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Entre sotanas y desobediencia civil: De Antulio Parrilla a “Felo” Torres

Dentro de la jerarquía católica puertorriqueña, monseñor Antulio Parrilla Bonilla se situó como un defensor de la desobediencia civil pacífica, y visualizaba ésta como una herramienta indispensable para enfrentar los problemas que traía consigo la colonia. Desde su teología, en muchos casos radical, el uso de la desobediencia civil venía desde su concepción de independentista, socialista y desde un discurso entroncado en el pacifismo.

De entrada, este prelado de la Iglesia Católica vio la desobediencia civil como una herramienta imprescindible para la verdadera transformación de Puerto Rico. Al respecto, nos dice: “En Puerto Rico, para comprometerse con el cambio hay que desobedecer leyes arcaicas, cerradas, inflexibles, mantenidas en los códigos por pura pereza intelectual y falta de dinamismo imaginativo”.1

Uno de los problemas que llevó al obispo Parrilla Bonilla a plantear el uso de la desobediencia civil pacífica fue la presencia de la Marina de Estados Unidos en Culebra. En ese sentido, en su batalla antimilitarista, uno de los resultados políticos y cristianos del discurso del obispo Parrilla fue su defensa acérrima a favor de la paz de Culebra. Sin duda, la participación activa de este jesuita le inyectó a la lucha de Culebra un elemento religioso importante.

De modo que este sacerdote puertorriqueño desarrolló un discurso a favor de la integridad física y sicológica del pueblo de Culebra. Para éste, las condiciones que enfrentaba el pueblo de Culebra eran adversas a su vida económica, social, cultural y política. Es por ello que creyó necesario utilizar su posición jerárquica para sustentar el reclamo contra la Marina de Guerra de los Estados Unidos. Su defensa a favor de la paz de Culebra fue tan firme que en una ocasión le envió un telegrama al Papa Pablo VI, en el que explicaba breve, pero dramáticamente la situación por la cual atravesaban los culebrenses:

Coordinador Marcha Washington pro Rescate Culebra Nueva York, señor GERENA-Valentín, escribió Su Santidad 13 de noviembre corriente, solicita entrevista personal Su santidad tratar angustioso problema creado puertorriqueños isla Culebra por bombardeos Marina de Guerra Estados Unidos. Progreso humano, social, espiritual, individual y colectivo ochocientos cristianos detenidos. Obligados pobreza material e intranquilidad espiritual abandonar lugar de origen, viven doce mil fuera Isla. Agradeceré Su Santidad conceda entrevista apoyo moral. Pide bendición hermano en Cristo2.

El telegrama enviado a la ciudad del Vaticano representaba un claro mensaje de repudio a las prácticas militares de la Marina. Esta militancia de Parrilla lo llevó a sufrir represión y un abuso directo por parte de las autoridades policíacas de la Isla. Durante una demostración de desobediencia civil frente a la base naval de Miramar, Parrilla Bonilla fue macaneado por la fuerza de choque de la policía.3

En esa misma manifestación, celebrada el 10 de junio de 1970, Parrilla Bonilla exhortó a los presentes a: “que con serenidad mantengan la mayor militancia posible, ya que con ésta será posible sacar la Marina no solamente de Culebra y Vieques sino de todo el territorio nacional”.4 También afirmó lo siguiente: “que ni las vistas públicas ni los políticos serán los que saquen la Marina de Culebra, Vieques [sic] y Puerto Rico, lo que va a sacar la Marina es la militancia de los puertorriqueños”.5

En una conferencia de prensa en la Ciudad de México, donde se encontraba un gran número de reporteros y corresponsales extranjeros, y el mismo día en que un grupo de 200 manifestantes (entre independentistas, pastores protestantes y sacerdotes católicos) invadía una zona de maniobras de guerra, Antulio Parrilla Bonilla difundía la situación lastimosa de Culebra:

Culebra es una isla al noroeste de Puerto Rico, donde viven 800 personas y 12 mil culebrenses han tenido que abandonarla porque la isla es una base naval donde la marina tiene maniobras de guerra. Es una isla que era un santuario de pájaros y de vegetación exuberante, pero la ecología está siendo destruida y la Marina de EU ha ido acaparando las tierras. Y hoy los culebrenses jóvenes tienen que emigrar porque no tienen medios de vida y pasan los días con el terror por las maniobras de guerra; los bancos de corales están siendo destruidos, los nidos de aves destruidos y por ende hay una situación bastante confrontativa entre Puerto Rico y la Marina de Guerra de los Estados Unidos.6

