
Fuente: Federico, biografía del poeta ilustrada por Ilu Ros.
“Cuando una no puede con el mar
lo más fácil es volver las espaldas para no verlo”
-La Poncia, Acto III
La casa de Bernarda Alba comienza advirtiendo que sus tres actos tienen “la intención de un documental fotográfico”. Es de conocimiento público que Federico García Lorca (1898-1936) basó sus personajes en vecinos y conocidos[1] de Asquerosa (ahora Valderrubio), el pueblo donde pasó parte de su infancia. Algunos de ellos estuvieron vinculados a su asesinato en Granada en agosto de 1936. La secuencia de eventos es vertiginosa y célere. Un mes antes de su muerte, en julio de 1936, comenzó la guerra con un golpe de estado militar a la República, a pocos meses de la victoria electoral de la coalición de izquierda, el Frente Popular. En junio de 1936, el poeta había terminado La casa de Bernarda Alba. Nunca vio su estreno. Todavía no se han hallado sus restos.
“Drama de mujeres en los pueblos de España”
La obra inicia con el encierro y luto que les impone Bernarda Alba a sus cinco hijas tras la muerte de su marido, Antonio Benavides. La familia Alba, aunque posee tierras todavía y cierto poder, ha ido cayendo en desgracia. Sin posibilidad de medrar o trasladarse a otro lugar, Bernarda confina a sus hijas, que rondan de los 40 hasta los 20 pocos, y regenta su casa y el campo que le quedan con celo tirano.
Tras la partición de la herencia, Angustias, la hija mayor y del primer matrimonio de Bernarda Alba, recibe mejor fortuna que el resto de sus hermanas. Inicia entonces, el cortejo y los planes de boda con Pepe el romano, el único pretendiente que aprueba la madre. El noviazgo de Angustias provoca luchas y desesperación entre las hermanas. Fuera, el desgobierno del municipio, cuyo nombre nunca se revela, procura fiscalizar y ejecutar sin repercusiones, más que nada a mujeres. Mientras, la vox populi celebra la osadía y la violencia masculina. Bernarda participa a lo lejos de estos ajusticiamientos y justifica la jaula que impone a su familia. En tanto se atribuye superioridad moral y de clase. “Los pobres son como los animales”, dice, “parece como si estuvieran hechos de otras sustancias”.
“Nacer mujer es el mayor castigo”
La casa de Bernarda Alba es una obra rica y sugerente, especialmente buena para discutir en clase. Lxs estudiantes reconocen el arquetipo de Bernarda, la función y el resentimiento de la Poncia (la criada más longeva de la familia) y la cruz de las hermanas. Empatizan con Adela, la más pequeña, que entre desengaño y encierro, opta por el arrojo y la libertad.
Solemos dramatizar los bastonazos de la matriarca, el lleva y trae de la casa (“días enteros mirando por la rendija para espiar a los vecinos y llevarle el cuento”) y hasta la crueldad entre las hermanas. Estudiamos símbolos, augurios y el desenlace. Y, a pesar de que se nos pierden ciertos dichos o el ritmo lorquiano, por lo general, aprecian la obra.
No es difícil analizar advertencias que hace el poeta y el horror venidero del país y de su propia muerte. El golpe de estado militar y el régimen franquista supuso una dictadura de cuarenta años. Supuso también violencia de todo tipo: hambruna, censura, exilio, represión, pérdida de derechos, y la desmemoria, cuyas secuelas suman y siguen hasta nuestros días.
No resulta complicado tampoco entender que el fascismo se asienta, en parte, en el control doméstico. En el caso de Bernarda, el control de la mujer hacia otras mujeres (servidumbre incluida): limitando su autonomía, su movimiento, su dignidad, su sexualidad, su comunicación, en fin, sus posibilidades. Actúa de manera similar y simultánea al pueblo. “Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón”, resume.
Es la tercera vez que enseño esta obra en clase. En esta ocasión, me ha sorprendido cuán amoladxs están con los referentes del fascismo/neofascismo que detectaron en la obra. Son lxs mismxs estudiantes que han visto mermar presupuestos, protecciones, derechos civiles y reproductivos. Ya no en la España de principios del siglo XX si no en su actualidad.
El comentario de mi alumna C., sintetizó lo que he tratado de organizar en estos párrafos: “La violencia está mal dirigida en la obra”, comentó. Ciertamente. En ese pueblo español con y sin nombre, hacía falta siempre, como procura el fascismo en sus iteraciones, chivos expiatorios. “La mujeres y los pobres”, dijo mi estudiante. Federico García Lorca lo supo muy bien entonces.
[1] Sobre las personas que inspiraron el drama, ver: “Quién fue la verdadera Bernarda Alba y otros personajes que inspiraron a Federico García Lorca”, La Nación: