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CON-TEXTOS: El Discreto Encanto de la Novedad: un debate incómodo pero necesario

… me pregunté a mí mismo sobre el presente:

cuán ancho era, cuán profundo, cuanto de él era mío para quedármelo…

Matadero Cinco, Kurt Vonnegut

Un fantasma recorre el país desde la inmediatez de la realidad que enfrentamos todos. Es el fantasma de la incertidumbre, que sobrevuela los espacios vacíos que esperan por iniciativas que los llenen, para bien o mal. Aunque suene arrogante, los independentistas tenemos un rol protagónico en el esfuerzo urgente que se necesita para romper el silencio sordo, confuso y tentativo que habita hoy ese espacio de discusión pública. Los contornos de la marca “el independentismo” han sido configurados por la decantación del efecto acumulado de luchas y sacrificios centenarios que el puertorriqueño respeta y admira. Hoy nos toca reconocer, no obstante, que esa imagen, sobre todo la de las organizaciones que han asumido el extremadamente difícil rol de liderarla, organizarla y proselitizarla, está lacerada. Entre otras razones, está marcada por la pátina inmisericorde del paso del tiempo durante el cual hemos seguido utilizando los mismos códigos discursivos, el mismo lenguaje, las mismas plataformas, algunas decimonónicas. Incluso parecería que ha perdido vigencia, como una melodía cansada que se escucha con el corazón, o como una pintura desgastada a la intemperie en un zaguán sin salida. Sí, nos motiva y nos reafirma, pero al mismo tiempo, ha dejado de ofrecernos respuestas.

Lo anterior puede decirse en números. Cada vez somos menos. Me refiero a los independentistas. Los que lo nieguen, viven en Transfalmadore, un planeta fuera de esta galaxia creado por el escritor del epígrafe, en el que existían cuatro dimensiones, todas falsas. Los que sobrevivimos al vuelo del fantasma, por más que intentemos negarlo, nos vamos quedando a la sombra de la historia reciente que nos acucia y nos pasa por el lado con alarmante rapidez, dejándonos al margen.

Eso es lo que plantea gente diversa, con la mejor intención (por qué dudarlo) y alguna razón. No todos arrastran historias personales de lucha. Iconoclastas irredentos otros, apenas acaban de comprar el boleto a un debate que antes se escribió con sangre, valor y sacrificio, algo que parecen no reconocer y tampoco (tal vez leí mal, no sé) respetar. Si bien todo planteamiento crítico debe ser bienvenido –sobre todo en un momento como este– algunas de las afirmaciones que lo provocan están plagadas de un atroz sincretismo simplista. ¿Acaso no ocurre que no importa lo que hagas, sencillamente el otro puede ser más poderoso?

Hemos enfrentado como país la ocupación militar desde finales del siglo XIX. Ya estamos en la culminación de la primera cuarta parte del siglo XXI. Nuestros compatriotas han sobrevivido todas las variaciones de las imposiciones de la metrópoli y las han resistido desde la óptica del que persigue sobrevivir. Somos la única colonia en el mundo en que esa sobrevivencia cotidiana ha estado siempre condicionada por el aspecto material y matizada por un discurso que refuerza la dependencia sin que hayamos tenido los medios para combatirlo. Nos conquistaron. Crearon una economía de enclave que saca más de lo que invierte. Finalmente, hoy, después de Promesa y de María, se nos humilla con una metadependencia absoluta, totalizante, metaforizada en un rollo de papel toalla lanzado por el presidente psicópata de la metrópolis a una muchedumbre imbecilizada en presencia del Gobernador de la colonia. FEMA y la Junta de Supervisión Fiscal estarán aquí pautando la economía y repartiendo dinero por al menos diez años más.