Durante los primeros meses del año de 1971, un grupo diverso de manifestantes invadió Playa Flamenco para entorpecer la operación naval Springboard. Allí se encontraba Parilla Bonilla y ante los arrestos que se suscitaron dijo lo siguiente: “La fe cristiana, el testimonio cristiano y la posición cristiana respecto a Culebra, que representa también la situación colonial de todo Puerto Rico, se ha manifestado auténticamente por estos trece jóvenes puertorriqueños…quienes han actuado formados y sostenidos por principios del Sermón de la Montaña…”7

Para este jesuita, la desobediencia civil partía de un compromiso pacífico que contemplaba una acción directa y frontal contra las estructuras. Con esta cita monseñor Parrilla calibró la fuerza e importancia de la resistencia pacífica: “… frente a la arrogancia de poder de la Marina, la única alternativa es la desobediencia civil”8. En definitiva, a la luz del pensamiento antimilitarista del obispo Antulio Parrilla Bonilla, la desobediencia civil pacífica se convertía en bandera de justicia, paz y libertad.

Antulio Parrilla Bonilla dejó esa semilla de la desobediencia civil. Años más tarde, cuando estaba el proceso de la lucha por sacar la Marina de Guerra de Estados Unidos de Vieques, esa semilla dio frutos de manera significativa. Y es que distintos sectores de la Iglesia Católica, desde diversas estrategias, se entregaron en cuerpo y alma para sacar la Marina de Vieques. En otras palabras, la llama de la desobediencia civil recobró fuerza durante este período.

Fueron muchos los sacerdotes, religiosos, monjas, diáconos, seminaristas y laicos que desarrollaron un discurso y praxis de liberación durante este proceso de lucha en Vieques. Conviene destacar aquí al padre Rafael Torres Oliver, mejor conocido como padre “Felo”. El 3 de agosto de 2001, padre “Felo” junto a la hermana de Notre Dame, Socorro García, y los laicos, Daniel Colón Ramos y María de los Ángeles Fonseca, penetraron en la zona restringida de la Marina, luego de haber recibido la bendición del obispo de Caguas, Rubén González.9

El cura “Felo Torres, en aquel momento sacerdote de la Parroquia Santiago Apóstol de Fajardo, entró a la zona restringida leyendo pasajes de la Biblia y, mientras le colocaban las esposas, dijo: “Si vienen golpes y cárcel, bienvenidos sean”.10 Luego de tres días de encarcelamiento, Torres Oliver fue conducido, con cadenas en los pies y en las manos, a una Vista de Detención, y allí dijo: “No acepto fianza pues desde mi vocación de religioso misionero redentorista y sacerdote de la Diócesis de Caguas, quiero acompañar a todos/as aquellos/as que luchan desde las cárceles por la paz y la justicia…”11

Desde la cárcel, y en medio de un proceso de profunda reflexión, padre “Felo” se expresó contundentemente a favor de la desobediencia civil: “Soy feliz rompiendo una ley injusta. Si esa ley alambrada dice “No trespassing-U.S. Navy Territory”, yo soy feliz rompiéndola…”12 Más adelante dice: “No callaré hasta que, de la mano de Jesús, los pescadores tiren y llenen sus redes de Vida, las madres arrullen sin temor a sus hijos y los niños corran y bailen en las playas de un Vieques liberado”.13

Hemos visto cómo la desobediencia civil pacífica fue una respuesta eclesial histórica en Puerto Rico. Desde los tiempos del cura cooperativista Antulio Parrilla hasta al padre misionero “Felo” Torres, la Iglesia Católica en Puerto Rico ha contado con figuras que practicaron una pastoral de liberación, cuyas raíces provienen del propio Evangelio. En definitiva, para estos sacerdotes de la liberación la desobediencia civil traerá consigo un evangelio lleno de esperanza, dignidad y paz.

El autor escribió el libro Católicos rebeldes en Puerto Rico durante la Guerra Fría

NOTAS

1 “En el 103 aniversario del Grito de Lares”, Homilía de la misa de la conmemoración del Grito de Lares dedicada a los presos políticos (Lares), Claridad, 23 de septiembre de 1971, pág.  10.

2 Telegrama a Paulo VI (Río Piedras), en Puerto Rico: Iglesia y sociedad 1969-1971, V, pág.  96.

3 “Policías macanean Obispo Parrilla, abogados y prensa, disolvieron piquetes frente base naval”, Claridad, 14 de junio de 1970, s.  núm.  pág.

4 Dulce María Rodríguez, “Incidentes frente base naval SJ”, El Mundo, 11 de junio de 1970, pág.  22-A.

5 Ibíd.

6 “Los puertorriqueños presionan que la Marina de EU salga de la Isla de Culebra, municipio de Puerto Rico”, Boletín de Cencos (México), 21 de enero de 1971, núm. 5029. Fondo Documental Mons. Antulio Parrilla Bonilla.

7 “Homilía en los servicios ecuménicos frente al presidio con motivo del encarcelamiento de trece patriotas el 21 de febrero de 1971”, Claridad, 28 de febrero de 1971, s.  núm.  pág.

8 “Obispo Parrilla insta escalonar lucha de Culebra”, Claridad, 29 de abril de 1970, pág.  1.

9 Dennise Y. Pérez, “Desobedientes una monja y un sacerdote”, El Vocero, 4 de agosto de 2001.

10 bíd.

11 Revdo. Rafael “Felo” Torres Oliver, C.Ss.R. “Alocución en su juicio por desobediencia civil”, San Juan, 27 de agosto de 2001.

12 Rafael Torres Oliver, “Escrito desde la cárcel federal en Guaynabo”, 15 de agosto de 2001.

13 Ibíd.

El disco que siempre soñó

A Lizbeth y sus duendes invisibles

¡Tic-toc, tic-toc va pasando el tiempo!… ¡Tic-toc va pasando el tiempo de verdad!, se escucha la voz melódica y diferente, diferentísima, de Lizbeth Román. Tras eso, la clave, la contagiosa percusión y los acordes de guitarra. Ése es el inicio de lo que siempre fue el sueño musical de esta joven cantautora puertorriqueña: la materialización en disco de su sonido, de lo que es ella en el escenario, de su baja estatura que es grandeza pura. Para ella, el tiempo no ha pasado en vano.

Para hacer realidad el sueño, el disco – “La otra ruta: live at New York”, como se titula – cuenta con la colaboración de muchos duendes invisibles como: Enrique ‘El peru’ Chávez en la percusión y el cajón; Ariel Robles en el bajo, Andrés ‘Kino’ Cruz en la conga y el bongó; Joe Kimple en la grabación de audio en directo; Néstor Salomón en la restauración y masterización de sonido; y Marili Pizarro en el diseño y arte del disco.

De hecho, apreciar de cerca el arte de este disco, es presenciar la realidad del proyecto artístico de Lizbeth: el deseo inmenso de llevar su música a distintos lugares y países. Asegura la propia cantautora que “La otra ruta” fue grabado en vivo por causalidad la primera vez que el concepto viajó a Nueva York el año pasado. Esa presentación se dio en el contexto de una gira nacional independiente “a la guerrilla” llamada “La vuelta insular”, que está efectuándose desde el 2016 por diferentes espacios – café teatros, pubs, festivales – de los 78 municipios de la Isla con la intención de amarrar lazos culturales.

Me convertí en seguidora de esta talentosísima artista desde que la escuché por primera vez en El Bori en Río Piedras, escenario estudiantil que la vio crecer. En aquella ocasión, al escuchar los temas “Me voy” y “La marea” – incluidos en la producción –, quise hablar con ella para conocer más de su propuesta musical. Recuerdo que la conversación comenzó de forma natural, como si nos conociéramos de antes. Quizás la naturalidad de aquel día se debió a la conexión que forma la música. Tal vez, a esa relación invisible que se forma entre los artistas que tocan en la calle y el público que los sigue a cada rincón.

A partir de ese entonces, he presenciado la música duende en esos distintos espacios que van acogiendo su vuelta insular independiente: El Mirador frente a la Universidad de Puerto Rico en Cayey, el Festival CLARIDAD, La Mordida en Caguas, y otros lugares de Santurce. Ahora que adquirí el disco, he escuchado con detenimiento las letras de canciones como La nube y Camino sola, ésas que también delatan la conciencia política y social que ha desarrollado la joven. La discografía guarda versatilidad sonora y temática, lo que convierte el álbum en una hermosa pieza de colección.

