“No me juzgues por mis éxitos, júzgame por cuántas veces caí y me levanté de nuevo”. Nelson Mandela
La OMB y Amanda Serrano regresaron con el “Amanda Serrano Championships 2” donde presentaron una histórica cartelera de jóvenes promesas del boxeo aficionado el pasado sábado 6 de junio en Popular Plaza, DISTRITO T-Mobile en San Juan.
Este evento, que está ayudando a fomentar y transformar el panorama del boxeo femenino aficionado en Puerto Rico, al brindar una plataforma de exposición y desarrollo para las futuras estrellas del deporte femenino. El evento, libre de costo para todo el público, reunió 26 boxeadoras aficionadas provenientes de distintos gimnasios y municipios de Puerto Rico, además de una joven que viajo desde Florida, donde reside, quienes protagonizaron una cartelera compuesta por 13 combates oficiales de gran calidad.
Exitosa y motivadora la segunda edición Amanda Serrano 2 junto a La OMB
Jóvenes prospectos del boxeo femenino fueron las protagonistas de emocionantes combates ante casa llena y grandes actuaciones incluyendo un nocaut técnico que marcaron una noche histórica para el boxeo femenino aficionado en Puerto Rico
El pasado sábado 6 de junio la Organización Mundial de Boxeo (OMB), su presidente, el licenciado Gustavo Olivieri, y la campeona mundial en seis divisiones y actual campeona unificada de la OMB, Amanda Serrano, celebraron con éxito la segunda edición del “Amanda Serrano Championships”, una plataforma creada para impulsar el desarrollo y la exposición de las futuras estrellas del boxeo femenino Boricua.
Desde antes del comienzo de la primera pelea, el ambiente estuvo cargado de intensidad y emoción. La cartelera abrió con una emocionante batalla entre Paola Pérez y Chanellys Santiago, donde Pérez salió airosa por decisión unánime en un combate que marcó el tono competitivo de la noche. En uno de los combates más técnicos de la velada, Geralivette “La Chupi” Palau Avilés, de Barranquitas Boxing, demostró gran disciplina y habilidad boxística al superar por decisión unánime a Nicol Méndez.
Entrevistamos a Madeline Rosado, Madre de Nicol Méndez, de 13 años y apenas 1 año en el deporte del boxeo, ¿Cómo se sentía viendo a su niña en el cuadrilátero? y dijo:
“Me pongo un poco nerviosa pero siempre confio en ella”
¿Por qué boxeo y no otro deporte? Le preguntamos
“A ella le encanta el boxeo, toda su familia boxea, viene de una familia de boxeo.”
La noche también estuvo marcada por cerrados enfrentamientos decididos por tarjetas divididas, reflejando el alto nivel competitivo de las participantes. Vimos regocijo de las ganadoras y frustración y descontento de algunas boxeadoras y sus entrenadores en algunas de la peleas que fueron cerradas. Como ocurre en boxeo en muchas ocasiones, lo que los jueces votaron no fue lo que el público o sus familiares y entrenadores percibieron. Pero eso es parte del deporte de boxeo. Recomendamos a los entrenadores a trabajar con los aspectos psicológicos de las derrotas ya que puede frustrar a muchas de estas jóvenes con talento. El entrenamiento científico, adecuado y personalizado, planificación y trabajo mental son la base del éxito en el deporte y la vida en general. Aprender de esa experiencia y seguir mejorando debe sser la meta.
En una de las actuaciones más contundentes de la noche, Adamaris González impresionó al público al imponerse por nocaut técnico (TKO) en el primer asalto sobre Paola Rivera, en una demostración de poder y preparación dentro de la división élite. (Ver entrevista en Prensa Pitirre – YouTube)
La cartelera cerró con la victoria de Karelys Álvarez (la Barbie Negra), quien se impuso por decisión unánime sobre Ana G. Méndez (la Prinsesa) en la pelea estelar de la noche. Karelys es una joven muy motivada y residente en la Barriada la Perla de San Juan que espera el boxeo le brinde oportunidades de éxito. Comenzó en el deporte por diversión y señala:
“Por primera vez soy buena en algo que me apasiona”
Las ganadoras de los combates recibieron cinturones conmemorativos de “Future Champion” y trofeos a las subcampeonas lo cual tuvo mucha significación ya que las jóvenes caminaban por todo el local con sus cinturones y trofeos muy orgullosas de ser figuras protagónicas en el desarrollo de la próxima generación del boxeo femenino.
Amanda Serrano. Fotos Christian Medina Rosado
Como parte del protocolo se reconoció la trayectoria de dos campeonas mundiales del boxeo profesional: Mikaela Mayer, campeona mundial unificada de la Organización Mundial de Boxeo(OMB) en el peso junior welter, y Desley Robinson, campeona mundial unificada de la OMB en el peso mediano que estuvieron entregando la premiación junto a Amanda y llevando palabras de motivación a las participantes. Amanda Serrano destacó la importancia de continuar creando espacios para el talento femenino emergente, señaló:
Cuando yo empecé, oportunidades como estas eran muy limitadas. Ver hoy a tantas niñas y jóvenes soñando en grande, entrenando fuerte y subiendo a un ring frente a tanta gente me emociona muchísimo porque ellas representan el futuro de nuestro deporte”.
El presidente de la OMB, licenciado Gustavo Olivieri señaló:
“Este evento representa mucho más que victorias y derrotas. Se trata de abrir puertas, crear oportunidades y demostrarles a estas jóvenes que el boxeo femenino tiene un futuro brillante. Ver el talento y el corazón que demostraron esta noche nos llena de orgullo”.
Le pido a las jóvenes que participaron, sus padres y entrenadores que analicen las siguientes frases de uno de los más grandes atletas en la historia del deporte y del boxeo, Mohammad Ali:
“Los campeones no se hacen en gimnasios, están hechos de algo inmaterial que tienen muy dentro de ellos. Es un deseo, un sueño, una visión”.
“Mi riqueza está en mi conocimiento del yo, el amor y la espiritualidad”. (Nuestros pensamientos son nuestros bienes más valiosos, pues son lo que nos hacen como individuos).
“Nunca he permitido que nadie me convenza de no creer en mí mismo”. (Las opiniones de los demás nunca deben pesar más que las nuestras. No debemos dejarnos llevar por terceras personas).
«”No se mide a un hombre por cómo cae, sino por cómo se levanta»
(Tomado de Pequeño manual de orientación educativa 3 corregido 31 octubre 2 (1).pdf de Jorge L Mercado Adorno, PhD)
CLARIDAD está comprometido con eventos como este donde se fomenta el deporte, en especial, el deporte femenino. Gracias a Evelyn Guaadalupe, Oficial de Prensa, y su equipo de trabajo por facilitarnos entrevistas y el espacio adecuado para cubrir este evento.
Nota adicional: Tres jinetes boricuas al “Tope” del Hipismo mundial. José Luis Ortiz conquista el Belmont Stakes, John Velazquez e Iraq Ortiz, Jr. llegando 2do. y 3ro. en esta prestigiosa carrera. Siguen los jinetes Boricuas dando “Catedra” de cómo se monta y se gana.
Durante más de sesenta años, Estados Unidos ha sostenido un régimen de sanciones y bloqueo contra Cuba que ya no puede explicarse únicamente como una política exterior, es una demostración de poder. Un poder que, paradójicamente, contradice los mismos principios que dice defender, “libertad comercial” y “democracia”. Constituyen una de las guerras económicas más prolongadas en la historia contemporánea. Estas pueden entenderse como el uso de mecanismos de influencia mediante políticas específicas que convierten a la economía global en un espacio de conflicto con herramientas de restricciones comerciales, financieras y de inversión.
Porque aquí no hay ambigüedad. Estados Unidos se presenta ante el mundo como el principal defensor del libre comercio, la democracia y la libertad. Sin embargo, en el caso cubano, hace exactamente lo contrario, restringe el comercio, limita la inversión, bloquea el financiamiento y castiga a quienes intenten relacionarse con la isla. Eso no es libre mercado. Eso es control y poder.
El embargo/bloqueo/sanciones no solo afecta a Cuba. Afecta a cualquier empresa, banco o país que considere hacer negocios con ella. El mensaje es claro, comerciar con Cuba tiene un costo. Y en un sistema global donde el dólar domina, ese costo puede ser demasiado alto. El resultado es un efecto en cadena, empresas que se retiran, inversiones que no llegan y oportunidades que desaparecen. Esto tiene nombre en economía, distorsión del mercado. Pero también tiene otro nombre más incómodo, coerción.
Porque lo que está en juego no es solo comercio. Es la capacidad de un país para decidir su propio rumbo económico, su libertad comercial. Cuando una potencia utiliza su peso financiero y político para condicionar esas decisiones, deja de hablarse de competencia y se empieza a hablar de subordinación. Esa potencia deja atrás la democracia y la libertad e impone el garrote y la fuerza.
Y ahí aparece la contradicción central. ¿Cómo puede una democracia promover la libertad mientras limita la autonomía de otro país? ¿Cómo puede defender el libre comercio mientras impide activamente que ocurra? ¿Cómo puede hablar de derechos humanos mientras implementa políticas que afectan directamente las condiciones de vida de una población? Estas preguntas no son retóricas. Son incómodas porque exponen una realidad evidente, los principios se aplican cuando convienen, y se suspenden cuando estorban y eso es “gringocentrismo”. Donde EE.UU. dice lo que se debe hacer, como se debe hacer y siempre responde a “Primero EE.UU.”.
Desde una perspectiva geopolítica, el embargo/bloqueo/sanciones tampoco es un misterio. Cuba dejó de estar bajo la influencia estadounidense tras la Revolución de 1959 y ha creado su modelo de desarrollo económico alternativo pensando en la gente. Desde entonces, las sanciones han funcionado como un mecanismo para aislar, presionar y, en última instancia, forzar cambios internos. No se trata solo de ideología. Se trata de poder político y económico y decir lo que se debe hacer, es gringocentrismo que surge de esa Doctrina Monroe.
De hecho, el mensaje implícito va más allá de Cuba, cualquier país que intente desarrollar un modelo económico alternativo fuera de la órbita dominante puede enfrentar consecuencias similares. En ese sentido, el embargo no solo castiga a Cuba; también funciona como advertencia y política de miedo. Política de miedo que debemos enfrentar y aprender a decir NO, NO me atemorizas. Hay que detener esa política Monroe o gringocentrismo ya, ese afán de dominar a todo el mundo para el servicio del capitalismo imperialista de EEUU.
Mientras tanto, el discurso oficial sigue hablando de democracia, libertad y mercados abiertos. Pero en la práctica, lo que se observa es un sistema internacional donde las reglas no son iguales para todos. Donde el acceso a mercados, financiamiento y tecnología depende no solo de la competitividad, sino de la alineación política. Eso no es libre comercio, ni libertad económica es dominio imperialista. Es geopolítica económica.
Las sanciones, el bloqueo o el embargo, además, rara vez logran el objetivo que declaran, transformar sistemas políticos desde el exterior. Lo que sí logran, de manera consistente, es generar presión económica interna, afectar a la población y sus derechos humanos y limitar el crecimiento económico afectando el desarrollo .
