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La de­–presión de Puerto Rico

En tiempos recientes la frase que da título a esta columna es usada con frecuencia, sólo que sin el guión en su segunda palabra. Una y otra vez aparece en medios de prensa, la radio, la televisión y las conversaciones. Se refiere a la decadencia económica que el país ha sufrido desde hace ya más de una década. La depresión de Puerto Rico alude a la recesión económica que, por haberse prolongado y profundizado, ha pasado a considerarse una categoría diferente y más grave. Pero esta “depresión” esconde otras y la frase hecha, repetida sin cesar, intenta nombrar un panorama complejo que se difracta en múltiples manifestaciones en todas las direcciones y en muy diversos niveles.

De–presión significa, literalmente, una pérdida de fuerza, un vaciamiento de empuje, un venir a menos. El cerco que los bonistas y acreedores imponen al gobierno y la imposición por el Congreso estadounidense a la colonia de Puerto Rico de la Junta de Control Fiscal, hacen que los asuntos económicos se conviertan en los únicos que aparentemente se consideran importantes y visibles. Sufrimos de un azote de cifras. Sin descanso escuchamos números: millares de millones de dólares adeudados, porcientos de aumentos de impuestos o tasas y de reducciones de servicios, ciudadanos que se convierten en guarismos para cuadrar el presupuesto o calmar temporalmente a los buitres. Es una lucha matemática y, a la vez, fantasmagórica. La mención de una cifra u otra, el enfrentamiento encarnizado entre las partes por aumentarla o disminuirla, crean la ilusión de que se está operando sobre la realidad. El tiempo de la Junta ha inventado una nueva gramática y, en ella, los números se han convertido en verbos.

Pero esto es una ficción y si se examina nuestra situación más allá de las apariencias, se descubre que si algo nos rige en el presente es la inmovilidad y la inacción. Ésta es también, y quizá más profundamente, la verdadera de–presión del país y acaso sus manifestaciones económicas son más bien consecuencias en lugar de obrar como causas.

Puerto Rico ha permanecido en un reino de la espera. Según las épocas y las situaciones, se han aguardado pacientemente la llegada de los barcos y los aviones, las leyes y la comida, los sís y los nos. Siempre se han esperado decisiones hechas por otros. En nuestra particular gramática, el yo y el nosotros han sido sustituidos por el él y el ellos. Solamente conjugamos en tercera persona.

Durante el dilatado siglo americano de nuestra historia, el país volvió a tomar la ruta de la espera. Se esperó más de medio siglo para tener un espejismo de gobierno propio, ciertos sectores están dispuestos a esperar la estadidad más allá de sus vidas; los graves síntomas de la gran crisis que vivimos se ignoraron confiando en que la espera se convertiría en una salvación decidida y ofrendada por los señores del norte. Nos hemos dado cuenta que la espera no sirve de nada, pero aun nos empeñamos en esperar que estemos equivocados. Esta última reflexión, circular y claustrofóbica, parece ser la descripción más apta del estado actual de nuestra clase política.

Las heridas abiertas de la espera se pueden ver por todas partes. Nuestras ciudades y pueblos son acumulaciones de ruinas, nuestras instituciones educativas y salubristas viven un proceso acelerado de desmembración, las caras, cuerpos y mentes de nuestra población muestran patentemente las marcas claudicantes de la de–presión: el envejecimiento prematuro, la inseguridad y el miedo, el deseo de incapacitarse y depender para siempre. Pero esta de–presión se manifiesta también en otros ámbitos. El Partido Popular adopta como política la postura del avestruz que mete la cabeza en un hueco. El independentismo y el soberanismo no encuentran cómo formar un movimiento que no sea únicamente reactivo ni cómo desarrollar y presentar al país un proyecto fuera de la espera de una hipotética decisión de Washington. El actual gobierno del PNP espera no verse forzado a abandonar su particular preferencia dietética por el “banquete total”, combina retórica con grandes ventas patrimoniales para aplacar a la Junta y comprar así más tiempo de espera, subido al potro provisto de todos los hierros y otras chulerías. Miles de puertorriqueños dejan el país haciendo el acto de malabarismo más instantáneo de la de–presión: desapareciendo sin rastro, mudando sus problemas para ver a qué sabe la espera en otras latitudes.

