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Factografía

Una fotografía es una escritura de luz. La factografía es la escritura de los hechos. Así que podríamos hablar de fotografías que forman parte de una estrategia documental utilizando ese segundo concepto.

El concepto es parte de la historia del arte soviético. En ruso, “faktografía” es una descripción de los hechos sin análisis ni generalización. Con esa intención se crea una red de relaciones entre escritura, cine y fotografía. Si nos atenemos a la historia nos referimos a una tendencia propagandística en los albores del proceso revolucionario soviético en el que se privilegia por supuesto lo político sobre lo estético.

En español recomiendo Factografía. Vanguardia y comunicación de masas de Víctor del Río (Abada. Madrid.2010). En ese libro se discute ese concepto como una fórmula de la vanguardia de izquierda en la que se intentaba producir arte como herramienta para transformar las conciencias.

El tema es pertinente. Puerto Rico atraviesa por su peor crisis en un siglo. La construcción de la verdad oficial (esos hechos alternativos a los que se refiere la asesora del presidente Trump (Kellyanne Conway) es pura manipulación de información e imágenes. Los medios tradicionales (corporativos) participan de esa trama –a veces burda– pero aparentemente muy efectiva.

Cabría preguntarse, ¿seremos capaces de crear, salvando las distancias, modos de presentar la realidad del proceso actual de resistencia desde una perspectiva objetiva o con una intención política que subvierta la manipulación mediática conservadora? ¿Todavía podemos creer en utopías políticas y estéticas en alianza? ¿Podemos presentar testimonios de lucha y resistencia “sin generalizaciones” o sin borrar (hacer invisibles) las propias contradicciones que surgen de todo proceso de resistencia?

Los medios de información hoy día nos permiten, paradójicamente, retomar y potenciar fórmulas tradicionales de contar historias. Transmitir en vivo desde el lugar de la acción es posible sin el filtro de la prensa corporativa. Lo nuevo es la accesibilidad instantánea de miles de posibles “espectadores” y, además, la potencial presencia de centenares de testigos con la tecnología disponible para registrar y difundir “los hechos”. En esta coyuntura hay que replantearse el papel que pueden desempeñar los artistas y los periodistas. Hay muchas paradojas éticas en el trabajo. ¿Cómo documentar la resistencia que se organiza y que suponemos aumentará como aumentan las medidas salvajes que impone la Junta y el gobierno títere de Ricky?

Dejemos una muestra de imágenes sin comentar. Piense en ellas. Piense en cómo insertarse en la escritura de los hechos y en la escritura de la luz.

Será otra cosa: Escuela

La nieve que cayó en mi entorno norteño esta mañana es azúcar sobre el cereal de las hojas secas, y la imagen me transporta a otro paisaje, el de las cuatro escuelas públicas (en Luquillo, Ciales y Mayagüez) a las cuales asistí del primero al cuarto grado en Puerto Rico.

Sospecho que los puertorriqueños (al menos los de cierta edad) compartimos una experiencia estética de la escuela pública. Después de todo y según las estadísticas, la mayoría de nosotros(as) asistió y asiste a la escuela pública. Conocemos de cerca el look and feel particular que tenían esos edificios. Tomemos los colores, por ejemplo, tomados en casi todos los casos, y por algún motivo misterioso, de una paleta de tonos marrones y mostazas, un espectro que iba desde mierda oscura hasta mierda de bebé, y que se manifestaba en Luquillo, por ejemplo, en paredes color calabaza con acentos color ladrillo. O consideremos las texturas: las paredes nunca eran del todo lisas, tenían siempre pequeñas o grandes arrugas, burbujas y verrugas, producto de, no sé, ¿múltiples capas de pintura? ¿empañetado deficiente? ¿humedad? ¿todas las anteriores? En cualquier caso, la pintura estaba permanentemente descascarándose, y nosotras, en momentos de aburrimiento, ayudábamos a acelerar el proceso con nuestras uñas y dedos. Eran comunes también las grietas en las paredes, los techos y los pisos, los jardines abandonados o inexistentes, y el suelo frente a los salones, donde en la estación seca se acumulaba el polvo y en la de lluvia el fango.

