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A exigir descolonización, no a suplicar

Puerto Rico siempre ha estado en crisis. Hoy, que esa crisis arropa todos los renglones que  inciden en nuestras vidas individuales y colectivas, es más evidente que nunca antes. Un país como el nuestro, que ha sido víctima del colonialismo por siglos y que no ha encontrado el curso para quebrar el mismo, está destinado como siempre ha denunciado el independentismo –y como ahora muchos comienzan a asimilar– al fracaso económico, social y político.

Recientemente el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) que represento, anunció que no participaríamos en el llamado frente por Puerto Rico, un anticipado y estéril esfuerzo que promueve la perpetuación de la dependencia y el coloniaje, esa combinación sobre la cual se cimenta la génesis de las desgracias de los puertorriqueños. Lejos de tratarse de un genuino movimiento para romper con el yugo de la colonia, esta perenigración persigue, cabizbajamente, la súplica indecorosa de dádivas a cambio de la sumisión y el inmovilismo político necesario para eternizar la subordinación que los Estados Unidos ejercen sobre Puerto Rico.

En circunstancias en las que el modelo político del ELA colonial, hoy desboronado ante los ojos de los puertorriqueños y el mundo, excepto para aquellos que ven a la Junta de Control Fiscal como la democracia en su máximo esplendor, proponer cualquier esfuerzo en Washington que no vaya de la mano de una exigencia contundente de un proceso de descolonización, es una farsa a la que ningún independentista habrá de prestarse. Y no debe sorprender a nadie, es lo que siempre ha denunciado y combatido el independentimo incluso mucho antes de que gobiernos rojos y azules –y sus respectivos partidos– se atrevieran a siquiera aceptar la realidad colonial de Puerto Rico.

Este tipo de estrategia no es nueva. El pasado cuatrienio del Partido Popular, el gobernador de turno llamó a una iniciativa similar a la que el PIP tampoco se prestó. De hecho, quien convoca hoy declinó participar en aquel entonces. Nadie en aquel momento, como nadie hoy, debe pecar por ingenuidad. Detrás de este esfuerzo mediático para lavarle la cara al gobierno, también se esconden estrategias deliberadas para, de aceptar participar del mismo diluir el fracaso del gobierno actual y, de no participar, señalarnos de no trabajar en consenso. Nada más lejos de la verdad. La posición histórica del PIP siempre ha sido y será la de participar de aquellos esfuerzos y procesos que redunden en vías para adelantar la descolonización e independencia.

De igual forma, resulta indignante e hipócrita este llamado cuando quienes convocan no han estado dispuestos a resolver asuntos en los que existe amplio consenso en el país. Una consulta plebiscitaria sin alternativas coloniales ni territoriales, la prohibición definitiva del depósito de cenizas tóxicas de carbón como propongo en el PC–1160 y, el aumento de 10 por ciento en la tasa contributiva a las corporaciones foráneas como pretendo en el PC–1174, son ejemplos claros en los que el actual gobierno no sólo se ha hecho de la vista larga sino que, además, ha traicionado el vasto consentimiento de múltiples sectores en el país. Olvidan los que han gobernado el país que un fundamento básico en los consensos es la reciprocidad y que la unilateralidad no permite que los mismos prosperen. Podrán contar con colaboradores útiles pero no con el independentismo que se respeta a sí mismo. Si de algo sirvió esta actividad fue para reunir en un mismo lugar a los lacayos del imperio y a los responsables del fracaso que hoy encaramos. Nada más. Dios los cría y ellos se juntan.

En su pretensión de crear un “frente unido” evidentemente fingido y simulado –y por ende inconsecuente– el gobierno recurre al chantaje para configurar el mismo. Si te prestas al “frente unido” se crea la falsa impresión de un esfuerzo conjunto en el que, una vez fracasado, todos seremos los responsables de dicho revés y se diluya la responsabilidad de la administración de turno. Y si no se participa del “frente unido” se acusa de no trabajar en consenso por el país. Se trata de una movida política y de una manipulación mediática.