Mientras tanto el tiempo pasa y nada pasa que no sea lo que otro decide y hace por nosotros. Quizá el momento histórico llegue en que, por puro acto de supervivencia, la de–presión de Puerto Rico se troque en la presión de Puerto Rico. Ríos de gente por las arterias de la ciudad dispuestos a acatar una unidad de mínimos en lugar de una división de mínimos. Entonces quizá el tiempo de la espera se convierta en esperanza. Entonces, con suerte y esfuerzo, podamos haber dado fin a la era de los números.

A los tibios los vomitará la tierra

Pensando en cuál sería el tema de esta columna con tanto que nos atacan desde todas partes, alguien me envió un fragmento de una entrevista que Jorge Ramos (CNN) le hace a un líder del KKK (Triple caca le deberíamos llamar). Ramos le pregunta al supremacista blanco, (después de haberle asegurado que los blancos son superiores y que deportarían a 11 millones de seres humanos “ilegales” que se estima que hay en Estados Unidos ), si usaría la violencia. El KKK le contesta: “Usaría todas las armas que estén a mi alcance. (pausa) Usaría la soga.” Hay un silencio ensordecedor. Ramos se repone y sólo alcanza a dar las gracias por permitirle entrevistarlo.

Desde entonces siento un dolor inmenso. Este supremacista con sólo mencionar la posibilidad de “usar la soga” ha logrado crear un sentimiento de terror en mi ser que ha exacerbado todo el dolor por los acontecimientos que estamos viviendo como pueblo y parte de la humanidad.

Puerto Rico pasa por un momento crítico en su desarrollo. Esta crisis puede dejarnos fortalecidos como pueblo o sumirnos aún mas en la impotencia. Mientras el país se hunde, los trabajadores, administradores y profesionales se empobrecen, hay una elite que sigue viviendo en la jauja a espaldas del pueblo. Contratos a los amigos del alma, sueldos astronómicos para administradores nombrados por extranjeros a pagarse del limitado presupuesto que se supone sea para beneficio del pueblo de Puerto Rico.

Lo peor de todo es que el pueblo sigue en “LA LA LAND” y el desgobierno de Rosselló lo alimenta con sus estupideces y cuentos infantiles sobre la estadidad. Ésa es claramente una estrategia de diversionismo.

Desde la izquierda, a su vez, parecería que aún no nos hemos dado cuenta que nos va la vida a todos, y con eso quiero decir a la humanidad completa. Hablo aquí como una militante más. Como dice la canción de Ana Belén: “Me mata la estupidez.” Tener que gastar tiempo y energía en defender quioscos, en evitar que desarmen los esfuerzos unitarios que con tanto cuidado y trabajo se arman es agotador, frustrante y alarmante. Es alarmante porque refleja una incapacidad de entender el momento y como decía Martí, “Hacer lo que hay que hacer en cada momento”.

Es momento de cerrar filas como tan eficientemente lo ha hecho la derecha global siempre. La unidad y apoyo en todas y cada una de nuestras luchas es más importante que cada una de nuestras organizaciones o nuestras posiciones de liderato.

Somos afrodescendientes, latinoamericanos, de pueblos originarios y descendientes de europeos, cristianos, ateos, judíos, musulmanes, puertorriqueños, caribeños. Tenemos que tener la capacidad de trascender nuestra unicidad y diferenciación y crear una empatía colectiva que nos sensibilice y prepare para la defensa del otro en el colectivo. La soga nos puede tocar a cualquiera de nosotros, a cualquiera de nuestros seres queridos que han emigrado en busca de su sustento. Somos una sola nación de 8 millones. Nos hermanamos con 600 millones de latinoamericanos y caribeños. Somos internacionalistas. La lucha contra el neoliberalismo es una lucha global como globales son sus arquitectos.

En estos momentos EEUU es una bomba de tiempo, y es La Madre de las Bombas. El fascismo en EEUU se fortalece y expande con una rapidez sólo comparable a la que vivió el pueblo alemán. El discurso de superioridad racial combinado con el antisemitismo y anticomunismo es lugar común y peligrosísimo pues apela a las masas sin educación que en EEUU ronda en los 40 millones de personas que buscan a quien inculpar por su falta de acceso al llamado sueño americano.