Luego estaban las rutinas. En algunas de mis escuelas, como esa de Luquillo cuya imagen me ha traído la nieve hoy,operaba una medida infame,el “interlocking”, diseñada para poder atender dos tandas de niños en un mismo edificio. Así, nuestro día escolar duraba solo 4 horas, suficientes para tomar inglés, español, matemáticas, estudios sociales y quizás ciencias, pero no arte o música. En algunas había, dos veces en semana, un periodo llamado “educación física”, durante el cual jugábamos juegos de mesa dentro del salón hogar. En otras no había tal periodo, punto.

La materia prima con la que las “señoras del comedor” confeccionaban nuestra comida llegaba a la escuela en gigantescas cajas, sacos y latones con muchas libras de arroz blanco, habichuelas, vegetales, salchichas, leche y huevos en polvo, “jugos” rojos o anaranjados, tajadas de carne gris, corned beef, hot dogs, frutas en almíbar… Con una redecilla en la cabeza, un delantal en la cintura, y un cucharón en la mano, las señoras nos servían la comida en bandejas de metal con cinco espacios, como las de los presos y los soldados. Recuerdo sobre todo que en el almuerzo, toda la comida me olía igual: La carne olía a habichuelas tiernas, el arroz olía a habichuelas tiernas, la leche olía a habichuelas tiernas.

En principio, teníamos que comernos toda la comida (años más tarde, esa regla cambió a tres alimentos de cinco), pero algunas teníamos nuestras estrategias: yo, por ejemplo, metía las habichuelas tiernas dentro de la leche, me comía el arroz con habichuelas aguantando la respiración, y regalaba la carne gris o el hot dog sonrosado. Se me hacía fácil encontrar clientes: había niños allí que pasaban (pasan) realmente hambre y para quienes el almuerzo del comedor resultaba (resulta) esencial. Después aprovechaba cualquier distracción de las señoras, y botaba la leche con habichuelas tiernas en el zafacón.

El desayuno era mucho más sabroso. De hecho, tanto me acostumbré a algunos platos (huevos de embuste, jugos artificiales, farina y cereal azucarados) que años más tarde, cuando tuve acceso a versiones más sanas o reales de esos alimentos, tardé mucho tiempo en aceptarlas.

Lo peor de todo eran los baños. El agua parecía irse constantemente, los inodoros parecían estar siempre tapados, los cerrojos siempre rotos. Nunca había papel. No exagero al decir “nunca”: Nunca había papel. Me pregunto si pensaban que los niños no nos limpiábamos, o si el papel sencillamente se acababa antes de que yo llegara al baño. Pronto aprendí a aguantar la sed para evitar tener que usar el baño de la escuela, lugar donde, después de todo, pululaban los bullies en busca de víctimas. Era fácil resignarse a la sed, porque por lo general las fuentes de agua tampoco funcionaban.

Algunas de las pistas para conocer el estado de las vacas de la metáfora (vacas flacas, vacas gordas), tanto el de la escuela como el de los hogares de otras estudiantes, eran pistas de papel: Según el presupuesto, forrábamos libros con el (más caro) papel pegajoso que llamábamos “contact paper”; con forros individuales “de tienda”; o con el papel de “estraza” que venía en rollo o podíamos obtener reciclando bolsas de colmado. Tomábamos dictados o quizzes (casi nadie, ni siquiera la maestra de español, los llamaba “pruebas cortas”) en blanquísmo papel “de argolla” con tres agujeritos; en “papel de libreta” arrancado con más o menos cuidado y cuya calidad dependía de la libreta del dueño; o, con mayor frecuencia, en el grisáceo papel rayado que se rompía cuando lo frotábamos con la goma de borrar, cuyas dimensiones lo hacían casi cuadrado, y que llamaban “papel escolar”.

Había momentos de belleza, o quizá más bien de poesía. El sol entrando por la ventana de un salón luminoso. El perfume de mi maestra de primer grado, Rosa, que acercaba mi pupitre a su escritorio y que me dejaba leer todo lo que yo quisiera. La farina mañanera, blanca y azucarada, que en casa no se compraba y que fue probablemente la comida más deliciosa que probé en esos grados primarios. La limpieza –tanta, tan reluciente, tan eficiente– del comedor después de nuestro hambriento y desordenado ataque, gracias a las señoras –enérgicas, decididas, imperturbables– que lavaban bandejas, trapeaban pisos, vaciaban zafacones y frotaban mesas. La alegría de algún maestro entusiasta. Las trenzas negras de la compañera de mesa que se sentaba a mi izquierda, las pecas rojas del compañero a mi derecha.

