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Casa desvencijada

Cuando se intenta describir la situación de Puerto Rico abundan, con distintos matices, las referencias a la contracción económica, el desempleo, la emigración, la insuficiencia fiscal, el endeudamiento público, el desbarajuste presupuestario, las dificultades operacionales del aparato gubernamental, la debilidad de la gestión empresarial privada, la descomposición social, la corrupción, la inseguridad, la desconfianza, la incertidumbre… Esta lista puede tornarse interminable y angustiosamente monótona. Como si no fuera suficiente, hay que sumar todo lo vinculado a la Junta de Supervisión (Control) Fiscal, entre otras cosas la invocación de la cláusula territorial o colonial para crearla, el polémico nombramiento de su Directora Ejecutiva, el intenso intercambio epistolar con el Gobernador y la pobre y poco transparente ejecución en sus tres principales areas de competencia, a saber estabilización fiscal, reestructuración de la deuda y revitalización infraestructural.

El puertorriqueño “de a pie”, como se dice por ahí, resume la compleja e interminable lista de problemas en breves y sencillas interrogantes. “¿Qué nos pasa?” “¿Por qué no salimos del hoyo?” Sus contestaciones son igualmente sencillas. “No podemos.” “La culpa la tienen los políticos.” “Esto no lo arregla nadie.” “Estamos desorganizados.”

Ciertamente, las preguntas y respuestas lucen simples y fatalistas. Sin embargo, quizás expresan más elocuentemente el mal de fondo de la sociedad puertorriqueña que muchos estudios de asesores, expertos en vender “soluciones” pero no en enfrentarse a la raíz de los problemas del país, sobre todo si hacerlo no está incluido entre sus obligaciones contractuales o si intentarlo contraviene las mismas.

El desarrollo, el aumento en la disposición de bienes y la reducción en la generación de males, se frustra más por la incapacidad o falta de voluntad política para forjar buenas instituciones que por la carencia de recursos. Cuando el andamiaje institucional de la sociedad es inadecuado se trastocan prioridades, se dilapidan recursos, se obstaculizan las innovaciones y se ignoran o desprecian recursos que están al alcance de la mano, sean éstos, materiales como tierra, capital y ubicación geográfica, o intangibles como destrezas, conocimiento, experiencias históricas y acervo cultural.

¿Qué son las instituciones? Son instrumentos normativos o, expresado de la forma más sencilla posible, las maneras de ver, organizar y hacer las cosas. Generalmente se usa una definición amplia en la que caben el idioma, el dinero, las leyes, los sistemas de pesas y medidas, las empresas, los modales en la mesa y sume y siga. En fin, se incluyen tanto las organizaciones sociales (empresas, sindicatos, entidades gubernamentales, partidos políticos, universidades, etc.) así como las normas formales e informales que la rigen y que pautan el comportamiento de los miembros de la sociedad.

Una parte fundamental de tal instrumental institucional son una serie de poderes políticos para, por ejemplo, negociar tratados con otros países, controlar los flujos de importación y exportación de bienes y de factores de producción, establecer normas sobre la transportación y las comunicaciones, disponer para el uso y conservación de los recursos naturales, estructurar el sistema tributario, articular las relaciones laborales, definir la política monetaria y reglamentar la intermediación financiera. Se trata de un conjunto de capacidades legales críticas que actúa como condición necesaria para el desarrollo.

No obstante, contar con dichas capacidades no es suficiente. Se requiere manejo adecuado del instrumental institucional –incluso la negociación sobre el uso de dichas capacidades en distintas instancias internacionales– para orientar el ordenamiento interno del país y su inserción en la red interactiva que se llama mundo en función del desarrollo sustentable.

Mientras más completa es la caja de herramientas mejor se realiza el trabajo. Esta vieja ley la invocan los carpinteros hasta para construir una casa de muñecas. De lo contrario, la casa quedará desvencijada.

La caja de herramientas institucionales de Puerto Rico siempre ha estado prácticamente vacía. Por ello, aún en los momentos de crecimiento, su economía ha sido disfuncional.

Cuando no hay voluntad política para conquistar los poderes que no se tienen, terminan por menoscabarse los pocos poderes que nominalmente se tienen; y las sucesivas administraciones gubernamentales quedan encajadas en un perverso síndrome de impotencia e incapacidad. Entonces, se hace evidente la fragilidad de la casa y la inminencia de su desplome.

Podrán intentar venderse remedios a la crisis aquí y allá. Para tal tarea sobran asesores y políticos a la carta… Pero para poder rehacer la casa la única solución de fondo es la conquista, con todo su instrumental, de la caja de herramientas.

El autor es economista.

La transparente opacidad de la “Ley para la igualdad”

“Qué tiempos serán los que vivimos que hay que defender lo obvio”.