Cuando el consenso sea para confrontar políticamente a los Estados Unidos, para adelantar la descolonización, para romper con la dependencia que genera pobreza y para comenzar un verdadero proceso de reconstrucción nacional, el PIP participará del mismo. A Washington vamos a exigir, no a suplicar.

Será otra cosa: Notas del doctorado de una instructora de lengua

Ya es la cuarta vez en que comienzo un año académico en una universidad norteamericana. El doctorado, un programa de cinco años en el que estudiamos y para el que enseñamos, según el cronograma o las falsas esperanzas, debe ir sosegándose. Faltan dos años para que, dicen los más optimistas, te hagas doctor en letras y consigas un buen trabajo fuera de aquí. Está difícil eso. Está difícil también imaginarse aquí por mucho tiempo o prever un regreso a cualquier parte. La ciudad, el dinero, el trabajo y los estudios no dan mucho espacio para divagaciones: se está aquí en el “eterno presente” (mucho menos poético que este verso de Guillén). En cuenta regresiva para los recesos. Menos mal.

El componente de enseñanza del doctorado, ese que te requiere 3 o 4 años de los cinco del PhD, más bien se concentra en impartir lengua en todos los niveles hasta llegar a dar clases de literatura. La idea es que los estudiantes graduados son gran parte de la fuerza laboral de estas instituciones y su trabajo en el aula paga su programa de estudios. Estos fundamentos se cuestionan poco y son problemáticos, porque muchas veces se nos explota e insta a dar las gracias… pero eso es otra columna. A mí me falta un semestre para alcanzar el peldaño de enseñar un curso de literatura, ahora enseño un cuarto semestre, el último español intermedio que pone a los estudiantes frente a las muchas identidades y estereotipos que se erigen en el mundo hispano. Estos cursos parecen ser catálogos pintorescos de la hispanidad: una película grabada por españoles en Cuba, imágenes de Frida Kahlo –debates sobre su ‘mexicanidad’ y performatividad de género, por ejemplo–, discusiones sobre las dictaduras y cómo se representa en la cultura popular lo hispano, latinoamericano y en ultimísimo lugar de prioridad, lo caribeño. Son prontuarios ambiciosos, pero también un tanto leves, caemos un poco en la trampa de querer ser portavoces, aunque no sé muy bien de qué. Venimos cada semestre esperanzados de tal vez levantar interés en el salón de clase, provocar dudas, no importa cuánto mastiquen el español los estudiantes, de que se imaginen algo fuera del confort del que vienen y en el que viven sus cuatro años de bachillerato. Siempre hay excepciones, uno o dos en cada salón, el resto parece listo para el recorrido visual. Un poquito de gramática, un poquito de videos, conversación, juegos en clase, tareas en la plataforma en línea, la píldora dorada; todo cómodo y ameno. El instructor debe representar lo mejor de su lugar de origen y echarse encima el o los cursos sin demasiada guía, al menos en mi universidad.

En estos días comencé un trabajo nuevo, el dinero del doctorado no da y menos en esta ciudad (pero eso también será para una próxima ocasión). Comencé a enseñar dos clases de lengua a tiempo parcial en otra universidad del área, esta católica, también rica y abrumadoramente homogénea (ya se imaginarán a lo que me refiero). Las dinámicas son distintas, hay un coordinador que no duerme, todo parece velado y el elemento pintoresco y diverso-friendly de la otra universidad, de donde me doctoro, no se busca, no se fomenta, no existe. Cada facultad es una réplica arquitectónica de las iglesias británicas del siglo 16, y los recursos de las bibliotecas parecen inagotables (como buenos jesuitas). Mi universidad y esta son dos caras de una misma moneda: los estudiantes (o sus padres) pagan más de 50 mil dólares al año en cursos sin contar vivienda, o plan alimenticio o gastos alegres. El perfil de estudiantes es distinto, pero la reputación es que ambas son instituciones educativas privadas de ricos: ricos liberales y ricos conservadores. Se me hacía un poco difícil pensar que todo era tan blanco y negro, pero ya con algunos años aquí, hablando con la gente local y con ciertos prejuicios en las espaldas, no parecen tan absurdas estas etiquetas o tan inconcebible el statu quo.

