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Estocada mortal a la participación cooperativa en la gobernanza de COSSEC

El pasado viernes la Junta de Control Fiscal aprobó el plan fiscal de la Corporación Pública para la Supervisión y Seguro de Cooperativas de Puerto Rico (COSSEC) sometido por el Gobierno de Puerto Rico. El mismo parece ser el golpe mortal a la participación del movimiento cooperativo en la gobernanza de esta corporación pública. A pesar de que el plan reconoce que la Corporación no ha emitido deuda pública, que no es deudor de obligaciones que requieran reestructuración, que no tiene déficit estructural, que no depende de fondos del gobierno central y que es capaz de pagar todos sus gastos operacionales, se impone una nueva gobernanza y un programa para mitigar “posibles” riesgos que puede confrontar el sistema cooperativo. Pero antes de entrar a discutir el plan, debemos hacer un recuento histórico para entender el porqué se le ha impuesto a COSSEC un plan fiscal.

En la actualidad, COSSEC es una corporación pública que tuvo su origen en la Ley del Fondo de Seguros de Acciones y Depósitos de Cooperativas de Ahorro y Crédito, Ley 99 de 1980, como un programa en la Oficina del Inspector de Cooperativas. Con este programa se creó un seguro similar al que utilizan los bancos comerciales y otras instituciones financieras para asegurar los haberes que sus clientes tienen depositados en dichas instituciones. El propósito del mismo era asegurar la igualdad competitiva a las cooperativas de ahorro y crédito con otras entidades financieras y el crecimiento y desarrollo de éstas en beneficio del pueblo de Puerto Rico. Cabe señalar que este fondo de seguro de depósitos a diferencia de otros, incluyó en el seguro las acciones de los socios de las cooperativas.

Una década después, este programa fue sustituido por la Ley de la Corporación de Seguros de Acciones y Depósitos de Cooperativas de Ahorro y Crédito, Ley 5 de 1990, (conocida como PROSAD-COOP) la cual creó una corporación separada de la Oficina del Inspector para asegurar a las cooperativas y velar por su solvencia económica. Esta nueva corporación, creada por el Estado con fondos privados, estableció una junta de directores con participación de representantes del gobierno y el movimiento cooperativo. Más adelante, esta ley fue sustituida por la Ley de la Corporación Pública para la Supervisión y Seguro de Cooperativas de Ahorro y Crédito, Ley 114 de 2001, (conocida como COSSEC) que reestructuró y re-designó la corporación. También, dispuso la continuidad jurídica, operacional y financiera de dicha entidad cooperativa. En esta ley es importante señalar que la corporación fue re-designada como una corporación pública, aunque no se explica en detalle el porqué ni las implicaciones de este cambio. Finalmente, en el 2008, la Ley Orgánica de la Comisión de Desarrollo Cooperativo de Puerto Rico, Ley 247, se adscribió la Corporación como componente operacional de la Comisión.

El 13 de junio de 2016, se aprueba en el Congreso de los Estados Unidos la Ley para la Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico o “PROMESA”. La misma estableció una Junta de Control y ayuda al Gobierno de Puerto Rico, incluidas sus instrumentalidades, en la administración de las finanzas públicas, y para otros propósitos. El principal de éstos, es proveer un método a un territorio abarcado para que logre la responsabilidad financiera y el acceso a los mercados capitales.

Esta ley dispone que la Junta de Control, en su plena discreción, en el momento en que lo considere apropiado, puede designar a cualquier Instrumentalidad territorial abarcada, sujeta a las obligaciones de la Ley. De acuerdo con esto, el 30 de septiembre de 2016, la Junta de control determinó que COSSEC era una de las instrumentalidades abarcadas por la Ley PROMESA. Esto se debe a que actualmente la personalidad jurídica de COSSEC es una corporación pública y por lo tanto es considerada como una Instrumentalidad del territorio.

La intervención a COSSEC por parte de la Junta de Control pone de manifiesto muchas interrogantes sobre la evolución y estructura de la corporación. En primer lugar, aunque la gobernanza de la corporación ha estado en manos de una Junta de Directores compuesta por representantes del Estado y el Movimiento Cooperativo, la financiación de la misma ha sido provista en un cien por ciento (100%) por las primas pagadas por las cooperativas aseguradas. Por otro lado, en el caso de COSSEC a diferencia de otras instrumentalidades del territorio, no emite deuda pública. Por el contrario, COSSEC, al igual que muchas cooperativas individualmente, es un acreedor del Gobierno de Puerto Rico. En este sentido, COSSEC no requiere lograr la responsabilidad financiera ni tener acceso al mercado de capital que es el propósito principal de la Junta de Control.

