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Desorganización en la Comisión Estatal de Elecciones

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

 

A menos de 70 días de las elecciones generales, el  comisionado electoral del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP,) licenciado Roberto Iván Aponte Berríos, y la comisionada electoral del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), licenciada Lilliam Aponte Dones, denuncian la falta de manuales y de un reglamento para trabajar con el voto ausente y el voto adelantado, dificultades con la votación por nominación directa, desconocimiento de la cantidad de colegios para votar el día de las elecciones, retrasos en los trabajos por la falta de energía eléctrica y violaciones al Código Electoral en la entrega de peticiones de voto adelantado .

“Hay una falta de un sentido de urgencia con el poco tiempo que queda para las elecciones generales, sobre todo, con el poco tiempo que queda para el cierre del registro electoral, que es hasta el 21 de septiembre. Hace falta premura en la toma de decisiones y, lamentablemente, hay decisiones que tiene que tomar la presidenta, que están en su mesa desde febrero de este año”, denunció Aponte Berríos.

El comisionado electoral de PIP precisó que entre los asuntos que faltan por definir están cuántos serán los colegios de votación. Describió que esto es fundamental por la disminución que ha habido en la población en Puerto Rico a causa de la emigración, la disminución en la participación electoral en los últimos cuatrienios, el cierre de escuelas y el que  muchos centros de votación no están preparados para recibir a miles de electores.  Atribuyó a la presidenta de la CEE, Jessika Padilla, ser la que tiene que tomar una  decisión final. Añadió, además, que para los partidos es importante saber cuántos funcionarios de colegio van a necesitar.

Otra tarea urgente es que se continúe con la campaña de orientación dirigida a los jóvenes, de que tienen hasta este 21 de septiembre para que se inscriban.  Eso incluye la necesidad de separar más fechas para acudir a recintos universitarios y otros lugares.

El comisionado electoral del PIP indicó que estuvo exigiendo por dos semanas que la presidenta de la CEE diera una instrucción a los miembros de las Juntas de Inscripción Permanente (JIP) de cómo recibir las solicitudes del voto adelantado y del voto ausente. No fue hasta unos días antes de esta entrevista que la presidenta dio instrucciones al respecto.

Se supone que en las JIP se graben en el sistema las solicitudes del voto ausente y del voto adelantado.   No obstante, al presente no se están grabando, lo que ha llevado a que se aglomeren las  solicitudes por la falta de las directrices. Reveló que tanto funcionarios del PNP como del PPD han estado llevando y guardando las solicitudes, cosa que se supone no se puede hacer, por lo que ha sido un asunto de  discusión. Su posición es que para fiscalizar esa solicitud de ese voto, la persona que lo solicita es quien debe entregarla. En caso de no tener movilidad, la persona debe enviar una carta con el nombre de la persona que la va a entregar y la entrega es individual.

El hecho es que el PNP y PPD entienden que en la entrega de las solicitudes estas  pueden ser agrupadas, dijo. Denunció que el representante del PNP Jorge Navarro colgó un video en sus redes en el que anunciaba  que por tres días había estado entregando solicitudes de voto adelantado. En las primarias pasadas también entregó más de 300 solicitudes de voto adelantado.

Aponte Berríos apuntó que esta acción es ilegal y que aunque se le ha planteado a la presidenta, Jessika Padilla, la CEE no ha hecho nada. “Está grabando videos que son anuncios políticos en las JIP. Eso es ilegal y la CEE lo permite.  Eso mancha y crea dudas sobre el proceso electoral”.

En cuanto a las máquinas para el escrutinio, confirmó que la  CEE alquiló 13 máquinas solo para contar las papeletas del voto adelantado y ausente, las cuales estarán a nivel central. Pero las otras seis mil máquinas de la CEE para el escrutinio general estarán en los colegios electorales. Estimó que podría haber unas 300 mil personas que soliciten voto adelantado, por lo que contar esas papeletas toma tiempo y esas máquinas lo hacen más rápido de lo que lo hacen las de los colegios electorales.

Mientras, respecto a si hay un estimado de cuánto se perfila será el número de electores, Aponte Berríos comentó que coincide con el estadístico Manuel Álvarez, que proyecta que con la participación electoral en los últimos tres eventos electorales el número de electores en esta próxima elección estaría entre 1 millón a 100 mil votantes.

Otro asunto que trajo a la atención es el que aún no se han programado las máquinas que van a contar las papeletas del plebiscito y la del voto presidencial. En el caso de esta última, dijo que no se ha hecho pública, no se ha visto ni el diseño.

En entrevista por separado, la comisionada electoral del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), Aponte Dones, coincidió con los mismos señalamientos que el comisionado electoral del PIP.

“Decir que es culpa de los comisionados de los partidos es faltar a la verdad. El CE del 2020 trastocó lo que es el sistema electoral de Puerto Rico. Nosotros —se refiere al MVC— venimos haciendo consistentemente esa denuncia que hizo en su momento el PPD y después terminó defendiendo el CE. El CE puso en las manos del PNP el control de la CEE. Quienes dirigen la comisión en todas las oficinas son  el PNP y el PPD, no hay representación de los otros tres partidos, así que los retrasos se deben a la implementación de un código electoral que atenta contra lo que es la democracia”, manifestó Aponte Dones.

Igual señaló la falta de inscripción de los nuevos electores y la reducción de las JIP. De 80 que había al presente, solo hay 12 y unas temporeras en este mes de septiembre.

La comisionada electoral del MVC expuso su preocupación por el manejo del voto adelantado y denunció que funcionarios del PNP se están metiendo en las égidas y que esposas de senadores están llevando solicitudes de voto adelantado, todas con una misma dirección  de égidas.

Añadió que todas las propuestas presentadas por MVC para el manejo del voto adelantado han sido rechazadas. “La Comisión no quiere establecer una medida para proteger a esa población. Se supone que sea la persona que lo solicite, no que se lo vayan a buscar. No hay las medidas antifraude ni la transparencia para llevarla a cabo”.