Cierto. Hay que inventar un proselitismo que prescinda de repetir el discurso cansado con el que nos intoxicamos, respirando el mismo aire narrativo en cuartos cerrados. Pero resulta injusto catalogar de “fracasos” o “derrotas” las estrategias utilizadas con inmensa valentía y conciencia del momento histórico, mucho menos cuando se proclaman desde cómodas atalayas. Los proponentes de nuevo cuño en la mayoría de los casos nunca antes han asumido riesgo alguno. Los que antes pusieron las joyas de la corona en el torno, la mayoría sin aspiraciones de protagonismo, tienen –tenemos todos– la obligación de llenar el espacio vacío de la incertidumbre. Pero nunca podemos perder de vista que Puerto Rico es único y complejo en extremos que no tienen comparables en el mundo. Asumir nuestra responsabilidad no puede deslegitimar la historia responsabilizándonos de la hiperrealidad de dominación que ha avasallado a nuestra gente desde el primer día, desde la cotidianidad de todos los días, desde todos los flancos, desde todas las vertientes y dimensiones, donde lo que es real no es visible, y lo visible no es real.

La tenemos bien difícil. Es como salir del planeta Transfarmadore, en el que la realidad simplemente no existe. Duele aceptarlo, pero como al personaje de Vonnegut, nos han despojado de casi todo, al punto de que ni siquiera sabemos hoy cuánto del presente es realmente nuestro. El discreto encanto de la novedad no nos garantiza nada.

Comentarios a: rei_perez_ramirez@yahoo.com

Vergüenza legislativa

Cuando una lee o escucha en la prensa los nombres de alguna gente electa a la Legislatura se sorprende de no contar con ninguna referencia suya, a pesar de que pronto se cumplirá un año de que inició el cambio de poder en la Casa de las Leyes. Así ocurre con el representante por Santa Isabel, Guayama y Coamo, Ramón Rodríguez Ruiz, cuyo caso abordamos en la columna anterior. Su actual notoriedad no se debe a los méritos de legislación que haya propuesto o al destacado trabajo que haya realizado a favor de sus constituyentes o a iniciativas creativas que haya desarrollado para el pueblo de Puerto Rico que paga por su salario y otros beneficios que su puesto le reporta, sino a las imputaciones por violencia de género que contra él se han levantado y a las peticiones de renuncia que su propio partido, el Nuevo Progresista (PNP), le ha hecho. En los últimos desarrollos, fue expulsado de su caucus y en un acto de desafío y desesperación por mantenerse en la bien pagada silla que ocupa, hizo una conferencia de prensa en la cual presentó a la víctima. Ésta, quien desde que recibió la visita de dos abogados “para orientarla” en el cuartel de la Policía donde hizo la denuncia, se retractó de sus declaraciones iniciales, no contestó preguntas. Doy por sentadas las presiones que debe haber recibido y que en el desenlace final que tenga esta historia no va a haber persona más perjudicada que ella.

La historia de desmanes en el poder legislativo de Puerto Rico es extensa. Desde septiembre algunos casi han pasado por debajo del radar debido a que la prioridad mediática y la atención de la gente está en la condición del país, la restauración de la energía eléctrica y otros servicios, así como el probable agravamiento de la crisis económica de Puerto Rico. Esto último, si el proceso de reforma contributiva que se desarrolla en el Congreso de Estados Unidos se lleva por el medio nuestra industria manufacturera por el impacto que tendrá sobre compañías norteamericanas establecidas en la Isla. De particular importancia es la propuesta legislación sobre menores que incurren en faltas o lo que el sistema de justicia puede cualificar como conducta delictiva. ( Véase la columna del 24 de julio de 2017- “Cuando el Atropello Sustituye a la Justicia”). El principal problema que está puesto sobre la mesa es el enfoque altamente punitivo que tiene el procesamiento de niñas y niños de 7, 8, 9, 10 años, como Alma Yadira Cruz Cruz, muchos de los cuales tienen diversidad funcional, provienen de familias que viven en la pobreza o en condiciones de extrema vulnerabilidad. La legislación actual no tiene un límite de edad para procesarles, lo que permite que el protocolo de arresto, uso de esposas, traslado a cuarteles, al Tribunal de Menores y a instituciones juveniles, que no son otra cosa que cárceles, les sea aplicado desde tan temprano.