Bueno, en fin, que aquí estamos. Con trabajo. Hay que ser agradecidos. Sirviéndole a los riquitos del estado. Hay que dar las gracias, de nuevo, ¿verdad? El PhD pasó a un segundo plano ante las deudas más básicas que no cubre el trabajo en la universidad donde me doctoro (apartamento, compra, salud). Aunque ha cambiado un poco el panorama y las metas a corto plazo, el motor para estar como tres en un zapato se ha compendiado en que queremos volver a Puerto Rico. En nuestras ficciones imaginamos que cualquier cosa que hagamos allá será mejor que cualquiera que hagamos aquí. Para eso hay que contar de manera regresiva, dos, tres años, y alimentar las esperanzas para sobrevivir el presente en un país tan rico, como tan vacío.

Equipo Nacional: Hay mucho que trabajar, pero hay esperanza

El pasado fin de semana se llevó a cabo el torneo AmeriCup de baloncesto; un torneo clasificatorio para los Juegos Panamericanos Lima 2019 que le brindó la oportunidad a Puerto Rico de presentar su renovada escuadra. La misma muestra un cambio generacional necesario, con baloncelistas cuya edad promedio es 25 años, la mitad de ellos haciendo su debut con el equipo grande.

De los objetivos importantes, se consiguió el más apremiante: la clasificación panamericana. Sin embargo, no se pudo llegar al “final four” del torneo que se realizó el pasado fin de semana en Argentina.

El grupo de Puerto Rico contó con Brasil, Colombia y México. Los boricuas, que lograron la segunda posición, perdieron el primer día 69-66 contra México, pero luego se recuperaron para vencer consecutivamente a Colombia y Brasil por 19 y 9 puntos respectivamente.

Nos faltó fogueo y malicia para ganarnos a los aztecas

La primera derrota sufrida frente a la escuadra mexicana fue sin duda alguna el juego más intenso del torneo. Puerto Rico tuvo oportunidades reales de ganarlo (estuvimos empate a 62 tarde en el juego), pero una serie de malas posesiones ofensivas y falta de experiencia a ese nivel nos pasaron factura. Se notaba también que el equipo se estaba conociendo y que sus integrantes no habían jugado lo suficiente en conjunto. Eso es natural con equipos jóvenes pero no se puede utilizar como excusa ya que, en el escenario internacional, dicho proceso hay que aprenderlo rápidamente.

Debilidades

Haciendo un estudio macro de lo que fue nuestra participación, creo que hay tres preocupaciones que saltan a la vista. En primer lugar, el equipo de Puerto Rico promedió 17 errores (“turnovers”) por partido. A nivel internacional, si se quiere ser competitivo, ese número no puede pasar de 12. En segundo lugar, es preocupante que Puerto Rico parece no tener un tirador natural de tres puntos, a excepción de Mike Rosario, jugador que dicho sea de paso, no tuvo un gran torneo lanzando el triple. Ese factor nos hace vulnerables a la defensa de zona de los otros equipos, por lo que se debe considerar otro tirador, como por ejemplo Isaac Sosa o el veterano Javier Mojica. Por último, aunque Chris Gastón tuvo sus buenos momentos en el torneo, la posición de delantero fuerte es una donde Puerto Rico todavía tiene que estabilizarse y necesita más ofensiva de Carlos Yao López, quien actualmente es el defensa fuerte regular. La buena noticia es que parece que esa posición será reforzada prontamente con la llegada de Melsahn Basabe, un joven de origen puertorriqueño con experiencia en ligas europeas.