EEUU es como el Titanic y si se hunde se lleva todo lo que esté a su alrededor. Puerto Rico, herido de muerte ya, no podría sobrevivir. Por eso nuestra lucha por la soberanía es la lucha por la sobrevivencia no sólo como nación sino que físicamente como pueblo. Una crisis en EEUU de grandes proporciones afectaría el flujo de comida a Puerto Rico, tan sencillo como eso. Tan sólo el evento de Charlottesville ha creado una caída de la bolsa de valores. Futuros acontecimientos pueden causar un tsunami en la economía. Esto en conjunto con los ataques terroristas en Barcelona y Finlandia estremece la economía mundial y nosotros somos parte de esa economía por nuestra dependencia de EEUU.

Habrá quien diga que esto es una exageración, o el adjetivo favorito de la cultura macharrana, es una histérica. Éstos son procesos que ciertamente no ocurren de un dia para otro. En Alemania tardó décadas desde la Primera Guerra Mundial, que pudieron ponerle coto por un par de décadas, hasta que de momento adoptó un ritmo vertiginoso que desencadenó en la Segunda Guerra Mundial. Pero los signos están todos ahí.

Hay que romper la soga que nos ata a EEUU. Hay que redoblar esfuerzos en la denuncia del colonialismo. Tenemos que radicalizar nuestras respuestas a las actuaciones de la Junta de Control Fiscal y sus títeres del patio. Tenemos que arreciar los esfuerzos de educación al pueblo. Tenemos que llevar nuestro mensaje soberanista al pueblo de EEUU y al mundo entero.

Ahora el 1 de septiembre miles de hogares verán reducido su ya menguado sustento. ¡Qué pasa que no estamos en la calle¡ ¡Qué pasa que no paramos este país¡ ¿Vamos a esperar que llegue el 1 de septiembre para quejarnos? Si es verdad que el gobernador no está de acuerdo con la reducción de la jornada laboral tendría que instruir a todos los trabajadores del gobierno, policías incluidos, que se unan a un paro nacional.

Pasemos de la resistencia a la acción, arreciemos la lucha. Salgamos de los lamentos borincanos. No vale la dejadez, el cansancio, la indiferencia ni la frustración. A los tibios los vomitará la tierra.

Las esclavitudes actuales

No deja de ser irónico que cada año la Organización de Naciones Unidas (ONU) consagre el 23 de agosto como “Día Internacional del recuerdo del tráfico de esclavos y de su abolición”. La ONU habla de “recuerdo del tráfico y de su abolición”, como si actualmente la llaga de la esclavitud ya no ocurriera en el mundo. Sin embargo, organismos internacionales publican que actualmente se calculan en 2 millones y 16 mil personas que viven como esclavos/as en diversos países del mundo. En América Latina, incluso en Brasil, aún hay terratenientes que mantienen campesinos en situaciones semejantes a la esclavitud. En países de África y sudeste de Asia, las niñas se ven obligadas a casarse con quienes pagan a sus padres un precio estipulado. Las que no ceden a ese destino están obligadas a prostituirse para sobrevivir en ciudades a donde huyen. Ese cuadro en sí ya es trágico y vergonzoso. El escándalo mayor es que, muchas veces, en la historia, las religiones e Iglesias han sido conniventes y cómplices con la esclavitud. A pesar de la actitud profética de algunos que denunciaban la esclavitud y contra ella luchaban, la mayoría de los miembros de las Iglesias cayó en ese crimen. En América Latina, el papa Jauan Pablo II pidió perdón a las comunidades indígenas y negras por la omisión y participación de eclesiásticos en ese escándalo. Por desgracia, todavía hay señales y noticias de grupos que se dicen religiosos o cristianos y mantienen estructuras de comercio y de trabajo con situaciones equivalentes a la esclavitud. Grupos neo pentecostales son acusados de explotar trabajadores en sus organizaciones. Y en la política, congresistas defienden posiciones contrarias a la justicia, sin sentir que eso es un escándalo para la fe.

En estos días, en Brasil, la regresión social y política que vivimos posibilitó que congresistas hayan votado contra diversas conquistas jurídicas de los trabajadores, incluidas en la Constitución Federal. Hay incluso quien, de manera deliberada, dé declaraciones de carácter racista y esclavista. Es urgente que todas las personas de bien, ligadas a cualquier tradición espiritual, o sin ninguna pertenencia religiosa, se unan en la defensa de la dignidad de todo ser humano y del derecho a la vida, al trabajo remunerado y a la justicia social. Parafraseando a San Ireneo de Lyon, un pastor de la Iglesia del siglo III, el santo obispo mártir Oscar Romero, mártir de América Latina, afirmó: “La gloria de Dios es la vida y la liberación del pueblo oprimido”. El apóstol Pablo escribió: “Fue para seamos libres que Cristo nos ha liberado” (Gl 5, 1).