En la Legislatura se presentaron dos proyectos sobre el particular. El de la Cámara surgió de la mente calenturienta y represiva de su presidente, Sr. Johnny Méndez. Mantiene la ausencia de un límite de edad y propone que todo menor que incurra en faltas Tipo II y III, que son el equivalente a delitos graves, sea juzgado como adulto. El del Senado cuya autoría es del legislador José Vargas Vidot, establece la edad mínima para procesar en los 14 años. Para niñas y niños que tengan menos se proponen métodos alternos, no punitivos, para atender sus conductas. Sorprendentemente, ambos proyectos fueron llevados a votación en el Senado y será el gobernador quien decidirá cuál firmará. Tal vez la memoria me falla, pero no recuerdo haber escuchado cosa igual, a pesar de todas las barbaridades que en la Legislatura de Puerto Rico se cometen.

Quién sabe cuál fue el pacto entre los presidentes de Cámara y Senado. Rivera Schatz dijo que favorecía el proyecto iniciado en el cuerpo que dirige, pero movió la maquinaria de la mayoría para endosar también el de su homólogo. Le puso la papa caliente en las manos al Gobernador Ricardo Rosselló, quien no se ha caracterizado por ser un defensor de los derechos humanos y con quien mantiene una lucha interna de poder, a pesar de las hipócritas que ambos intercambian. Lleva las de perder la población de menores que requieren de un enfoque social y humanista; no punitivo y de escarmiento. Después de todo, no son responsables de la desigualdad social, de la pobreza, de un sistema educativo que no atiende sus necesidades y de trogloditas con poder que legislan por fanatismo y no por racionalidad y las necesidades del Pueblo.

Es sabido que en los últimos días de sesión legislativa suelen incrementarse los atropellos de quienes deciden asuntos fundamentales para nuestras vidas por medio de estatutos y políticas públicas. Se les facilita cuando su mayoría es tal que pueden aprobar lo que quieran y las minorías solo tendrán disponible el récord legislativo sobre sus posturas para el futuro. Cuando el PNP arrasó en las últimas elecciones copó las tres ramas de gobierno, pues desde Fortuño logró establecer mayoría en el Tribunal Supremo. Lo que no ha podido dominar es la Oficina de Administración de los Tribunales (OAT) porque fue el Partido Popular Democrático (PPD) el que nombró a la Jueza Presidenta. A ésta le corresponden los nombramientos en la OAT, así como la asignación de las salas a jueces y juezas, una vez son nombrados por el gobernador y confirmados por el Senado. Pero los azules no se detienen en la búsqueda de su presa, que es controlarlo todo. Antes de iniciar la redacción de esta columna me topé en el periódico con que el último día de la sesión, sin vistas públicas y a fuerza de mollero, se aprobó legislación que reduce facultades de la Jueza Presidenta respecto a las asignaciones de jueces. El pleno del Tribunal podrá intervenir, según surja la necesidad para modificarlas. “La necesidad” será cuestión de apreciación mayoritaria, lo que abre más las puertas al partidismo. Además, el Tribunal con mayoría ideológica PNP, podrá tomar la iniciativa para certificar controversias que se inicien en Primera Instancia para que sean atendidas directamente en el más alto foro. Es predecible lo que ocurrirá cuando esas controversias sean político partidistas o de contenido religioso o fundamentalista. Como si fuera poco, también se aprobó un cambio en el término de incumbencia en la judicatura para aumentarlo de 12 a 16 años, sin posibilidades de renominación. EL partido dominante debe haber hecho el cálculo de cuántos tienen y cuántos pueden nombrar para redactar la propuesta de ley. No en vano el número de años sigue siendo par y coincide con los cuatrienios electorales.

Son pocas las excepciones entre integrantes de la Legislatura a quienes podemos nombrar sin sentir vergüenza. En tiempos tan cruciales, qué confianza podemos tener en quienes se supone representen nuestros intereses; por qué la defensa de algunos como Ramón Rodríguez Ruiz es que otras y otros también actuaron mal y están allí; cómo es que una persona como Johnny Méndez que utiliza tiempo por el que le pagamos para ayunar y hacer proselitismo religioso para que mejore la situación económica de Puerto Rico y que encima preside la Cámara de Representantes, se siente con autoridad para darle escarmientos a menores del país; cuán impunemente degradan la democracia al legislar sin vistas públicas. No creo en el dicho de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. El pueblo boricua no merece la vergüenza que hay en la Legislatura.

Mirada Cooperativista: Vientos sostenidos

Nota: CLARIDAD agradece a la Liga de Cooperativas el que nos dieran un espacio en medio de la oscuridad para poder continuar con nuestro trabajo a través de la página web.

amf

¡Qué susto hemos pasado! Irma primero y María después. Fenómenos atmosféricos que nos dejaron sumidos en la devastación material y espiritual. Muchos sin techo, ni agua, ni electricidad, ni gasolina, ni comida y hasta sin empleo. Las enormes filas para todo y las noches largas por el calor, los mosquitos y los ruidos de generadores todavía secuestran el sueño de muchos. A pesar de todo, en los días siguientes se propagó un sentimiento común entre todos, una fuerza interior y un empuje que nos llevó a una conducta fundamentada en el trabajo colectivo y la solidaridad.

Esta conducta, que se centra en el bienestar y la felicidad del ser humano es lo fundamental en el cooperativismo que investido de principios fue convocado a mostrar su mejor cara y así lo hizo. Los testimonios son muchos. En las comunidades cooperativas de vivienda las manos no faltaron para crear de inmediato brigadas de ayuda para rehabilitar las áreas comunes, identificar a los más necesitados e instalar comedores comunales en cada piso. Las cooperativas de supermercados, farmacias, negocios y otras se aprestaron a organizar jornadas de distribución de alimentos y clínicas de salud. Mención aparte la Cooperativa de Farmacias Puertorriqueñas, COOPHARMA, que cuando colapsó el acceso a medicamentos y servicios médicos sirvieron como nunca en las comunidades. Con o sin sistema y aun sin servicio de electricidad estuvieron ahí para servir en sus respectivas comunidades.

Las cooperativas de ahorro y crédito estuvieron colosales, algunas abrieron a tan solo dos días del evento. Cuando era necesario dinero en efectivo para suplir las necesidades básicas ahí estuvo un sistema con 116 cooperativas en casi todos los pueblos y más de 250 sucursales.  Muchos empleados que incluso habían sufrido pérdidas personales hicieron los arreglos y dejaron a los suyos para organizar filas y atender a socios y clientes con esmero. Muchos clientes de bancos comerciales optaron por cambiar sus cuentas al sistema cooperativo al identificar su apego y rapidez en la respuesta. Casi tres semanas después del golpe huracanado, en 17 pueblos del país el único servicio financiero disponible era la cooperativa.

Muchos son los testimonios que validan la pertinencia y el compromiso social del cooperativismo con los nuestros. Por eso no es de extrañar que el cooperativismo mantenga el respaldo y la confianza de un pueblo que ha sido sometido a vejaciones y desmanes por aquellos que cada cuatro años levantan su mano derecha y hacen un juramento de servicio y honestidad. Ni hablar del desmadre y la burla que representa la Junta de Control (Supervisión) Fiscal.

Cada día que pasa el panorama se complica más. La incapacidad de responder efectivamente es lo peor. Los servicios, médicos, de comunicación, transportación, electricidad y otros están seriamente afectados y en muchos casos no hay esperanza de una pronta recuperación. El sufrimiento por los muertos no contabilizados, la carencia de información certera sobre la recuperación del servicio eléctrico y la emigración constante tienen impacto intenso en la familia. Es un horizonte que presagia abatimiento. Sin embargo, una vez más nuestro pueblo da muestras de arrojo al mostrar la capacidad de superación y la unidad de propósitos que se han desarrollado en muchas comunidades y organizaciones que desde el primer día han forjado un gran espíritu de lucha y fortaleza.