También coincidió en delatar que no se está siguiendo el sistema centralizado que se diseñó para saber cómo se está moviendo el voto adelantado. “Estamos viviendo la secuela de lo que fue el 2020, lo dije en la Comisión: no lo voy a permitir. Nosotros lo que queremos es que el proceso sea lo más fácil y llevadero para el elector, pero también que la CEE pueda cumplir con su rol fiscalizador de ese proceso. Lo que busca el partido PNP es ellos estar solos en un colegio de votación con la papeleta”.

A esos señalamientos  puntualizó que MVC tiene solo de cinco a seis empleados en destaque en la CEE, que incluso solicitaron en el 2020 de dos a tres adicionales y nunca recibieron aprobación. En contrate, el PNP sacó 600 empleados en destaque.

A todo lo anterior se suma que el edifico de la CEE estuvo desde el 12 de agosto con el servicio de energía eléctrica inestable, por lo que se tuvo que utilizar la planta de emergencia. La situación fue dada a conocer por los comisionados electorales, quienes pidieron una reunión urgente con la presidenta, quien no contestó. El comisionado electoral del PIP dijo que se esperaba que LUMA trabajara el  sábado y lunes en la subestación (sábado 31 de agosto y lunes 2 de septiembre).

 

 

 

 

 

 

 

Repudian visita de golpista venezolano

Guaido

El Comité de Solidaridad con Cuba (CSC) de Puerto Rico, expresó su repudió a la visita a la isla del venezolano Juan Guaidó, quien se acredita haber sido electo presidente de Venezuela.

El político venezolano que intento dar un golpe de estado en Venezuela en el 2019, fue invitado por el gobierno municipal de Aguadilla, que preside su alcalde Julio Roldán Concepción del Partido Popular Democrático (PPD), partido que favorece el actual estatus colonial de Puerto Rico.

La visita del guarimbero venezolano Juan Guaidó a Aguadilla este sábado 31 de agosto, lejos de enaltecer la celebración de los 250 años de la fundación de este Municipio, la desmerece y la desprestigia. Juan Guaidó no es, ni nunca fue, un líder del pueblo venezolano y mucho menos su presidente electo.

Guaidó es producto de un proyecto estadounidense para la desestabilización de Venezuela, la toma del poder y todo lo que eso representa en términos de los grandes recursos de ese país”, manifestó el CSC en comunicado de prensa.

El Comité de Solidaridad señaló que Guaidó, sin nunca haber sido candidato a la presidencia venezolana, se proclamó a sí mismo presidente, sin que se le requiriera acta alguna. Sus intenciones fueron respaldadas por el gobierno de Estados Unidos y por todos aquellos países que necesitan petróleo con urgencia, y si es robado, mucho mejor.

El único respaldo que Juan Guaidó ha tenido en Venezuela surge de las brigadas de mercenarios guarimberos, quienes realizaron violentas protestas destruyendo la infraestructura pública, matando ciudadanos inocentes y hasta quemando vivos a partidarios del gobierno legalmente constituido”, expresó el CSC.

En esa linea señaló que el venezolano se encuentra prófugo de la justicia venezolana por enfrentar cargos de lavado de dinero, usurpación de funciones, traición, y otros delitos. Además, se alega que Guaidó utilizó su gobierno de embuste para causar pérdidas al estado venezolano por la suma estimada de $19 mil millones de dólares.

El CSC se reafirma en la solidaridad con todos los pueblos de la América Latina y el Caribe, y en la defensa de sus derechos a seleccionar tanto a sus dirigentes como a los sistema de gobierno que prefieran sin la intervención de fuerzas y gobiernos extranjeros”.

En Aguadilla la presencia del venezolano no pasó desapercibida y el grupo Democracia Socialista llevó a cabo una manifestación frente al Teatro Manuel Méndez Ballester de la Alcaldía de Aguadilla, en donde se presentó ante una limitada audiencia en su mayoría venezolanos residentes en Puerto Rico.

Las historias de Emiliano: un homenaje a Radamés Acosta Cepeda

Tomado de FB

 

 

 

Conocí a Radamés en agosto del 2015 en un conversatorio con motivo del 70 aniversario de la Federación Sindical Mundial. Aún recuerdo el impacto que me causó su testimonio apasionante y autocrítico sobre la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) en los años setenta. Yo recién comenzaba mis estudios graduados en historia y me proponía comprender aquel pasado de luchas intensas en donde destacaron Radamés y tantos y tantas más, a la vez que me afanaba por encontrar y desenredar el hilo conductor de todo aquello con un presente que consideraba desalentador. “El pasado lleva consigo un índice secreto que lo remite a la redención”, decía el filósofo alemán Walter Benjamin.

¿Quién fue Radamés? Para empezar, era hijo de padre sangermeño y madre dominicana, y aseguraba que de ella heredó su vena rebelde y revolucionaria. A sus 18 años, allá para finales de los sesenta, se unió al Movimiento Pro Independencia (MPI) en la Misión José Cedeño de Puerto Nuevo, en San Juan. Uno de sus compañeros de misión fue Juan Santos Rivera, un viejo líder obrero de la construcción, cofundador de la Conferderación General de Trabajadores y expresidente del Partido Comunista Puertorriqueño en los años cuarenta. Cuando el MPI se transformó en Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) en noviembre de 1971, del que Santos Rivera fue cofundador, este afirmaba con seguridad: “esta juventud entre la que me siento orgulloso y complacido de estar, sabrá trazar correctamente el camino justo para la clase obrera. Aquí, señores, ha comenzado a nacer la libertad”. Uno de esos jóvenes fue Radamés, a quien Santos Rivera introdujo al trabajo sindical.

Desde entonces, la trayectoria militante y combatiente de Radamés se entrelaza con el auge de la lucha obrera de aquellos años, el crecimiento del PSP y su posterior crisis. Se recuperaba entonces la conmemoración del 1 de mayo, según Radamés, “no como celebración de efemérides, sino como día de combate del proletariado internacional”. La política sindical del PSP incluía el apoyo consistente a espacios de unidad como el Movimiento Obrero Unido (MOU) y a uniones como la UNT, de la que Radamés fue secretario general.

La capacidad organizativa que demostró la UNT bajo un sello clasista, combativo y de abierto desafío a la Ley Taft-Hartley estadounidense (que era y es una camisa de fuerza para el movimiento obrero) no pasaron desapercibidos para los enemigos de clase. Los gobiernos colonial y estadounidense desataron su represión legal e ilegal contra la UNT y sus oficiales. En 1978 le cupo al juez federal Juan Torruella la vergüenza –una entre tantas otras que no vienen al caso aquí– de condenar y encarcelar a Radamés por violaciones a aquella ley estadounidense.

No en vano, las memorias de Radamés se titularon Sindicalismo en tiempos borrascosos, apoyadas en la conferencia que ofreció el día en que le conocí, y que tuve el privilegio de prologar en su segunda reimpresión en el 2021. Los golpes represivos y el drama humano, pero también los episodios de lucha armada y clandestina que discurren por aquellas páginas, rinden testimonio del nivel que alcanzó la lucha de clases en Puerto Rico. Y aquí es que entra Emiliano.

Como parte inseparable de su militancia político-sindical, Radamés fue combatiente clandestino del brazo armado del PSP en los años 70 bajo el resguardo de su nombre de guerra: Emiliano. Algún tiempo después de renunciar al PSP en 1977, y de cofundar la revista Pensamiento Crítico, el nombre de Emiliano le acompañó cuando se integró a las filas del Partido Revolucionario de los Trabajadores Puertorriqueños– Ejército Popular Boricua (PRTP-EPB), mejor conocido como los Macheteros. Allí ayudó a impartirle dirección al trabajo sindical de la incipiente organización guerrillera, participando en todos sus niveles de lucha y de combate. Ya para ese entonces, virtualmente ilegalizada la UNT, Radamés dirigía la Unión Independiente de Trabajadores del Aeropuerto (UITA).

Radamés fue más escurridizo que reacio a mis proposiciones de una entrevista formal, pero siempre se mostró generoso con sus recuerdos cuando compartimos y, de cuando en vez, me hacía llegar al correo electrónico escritos suyos con reflexiones sobre aquella época. Fue así que conocí de lo que algunos llamaron “el buen gobierno” y que existió entre finales de los años 70 e inicios de los 80. “Tal vez usted como historiador pueda despejar la bruma”, me escribió en tono críptico, y algún tiempo después me envió otra pista:

“Su estructura mínima. La comunicación de primera. La solidaridad sin fronteras. El compañerismo, de una calidad casi espiritual. Así éramos. Tuvo en su beneficio, que por la diversidad de sus integrantes, tenía y tuvo un acceso y el respeto a diferentes organizaciones de lucha de todos los ámbitos, y digo de todos los ámbitos y puedo incluir de su comunicación con los oficiales del Gobierno de turno en esa época. Sus integrantes estaban comprometidos con la democracia sindical, con el sindicalismo nacional y con un odio acérrimo a los abusos patronales. Tengo el recuerdo de vida de haber conocido a tantos y tantos combatientes de base de los sindicatos. Este era el brazo de poder del sindicalismo en esa época de turbulencias. Superamos las divisiones de visión de los partidos de lucha en esa época. Su presencia no puede ser obviada en los anales de la historia de nuestra Patria. Para mí un altísimo honor”.

Osvaldo Romero, Carlín Gómez y Radamés Acosta. foto Rafi Robles

Fueron varios de sus camaradas de esa época de turbulencias quienes me ayudaron a “despejar la bruma” y llenar los huecos, en la medida de lo prudente y lo posible. Se trataba el “buen gobierno” de un espacio ad hoc y autoconvocado más que de una organización formal, y estuvo integrado por militantes fogueados en distintas uniones y organizaciones políticas, públicas y clandestinas. Acordaron y realizaron numerosas acciones armadas de apoyo a huelgas, incluyendo ataques a patronos, gerenciales y rompehuelgas. Algunas de esas actividades fueron reivindicadas por grupos desconocidos entonces, y de los que tampoco volvió a saberse. La existencia del “buen gobierno”, más allá de su valor anecdótico, subraya el carácter fluido y poroso de la lucha armada y clandestina hacia finales de los 70, así como su inseparabilidad de la lucha de clases, con toda la complejidad que esta entraña en un contexto colonial como el de Puerto Rico.

En fin, “las semblanzas post mortem no son justas” y además, las largas casi nadie las lee, advertía Radamés en el 2020 cuando tuvo que dedicarle una a Osvaldo Romero, uno de sus compañeros y camaradas de ruta más cercanos. Y esta ya se va haciendo larga.

 

Sería inútil tratar de condensar aquí la vida de Radamés: su formación temprana en las artes marciales, o su dimensión espiritual, que lo llevó a hacer largos peregrinajes por otros rincones del mundo. Y sería injusto tratar de idealizarlo, que no sería más que una forma elegante de separarlo de su realidad, de sus compañeros, y, en última instancia, de su propia humanidad. Por mi parte, me quedo con el agradecimiento honesto a una persona como cualquiera otra que aun siendo hija una realidad injusta, juntó sus fuerzas con otros y otras para combatirla con todos los medios a su alcance.