El plan fiscal presentado por el gobierno y aprobado por la Junta de Control Fiscal se hizo a espaldas y sin la participación activa del sector cooperativo, por lo que no necesariamente responde a las prioridades de las cooperativas sino a la propia Corporación. Al igual que otros planes fiscales presentados, la información ofrecida en el plan fiscal no presenta los detalles de las medidas específicas que se tomarán por lo que se mantiene en un estado de secretividad y de poca transparencia por parte del Gobierno y la Junta de Control Fiscal. En lo poco divulgado sobre el plan fiscal se establece que COSSEC como aseguradora de depósitos y acciones en las cooperativas, enfrenta riesgo ante las posibles reclamaciones de socios asegurados debido a las posibles pérdidas sustanciales de las cooperativas que invirtieron en bonos del Gobierno de Puerto Rico y sus instrumentalidades y la posible fuga de depósitos y acciones por una falta de confianza en el sistema cooperativo. Es decir, el plan fiscal busca proteger a COSSEC ante “posibles sucesos” a pesar que el propio plan establece que el seguro tiene el capital adecuado para cumplir con sus obligaciones regulatorias y de seguro bajo escenarios ordinarios y relativamente estresados.

Para asegurar una “ejecución efectiva del plan fiscal, al gobierno de Puerto Rico se le ha impuesto una “nueva reforma de la gobernanza” mientras el plan fiscal esté vigente y se esté implementando. La misma consiste en crear un comité compuesto por tres funcionarios del gobierno: el presidente de la Junta de COSSEC, el director ejecutivo de la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal (AAFAF) y el Comisionado de Instituciones Financieras. Este comité tendrá todas las facultades que tiene la actual Junta de COSSEC y podrá adoptar los reglamentos y la normas que sean necesarias para el éxito de la implantación del plan fiscal. Para esto el Gobierno tendrá que enmendar las leyes cooperativas en un plazo de 30 días sin consultar al sector cooperativo.

La estocada a la participación del sector cooperativo resulta cuestionable ya que les otorga a los funcionarios que responden a la política partidista del gobierno, todo el poder sobre la Corporación sin que haya una legítima representación del sector cooperativo que son finalmente los que aportan el 100% del capital de COSSEC. Esta acción no es poner en sindicatura a COSSEC como reportan algunos medios de comunicación, es una toma (taking) del Gobierno a otra corporación pública como lo hicieron anteriormente en la Autoridad de Energía Eléctrica. Esto no es una propuesta o recomendación de la Junta de Control Fiscal, es del gobierno quien presentó el plan fiscal de COSSEC. Debemos preguntarnos, ¿por qué la Junta de Control Fiscal acogió y aprobó la creación de este Comité que desplaza a la Junta de COSSEC y cómo esto garantiza el cumplimiento y ejecución efectiva del plan fiscal? Pero sobre todo, ¿cuál es el interés del gobierno en controlar esta corporación pública? Es importante recordar que fue el gobierno quien promovió, por no decir presionó, a algunas cooperativas a invertir en los bonos y permitió incluso que se obviaran las políticas de inversión de las cooperativas permitiéndoles que invirtieran más de lo debido, concentrando así sus inversiones en bonos del gobierno que hoy se valoran en aproximadamente un 49% por debajo de su valor par. ¿Cómo se puede confiar en que ahora el gobierno cumpla y gestione el plan fiscal sin la participación del sector cooperativo? Los cooperativistas no deben permitir que el gobierno continúe violando la autonomía y la independencia de las cooperativas al momento de decidir sobre los recursos económicos que no son públicos sino privados. De esta manera, las cooperativas podrían atender más eficazmente la situación por la que atraviesan sin la influencia indebida del gobierno.

Ante esta situación el movimiento cooperativo tiene una gran responsabilidad ante los socios cooperativistas y el País. En primer lugar, deben informar a todos los socios de las cooperativas la condición económica de sus instituciones, poner en práctica los valores cooperativos de la honestidad y la transparencia, no se puede seguir negando la realidad, hay que aceptar los errores y asumir la responsabilidad fiduciaria sobre las decisiones tomadas. Es preciso comunicar y educar sobre las pérdidas, la falta de liquidez, la necesidad de fusión o consolidación de algunas cooperativas para mantener la solidez del sistema cooperativo. Esta será la única forma en que nuestros socios continuarán confiando y respaldando nuestras cooperativas y evitaremos la fuga del capital del sistema. En segundo lugar, debemos ser proactivos en los cambios a las leyes cooperativas, aprovechar este momento histórico para reclamar que se restructure COSSEC y se separen las funciones de supervisión y el seguro de las cooperativas de ahorro y crédito. Reconocemos que el Estado debe mantener su rol de supervisión para garantizar el interés público de los depositantes en nuestras cooperativas, pero el seguro debe ser administrado por un ente cooperativo privado como existen en otros países del mundo, incluyendo los Estados Unidos. De paso, deben reclamar que COSSEC deje de supervisar a las Cooperativas de Tipos Diversos para que sean supervisadas por la industria a la que pertenecen, de manera que éstas puedan estar en pie de igualdad con los otros sujetos de derecho privado.

