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«Cada municipio es particular; yo voy a proteger al mío.»

 

Entrevista a Julia Nazario Fuentes, alcaldesa de Loíza

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

“Yo quiero que haya desarrollo para mi pueblo, pero tiene que ser muy sustentable y que no nos quiten recursos que los ciudadanos necesitan, como agua, luz”.

La alcaldesa de Loíza, Julia Nazario Fuentes, se mantiene  firme en su rechazo a que en su municipio se construyan megaproyectos turístico-residenciales, los que, no duda, desplazarán a los loicieños. Hace unas semanas, Nazario Fuentes hizo declaraciones públicas de que su Municipio no endosaba ningún proyecto relacionado con la compra de las fincas Los Restauradores, sobre el Río Grande de Loíza y la finca Veremundo Quiñones, frente a la calle Las gardenias y la Hacienda Grande.

En entrevista con CLARIDAD, la primera ejecutiva reveló que hace dos años recibió la visita de un grupo integrado por dos abogados, unos inversionistas puertorriqueños y una persona de origen hindú, quienes le dijeron que la persona que había comprado las fincas era un cardiólogo de Nueva York, pero no le dieron nombre. Al momento de la entrevista la alcaldesa no pudo facilitar los nombres de los visitantes.

De acuerdo con lo que le presentó el grupo, los proyectos son para millonarios. De hecho, los representantes le dejaron copia del concepto de lo proyectado, los cuales CLARIDAD pudo examinar. Las representaciones están identificadas como Ocean Option PR 203 y, Loíza 57-O. Los proyectos, según las ilustraciones, serían Loíza Country Side Estates, de ocho edificios, farmacias, escuelas, hospitales, restaurante, casino, un supermercado, un hotel, un club, una plaza y un hospital; toda una ciudad. El Loíza Ocean y Loíza River Side City, este último de 127 villas.

Los inversionistas, denunció Nazario Fuentes, le dijeron que iban a hacer de Loíza un Singapur, a lo que ella les contestó que estaban equivocados y que un tipo de proyecto como ese no lo iba a endosar. “Le dijimos que creíamos más en proyectos ecológicos, en proyectos que no desplazaran a nuestra gente, proyectos de vivienda para nuestra gente que no tiene”. Al ser tan tajante, la reunión se dio por terminada y, aunque le dijeron que iban a modificar los proyectos, no ha tenido ningún otro contacto.

La alcaldesa de Loíza no tuvo reparos en denunciar que los inversionistas van a obtener los permisos de las agencias del Gobierno central para construir sus proyectos. En esa línea, censuró que el Estado no consulte a los alcaldes para otorgar créditos contributivos, en referencia a la Ley 2022 (Ley 60 de los créditos contributivos a los inversionistas extranjeros).

“Los inversionistas llegan y cuando llegan, ya tienen los acuerdos para no aportar nada al municipio. Hay una propaganda de que se van a crear empleos. ¿Cómo a un proyecto al que tú le das hospitales, farmacias, tiendas y lo encierras va a contribuir?  Además, le diste unos incentivos para no pagar ni por construcción ni por nada, ¿dices que va a fomentar la economía del pueblo? Esa gente que llega a estos lugares no tiene ningún interés de socializar con los loiceños ni con nadie que viva en Puerto Rico. Ellos vienen, llegan en avión y se van en avión. Yo quiero que haya desarrollo para mi pueblo, pero tiene que ser muy sustentable y que no nos quiten recursos que los ciudadanos necesitan, como agua, luz”, manifestó Nazario Fuentes.

La alcaldesa sostuvo que en los terrenos de La Hacienda Grande, donde hubo una vaquería, la cual ubica a la orilla del río Grande de Loíza, que es el lugar donde sería el mayor desarrollo, viven 21 familias de tercera generación, que trabajaban en la vaquería y otras tareas agrícolas. Contó que aunque las familias fueron al tribunal a reclamar su derecho a permanecer, perdieron el caso porque el dueño de las tierras, mientras vivió, se mantuvo en comunicación con la comunidad. Aunque dijo que todavía no han hablado de desplazamiento, vaticinó que ello sucederá cuando ya esté el proyecto. Expuso que el municipio trabaja con el Departamento de Obras Públicas para tratar de lograr construir una carretera que pueda expropiar parte de los terrenos y salvar la comunidad.

“Este no es el tipo de proyecto que quieren los loiceños ni su alcaldesa”.

 Al hacer esta afirmación la alcaldesa recordó que cuando se intentó el desarrollo de Costa Serena en Piñones el pueblo se levantó y no lo permitió.

Un ejemplo concreto del tipo de proyecto que favorece es el de una escuela hotelera ecológica en terrenos del Municipio. Indicó que lleva siete años trabajando en el desarrollo del proyecto con la Universidad Ana G. Méndez como el socio educativo.