Entonces, la pregunta ya no es si el embargo/bloqueo/sanciones funciona. La pregunta es para quién funciona, quiénes están detrás de ese control económico. El caso cubano deja al descubierto una verdad incómoda, el orden económico global no se rige únicamente por principios de eficiencia o competencia, sino por relaciones de poder. Y cuando ese poder se ejerce, los valores que lo legitiman, democracia, libertad, libre mercado, pueden convertirse en herramientas discursivas más que en compromisos reales.
Esto lleva a otra reflexión importante, el sistema económico global no siempre funciona bajo las reglas ideales del libre mercado. En la práctica, está atravesado por intereses estratégicos, relaciones de poder y decisiones políticas que moldean quién puede comerciar, cómo y con quién. El caso cubano es un ejemplo claro de esa realidad. Para Cuba no hay libertad económica, para Cuba hay dominación, manipulación imperialismo puro, donde el capitalismo o los capitalistas desde EEUU deciden.
A pesar de las limitaciones, Cuba ha mostrado capacidad de resistencia, mostrando que el modelo de desarrollo alternativo centrado en la gente si funciona. Donde la salud, la educación, la vivienda, la cultura, el deporte, la investigación científica, la solidaridad internacional funcionan. Sin embargo, el debate de fondo sigue abierto, si se eliminaran las sanciones/bloqueo/embargo, ¿cómo cambiaría su crecimiento y desarrollo económico? ¿Qué tipo de relación tendría con el resto del mundo? Más allá de las respuestas, lo cierto es que sanciones/embargo/bloqueo pone en evidencia una tensión difícil de ignorar, una cosa es el discurso oficial de “libertad y democracia” y otra las políticas que se aplican. Cuba es un modelo que ha tenido éxito aun con sanciones/bloqueo/embargo. Su resiliencia y resistencia por más de 60 años ha demostrado que si se puede y ese es el miedo ideológico que tiene EE.UU. una Cuba que sea ejemplo para otros países. La experiencia cubana refleja una capacidad de resiliencia que invita a un análisis más amplio sobre las dinámicas de poder en la economía internacional de este modelo alternativo de desarrollo.
El problema es un conflicto ideológico (capitalismo, neoliberalismo e imperialismo), es económico y coercitivo, el bloqueo/sanciones/embargo contradice principios del capitalismo real y la libertad comercial. Entender esto es una cuestión central para entender cómo funciona realmente el poder en la economía global. Nuestra solidaridad con Cuba es exigir el fin del bloqueo/sanciones/embargo y dejemos que Cuba con su modelo alternativo y socialista demuestre lo que puede hacer y lograr. Los resultados serán sorprendentes.
Cuba enfrenta crisis energética y bloqueo de EEUU. Lejos del colapso, resiste con organización, solidaridad y voluntad política frente a la guerra económica
Por Pedro Prada
En medio de una crisis energética agravada por el bloqueo de Estados Unidos, el autor describe el impacto concreto sobre la vida cotidiana en Cuba y sostiene que, lejos del colapso, el país enfrenta una guerra económica y mediática. A partir de datos, experiencias y referencias históricas, plantea que la respuesta social se apoya en la organización, la solidaridad y una persistente voluntad de resistencia.
Notas sobre la agresión de Estados Unidos contra Cuba, su impacto en el pueblo de la isla y cómo este la enfrenta
Escribo en medio de un apagón profundo, un “blackout”, como suelen decir en inglés; en medio de una caída del sistema electroenergético nacional. Aunque ya están levantadas y operando pequeñas islas de generación que contribuirán a restablecer el flujo, y las decenas de parques solares e instalaciones locales fotovoltaicas aportan pequeñas cantidades, nada es suficiente para reanimar el servicio eléctrico. Desde diciembre, varias de las plantas térmicas generadoras, incluida la amplia red de generación distribuida alimentada con diésel, no recibe una gota de combustible. Se trabaja en las principales plantas con crudo pesado y gas natural de producción nacional, pero eso solo alcanza para generar poco más del 40 % de la demanda. El decreto de Trump, emitido el pasado 29 de enero bajo el falaz y ridículo argumento de que amenazamos a la principal potencia planetaria, no ha hecho sino agravar el escenario: nadie le vende combustible a Cuba, nadie lo transporta, nadie lo asegura. Con tantas tensiones, las viejas termoeléctricas, sometidas además del tiempo, al desgaste que produce nuestro crudo altamente rico en azufre, fallan y el sistema se estremece y puede caer; cae. A esta hora no hay fluido en la red nacional de oriente a occidente. Tampoco hay bombeo de agua y fallan las comunicaciones al agotarse sus baterías.
Alguien desinformado o malintencionado podría preguntar si no previmos este escenario, que cruza el umbral de lo denunciable para convertirse en intolerable. Respondo que sí. De hecho, lo sufrimos parcialmente tras la caída del socialismo europeo y de la URSS. Para entonces, la sevicia imperialista no había llegado a los extremos demenciales a que ha llevado al mundo la camarilla imperialista empresarial, globalizada y neofascista que gobierna a los Estados Unidos. También se pregunta si es porque no podemos importar petróleo venezolano. Les recuerdo que en aquellos años noventa aprendimos a no poner nunca más los huevos en la misma canasta. Compramos combustible a decenas de países, de todos los continentes, mayormente a Venezuela, debido a un convenio de cooperación para intercambiar servicios de salud por energía. A los demás, pagamos precios de riesgo, seguros de riesgo y contratamos a navieras de riesgo, porque no queremos ser rehenes de un único mercado, y porque nadie quiere sufrir las consecuencias de las medidas coercitivas unilaterales y multas que impone Estados Unidos a quien comercie libremente con Cuba. La injusta y políticamente motivada designación de nuestro país como “Estado patrocinador del terrorismo” determina esta situación.