En el 2009 visité la escuela de uno de mis hijos, una típica escuela superior pública de pueblo. Los colores y estado de las paredes parecían haber cambiado para bien: ahora vi blanco, crema y verde. Pero los baños estaban tan tapados y tan desprovistos de papel como los que yo recordaba, y las fuentes de agua no funcionaban. La escuela tenía lo que ninguna de las mías: ¡una cancha! No tenía, por otra parte, maestro(a) de educación física. O tal vez sí había uno(a), pero nunca llevaba a los estudiantes a la cancha. En cualquier caso, la ausencia frecuente de cosas como arte y educación física no parecía haber cambiado demasiado.

Tampoco ha cambiado otro misterio, cuya respuesta me evade y atormenta desde la infancia: el enigma de los “olores objetables.” Entonces y ahora, cada tanto, rompían y rompen la rutina escolar cotidiana las asmas (“fatigas”), los vahídos y los desmayos causados por esos olores. Los síntomas se multiplicaban –nunca supe si por la expansión de la peste o el contagio social– y eventualmente redundaban en el desalojo urgente del plantel. El olor desaparecía al cabo de un día o dos. ¿De dónde salían los olores, concretamente? Algunas personas decían que de las paredes, otras que del suelo, otras que del pozo, aun otras que de las tuberías.

Han pasado un par de horas, y acá la nieve ya no es azúcar. Más tarde la ennegrecerán las pisadas, los automóviles, la tierra y la brea. Se ha derretido en algunas partes y allí, en esos pedazos, las hojas secas (húmedas ahora, deshechas) que nunca recogimos (puertorriqueños ignorantes, dirán los vecinos que en otoño rastrillaron su patio todos los sábados) me invitan a reconciliarme con estos y otros misterios, con esta y otras memorias.

Se crecen nuestros lanzadores

El área de mayor incertidumbre del equipo que nos representa en el Clásico Mundial de Béisbol, era el cuerpo monticular. Es lógico que así fuera por ser el aspecto del juego en que menos brillo han tenido los peloteros puertorriqueños en las últimas décadas, lo que se repite en este conjunto.

El historial de nuestros tiradores no podía compararse con el de nuestra defensa, nuestra velocidad, ni nuestra ofensiva. La situación se agravaba al repasar las alineaciones de nuestros rivales, particularmente Dominicana, Estados Unidos y Venezuela, que contaban con algunos de los mejores bateadores de las Grandes Ligas.

Sin embargo, al barrer los seis partidos de las primeras dos rondas y llegar invicto al juego semifinal, nuestro cuerpo monticular había realizado una extraordinaria labor, con efectividad combinada de 2.25 carreras limpias permitidas por cada nueve entradas lanzadas. En 52 entradas, nuestros rivales apenas habían anotado quince carreras, trece de ellas limpias.

Por el contrario, nuestros bates habían producido la friolera de 51 carreras, para promedio de 6.5 por juego.

El bautismo fue derrotar al Rey

Nuestro bautismo de fuego fue contra el poderoso trabuco de Venezuela, que además le dio la bola nada más y nada menos que a Félix Hernández. El chamo de treinta años, por algo apodado “El Rey”, ha sido ganador del premio Cy Young, dos veces líder de efectividad, así como de promedio de ganados y perdidos en la Liga Americana.

Nosotros respondimos con Seth Lugo, un joven procedente de la diáspora en Estados Unidos, que cuenta con 17 juegos de experiencia en las Mayores (5-2 y 2.67) con los Mets. El juego lo ganamos por nocaut, cuando teníamos ventaja de 11-0, tras siete entradas.

A Dominicana le ganamos con uno que va para China

Con una alineación intimidante, complementada por un grupo de probados lanzadores abridores y relevistas de primera, Dominicana fue a buscar revalidar su título de campeón.

A nosotros nos echaron a Carlos Martínez, un joven de 25, que en el 2016 tuvo marca de 16-9 y efectividad de 3.04, en San Luis, guiado por nuestro Yadier Molina como su receptor.