Nazario Fuentes señaló que Loíza tiene problemas con el servicio de agua y electricidad, de erosión costera y que el 92 % de su territorio se inunda, por lo que necesita tener espacios para que la gente se quede. Ya es un reto la cantidad de alquileres a corto plazo que dictan un tipo de desarrollo más organizado. De hecho, actualmente están preparando una ordenanza municipal para reglamentar estos alquileres, los cuales calificó de estar al garete, por lo que hay que ponerles orden.  A algunos de estos que están dentro de las comunidades llega gente que no tiene ninguna consideración con la propia comunidad.

Mientras, la población de Loíza ha bajado de manera considerable. Cuando comenzó su primer término en el 2017, el pueblo tenía 30 mil habitantes y hoy tiene 23,400.  “Cualquier proyecto de este tipo implica que los locieños desaparezcamos”.  Agregó que Loíza tiene una población flotante que vive seis meses fuera y  regresa para las fiestas, los cuales pueden llegar hasta los 40 mil. “Somos un pueblo con mucha población adulta y de mediana edad, de menos nacimientos. La población escolar ha bajado de manera significativa, antes tenía 3 mil y pico de menores, hoy hay menos de tres mil y hay 7 escuelas públicas, una del municipio, Alianza Bilingüe; una alternativa, Nuestra Escuela, y un colegio privado”.

Loíza tiene cinco barrios que son: Medianía Alta, Medianía Baja, Barrio Pueblo; Torrecilla Baja, al que todo el mundo conoce como Piñones, y Barrio Canóvanas. Uno de los desarrollos que se contemplan estaría  en Torrecilla Baja, cruzando el puente,  que es la Hacienda Grande,  que colinda con el río Grande de Loíza.  Otro, dentro de la comunidad Medianía Baja, colindando con el río y con el mar. Y el tercero estaría más hacia Canóvanas, en terrenos agrícolas.

Villa Vaca

Fotos Christian Rosado/Especial para CLARIDAD

Así se conoce a la comunidad que queda dentro de los terrenos de la finca Hacienda Grande. Este medio pudo conversar con el matrimonio de María Delgado y Osvaldo Rivera, quienes llevan 42 años viviendo en esa comunidad, aunque fueron de los últimos que llegaron. Ambos trabajaron en la finca. Sobre el futuro de la finca dijeron que saben que la compraron, pero que no saben nada más. Nadie ha ido donde ellos a decirles nada, tampoco saben el tiempo que les darán si se tienen que ir.

Por su parte, Ángel Luis Hernández, de 68 años, quien ha vivido toda la vida en el lugar, contó que su padre llegó de Monacillo, en Río Piedras, a trabajar en esa finca.  Según dijo, la finca se ha vendido en tres ocasiones y expresó duda de que allí se pueda construir, por ser estos terrenos inundables, lo que ha hecho desistir de construir a anteriores compradores. Hernández confirmó que están trabajando la situación de la comunidad con la alcaldesa, aunque por el momento no saben nada de si hay caso en el tribunal. Sí es cierto lo que comentan algunos de que hay un documento que dice que los terrenos son de la comunidad, agregó.

En tanto, aunque la alcaldesa de Loíza ha hecho pública su postura de rechazar ese tipo de ‘desarrollo’  excluyente, a preguntas nuestras confirmó que ningún otro alcalde con una situación similar se le ha acercado.

“Cada municipio es particular; yo voy a proteger al mío. Sé que es un pueblo que se inunda el 92 % y tengo una erosión costera crasa. Los proyectos nos desplazarían totalmente, y yo tengo que velar por mi gente antes que por cualquier desarrollo que parecería económico. Pero esa gente se cierra y no aportan nada, así que cada municipio tiene que evaluar sus proyectos con su particularidad”.

 

 

No te vistas que no vas o la moda de estar desnudo

 

En Rojo

Yo uso ropa vieja y me pongo los mahones tres veces a la semana. Seco alguna ropa en el balcón. No es que soy descuidado. Es que hace calor y el planeta, tal como lo conocemos, va a joderse. Nosotros con él. Como ven, no se trata de una propuesta revolucionaria, pero ahora que lo pienso, ¿por qué no?

No compro una camisa hace años. No sé si sabían que la producción de ropa requiere grandes cantidades de agua, energía y materias primas. Para empezar, el “preciado líquido” es la vida. No el petróleo. Es el agua. Hasta escribí una novela sobre eso. O sea, se necesitan miles de litros de agua para cultivar el algodón de tu camisa. Tu flow y tu compra mensual de blusitas frescas agota recursos hídricos y afecta ecosistemas locales.

Si vas a protestar contra las injusticias y a perrear contra el mundo capitalista tienes que saber que la fabricación de textiles implica el uso de productos químicos tóxicos, que a menudo terminan en ríos y suelos, contaminando el agua y dañando la biodiversidad. Además, esos colorcitos bellos vienen de un proceso de teñido y tratamiento de telas que genera residuos más peligrosos que una chef PNP rompiendo platos.