Saskia Sassen El ascenso de las lógicas extractivas y las geografías de expulsión

Especial para En Rojo

El pasado 11 de julio, durante la 16 ª Conferencia Bienal de la Asociación Internacional para el Estudio de los Comunes en Utrecht, Países Bajos, Saskia Sassen ofreció una charla magistral sobre el auge de las lógicas de extracción en nuestra economía y las geografías de expulsión.

La charla de Sassen comenzó situando el surgimiento de las actuales lógicas extractivas –que son evidentes en sectores de recursos naturales como la minería y la silvicultura, pero también en corporaciones digitales como Facebook y Google– en la “transformación fundamental” del capitalismo que se ha producido desde los años ochenta como resultado de la desregulación y privatización de la economía global. Esta “nueva época” de lo que denominó un “capitalismo irónico” se caracteriza por una completa falta de interés por siquiera un bienestar marginal de la fuerza de trabajo o de comunidades afectadas por actividades corporativas, una responsabilidad sustancialmente reducida de las corporaciones y la aparición de “formaciones depredadoras” (predatory formations). Es, como ella explica en su libro Expulsiones (Harvard University Press, 2014), un cambio de la valoración de las personas como consumidores a la extracción de valor a través de una proliferación de instrumentos complejos.

En su reciente artículo, “Predatory formations dressed in Wall Street suits and algorithmic math” (Science, Technology & Society vol. 22(1), pp. 1–15, 2017), Sassen ha descrito estas formaciones como de carácter sistémico y basadas en “conjuntos” (assemblages) de elementos medulares de conocimiento y tecnologías complejos procedentes de dominios y capacidades esenciales en nuestras sociedades. Estos incluyen la matemática algorítmica, la ley y la contabilidad, y la logística avanzada. Tales conjuntos se instalan dentro de la infraestructura física e institucional de los estados-nación, con un único propósito: la extracción de un beneficio máximo, lo más rápidamente posible. Esto, a su vez, cambia dramáticamente los territorios y las vidas, tal como lo dramatizan los ejemplos de Sassen de la desaparición completa en dos décadas (1989-2009) del Mar de Aral –uno de los mayores mares internos del mundo– y la drástica reducción de la hoja de hielo de Groenlandia en los últimos diez años.

Una de las formaciones depredadoras más importantes es el sector financiero especulativo o lo que Sassen denomina “high finance”. Para ella, este, y no el “sector digital”, como se suele afirmar, es el equivalente de la “máquina de vapor” de esta nueva época del capitalismo. Esta formación predatoria de high finance “vende algo que no tiene”, y está compuesta por diferentes operaciones, de las cuales Sassen habló de dos: los canjes de crédito en impago (credit default swaps), y los fondos buitre. Los credit default swaps son inversiones en préstamos riesgosos –como las “hipotecas subprime” detrás de la crisis de vivienda 2007-2008– que son remuneradas si caen en impago. Como señala Sassen en su artículo “Formaciones predatorias”, el objetivo de este instrumento, desarrollado en los años 2000, no es ampliar el acceso a la vivienda, sino “utilizar el bien físico real (la casa) para desarrollar una seguridad respaldada por activos “que podrían ser empalmados en múltiples bits (para ampliar el número de estos valores), mezclado con deuda de alto grado (para garantizar una buena calificación) y desplegado de inmediato, es decir, vendido a los inversores” (2017, p. 6). En l conferencia, Sassen subrayó el asombroso crecimiento de estas formaciones: el valor global total de los credit default swaps pasó de 19.000 millones de dólares en 2001 a 62.2 billones de dólares en 2007, cifra superior al PIB total de todos los países del mundo. Así, como señala en su artículo, las hipotecas subprime han convertido el espacio urbano –y especialmente los barrios de bajos ingresos– en espacios de extracción mucho más allá del mecanismo de gentrificación, en una especie de acumulación primitiva.