Así lo expresó Néstor Salomón: “La otra ruta: live at New York” eres tú, sos vos, es una foto sonora de tu expresión en la vida, es tu actitud de saber transmitir, es la casualidad, es la aparición de tus “duendes invisibles” y el disfrute natural del público. Éste es un discazo, un gran álbum de colección que me encantó restaurar y masterizar”.

Como la producción discográfica está grabada en vivo, la risa y demás reacciones del público le añaden a la esencia de la propuesta musical de Lizbeth, que es disfrutarse cada presentación y proyectarle ese sentimiento a quienes la escuchan. Y es que en el proceso de irse desarrollando como artista independiente, la joven reconoce que su éxito ha sido en parte porque siente y vive lo que proyecta.

Esa naturalidad con la que le canta al público, con la que modula su voz y con la que escribe se ata al significado que le da a la palabra: es “la materialización de un imaginario, de una incomodidad, de la relación con el yo o con los demás. Es mi trabajo. Vivo de la palabra”, me dijo aquella primera vez que hablamos en Río Piedras.

El disco también recoge los sencillos “Tuki Tuki”, “Pom Pom”, “Cierra el baúl”, “Esquinas rotas”, “Puntos suspensivos”, “Bolero saltarín”, “Quédate con to”, “Me voy II”, “La bruja”, y “Mangó”.

“Tocar en la calle es una guerrilla romántica, un caos dirigido”, me admitió risueña aquella vez sobre la complejidad de entrar y perdurar en la escena musical independiente del País. Pero su esfuerzo, su habilidad musical y su personalidad han desembocado en logros para su carrera como cantautora. ¡Qué venga más, Liz!

El disco se puede adquirir a través de este enlace: https://farolaygato.wixsite.com/lizbethroman y en la Claritienda.

Con motivo de la partida de Elliott Castro

Elliot, mi hermano,  las veces que nos encontramos el saludo era una sonrisa pues siempre había una especie de alegría en tu corazón que se reflejaba en ella.  Siempre te oí hablar bien de los demás y nunca te escuché hablar mal de nadie.  Ese eras tú.

Elliot Castro, amigo mío,

te despido con un aplauso,

pues fuiste un ejemplo vivo

de un verdadero ser humano.

Te dabas de corazón,

nunca te dabas a medias,

siempre fuiste un sol

tan solo con tu presencia.

¡Gracias por haber existido!  Seguirás en nosotros.

Será otra cosa: Ramb…után

¿Habrá que sustituir al mesías esperado por el rambo encasquetado?

Mientras debato esta sesuda cuestión de nuestro sofisticadísimo patriarcado del patio, recuerdo las masculinidades otras (o las resolutas no-masculinidades, según usted prefiera) que poblaron el estreno, el pasado 14 de julio, de la tercera temporada de Teatro de la Commedia, en escena una vez al mes en La Tertulia, Mayagüez. Para el heroísmo de Vueltabajo Colectivo y lxs demás artistas independientes que arman dicha puesta, no hacen falta armas largas, bíceps inyectados, excepcionalismos gringos ni instrucciones herederas de la línea fálica penepé. De hecho, el heroísmo de este trabajo-sueño teatral resulta de la colaboración colectiva, rizomática, en los márgenes de los márgenes del país, para destronar, parodiándolos, a los rambos de la legislatura, de la junta, del capitolio, de las cenizas, de los fundamentalistas, de los colonizados de toda ralea.

Inspirado en la commedia dell’arte, clásico teatro de la calle, revelador en su mascarada, ambulante e irreverente, tan improvisado como codificado, la propuesta de estxs artistas combina piezas breves de diversa concepción (recibimos, incluso, una visita intergaláctica) en un amplio espectro de provocaciones (visuales, auditivas, lingüísticas, táctiles). Me provoca, especialmente, el anti-rambo que cerró el estreno de temporada: un clown sin nombre y sin palabras, representado por Eury G. Orsini y conceptualizado por Zuleira Soto-Román, ambxs de Vueltabajo. Se me antoja llamarle Rambután.

Como las pullas del rambután, suaves en su aparente ferocidad, los titánicos esfuerzos del clown figuran inutilidad. Rambután no da pie con bola, o da más de dos pies con muchas bolas. Desde que aparece por detrás de nuestras cabezas, es a un tiempo impotente, triste y tierno. Todo lo acomete con los movimientos lentísimos, que hacen del cuerpo exclusivamente sus articulaciones, propios de la pantomima.