Me quedo también con sus memorias y recuerdos a cuentagotas, que ya forman parte del arsenal de experiencias acumuladas de un país irredento y sus luchas, inscritas en alguna parte de nuestro “índice secreto”. Existe una “cita secreta entre las generaciones pasadas y la nuestra”, decía aquel filósofo alemán. Pienso que esa cita la tendremos con Radamés (y tantos y tantas más) en todas nuestras luchas, y que estas incluyen, de manera importante, la tarea misma de rescatar las del pasado. Hasta entonces, Rada.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos: algunas valoraciones y elementos de juicio

 

Especial para ClARIDAD

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos tendrán lugar el martes 5 de noviembre. Ese día también serán elegidos los 435 miembros de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado que está compuesto por un centenar de integrantes. También serán electos los gobernadores de algunos estados. Más de 240 millones de personas están habilitados para votar en las elecciones estadounidenses de este año. Aproximadamente un 40% de ellos se abstendrá de hacerlo.

Aparte de lo que aparentan los actos de campaña y el abundante dinero que corre, en la mayoría del electorado lo que prima es la apatía ante el descredito acumulado de la política y de los partidos.

Por el añejo sistema electoral de ese país, no es la mayoría del voto nacional popular la que determina el ganador de la Presidencia. Hay que ganar estado por estado. Según su población, el resultado votación popular emitida y de quien sea el candidato ganador allí, a cada estado le corresponde un número de votos o electores en el llamado Colegio Electoral nacional, compuesto por un total de 535 miembros e igual cantidad de votos.

Todos los votos de cada estado de la Unión van a la cuenta del candidato que obtuvo allí el respaldo mayoritario. Hay que lograr mayorías en un numero de estados suficientes para obtener 270 de esos votos y con ellos la presidencia.

Según las características demográficas y el peso político o tradicional que tienen en cada estado, bien el Partido Republicano, bien el Partido Demócrata, se ha determinado que, en la actualidad, hay unos 40 estados donde está bien definida de antemano la victoria de uno u otro candidato. De modo que es probable que serán los resultados electorales en solo un número relativamente pequeño de esos estados – de aquellos estados donde la votación normalmente resulta reñida o fluctuante -, en los cuales se defina la cuestión de quién se convertirá en el próximo presidente.

Es decir, el ganar en tres o cuatro de ellos podría hacer plausible la elección del candidato republicano y ex presidente Donald Trump o de su rival demócrata, Kamala Harris, actual Vicepresidenta del país, primera mujer negra en ejercer ese cargo.

Son seis los estados con votaciones más claramente “indefinidas” – Arizona, con 11 votos en el Colegio Electoral; Georgia con 16; Michigan, con 15; Nevada con 6; Pensilvania con 19 y Wisconsin con 10 – que podrían ser la clave para alcanzar los 270 votos que constituyen la mayoría en el Colegio Electoral y decidir quién será el que acceda a la Casa Blanca. Por eso, ambos partidos están haciendo una intensa campaña para ganarse a los votantes indecisos en esos estados y en alguno que otro donde estiman pueden dar la pelea.

Los votantes negros son un bloque particularmente considerable e importante en estados indecisos clave como Michigan (13 por ciento), Pensilvania (11 por ciento) y Wisconsin (5 por ciento). También tienen bastante peso en Carolina del Norte (23 por ciento) y Florida (13 por ciento), entre otros. Hay que recordar que el voto afroamericano se incrementó en 2008 y 2012 cuando Obama era candidato.

Hay muchas combinaciones o sumas de los votos que aportan esos estados que podrían poner a la vicepresidenta Kamala Harris o al expresidente Donald J. Trump por encima del umbral de los 270 votos electorales necesarios para ganar.

Se entrecruzan factores que hacen difícil el pronóstico. Estados donde el tema migratorio o el desempleo son más sensibles; aquellos donde es mayor o no el peso de la población negra o latina, y aquellos con considerable población de origen árabe quienes, junto a otros segmentos del electorado, se han mostrado muy sensibilizados y contrarios a la continuidad del apoyo militar y político del gobierno de Biden al estado de Israel y a su agresión en Gaza.

Ese tema, la cuestión migratoria y el aumento inflacionario, entre otros, pueden jugar en sentido adverso a las aspiraciones de la candidata demócrata en noviembre. A su favor parecen estar el tema del aborto, el respaldo sindical, el relativamente bajo nivel de desempleo, el voto afroamericano, y el de las capas más jóvenes del electorado.

A pesar que la economía estadounidense ha mostrado un fuerte crecimiento y creación de empleos durante el mandato de Biden, amplios segmentos de la población sienten presiones por los incrementos en el costo de vida como resultado de la inflación., lo cual podría perjudicar a Harris en todo Estados Unidos.

Aunque ha habido un repunte en la cobertura favorable hacia Kamala, las encuestas siguen siendo demasiado reñidas para predecir un resultado, especialmente en los estados y condados en disputa que, en última instancia, determinarán el resultado de las elecciones.

 

Es evidente que la salida de Biden presentó una oportunidad para los demócratas.

Desde ese momento las filas de ese partido cobraron impulso y han vibrado de manera diferente. En pocas semanas la campaña de Kamala Harris ha adquirido visos de un movimiento político y cultural, con una energía sobre el terreno no muchas veces vista.

Al perder a Biden como su blanco de ataque, de momento Trump ha quedado algo descolocado. Se ha señalado que el tema de la edad avanzada y los lapsos mentales ahora le pasan cuenta a él

No obstante, las elecciones siguen siendo muy competitivas y de difícil predicción. En las semanas que restan pueden intentarse zancadillas y ocurrir sorpresas.

Trump sigue siendo un candidato fuerte pese a que en los pasados 8 años, incluso cuando fue electo presidente, nunca ha logrado alcanzar un grado de popularidad por encima de los niveles de rechazo que su figura genera. Sin embargo, no se puede olvidar que, en las pasadas elecciones de 2020, tuvo el respaldo de unos 73 millones de votantes., el 47,4 del total. Una buena parte de sus bases lo siguen ciegamente. No es extraño que cometa torpezas, pero es un político habilidoso, diestro en el manejo de los medios de difusión.