Nunca he vestido a la moda. Primero por intuición. Luego por sentido común. Ahora porque no me importa casi nada. La moda rápida es pura cultura de consumo. La ropa se utiliza pocas veces y luego se desecha. Se podría hacer un Monte Everest de desechos textiles en vertederos, donde tardan años en degradarse. Tari Beroszi me dijo que si se dejara de fabricar ropa ahora mismo podríamos vestirnos durante cien años con lo que tenemos. Todos los habitantes del planeta. Yo le creo.

Vamos a dejarnos de boberías. Vestirse, el vestido, andar desnudo, son términos antropológicos. Es más, los modos de vestirse -o desvertirse- está fuera de los procesos lineales con los que narramos el devenir histórico. Las formas en las que nos ponemos ropa no siguen una dirección determinada por factores, digamos, ambientales. Es decir, las “coberturas materiales concretas” del cuerpo humano hace mucho tiempo dejaron de responder a lógicas relacionadas con entornos naturales o necesidades prácticas. ,

Por eso existe un término más abstracto: “moda” que puede definirse por su lugar en el modo de producción capitalista. se define en términos económicos a través de su lugar central en el modo de producción capitalista. Algo debe haber dicho Levi Strauss. Digo, las estructuras sociales se manifiestan como sistemas de signos. En el contexto de la moda, un “vestido” puede considerarse un lenguaje que comunica status., identidad y pertenencia. El cacique usaba determinado tono de rojo achiote en su nagua de algodón, o tú tienes una cartería de Louis Vuitton. Los uniformes de los nazis eran diseñados por Hugo Boss. Pues, en estos ejemplos la moda actúa como un medio de diferenciación social, con estilos y “tendencias” que reflejan divisiones de clase y “rangos”. Si me apuran, diría que hay que decolonizar nuestro gusto y consumo de “moda”.

Y si esto está relacionado con los modos de producción y el trabajo asalariado, le añado que para que tengas en el closet esa docena de mahones, los kakis, las decenas de camisetas, y toda la vaina,  se ha generado una huella de carbono significativa. Desde la extracción de materias primas hasta la distribución, cada etapa contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero. Eso aunque viajes a pie o en bicicleta. Aunque le tires toda la culpa a las vacas lecheras.

Claro, no me extiendo en asuntos sobre las condiciones de trabajo en muchas fábricas de moda, con salarios bajos y condiciones inseguras. Me van a llamar comunista por defender la dignidad de los trabajadores. No es que me importe demasiado pero me da vergüenza ajena y no quiero tentar a nadie. La cuestión es que esto no solo afecta a las personas que salen en los documentales haciendo trajes de Miss Universe mientras viven en condiciones de pobreza, sino que también perpetúa prácticas insostenibles y poco éticas a nivel colectivo.

“¡Ah, pues uso poliéster!” ¡No, por favor no! La ropa sintética libera microfibras de plástico en cada lavado. Estas pequeñas partículas terminan en océanos y ríos, afectando la vida marina y, potencialmente, la cadena alimentaria. No quieras saber cuánto plástico flota en los océanos. Y en el agua que te tomas.

¿No hay salida, entonces? Doy unas ideas: ropa hecha de lino, cuyo cultivo requiere menos agua que el algodón. El bambú produce una fibra bastante buena. Imaginen, por otro lado, una fresca camisa confeccionada con cáñamo. Los tres materiales son biodegradables y las camisas alguna gente trataría de fumárselas. Sin embargo, yo voy más lejos, Propongo, para empezar, pasar más tiempo desnudos.

Será otra cosa-«Somos un fractal de espejos»

 

Especial para En Rjo

 

Mi abuelita, durante sus tiempos gloriosos, no era dulce. No es que fuera mala. No. Pero no era la típica abuelita sonriente de tímido moñito, siempre a la espera de los nietos para darles de comer. De todo el repertorio de palabras que pudiésemos buscar para describirla, a nadie se le ocurriría utilizar el término dulzura. Si alguien osara hacerlo, no seríamos pocos los que saltaríamos ante semejante desacralización de su figura. Digamos que, a mi abuela la definía con mayor precisión la palabra elegancia. De esos tiempos, conserva los anchos espejuelos que le enmarcan la firmeza en la mirada. Siguen también, iguales, las cejas finitas, marrones, instrumentos de represión ante conductas inaceptables. Ahora, sin embargo, se le asoma una sonrisa afable y resignada; la vida es lo que es, y punto. Atrás quedaron los tiempos de hidratar el rostro, utilizar las cremas de Estée Lauder, empolvarse la cara y pintarse los labios del color más rojo que encontrara. El polvo, el poco de labial, y el perfume quedaron solo para días especiales. El corte de pelo queda como tarea urgente cada vez que me agobia saber que se lo ha dejado un poco más largo de lo acostumbrado.