Bertold Brecht

La Política, ya se sabe, ¡y cómo no, se vive!, tiene mucho de enmascaramiento, y por qué no decirlo, de impostura. Ya Aristóteles en La Política hace el recuento de las formas degeneradas de gobierno, e identifica la demagogia como la forma degenerada de la república.

El 5 de junio de 2017, apenas 6 días antes de la celebración del plebiscito del 11 de junio, se aprobó la llamada “Ley por la igualdad y representación congresional de los ciudadanos americanos de Puerto Rico”. (Ley 30-2017).

La lectura de la referida ley arroja más dudas que certezas. Alude ésta al plebiscito anterior del 6 de noviembre de 2012, y se reitera la interpretación equívoca de que en dicho plebiscito de 2012, la estadidad obtuvo el 61% de los votos.

La pregunta surge de inmediato: si esto es correcto, ¿cuál fue entonces la necesidad de llevar a cabo otro plebiscito en 2017, a un costo de más de siete millones de dólares? ¿Y por qué la “Ley por la igualdad” no pudo aguardar unos días más por el resultado del plebiscito programado para el 11 de junio de 2017, en el cual al final participaron menos del 24% de los electores con derecho al voto (incluidos en el cómputo ciudadanos americanos naturalizados).

¿Se presentía ya el descenso aparatoso del voto estadoista? El caso es que éste se achicó de 834,191 en 2012, a 502,801 en 2017. Más lo cierto es, que a este momento no está claro, menos aún definido, el por ciento final de electores que participaron en el plebiscito de 2017. La Comisión Estatal de Elecciones no ha certificado los resultados finales del evento. La representación del PNP en dicha Comisión ha puesto trabas y reparo al escrutinio transparente de un proceso cuando ha comenzado a desvelarse indicios de que la participación electoral en el plebiscito de 2017 habría sido considerablemente menor a la anunciada en un principio.

No obstante, y a pesar de esto, los legisladores del PNP se apresuraron a aprobar la “Ley para la igualdad”, y el gobernador a hacer los nombramientos de los siete miembros de la llamada “Comisión de la igualdad para Puerto Rico”.

Un gobierno democrático presupone a los electores como mandatarios, y a sus representantes parlamentarios, como mandantes o ejecutores de los deseos de los electores.

Un cambio de estatus político, que en nuestro caso particular representaría nada menos que la desnacionalización, requeriría de una supermayoría por ser un fenómeno antihistórico. Vivimos en tiempos de reivindicación de la nacionalidad, Yugoslavia es ejemplo elocuente. Así mismo Québec, Cataluña, País Vasco, Escocia, et. al. Son estos tiempos de desintegración, no de integración. Incluso en los Estados Unidos de América, que no es una federación plurinacional, existen movimientos separatistas en varios de sus estados, curiosamente en los dos últimos estados admitidos a la unión: Alaska y Hawaii, pero también en California, Tejas y otros.

En suma, si algo queda claro de los resultados de los plebiscitos de estatus celebrados hasta el presente, incluidos los de 2012 y 2017- es que el estadoismo no puede invocar un mandato del Pueblo Puertorriqueño para solicitar al Congreso de los Estados Unidos la incorporación de Puerto Rico a la Unión Federal.

En consecuencia, no es legal la erogación de fondos públicos por conducto de PRFAA, como dispone el Art. 4, Sección 8 de la Ley 30-2017: “PRFAA solicitará y justificará ante la Oficina de Gerencia y Presupuesto (OGP) y a la Asamblea Legislativa la inclusión de las asignaciones presupuestarias para el funcionamiento de la Comisión como parte de su presupuesto”.

Nada, sólo restaría afirmar: ¿Mandato? ¿Qué mandato?

Lula sentenciado, objetivo alcanzado

Por Eric Nepomuceno

El juez de primera instancia Sergio Moro sentenció al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva a nueve años y seis meses de cárcel. De paso, lo inhabilitó para ocupar cualquier puesto en la administración pública por los próximos 19 años. La culpa: haber recibido, como soborno, un departamento de tres plantas y poco más de 200 metros cuadrados en Guarujá, un decadente balneario a unos 70 kilómetros de São Paulo, por valor de poco más de 700 mil dólares.

La sentencia era, bajo muchos aspectos, esperada. Al fin y al cabo, desde el inicio del llamado “Operativo Lavado Rápido” (Lava Jato) quedó más que clara la obsesión fundamentalista del juez de provincias contra el ex presidente más popular del último medio siglo en Brasil y principal figura política del país de nuestros tiempos.

¿Pruebas de que el departamento haya sido regalado a Lula? Ninguna. Para empezar, el inmueble en cuestión tiene su titularidad empeñada junto al banco estatal Caixa Económica, como parte del acuerdo de suspensión de pagos y recuperación judicial de la constructora, la OAS. Pero hay más: no existe un solo registro de propiedad del inmueble a nombre de Lula. Y eso, por una sencilla razón: nunca le perteneció.

