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Hacia una economía decolonial transformadora

 

 

Especial para CLARIDAD

Cuando se toca el cuatro, se baila bomba y plena y se comparte la comida típica, no solamente se celebra una tradición cultural: se celebra la puertorriqueñidad. En estos actos cotidianos de afirmación cultural comenzamos también a cuestionar y superar el gringocentrismo. El gringocentrismo considera a Estados Unidos como un centro hegemónico desde el cual se imponen modelos económicos, epistemológicos y culturales que se presentan como universales y superiores. Esta imposición ocurre en múltiples dimensiones: económica, cultural, mediática, educativa, política y militar. Desde esta perspectiva, los valores, las normas y las costumbres de Estados Unidos se presentan como referentes válidos para todo el mundo, mientras se ignoran o menosprecian los aportes y conocimientos de otros pueblos y sociedades.

El gringocentrismo también impone una determinada manera de comprender la ciencia, la economía y la política, llegando a catalogar a otras sociedades como atrasadas o inferiores cuando no responden a sus paradigmas. En términos sencillos, supone que lo que Estados Unidos dice y hace se convierte en el modelo que los demás deben seguir. Esta visión se transmite constantemente a través de los medios de comunicación masiva y no únicamente mediante el sistema educativo o el conocimiento académico. De esta manera, moldea nuestra comprensión de la belleza, el éxito, la historia, el desarrollo y hasta aquello que consideramos normal.

Superar el gringocentrismo forma parte de una resistencia y de una estrategia de liberación mediante la cual los pueblos oprimidos y colonizados pueden reapropiarse del conocimiento, la tecnología y el arte, incluso de aquellas herramientas desarrolladas dentro de los sistemas que históricamente los han oprimido. El reto consiste en apropiarnos de esas herramientas y utilizarlas desde nuestras propias necesidades, experiencias y realidades.

Descolonizar la economía

Pero ¿cómo podemos superar, desde la economía, las opresiones que impone un gringocentrismo económico dogmático? Este puede entenderse como la tendencia a analizar, medir y estructurar la economía desde experiencias, leyes, intereses y modelos que toman a Estados Unidos como principal referente y desde el neoliberalismo.

Descolonizar la economía representa un gran reto, especialmente cuando los discursos dominantes provienen de las escuelas de economía, los libros de texto y las interpretaciones que utilizan modelos y teorías profundamente influenciados por el pensamiento neoliberal y por perspectivas eurocéntricas y gringocéntricas. En nuestros estudios de economía muchas veces encontramos poco espacio para pensar críticamente, cuestionar y superar las teorías económicas que se presentan como verdades establecidas. Las discusiones sobre economía feminista, economía ambiental, economía social y solidaria, economía comunitaria y otros pensamientos económicos alternativos permanecen con frecuencia relegadas a cursos o espacios opcionales.

En una colonia existe poco espacio para la disidencia creativa cuando se intenta desafiar los paradigmas dominantes y construir otra economía desde la experiencia de la subordinación y la colonialidad. Cuando la economía se convierte en dogma, deja de funcionar como un campo de investigación abierto y comienza a tratarse como una verdad absoluta, innegable e indiscutible. Cuestionar los principios que sostienen un sistema teórico y plantear que existen otras maneras de comprender la realidad económica constituye, por tanto, un acto de resistencia. Pensar que puede existir otra forma de entender la economía y cuestionar el paradigma vigente representa un reto dentro de una estructura colonial. Sin embargo, precisamente ese cuestionamiento constituye una de las vías para superar el gringocentrismo.

Desde la economía debemos superar los dogmas impuestos y abrir espacios para otras formas de pensar y hacer economía. Esto implica construir una economía que cuestione las opresiones existentes y proponga lógicas alternativas de desarrollo. Para ello, es necesario desplazar el foco desde la acumulación de capital hacia la sostenibilidad de la vida.

Una economía alternativa debe reconocer las prácticas que democratizan los recursos, valorar los trabajos históricamente invisibilizados —como el trabajo de cuidado— y respetar los límites de la naturaleza. Se trata de avanzar hacia una economía humanizada, entendida como un modelo que coloca a las personas, las comunidades y su bienestar en el centro de la actividad económica, en lugar de priorizar exclusivamente la acumulación de capital y el crecimiento económico.