Su vida nunca fue fácil. Quedó huérfana a los cinco años. Su abuela, una señora que ya rondaba los 60 años, se hizo cargo de ella. Si bien se dedicó a cuidarla y nunca la abandonó, su infancia no fue común y corriente. Desde muy joven, no le quedó más remedio que crecer para, a pesar de ser una adolescente, convertirse en jefa de familia y encargarse del sustento de ambas. A veces, cuando hablo con ella, no puedo parar de contemplar su rostro y preguntarme, ¿a ella quién la acariciaba? ¿quién le ofrecía su hombro y le decía: llora aquí? ¿quién le hacía sentir que todo estaría bien? La respuesta la sé, los tiempos eran otros, las prioridades también. La falta de recursos le impidió lograr todo lo que pudo haber alcanzado. Desde que comprendí que todo lo que he tenido y he alcanzado es gracias a los caminos que abrieron las que estuvieron antes que yo, decidí ofrendarles los triunfos de las rutas que ellas me han permitido recorrer a mí. No en vano, incluso ahora que no es lo que llegó a ser, disfruta que le cuente cada uno de los eventos que celebramos como logros pues, para ella, es una suerte de justicia divina, un saber que lo que soñó para ella, se hizo realidad.

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El rostro de mi abuela siempre tuvo el ceño fruncido. Cuando le recordamos cómo en las fiestas familiares la rodeaba un aura de respeto casi reverencial, se sonríe con orgullo. Ver a mi abuela era sinónimo de “portarse bien”, no había otra conducta aceptable a su alrededor, y todo el mundo lo sabía; de hecho, todavía lo saben. Hoy en día, si algo queda muy claro es que la gente la respetaba y eso no es poca cosa. Era ella quien llevaba las cuentas de los gastos del hogar. También era la que organizaba los documentos importantes y quien, durante las fiestas de su clase graduada, se sentaba en la entrada del salón de actividades, en una mesita que preparaban especialmente para ella, con centro de mesa incluido, a cobrarle la entrada a todos los invitados; nunca se descuadró, aquellos que intentaron sentarse sin pagar, no lograron su cometido, fui testigo.

Las lágrimas no eran lo suyo, llorar no resolvía los problemas. Aun ahora que caerse se hace más frecuente, no la he visto llorar ni una sola vez. Permanece majestuosa, incluso en el piso, con huesos rotos o sangre, manteniendo la calma y dirigiendo a quien vaya a su auxilio como si no fuera ella la herida. La primera caída, a sus 81 años, fue devastadora para todos. La cantidad de sangre que salía de su cabeza y el visible hueso roto de su mano nos hizo perder la calma a todos, menos a ella. De camino al hospital me miró con firmeza y me pidió que le ajustara la mano, y yo le devolví la firmeza en la mirada con un rotundo “no”.  Ni siquiera en el hospital perdió la compostura. Solo le salió una lágrima, ya acostada en la camilla, mientras le tomaban puntos de sutura. Se limitó a apretar mi mano para decirme, casi en un susurro, “duele”.

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Siempre me han dicho que me parezco a ella. No hay día en que me digan que soy su vivo reflejo y no me emocione. Últimamente soy yo quien ve a mi mamá en ella y me enternece saber que las tres, aunque muy fieles a nuestras propias personalidades, somos un espejo de fractales. A veces, cuando me miro al espejo y contemplo mi rostro, es a ellas a quienes veo. A veces, cuando mi superstición le gana a la razón, me alegra saber que ella vive en mí, y que parte de mí es ella. Entonces la recuerdo acariciando mi pelo mientras descansaba mi cabeza en su falda y sobo a sobo me hacía sentir que todo estaría bien. Hoy soy yo la que desea haber estado durante su infancia acariciando su cabeza, haber tenido la oportunidad de decirle “tranquila, en el futuro llegaré y sé que estarás bien”.

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En estos días en que su mente no está donde solía estar y me cuenta que me vio sentada en su sofá, en horas en las que me consta que no estuve allí, o cuando la veo cantarle nanas al bisnieto que no está en su casa porque está con sus papás, la miro a los ojos, con el mayor de los amores, mientras ella comprende que algo no está bien y me sonríe como quien sabe que la vida pasa. Y yo, solo la abrazo, porque el amor vence todo temor, porque el futuro llegó, y sé que fundidas en ese abrazo todo estará bien.

 

Migrar no es un crimen

 

Campaña digital en favor de las personas migrantes

 

Como parte de la campaña Migrar no es un crimen, la  Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, en inglés) de Puerto Rico anunció  el inicio de una campaña de recolección de firmas y endosos digitales para lograr la aprobación del proyecto de la Cámara de Representantes, el PC 331, que busca proteger los derechos y la dignidad de las personas migrantes en Puerto Rico.

En comunicado de prensa, ACLU de Puerto Rico  expuso que el PC 331 propone una política pública clara que prohíbe a los agentes de la Policía de Puerto Rico, tanto estatales como municipales, colaborar con agencias federales de inmigración como ICE en redadas y arrestos sin una orden judicial válida. La medida también establece y protege los «lugares sensibles» —escuelas, hospitales, iglesias, y tribunales— como espacios seguros donde las personas pueden buscar servicios esenciales sin temor a ser detenidas o cuestionadas sobre su estatus migratorio.