 

Este año Trump y J. D. Vance (quien lo acompaña para vicepresidente en la boleta) se están inclinando fuertemente hacia la retórica populista. Se presentan como abanderados del dolor de las comunidades devastadas por la desindustrialización, la crisis de la vivienda, la crisis de los opioides y más. Quejas de cómo, bajo Biden, “nuestros hijos fueron enviados a la guerra» logran cierto impacto. Ese burdo populismo toca dolores y frustraciones muy reales en amplios sectores y regiones del país.

La incertidumbre sobre los posibles resultados en noviembre también proviene del posible impacto que en algunos estados claves podrían tener las candidaturas independientes, por fuera del bipartidismo, como la del Partido Verde que encabeza Jill Stein, u otras menores como la del reconocido intelectual negro Cornell West, que son susceptibles de restar algunos votos, sobre todo, a la candidatura demócrata.

En el mismo sentido es difícil calcular el impacto del reciente desmontaje de la campaña de Robert F. Kennedy Jr. como independiente, luego inicialmente intentara participar en las primarias demócratas. Alguna fuerza había adquirido la campaña e incluía posiciones críticas a la política exterior estadounidense.

Ahora, algo inesperadamente, Kennedy Jr. ha anunciado que cesa en su empeño electoral, al tiempo que otorga su respaldo el republicano Trump y lanza fuertes ataques contra el Partido Demócrata, con lo que le da un giro inesperado a la campaña presidencial. De inmediato sus cinco hermanos han condenado ese paso como una traición a la tradición y los principios de la familia Kennedy.

Cito palabras de Kennedy Jr.: “Los demócratas se han convertido en el partido de la guerra, la censura, la corrupción, las grandes farmacéuticas, las grandes tecnológicas, la gran agricultura y el gran dinero…, [de quienes han querido] ocultar el deterioro cognitivo del presidente en funciones… El Comité Nacional Demócrata y sus medios de comunicación diseñaron un aumento de popularidad para la vicepresidenta Harris sin ningún fundamento. Sin políticas, sin entrevistas, sin debates. Solo humo y espejos”.

En realidad, ambos partidos apelan a los sentimientos nacionalistas y a la defensa del papel de liderazgo de Estados Unidos en el mundo. Ambos propugnan continuar con la ayuda a Ucrania y demonizan a Vladimir Putin. Como en procesos anteriores, América Latina es apenas mencionada en esta campaña.

Breve nota acerca de la reciente Convención Demócrata.

Las actuaciones en la Convención Nacional Demócrata en Chicago (19-22 de agosto) fueron impecables, al igual que ocurrió un mes antes en la Convención Republicana. Todo un show televisivo. Las respuestas a los discursos en el recinto de la convención y en los rincones liberales de las redes sociales fueron eufóricas.

Progresistas y moderados se unieron para apoyar a Kamala Harris ignorando en gran medida el problema moral más urgente de nuestro tiempo: el genocidio en Gaza, pues, salvo muy contadas voces, casi todos se unieron bajo la bandera del silencio. Sin embargo, los muy pocos llamados a un alto el fuego, como el realizado por el senador Bernie Sanders, fueron recibidos calurosamente en el recinto de la convención. Dada la presión social existente, el tema fue considerado marginalmente con la celebración de un reducido panel sobre los derechos palestinos.

En el plenario las menciones fugaces y ambiguas en los discursos, acerca de la guerra de Israel contra Palestina, fueron despectivas y engañosas, al tiempo que devaluaban las vidas palestinas en comparación con las de los israelíes. Una representante del progresismo en el Congreso, como Alejandra Ocasio-Cortez, exageró algo las cosas al decir que «Kamala está trabajando incansablemente por un alto el fuego». Al propio tiempo que la Harris aceptaba la nominación presidencial, la administración aprobó una venta de armas de $ 20 mil millones a Israel, sin ninguna condición.

Mientras, en las áreas aledañas y durante varios días, considerables masas de personas se congregaron en apoyo s Palestina, en protesta contra las políticas de gobierno de Biden y con reclamos a detener el apoyo militar y político al gobierno de Israel. Muchos fueron víctimas de la represión y hubo decenas de detenidos.

Dentro del recinto, como estaba previsto, la candidatura demócrata se completó con la nominación de Tim Walz para la vicepresidencia.

Este es el actual Gobernador del estado de Minnesota, con antecedentes en los que intencionalmente se extraen su procedencia de zonas rurales del país, su carácter campechano, quien ejerció como maestro de escuela, instructor de un equipo de futbol americano, sus servicios en la Guardia Nacional en Nebraska y su impulso a programas sociales durante su ejercicio como gobernador. Con ello se pretende atraer votantes en zonas del país en las que el Partido Demócrata ha tenido tradicionalmente poco peso.

 

Baldorioty vs. Betances : La biografía de Roberto Ramos Perea sobre Román Baldorioty de Castro.

 

Marcos Reyes Dávila

 

Hace pocos meses (2024) Roberto Ramos Perea publicó un “tratado biográfico” sobre Román Baldorioty de Castro. Vaya por delante afirmar que se trata de una labor investigativa erudita y monumental, y que viene acompañada de otros tres volúmenes que recogen la obra escrita por Baldorioty, la publicada que conocíamos, y otros impresos inaccesibles hasta ahora, y, además, material inédito.

La presente nota no pretende ser una reseña de estas obras, sino tan sólo una expresión de desengaño sobre un aspecto solo. Tengo enfrente, para sosegarme en su contexto, la biografía de Ramón Emeterio Betances de Félix Ojeda Reyes, y el extraordinario libro póstumo que nos legó: La protesta armada, obra que sale casi a la par con la de Ramos Perea.