A tono con esta resistencia, la economía también exige cuestionar las métricas tradicionales de carácter gringocéntrico y eurocéntrico. No se trata necesariamente de descartar indicadores tradicionales como el Producto Interno Bruto (PIB) o el crecimiento, sino de reconocer sus limitaciones y evitar que se conviertan en la única manera de medir el bienestar y el desarrollo de un país.

En Puerto Rico es necesario prestar atención a fenómenos como la subordinación política, el extractivismo financiero, la dependencia de las importaciones, y las lógicas comunitarias de subsistencia. El objetivo debe ser visibilizar cómo opera la colonialidad económica en el archipiélago y, al mismo tiempo, identificar y sistematizar las alternativas de soberanía económica que ya existen en nuestro territorio.

La disidencia creativa como herramienta económica

La disidencia creativa en la economía utiliza el arte, la innovación social y el llamado hackeo cultural para cuestionar el modelo económico dominante y construir alternativas concretas. No se trata únicamente de protestar contra aquello que rechazamos, sino de crear prototipos vivos de la economía que queremos ver, comprender y construir.

El primer paso consiste en cuestionar aquello que hemos aprendido a considerar «normal» o «inevitable». Esto supone un cambio cultural: identificar las ideas que damos por ciertas, preguntarnos de dónde provienen y reconocer que existen otras formas posibles de organizar la vida económica. Desde Puerto Rico tenemos el derecho y el deber de crear, con conciencia crítica, otras formas de hacer economía. Por ejemplo, podemos desarrollar sistemas alternativos de intercambio que reconozcan valores distintos al dinero convencional, como el costo ecológico de un producto, el valor del tiempo de cuidado o la contribución de determinadas actividades al bienestar colectivo.

En este proceso, el conocimiento, la tecnología y el arte se convierten en herramientas de liberación.

El arte puede desempeñar un papel fundamental. Podemos crear teatro combativo que visibilice el absurdo del consumismo y la especulación financiera, así como utilizar las redes sociales para abrir espacios de discusión. El humor y la sátira pueden convertirse en herramientas educativas capaces de cuestionar las estructuras económicas y políticas sin perder su capacidad de conectar con la gente. Aportaciones como las De la Nada y Kike Estrada ofrecen alternativas de cómo con humor podemos educar y dialogar para cuestionar.

También podemos desarrollar auditorías ciudadanas creativas que presenten, de manera accesible y satírica, información basada en datos reales sobre subsidios corporativos, exenciones contributivas, costos sociales y ambientales de determinadas industrias y otros elementos de la estructura económica del país. De esta manera, podemos cuestionar el discurso que presenta automáticamente ciertas actividades como crecimiento económico sin considerar quién se beneficia, quién paga los costos y cuáles son las consecuencias sociales y ambientales.

Una de las formas más importantes de disidencia consiste en crear redes autónomas y comunitarias dentro de los espacios de la economía intersticial. Esta expresión, economía intersticial, hace referencia a las prácticas económicas informales, comunitarias o de supervivencia que operan en los espacios vacíos, intermedios o resquicios del sistema capitalista dominante. La economía intersticial representa precisamente aquello que se encuentra «entre otras cosas», espacios donde pueden surgir relaciones económicas diferentes a las estructuras dominantes. En Puerto Rico existen y pueden desarrollarse múltiples proyectos capaces de construir otra economía desde esos espacios.

En distintos países, por ejemplo, algunas comunidades han creado sistemas locales de intercambio donde la unidad de cambio es la hora de trabajo. No importa si una persona es médica, carpintera o cuidadora: el tiempo de cada persona tiene el mismo valor dentro del sistema. También existen iniciativas como las tiendas gratuitas o mercados comunitarios, donde los bienes se comparten, regalan o intercambian, desafiando directamente la lógica de la compraventa y del descarte. Otro ejemplo es la gestión de los bienes comunes. Las comunidades pueden organizar recursos como herramientas, semillas, software, espacios y tierras bajo modelos de gestión colectiva que eviten su privatización y promuevan el acceso compartido.