La campaña de firmas digitales busca que la Legislatura priorice la aprobación del proyecto. Para facilitar el proceso, la ACLU de Puerto Rico habilitó un espacio en la página web de la organización donde las personas pueden firmar y, al mismo tiempo, enviar un correo electrónico directo a los 51 miembros de la Cámara de Representantes.

“Este proyecto propone reforzar la protección de los derechos humanos y la dignidad de todas las personas, con un énfasis particular en aquellos espacios que históricamente han sido reconocidos como lugares sensibles”, subrayó la licenciada Lolimar Escudero Rodríguez, abogada de Política y Legislación de la ACLU de Puerto Rico.

En el correo, la organización destaca la urgencia de la legislación, señalando que las políticas federales en curso han aumentado drásticamente los arrestos de inmigrantes, principalmente aquellos sin antecedentes criminales, violentando el debido proceso de ley y la seguridad pública de todas las personas. La ACLU de Puerto Rico argumentó que cuando las comunidades locales temen interactuar con la policía por su estatus migratorio, se socava la confianza y se impide la denuncia de crímenes, poniendo en riesgo a toda la población.

«La participación policial en la aplicación de la ley de inmigración federal también desvía los escasos recursos de las necesidades locales», señala el correo, que cada persona puede enviar a los representantes con su firma. “Es indispensable que Puerto Rico reafirme la inviolabilidad de los derechos y la dignidad de las personas migrantes mediante legislación”, sostiene el escrito.

La recolección de firmas se activó coincidiendo con el inicio de la 2.a sesión ordinaria de la Asamblea Legislativa y estará vigente hasta que el proyecto sea considerado. La medida fue radicada en febrero de 2025 y referida a las comisiones de Gobierno y de lo Jurídico. La organización insta a las personas a visitar el sitio web para firmar y apoyar la legislación que reafirma la inviolabilidad de los derechos humanos en Puerto Rico.

La campaña Migrar no es un crimen se produce en colaboración entre Kilómetro 0, Amnistía Internacional de Puerto Rico, Comuna Caribe y la ACLU de Puerto Rico, en respuesta al alarmante incremento de violaciones a los derechos humanos como consecuencia de las redadas federales en el archipiélago desde enero de este año, que ha resultado en al menos 1,004 detenciones. De ese total, 881 personas (88 %) no tienen récord criminal.

La medida presentada por petición de ACLU, fue respaldada por los representantes Márquez Lebrón,  Gutiérrez Colón,  Lebrón Robles,  Ferrer Santiago, Torres García, Feliciano Sánchez, Figueroa Acevedo,  Fourquet Cordero, Hau, Higgins Cuadrado,  Martínez Soto,  Rivera Ruiz de Porras, Rosas Vargas, Torres Cruz, Varela Fernández y Vargas Laureano.

 

 

Consideraciones sobre la especulación de la independencia

 

Especial para CLARIDAD

Una renovación del sentimiento anticolonial y el descontento social se dejó ver en los espectaculares resultados electorales en 2024 de la alianza entre el Partido Independentista y Victoria Ciudadana, y de Eliezer Molina. Las generaciones jóvenes saben la desgraciada verdad que disimulan los teatros y retóricas de la administración colonial. La revolución digital y de internet ha ampliado la visión del mundo de las nuevas generaciones y disminuye los discursos oficiales. El contexto es un grave deterioro salarial que fuerza muchos jóvenes a abandonar la Isla; detestan la destrucción de sus fuerzas productivas e intelectuales.

Las elecciones son un medio de comunicación que reúne resistencia, rebeldía y resentimiento. En años venideros serán posibles alianzas más efectivas aún de la que en 2024 produjo la importante demostración electoral del PIP. Deben ser más grandes todavía, y extraer masas votantes de los otros partidos. También debe producirse un proselitismo educativo entre el pueblo trabajador –en torno a cómo hacer una sociedad y economía– que difícilmente puede realizar el PIP, y correspondería a otros grupos.

Espectáculo electoral y base social

 El Partido Independentista encabeza la lucha en el campo electoral. Pero podría y debería haber muchos otros medios. Una coalición puede activarse en una diversidad de esfuerzos sociales de forma permanente, y respaldar candidaturas principales del PIP en las elecciones. El concepto del PIP de partido pequeño reducido a la actividad electoral, cuya fuerza relativa reside justamente en su persistente repetición electoral, debe complementarse con agrupaciones que busquen estimular el potencial de jóvenes, trabajadores, empresas, cooperativas, escuelas, ambientalistas, artistas y demás en las comunidades concretas. La organización y educación social en las localidades son más importantes que las elecciones, pero deberían tener la consistencia y perseverancia del PIP. Podrían tenerlas, si se considera por ejemplo la alta cantidad de gente con entrenamiento académico y científico que podría formar redes de trabajo intelectual para estudiar y actuar sobre los recursos sociales y naturales de Puerto Rico.

