadelfia, la Bayuk Brothers Cigar Company. Pero había aún otras pequeñas y hasta chinchales o talleres donde trabajaba una sola persona. La mecanización de la industria tabaquera fue uno de los factores más importante para la desaparición de estos obreros en Filadelfia y en todos los Estados Unidos. Patricia A. Cooper, en su importante estudio sobre los sindicatos de tabaqueros, Once a Gigar Maker: Men, Women, and Work Culture in American Cigar Factories, 1900-1919 (1992), apunta el importante papel de las mujeres en la industria del tabaco en Filadelfia y, en particular, en Bayuk Brothers donde dice que para principio del siglo XX trabajaban más de mil. Aunque Vázquez-Hernández no dedica toda su atención a los tabaqueros y las tabaqueras hispanos(as) de Filadelfia, su libro nos hace ver una vez más que es imposible entender la temprana historia de los puertorriqueños, los cubanos, los españoles y los mexicanos en los Estados Unidos sin prestarle atención a ese grupo obrero.

El segundo rasgo que quiero destacar del libro de Vázquez-Hernández es su visión pan-latina de la comunidad puertorriqueña en Filadelfia. Ya Vega había observado la unidad y solidaridad entre puertorriqueños y otros hispanohablantes en el siglo XIX y principios del XX en Nueva York. Lo mismo se puede decir de la historia de nuestra comunidad en Filadelfia y así lo establece y lo recalca Vázquez-Hernández. Por ello constantemente les presta atención a los otros emigrantes de origen hispano que ayudaron a formar una comunidad puertorriqueña en Filadelfia. Con el crecimiento de la población boricua esa unidad se fue quebrando. Hoy, cuando en ciudades como Nueva York, la emigración dominicana, mexicana y de otros grupos latinoamericanos crece, los puertorriqueños volvemos a sentir la necesidad de la unión y la solidaridad con todos esos otros hispanos. Es esa necesidad lo que en el fondo fomenta la transformación de los grupos hispanos en latinos. Ya en el siglo XIX y a principios del XX veíamos ese mismo proceso que el Vázquez-Hernández correctamente llama pan-latino y que apunta y examina en el caso particular de la comunidad puertorriqueña en Filadelfia.

Mucho queda por estudiar para tener un mejor y más amplio cuadro del proceso de formación de nuestra diáspora, proceso que acertadamente Sánchez-Korrol definió como uno que va “from colonia to community”. Este libro de Víctor Vázquez-Hernández ofrece una pieza más en ese rompecabezas aún inacabado. Por ello hay que felicitar al autor y darle la bienvenida a su libro. Así sinceramente lo hago.