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La marea de los muertos Relato por entregas (novela por entregas) Episodio 2

24 de octubre de 1935

Nos hemos presentado formalmente.

Fabienne y yo transitamos por una edad dolorosa, quince años yo, dieciséis ella, tiempos en que siempre falta un aliento de gracia redentora: piernas demasiado largas y delgadas, igual, pies y manos; tenemos la misma estatura y, para rematar, cuellos como de ahorcado. Nos juntamos de cuando en cuando y nos tratamos con distancias y cierta cortedad.

No importa que la temporada de baños haya concluido, cada tarde, a las tres, nos zambullimos en las aguas frías llenas de algas.

Tengo mucha ocupación, mis deberes escolares que papá me ha enviado por correo luego de consultar con los Jesuitas del Instituto. Eso y el libro bisemanal que leo.

He seguido su consejo –el de mi papá– de que es menester que lea al menos un libro bisemanal más allá de mis deberes. Me ha permitido acceso total a su biblioteca, clásicos literarios, libros de medicina, sicología, novelas de caballería, y las biografías más diversas.

Ha menester de un interlocutor que se maneje bien a la sobremesa.

Me gusta leer, nada más que hacer en estos tiempos y a mi edad, todavía vigilada, la única lasitud que tengo es salir a la playa o al cine con mi primo los fines de semana. Él tiene dieciocho años, es muy cortés y viste buenos paños ingleses. Estudia en Santo Tomás de Aquino como interno pues viene de San Germán.

Cuando vamos al cine preferimos las películas de rufianes y las de vaqueros.

Delira viendo los noticiarios de Pathé sobre la guerra en Abisinia, por los bombardeos y los Savoia-Marchetti que presentan despegando y tomando tierra en apoyo la invasión del mariscal Bono.

Se relame del gusto, Raúl, que así se llama mi primo.

Quiere ser piloto, yo médico.

De mi parte, debo confesar que el mes pasado he descubierto un tesoro, las Cartas de Mariana de Alcoforado, la monja portuguesa, volumen escondido al fondo del buró olvidado de mamá. También hallé allí Gamiani, de Musset, Las Mil y Una Noches, de Burton y unas memorias de un adolescente ruso y sus condiscípulas judías en la Rusia de los Zares. Todos, sin falta, indicados en el Vaticano.

Tal ha sido el primer accidente de mi vida, la prima ruptura; unas lecturas han desvelado las pendejadas amartilladas en el Instituto que hacen lo leído hasta entonces, cuentos sobre hadas y pendejos y una que otra mierda de inmerecida fama, que en su inicio fueron publicadas por entregas en los diarios.

Releo Las cartas de la monja portuguesa y es mortificante el lirismo de su despecho. En otro lugar he leído que Rousseau las ha atribuido a algún escritor anónimo ya que ninguna mujer tiene esa capacidad narrativa.

Las nuevas lecturas traen su detritus, sueños perturbadores con los que cargo al despertar. No puedo evitar el vicio solitario que los curas detestan.

A mi regreso, habrá que evitar las sobremesas no sea que se me zafe algo descompuesto frente de mi papá.

Mas el nuevo estadio en mi educación sentimental ha quedado en suspenso tras llegar al Hirondelle y Fabienne a mi vida.

Tropezamos accidentalmente entrando al salón comedor. La invito a mi mesa para el desayuno de frutas con leche y avena. No nos quitamos los ojos de encima. Me pregunta si también he venido huyéndole al tifus y le cuento mi historia más reciente y las circunstancias que me han traído allí.

–Vine con mi mamá a buscar a mi papá que llega mañana en vapor de Santo Domingo. Vivimos en Ponce pero él quiere mudarse por acá. Piensa comprar una tabaquera, me dice con una vocecita dulce. Su hablar es muy enunciado.

Cuando no llueve, Fabienne baja a la playa de maillot blanco y calza espadrilles verdes. Las mías son de cuero negro y las llevo en la mano porque me gusta sentir la arena húmeda bajo mis pies.

–Me gustan tus zapatillas, le digo.