El intelecto colectivo que produzcan sectores populares en la vida social concreta puede controlar la tendencia al fetichismo a que han tendido a veces élites patrióticas, por ejemplo de las elecciones o la ONU: esto es, el hechizo que ejerce una cosa que de por sí supuestamente será la gran solución, cancelando por arte de magia las dificultades y el trabajo que hay que pasar. Un mito común es que el cambio político llega si determinado partido alternativo gana las elecciones. (Partamos de la premisa de que un cambio de status excluiría la llamada estadidad y el presunto ELA.) Este mito supone que la forma de vivir que se ha creado en Puerto Rico puede revertirse con un triunfo electoral (que tendría que repetirse varias veces). A este mito subyace otro: que un partido alternativo (o alianza, frente, etc.) puede ganar las elecciones. No es que sea imposible. Es que girar en torno a esta esperanza, o creencia, evade el grueso problema de cómo descolonizar la vida sociocultural y económica concreta. La solución del problema en abstracto – una ecuación lógica– hace desaparecer de un plumazo la complejidad histórica.

No es el mito algo necesariamente falso. Es una idea o imagen que moviliza la mente individual y colectiva. Los mitos suelen sustituir –con fácil sencillez– las contradicciones y dificultades, incluso el dolor, de la realidad verdadera. En Puerto Rico y muchos otros sitios el mito norteamericano de las elecciones es parte de los mitos de la democracia y de que elecciones son igual a democracia. La mitología que reproducen el PNP, PPD y demás grupos interesados en perpetuar la anexión de facto no responde a simple maldad o corrupción, es parte de la forma de vivir (social, económica, psicológica, moral, legal) asentada en varias generaciones de puertorriqueños de todos los estratos.

Desde luego, en teoría un partido anticolonial o alternativo podría ganar las elecciones. Sería magnífico. Sin embargo, quizá lo decisivo sería que el partido anticolonial obtuviera una alta cantidad de votos (y cada vez más, sucesivamente), que influencie las decisiones de los círculos estrategas de Washington, así como la opinión internacional. Pues es muy probable que el cambio venga –si viene– principalmente por una combinación del declive estadounidense con las nuevas relaciones internacionales. Si es así, entonces desde el punto de vista del país puertorriqueño lo más conveniente, para efectos del espactáculo electoral –que incluye las miradas de Estados Unidos y muchas otras naciones–, es proyectar un partido independentista que goce de respaldo amplio y plural en Puerto Rico.

Por otro lado, para efectos de la concreta sociedad boricua en municipios, comunidades, pueblos y campos, es indispensable activar respaldo social verdadero –no ficticio– y dar significado material a la descolonización. Puede hacerse con diálogos y medios de comunicación en esos lugares y sus sectores particulares (estudiantes, trabajadores, científicos, empresarios, agricultores, profesionales, votantes de los distintos partidos, comunidades religiosas y educativas, barrios). Pueden incluso hacerse alianzas para conquistar electoralmente municipios específicos. Recuérdese que en 1910 el partido obrero socialista ganó el control de Arecibo y Aguadilla. El éxito eleccionario de Eliezer Molina –mediante ‘write-in’– ilustra el potencial de una política que canalice las protestas, usando hábilmente las redes digitales, e informe sobre los problemas y las movilizaciones locales, de manera que cada localidad se entera de lo que ocurre en las otras. De los temas locales puede formarse una unidad.

La cuestiones de la tierra, la ecología, la agricultura, las costas, los recursos naturales y el uso del espacio tienen gran importancia entre otras cosas porque, en buena medida, por la condición física isleña y caribeña es que la nacionalidad boricua no ha sido borrada del mapa. Las particulares topografías y geografias del archipiélago borinqueño proveen poder simbólico, emocional y mítico. Son un factor moral. Recuerdan la destrucción imperialista de la vida social y natural. Estimulan la idea de que podría construirse un país. Reiteran la posibilidad de un cambio, cuyo contenido habría que producir.

El país real reside mayormente en los municipios. En contraste con la mayoría de los demás municipios, ‘San Juan’ –que está lejos de ser sólo el Viejo San Juan– es un desparramiento urbano y un desorden ambiental y espacial. El proceso colonial ha hecho que el gobierno central y la ‘ciudad capital’ signifiquen poco, más allá de discursos de políticos, de la prensa, la publicidad comercial y la UPR. Por causas históricas que no es difícil ver, la identidad puertorriqueña radica en medida decisiva en las identidades municipales. En los municipios tienen lugar la vida concreta y las expectativas de la mayoría del pueblo. En este micro-universo una coalición social y anticolonial puede echar raíces y usar las elecciones para capturar municipios, a la vez que respalde al PIP en el espectáculo electoral de las candidaturas a la gobernación y la legislatura de Puerta de Tierra, los puestos ‘grandes’ según el folklor y la psicología coloniales.

Descenso de Estados Unidos

La política que representa Trump de reducir gastos y dar prioridad a la competitividad –en vez de subsidios federales a poblaciones clientes y países vasallos– responde a la crisis del estado norteamericano, que desde hace décadas viene dependiendo de un poder bancario y una economía de servicios que han socavado su productividad industrial y agrícola del pasado. Estados Unidos carece de la producción de riqueza necesaria para seguir fomentando gastos imperiales y dependencias propias y ajenas, al menos como antes. La crisis no es sólo del estado sino además del imperialismo norteamericano, que decae ante los cambios en el mercado mundial y el ascenso político y comercial del Sur global y del Oriente.