Hay quienes culpan también al Estado y a las empresas cubanas por no honrar sus compromisos financieros. Sin embargo, no ven, o no quieren ver, cómo se persiguen las fuentes de ingresos rápidos a la economía, como el turismo, que permitirían acumular la riqueza que salde las deudas. Durante años varios gobiernos estadounidenses y los grupos anticubanos de la Florida emplearon toda suerte de recursos para descalificar y sabotear el turismo internacional en la isla y las inversiones extranjeras en el sector. Desde amenazas y persecución contra empresas —la española Meliá hoteles fue una de las victimas—, presiones a las líneas aéreas para cortar sus rutas a Cuba —de lo que Aerolíneas Argentinas y las empresas proveedoras de combustible en Ezeiza negadas a vender combustible a Cubana de Aviación son un ejemplo—, hasta el financiamiento de campañas de descrédito y actos terroristas contra esa industria, sus instalaciones y sus huéspedes.
Lo anterior, en lo argumentativo. En lo humano, por solo poner de ejemplo al sector de la salud, 96.387 pacientes, de los cuales 11.193 son niños, integran una lista de espera quirúrgica que se incrementa por la coyuntura energética. 32.000 mujeres embarazadas enfrentan el desafío de su seguimiento. 30.000 niños que deben recibir vacunas específicas, disponibles en nuestros almacenes, corren riesgo de no recibirlas por falta de combustible para transportarlas. 16.000 pacientes de radioterapia y otros 2.888 dependientes de hemodiálisis ven amenazada su atención por la inestabilidad energética a pesar de los esfuerzos por dotar a estos servicios de nuevos recursos tecnológicos, instalaciones renovadas y medios de transportación eléctricos.
El bloqueo no solo limita la economía: busca provocar hambre, desesperación y descontento para erosionar el apoyo interno al proyecto político cubano.
También son perseguidas las brigadas médicas cubanas que durante 65 años han llevado salud a 165 países del mundo, salvado la vida de millones de seres humanos —por citar un área, han devuelto la vista a más de 3 millones—. Cuba ha hecho eso básicamente por solidaridad y, en los últimos años, ante la reducción de los recursos financieros, mediante contratos de servicios. Los recursos que se colectan se distribuyen en parte al colaborador —que mantiene en Cuba su salario y demás garantías sociales y prestaciones sociales— y en parte ingresan al presupuesto para financiar el sector de la salud. Un ejemplo de ello fueron los ingresos derivados de la participación de los profesionales de la salud cubanos en el programa Más médicos, en Brasil, durante la pasada década. Gracias a sus aportes se rehabilitaron en Cuba los programas nacionales del cáncer y cardiovascular —las dos principales causas de muerte—, adquiriéndose costosos equipos necesarios; fueron reparados y rehabilitados 57 hospitales, incluidas las condiciones de vida y trabajo de médicos, técnicos y enfermeros, así como cientos de policlínicos y pequeñas unidades de salud. Como Estados Unidos persigue destruir, entre otras cosas, al aún poderoso sistema sanitario cubano que ha sido una innegable conquista de la revolución socialista, el gobierno cubano es acusado de practicar el “tráfico humano” y los médicos son tachados de “esclavos” por los funcionarios y medios estadounidenses, o afines.
La guerra que por 67 años ha conducido la principal potencia mundial, Estados Unidos, contra este pequeño país en desarrollo, condenada por la casi totalidad de la comunidad internacional en la ONU durante 32 años, adquiere cada vez más dimensiones innombrables.
La guerra que por 67 años ha conducido la principal potencia mundial, Estados Unidos, contra este pequeño país en desarrollo, es condenada por la casi totalidad de la comunidad internacional.
Se cumplen con rigurosa precisión los objetivos, claramente declarados en el desclasificado memorando de 1960 enviado por el subsecretario de Estado Lester Mallory a sus superiores: “la mayoría de los cubanos apoya a Castro (…) el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales (…) hay que emplear todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba (…) una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.
Esta situación opera hoy tras el recrudecimiento del bloqueo ordenado por Donald Trump durante su primer mandato, cuando revirtió las positivas e insuficientes medidas impulsadas por el gobierno de Barack Obama, situación que mantuvo Joseph Biden y que empeoró la segunda versión recargada de Trump. Llevar las injustas medidas contra Cuba al extremo alcanzado hoy, con el impulso de los grupos ultra conservadores y la extrema derecha cubanoamericana de la Florida, pone de manifiesto que la resistencia y resiliencia de Cuba durante casi setenta años solo puede interpretarse como el reconocimiento de la derrota de las políticas de dominación de Estados Unidos y la necesidad imperiosa de castigar el ejemplo cubano. El desafío de autonomía, libertad, independencia, soberanía y libre determinación planteado por la revolución cubana y los descalabros sufridos por el imperialismo en sus incursiones militares y terroristas en la isla, así como en los campos de batalla internacionalistas, donde los cubanos defendimos como propios los derechos de otros pueblos, ha conducido a alimentar un odio visceral, exacerbado con la crisis de valores y el auge de las ideas neofascistas dentro de la política de ese país.