Noticias positivas

Más que las dos victorias obtenidas y el pase panamericano, Puerto Rico puede ver con esperanza el desarrollo de la posición de centro tanto de Jorge Bryan Díaz, quien año tras año ha ido progresando en su juego hasta convertirse en un centro internacional respetable, como del debutante Tyler Davis. Este último, con apenas 20 años ya cuenta con grandes herramientas. Viniendo del banco, hizo un trabajo excepcional promediando 12.3 por juego y 6.7 rebotes. Además, se fajó de tú a tú en el torneo con los centros internacionales. Considero que de seguir su curva ascendente, Tyler Davis pronto será el centro nacional del equipo y, de mantenerse saludable, será el dueño y señor de dicha posición por mucho tiempo.

Se debió haber explorado la combinación de ambos centros en la cancha al mismo tiempo, pues eso le hubiera causado problemas mayores a los rivales al tener que “gardear” a dos hombres grandes que cuentan a su vez con mucha agilidad.

Hay que resaltar, además, la producción e intensidad que trajo la presencia de Ángel Rodríguez, armador que debutaba con el equipo olímpico. Rodríguez fue una estrella con la Universidad de Miami a nivel colegial y ahora añade una chispa por su velocidad y habilidad para encargarse del equipo ofensivamente. Así lo demostró en el juego contra Brasil, donde encestó 23 puntos. Además, el armador puede crear su propio tiro, algo que Puerto Rico había perdido ante la salida de Carlos Arroyo y la ausencia en este torneo de José Juan Barea.

Definitivamente, nuestro equipo de baloncesto nacional demostró carácter y ganas de seguir mejorando como grupo. Aunque habrá momentos fuertes como parte del cambio generacional y hay que seguir “puliendo” al grupo, creo que vamos por buen camino en ruta al ciclo 2020. Mientras tanto y como siempre, el país estará siempre apoyando la escuadra y pendiente de sus 12 magníficos.

Diáspora puertorriqueña tiene embajador cultural

“Despacito nos costó $700,000 dólares en tiempos de crisis. Por otro lado, existen artistas que están poniendo en alto el nombre de Puerto Rico sin que les cueste un centavo al erario”, expresó el actor puertorriqueño Ángel Vázquez.

Por ejemplo, el también gestor cultural ha presentado en 60 ocasiones su monólogo Hecho en Puelto Rico a través de tres giras corridas que realizó por Estados Unidos durante el año pasado y el que transcurre. Aproximadamente, 11 mil personas entre las ciudades de Chicago, Washington D.C., Nueva York y Orlando han presenciado este trabajo escénico, dirigido por el propio actor.

Hecho en Puelto Rico muestra un joven a punto de graduarse de la universidad que se ve afectado por la crisis social, política y económica que impera en Puerto Rico actualmente y decide mudarse al Norte a sobrepasar su situación. Juan Carlos, como se llama el personaje, lleva consigo una maleta que le entrega su abuelo. La trama ahonda en la importancia de conocer nuestra historia cuando el joven descubre dentro del equipaje un “tesoro cultural”.

Resalta en esta pieza teatral la capacidad de hacer que los espectadores se identifiquen con lo que presencian debido a que es muy sensorial. A juzgar por Vázquez, el público se ha reído con las ocurrencias e ideas de Juan Carlos, a la vez que se ha conmovido con el Puerto Rico que se presenta. El monólogo está hecho para levantar el espíritu de lucha de los puertorriqueños, ya que “la autoestima general del pueblo está por el piso”, indicó el actor.

La “comedia satírica teatral”, como fue descrita por Vázquez, continúa rompiendo records de presentaciones en Puerto Rico y en el exterior. Según reveló quien cuenta con 30 años de experiencia en las tablas, esto le ha dado la oportunidad de conocer más de cerca la diáspora puertorriqueña y de convertirse en embajador cultural de la isla.

En calendario ya figuran las próximas presentaciones en Puerto Rico: viernes, 8 de septiembre de 2017 en el Teatro Francisco Arriví de Santurce; viernes, 29 de septiembre en el Teatro Yagüez de Mayagüez; y viernes, 13 de octubre en la Universidad Católica de Ponce. Todas las funciones comenzarán a las 8:30 de la noche.

En cuanto a la agenda en Estados Unidos, se proyectan presentaciones durante el 2017 y 2018 en Tampa, Minnesota, Boston, Kansas City, entre otras ciudades y nuevamente en Washington D.C., Chicago y Nueva York. Sobre la experiencia que ha tenido en Norteamérica, Vázquez comentó que “compartir con los boricuas en la diáspora ha sido un sueño hecho realidad. Siento que con Hecho en Puelto Rico les llevo la patria. Esa que tanto añoran”.

En Nueva York, por ejemplo, el público llenó el teatro del Julia de Burgos Cultural Center. Para sorpresa de Ángel, ese mismo público lo está invitando a regresar y se ha encargado de hacer las gestiones necesarias para la próxima presentación.

“Washington D.C. fue sumamente especial. A las dos funciones realizadas en el Gala Theatre en noviembre 2017, asistió tanto público que hubo que traer sillas adicionales. Según los productores del evento, esto solo había sucedido con la visita de Gabriel García Marques. A petición del público de la capital estadounidense, Hecho en Puelto Rico regresa el 16 de marzo de 2018”, aseguró Vázquez después de anunciar que también regresará a Orlando, Florida el 15 de octubre de este año.

“Si algo se puede decir acerca de esta gran experiencia directa con la diáspora puertorriqueña es que todos tienen el corazón en su patria, que mantienen las costumbres y tradiciones, y que se sienten muy orgullosos de sus raíces. Después de todo, como dice Juan Carlos en el monólogo: ‘Los puertorriqueños de allá, son tan puertorriqueños como los de acá. Y a veces, hasta más’”, finalizó el actor.   .

Indudablemente, mientras el público se reencuentra con la puertorriqueñidad, reflexionará sobre cómo equiparse para enfrentar estos tiempos de crisis.

Los boletos se consiguen en Ticketcenter llamando al 787-792-5000. Para más información, puede comunicarse con la coordinadora de medios de Hecho en Puelto Rico, Carmín Boisolie, llamando al 787-368-8358 o escribiendo al correo electrónico carminboisolie@hotmail.com.

Nuevos y viejos atornillados

Mientras el gobernador Ricardo Rosselló dice urbi et orbi que la Junta de Control Fiscal (JCF) no tiene poder para imponer una reducción de la jornada laboral a los empleados públicos, simultáneamente le solicita a ese mismo cuerpo interventor que proceda a despedir 840 funcionarios que él considera “atornillados”. Según esa lógica, la Junta no tiene poder para lo menos –reducir las horas de trabajo– pero si para lo más, el despido. Ahí tenemos un ejemplo muy sonoro de los altibajos y contradicciones a que, en sólo siete meses, nos tiene acostumbrados este gobierno.

Obviamente los junteros –que tienen poder para lo menos y para lo más– no le van a hacer el favor que les está solicitando Rosselló. Eso no está en el sacrosanto “plan fiscal” y, además, el tema de los “atornillados” huele a politiquería de primer orden y el buró supremo que realmente nos gobierna no está para esas pequeñeces.

En Puerto Rico se viene hablando de “atornillados” desde hace muchas décadas, particularmente en los últimos meses de un relevo gubernamental. Antes de abandonar el poder, el gobierno saliente siempre se encarga de dejar colocados en cargos públicos protegidos a sus fieles más cercanos. De ordinario se trata de los cuadros que trabajaron en puestos de “confianza” o que aspiraron a cargos electivos y resultaron perdedores. Antes de que empiece el nuevo gobierno, que seguramente los despedirá si se quedan en el cargo que estaban, el saliente hace todo lo posible por “atornillar” a estos amigos en puestos seguros.