También, deben reclamar de una vez y por todas, la transferencia de las funciones de promoción y desarrollo del cooperativismo que hoy realiza la Comisión de Desarrollo Cooperativo (CDCOOP) conforme a lo establecido en su propia ley orgánica. Finalmente, debemos reclamar la salida del gobierno y la autogestión del Fondo de Inversión y Desarrollo Cooperativo (FDECOOP). En estas tres organizaciones, la co-participación del sector gubernamental y el sector cooperativo ha fracasado. La solución a esto no puede ser la sustitución o eliminación de la participación del sector cooperativo en sus Juntas, sino la transferencia de las funciones y responsabilidades

Los cooperativistas no deben permitir que el gobierno pretenda continuar controlando, mediante este plan fiscal o cualquier cambio en legislación, al movimiento cooperativo puertorriqueño. Si lo permiten, el cooperativismo nunca será una opción real de desarrollo socioeconómico para nuestro pueblo.

El autor es profesor del Instituto de Cooperativismo Universidad de Puerto Rico.

Luchar y resistir

A poco más de un año de la aprobación de la mal llamada ley PROMESA, el país comienza a sentir los estragos de esa legislación. Tal y como denunciamos muchos(as) de los(as) que creemos en la genuina descolonización de nuestro país, la Junta de Control Fiscal no venía a rescatarnos, ni a poner la casa en orden, ni a procesar los corruptos responsables de esta debacle económica y fiscal. Ya ha quedado demostrado que la Junta viene a cobrar de donde haya, para pagarle a los usureros que, aprovechándose de los cómplices que tenían en el gobierno de turno, nos endeudaron a niveles insospechados. No importa el sufrimiento y la miseria a la que haya que someter a nuestra gente, con tal de lograr el cobro de la deuda. Mientras, el gobierno de Ricardo Rosselló, que opera en absoluto contubernio con la Junta, implanta su plan neoliberal, en perjuicio de los intereses de la clase trabajadora del país. La ejecución del plan fiscal que sometió el gobierno del PNP, cuya aprobación por la Junta celebraron con bombos y platillos, presagia tiempos aciagos.

En estos momentos resulta, en extremo preocupante, la posibilidad de una reducción de jornada laboral para los trabajadores del sector público. Ello representaría un recorte a sus salarios y un serio escollo para afrontar las obligaciones cotidianas, en detrimento también de otros sectores de la economía. Esta medida se suma a las condiciones de extrema precariedad que muchos(as) experimentan, pues la falta de empleo es la orden del día, así como la falta de acceso a buenos servicios de salud, educación y transportación pública. Más de 5,000 unidades de vivienda fueron reposeídas por los bancos en el 2016, por falta de pago de los préstamos hipotecarios. A lo largo y ancho de todo el país, ha proliferado la industria de dar en prenda los automóviles, lo que demuestra la urgente necesidad de nuestra gente de acceder a dinero con relativa rapidez. Nuestros(as) viejos(as) sufren la merma en sus ya escasas pensiones, lo que abona al empobrecimiento de este sector, por los retos de salud y el desamparo que muchos(as) enfrentan en esta etapa de su existencia. No hay que ser científico nuclear para saber que el empobrecimiento en la calidad de vida, desencadena una serie de males sociales que nos afectan a todos(as). De ahí, que se dispare la criminalidad y la violencia como medio para paliar la carencia y desahogar la ira y la desesperanza. Algunos(as) recurren al uso y abuso de alcohol y drogas o al suicidio. Otros(as) optan por abandonar el país que, paulatinamente, va perdiendo los recursos humanos que necesita para reconstruirse.