Se sonroja un poco. Igual yo que la miro con luces que son para ella y nadie más. En alguna parte he leído que la belleza necesita una imperfección para convertirla en inolvidable.

La fisura en el mentón, eso.

No existe un tormento peor que demostrar ternura en secreto. Hemos iniciado una relación discreta, expresando sentimientos tan intensos como es de cortés y distante nuestro proceder.

Nos envuelve un tenor de presentimientos. Cuando nos acercamos, la gente desaparece o simplemente dirigen su atención a otras cosas, dándonos, pues, una ventana de oportunidad suficiente para una sonrisa de conspiraciones, una frase telegráfica como las monjas de clausura del siglo dieciséis.

Sin poder evitarlo, nos miramos de golpe, breve y dulce y a pesar de que su madre no sospecha nada, Francine, que se ha dado cuenta por dónde marcha la cosa, me ha dicho:

–Cuídate, es una etapa. Vívela.

Tres días más tarde, en la playa, Fabienne me hala bruscamente por la oreja y me dice en inglés.

–I love you Leslie.

Su madre se aburre. Pasa todo el tiempo en el pequeño apartamiento que han apalabrado. Fabienne, cuando no está conmigo lee; hoy trae algo de Pessoa. Me ha dicho que está en su etapa lusa, Queirós, Camoes…

Yo, en cambio leo a Radiguet, el Diablo en el cuerpo, como lo siento yo.

Ayer por la mañana hemos intercambiado flores para colocarlas en nuestros libros según las ceremonias del primer encantamiento.

El thé dansant será mañana. Podremos estar más cerca que nunca.

El triunfo total. Capital. Hemos bailado en el jardín un beguine meloso, las manos sudadas, haciendo lo imposible por no acercarnos demasiado.

Al día siguiente, sentada a mi lado en el salón comedor ha acariciado mi pierna con su pie y he colocado mi mano discretamente sobre sus muslos desnudos –lleva puestos pantalones cortos– y trato de llegar al nacimiento. Cierra con fuerza inusitada los muslos y seguimos tal cual nuestra conversación anodina disfrazada en falsas cortesías.

Nuestra audacia crece por momentos. Hoy, por ejemplo, ardemos por tocarnos.

Le envío una nota de admiración, cifrada:

“Ayer por la mañana sentí tu presencia. Estabas con Francine en la mesa más distante del salón comedor, junto al ventanal.

El sol que entraba iluminaba tus cabellos y parecía remojarlos.

Francine dijo cualquier cosa y has dejado caer los cubiertos sobre el plato reventando de risa. Todos tus gestos encantan, Fabienne.”

Dejo la nota debajo de una pequeña piedra en el jardín frente a su apartamento. Ella me observa curiosa desde la ventana.

LA MAREA DE LOS MUERTOS Relato por entregas

El Cuaderno Secreto de Leslie

20 de octubre de 1935

Me salto el timbre de las tres de la tarde y cruzo bajo llovizna por la Barandilla hasta la Bombonera bajo el palio de los toldos de las tiendas vecinas.

No bien entro, Santiago me prepara un chocolate caliente y un pan de Mallorca untado de mantequilla y queso suizo.

Le doy las gracias. El apunta la consumición en una libreta a nombre de mi papá.

–El periódico también, le recuerdo.

Me entrega El Mundo, edición del mediodía.  A los quince minutos se aventuran unos condiscípulos que aguardaron el timbre de salida. Se sientan en las mesas del fondo. Permanezco en el taburete del lunchonette leyendo “Destellos de Hollywood” y la cartelera del cine Rialto. Leo también los consejos idiotas de una señora de la vecindad a la que insisten en ponerle una foto de cuando hizo la primera comunión.

Tomo despacio mi merienda y paso a las páginas centrales donde se publica una serie sobre la muerte de Bonnie Parker y Clyde Barrow en Texas.

Termino con la novela por entregas sobre una tal Mrs. Whitfield que trae a todos de cabeza por la mala vida que le da su marido. Ella insiste en conservar su hogar por los dos hijos habidos. No hay mucha más tela en esto a menos que se le ocurra al escritor divulgar que uno de ellos es…hijo de otro hombre. Me gustan las plumillas que la ilustran, minuciosas, finamente detalladas que súbito se convierten en sfumatto por los bordes.