El cooperativismo también constituye una alternativa importante. Podemos desarrollar plataformas digitales de transporte, entrega u otros servicios donde los trabajadores sean propietarios de la plataforma, participen en la toma de decisiones y reciban los beneficios generados por su trabajo. De esta manera, el conocimiento y la tecnología dejan de ser exclusivamente instrumentos de acumulación y se convierten en herramientas que pueden ser apropiadas, compartidas y utilizadas para el bienestar colectivo.

Esto también permite cuestionar la imposición de modelos teóricos inadecuados: la idea de que todo debe medirse mediante determinados indicadores que muchas veces no explican lo que realmente ocurre en nuestras comunidades. Desde nuestros propios espacios podemos construir nuevos indicadores que respondan a nuestras necesidades y realidades.

Las monedas sociales constituyen otro ejemplo de alternativas que se han desarrollado en comunidades de Europa, Estados Unidos y América Latina. Estos sistemas crean formas de intercambio local mediante vales, créditos o monedas comunitarias que pueden circular dentro de determinados espacios y comercios. Su propósito puede incluir fortalecer las economías locales y reducir la fuga de capital hacia grandes corporaciones.

En Puerto Rico se desarrolló una experiencia conocida como los Pesos de Puerto Rico, un proyecto artístico y social que exploraba qué cosas valoran los puertorriqueños. La iniciativa tuvo elementos valiosos porque abrió una conversación sobre el significado del valor y sobre aquello que una sociedad decide reconocer económicamente. Sin embargo, una experiencia de este tipo también permite plantearnos una pregunta decolonial: ¿por qué las alternativas económicas que se experimentan en Puerto Rico tienen que depender de modelos externos para ser consideradas válidas? Ese gringocentrismo lo debemos cuestionar. El reto es desarrollar estos experimentos desde aquí, para nosotros, a partir de nuestras propias necesidades y experiencias. Podemos recuperar la idea de las monedas sociales como herramienta educativa y cultural para conversar críticamente sobre la dependencia económica y el colonialismo monetario. No se trataría simplemente de crear otra moneda, sino de utilizar el proceso como un experimento social que permita discutir qué valoramos, qué medimos y por qué determinadas actividades reciben reconocimiento económico mientras otras permanecen invisibilizadas. Así aprendemos y compartimos qué se puede hacer y crear comunidad.

Otra posibilidad, desde la economía social y solidaria, sería reunir en una comunidad a personas que sepan coser, reparar electrodomésticos, arreglar computadoras o trabajar con diferentes oficios. Podemos crear espacios públicos donde las personas lleven objetos dañados y, de manera gratuita, los reparen colectivamente mientras comparten conocimientos, conversan y toman café o jugos. Compartir y hablar para entender, mientras se repara un objeto, también se puede conversar sobre las contradicciones del sistema económico: la obsolescencia programada, el consumo excesivo, el desperdicio, el daño ambiental y la dependencia de comprar constantemente productos nuevos. Así se desafía la lógica de «comprar, tirar, comprar» y se recupera el valor del conocimiento, la reparación, el intercambio y la cooperación. Además, se fortalece el tejido social mediante el regalo, el conocimiento abierto y la colaboración.

Estos espacios pueden convertirse también en lugares para identificar problemas y construir soluciones. Hablamos de por qué determinadas ideas se nos imponen, de dónde surgen, qué intereses representan y cómo podemos combatir las formas de opresión que producen. De esta manera, la economía deja de ser solamente un asunto de números y mercados y se convierte en un espacio de educación, participación, creatividad y transformación social.

Sin embargo, debemos asegurarnos de que estas alternativas no se conviertan en burbujas elitistas. Una nueva economía debe responder a las necesidades reales de las poblaciones más vulnerables, integrarlas y crear espacios donde sus conocimientos y experiencias sean reconocidos. La transformación económica tiene que ser accesible, participativa y capaz de resignificar los espacios comunitarios.

Hacia una economía decolonial transformadora

De esta economía humanizadora, que incluye la economía social y solidaria y comunitaria, podemos avanzar hacia una economía decolonial transformadora. Esta perspectiva no entiende la economía como una ciencia completamente neutral, apolítica y separada de las relaciones de poder. Por el contrario, reconoce que las teorías económicas, las políticas públicas y las formas de medir el desarrollo están relacionadas con estructuras históricas de poder, incluyendo el estatus colonial de Puerto Rico.

Una economía decolonial transformadora debe devolverle a la economía su carácter de campo científico abierto a la duda, la investigación, la crítica y la transformación. Esto significa superar subjetividades y racionalidades que no han contribuido al bienestar de la sociedad y buscar alternativas capaces de responder a nuestras realidades.

Esta economía coloca la vida, el bienestar de las comunidades y la sostenibilidad ambiental en el centro de la actividad económica, en lugar de colocar el lucro y la acumulación capitalista como objetivos absolutos.

La descolonización económica consiste en desarrollar la capacidad crítica para decidir qué conocimientos, tecnologías, modelos y prácticas nos sirven, cuáles debemos cuestionar y cuáles podemos transformar desde nuestra propia realidad.

Por eso, cuando tocamos el cuatro, bailamos plena o bomba y compartimos nuestras comidas, también estamos afirmando que existen otras formas de valorar, producir, compartir y vivir. A la vez estamos construyendo identidad y autonomía donde la cultura puede convertirse en un punto de partida para cuestionar las estructuras económicas que nos han sido impuestas. Cuando cuestionamos los dogmas económicos, creamos alternativas y ponemos la vida por encima de la acumulación, avanzamos hacia una economía decolonial transformadora.

Crear economía decolonial transformadora donde el pensamiento crítico y el diálogo se convierten en herramientas fundamentales, mientras que el conocimiento, la tecnología y el arte pueden transformarse en instrumentos de liberación.

 

La Junta de Control Fiscal la paga el pueblo

Foto sussministrada

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

“La Junta no nos ahorra, nos cuesta” fue el dictamen de varias organizaciones de la sociedad civil en su  análisis La Década Perdida: la verdadera cara de la Junta en Puerto Rico, que concluye que, tras diez años de improvisación y errores, la Junta de Control Fiscal (JCF) deterioró las finanzas públicas y la calidad de vida del país sin atender las verdaderas raíces de la crisis.

El estudio  presentado en conferencia de prensa en días recientes, fue una colaboración entre la Comisión Ciudadana para la Auditoría de del Crédito  Público, su directora ejecutiva, Lcda. Eva Prados Rodríguez; la Liga de Ciudades su directora ejecutiva, Cristina M. Miranda Palacios; Sembrando Sentido, su directora, Issel Masses, y la codirectora de Right To Democracy, Adi Martínez Román. El estudio, se indicó, surge a partir de la narrativa de éxito con que la JCF presenta su gestión en temas de reestructuración de la deuda, la administración pública y gobernanza a una década de su llegada.

Comenzando con el pago de la deuda del Gobierno central, denuncia como una media verdad la alegación de la JCF de que rebajó la deuda en  un 57 %. Se indica que la Junta no incluye en sus cálculos los pagos en efectivo que se le hicieron a los bonistas y a otros acreedores como parte de los acuerdos y planes de ajuste de la deuda. El análisis acota que para viabilizar la reestructuración de la deuda del Gobierno central, la Junta acordó pagos en efectivo con la firma del acuerdo de $10 mil millones – estos fondos fueron recolectados de la reducción en el presupuesto de distintas agencias y municipios— y, sin embargo, el informe no los contabiliza.

A lo anterior se añade que  dicha reestructuración también incluyó la emisión de instrumentos de valor contingente (IVC) que son bonificaciones extra cuyos pagos se activan en el caso de que los recaudos del IVU sobrepasen las proyecciones de ingresos que hizo la Junta en su Plan Fiscal del 2020.

El análisis recoge que las  proyecciones han sido superadas en cada uno de los años desde la confirmación del acuerdo, por lo que Puerto Rico ha tenido que pagar a los bonistas del Gobierno central y otras corporaciones públicas $1.5 mil millones adicionales al pago o servicio regular de la deuda en bonos. “Por tanto, en la práctica, se ha tenido que pagar mucho más a los bonistas, reduciendo el alivio real en el pago final de la deuda anunciado por la Junta”, lee el informe.

Entre los hallazgos resaltados por las organizaciones están el que la JCF ha basado su estrategia en tres ejes: uno, en el ámbito fiscal, con la implementación de medidas de austeridad; dos,  profundizar la dependencia en los fondos federales, y tres,  “reformas estructurales” para, supuestamente, facilitar el crecimiento económico.

El resultado de dichas políticas, denuncian las organizaciones, es que se han desarrollado de manera paralela y solo han deteriorado las condiciones de vida en Puerto Rico. Subrayan que con su apuesta fiscal y sus reformas estructurales la Junta arriesgó el futuro de Puerto Rico y, ella misma, de manera implícita, ha tenido que reconocer los serios peligros que amenazan su estrategia.

Las estrategias políticas de la Junta han conllevado aumentos a los peajes y multas gracias al Plan de Ajuste de Deuda (PAD) de la Autoridad de Carreteras y décadas de pago del impuesto por la venta y uso (IVU) para poder cumplir con el acuerdo de COFINA; un alza en el costo de los alimentos y servicios por los múltiples aumentos en la factura de luz, al imponer el requisito de privatizar la energía en los planes fiscales de la AEE; recortes al presupuesto para el mantenimiento de la infraestructura en los Planes Fiscales de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, junto con nuevos aumentos en la factura del agua; un recorte de más del 40 % al presupuesto de la Universidad de Puerto Rico y haber triplicado el costo de la matricula; más de 60,000 personas pensionadas del Gobierno central viven por debajo de la línea de pobreza y, en el PAD del Gobierno central, la JCF prohibió cualquier aumento a las pensiones o ajuste por inflación por los próximos 10 años, aun si hay fondos disponibles.

En el caso de los municipios, la Liga de Ciudades señaló que la eliminación del Fondo de Equiparación afectó de forma desproporcionada a los municipios más pequeños y que 43 municipios están en riesgo de desaparecer.

En cuanto a la gestión pública, el estudio advierte que bajo la supervisión de la JCF, la contratación pública y la privatización se consolidaron como el  principal mecanismo de reforma gubernamental. Antes de la entrada de la JCF, cerca del 30 % del presupuesto del Gobierno de Puerto Rico se destinaba a la contratación y adquisición de bienes, servicios y obras. Bajo su supervisión, esa proporción aumentó hasta alcanzar un 59 % en el año fiscal 2026.

Mientras la JCF impone la privatización, señala el estudio, en los  procesos de Alianzas Público-Privadas, 53 presentan importantes deficiencias en transparencia, monitoreo y rendición de cuentas y serias limitaciones para garantizar procesos de competencia abiertos, efectivos y suficientemente participativos en la adjudicación de proyectos de alto impacto para el país.

En conclusión, los gastos operacionales del ente fiscal reafirman la denuncia de que “la Junta no nos ahorra, nos cuesta”.  En estos diez años, la Junta ha gastado en costos operacionales la suma de sobre $2 mil millones, lo que es cinco veces más de lo estimado por el Congreso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una Ángel

 

Yo nunca pensé que llegaría a creer en ángeles. Mi madre, Evelyn, era de ‘follones’, y un día le dio uno muy intenso con el tema de los ángeles. Se obsesionó. Leyó libros sobre los ángeles, compraba objetos de todo tipo de ángeles, los ponía por toda la casa, decoraba los árboles de Navidad con sus ángeles, les rezaba, les hablaba, les escribía. Algunas veces sazonaba las conversaciones con anécdotas de sus supuestos ángeles. Decía que tenía visiones donde las alas enormes de esos seres misteriosos se le acercaban y se abrían en un abrazo. En fin, una verdadera obsesión. Yo la miraba raro cuando hablaba de eso pero, como ella era excéntrica, tampoco me sorprendía demasiado.