De aquí la especulación sobre la posibilidad de que Estados Unidos ‘suelte’ a Puerto Rico, o propicie alguna forma de independencia de la Isla en el futuro. Empujar a Puerto Rico hacia la independencia (o soberanía con asociación) es compatible con la política trumpista de reducir gastos ‘improductivos’, pero puede traerle problemas mayores a Estados Unidos. En el Caribe y América Latina vienen creciendo relaciones y alianzas de orientación anticolonial, como BRICS, CARICOM y ALBA. Una soberanía con asociación pondría a Puerto Rico en condiciones de ingresar a BRICS o CARICOM, y gestionar relaciones comerciales con China y otros estados que provocan animosidad en Washington.

Puerto Rico tiene importancia estratégica y hemisférica para Washington; justamente por eso los yanquis nunca hablan de Puerto Rico para efectos internacionales, como si fuera sólo un improblemático destino de carga marítima y líneas aéreas, un detalle que no amerita mencionarse. Es de suponer que los cuerpos estratégicos de Estados Unidos consideren distintas alternativas para Puerto Rico y no sólo la independencia, que es bastante radical y ofrece peligros diversos. Esto es, si buscaran un cambio, lo cual por ahora no parece.

Desde los años 70 y 80 el fin de una amplia actividad manufacturera en Puerto Rico y la actual economía de servicios han implicado una convulsión social que debilitó gravemente la ya maltrecha sociedad. Los fondos públicos estadounidenses han tenido un rol cada vez más decisivo, y hoy la Isla apenas puede funcionar sin ellos. La política, sobre todo del Partido Demócrata, de programas y subsidios del gobierno para cooptar comunidades marginadas y de salarios bajos en Estados Unidos, se extendió a corporaciones. Todavía en la Isla hay quien supone al Partido Demócrata la ‘izquierda’ norteamericana.

Dos caras del poder monetario son, por un lado, los subsidios del estado, y por otro, los empréstitos del gobierno y préstamos privados (deuda). Los subsidios promueven una ‘sociedad de consumo’ que al crecer reclama cada vez más endeudamiento, para expandir una forma de vida irresponsable que se considera –gracias a la publicidad y los medios de educación y difusión– deseable, segura y fácil. El deterioro socioeconómico que trajo el neoliberalismo –la concentración de capital– desde los años 90 intensificó la integración a Estados Unidos. Reconstruir el tejido social boricua podría evitar que Puerto Rico se deslice hacia dejar de ser un país. En la visión capitalista dominante, ‘Puerto Rico’ es una plataforma para extraer dinero a los puertorriqueños mediante altos precios, deudas e impuestos. La administración isleña concede gratuitamente millones a empresas privadas, una y otra vez, mediante contratos obscenos y leoninos. Las transferencias federales que la población recibe hacen tolerable el desorden continuo. Con el rebosante sistema crediticio grupos de salarios altos gozan de amplio consumo, incluso de lujo; los de salarios bajos pueden mudarse a Estados Unidos. La deuda pública podrá reanudarse una vez los federales monitoreen parte de su pago.

Debe intrigar a muchos boricuas cómo sería la materialidad de la soberanía, es decir, cuán real, verdadera y posible sería. El estándar de vida de Puerto Rico, que muchos puertorriqueños no quisieran abandonar, se hizo mediante deuda, capital y dinero norteamericanos. Un Puerto Rico independiente necesitaría que su pueblo trabajador fuese capaz de producir un volumen de valor cercano al volumen de valor que ha permitido el nivel de vida y las infraestructuras que los puertorriqueños han experimentado en una vida relativamente cómoda, en comparación con muchas otras formas de pobreza y dependencia. Si un Puerto Rico soberano hiciese préstamos en los mercados financieros para activar sistemas de producción, electricidad, agua, gobierno, educación, vivienda y demás, como es previsible que los haría –si no le imponen un bloqueo como el de Cuba–, tendría que producir una cantidad de valor que garantizara los pagos de las deudas. Sería así también si sus deudas fuesen con un sistema bancario alternativo y solidario, por ejemplo de BRICS. La construcción económica del nuevo país requeriría apoyo de la población, notablemente la clase obrera y demás clases populares, a base de la conciencia política. Sería necesario un nivel de vida aceptable para las mayorías, al menos suficiente para que respaldasen el proyecto a largo plazo. Los recursos económicos tendrían que usarse, ahorrarse y protegerse al máximo. Es pertinente la idea de que un Puerto Rico independiente atraiga capital extranjero y use a su favor sus destrezas científicas y tecnológicas. Pero en todo caso es necesaria una larga y rica conversación pública sobre estos temas. Tal conversación por ahora no existe, como tampoco existe, digamos, un periódico.