Uno de los gobernadores que con más desfachatez actuó en ese campo fue Pedro Rosselló, padre del actual morador de la Fortaleza. Como había estado ocho años en el cargo (el último que ha estado tanto tiempo) tenía muchos ahijados cobijados bajo el manto gubernamental y se dispuso a protegerlos. En los últimos tres meses sus legisladores cambiaron leyes y celebraron sesiones extraordinarias (la última se extendió hasta el 31 de diciembre) para llenar cada hueco o para ampliar los términos de ciertos funcionarios. Creo que fue por esos años que nació el término “atornillado”.

Luego de Pedro, como ningún gobernador ha durado más de cuatro años debido al elevado costo político que supone la continuada crisis económica, el fenómeno del “atornillamiento” se ha repetido con mayor frecuencia. Cualquiera que quiera hacer el ejercicio de revisar los periódicos de los últimos meses de esos cuatrienios, encontrará múltiples noticias sobre el tema.

Cuando estaba por acabar el gobierno de Luis Fortuño, del mismo partido político que el actual, el asunto llegó a niveles nunca antes vistos porque se cambiaron numerosas leyes para dejar sembrados a funcionarios claves que luego Alejandro García Padilla no pudo cambiar. Los miembros de la Comisión de Servicio Público, que se quedaron durante los cuatro años de García Padilla, son un buen ejemplo. Igual lo es el de la jefa de Oficina Ética Gubernamental, Zulma Rosario. En este último caso, el “atornillamiento” fue una medida de autoprotección porque Rosario se encarga de proteger las espaldas de los líderes del PNP que abandonan el gobierno.

El problema que han tenido todos los gobernadores cuando han querido enfrentarse a los atornillados que les dejaron, y que sin duda enfrentará Ricardo Rosselló en esta ocasión, es que la acción de atornillar es casi siempre “legal”. De ordinario, los protegidos regresan o se ubican en “puestos de carrera” que habían quedado reservados para la ocasión. Otros son acomodados en puestos que caen en la esfera del “poder de nombramiento del Ejecutivo”, como es el caso de los jueces, procuradores y fiscales. Las vacantes surgidas durante el año se reservan para ser llenadas luego del evento electoral, citándose una sesión extraordinaria de la Legislatura, casi siempre en plena temporada navideña, para la correspondiente confirmación.

Quien único no pudo citar ese “festín confirmatorio” de la Navidad fue el gobernador Aníbal Acevedo Vilá, del PPD, porque la Legislatura estaba controlada por el PNP. Como se recordará, el Senado de entonces, controlado por el ahora expresidiario Jorge de Castro Font, había anunciado que no se consideraría ningún nuevo nombramiento y que todas las vacantes, incluyendo las del Tribunal Supremo, quedarían como parte del “banquete total” que disfrutaría su partido, que también es el del actual Gobernador.

Si la mayoría de esos nombramientos, son “legales”, al Rosselló de ahora le será difícil desalojar a los atornillados, como le fue a quien quiso destituir a los que dejó su padre. Si pretende hacerlo terminará su gobierno enredado en nuevos pleitos que a la postre perderá. Aunque quien realmente asumirá la pérdida será el pueblo, que terminará pagando el sueldo acumulado de cada despedido, más daños y honorarios legales. Ya el liderato del opositor Partido Popular, que es el partido político en el que militan los protegidos, les ofreció representación legal a los posibles afectados.

Esa realidad legal es tal vez lo que explica que el Gobernador haya acudido ante la JCF con la solicitud de despido, como si el poder del buró supremo pudiera llegar al extremo de curar ilegalidades. Como la Junta ya rechazó la invitación, todo se quedará en otro ejercicio más de politiquería.