Es una historia harto conocida en Brasil, y debidamente ensombrecida por los medios hegemónicos de comunicación que han sido uno de los pilares del golpe institucional que destituyó a la presidenta Dilma Rousseff, pero cuyo objetivo clarísimo siempre ha sido el de liquidar la figura política de Lula da Silva.

Efectivamente, hace más de una década, la fallecida esposa de Lula, doña Marisa Leticia, adquirió una cota de un edificio que sería construido en Guarujá. Acorde a las leyes y costumbres en Brasil, es posible comprar una cota de una construcción y, cuando esté terminada, elegir determinado departamento y pagar la eventual diferencia. Fue lo que ocurrió: cuando el edificio quedó listo, doña Marisa fue a verlo y desistió del negocio. El constructor, que sí obtuvo gordísimos contratos con la Petrobras durante los mandatos de Lula, entendió lo obvio: tener al ex presidente entre los propietarios del edificio sería un atractivo insuperable. Mandó reformar todo el inmueble, dotándolo inclusive de un ascensor privado, y pidió que Lula fuese a verlo. Y cuándo lo vio, Lula – ha sido su única visita al local– le dijo que definitivamente no.

No hay una única prueba de que algún minuto de algún día el ex presidente haya recibido el departamento. Sobran pruebas de que la constructora OAS sigue siendo su verdadera y única propietaria. ¿Por qué motivos entonces se condena da Lula?

Por una única y verdadera razón: porque para liquidarlo se armó y desató el golpe que destituyó a Dilma Rousseff.

Hay que entender que la frustrada presidenta era nada más que un escollo en el camino de los que armaron el golpe: el actual senador Aécio Neves, derrotado por ella en las elecciones del 2014, con el pleno aval del ex presidente Fernando Henrique Cardoso; los medios hegemónicos de comunicación; los partidos políticos que se dejan comprar por el mejor postor, sea de donde sea; el gran capital nacional; y, claro, los intereses de las multinacionales que ahora pretenden beneficiarse de la nueva situación. Para que ese cuadro se completase, era y es necesario liquidar a Lula y su partido, el PT.

La llegada de Michel Temer y sus secuaces tuvo como objetivo primordial imponer “reformas” que, en realidad, significan liquidar todo lo que se construyó, en términos de derechos sociales, no solo bajo los gobiernos de Lula y Dilma, sino de los últimos más de cincuenta años y, en el caso de los derechos laborales, más de setenta. Ahora, cuando se ve quienes son los verdaderos bucaneros, ellos dejan de ser necesarios. Temer es un presidente que, además de ilegítimo, está moribundo.

Lula da Silva se transformó, gracias a la actuación de un juez de provincias cuyo autoritarismo y parcialidad son más que evidentes y ya no solo para juristas, sino para crecientes parcelas de la opinión pública que no se dejaron idiotizar por los medios hegemónicos de comunicación, con la TV Globo a la cabeza, en el primer expresidente condenado por corrupción.

No hay, vale repetir, una mísera prueba contra Lula en el caso del departamento. Pero sobran pruebas de que, pese a la masacre que el expresidente sufre de manera incesante, su popularidad es una amenaza. Lula es un pájaro peligroso, que tiene que ser abatido antes de que vuelva a alzar vuelo.

Si para defender esa clase de interés la derecha más rancia encuentra a un joven juez de provincias obcecado por la fama y obsesionado contra Lula, y si a tal magistrado se unen fiscales fanáticos, todo eso al amparo de los medios de comunicación y la omisión cómplice de las instancias superiores de justicia, el guión de la película está cerrado.

Hay que ver cómo reaccionará el público. Si con la debida indignación, o la miserable resignación.

Reproducido de www.rebelion.org

Será otra cosa: De las fotos y los tiempos

A primera vista y en blanco y negro, hay nueve niños separados, frente a frente, en dos bandos. En primer plano se encuentran seis de ellos de pie en un llano; dan la espalda a la cámara. Sobre su ropa llevan disfraces de tela y papeles. Utilizan delantales, abrigos y sombreros que imitan a los atuendos militares. Tienen palos –como escopetas– en las manos. Uno de ellos (en la extrema izquierda) da una señal y los otros cinco apuntan hacia los niños que tienen de frente, y que vemos, en segundo plano, sobre una pequeña colina. Ellos miran hacia los otros seis, y tal vez al espectador, y están a un nivel más alto que quienes les apuntan. Salvo uno, que probablemente imita un gorro militar, ninguno parece llevar disfraz. La fotografía capta el momento exacto en que unos niños juegan a los fusilamientos: el pelotón listo para disparar y los otros esperan su ejecución. La imagen fue tomada en 1937 durante la Guerra Civil Española. La imagen fue captada por el fotógrafo valenciano Agustí Centelles, que se dedicó a retratar la guerra como una herramienta de difusión antibélica y antifascista. Más tarde durante su exilio en Francia organizaría, junto a otros desterrados, un laboratorio fotográfico clandestino donde pudo captar imágenes de la vida de los refugiados españoles en los campos de concentración. Muchas de estas fotografías, hoy día emblemáticas, fueron en su tiempo escondidas en una maleta que serían recuperadas por la familia de Centelles después de la muerte de Francisco Franco. Por lo mismo, mucha de su obra se difundió entonces a partir del 1976 en España. En la actualidad el archivo de Centelles se compara al de Robert Capa y Gerda Taro y ha sido reconocido como un importante fotoperiodista de guerra.