La crítica académica de las últimas décadas insiste, saludablemente, en la revisión y reevaluación de los juicios enunciados antaño sobre todos los temas a partir de los nuevos enfoques, descubrimientos, y métodos de análisis. Desde luego, ese examen permanente de lo que muchos califican como la narrativa repetitiva de un canon, es un factor medular en la comprensión de una realidad histórica en continuo desarrollo, plegada de alteridades, cauces efectivos y defectivos, posibilidades engarzadas y perdidas, lagunas y sombras. Pero eso no es lo mismo que el estudio que tiene como método argumentar para intentar demostrar premisas previamente adjudicadas. Así se hizo hace unas décadas con Hostos.

La publicación de obras como esta de Ramos Perea sobre Baldorioty de Castro es siempre una fortuna. Pero hubiese sido mejor si el autor no se hubiera valido, para enaltecer a Baldorioty de Castro, de reducir y descalificar parcialmente la obra de Ramón Emeterio Betances. Hacer un comentario breve al respecto de ella es el motivo de estas líneas.

Una de las columnas fundamentales en las que Ramos Perea se apoya es el uso de una argumentación dirigida a demostrar premisas prejuzgadas. En este caso, es la apología de la ruta, el método y el ideal primordial que siempre ha definido a Baldorioty, incluso por confesión propia: la aspiración a la autonomía de Puerto Rico, y el método de las reformas liberales, que históricamente se prolongó durante el siglo XX, principalmente por el Partido Popular, pero encallado y francamente senil en este primer cuarto de siglo. Las apologías impresas en el libro provienen de este sector.

Para exaltar a ese Baldorioty el autor se halló ante un escollo formidable: Ramón Emeterio Betances, y la ruta del “republicanismo democrático revolucionario” –como lo define Carlos Rojas Osorio– en la que persistió toda su vida. Otra de las cosas que lamento en esta obra es que se intente acudir a Eugenio María de Hostos para validar sus argumentos contra Betances. A mi juicio, el autor tiene un objetivo en la mira respecto a Betances, pero en lo que concierne a Hostos, no lo comprende.

Aunque por un corto tiempo (1874) se viera Baldorioty acorralado y, por eso, dispuesto a participar en las conspiraciones armadas que organizaba Betances, Baldorioty, –– “como ‘súbdito’ de España (así puede leerse en el tratado, Ramos Perea, 5.) se negó a proponer las armas como vehículo de esa liberación”. No empece, cree el autor, con el tiempo, se ha considerado a Baldorioty y a Betances, igualándolos, “padres”, “ambos”, de la Patria Puertorriqueña. (7) Quizás sea así para los amigos del autor, pero no para los que conozco y reconozco. Pues, ¿cómo se retrata a Betances en este “tratado” biográfico?

Ramos Perea insiste, e insiste, en retratar a Betances de los siguientes modos: su lucha armada fue una sin reflexión, sin preparación y sin posibilidades; Betances era un hombre de una impetuosidad arrogante (98); de una arrogante desconfianza; la arrogancia del llamado Pater de Patria (294); testarudo; irracional (142, 284); el comentario fratricida de una soberbia asombrosa (163) que mostró una espiral de odio sin límites; que acostumbraba a quemar sus naves por su ansia de mantener su liderato (296); que abandona el barco de “su” revolución (151), cuando ve amenazado su liderato (280), o en peligro de hundirse (297); que lo que pensaba de sus compatriotas y de la propia posible revolución de su país se reducía a su único interés por el poder; que al verse amenazado por la integridad y el entusiasmo de Hostos, se rinde a lo más bajo que puede hacer un revolucionario, intrigar y traicionar a los suyos y poner su propio interés por encima de los intereses de la nación (276); que se plantó en su eterno resentimiento contra el autonomismo, “proclive a la alienación y a lo que más tarde Lenin –en 1920– llamaría ‘infantilismo de izquierda’”. (151)(¡!)

Ese es, a su juicio, parte fundamental de la práctica de Betances. Añade que, tras la muerte de Baldorioty, “hubo de esperarse tres años para que Betances tuviera la honradez intelectual de admitir las cualidades de Baldorioty”.

Dudo –y lo comento porque para mí importa– que Paul Estrade, o Félix Ojeda Reyes, hubieran, ni remotamente, rubricado tales juicios. Pienso que Félix no estará en paz en su sepulcro.

Según el autor, “la libertad por las armas siempre fue –y será– imposible” en virtud de la inferioridad numérica, geográfica y militar de Puerto Rico. Baldorioty, dice, se muestra, además, incapaz de comprender la atención puesta, la solidaridad y la cooperación con la libertad de Cuba, Haití, la República Dominicana.

Betances, ciertamente, vio, en un momento, en el reformismo autonomista de Baldorioty, a un “autonomista vacilante”, un “reformista transigente y abolicionista vacilante”. Para solo citar autores recientes, Paul Estrade, Félix Ojeda Reyes, Carlos Rojas Osorio, entre otros muchísimos estudiosos de su obra, algunos de los cuales Ramos Perea tiene la honradez de mencionar, entienden las cosas de otro modo. Para ellos –quiero incluirme– no cabe encasillar exclusivamente a Betances en la estrategia de la revolución armada. Siguió varias estrategias, tomando nota de las circunstancias. En un principio, antes e incluso inmediatamente después de Lares, sostuvo la ilusión de que fuera posible negociar los diez mandamientos de los hombres libres con un gobierno español republicano en cuyo seno se oían voces protagónicas que creían en crear una federación con las dos Antillas y simpatizaban con una república democrática federal que incluyera en igualdad de condiciones a las Antillas. Hostos oyó, cara a cara, en discusiones francas y abiertas, y en textos publicados, a muchos futuros líderes del gobierno español que simpatizaban con una federación, y una república, que incluyera las Antillas, e incluso con el socialismo proudhoniano, y que se comprometían. Pero Betances vio pronto, Hostos muy poco después, que en la misma metrópoli las reformas democráticas que pedía para sí el pueblo español, y las aspiraciones autonómicas que necesitaban los pueblos de España, se esfumaban una y otra vez. ¿Cómo esperar entonces de ella que satisficiera los deseos de reformas y de autonomía que le manifestasen las lejanas provincias antillanas? La conclusión obvia era que como expresara, Betances, y como él Hostos: “¡España no puede dar lo que no tiene!”. Sabían ambos, además, que si durante el corto gobierno republicano fue un espejismo breve, y muy pronto, un imposible entendimiento, en la monarquía que se reinstaló muy pronto, lo era menos. O, más claramente, absolutamente imposible.