En su espalda, Rambután carga una mochila que, más tarde, descubrimos contiene una trompeta a la que él solo es capaz de arrancarle una nota desafinada. De un carrito que arrastra tras de sí, saca tubos con los que monta un tendedero para interactuar con una chaqueta, danza que termina haciéndonos dudar de la diferencia entre un cuerpo y un gancho. Con los contenidos del mismo carrito, arma una imagen de absurda domesticidad: conecta una extensión eléctrica y acomoda en una mesa que no existe un caldero, una lámpara de escritorio, una suerte de atril que se vuelve espejo imaginado y otros objetos inconexos. A continuación, utiliza la luz de la lámpara de escritorio para ¿arreglarse? el maquillaje. De una nítida división original entre el blanco y el negro, el reacomodo bajo la luz del contrato entre el ELA y AES, resulta en la conversión de su cara en ceniza. Rambután nos contempla, entonces, con una insondable tristeza de muerte por desidia. Y luego, se produce la transgresión. Con improbables malabares, Rambután traslada su cuerpo desde una minúscula silla hasta el otro lado de la mesa improvisada. En el proceso, atraviesa el espejo imaginado sin tocar sus bordes y abre una insólita, por primera, sonrisa.

Así, lo sugerido es lo real. Lo improbable es lo posible. Lo soñado es lo alcanzable. Atravesar el espejo. Llegar a otra parte. Del mismo modo en que la ferocidad aparente del rambután protege un tesoro, el clown guarda tras su supuesta futilidad un fruto de fibra pegajosa, tan imposible de despegar de la semilla como quimérico es convencer a Rambután de que la casa que ha construido no existe. A ese fruto, llamémosle libertad.

Teatro de la Commedia vuelve a La Tertulia el próximo 11 de agosto. No hay que sustituir porque no hay que esperar. Nutra usted el sueño de la libertad. Construya usted la casa. Atraviese usted el espejo.

De los orígenes de los partidos políticos en Puerto Rico al Partido Republicano Puertorriqueño y Don José Celso Barbosa (1)

A José Enrique Ayoroa Santaliz, por su amistad.

“Adiós, hermanos, yo me voy, pero me llevo la bandera de la autonomía que con mis amigos seguiremos tremolando.”

José Celso Barbosa

Hasta 1870 no existían los partidos políticos en Puerto Rico. La Isla, en su condición de colonia de España, conocía muy bien la falta de libertades fundamentales. Muchos de sus gobernantes descansaban en la impunidad que les brindaban las llamadas facultades omnímodas, y se ocupaban, tanto de la administración de la Isla como de impartir la justicia, sin que hubiese un sistema de pesos y contrapesos.

Montesquieu, el famoso filósofo francés, hubiese repudiado estos sistemas de gobierno que todavía en el siglo XIX se manifestaban como formas de gobierno despóticas. En su famoso tratado, El espíritu de las leyes, publicado en 1748, Montesquieu expone la doctrina de la separación de poderes. Considera que para que haya equilibrio político tiene que haber la separación de las tres clases de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y ejecutivo, entonces no hay libertad, dice Montesquieu, quien ha tomado como base el modelo político inglés.

Según el profesor Ignacio Fernández Sarasola, en España, “la primera referencia extensa de los partidos se halla en la obra de Ibáñez de la Rentería Reflexiones sobre las formas de gobierno (1783), en la que seguía muy de cerca las teorías plasmadas por Montesquieu en su De l’Esprit des lois”.1 Sin embargo, la situación en Puerto Rico era muy distinta; se vivía un gran atraso. En 1837, España había eliminado la representación de sus colonias americanas en las Cortes Españolas, disponiendo leyes especiales para Cuba y Puerto Rico, conocidas como las Leyes de Indias. Muy lejos estaba el Gobierno español de extender a la Isla los mismos derechos de los ciudadanos españoles en la Península.

En el siglo XIX, España había atravesado por varias rebeliones, viendo su Constitución ir y venir, y el sistema monárquico destituido, y nuevamente restituido. En septiembre de 1868, los revolucionarios españoles, en lucha por sus libertades fundamentales, se rebelan y logran deponer el gobierno absolutista de la Reina Isabel II, en lo que se conoce como la Revolución de Cádiz, o la Revolución Gloriosa. Al igual que en España, en Puerto Rico los revolucionarios se rebelaron exigiendo libertades, llegando incluso a demandar la independencia absoluta y a proclamar la República, en la sublevación del 23 de septiembre, conocida como el Grito de Lares. Apenas tres semanas más tarde, el 10 de octubre, los revolucionarios cubanos se levantaban para proclamar el Grito de Yara.

En Puerto Rico, las condiciones represivas se recrudecieron. Los rebeldes fueron perseguidos y castigados con la cárcel, el destierro y hasta la muerte. Sin embargo, el gobierno provisional de España, fundamentado en la corriente liberal, concedió una amnistía a los revolucionarios y el reestablecimiento de la representación de Puerto Rico ante las Cortes.

Ésas eran las condiciones que reinaban en Puerto Rico en 1869, cuando se convocaron las elecciones para los diputados a las Cortes. El separatismo había sido duramente golpeado y asomaban otras dos corrientes de pensamiento –una liberal y la otra conservadora–, aunque, según Reece B. Bothwell, todavía no contaban con programas definidos.2 Ambos grupos habrían de evolucionar hasta constituirse en partidos políticos plenos.

El escenario político había cambiado marcadamente. Emergían factores importantes que establecían condiciones apropiadas para el surgimiento de las nuevas estructuras políticas de las cuales derivarían los partidos. La nueva Constitución liberal de España extendía a Puerto Rico las inauguradas libertades, como la libertad de asociación y una cierta libertad de imprenta. Además, se notaba un adelanto en la organización social de los puertorriqueños y en su desarrollo político y cultural, destacándose una generación de hijos del país quienes asumirían posiciones de liderato.

Hacendados criollos, pequeños agricultores, ganaderos y comerciantes nativos que apoyaban el gobierno constitucional de España y veían con beneplácito la representación de la Isla en las Cortes Españolas acogieron el liberalismo como su vía de expresión y organizaron el primer partido político en Puerto Rico: el Partido Liberal Reformista, en 1870. Inicialmente, en su programa se identificaban a favor de la unión política, económica y administrativa de Puerto Rico con España, apoyaban la Constitución, y reclamaban igualdad con los españoles, favoreciendo la representación en las Cortes. Muchos eran de ideas abolicionistas.3

Al año siguiente, los llamados incondicionales, entre ellos españoles, comerciantes y funcionarios de gobierno que apoyaban el sistema monárquico español, constituían el Partido Liberal Conservador. Al igual que los reformistas, también se pronunciaban favor de la asimilación política, económica y administrativa de Puerto Rico con España, pero defendían extremadamente el vínculo político. Se oponían a la abolición de la esclavitud.4 Según la apreciación recogida por Bothwell, el partido se denominaba “liberal en todo lo que significa progreso económico y social para Puerto Rico, pero conservador en lo político, y procede a subrayar su agudo y exagerado españolismo”.5

En 1873, se proclama la República en España, y el Partido Liberal Reformista en la Isla se declara republicano federal, cambiando su nombre a Partido Federal Reformista. Sin embargo, la duración del sistema republicano de gobierno en España resulta ser fugaz. Con la restauración de la monarquía, y eliminada la Constitución de 1869, en Puerto Rico los liberales se hallan desmoralizados, mientras los conservadores dan pasos de avance.

En 1880, varios líderes liberales, entre los que se destaca Román Baldorioty de Castro, abogaban por un gobierno autonómico para Puerto Rico, mientras otros se acogían al asimilismo. Baldorioty se identificaba con la corriente que proponía un gobierno propio y mayor descentralización económica, mientras que José de Celis Aguilera se identificaba con la corriente que proponía las reformas, pero en asimilación. Por su parte, el Partido Conservador mantiene la misma línea, cambiando su nombre a Partido Incondicional Español.

En 1883, un joven médico, José Celso Barbosa, inicia su participación en la política. Según la observación de Antonio S. Pedreira, “frente a los españoles incondicionales de Puerto Rico había que oponer un ideal americano sin condiciones”.6 Barbosa se afilia al Partido Liberal Reformista.

Influenciado por las palabras de Baldorioty, a Barbosa “se le iban formando las entrañas autonomistas”.7 “Barbosa fue un autonomista convencido”, asegura Pedreira, quien afirma que “ni en aquella época jamás alentó ideas separatistas porque el ideal de independencia nunca encontró justificación en sus razonamientos…”.8 El 25 de diciembre de 1886 se constituye el Comité Liberal Autonomista de San Juan y el médico es elegido como uno de los delegados a la asamblea que habría de celebrarse pocos meses más tarde.