El padre Tomás me ha dicho que son pruebas para fortalecer el espíritu. Piensa que se trata de una señora americana de San Juan. Me ha insinuado que le dé su dirección para visitarle.

Llego a mi casa y me espera mi papá. Con cara de circunstancias, me ha ordenado viajar al suroeste como una medida de orden profiláctico.

Tras de la muerte de mamá habla así. Igual pudo haber dicho ‘por razones de salud’, pero no, se dirige a mí como si yo fuera un burócrata de los que suele rodearse.

Explica a seguidas que se trata de una epidemia de tifus en un vecindario cercano y pobre de la capital. Se han tomado medidas pero hasta el presente ha sido difícil contenerlo.

Por descontado, él se quedará para manejar el cordón sanitario.

Francine, la dueña del hotel Hirondelle y su amiga de la niñez, se encargará de mí.  Allí es donde pasamos las vacaciones desde que murió mamá en 1931.

–Si todo sale bien, Leslie, hablamos de uno, a lo sumo dos meses– me dice poniéndome la mano en el hombro.

Recojo mis libros escolares y una docena de los suyos, de su biblioteca. Los prohibidos, los oculto en el fondo de la maleta que Matilde me ha preparado.

Cuando saco la toalla de playa, mi papá me advierte que la temporada de baños ha terminado en agosto. Igual la oculto junto con los libros. Pienso que habrá algún día de sol durante mi estancia extramuros de la capital.

Matilde, que ha conseguido una ayudantía en mi casa bajo la tutela de Braulio, amanuense y regidor de los asuntos domésticos, se despide de mí tras la cena.

Me sienta bien esta muchacha que vino de Nueva York a visitar familiares en Ponce y ha decidido quedarse en San Juan una temporada. Lleva con nosotros desde agosto y tenemos, mes más o menos, la misma edad. Papá dice que es muy inteligente, y sabe estar. Tampoco hay que repetirle las cosas como a Braulio.

Además deja la plata deslumbrante.

Le ha escrito a su mamá que se queda un año y después verá si regresa por la buena colocación que ha conseguido.

Papá estima conveniente su presencia y le ha puesto como condición que me hable en inglés en toda oportunidad. También la ha matriculado en la escuela nocturna para que no rezague su educación.

Parto a las seis de la mañana con el chófer que las autoridades sanitarias le han asignado a mi papá.

No bien salimos comienza una fina llovizna y al llegar a Caguas se nos larga un aguacero denso como los de la última semana. Estimo que tardaremos seis horas, al menos, cubrir la ruta hasta el Hirondelle.

El motor afinado del Buick ronronea y descanso la cabeza sobre un cojín. He dormido solamente tres horas.

A medida que avanzamos en la ruta, subiendo por la cordillera camino de Ponce y de Cabo Rojo, me ronda la cabeza el intermezzo de Cavalleria Rusticana, con la distorsión propia de una transmisión de onda corta.

Matilde lo tarareaba durante su toilette de la víspera, desnuda y arrodillada frente a una ponchera, como las mujeres que pintaba Degas.

La he espiado tres o cuatro veces y siempre tararea el intermezzo, como si fuera una señal secreta, para que me acerque. Pienso que sospecha que la espío.

Anoche, antes de comenzar, ha hecho cosas que el señor Degas habrá pintado pero nunca colgado. Por los desvelos, he dormido casi toda la ruta y he tenido pesadillas.

Me asalta la duda y el escalofrío. Este cambio súbito en mis circunstancias, ¿Valdrá la pena?

22 de octubre de 1935

La lluvia amaina pero sopla un viento frío que lo vuelca todo, gente, sombreros, el ánimo mismo. La radio del automóvil anuncia la probabilidad del paso de una tormenta al sur, pasado mañana.

El chófer busca a Francine, que me instala en una habitación con recibidor al fondo del pasillo, primer piso.