Semejante historial agresivo ha llevado a Cuba a construir un poderoso sistema defensivo que se asienta en la unidad nacional de los cubanos en torno al modelo político, económico, social y cultural recogido en la Constitución vigente, que fue aprobada por más del 86 % de los votantes. Esa unidad se acompaña con una poderosa organización del país que encabeza el Partido Comunista de Cuba —no como partido electoral, que no lo es, sino como fuerza moral de la nación—, secundado por una sociedad civil vigorosa y pujante con decenas de organizaciones que van desde las comunitarias, femeninas, juveniles y estudiantiles, hasta gremios sindicales, profesionales, fraternales, religiosos y otros, que participan activa y críticamente en los destinos del país. Solo sobre esos cimientos es que se han podido construir las instituciones armadas y de seguridad, y estructurar la estrategia nacional de defensa conocida como “guerra de todo el pueblo”, que asigna a cada ciudadano un medio, un lugar y un fin para que ejerza su derecho a participar en la defensa de la Patria.
La estrategia de Mallory aplicada hoy con extrema crueldad por el gobierno de Trump, apunta precisamente a destruir ese valladar. En los últimos años han ocurrido hechos vandálicos aislados y expresiones colectivas de malestar impulsadas por las carencias —ahora también por los apagones—, y alentadas desde Estados Unidos. Recuérdese el agitado mes de julio de 2021, en medio de la pandemia de covid-19, cuando el gobierno de Estados Unidos negó suministros sanitarios y plantas de oxígeno, incluso balones de oxígeno, al sistema de salud cubano y, al mismo tiempo, financiaba cacerolazos y actos de violencia callejera como los que describe el manual de desobediencia civil de Gene Sharp —tan empleado por la CIA en las revoluciones de colores—, presentándolos como expresiones democráticas reprimidas.
Con precisión quirúrgica, las medidas contra Cuba puestas en vigor en los últimos años evidencian un afán por golpear a la familia cubana y causar, como dicen sus voceros, “el mayor daño posible”. Han forzado la emigración de miles de personas a las que luego describen como “escapados” del régimen, dividiendo y destrozando a muchas familias. Mientras hacen insoportables sus condiciones de vida y trabajo, estimulan las deserciones de profesionales y el robo de cerebros, despojando además al país del capital humano altamente calificado que formó la Revolución, para responsabilizar luego al gobierno cubano por esas fugas. La manipulación ha sido tan hábil y hay tantos recursos puestos en ella, que han confundido a muchas personas, como evidenció un estudio del investigador español Julián Macías Tovar sobre el comportamiento de las redes sociales transnacionales en los sucesos de julio de 2021.
Estudios más recientes, conducidos por el Observatorio de Medios del portal Cubadebate, ponen de manifiesto cómo los algoritmos de las redes digitales y los poderosos centros de procesamiento de datos instalados en la Florida, en Madrid y en Rosario, articulan operaciones de deepfakes y otras técnicas de intoxicación digital.
Lo anterior muestra a Cuba como un escenario de guerra híbrida en el que la inversión desplegada por el gobierno de Estados Unidos, las mafias anticubanas y grupos aislados y muy violentos de emigrados, con apoyo de gobiernos extranjeros y de medios de comunicación, pretenden que se asimile la descalificación de la isla como un “Estado fallido” y a su gobierno como una “dictadura”.
Cuba enfrenta una guerra híbrida que combina sanciones económicas, presión internacional y operaciones digitales orientadas a construir la idea de un “Estado fallido”.
Es ampliamente conocida en Argentina la advertencia del director de Infobae a sus subordinados, quienes tienen prohibido escribir la palabra “gobierno” asociada al de Cuba. En su lugar deben usar “régimen”, “dictadura” o “tiranía”. Y el jefe de Estado cubano solo puede ser nombrado como “tirano” o “dictador”, acompañado de adjetivos como “cruel”, “sanguinario”, “represivo”, sin evidenciarlo, lo que tributa a una construcción de sentidos, a la manipulación de las conciencias, e induce al miedo, a la decepción y al rechazo, dentro y fuera del país. En su estrategia, esas tres expresiones de la conducta humana, deben sustentarse, además, en el “hambre, sufrimiento y desesperación” demandados por Mallory desde 1960, con sus medidas de bloqueo económico y financiero.
Nuestros adversarios vienen ahora decididos a todo, como advertí a los amigos de Cuba en Argentina el 22 de octubre del año pasado en un acto en nuestra Embajada. La estrategia conocida fue revelada al enunciarse en diciembre de 2025 la reinterpretación de la doctrina Monroe, conocida como “Donroe”, y publicarse con posterioridad la nueva Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia de Política Exterior de ese gobierno. Parece increíble, pero necesitan doblegar a la pequeña Cuba para someter a todo un hemisferio. Con ello no hacen más que confirmar la temprana advertencia hecha por José Martí a fines del siglo XIX, respecto al lugar de Cuba como el valladar que impediría, con su independencia, que Estados Unidos cayera con todas sus fuerzas sobre nuestras tierras de América, y que la isla, donde en su visión residía el equilibrio del mundo, la humanidad se jugaría el destino.
El desafío es inmenso para el pueblo cubano, que ha sufrido más de 66 años de bloqueo económico, comercial y financiero, agresiones armadas, una invasión y decenas de actos terroristas que privaron de la vida a 3478 cubanos y dejaron discapacitados a 2099. El reto es colosal para un pueblo que enfrentó con temple el derrumbe del socialismo europeo, el abandono de sus principales socios internacionales, la caída en un 83 % de su comercio exterior y en un 36 % de su PIB en solo un año —1990—-, y no se rindió ni desmoralizó cuando se proclamaba el fin de la historia, del socialismo, de las utopías, y muchas izquierdas abdicaban de su credo para montarse en el carnaval global del neoliberalismo.