El segundo tipo de operaciones de formaciones predatorias discutido por Sassen fue el de “fondos buitre”, un tipo de fondo de cobertura (hedge fund) que especula con deudas consideradas en dificultades o en peligro de incumplimiento (que equivale a una apuesta a que el deudor incumplirá), que la autora analiza (junto con L.L. Owens) en más detalle en su artículo “The vultures of Wall Street” (Boston Review, octubre 2, 2014) Sassen mostró cómo estos fondos han estado adquiriendo enormes cantidades de la deuda de países en riesgo de impago a través de todo el mundo, y recibiendo ganancias cada vez mayores sobre estas ‘inversiones’. Proporcionó el dramático ejemplo de Elliot Management, propiedad del multimillonario Paul Singer, que ha logrado beneficios “salvajes” en la deuda soberana de varios países: 35,5 millones de dólares en Panamá, 46,6 millones de dólares en Perú, 70 millones de dólares en Congo y, potencialmente, más de 2.000 millones de dólares sobre la deuda de Argentina (pendiente). Hedge Clippers informó además que Elliot Management espera un rendimiento estimado de 1380% sobre su inversión inicial en Argentina (“Hedge Fund Vultures in Puerto Rico”, Hedge Papers No. 17, 2015).

Los impactos de estas transacciones en los países involucrados son incuestionables, sobre todo cuando recurren a dramáticas medidas de austeridad para pagar lo que muchos consideran una deuda ilegítima e ilegal. En su conferencia, Sassen reflexionó sobre cómo estas formaciones depredadoras están cambiando el espacio urbano de forma dramática y rápida. Las hipotecas subprime fueron una de las causas clave de la crisis de la vivienda en los Estados Unidos en 2007-2008 (por ende conocida como la “crisis de las hipotecas subprime”), que llevó a 14.5 millones de familias estadounidenses a perder sus hogares en solo una década. Uno de los resultados de esto ha sido que las tierras urbanas centralmente localizadas en muchas ciudades han ido quedando vacías, abandonadas. Esto, a su vez, ha creado “oportunidades” para un tercer tipo de operación de depredación del high finance: las empresas fantasma (shell companies) que invierten en bienes raíces para ‘desarrollos de lujo’. Señaló el dramático crecimiento de la inversión extranjera en las grandes ciudades de todo el mundo, como Londres, Nueva York, París, Tokio, Amsterdam, Madrid, Shanghai y Los Ángeles (en su libro Expulsions se enfoca en estos procesos en Nueva York, Tokio, y Londres). La inversión extranjera en propiedades existentes entre 2013-2014 en todo el mundo alcanzó $55 mil millones ($55 billones) de dólares en las 100 mejores ciudades, mientras que en 2014-2015 aumentó significativamente a $1 trillón de dólares (para más detalles, véase el artículo de Sassen “Who owns our cities – and why this urban takeover should concern us all”, The Guardian, noviembre 24, 2015). Hoy en día, los activos inmobiliarios en todo el mundo representan casi el 60% del valor de todos los activos globales. Cerca de 65,000 edificios han sido comprados por compañías extranjeras fantasma entre 2005 y 2014. Por ejemplo, en Londres, una empresa china ha comprado cientos de edificios históricos, mientras que la familia real de Qatar tiene más del centro de Londres que la reina de Inglaterra. Esto no se trata de desarrollar viviendas para las necesidades actuales, sino más bien de invertir en la posesión de tierras con fines especulativos. Como resultado, muchos de los edificios que se compran están vacíos. En la Bloomberg Tower de Nueva York, por ejemplo, el 57% de los condominios son propiedad de compañías fantasma y actualmente no tienen residentes. Como detalla Sassen en otro artículo reciente, estas “ciudades globales” son producidas por y para corporaciones globales (particularmente en el sector financiero), que a pesar de estar altamente digitalizadas, necesitan “lugares centrales” –quizás más que nunca– donde puedan acceder a un conjunto completo de servicios especializados complejos (“The Global City: Enabling Economic Intermediation and Bearing Its Costs”, City & Community, vol. 15(2), pp. 97-108, 2016). Así, nos explicó Sassen en su conferencia, estas ciudades están cada vez más marcadas por la producción de los extremos: un centro de la ciudad “densamente urbanizado” pero lleno de edificios corporativos “muertos”, y una periferia en expansión de los expulsados ??del centro en nombre de la “modernización“. Sassen señaló los procesos similares que ocurren en las áreas rurales, donde el “acaparamiento de tierras” mata ecologías y gente para la minería, plantaciones agrícolas a gran escala, represas y otros planes de desarrollo.

Los planteamientos de Sassen reflejan, y nos ayudan a entender mejor, la profunda crisis actual de Puerto Rico. Los fondos del buitre han comprado casi el 25% de la deuda del país a precios altamente descontados, y esperan billones en beneficios, mientras que activamente hacen lobby para la privatización profunda, la desregulación, los despidos públicos y los recortes de gastos (vése el informe de Hedge Clippers citado arriba). Casi la mitad de la deuda podría ser ilegal, pero nuestro gobierno se niega a llevar a cabo una auditoría de la deuda. Para el año 2015, casi 15,000 hipotecas estaban en riesgo de incumplimiento (“Aumenta la expropiación de vivienda en la Isla”, El Nuevo Día, octubre 24, 2015), y más de 7,000 hogares habían perdido sus hogares (recuperados por los bancos) con un valor de más de $560 millones dólares (L. García Pelatti, “Los bancos tienen más de 7,000 viviendas reposeídas”, sincomillas.com, junio 7, 2015). Entre 2009 y 2015 hubo más de 60,000 acciones judiciales por desalojo, la gran mayoría contra personas de escasos recursos, como detalla Luis José Torres Ascencio en “La vida desahuciada” (80 grados, marzo 24, 2017). Este proceso de desahucio de nuestras vidas –también marcado por la emigración masiva fuera de la isla– ha sido aprovechado por multimillonarios y empresas multinacionales de inversión de bienes raíces como Cushman & Wakefield que, como los fondos buitre, se aprovechan de la situación de crisis –y de los incentivos especiales de las leyes 20 y 22– para hacer dinero fácil. Basta pasear por Hato Rey, Santurce y Viejo San Juan y prestar atención a los letreros de se vende para ver la cada vez mayor cantidad de propiedades adquiridas por estas empresas en años recientes. De hecho, ya en el 2014 el Wall Street Journal había documentado el número creciente de empresas de inversión del tipo private equity y “manejadores de propiedades” que estaban comprando o desarrollando hoteles y residencias de lujo, generando cerca de $1 billón de dólares en dos años en ganancia en propiedades “upscale”. Según el artículo, los inversionistas de bienes raíces no ven ningún problema en Puerto Rico – para ellos no hay crisis, más bien bonanza (“Real-Estate Investors See No Problem With Puerto Rico”, julio 15, 2014). Otro artículo más reciente en la revista de finanzas Bloomberg documentó el continuo proceso de compras de bienes raíces por corporaciones multinacionales como Goldman Sachs, Perella Weinberg Partners, y TPG Capital, así como billonarios como John Paulson (quien adquirió el hotel Vanderbildt y es además parte de un fondo buitre que compró deuda en Puerto Rico), y Nicholas Prouty (el desarrollador de Ciudadela y comprador de Marina del Rey en 2012) (“Big Money Is Buying Up Puerto Rico’s Risky Real Estate”, julio 14, 2017)

¿Qué hacer para contrarrestar estos procesos extractivistas y depredadores? Sassen concluyó argumentando que el potencial para hacerlo reside en las luchas de los expulsados ??en las fronteras de las áreas urbanas, en los sitios de encuentro de actores de diferentes mundos donde no hay reglas establecidas. Es en el espacio fronterizo donde aquellos sin poder pueden “rehacer la historia”, donde los marginados que han sido invisibilizados reclaman su derecho a la ciudad diciendo: “estamos presentes”. Así, argumentó Sassen, debemos esforzarnos por mantener vivas estas fronteras, estos espacios flexibles en las ciudades, donde la gente puede hacer y rehacer sus propias economías, relaciones, vidas.