Un día llegó con María Jesús Mompó y me dijo muy tranquilamente que Mompó era su ángel. Nunca había nombrado a nadie como su ángel pero no le di mucha importancia. Hasta que un día empecé a darme cuenta de que Mompó sí parecía un ángel. Se presentaba siempre con una risa, de hecho, traviesa, para acompañar a mami en sus momentos de terapias, médicos, enfermedad. Se presentaba en los momentos de luchas: en las marchas y acciones por Vieques, en las de los presos, en toda actividad de justicia, ahí estaba Sor Mompó, acompañando, haciéndose presente, andando camino. También se presentaba en las celebraciones. Mami la mandaba a buscar y la vacilaba diciéndole que le mandaría todas las faldas al sastre para que les cogieran ruedo porque estaban demasiado largas. “Pareces una monja”, le decía muerta de risa y Mompó se reía a carcajadas, hasta beberse las lágrimas.

El día que mi madre iba a morir, la energía de su cuerpo descompensado apenas le alcanzó para decirnos dos cosas: una de ellas fue que buscáramos a “su ángel”, María Jesús. De todas las personas en esta vida que mi madre conoció, ella solo quería que buscáramos a Sor Mompó. Y lo hicimos. A media noche salió un familiar de Santurce a Gurabo a buscar a ese ángel que, junto a la familia, la acompañó en su despedida. Mami encontró en Sor Mompó lo que históricamente se ha buscado siempre en los sacerdotes: apoyo espiritual, hermandad, consuelo, amistad incondicional.

Andy y Maria Jesus en su cumpleaños

Desde entonces, he tenido que creer en ángeles. No ha habido un solo momento en que me haya encontrado con Mompó y no haya sentido que estoy ante una ángel. Una ángel divertida y traviesa, tierna hasta el extremo, dulce y amorosa y comprometida hasta la última partícula. Pero una ángel al fin. No solo nuestra, no solo de las personas enfermas a las que ha dedicado gran parte de su vida religiosa durante muchos años. Esta ángel, nacida en España pero adoptada como boricua, es también una criatura de la justicia, de la acción y la transformación. Gracias, Mompó, querida, siempre.

Reproducido del libro Maria Jesús Mompó Una puertorriqueña nacida en España- Red de Esperanza y Solidaridad

Moncayo desperdicia agua en medio de la sequía

CLARIDAD 

 

Mientras el embalse de Fajardo atraviesa uno de sus niveles de agua más bajo en su historia, los vecinos del barrio Quebrada Vueltas documentan cómo el lujoso proyecto Moncayo irriga, con aspersores repartidos a lo largo de toda su construcción, lo que sería su campo de golf. La obra riega todos los días –salvo domingo– para mitigar las polvaredas que levantan los constructores.

De acuerdo con un vídeo publicado por Manuel Manolo Muñoz, residente de Quebrada Vueltas, los hilos de agua mojan tierra seca, parecida al relleno y se extienden por toda la huella de actividad industrial. Los desarrolladores, según adujo el vecino, utilizan agua de unos supuestos pozos que almacenan agua dentro de los terrenos de Moncayo.

«Siguen botando agua del embalse. Mientras nosotros tragamos polvo y no podemos lavar escrines (mallas protectoras), ellos botando agua. Regando las matas, regando el campo de golf y vaciando el embalse de Fajardo, y no les llaman la atención… ¿Quién les va a creer que los lagos (de allí) producen tanta agua? Unos lagos que son artificiales. ¿Y de dónde sacan esa agua?», cuestionó Muñoz.

El legislador municipal por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Antonio Prieto Colón, cuestionó por igual estos pozos artificiales y su efectividad en medio de la sequía, asegurando que no podrían resistir los efectos del fenómeno atmosférico sin ver sus operaciones limitadas. “¿Han tenido un nivel de agua óptimo para estar regando los campos de golf vacíos todos los días, durante horas?”

“Es realmente preocupante el uso de agua porque no parece que es real que ellos se estén supliendo únicamente de esos lagos. Y si resulta que esos lagos no se vaciaban, entonces ¿cómo están llenando esos lagos? ¿Con qué agua se están supliendo esos lagos? Porque sabemos que no ha llovido todo este verano. ¿Ellos tienen un mecanismo único que les preserva el agua? Que se lo digan al gobierno, entonces, para ponerlo en el resto de los embalses”, elaboró el excandidato a la alcaldía de Fajardo por el PIP.