Es grave la provocación al desatar un escalón superior de guerra no convencional e híbrida contra un pueblo que ha sufrido enormes e inmerecidas carencias, al que intentan desgastar, cansar y desmoralizar para atacarlo por sorpresa, desarmarlo y someterlo, tras dejarlo sin rumbo, sin causa y sin orgullo. Y es honesto reconocer que, en esta dura lucha, y en aras de lograr una falsa paz y el levantamiento del bloqueo, no faltarán de esos, cansados, que opten por la rendición y la humillación, porque si de algo estamos claros, es que bajo la ocupación de Estados Unidos, a Cuba le espera un futuro como el presente de Haití. Destrozarán todo, hasta que no quede un adarme de cubanía y dignidad que se rebele.
Ante este desolador escenario, se levanta, empero, la voluntad indoblegable de la inmensa mayoría de nuestro pueblo, su fe en las ideas que lo unen y que lo han llevado al prominente lugar que ocupa en la historia universal. El heroísmo es cotidiano. Desde las hazañas increíbles de los trabajadores de la industria eléctrica sosteniendo el debilitado y desabastecido sector y ampliando sus capacidades con plantas de energías renovables, pasando por las de los obreros petroleros, que han logrado incrementar la extracción de crudo y gas nacional en estas condiciones, o las de los productores agropecuarios y campesinos, sin combustible para sus tractores y maquinarias, pero cultivando con bueyes, ingenio y capricho la tierra, para que produzca los alimentos que necesitamos; o los educadores, para que no cierren las escuelas y universidades; o los médicos, que guiados por su poderoso imperativo ético, son capaces de realizar cirugías de emergencia con la luz de celulares cuando ha faltado la electricidad en un quirófano; o los artistas e intelectuales, para que no haya apagón cultural y la cultura siga siendo espada y escudo de la Nación; o el pueblo organizado en las comunidades en tareas de higienización ante la ausencia de transporte para recolectar desechos, o la gente, asistiendo a sus lugares de trabajo a como dé lugar, casi sin transporte público, y los privados, compartiendo muchas veces de forma solidaria sus medios para atender urgencias de hospitales, necesidades de hogares de ancianos y otras demandas de la sociedad.
Pese a las carencias, la respuesta del pueblo cubano se basa en la organización social, la solidaridad cotidiana y una voluntad política que rechaza la rendición.
Los privados, por cierto, que supuestamente serían los “portadores” de los valores de una sociedad capitalista que Estados Unidos quisiera reinstalar en Cuba, han sido tan golpeados por el bloqueo y la guerra como el más comunista y estatista de los cubanos. Muchos de sus negocios y empresas han quebrado o fueron llevados a situaciones extremas. Sus familias padecen los mismos apagones y necesidades alimentarias y sanitarias que el resto de las familias. Sus flujos financieros y suministros han sido cortados. Sus cuentas en bancos extranjeros cerradas o bloqueadas. Sus opciones de recibir remesas de familiares, prohibidas. A cada facilidad creada por el gobierno cubano para su desempeño, el gobierno de Estados Unidos ha respondido con un nuevo obstáculo, intentando desgajarlos de la masa del pueblo, llevarlos a culpar a la revolución de sus problemas y ponerlos contra la Patria. Y hay que decir, en honor a la verdad, que no lo han logrado.
Están también nuestros emigrados, que han visto cómo en los últimos diez años se han fortalecido y ampliado sus vínculos con la Nación, su participación en la discusión de importantes temas políticos, económicos, sociales, científicos y culturales nacionales y su presencia en las transformaciones en marcha, proceso que tiende a ampliarse con nuevas decisiones del estado cubano que nuestros enemigos y sus altavoces mediáticos presentan como resultado de presiones del gobierno de Washington y son, en realidad, resultantes sedimentadas de un riquísimo proceso de convergencia que se inició en 1978, siempre ha sido en progresión y hoy se declara irreversible. La Patria es de todo el que la ame y la defienda. Y solo han quedado excluidos de ese proceso aquellos que han trabajado y conspirado contra ella, que han matado por hierro, hambre o enfermedades a sus connacionales. Con esos, nunca nos entenderemos, aunque sean servidores del emperador de turno en la Casa Blanca.
Y finalmente, están los defensores de la Patria, ese pueblo que se moviliza en jornadas de defensa, que se entrena para el manejo de las armas y el combate, que no hace alardes y callado se prepara para enfrentar en desigual lisa a un enemigo mil veces más poderoso en recursos y medios, pero al que, como enseñó Fidel Castro, se puede derrotar con inteligencia, astucia, oportunidad y paciencia, de modo tal que, incluso si ocupara militarmente el país, no tendría un solo minuto de paz. Estas palabras que pudieran parecer panfletarias, pueden cotejarse con la conducta de nuestros 32 compañeros caídos en Venezuela, defendiendo no solo a un presidente hermano, sino su honor de cubanos ante un adversario superior, al que destruyeron medios y causaron bajas. Se confirman en la actitud de cinco guardafronteras que apenas con sus armas de reglamento y herido uno de ellos, vencieron a un comando terrorista de asalto que los doblaba en número y los superaba varias veces en poder de fuego. Y lo evidencian las acciones de la comunidad en apoyo a fuerzas de seguridad para descubrir y detener a un grupo de diez mercenarios panameños enviados a Cuba para promover la subversión y la rebelión que durante tantos años y con tantos recursos invertidos, no han logrado establecer. Estos tres recientes episodios demuestran al límite, la madera de la que estamos hechos los cubanos y el tipo de combatiente y pueblo, “fuerte” y “duro”, como reconoció Trump, que enfrentarán aquí los Delta Force o quien sea que desembarque en son de guerra.