Mientras todo esto ocurre, los colonialistas divagan en la constante politiquería, eludiendo enfrentar el problema de fondo que nos esclaviza y que, hoy más que nunca, necesita abordarse y resolverse: somos una burda colonia de los Estados Unidos que ellos han saqueado, ultrajado, explotado, exprimido, pisoteado y utilizado para su absoluto beneficio y el de los intereses del capital que gobierna ese país. El liderato estadista, que reniega de ser puertorriqueños, machaca el discurso fantasioso y engañoso de la estadidad, sacando provecho de la ignorancia de aquellos(as) que piensan que esa opción traerá la solución a todas nuestras desventuras. Por otro lado, ante la precarización de la vida que todos(as) enfrentamos, despilfarran los fondos públicos en pagar gastos exorbitantes de la Junta y en contratos a amigos y políticos derrotados. El liderato popular, por su parte, sigue sumido en la negación en cuanto a la implosión de su proyecto político y continúa propagando el discurso trillado del “desarrollo” del ELA. Se han convertido, a su vez, en una caricatura de oposición, afrontando con su acostumbrada blandenguería, los desmanes del gobierno de turno. Al negarse a enfrentar la realidad, ambos, PNP y PPD, se han desenmascarado como enemigos del pueblo, traicionando nuestras genuinas aspiraciones a una vida digna y justa.

Son muchos los retos que tenemos por delante, ante las medidas que impondrá la Junta con la connivencia del gobierno PNP. El país está en juego. Es, pues, tiempo de lucha, resistencia y solidaridad. Hay que luchar para salvar nuestra universidad de sus verdugos. Hay que luchar por salvar nuestro patrimonio, nuestra cultura y el tesoro que alberga el Instituto de Cultura Puertorriqueña, que enfrenta la codicia de los mercaderes que nos gobiernan. Hay que luchar contra los proyectos críticos contemplados en la ley PROMESA que pudieran promover un gasoducto en el sur y la incineradora de Arecibo. Hay que luchar contra el depósito de las cenizas en Peñuelas, Humacao y Guayama y por la salida definitiva de los mercenarios de la AES. Hay que salvar nuestra escuela pública de las garras de una administración totalmente insensible e indiferente a nuestra vida e idiosincrasia como pueblo. Hay que luchar contra la Junta, contra la corrupción, contra la privatización, contra la pobreza, contra la colonia. El gobierno, por un lado, no dará tregua en el logro de sus objetivos, irreconciliables con los nuestros. El pueblo por el otro, tiene el deber de luchar y resistir la ofensiva que amenaza nuestra propia subsistencia. La indiferencia es inadmisible.

La autora es Presidenta del Movimiento Unión Soberanista (MUS).

Ian Pagán Roig: revolucionario de la tierra

Gloribel Delgado Esquilín

Para muchos, El Proyecto Agroecológico El Josco Bravo no es una noticia nueva. Para otros es novel que en la isla existan decenas de personas queriendo ser jíbaros y jíbaras y formándose en esta finca familiar. Desde ahí, sueñan con “recampesinar” montes y levantar productos agrícolas libres de contaminantes. Su líder, Ian Pagán Roig, un agricultor de 28 años, poeta, fajón y con poder de convocatoria, los llama el ‘ejército agroecológico”. Desde el norte de la isla hace su aportación con su dedicación y entrega en una escuela de formación gratuita para productores y promotores agroecológicos que ya sobrepasan los 150.

Ese poder que tiene producir alimentos se ha convertido en una ‘transformación de mentalidad” a todo el que pasa por el Josco Bravo y aprende a generar productos. “Eso nos da un sentimiento de autosuficiencia y de libertad muy poderoso y muy subversivo. Eso sin lugar a duda hay que hacerlo sustentablemente , porque por esa visión distorsionada de desarrollo hemos estado jodiendo y degradando el planeta; al punto que nuestra supervivencia está en riesgo. Eso es lo que propone la agroecología. Pensarnos a largo plazo siempre”, comenta Pagán Roig, a partir de su interés de crear una nueva generación de agricultores ecológicos.

El joven define a la agroecología como “un arma de construcción masiva” y de transformación social, capaz de lograr reafirmación nacional. La idea es producir alimentos limpios en contraste con la agronomía convencional. Esta agricultura novel utiliza principios de la ecología y de sistemas sustentables.

En la finca de Josco Bravo, ubicada en Toa Alta, levantaba una cosecha con 5 empleados, tres agricultores y dos bueyes, Caramelo y Josco. Además, cuentan con varios voluntarios que han tomado el curso en el Josco Bravo.

El cambio climático no es chiste

¿Cómo nació su iniciativa? Hace 5 años se dio cuenta que el cambio climático no era chiste. Decidió hacer su aportación. Con estudios en agroecología en Cuba y Puerto Rico –y su formación del Colegio de Mayagüez como agrónomo– decidió comenzar una escuela de agroecología para transmitir sus conocimientos. Abrió una convocatoria y arrancó dando clases los viernes.

Su visión ha sido “masificar el conocimiento y las posibilidades” a través de esta gestión humilde y significativa.