El responsable por Borinquen fue Orlando Román, un veterano de 38 años, que nunca ha estado en las Grandes Ligas y que desde el 2009 ha lanzado en México y Japón y pronto lo hará en China. Sí, en China hay una liga profesional de béisbol.

En la misma primera entrada los quisqueyanos abrieron colocando tres en bases sin outs … pero no anotaron. Puerto Rico ganó el encuentro tres carreras por una a pesar del desbalance de calidad de los abridores.

La culminación fue frente a Estados Unidos en un drama, que pudo haber sido producto de la fértil imaginación de uno de los escritores latinoamericanos del llamado “Realismo Mágico”.

Victoria surealista sobre EUA

Cinco estelares peloteros de Grandes Ligas nacieron en Estados Unidos, pero al menos uno de sus padres o de sus abuelos, lo hizo en Puerto Rico, lo que los convertía en elegibles para representar a los dos países. La decisión era única y exclusivamente de ellos.

El lanzador Jake Arrieta y el jardinero George Springer decidieron no participar en el Clásico, mientras el también tirador Marcus Stroman y el antesalista Nolan Arenado optaron por jugar por Estados Unidos. El también lanzador, Seth Lugo decidió por Puerto Rico.

Había un sexto, Mikal Givens, quien realizó una agresiva campaña para que le permitieran jugar por el equipo de la estrella solitaria, aunque no reunía ninguno de los requisitos, pues su vinculo con Borinquen fue con la persona que lo crió, que contrario a lo que siempre le dijo, no era puertorriqueño, por lo menos de nacimiento.

A Givens se le quitaron las ínfulas de boricua cuando Estados Unidos lo convocó.

De regreso al libreto casi surealista, Estados Unidos designó como su abridor a Stroman, mientras Edwin Rodríguez optó por Lugo.

Antes que Stroman pudiera sacar siquiera a uno, ya los boricuas le habían repartido seis líneas seguidas, buenas para cuatro carreras. El juego se apretó 4-3, pero un error o mejor dicho, horror de Arenado, nos permitió marcar dos anotaciones más, las que eventualmente resultaron decisivas.

Así que Stroman fue el perdedor, Arenado cometió el error que nos dio las carreras decisivas y por aquello de garantizar la culminación de la historia surealista, el lanzador en ese momento era Givens, los tres que nos menospreciaron por irse a jugar por Estados Unidos.

En esos triunfos, así como los otros tres de primera y segunda ronda, contamos con la eficiente gestión de nuestros relevistas y el manejo de los mismos por el responsable de esa área, Ricky Bones.

Resurgen lanzadores boricuas

Los únicos lanzadores de esta generación, que han sido ganadores consistentes en las Mayores elegibles para representarnos han sido Jake Arrieta y Marcus Stroman, ambos productos de la diáspora nuestra en Estados Unidos, pero que rechazaron representarnos en el Clásico. Arrieta decidió no participar en el evento y Stroman lo hizo por el país donde nació.

Precisamente por eso resulta tan alentador el grupo de jóvenes lanzadores boricuas que han tenido destacadísima actuación en el Clásico de Béisbol, que entraba a su etapa semifinal al momento de preparar este escrito.

Llama la atención la pobre evaluación que los escuchas especializados realizó sobre la mayor parte de ellos a la hora de firmarlos al profesionalismo en el llamado “draft”.

Berríos, Jorge López

y Edwin Díaz

Los de mejor ubicación en sus respectivos sorteos fueron José Orlando Berríos, Jorge López y Edwin Díaz. A Berríos lo escogió Minnesota en el turno 32 de la primera ronda del 2012. El joven de 22, a quien apodan “La Máquina” y quien estuvo en el Clásico de 2013, no pudo hacerse justicia en su debut en las Mayores, pues el año pasado tuvo marca negativa de 3-8 y 8.02 en catorce salidas con los Gemelos.

A Jorge López, por su parte, Milwaukee se lo llevó temprano en la segunda vuelta del 2011. El derecho, que hoy tiene 24, tuvo su bautismo en las Mayores en el 2015, con dos encuentros con el mismo equipo que lo firmó.