A nivel municipal, Prieto Colón presentó este mes dos resoluciones para atender la situación con Moncayo. La primera, relacionada con la servidumbre de paso, denuncia las condiciones desfavorables en que se encuentran las zonas de acceso público de Moncayo. CLARIDAD recorrió ese litoral a principios de agosto. La segunda resolución plantea investigar cómo Moncayo extrae y usa el agua en su construcción.

“Ambas mociones fueron acogidas por la legislatura y las va a atender la Comisión de Salud. Me imagino que este mes convocarán una reunión para trabajar con eso. Por lo menos reunirnos con la comunidad. Espero también que se pida información a los directores de Moncayo en cuanto a permisos, proyección, de cuánta gente se va a estar conectando al agua de Fajardo, si en efecto están utilizando el agua de Fajardo. Esperemos sepamos un poco más del asunto este mes”, agregó el historiador.

Con relación a los antiguos permisos con que opera Moncayo – correspondientes a otros dos desarrollos fracasados en los mismos terrenos– Prieto Colón indicó que los vecinos de la construcción están orientándose con profesores de la Universidad de Puerto Rico (UPR) y la Clínica de Asistencia Legal para auscultar cómo reaccionan al asunto.

Días antes, el alcalde de Fajardo, José Aníbal Joey Meléndez, visitó las inmediaciones del embalse regional para alertar con relación al nivel. El jefe municipal aseguró que se trata del “nivel más bajo” en la historia de la represa, construida en 2006. De acuerdo con Meléndez, la conexión de los clientes de Río Grande ha duplicado la cantidad de agua que se gasta. No hizo, empero, alusión a los aspersores de Moncayo.

“Gasta aproximadamente seis a siete millones de galones de agua a diario. Esto es una planta que estaba (diseñada) para suplir a Fajardo, Luquillo y Ceiba, más bien que opera supliéndole agua a Fajardo, Luquillo y Ceiba. Ahora que le está supliendo a Río Grande, estamos gastando el doble de lo que se gastaba…en el peor momento que ha estado el embalse. Búscate esa lógica”, expresó el alcalde desde su página de Facebook.

Meléndez destacó, por otro lado, otras conexiones a zonas de Río Grande que suman dos millones de galones diarios al agua que expide la represa. Al cierre de esta edición, el Municipio de Fajardo no respondió a las solicitudes de CLARIDAD para citar al alcalde. Actualmente, Fajardo no enfrenta planes de racionamiento oficial, aunque varias comunidades – como Quebrada Vueltas– reportan inconsistencia en el servicio.

 

 Entrevista a la periodista y escritora Stella Calloni sobre la situación en Venezuela

 

 

Por ​Lois Pérez Leira* / Resumen Latinoamericano.

Stella Calloni (Entre Ríos, Argentina, 1935) es una renombrada periodista, escritora, poetisa e investigadora especializada en política internacional. Reconocida como una de las voces más destacadas del periodismo de investigación en América Latina, fue corresponsal de guerra en Centroamérica y el Caribe y es autora de valiosos estudios sobre los procesos políticos de la región, destacando sus investigaciones de referencia sobre la Operación Cóndor (Los años del lobo, Pacto criminal). A lo largo de su extensa trayectoria, en la que fue galardonada con el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí y el Premio Rodolfo Walsh, se ha caracterizado por su mirada crítica, su firme defensa de los derechos humanos y un constante compromiso ético en el análisis geopolítico del continente. Las fuertes declaraciones políticas de Stella Calloni seguramente abrirán un rico debate internacional.

– ¿Qué está pasando en Venezuela?


​Stella Calloni: 
Para mí, esto pone al descubierto la debilidad absoluta de las izquierdas y de los intelectuales; era algo evidente. Lo que estamos presenciando hoy guarda una relación directa con haber aceptado en silencio los acontecimientos del 3 de enero de 2026. Nadie ofreció una explicación convincente de por qué ocurrió lo que ocurrió: una operación quirúrgica de apenas dos o tres horas donde secuestran al presidente, lo trasladan al exterior y, además, se apoderan del control del país.