Lo que ha experimentando en el Josco Bravo contrasta con el sentir popular de que en Puerto Rico no existen jóvenes interesados en la tierra. Sus estadísticas demuestran que un 52% de sus participantes son mujeres y un %48 varones. La gran cantidad de sus estudiantes tienen entre 31 y 32 años con un perfil educativo alto, interesados en problemáticas sociales y ambientales. “Contrasta un poco (con el referente general) de que la juventud no quiere dedicarse a la agricultura y lo que hemos visto es completamente opuesto”, sostiene.

Los efectos del cambio climático siguen agravando el panorama. “El clima nos ha hecho empezar de cero tres veces”, explica el agricultor. En Toa Alta vivieron la sequía del 2015 y 2016 y las fuertes lluvias de fines del año pasado. “El panorama es crítico. Los pronósticos apuntan a que el clima tiende a los extremos. El panorama para el trópico es más crítico. Cada vez es más importante para la humanidad pensar el desarrollo, teniendo en cuenta que el clima va a ser muy diferente a como lo conocíamos”, asegura.

Por tal razón, el creador de Josco Bravo, apuesta a la agroecología como opción vital de cambio. “Más allá de una agricultura productiva, que es el enfoque ciego de la agricultura convencional, nos toca pensar a una agricultura adaptada a un planeta cambiante, a una agricultura resiliente. Esta es una de las grandes virtudes . La capacidad de resistir y de reponerse a un disturbio en el clima”

Sus bueyes, sus amigos

Para algunos podría parecer un romántico que ara con bueyes, cuando hay tantas maneras de “adelantar” el trabajo. Pagán Roig lo tiene claro. El decidió ser un hombre libre y optó por el arado con bueyes para no deberle nada a nadie. La junta de bueyes es más económica que comprar un tractor. Además con una herramienta puede hacer diversidad de zanjas que con una máquina necesitaría más herramientas.

Sus ayudantes son Caramelo y Josco, con quienes ha establecido una conexión especial que en ocasiones define como telepática. Leer los textos que le dedica a sus animales, son material para cualquier cuento fantástico.

La academia se apunta

A nivel local la agroecología ha tomado auge, aunque el precio de sus productos ha sido criticado por algunos, como no accesible a las masas. Eso, según el agricultor, es un reto que enfrenta este tipo de cultivo. Y otro de los retos es ser visibilizado en la Academia y que existan cursos que muestren a nuevas generaciones cómo cultivar libre de pesticidas y prácticas dañinas al medioambiente.

“Lo he asumido en el Josco Bravo como una de nuestras prioridades. Visibilizar y hacer la cosa bastante profesional. Buscando ese respeto de la academia”, asegura sobre la oportunidad que le dio el Recinto de Mayagüez para ofrecer un curso el pasado semestre. “Hay que entender que la academia tiene mucho profesor viejo que viene de una escuela de pensamiento totalmente diferente, que hay mucha resistencia, seguro. Porque la agroecología pretende transformar lo que muchos de estos académicos representan. La academia se ríe, pero va legitimando, una muestra de eso el acuerdo que logramos con el RUM, sección en Mayagüez de Curso de Productores y Promotores Agroecológicos. Es un cambio inevitable”.

Cuando se habla de Monsanto, su definición es clara. Hablar de la empresa es sinónimo de “que continúe el saqueo al que se ha sometido el país a lo largo de su historia”. Pero dice que no es solamente Monsanto, sino todas las compañías que trabajan con transgénicos y se aprovechan de las recursos del país y las arcas del gobierno que entrega incentivos a multinacionales.

“Han tomado las mejores tierras del país, las aguas, los obreros agrícolas, los profesionales que educan, exponiendo las tierras a sus experimentación cuestionable, con plaguicidas, con tecnología que no está aprobada para uso comercial, exponiendo a semilla local a la contaminación. Es mucho riesgo, no tiene ningún sentido que eso suceda mientras hay una crisis alimentaria con bajos niveles alimentarios, cuando deberíamos apostando a la producción local y no cualquier tipo de producción, sino una sustentable y agroecológica de comida, favoreciendo al pequeño y mediano agricultor, que tiene un poder increíble de multiplicación en la economía”.

Parir el país que soñamos

Según asegura, en tiempo de crisis no podemos esperar nada de instituciones gubernamentales, “nos toca parir el país que soñamos y aspiramos”. La misión de Josco Bravo es tratar de demostrar que se puede y qué hacer para que se pueda. Una faena que conlleva compromiso y responsabilidad. Una meta que es posible si se es riguroso y serio, a veces exageradamente , para “que nos hagan caso”.

Si esa pasión, ese conocimiento y compromiso se juntan en un mismo fin, el resultado creará cambios. “Nos toca”, asegura “yo digo que la salvación del país y la salvación del mundo está en nuestras manos. Y todo lo bueno que va a pasar, de ahora en adelante, es porque nosotros lo vamos a hacer pasar o lo vamos a hacer nosotros”.