Han pintado el pasillo de un verde duro y el tresillo de crema hace ya un tiempo, después del verano y antes de la temporada inhóspita de este octubre. Parece una puesta en escena, encantador y falso a la vez, el aire de decrepitud del patio frente de los apartamentos: hierba recrecida por todas partes, una fuente con nenúfares a punto de desbordarse, cuatro chaises longues, tumbadas de lado por la ventolera.

Me ha dicho Francine que de necesitar cualquier cosa, sólo tengo que llamarla. Me entrega la llave.

No es mujer vieja Francine. Tiene a lo sumo treinta y ocho años. Heredó el hotel de sus padres cuando ambos murieron durante la epidemia del cólera del dieciocho. No ha hecho otra cosa desde entonces. El hotel está medio vacío pero de viernes a domingo hay thé dansant con una orquesta local. Vienen parejas a pasarla bien y hay un aire muy a propósito.

Desde su viudez, papá suele bailar con Francine una que otra cosita rumbosa y de moda en el dansant. Entonces se parece un poco al de antes.  Toma whiskey y ríe. Me hace guiños conspiradores. Las mujeres no le quitan los ojos de encima.

Al día siguiente de mi llegada, una jovencita de mi edad, bonita, espera junto con su mamá al encargado. La conozco de haberla visto en un picnic de la  Superior Central la primavera pasada. Estaba yo entonces con mi primo quien me la presentó.

Aquel día estuvimos conversando muy seguido. Recuerdo la atracción poderosa de sus cabellos color de las avellanas tostadas y sus rizos que olían a lavanda. La miro y recuerdo el humor de su mirada. Sus ojos son del color de la miel cruda, su piel pálida como los cirios de misa.

Y como ha de suceder en el universo perfecto que habitamos, al día siguiente la veo salir a mediodía de su habitación, puerta por puerta con la mía, a través del jardín salvaje del Hirondelle.

AL término de tres días, y para mi sorpresa, noto un acento de melodía en las breves y apartadas instancias en que hemos estado cerca. Hay un cariz de encantamiento que, de propio y común acuerdo, hemos optado por disimular.

Hora de reflexionar para el Independentismo

Como se esperaba, la particularidad de las elecciones generales de 2016 fue el efecto de los candidatos independientes a la gobernación.  Estas candidaturas canalizaron el hartazgo de un sector importante de la población con los dos partidos que se han estado dividiendo el poder colonial desde 1968. Alrededor del 15 por ciento de los electores optó por Alexandra Lúgaro o Manuel Cidre, sobre todo por la primera, como un evidente voto de protesta frente al PPD y el PNP. Aun cuando ese porcentaje no era suficiente para ganar, los votantes se mantuvieron de manera consistente con uno de esos candidatos a pesar del llamado de los partidos tradicionales en los últimos días a favor del llamado voto útil.

El gobernador electo, Ricardo Rosselló, asumirá el cargo de primer ejecutivo de la colonia como un gobernador en clara minoría, con casi el 60 por ciento de los votos en contra. Ese porcentaje no constituye mandato para nada, mucho menos para tratar de mover a Puerto Rico hacia la anexión. Lo que trate de hacer en esa dirección contará con la oposición de la mayoría que le votó en contra.

Para los demás partidos y movimientos llegó el momento de la reflexión y los planteamientos honestos sobre qué hacer de ahora en adelante. Obviamente la mayoría de los puertorriqueños quiere cambios profundos y es hora de tratar de lograrlos descartando formas pasadas y atrevfiéndose a enfoques nuevos.

El Partido Popular, apenas llegó al 40% de los votos. El otrora partido de las grandes mayorías y el que efectivamente ganó las elecciones de 2012, perdió más de una quinta parte de sus electores, mientras insistía en los enfoques coloniales y quedaba marcado por la corrupción pública. Está por verse si David Bernier logra mantenerse como líder de ese partido y si es capaz de llevarlo a la renovación que necesita y no ha tenido.