En marzo de 1887, Barbosa acude a la asamblea del Partido Liberal Reformista, celebrada en Ponce. Esa asamblea resultó ser, entonces, la Asamblea Constituyente del Partido Autonomista Puertorriqueño, del cual Baldorioty resulta elegido presidente. Irónicamente, la propuesta del modelo de autonomía de Baldorioty no resulta la favorecida y se adopta una de corte menos radical.

El año de 1887 ha sido bautizado como “el año terrible del ’87”, por haber sido un período de gran represión política. Cercano a ese período, Barbosa habría participado en una sociedad secreta llamada La Torre del Viejo. Las sociedades secretas eran movimientos muy radicales que tenían como propósito boicotear los comercios españoles y respaldar a los puertorriqueños, con el objetivo de lograr un cambio en las condiciones económicas en el país.9 Los participantes que eran detectados por las autoridades enfrentaban fuertes acciones represivas, incluyendo la práctica de los compontes. La participación de Barbosa en La Torre del Viejo representa una pieza de información clave para conocer el compromiso del médico con la ideología política con la que se identificaba. 10

El 17 de febrero de 1891, el poeta, orador, periodista y miembro del Partido Autonomista, Luis Muñoz Rivera, propone una alianza entre el Partido Autonomista Puertorriqueño y algún partido español que tuviese posibilidades de llegar al poder en España. La propuesta surgía de la intención de buscar un mejor acomodo de los autonomistas con un partido triunfante en España, aunque ello significara aliarse a un partido identificado con el régimen monárquico. Muñoz insiste en una alianza con el Partido Liberal Fusionista, dirigido por Práxedes Mateo Sagasta. Barbosa no habría de aceptar el pacto con Sagasta. “A un lado los pactistas monárquicos; al otro los autonomistas republicanos,” decía, manteniendo la defensa de la pureza del ideal. Barbosa no objetaba un pacto, pero debía ser con un partido republicano, o de ideas avanzadas, y no con un partido monárquico.11

Finalmente, se establece una comisión para iniciar los acercamientos. La comisión viaja a España, entablando Muñoz Rivera conversaciones con Sagasta. A su regreso a Puerto Rico deben someter el texto del pacto a la asamblea del partido. El 12 de febrero de 1897, se reúnen con ese propósito y la propuesta del pacto es aprobada por una abrumadora mayoría. Barbosa se retira, diciendo “Adiós, hermanos, yo me voy, pero me llevo la bandera de la autonomía que con mis amigos seguiremos tremolando”.12

Continuará…

NOTAS

1 Se refiere a José Agustín Ibáñez de la Rentería. Ignacio Fernández Sarasola, “La idea de partido en España: de la Ilustración a las Cortes de Cádiz (1783-1814)”, en Biblioteca Virtual Cervantes, https://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/hist/00365085489969551867857/p0000001.htm#I_0_ (accedido 5 de mayo de 2010).

2 Reece B. Bothwell, Orígenes y desarrollo de los partidos políticos en Puerto Rico, 1869-1980, (Río Piedras: Editorial Edil, 1987).

3 Jorge R. Schmidt Nieto, “Tendencias políticas del siglo XIX”, en https://academic.uprm.edu/jschmidt/id103.htm (accedido 25 de abril de 2010).

4 Schmidt Nieto.

5 Bothwell, 4.

6 Antonio S. Pedreira, Un hombre del pueblo: José Celso Barbosa. San Juan: Imprenta Venezuela, 1937, p. 25.

7 Pedreira, 26.

8 La Voz del Centro, “Luis Muñoz Rivera, José Celso Barbosa y el pacto con Sagasta: ¿Oportunismo o Idealismo?” Programa #31, con la participación de la Dra. Ivonne Acosta Lespier y Ángel Collado Schwarz, (San Juan: La Voz del Centro, 13 de julio de 2003), en https://www.vozdelcentro.org/?p=222 (accedida 5 de mayo de 2010).

9 En posteriores escritos firmaba con el seudónimo “El viejo de la Torre”. Pedreira, 54.

10 Pedreira, 94-96.

11 Pedreira, 111.