En la tercera ronda del mismo sorteo de 2012, Seattle firmó a Edwin Díaz, cuyo progreso ha sido espectacular. En 2016 y apenas en su cuarto año como profesional, Edwin ya era su cerrador en las Mayores. El joven que ahora tiene 22, posee una recta que ronda las cien millas por hora, la que le facilitó ponchar 88 en las 51 entradas que trabajó en 49 encuentros con el equipo grande. El apodado “Sugar” salvó con éxito en las primeras once oportunidades y en total tuvo 18 en 21.

A los otros los escogieron bien abajo

Casi todos los restantes fueron escogidos en rondas bien lejanas, aunque algunos han superado las expectativas. Aun a Héctor Santiago, quien luce como el más sólido de los nuestros, pues desde el 2013 es un lanzador de cabecera en las Mayores, en el 2006 los Medias Blancas lo escogieron en la ronda 30. Con 29, el año pasado Héctor tuvo marca de 13-10 con 4.30 entre Anaheim y Minnesota.

En su tercera campaña con Texas, Alex Claudio aparenta establecido como un relevista de impacto y no solo como especialista frente a bateadores zurdos. Irónicamente Texas lo seleccionó en la vuelta 27 del draft de 2010 y en el 2016 trabajó en 39 encuentros con marca de 4-1 y 2.79.

Definitivamente, los Mets no han tenido mucha confianza en el talento de Seth Lugo, a quien firmaron en la ronda 34 de 2011. Sin embargo, ante la epidemia de lesiones de sus establecidos, el pasado año lo subieron y el derecho de 27 tuvo actuación más que aceptable con 5-2 y 2.67 en 17 encuentros, de los que abrió ocho.

José de León es un tesoro escondido

A José de León ningún equipo lo escogió hasta que los Dodgers lo hicieron en la vuelta 24 del sorteo de 2013. Sin embargo, desde entonces desarrolló una bola rápida que ronda las cien millas por hora. Con 24 tuvo su bautismo de fuego en el 2016 y Tampa Bay lo adquirió en un cambio de importancia.

En el 2013 Hiram Burgos trabajó en seis partidos con Milwaukee, equipo que lo seleccionó en el 2009 en la sexta ronda. El derecho de 29 tuvo marca de 10-10 y 4.40 en Triple A el año pasado.

Por su parte, Joseph Colón fue escogido por Cleveland en la ronda doce de 2009. Una lesión y una posterior suspensión de cincuenta juegos tras haber arrojado positivo en una prueba de dopaje, han retrasado su desarrollo. Aun así, el derecho de 27 debutó en las Mayores el año pasado.

Al relevista zurdo Giovanny Soto, Filadelfia lo seleccionó en la vuelta 46 del sorteo de 2008. Su única experiencia en las Mayores hasta ahora han sido seis juegos con Cleveland en el 2015. El relevista zurdo de 25 estuvo en el 2016 con el equipo de Triple A de los Cachorros.

En el equipo que nos representa en el Clásico también está Juan Carlos Romero, un veterano relevista zurdo de cuarenta años, que en 1997 fue escogido por Minnesota en la vuelta 21. Durante catorce años y hasta el 2012, Romero lanzó para siete equipos en las Mayores. Luego lo hizo en ligas independientes y en el 2016 solo tiró en Puerto Rico. Aun así, se ganó un puesto en nuestra escuadra por mantener una exelente condición física.

4 no han tirado una en las Mayores

Entre nuestros lanzadores hay cuatro que no han tirado una bola en las Mayores. El de mejor proyección entre ellos aparenta ser Joe Jiménez, un relevista derecho de velocidad meteórica, quien en cuatro temporadas en las Menores ha acumulado excelentes números de 14-6 y efectividad de 1.59. En el 2016, trabajó en tres divisiones diferentes de la finca de Detroit y en todas con gran éxito. Jiménez no fue seleccionado por ningún equipo en el sorteo de 2013.

En ese mismo año, Emilio Pagán fue escogido por Seattle en la décima vuelta. Actuando como relevista, el derecho de 25 años, tuvo estadísticas más que aceptables en Doble A y Triple A.

Miguel Mejías tampoco ha lanzado en las Mayores. En el 2009 nadie lo seleccionó y luego se fue a Japón, pero lejos de frustrarse, trabajó más fuerte y con 29 ahora mismo está en la finca de los campeones Cachorros de Chicago.

El cuarto de ese grupo es Orlando Román, veterano de 38, que fue escogido por los Mets en la ronda 31 de 1999 y quien lleva ocho años lanzando en México y Japón y pronto lo hará en China.