La solidaridad se desbordó y la autogestión se mostró como proceso idóneo para que las personas comenzaran a organizarse para atender situaciones que afectaron su entorno. Comunidades que armaron comedores sociales, identificaron a los más necesitados, abrieron caminos, levantaron la voz, limpiaron escombros, cubrieron techos con lo que encontraban y dieron albergue o transportación son algunos ejemplos. No esperaron por nadie. Estaban ellos, allí devastados, pero con los bríos necesarios para allegarse al vecino e iniciar la recuperación.

A casi 100 días el descontento, la desconfianza en la respuesta oficial parece ser fructífera para identificar nuevas vías para salir adelante. Las redes sociales y otros medios de comunicación a diario acogen las voces que reclaman acción sin más dilación y otras que convocan e invitan al accionar por el bienestar colectivo.

No debe haber duda alguna sobre la capacidad que tenemos para salir adelante por complicado que sea el panorama. Lo que es necesario es identificar la forma de generar el empuje para que esa voluntad asuma un rol más destacado en la solución de los problemas que nos aquejan como país. Sigamos fraguando esa fuerza desde las comunidades apegados a la ayuda y mutua, la solidaridad y la fe en nuestras capacidades. Pronosticamos que esas no serán ráfagas pasajeras, sino vientos sostenidos.

Comentarios a: mildredkairo@gmail.com

Los recortes y las reformas antiobreras no son la respuesta

La Reforma Laboral catastrófica que muchos han estado impulsando como medida para la reconstrucción de Puerto Rico propone reducir el salario mínimo en un país donde la mediana salarial para familias trabajadores apenas ronda $18,000 al año. Propone facilitar despedir a los trabajadores y destruir su capacidad de negociación colectiva. Este tipo de reforma simplemente da más razones para que nuestros trabajadores emigren, erosionando aún más la base contributiva de nuestra economía.

El tipo de reforma constructiva que necesitamos crea buenos empleos y promueve sindicatos fuertes para garantizar que los salarios sigan el ritmo de los aumentos en la productividad de los trabajadores. Nuestra gente sólo se quedará en Puerto Rico si vislumbran que hay un futuro prometedor para ellos y sus familias. Los buenos trabajos son centrales para ese futuro.

Además, la expansión comercial local está estancada debido a la disminución de los salarios en la base de consumidores, la pérdida de población y la falta de disponibilidad de crédito comercial asequible; no a los salarios o a costos de mano de obra.

Nuestro próximo plan fiscal tiene que garantizar la inversión en la educación en todos los niveles, para que nuestros hijos crezcan educados y altamente cualificados. Nuestra Universidad del Estado debe tener los recursos necesarios para la investigación y la educación, de manera que pueda identificar y proponer formas de superar nuestros retos sociales, económicos y de desarrollo más apremiantes. Necesitamos también invertir en la preparación médica, para que nuestros futuros médicos y técnicos de salud que se quedan en la isla no se vean agobiados por los costos de su educación.

Nuestro País necesita inversión para su reconstrucción, no recortes. Necesita una inversión masiva en infraestructura, que se realiza de manera más eficiente a través de la propiedad pública –no privada– de la energía, el tratamiento de agua, la eliminación de desechos, el transporte y la planificación urbana. Necesita una inversión enfocada en crear tantos empleos locales como sea posible y en proporcionar incentivos para que los trabajadores no emigren.