Tres mujeres sonríen y hablan entre sí. Cada una sujeta con naturalidad un rifle. Cuatro hombres improvisan una trinchera en medio de una calle. Una familia camina a la frontera, lleva una bolsa pequeña con lo que parece ser una merienda. Cadáveres en fosas comunes. Cadáver con herida de balas. Jóvenes con ropa manchada y con heridas en el rostro

Así descritas podrían ser fotografías tomadas por un celular o por una cámara del siglo pasado. ¿Lo son?

Tal vez las fotos de la guerra plasmen de manera más dramática el antes y el después.
Con el tiempo podemos verlas con distancia y hasta cierta frialdad, podemos estudiarlas y opinar de su encuadre, de su estética. Incluso, volverlas, como ha sucedido, en una pieza de museo o en la imagen símbolo de una lucha, de una causa, de una idea.

Me falta tiempo, seso y perspectiva, pero me pregunto con tanta imagen ubicua, con tanto archivo fotográfico al alcance de un buscador o de nuestro bolsillo, qué dirán en el futuro de nosotros. ¿Cuál será la foto emblemática que nos describa? Que intente compendiar los años de nuestra historia. ¿Cuáles serán las claves, como con los niños de Centelles, que apunten el horror de la violencia domesticada? ¿Cuál será la imagen del pasado cuando seamos pasado? ¿Se habrá perdido algo irrescatable que sólo quedará en la captura de la foto? ¿O nos colgarán en un museo del recuerdo o de las ruinas?

Los signos de los tiempos

“Bajo el cielo, hay momento para todo y tiempo adecuado para cada cosa. Hay tiempo propio para nacer, tiempo para morir. Hay tiempo para plantar, tiempo para cosechar, tiempo para construir y tiempo para destruir … ¿Qué provecho saca el trabajador de tanta fatiga? “

(Ecle 3, 1- 9).

En la Biblia, el Eclesiastés, uno de los libros sapienciales, relativiza cada tiempo. En los evangelios, Jesús propone que busquemos siempre discernir lo que él llama “signos del tiempo presente” y actuar de acuerdo con los desafíos del momento. En nuestros días, la América Latina y el Caribe vive un tiempo fuerte de resistencia de nuestros pueblos para salvaguardar las conquistas hechas en las décadas más recientes, actualizar el proyecto de integración continental y de independencia del colonialismo. Ese camino propuesto por Simón Bolívar y retomado por el presidente Hugo Chávez, actualmente es atacado por los intentos del Imperio que desea reasumir la hegemonía perdida.

En este momento, es importante que todas las personas de buena voluntad, religiosas o no, asuman la responsabilidad de defender los procesos sociales y políticos que vienen de las comunidades indígenas y grupos sociales que proponen la transformación de ese mundo. Para las personas que tiene fe, el día consagrado y los cultos religiosos deben tener como fundamento el cuidado con la justicia y la preocupación por los derechos de los pobres. En la Biblia, Dios afirma: “El país de ustedes está devastado, las tierras son devoradas por los extranjeros. ¿A quién interesan los cultos religiosos? … Cuando ustedes vienen a mi presencia y pisan el santuario, ¿quién les exige eso? Dejen de hacer cultos inútiles. (…) No soporto injusticia junto con fiesta religiosa … Cuando ustedes levantan las manos para mí, yo desvío la mirada y aunque multipliquen sus oraciones, yo no los escucharé “(Isaías 1, 7 y 12-15).

En diversos países, las dificultades de los nuevos procesos sociales piden que no dejemos caer las conquistas de los trabajadores y las mejoras de la vida del pueblo más pobre. Lo mismo si reconocemos que algunos errores fueron cometidos, tenemos que cuidar de no volver atrás en el camino de la Historia. Es importante mostrar que la preocupación por el bien común, el ejercicio de la ciudadanía y la fraternidad humana continúan vivas. El Espíritu de Dios que condujo al pueblo bíblico de la esclavitud a una tierra libre, ahora impulsa a los grupos sociales y a las personas que tienen hambre y sed de justicia para la felicidad de realizar el proyecto divino en ese mundo.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.