“Enemy With No Face”

Quizás debía titular el artículo como Enemigos sin Rostro, pero tomé el título del nombre de un comercial que el Ejército de los EE.UU. difunde en múltiples programas televisivos, particularmente de actividades deportivas. El comercial de propaganda presenta la ejecución simulada de un programa institucionalizado en esa rama militar que lleva como nombre US Army Cyber Warriors. Se reclama que estos denominados guerreros (“Warriors”) identifican y controlan las intervenciones de “hackers” que intervienen regularmente con los sistemas de información de las entidades públicas y privadas y que, según el comercial, son una amenaza seria para la “seguridad nacional”. Tal como se proyecta el comercial, este grupo de hombres y mujeres militares están todo el tiempo ‘cuidándonos’ y ‘protegiéndonos’ de los ‘enemigos de la nación’ y del sistema de vida del régimen capitalista en que vivimos. Nada dicen de las actividades que ese mismo grupo de “warriors” y decenas de otros en la estructura del poder político, económico y militar, llevan a cabo para espiar, intervenir y sabotear los sistemas de información y el desenvolvimiento de la vida cotidiana de organizaciones, empresas e individuos particulares, o sea, de todos los seres humanos que habitamos este Planeta.

Pero no es mi interés en este momento reflexionar sobre las “guerras cibernéticas” en las que nos desenvolvemos en este convulso presente. Mi interés en esta ocasión es reflexionar sobre el desconocimiento que tenemos, como personas y sociedad, de los individuos y los entes que ostentan y utilizan el poder, en especial el del sector del capital financiero, para controlar, regular y determinar qué hacemos como individuos y como Pueblo en nuestra convivencia y aspiración de un desarrollo soberano como nación.

El asunto de los ‘enemigos sin rostro’ vino a mi mente mientras observaba parte de la transmisión de la reunión de la Junta de Control Fiscal (JCF) celebrada en Nueva York el pasado lunes 13 de marzo. Me preguntaba a quién realmente sirven las siete personas que componen esa Junta, su director ejecutivo y el alegado representante del “gobierno” de Puerto Rico ante ese Cuerpo. Lo lógico es pensar que ese grupo de individuos representan al poder imperial ejercido a través de la ley PROMESA aprobada e impuesta unilateralmente por el Congreso federal y el poder ejecutivo de EE.UU… Pero, como algunos pensamos, ese poder ejecutivo y legislativo (sin descartar el judicial) del poder imperial estadounidense, realmente responde a ese pequeño grupo de capitalistas financieros cuyo ejercicio cotidiano de traficar, acumular e incrementar la reproducción de su riqueza, se realiza en centros como Wall Street y otros similares en Londres y otras ciudades representativas del capitalismo internacional. La realidad es que, a nivel personal, me resulta difícil identificar el rostro de algunos de esos ‘dueños’ del capital financiero. Solo manejo algunos nombres de los entes de los bancos financieros que administran y llevan a cabo los procedimientos para realizar inversiones de capital, conceder préstamos, garantizar emisiones de deuda a distintos gobiernos mediante la venta de bonos, y asegurar la recuperación de lo invertido y de los intereses devengados (generalmente de usura) en esas transacciones financieras: JPMorgan Chase, Citi, Bank of America, Morgan Stanley, BNP Pariba, UBS, Goldman Sachs, y Wells Fargo, entre otras.

Sé que algunas o varias de estas instituciones financieras capitalistas han participado o participan de forma directa en las transacciones de la emisión de deuda pública acumulada por el Gobierno de Puerto Rico. Pienso que con agentes (abogados y financieros) de una o varias de ellas se reúnen los representantes “con rostro” de la JCF imperial para negociar los términos de pago de la deuda contraída. Pero en realidad poco sabemos a quiénes realmente representan esos agentes del capital pues las empresas para las que trabajan, incluyendo sus accionistas, viven en el anonimato disfrutando sus desproporcionadas riquezas mientras mantienen un régimen de explotación del trabajo a nivel internacional, de generación y reproducción de pobreza y miseria material para miles de millones de seres humanos. Además, “financiando” los procesos de destrucción del ecosistema planetario al apoyar materialmente los actores capitalistas industriales y, particularmente, los relacionados con la producción de energía mediante combustibles fósiles. Estos capitalistas financieros internacionales están apoyando la extracción y el uso creciente de combustibles fósiles los cuales constituyen hoy día una seria amenaza a la integridad y a la viabilidad de la civilización humana, resultando, de facto, en una verdadera amenaza a la “seguridad nacional”. Desde mi punto de vista, estos actores anónimos del capital financiero constituyen unos verdaderos Enemigos sin Rostro para la humanidad. Actúan como unos “hackers” del movimiento de conciencia ambientalista que persigue controlar y resolver el problema del calentamiento del Planeta y del cambio climático.