La inversión en infraestructura y servicios públicos de calidad en educación, salud, transporte colectivo, energía y otros, son un incentivo para el establecimiento de nuevos negocios, ya que proporcionan una fuerza laboral saludable, cualificada y más productiva. Esto es particularmente cierto con las pequeñas y medianas empresas, que generalmente se encuentran en desventaja competitiva frente a las grandes, a pesar de que son más efectivas en la creación de empleo y en asegurar que la riqueza permanezca en el país donde se genera.

Los reformistas catastróficos insisten en la privatización de los servicios públicos y alegan que hace que el gobierno sea más ágil y eficiente, cuando la privatización de servicios en el sector público ha conducido a mayores costos de prestación de servicios. El mejor ejemplo lo es la costosa e ineficiente privatización de nuestro sistema de salud en la década de los 90.

A pesar de que estamos pasando por dificultades fiscales, la atención debe centrarse en hacer crecer la economía mediante el apoyo a los trabajadores y la realización de inversiones específicas en campos de alto rendimiento en los que Puerto Rico puede competir, como los servicios médicos y la educación. Los recortes y las reformas anti-obreras no son la respuesta, y simplemente llevarán a una mayor emigración.

Oigo trenes en mi cabeza

En 1948, mientras esperaba con las valijas hechas el permiso para irse de Hungría para siempre, Sándor Márai se pasaba las horas en un sótano de la Biblioteca Pública de Budapest, leyendo diarios viejos que aguardaban la hora de ir al fuego. “Como buscan el agua subterránea los animales y las plantas en épocas de sequía, así buscaba yo, en las crónicas de poetas perdidos en las tabernas y redacciones, aquello que me quería llevar de mi país.” Siempre quise saber quiénes eran esos autores de los cuales Márai se nutría y despedía en secreto en aquel subsuelo. Descubrí a uno de ellos gracias a la generosidad de un librero que me regaló un viejo y desvencijado ejemplar de Viaje alrededor de mi cráneo, de Frigyes Karinthy.

Frigyes es la manera húngara de decir Federico, pero a Karinthy todo el mundo lo conocía por Fritzi o Frik. No había autor más popular en Budapest en los años 20 y 30: escribía tres columnas semanales, divertía y se divertía por igual, de todo sabía y de todo opinaba: pregonaba el esperanto aunque se negaba a aprender una sola palabra en ese idioma; era capaz de escribir un gran poema y convertirlo después en copla publicitaria para un aviso de pasta de dientes; fue el inventor de la famosa teoría de los seis grados de separación con su cuento “Cadenas” (en el que sostenía que no había persona en el mundo a más de seis amistades de distancia de él) e igualmente famosa era su perpetua precariedad económica.

Un día, en el Café Central, Karinthy estaba haciendo un crucigrama y delineando mentalmente una de sus parodias teatrales cuando oyó ruido de locomotoras. “En Budapest ya no hay tranvías y la estación de tren está lejos, ¿qué es esto?”

Como la trepidación ferroviaria cesó a los pocos minutos, Karinthy siguió con su vida cotidiana. Pero la tarde siguiente, a su paso por el Café Central, notó que las figuras ondulaban en el gran espejo de la sala, y cuando llevó a su hijo a la escuela éste le dijo: “¿Por qué te desvías a la derecha todo el tiempo?” Y por la noche recibió una carta de su esposa Aranka que decía: “¿Y a ti qué te pasa? Has cambiado tu caligrafía, no puedo descifrar tu letra”.

Lo que le pasaba a Karinthy era que tenía un tumor cerebral, en una época en que el ochenta por ciento de los tumores en el cerebro eran mortales. Lo que inicialmente sólo parecía una molestia en el oído o una vulgar presbicia en los ojos (“Es sólo una intoxicación de nicotina y vida de café, no debes confundir enfermedad con malas costumbres”), va mutando en algo inconfesable para los médicos amigos de Karinthy, hasta que el eminente neurólogo Otto Pötzl le confirma en Viena lo que nadie se atreve a decirle en Budapest: que si no se opera en forma urgente va a quedar ciego, y que ése será sólo el primero de los terribles síntomas que le esperan.