Será otra cosa: Mi casa no es su casa

Sé que tengo vena para esto de la coordinación de viajes. No es secreto que del último tramo de la Generación X hacia abajo, vivimos obsesionados con viajar. Hay todo tipo de análisis sobre esta conducta. Pero la realidad es que, para muchos y muchas en mi generación, las maromas para posibilitar un viajecito más se convierten en un patrón de ofuscación que a veces raya en negligencias antológicas.

¿Cuántos de nosotros no nos hemos gastado los pocos ahorros posibles en esta economía viajando? Total, al final el tiempo nos ha dado la razón. Mientras los ahorros de muchos se han esfumado con los embrollos de las pensiones, los bonos fatulos de Puerto Rico y la burbuja inmobiliaria, nosotros al menos nos los hemos viajado.

A mí la afición por el viaje me dio desde pequeña. Desde que recuerdo, soñaba con salir, explorar y hacer lo que me diera la gana. No por casualidad dos de mis libros favoritos de la infancia fueron Las aventuras de Tom Sawyer y las de Huckleberry Finn. Fui una niña feliz pero el estado de infancia siempre me provocó una sensación un poco asfixiante de cautiverio. Oscilaba entre la imaginación persistente de lo que había fuera de mi vida y un deseo muy profundo de poder ser libre. Nunca me gustó el concepto de vivir a la merced de mis padres y de mi abuela. Recuerdo muchas veces haber querido irme a aventurar a otras partes y no poder hacerlo porque, sencillamente, no guiaba ni tenía permiso ni recursos para irme a pie por ahí a donde me cogiera la noche, que era lo que yo solía añorar.

Tengo un talento particular para llegar a sitios en el medio de la nada. Esa es la única razón por la cual algunas veces he tenido la suerte de tener experiencias bastante originales, que es lo que hoy día buscan todos los turistas serios: la supuesta “autenticidad”, la “vida misma”. Nuestra legión es así. Somos ese tipo de turista que, antes que todo, pretende despojarse de su condición. Lo primero que afirmamos al pisar tierra es que no queremos el spot, bar, restaurante, hotel “tu-rís-ti-co, gracias”, repetimos cual mantra de gurú. Buscamos un lugar “auténtico”, “local”, “real”, el tipo de sitio “donde usted come con su familia”, le decimos a cuanto mesero, taxista o dependiente se atreve a entablar amena conversación con una. Sí, somos lo más clichoso que puede haber y lo sabemos. Pero continuamos con nuestro cliché porque creemos firmemente en él. Nos ha llevado lejos, nos ha mostrado cosas locas. Así, hace poco, en la península de Yucatán, interrogué a un vendedor de agua de coco sobre cuáles eran los cenotes más bonitos y apartados de los turistas. “Los que usted visita con su familia”, le dije. A esos queríamos ir. Obviamente, eran apartados pero para allá enfilamos a buscarlos. Dimos vueltas. Dudamos si saldríamos vivos de aquella exploración por un sitio desconocido y laberíntico. Pero al fin llegamos. Y tuvimos la suerte de tener un hermoso y gigantesco cenote solo para nosotros. Sin un solo turista molestoso haciéndose sus selfies, tratando de hacer amistad instantánea o preguntando huevadas. Eso solo lo hicimos nosotros en la privacidad del cenote más imponente del mundo.

Así que una va de mochilera, muy aventurera, pensándose como que no estorba al prójimo ni rompe reglas ni rituales ni provoca rupturas ni disloques culturales ni incertidumbres económicas. Una tiende a mirarse a sí misma como una turista no turística, no convencional, una forastera inofensiva, casi imperceptible. Cuando estás viajando, todo –en especial los pequeños detalles– parece muy interesante, muy sugestivo, potencialmente seductor. Esa condición estrambótica te adjudica cierto rol jerárquico pues, para observar, nombrar y reafirmar lo interesante, hay que tener al menos la cualidad de detectarlo. Y esa cualidad -te crees tú- te otorga interés y encanto por borbotones, hasta el punto de creerte  interesante también. Viajar es una expansión brutal de la curiosidad. A mí se me parece bastante a la dependencia. Una vez empiezas a gastar tus ahorros en cruzar el charco, ya no quieres volver atrás. Después de todo, el mundo es demasiado grande para los pocos años que tenemos disponibles para conocerlo.