Se acostumbra a decir “sigue el dinero” (“follow the money”) cuando se propone indagar o investigar sobre los actores que intervienen en procesos criminales. Siguiendo la metodología que propone la frase, un grupo de organizaciones privadas, sin fines de lucro, (urgewald, groundWork, Earthlife Africa Johannesburg y BankTrack) llevaron a cabo una investigación sobre la financiación de proyectos relacionados con la explotación de combustibles fósiles, en particular del carbón mineral. La investigación realizada se publicó en diciembre de 2011 con el título Bankrolloing Climate Change: A Look into the Portfolios of the Worlds Largest Banks. La investigación iba dirigida a precisar cuáles entidades estuvieron financiando las inversiones en energía fósil (“dirty energy”) entre los años 2005 y 2010 responsables del calentamiento del Planeta y del consecuente cambio climático. Hasta antes de esta publicación no estaba claro el rol y la responsabilidad directa de las entidades bancarias internacionales en el calentamiento del Planeta. Ordinariamente estos entes financieros sólo hacen disponible información sobre inversión en proyectos de energía renovable (“clean energy”) pero ocultan o no divulgan información sobre sus inversiones en energía fósil. En este estudio se examinaron las transacciones de las 93 mayores instituciones financieras del mundo y sus inversiones en 31 proyectos relacionados a la minería y 40 de productores de electricidad a base de carbón mineral. El carbón mineral constituye la fuente principal de emisión de gases de invernadero y de contaminación ambiental en el Planeta. Los autores del estudio identifican a estas empresas financieras como “climate killers”, de ahí que se me antoja relacionarlos como nuestros Enemigos sin Rostro. Identificaron 1,405 transacciones de estos bancos que proveyeron financiamiento relacionado al carbón mineral, entre los años 2005 y 2010, que totalizaba una inversión de 232 billones de euros (sobre $250 billones). Encabezaban la lista de estos inversionistas JPMorgan Chase, Citi, Bank of America, Morgan Stanley, Barclays, Dutsch Bank, Royal Bank of Scotland y BNP Paribas.

Paradójicamente estas instituciones financieras reclaman tener un ‘compromiso con el clima’ el cual divulgan en las siguientes frases: (1) JPMorgan Chase –“Helping the world transition to a low-carbon economy”; (2) Citi- “Must innovative bank in climate change”; (3) Bank of America- “The most formidable challenge we face is global climate change”; (4) Morgan Stanley,- “(…) make your life greener and help tackle climate change”; y (5) Barclays- “Managing the climate change risks of our operations and those of our clients”. Para muestra un botón. En la práctica estas instituciones financieras solo realizan proyectos, que divulgan en su promoción comercial, sobre modificaciones y manejo de la energía y recursos vitales que utilizan las edificaciones que albergan sus operaciones corporativas. Pero hasta ahí parece que llega su preocupación ambiental como ‘persona jurídica’ y su compromiso con el cambio climático. La realidad objetiva es que estas y las otras entidades del capital financiero han auspiciado y se han beneficiado materialmente de actividades de la ampliación en el uso y manejo del carbón mineral que está comprometiendo la integridad y el funcionamiento del Planeta. Están matando el Planeta y lucrándose descaradamente de ese proceso. Desconozco los rostros de estos actores sociales para los que parece que trabajan los representantes de la JCF. Pero para el Pueblo de Puerto Rico, en general, esos capitalistas financieros internacionales, esos “criminales ambientales”, siguen siendo entes anónimos que, con su poder y el trabajo de sus agentes, dominan y controlan nuestras vidas y la de nuestros hijos y nietos. Siguen siendo nuestros Enemigos sin Rostro.