Estrade define varias estrategias que siguió Betances: la de la revolución en España; un posible entendimiento con el gobierno revolucionario republicano que tomó el poder en 1868; la vía indirecta de la consolidación de una república dominicana próspera y democrática; la vía de la obtención simultánea de la independencia de Cuba y Puerto Rico por el triunfo del ejercito mambí, tanto en la guerra del decenio, como en la guerra iniciada por el partido revolucionario cubano-puertorriqueño. Hostos coincidió con ellas, y formuló otras más. Para Estrade y Ojeda Reyes la praxis de la revolución armada de Betances no respondía a su terquedad, como se dice, sino a la terquedad del gobierno colonialista español, de facto, históricamente inamovible.

Hostos abogó incesantemente ante el gobierno español por reformas para las Antillas, pero dentro del contexto de una federación previa fundada entre las Antillas y España, es decir, fuera de toda pretensión de “asimilación” a España, como aspiraban muchos autonomistas (185), y que, por el contrario, preparase y condujese eventualmente a las Antillas hacia la soberanía plena conforme al modelo canadiense otorgado allá por Inglaterra. Su extenso artículo sobre este tema específico es de 1867. Para principios de 1869 Hostos ya había rechazado a esa ruta en términos definitivos para no regresar a ella jamás, como sí lo hizo Baldorioty. Lejos estaba Hostos, antes, entonces y después, de que esa aspiración suya a la soberanía hubiese sido solo una de inspiración romántica y juvenil, y es falso eso de “que no estaba dispuesto a sacrificarse para que otro se llevara la gloria”. ¡Cuántas veces estuvo no solo dispuesto, sino que deseó e intentó combatir lo mismo en la manigua cubana que en las vegas de Puerto Rico!

Hostos había aconsejado el 31 de diciembre de 1868 el retraimiento en las elecciones a Cortes convocadas por el gobierno provisional español, si estas no se celebraban en condiciones “absolutamente liberales”, y bajo “el imperio del sable”. Mas, en el caso de que en Puerto Rico se impusiera tal elección, aconsejó a varios candidatos, empezando con Baldorioty y terminando con Betances, “el primero en sacrificios por su patria”. En su lista aconsejada, incluyó también a Alonso, Tapia, Acosta, Tió, Vizcarrondo y Ramos. Las elecciones se celebraron del 15 al 18 de enero del 1869, pasado ya el famoso discurso del advertido rompimiento con España pronunciado por Hostos en el Ateneo madrileño el 31 de diciembre pasado.

Véase que las fechas de estos eventos se yuxtaponen. Los ponceños le solicitaron a Hostos, con fecha del 24 de diciembre de 1868, que presentara en su nombre al gobierno provisional una serie de peticiones. En cumplimiento con su petición, Hostos pide y celebra entrevistas con el general Serrano, jefe de Gobierno, que se celebraron entre el 19 y el 22 de enero, justo cuando acababan de celebrarse en Puerto Rico las elecciones a diputados para las Cortes. Hostos les informó el 23 de enero a los ponceños que, en resumidas cuentas, “Puerto Rico no debe esperar nada de una metrópoli que la desdeña (… y) le niega los derechos y libertades que podrían haberse planteado en ella”. Diría en una de sus constantes recapitulaciones y examen de sus acciones, que “los diputados que el capricho y la arbitrariedad eligieron en Puerto Rico, llegaban a Madrid para servir de juguete, como sirven, al interés de un ministerio o de un ministro”.

A la diatriba sobre si la obstinación de Betances con la revolución armada fue una sin reflexión, sin preparación y sin posibilidades, y que Betances era un hombre de una impetuosidad arrogante, testarudo; irracional, “hasta los límites de la vesania”, de un odio sin límites que acostumbraba a quemar sus naves por su ansia de mantener su liderato; se reducía a su único interés por el poder, se rinde a lo más bajo que puede hacer un revolucionario, intrigar y traicionar a los suyos y poner su propio interés por encima de los intereses de la nación, su apoyo a la independencia y confederación de las Antillas, sin aparente conciencia de lo limitado de las fuerzas militares insurrectas. Entre lo primero que se afirma, justo en la introducción, en este libro como aseveración ante la idea de desarrollar una lucha armada en la colonia, está lo siguiente:

“¿A qué martirizarse por ella? Esta conciencia clara de inferioridad numérica, geográfica y militar la vivieron en carne propia Román Baldorioty de Castro, Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos, José Julián Acosta y Segundo Ruiz Belvis, no importa lo bravío que fueron sus discursos liberadores, no empece a lo patriótico y exaltado de sus discursos, la libertad por las armas siempre fue –y será– imposible, aunque no por ello menos ansiada…” (4)