Si bien Sassen no entró en detalles en este argumento acerca de permanecer presente, éste nos recuerda la proposición de Judith Butler y Athena Athanassiou en su libro Dispossession: The Performative in the Political (Polity Press, 2013). Butler y Athanassiou plantean que cuando la norma dominante es la destrucción continua de territorios y vidas, la desposesión para la acumulación de capital –como se ve en el creciente asesinato de defensores de la tierra y el medio ambiente indígenas y campesinos en todo el mundo—entonces la congregación en ‘asambleas’ públicas y la continuación y reafirmación de la existencia de los que luchan se convierten en un acto radical, contra-hegemónico. Sin embargo, esta permanencia en el lugar es un proceso colectivo: requiere una política de asamblea y un proceso de resubjetivación, es decir, un desafío a las subjetividades dominantes y una práctica de nuevas subjetividades. Como ha demostrado Melissa García Lamarca en su análisis de la Plataforma de Personas Afectadas por Hipotecas (PAH), un movimiento contra desahucios y por el derecho a la cuidad en el área metropolitana de Barcelona, las personas con “vidas hipotecadas” pueden transformarse en sujetos políticos subversivos a través de procesos colectivos comenzando con asambleas deliberativas y el posterior desarrollo de acciones directas tales como el bloqueo directo de desalojos, la ocupación de sucursales bancarias, y la ocupación y habitación de viviendas vacías que habían sido reposeídas por bancos.

* Gustavo García López es Catedrático Auxiliar en la Escuela de Posgrado de Planificación de la Universidad de Puerto Rico – Río Piedras y miembro del colectivo de ecología política ENTITLE. Trabaja en la política de acción colectiva en torno a los comunes y los movimientos ambientales.

Una versión original de este ensayo, con ciertas variaciones, fue publicada en inglés el 9 de agosto de 2017 en el blog ENTITLE (www.entitleblog.org)

El coronel dice que te quiero

Cuando un escritor no puede publicar, cuando las editoriales le rechazan cada cosa que manda, ¿cómo llama a lo que guarda en el cajón? Solos de máquina de escribir, les decía Sergei Dovlatov, y tenía una buena cantidad de ellos en sus cajones, en la Unión Soviética de Brezhnev. Dovlatov fue discípulo de Anna mátova y de Joseph Brodsky, aprendió de ellos a tener la guardia alta siempre, pero su época ya era herbívora: “Los herederos de Stalin son decepcionantes. En tiempos de Stalin se publicaban libros, y luego se fusilaba a los autores. Ahora ni se fusila ni se publica”. Por decir cosas como esta, el joven Dovlatov fue a parar a un campo en Siberia… pero como guardia: así habían cambiado los tiempos en la URSS, de Stalin a Kruschev y la gerontocracia.

Dovlatov quería estudiar Letras pero le dieron a elegir: tractorista o servicio militar. Eligió servicio militar: lo mandaron de guardia a un penal de delincuentes comunes en Siberia, donde pasó más tiempo castigado en una celda que como carcelero. Volvió tres años después a Leningrado con un libro en la mochila. La novedad de aquel libro era que rebatía la representacion clásica de la literatura concentracionaria: el prisionero como víctima y el guardia como encarnación del régimen. Dovlatov mostraba en cambio lo que tenían en común, la influencia mutua: “Los carceleros no se distinguen demasiado de los presos. Hablan la misma jerga, piensan las mismas cosas. Y el mundo exterior tampoco se distingue mucho del mundo carcelario. A ambos lados del alambre hay un mundo básicamente igual, poblado por habitantes mezquinos, egoístas, estúpidos, perezosos y venales”.

El joven Dovlatov volvió con ese libro en la mochila y, según sus propias palabras, aburrió a todo el mundo. “Entendí por qué Turgueniev se burlaba de Dostoievski recién salido de prisión. Quizá sea una ligera bravuconada demostrar familiaridad con un material de la vida tan inquietante para los demás”. Desde que volvió de Siberia en 1964 hasta que fue expulsado por indeseable de la URSS en 1978, Dovlatov no logró publicar nada en su país. En los doce años siguientes, en Nueva York, publicó doce libros cortitos y fulgurantes y después murió tal como había vivido: de un coma alcohólico. Ya conté su historia acá, un viernes hace años (“El borracho de la casa toma la palabra”), pero la muchachada platense del sello Añosluz acaba de editar otro de los libros de Dovlatov, con el hermoso título de El Oficio, y no pude resistir la tentación, porque la buena noticia es doble: no se trata en realidad de un libro sino de dos juntos, que hablan de lo mismo. El primero se llama “El libro invisible” y cuenta las tribulaciones de Dovlatov para intentar publicar en la URSS aquel libro sobre su experiencia carcelaria. El segundo se llama “El diario invisible” y cuenta la delirante experiencia de hacer un diario en ruso en Nueva York.