Stella Calloni con Hugo Chávez


-Usted hace un contraste muy duro entre la capacidad de respuesta militar de Venezuela y otros episodios históricos de la región. ¿Por qué le resulta tan incomprensible esa falta de resistencia?

​Stella Calloni: Es incomprensible. Venezuela cuenta con un ejército numeroso, dotado de radares, armamento y una estructura defensiva que el propio Chávez dejó organizada. No era una nación indefensa. Pensemos en el caso de Panamá cuando fue invadida por Estados Unidos: era un país de apenas dos millones de habitantes, con el Comando Sur operando dentro de su propio territorio y con una fuerza militar de solo 4.000 efectivos en formación, sin aviación ni armamento pesado. Aun así, en Panamá la gente y las fuerzas armadas resistieron con lo que tenían a mano. Por eso resulta inadmisible que aquí no haya habido resistencia, salvo por el heroico ejemplo de 32 compañeros cubanos y algunas acciones aisladas en cuarteles desprovistos de defensa. Una acción de esta magnitud jamás pudo ejecutarse sin complicidad o un arreglo interno.


-En su análisis, el impacto no es solo militar o político, sino también económico e institucional. ¿Cómo evalúa los pasos que se dieron inmediatamente después?


​Stella Calloni: 
En el lapso de una semana instalan a una presidenta encargada cuya primera medida es ceder la administración de los recursos petroleros al Tesoro de Estados Unidos. Y pretenden justificarlo argumentando que son «concesiones necesarias para salvar al pueblo». ¿Salvar a quién? Con la presencia del Comando Sur en el territorio y la implantación del denominado «consenso Trump», se catalogará como terrorista a cualquiera que intente defender la soberanía de su patria. El enemigo interno pasamos a ser todos nosotros.


-Hay un reclamo directo en su discurso hacia la dirigencia política y el rol de la memoria histórica. ¿Siente que se ha traicionado el legado de figuras como Hugo Chávez o Fidel Castro?


​Stella Calloni: 
La traición a Chávez es absoluta y total. Por eso borraron su legado del mapa y ahora intentan hacer lo mismo con la figura de Bolívar. Buscan erradicar la memoria histórica de nuestros pueblos, arrasar con las conquistas sociales y dejar una sociedad empobrecida y desesperada. La izquierda se amparó en ese proyecto extraordinario de comienzos de siglo, pero aquella etapa se sostenía por la estatura de una dirigencia histórica con Fidel Castro y Hugo Chávez a la cabeza. La dirigencia actual creyó que se podía subsistir asistiendo a cumbres, pronunciando discursos elocuentes y redactando documentos. La política exige acción, y aquí no se hizo nada.

Con el Comandante Fidel Castro

-También menciona con mucha preocupación la situación humanitaria en Cuba. ¿Qué cree que está fallando en la solidaridad internacional con la isla?


​Stella Calloni: 
Nos estamos durmiendo. En Cuba la población está sufriendo un desgaste desgarrador, una asfixia dramática que recuerda a la situación de Gaza. Por más ayuda puntual que se envíe, hablamos de un país de casi diez millones de habitantes paralizado, sin insumos energéticos básicos y con un sistema hospitalario al límite. No podemos limitarnos a lamentarnos por los rincones mientras esto sucede.


-Para concluir, ¿cuál es su llamado a la acción ante este panorama?

-Es hora de movilizarse y actuar. Y quiero ser clara: no estoy haciendo un llamamiento a la insurrección armada ni a nada semejante. Hablo de romper la inercia del círculo cerrado en el que nos debatimos entre discursos impecables que no transforman la realidad. Hay que autofinanciarse si es preciso, salir a la calle, articular con las bases, interpelar a los centros de poder y demostrarle al imperio que seguimos vivos.

*Coordinador Regional del Sovintern para América Latina y el Caribe. Reproducido de www.rebelion.org, 30 de agosto 2026