El independentismo, por su parte, aun uniéndose detrás de la candidatura de María de Lourdes Santiago, no fue capaz de garantizar la permanencia de un partido electoral. Pero aún, se ha proyectado incapaz de liderar el evidente descontento que existe en el país que terminó manifestándose por medio de las candidaturas independientes.

Llegó la hora de mirar con humildad y profundidad esa realidad para poder transformarla. Desde ahora Claridad ofrece sus páginas para el debate serio y profundo que se necesita.

De frente contra la Junta

Algunos llegamos un poco antes de la hora acordada, 3:01 de la tarde. Ya había frente al Capitolio un grupo de manifestantes convocados por Se acabaron las promesas. La pertinaz llovizna no parecía enfriar los ánimos. Total, el aguacero que va a caer con la Junta es tempestuoso.

Es refrescante el evento, sobre todo cuando hoy se elige al niño de los mandados de la Junta de Control Fiscal. Allí marcharon decenas de compañeras y compañeras de los únicos dos partidos que están de frente contra la imposición federal (PIP, PPT) así como no afiliados y simpatizantes de la alcaldesa de San Juan. Artistas, escritores, músicos Esa unidad, justo a minutos de finalizado el ejercicio electoral, es el anuncio de una lucha que se organiza en la calle, no importa quien ocupe la Fortaleza.

Que uno esperara una convocatoria hecha por los partidos en contra de la Junta o las organizaciones sindicales siempre se queda en eso, en una esperanza, no es obstáculo para seguir organizándose y agradeciendo cuando así lo han hecho.

Crucigrama: Nicolás Guillén

Horizontales

2. Nicolás _______; poeta cubano; autor de Allá lejos; Angustia cuarta; West Indies LTD.; El son entero; y, Ácana.

8. _______ mínimas; poema de Guillén.

9. Pronombre posesivo.

11. Preposición.

12. Apócope de nada.

13. Pájaro.

14. Antiguamente la nota do.

15. Señor; abrev.

16. Símbolo del neón.

17. Cordoncillo de seda.

20. Roberto _______; jugador puertorriqueño de béisbol en las Grandes Ligas.

23. Ameos.

24. _______ cosongo; (1931) poemario de Guillén.

27. Bóvido salvaje.

28. Dios mesopotámico.

30. Preposición.

31. Sociedad Anónima.

32. La _______ Mayor; poema de Guillén.

33. 10 de _______ de 1902; nacimiento de Guillén.

36. Poema de Guillén.

38. El _______; poema de Guillén.

41. Poemas de _______; (1964) poemario de Guillén.

44. Fiel.

47. Aféresis de nacional.

48. _______ Guillén; falleció en 1989. Autor de Sóngoro cosongo; Poemas de amor; El gran zoo; y Canción puertorriqueña.

50. _______ María; poema de Guillén.

51. Bóvido tibetano.

53. Wifredo _______; pintor cubano fallecido en París en 1982.

Verticales

1. Angustia _______; poema de Guillén dedicado a Federico García Lorca.

2. Ave palmípeda, fem. pl.

3. Utilizarlo.

4. Satélite de la Tierra.

5. Del verbo emanar.

6. Rasó.

7. El son _______; (1947) poemario de Guillén.

10. Conozco.

11. Símbolo del europio.

18. Árbol nacional de Argentina.

19. Carril de línea vía férrea.

21. La nueva _______; poema de Guillén.

22. Labran.

25. Negación.

26. Pronombre.

29. Enliar.

32. Eucalipto.

33. San _______; capital de Puerto Rico.

34. Lengua provenzal.

35. Apófisis del omóplato.

36. Símbolo del oro.

37. _______ lejos; poema de Guillén.

39. Faja de tierra inmediata al agua.

40. Diosa de la Tierra.

42. Antología _______; (1972) poemario de Guillén.

43. Abraham _______; ciclista español.

45. Interjección.

46. América del Norte.

49. Recaer.

52. Patria de Guillén.

54. _______ Indies LTD.; (1934) poemario de Guillén.

57. Nota musical.

55. Organización de Naciones Unidas.

56. Pasé la vista por lo escrito.

57. Virtud teologal.

58. Jarabe.

59. Anillo.

60. Carta de la baraja.