La gran diferencia entre Leningrado y Nueva York según Dovlatov era que, allá, la ausencia de oportunidades le daba el derecho a considerarse un genio no reconocido: “Para mis amigos en Rusia, la falta de éxito oficial se veía compensada con una morbosa satisfacción: fracasar era nuestra manera de derrotar la estupidez que nos rodeaba, lo único que sabíamos hacer bien”. En Nueva York, en cambio, descubrió que “el severísimo mandato de ser geniales” era lo que le había impedido hasta entonces dominar el propio oficio. Ahora en Occidente podría decir lo que quisiera y publicar cualquier cosa que escribiera, porque de golpe tuvieron, él y tres amigos, un diario entero a su disposición. No sabían inglés, no tenían una moneda, desconocían hasta lo más rudimentario de la rutina periodística, cuando un simpático mecenas les dio 16 mil dólares y les pidió “un diario ruso para judíos”. En realidad salía una vez por semana, igual que el otro diario en ruso que existía en Nueva York, que llevaba sesenta años clavado en el tiempo, glorificando la monarquía de los Romanov y el catolicismo ortodoxo.

Dovlatov y sus amigos aplicaron en su diario la teoría de la lógica inversa: lo que no se podía en la URSS sí se podía en Occidente, pensaron, y dieron rienda suelta al sarcasmo que era moneda corriente pero rigurosamente clandestina en la URSS. Hicieron por escrito lo que se practicaba sólo en forma oral en su país. Por un instante fueron un éxito entre la comunidad de emigrados rusos, hasta que el diario rival los acusó de ser agitadores profesionales enviados por Moscú, y no paró hasta hundirlos. En un momento fabuloso de El Oficio, Dovlatov le contesta al geronte director del otro diario: “Somos la tercera ola de la emigración, tenemos una sensibilidad enfermiza a la demagogia y a la propaganda, y un rechazo instintivo a la retórica, tenemos una desorientación moral y política y una resistencia vital que se transforma fácilmente en agresión. Odiamos el estéril espiritismo de la segunda ola y nos hacen reír los delirios infantiles de ustedes, los de la primera ola. Sí, nosotros tenemos lo soviético adentro, es cierto. Nuestra tarea principal es vencernos a nosotros mismos. El régimen no es nuestro único enemigo. Somos rusos: además está nuestra estupidez y nuestra pereza y nuestro egoísmo y nuestro fariseísmo y nuestra intolerancia y codicia y venalidad”.

Lo que más temía Dovlatov en Occidente era transformarse en “escritor occidental promedio”. No había mucho riesgo de que eso sucediera. “El encanto, como se sabe, equilibra toda clase de defectos”, dijo una vez. Cierto; cien por ciento cierto en su caso. “El talento es como la lujuria. Difícil de disimular. Y más difícil todavía de simular”, dijo también. “Las cartas en las que ofrezco un texto a una revista o a una editorial las hago siempre en papel de lija, para que no se las puedan pasar por el culo”. Podría seguir citando dagas voladoras como ésta hasta el final de la página, pero prefiero terminar con mi momento Dovlatov favorito. Ocurre cuando su mujer emigra, con la hijita de ambos, a Estados Unidos. Él no quiere saber nada con irse, le firma los papeles de divorcio y sale a festejar con los amigos, en un raid etílico que culmina dieciocho meses después, frente a un coronel de la KGB, que le dice, desde el otro lado del escritorio: “Escúcheme, Dovlatov, mire las cartas que le escribe a esta mujer, ¿no se da cuenta de que la quiere? Hágame el favor, acá tiene el pasaporte. Deje de hacer papelones y váyase de una vez”. Dovlatov llama por teléfono a su mujer desde Leningrado para anunciarle que va para allá. Su esposa le pregunta por qué. “Porque el coronel dice que te quiero”, le contesta él.

(En el período entre que su esposa se fue y él partió de la URSS, esos meses que pasó mayormente alcoholizado, Dovlatov era guía en un museo Pushkin. Después escribió un libro sensacional sobre la experiencia, los muchachos de Añosluz lo tradujeron el año pasado: La Reserva Nacional Pushkin. La foto que acompaña estas líneas es de esa época. Dovlatov es, por supuesto, el gigante de camperón de cuero que mira fiero.)

Tomado de www.pagina12.com.ar