Cuba no desea la guerra. Desea contender en el trabajo y la vida, y que la dejen mostrar toda su capacidad, talento y fuerza.
Es muy fácil descalificar al país, al gobierno y al sistema manteniéndolos cautivos de una guerra cruel y despiadada que no les permite mostrarse. Es muy fácil culpar a otros del daño que provocas. Es vergonzoso ofender al pueblo heroico que no se rinde, que resiste, que sufre penurias y aún cree con fe infinita en la superioridad de su proyecto de vida para todos, y no para pocos. Por eso Cuba trabaja, como lo ha hecho a lo largo de la historia, en diferentes momentos de los años 60, 70, 80 y más recién aún para discutir entre vecinos, con respeto, igualdad, reciprocidad y sin injerencia en los asuntos internos, la forma en que Cuba y Estados Unidos pueden resolver diferencias, cooperar en atender importantes necesidades mutuas y convivir en paz. El presidente Díaz-Canel ha informado de ello al pueblo. Hay en nuestra historia una tradición de buscar el diálogo y la paz de forma seria, discreta y responsable para evitar episodios más cruentos, pero sin renunciar a principios, valores y conquistas alcanzados al precio de la sangre de nuestros mejores hijos. Pero hay también una tradición, que recién ha cumplido 148 años, fundada por el general Antonio Maceo ante el jefe de las fuerzas españolas en la isla, de no aceptar rendición alguna ni paz condicionada o menguada. Fidel Castro rescató esa tradición, que tiene una expresión constitucional de no negociar nunca bajo presión y de establecer el derecho de rebelión ante quien atente contra ella, y que se expresa hoy en la conducta del gobierno cubano y de sus líderes.
Finalmente, la hazaña del pueblo cubano ante el poderoso imperio tiene un componente imprescindible que fortalece su defensa. A fuerza de haber tributado tanta solidaridad y humanismo hacia el mundo, de haber defendido y ayudado a tantos pueblos a alcanzar su independencia, a descolonizarse, a sobrevivir a tragedias naturales y epidemias, de haber llevado luz y letras a tantos seres humanos, Cuba cuenta hoy con el respaldo inmensamente mayoritario de gobiernos y, sobre todo, de pueblos de todo el mundo, los argentinos entre ellos. La solidaridad con la isla ha sido formidable compañera de nuestras luchas y ha alentado nuestra resistencia.
La solidaridad con la isla ha sido formidable compañera de nuestras luchas y ha alentado nuestra resistencia.
Sin ella, como comparó en una oportunidad Fidel, habríamos perecido como los valientes comuneros de París. Sus fraternas acciones y voces alzadas para desafiar a la censura del poder, nos recuerdan que quien guarda silencio ante la asfixia de un pueblo se convierte en su verdugo por omisión.
Por todo ello, a los argentinos que lean estas notas, les puedo asegurar que por mucho que lo repitan, Cuba no está desorganizada ni ha colapsado. No lo hará. No dejaremos que ello ocurra. Nuestra determinación de defender la nación y salvaguardar nuestra sociedad es total e irrevocable, y está centrada en alcanzar la dignidad plena del ser humano y la más amplia justicia, como expresara el ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez. Nuestro derecho a la libre determinación, a la independencia, a la soberanía, a la integridad territorial y al orden constitucional elegido, será defendido en estrecha unidad y amplio consenso de todos los cubanos.
En este 2ndo escrito sobre Kenneth Branagh, incluyo 2 filmes donde se distingue en papeles de reparto, Iago en Othello (1996) y Lawrence Olivier en My Week with Marilyn (2011) y All Is True (2018) donde combina su manejo directoral con sus profundas interpretaciones.
Othello (Oliver Parker 1996)
Oliver Parker hace su debut como director al adaptar Othello al cine en lo que él llama una versión modernizada. Esto significa que solo el 30% del texto sale directamente de Shakespeare y que el resto es una adaptación en prosa de Parker. En esta versión no hay necesidad de pintar a los actores ya que se escogió a Lawrence Fishburne para el papel. Las tomas exteriores son en Venecia para dar un sentido de un lugar fuera del escenario teatral.
Críticos de cine que son estudiosos de la literatura como Roger Ebert, criticaron fuertemente esta versión diluida de una obra tan compleja y seria en su exploración de personajes. Coincido en parte con esta opinión, pero me inclino a favorecer esta versión en particular porque sirve de motivación a jóvenes y adultos de leer la obra y encontrar estas complejidades que el cine no puede captar. Es una pena que, dentro de la mentalidad racista de la sociedad norteamericana, no haya espacio para aceptar la relación amorosa y apasionada de un hombre que por casualidad es negro y una mujer que por casualidad es blanca, sin pensar en lujuria, seducción, violación y violencia verbal y física. Me parece que, a pesar de su racismo internalizado, el público que vio el filme en Puerto Rico interpretó la historia como una tragedia de amor sin tonos raciales.
Othello es el magnífico guerrero, celebrado por la realeza que acepta su matrimonio con Desdémona porque a pesar de ser un moro (con el prejuicio europeo implícito) está a la altura de la nobleza. Dentro de un clima de insidias, lo único que parece apartarse es el verdadero amor entre Othello y Desdémona. Pero surgirán los celos y la envidia hacia este “extraño” que parece llegar a la cima con demasiada rapidez. Iago (Kenneth Branagh), su “amigo” y consejero se aprovechará de la inseguridad de Othello ante estos nobles para fomentar la sospecha hacia el punto + vulnerable: su relación con Desdémona. Iago trabajará su plan tan bien que ni Emilia su esposa, ni Rodrigo (Michael Maloney), ni Cassio (Nathaniel Parker) el compañero de armas de Othello sospecharán la extensión de su maldad.