Materialidad del poder

 Puerto Rico es un caso peculiar en que el imperialismo ha promovido la identidad cultural y la cultura popular del país sometido, mientras lo aprisiona cada vez más y lo integra. La curiosa experiencia que representó Muñoz Marín difundió durante generaciones que Puerto Rico gozaba de autonomía (tal cosa no existe en el ordenamiento jurídico norteamericano) mientras en realidad se anexaba económicamente a Estados Unidos con la destrucción de su agricultura y de sus empresas, la deuda privada y pública, la migración, la invasión de capital, el sistema educativo, y el traslado de instituciones y conceptos estadounidenses. De hecho venía anexándose ya mediante la ‘autonomía’ para endeudarse que instruyó la ley Jones en 1917. A la vez Puerto Rico exhibe continuamente su cultura, o las representaciones de lo que ésta supuestamente es. Una autocelebración y una autopercepción puertorriqueña generalmente entusiasta y a veces eufórica se corresponden con la destrucción que el colonialismo ha auspiciado en la Isla y con una anexión de facto. El optimismo cultural boricua –la celebración de estar vivos, por así decir– es un folklor que reproducen espectáculos, comercios, consumos, costumbres, conductas, medios de comunicación, discursos y hablas. El entusiasmo a menudo provoca la ilusión de que un cambio histórico es inminente.

En la segunda mitad del siglo XX dramáticas luchas en la Universidad de Puerto Rico expresaban la disyuntiva de cuál sentido tendrían los muchos recursos que allí se formaban: si para el propio país o para una integración a la sociedad y economía de Estados Unidos. Véase la identificación casi absoluta de las ciencias naturales y las tecnologías –esenciales para edificar una autodeterminación nacional y para el desarrollo de cualquier país– con el capital americano y sus grandes corporaciones y aparatos militares.

El moderno despotismo estadounidense aprovecha un aspecto de la cultura digital y de las llamadas ‘redes sociales’, la individualización y privatización de la información: cada cual, o cada pequeño grupo, tiende a sus propias conexiones, con poca o ninguna comunicación con una totalidad, la cual parece haber desaparecido. (La sociedad no existe, sólo existen individuos, dijo en los años 80 la dirigente capitalista Margaret Thatcher.) Las representaciones en pantallas suelen pensarse como si fueran el proceso social real, y éste fuese los instantes electrónicos. Monopolios estadounidenses (comercios, bancos, televisoras, instalaciones industriales, publicidad) organizan la vida boricua. La programación de entretenimiento y noticias de las corporaciones norteamericanas Telemundo, Wapa TV y Tele Once reproduce, década tras década, el folklor de una puertorriqueñidad adherida a Estados Unidos y eternamente acostumbrada al colonialismo, la sumisión y la tragedia.

Si bien es notoria la holgazanería intelectual de los grupos a cargo de la colonia, cultivan minuciosas especializaciones y detalladas discusiones sobre cómo administrar la dependencia de fondos y préstamos estadounidenses. Así por ejemplo muchos municipios remozan el casco urbano, auspician festividades y folklores, traen programas accesibles en Estados Unidos, y proveen seguridad y otros servicios que alivian la degradación de la vida y de la salud pública. Desde hace medio siglo el PNP representa estelarmente la jerarquía criolla a cargo de traer fondos, deudas y capital.

Otras posibilidades

 Al imaginar las alternativas que Estados Unidos baraja para la Isla, a veces se suponen polos extremos: dependencia masiva de fondos federales, o independencia. No tiene que ser así. La política de promover la dependencia de fondos federales ha indicado chapucería política e intelectual de Washington –y de los grupos colonialistas isleños– desde la década de 1930. Lo más fácil ha sido emitir transferencias, para lo cual abunda dinero en el Tesoro (que la gran banca sostiene, como parte de la deuda estadounidense). Así se neutraliza el descontento social, y los puertorriqueños se hacen un estupendo mercado de precios altos, excedentes agrícolas, mercancías y préstamos.

Los Republicanos yanquis podrían inventar nuevas opciones. Después de todo cuentan con numerosos intelectuales e influencers críticos del ‘big government’ y filósofos del ‘libre mercado’. Para renovar la actividad productiva podrían ingeniarse mecanismos tributarios, compatibles con la tendencia trumpista, que incentiven empresas americanas para que vengan a la Isla. Una revitalización de actividades manufactureras y de la ética del trabajo –si ocurriera– podría mejorar el clima social isleño, reducir la emigración, y aumentar el consumo sin subvenciones directas. Washington podría volver a mostrar el colonialismo ante los pueblos caribeños y latinoamericanos como modelo. Pero habrá que ver si el grupo dirigente norteamericano repara en estos asuntos. Es probable que opte por la inacción, suponiendo que en la Isla la inercia no produce problemas mayores. Sin embargo, debe esperarse que continúe la crisis social de Puerto Rico. Los grupos anticoloniales y contestatarios podrían avanzar con una propuesta unitaria de cambio, y no sólo electoral y administrativa, sino social y económica.