Ahora bien. Resulta que, en esa misma onda que una replica por el mundo cada vez que puede, así mismo los veo llegar al Airbnb justo al lado de mi apartamento, o al Viejo San Juan, donde trabajo. Y no lo niego; me crean más malestar del que me gustaría aceptar. La escena me es repulsiva pero no sé exactamente por qué. Sospecho de la mayoría de los turistas que veo por el Viejo San Juan, Condado, Santurce. Me enerva tener que adelantármeles por la calle porque van paseando en la acera estrecha, completamente lentos y perdidos, mirando a todas partes como esas actrices que hacen de locas en las telenovelas (pero sin el estilo). Todo mientras yo intento volar a almorzar para regresar a tiempo a la oficina.

Los otros, llegan al vecindario con su escándalo, con su música mala, sus amanecidas en días de semana. Algunos se creen los dueños de la calle, del edificio, de los sitios donde van, eso me enloquece. Pero lo peor es salir a tu barcito de esquina preferido y encontrarlo abarrotado de turistas, al punto de no hallar ni un rinconcito para tomarte tu cerveza. Tener entonces que largarte. Y cuando vas a los barcitos de San Juan, donde de joven de tomaste tus primeras cervecitas con tus amistades, resulta que ahora son negocios finos decorados de chinchorros. Algo loco que jamás imaginaste. Donde antes podías darte unos cuantos tragos con los amigos y comerte algo, ahora que trabajas y eres adulta, apenas puedes darte una o dos Medallas. Con las fondas ha pasado lo mismo que con los chinchorros, al menos en San Juan. Ahora son restaurantes caros decorados como fondas. Es extrañísimo. Si la fonda o el chinchorro están tan de moda: ¿Por qué no pueden ser lo que aspiran a ser: fonda y chinchorro, después de todo?

La gente normal, de clase media ya no puede vivir en el Viejo San Juan porque es más rentable alquilar una propiedad en Airbnb que a una persona con un salario promedio que la viva a largo plazo. Desde la ventana de mi oficina estoy viendo la super remodelación de un edificio que me he enterado es ahora propiedad de un árabe, seguramente atraído por la Ley 22 que los exime del pago de contribuciones. Si no me lo hubiesen contado, yo hubiese seguido pensando que estaban construyendo un hotel. Así es la casita del señor, a quien pronto veré bañándose en su piscina y haciendo uso de su tremendo bar mientras yo continúo trabajando cada vez más largas horas.

En ciudades como Venecia, Barcelona, Roma, San Sebastián, Dubrovnik, y en las islas baleares como Ibiza y Mallorca, ya existen movimientos bien organizados contra los efectos del turismo moderno en las vidas y economías de la gente. Miles de personas ya no pueden costear una vivienda en sus ciudades porque el turismo ha elevado los precios extraordinariamente. Viven literalmente en furgonetas, acampan o gastan todo su salario en un cuartito alquilado. Ya es bastante normal caminar por esas ciudades y ver murales que leen: “Turista, tú eres el terrorista”; “Turistas, bastardos”; o “Dejen de destruir nuestras vidas”.

En nuestro país, el turismo contribuye cerca de $4 mil millones a la economía y esa industria es de las pocas con un panorama esperanzador dentro de la depresión económica que vivimos hace años. Esta depresión sabemos se está recrudeciendo con las extremas medidas de austeridad impuestas en nuestro país. Lo que puede sonar “esperanzador” para la economía, supondrá una peor situación de vida para muchas de nosotras, personas citadinas. Y si hablamos en términos de la irritación que pueden causar estos visitantes alegres, creo que podemos ir conformando un grupo al menos de graffitteros para organizarles la bienvenida a los más intrépidos de ellos, que son muchos y muchas.

Víctor Alicea: “mi arma es el arte”

Tal como le ha sucedido a su personaje Epifanio González Villamil, el actor Víctor Alicea ha ido desarrollando a través de los años otras maneras de concebir y pensar la realidad política y social que le circunda.

Por un lado, Epifanio comenzó siendo popular de centro y con los años, se ha transformado en soberanista. Al menos, eso pretende proyectar en su “trinchera cultural”, el programa radial que conduce diariamente junto a Susa Cruz por WIAC 740 AM. “Epifanio dejó de ser un popular de centro y tira más para la izquierda, pero más que nada es un hombre sabio. No deja de ser el viejo enamorao, dañaito, “machista”, pero está a favor de la perspectiva de género, en contra de la homofobia”, expresó Alicea sobre su personaje en entrevista con EN ROJO.

Ha tenido que ir ajustando el papel de Epifanio “porque estamos en el siglo XXI y como están cambiando las cosas, el personaje no se puede quedar anclado”, continúo. Alicea confesó que el espacio que Susa y Epifanio han tenido por años en la radio puertorriqueña y los recursos que han invitado a los programas para analizar situaciones actuales han validado los cambios en la construcción de los personajes.

Según el entrevistado, “detrás de los personajes, hay una actriz y un actor que saben lo que está pasando en el país. Pero las hacer como que aprendemos de lo que analizan nuestros invitados al programa, es una forma de conectar con el público, de identificarse con la gente de pueblo”.

Por el otro lado, el crecimiento político de Víctor Alicea se refleja en los personajes que encarna. A juzgar por el actor, entre los años ’80 y ’90, no se hablaba de crimen de odio, de respeto a la diversidad, de homofobia, de equidad de género, de la comunidad LGBTT, de matrimonio gay, por lo que el personaje de Guille transgredió las normas sociales hasta cierto punto. Ahora, con el boom de la Internet y las redes sociales, confesó que ha “mirado más allá” y se ha adentrado en manifestaciones como la Parada Gay de San Juan, entendiéndolas como “luchas políticas de reafirmación y derechos humanos porque política es cuando tú luchas por unas cosas”. Esa apertura del actor se correlaciona con la ejecutoria del personaje de Guille actualmente.

Para Víctor Alicea, la actuación, el activismo social, la radio, la actualidad noticiosa, el alcance de las redes sociales, la proyección de sus personajes y de su individualidad confluyen en un lugar común. Esto no fue así desde siempre. En su juventud, incursionar en la compañía Teatro del 60 de la mano de actrices como Idalia Pérez Garay, Victoria Espinosa y Petra Bravo le ayudó en la toma de consciencia política.

Recordó el actor que, más adelante en su carrera, “hubo un tiempo en que cometí un error y eso es parte del proceso. Me enajené de la política por estar trabajando en la televisión (comercial). Yo votaba por el Partido Popular siempre con la excusa de que no se montara la derecha PNP, que siempre ha cometido más errores porque son terribles. Entonces, cuando revivo es cuando comencé con el Movimiento Unión Soberanista (MUS) como partido, que luego ahora somos un movimiento educativo”.

“El MUS plantea lo que son las alianzas. Yo puedo votar por una Carmen Yulín no porque sea popular, sino porque creo en ella en calidad humana. Ya yo no voto por partidos, sino por lo que puedan hacer los candidatos. Cogí consciencia con el MUS y no he dado marcha atrás […] Uno tiene que aprender a desaprender. Eso fue lo que me pasó a mí. Desaprender es quitarte el chip que uno tiene en la cabeza y comenzar a prender y a ajustarte a los tiempos”, agregó.

Se puede hacer una distinción entre el arte, la cultura y lo social, le increpó este medio al actor. “Yo creo que van a la par porque el teatro es el reflejo de la vida y la vida en este caso es la cultura nuestra. El teatro es el oxígeno de un pueblo”.

“Por más que intenten eliminarnos fondos, los artistas hacemos teatro hasta en un techo, con dos sillas, en una terraza. Aunque lo quieran destruir, el arte sale de los humanos. No hay nada que lo opaque, al contrario en estos momentos de crisis, la gente cae en catarsis y se pone creativa”, expresó Alicea sobre el recorte al presupuesto de las instituciones culturales que ha avalado la administración actual.

En esa misma línea, el actor propuso que antes de recortarle a la cultura “manejen bien el dinero”. “Aquí hay un dinero, lo que pasa es que está mal administrado. Esta gente [el gobierno de Ricardo Rosselló y la Junta de Control Fiscal] quiere eliminar la cultura. Y ahora, la Secretaria de Educación quiere eliminar la semana de la puertorriqueñidad”.

Precisamente, Susa y Epifanio, en el programa radial que moderan, se encargan de promocionar y anunciar todo lo que está pasando en las artes y la cultura: “lo hacemos porque es la trinchera que tenemos para fomentar la cultura de aquí”.

“Nos están pisando tan fuerte: las cenizas, Playuela, la playa de Carolina, la UPR, que yo quisiera estar en todos lados”, comentó. Fue entonces que decidió poner al servicio del pueblo la popularidad que ha ganado a raíz de la actuación: “A través de la radio, de las redes sociales o incluso, cuando estoy en una reunión de amistades, converso sobre lo que acontece. Y la gente me escucha porque no seré millonario, pero tengo el cariño del pueblo”.

Acto seguido aseguró que acudir a manifestaciones, ofrecer su conocimiento y experiencia, ser parte de colectivos y expresar arte son sus mayores armas en estos momentos.

“Yo sé que he vivido en una colonia desde que nací, pero a mi edad yo nunca había visto a mi Puerto Rico tan hundido”. Ante eso, la importancia de que el arte se adentre en el activismo social es que “el arte provoca, la danza provoca, la poesía provoca y te hace pensar”.