Ante este conocido disentimiento, Paul Estrade, por ejemplo, responde que “Córcega tuvo un Paoli, Margarita un Arizmendi, Mariño 50 hombres en Trinidad, Luperón 14 en Capotillo, para iniciar la guerra de liberación que concluyeron victoriosamente”. (309) Cita, además, la proclama de Betances del 27 de agosto de 1871, que añadía que los “indios” boricuas podían haber hasta 15 mil, que Céspedes lanzó solo 50 hombres contra España, y pregunta ¿con cuántos contó Bolívar en muchas batallas? Lo cierto es que tanto en Cuba como en Puerto Rico llovieron las insurrecciones a lo largo del siglo; las armas se contaron por miles en muchas ocasiones, y los comités secretos que se fraguaban dentro y fuera de las islas se esforzaban por afianzar la organización y las estrategias. Generales militares veteranos y de alta distinción estuvieron prestos a combatir, en primera línea. Todo el tiempo procuraban, tan secretamente, una “organización bien entendida”, que a la llegada de Hostos a Nueva York lo mantuvieron ajeno a ellas. Continuamente enviaban delegados a Puerto Rico a explorar el apoyo, y a comprometer, y a estudiar las condiciones para los alzamientos. Con apenas 80 hombres se inició en 1956 la guerra que culminó en Cuba a fines de 1958 con la derrota de Batista y el triunfo de la revolución. Hostos propuso constantemente estrategias revolucionarias, compromisos en Nueva York y en las Antillas todas, en Colombia, Perú, Chile, Argentina y Venezuela, y formulaba desde 1876 programas concretos para construir países libres tras la independencia.

Sobre el carácter antillano de la lucha por la liberación, todos los grandes protagonistas de las diferentes Antillas, tanto los de Cuba, la República Dominicana y Puerto Rico, todos, concurrieron e intercambiaron programas, estrategias, recursos, armas, dinero y combatientes, e incluso banderas, y además, varios países de Nuestra América, desde Venezuela, Perú, Chile, Ecuador. Porque para todos ellos la revolución no podía poner miras y gríngolas en revoluciones aisladas unas de las otras. Sabían, tanto Betances como Hostos y otros, incluido después Martí, que las Antillas habrían de salvarse juntas o morir. El problema era entonces cómo y por dónde quebrar el poder español en las Antillas. El problema nuestro era, y es, cómo y por dónde quebrarle el espinazo al poder.

Si mucho puede verse en la obra de Betances, Hostos y otros protagonistas de la complejidad y las dificultades muchas veces insalvables o casi insalvables que tuvo iniciar una insurrección, no puede verse sino una parte pequeña de ella, porque ella impuso guardar innumerables secretos. Ojeda Reyes cuenta, como Hostos y Betances, mucho o bastante de lo que fueron esas dificultades y complejidades en la época que visita, pero no deja de admitir que quedan en lo oscuro muchos secretos. Otro tanto apunta Ojeda Reyes sobre los secretos que mantiene en su registro sobre la “protesta armada” que se fraguó en las décadas de sesenta y del setenta del siglo pasado.

En el prólogo a otro libro de Ojeda Reyes, Peregrinos de la libertad (1992), Ramón Arbona observó que José Martí calificó de “arrogantes” a los más notables representantes de las luchas por la liberación de las Antillas. Con ese calificativo, explica Ramón Arbona, Martí intentaba aludir a un atributo que cubría a estos peregrinos de la libertad, como con una aureola. Esa aureola, de arrogancia, no era sino la manifestación de una impresión sensible producida en los demás por el reconocimiento en ellos de una gallardía, valentía, desenfado y buen aire, que les permitía caminar sin desfallecer, construir donde se pudiera construir, conspirar donde hubiera que conspirar, hacer acopio de fuerzas que no parecen desfallecer, y “mendigar recursos, predicar, suplicar, debatir, combatir y, si derrotados, empezar de nuevo por dónde se pudiera empezar, cómo se pudiera empezar, en un peregrinaje que solo podía tener fin el día que los alcanzara la muerte, en el triunfo o en la derrota”, y a pesar del mareo, los zapatos gastados, el hambre y la pobreza, “pero siempre en brazos de la patria agradecida” (9).

¿Ciegos por la ira? Es cierto que Hostos no buscó en 1898 contar con los partidos políticos existentes en Puerto Rico porque, a su juicio, eran partidos coloniales. Incluye, desde luego, los autonomistas. Pero aceptó ser miembro de la Comisión que a nombre de Puerto Rico presentó peticiones al presidente McKinley, y fue acompañado de dos anexionistas: Henna y Zeno Gandía. Al culminar sus gestiones en Puerto Rico a fines de 1899, consideró oportuno recomendar a Luis Muñoz Rivera para continuar, a nombre de una comisión, las gestiones en Washington. Betances siempre supo que dos cercanos colaboradores suyos eran anexionistas: Henna y Basora. En su momento consideró que podía contar con liberales autonomistas, como también Hostos, que pensó que una vez insertos en el fuego fraguaría en ellos el patriota. ¿No pronunció aquella hermosa parábola de las hormigas cuyo esfuerzo para arrastrar una presa crece hasta lograr moverla? Con Estados Unidos, Hostos sí intentó negociar, pero nunca una “dependencia negociada” y “medianamente nacional”, lo como intentó Baldorioty con España. (508)

Para mí no cabe duda de que la gesta de Lares, Betances mismo, Hostos, Albizu, Mari Brás y otros gigantes forjadores en Puerto Rico de la lucha armada por la independencia, lejos de convenir en calificarlas de “pírricas ilusiones” (6), robustecieron y aún fortalecen nuestra identidad de pueblo, que es garantía imprescindible de nuestra soberanía e independencia latentes. Pero los autonomistas no lo son en la misma medida ahora, como tampoco lo fueron entonces. Pantanos inamovibles de mañana, como afirmó Betances, y, a fin de cuentas, sostenes del colonialismo. Por fortuna, “el tiempo del pueblo nunca acaba”, como nos recordó Juan Antonio Corretjer.

Me conmueve pensar que para el autor del, no obstante, impresionante tratado biográfico que comentamos, su publicación en este momento cuenta con la fortuna de haber salido a la luz cuando ya Félix Ojeda Reyes no estaba con vida. Pero nos dejó sus cocteles molotov en su palabra postrera, y una “patria agradecida”.

agosto 2024