La única persona en toda Europa capacitada para salvarlo es un cirujano sueco, el profesor Herbert Olivecrona, quien lo espera con el quirófano listo en su clínica de Estocolmo. Por haber estudiado en su juventud un año de la carrera de medicina, Karinthy cree que Olivecrona debe tratarlo como un igual. A la vez, no puede con su genio y se ofende cuando nadie a su alrededor valora sus chistes, su necesidad de inyectar humor al pánico que lo carcome. Todo esto es relatado en tiempo real porque Karinthy ha comenzado a contar en su columna semanal lo que le sucede desde que oyó por primera vez los trenes fantasmas. Sus amigos inician una colecta para pagar viaje y operación: sobres anónimos con billetes arrugados llegan desde todos los rincones de Hungría. Los lectores siguen paso a paso el trayecto del coche cama que parte rumbo a Viena y cruza luego Alemania rumbo a Escandinavia. Aranka, la esposa médica de Karinthy, es la encargada de tomar al dictado el folletín de su marido y repetirlo después por teléfono al diario de Budapest. “No van a dormirte durante la operación porque eso aumenta los riesgos. Pero no temas, el cerebro no siente dolor”, le dice. “Ojalá doliera”, nos dirá Karinthy, acostado boca abajo en el quirófano mientras oye sordos ruidos en la parte trasera de su cráneo. “Porque si doliera significaría que estoy vivo. Esto no es natural, no es normal, es casi de mala educación”.

Karinthy narra los hechos de manera extraordinaria: es testigo, víctima y narrador de lo que le va sucediendo. Utiliza primero todas las argucias posibles para negar la gravedad de su caso y luego se abisma en él para que su testimonio llegue lo más hondo posible. Meticuloso y alucinatorio, burlón y emocionante, egocéntrico y universal, hace de su libro una novela de intriga, un caso clínico, un viaje al fondo del miedo y una bitácora de la resistencia, el chisporroteo de un espíritu brillante y el anticipo del derrumbe del humanismo que Europa padecería poco después.

Luego de la operación en Estocolmo, una comitiva de amigos de Karinthy rodea a Olivecrona y comienza a hacerle reverencias: “En nombre de Hungría, gracias”. El cirujano se vuelve hacia su paciente y le dice: “¿Pero quién diablos es usted en su tierra?”. Sándor Márai podría habérselo explicado. No es casualidad que Viaje alrededor de mi cráneo fuera admirado por dos escritores tan disímiles como Márai y Oliver Sacks.

El gran neurólogo-escritor descubrió el libro de Karinthy cuando era estudiante secundario en el Londres de posguerra, en una ajada edición popular de divulgación comprada a precio de saldo, y por ese libro decidió a los quince años que dedicaría su vida al estudio del cerebro, y décadas más tarde lo usó de modelo para escribir todos sus libros porque, a ochenta años de su publicación original, Viaje alrededor de mi cráneo sigue siendo el mejor relato autobiográfico que existe de un viaje al interior del cerebro humano.

Nacido de familia judía, Karinthy había estudiado medicina, ciencias naturales y matemática antes de saltar a la fama en su país en 1912 con sus inimitables columnas. Se opuso toda su vida a la guerra y a los políticos conservadores de su país. Su pluma fue celebrada y defendida por los mejores escritores húngaros de su tiempo: Dezsó Kosztolanyi, Mihaly Babits y Sándor Márai. Luego de la operación, volvió a Budapest, publicó su libro, retomó su gozosa rutina y,dos años más tarde, cayó muerto de golpe mientras se ataba los cordones de sus zapatos, y así se ahorró misericordiosamente la suerte que correrían todos los judíos cuando empezó, pocos meses más tarde, la Segunda Guerra Mundial.

* Viaje alrededor de mi cráneo acaba de publicarse en nuestro país, en la colección Rara Avis de la editorial Tusquets.

Tomado de www.pagina12.com.ar