En esta versión cinematográfica (que posiblemente en manos de Branagh hubiera adquirido otras dimensiones), Fishburne tiene una gran presencia en escena, aunque tiende a sentirse algo incómodo con su personaje. Irène Jacob es hermosa como Desdémona y la cámara enfoca en sus gestos para dramatizar su pena y alegría, pero las pocas líneas que tiene no contribuyen al desarrollo de su personaje. Branagh, sin duda, está en pleno control de su papel y de la historia; su Iago es tan insidioso como hipócrita, cínico y malvado. El público tiene siempre su mirada en él y, sin querer, se convierte en el eje de la historia a diferencia de la obra original. El filme comienza con Iago y termina con su muerte. En el papel de Emilia, Anna Patrick, logra impartirle a su personaje una complejidad sorprendente por ser un papel secundario con poca exposición en escena. Pero sus parlamentos son exquisitos por la fuerza y belleza de sus palabras.
My Week with Marilyn (Simon Curtis 2011)
Esta memoria de Colin Clark (Eddie Redmayne) de su encuentro con Marilyn Monroe cuando ésta fue contratada por Lawrence Olivier para filmar con él la comedia The Prince and the Showgirl en el 1957 es una mezcla de realidad y fantasía del mito que ya se tejía alrededor del entonces y ahora símbolo de sexualidad femenina que tanto admiran e imitan mujeres y travestis. Así que desde el momento en que aparece la rubia platinada todos y todas se rinden a sus pies. Su aparente timidez y humildad y su perenne sonrisa conquistan hasta a Olivier. Pero todo esto comienza a cambiar cuando hay que iniciar el ensayo y la filmación. Aquí choca la seriedad y el acercamiento teatral de Olivier con la superficialidad y frivolidad hollywoodense de Marilyn (Michelle Williams).
La privacidad—casi inexistente—de Marilyn es lo más recordado por el joven Colin: su capacidad de llorar por lo más mínimo, su alegría infantil, su consumo de licor para lidiar con su entonces marido, el dramaturgo Arthur Miller, su dependencia casi enfermiza en su tutora actoral y la libertad de movimiento y vestuario de su cuerpo. Por eso esta memoria de Colin nos deja con la imagen de una Marilyn hermosa, frágil, simpática, desubicada en tiempo y lugar, egocéntrica, pero con la capacidad de compartir su ternura con los que la protegen y la quieren bien.
La puesta en escena y la recreación de época son excelentes al igual que todas las actuaciones en lo que sería el espacio restringido del teatro (como lo logró Woody Allen en Bullets Over Broadway), pero tengo que resaltar la interpretación que hace Kenneth Branagh de su gran maestro Lawrence Olivier que es genial—adjetivo que uso en casos excepcionales como éste.
All Is True (Kenneth Branagh 2018)
Este hermoso filme, dirigido y protagonizado por Kenneth Branagh, quien ha dedicado una gran parte de su vida actoral adaptando al cine las obras de William Shakespeare, traza la vida breve de este dramaturgo y actor una vez regresa a su “village” (aldea), Stratford-upon-Avon, después de una exitosa carrera en Londres. Es un retiro forzoso ya que el Globe Theatre, donde la compañía dueña del teatro, Lord Chamberlain’s Men, estrenaba y presentaba funciones de las obras de Shakespeare, se quema y el grupo queda desprovisto de su inversión y lugar de trabajo. Sin duda, su familia ha podido vivir bien gracias al dinero enviado por William, pero el costo ha sido su ausencia por más de 20 años y su desconocimiento de lo que fue la crianza y crecimiento de sus dos hijas, Susannah y Judith y el hijo que muere a temprana edad y a quien añora todo el tiempo. ¿Cómo puede un hombre recuperar el afecto de la familia que apenas conoce, el buen nombre de sus antecesores y descendientes y volver a ser parte del diario vivir a pesar de la vida tan diferente que llevó en Londres?
Una narrativa tan íntima y al parecer insignificante se convierte en una obra de grandes proporciones por la centralidad de la interpretación de Branagh como Shakespeare, de los referentes literarios (los sonetos dedicados a un gran amor masculino; el ensayo de Virginia Woolf “A Room of One’s Own” donde se crea el personaje de la hermana de Shakespeare, Judith; la exaltación del hijo varón por encima de cualquier talento de las hijas no educadas formalmente) y las pausadas y profundas actuaciones de Judi Dench como su esposa Anne Hathaway, Kathryn Wilder como Judith e Ian McKellen como el Conde/Earl de Southampton, el amor secreto del poeta. El encuentro con el Conde es un tour-de-force para ambos actores.
Listar los ejemplos de la generosidad y solidaridad de Cuba con países, pueblos y personas en el mundo podría llenar varios tomos de su gloriosa historia. Desde los tiempos bajo España, ha sido proverbial la solidaridad de Cuba y el pueblo cubano con las luchas por la libertad y la soberanía de los pueblos de América y el Caribe, particularmente con la independencia de Puerto Rico que formó parte de la plataforma programática del Partido Revolucionario Cubano de José Martí y demás patriotas, desde el 1892.
Cuba logró su independencia de España tras la Guerra Hispanoamericana, pero esta fue mediatizada por un largo período de tutelaje bajo el entonces gobierno del emergente imperio estadounidense. Posteriormente sufrió décadas de intervención y extracción de riquezas y recursos bajo una larga sucesión de gobiernos títeres y tiránicos.
La Segunda Guerra Mundial, del 1939-1945, dejó al mundo dividido en dos grandes polos, capitaneados de un lado por el pujante, arrollador y agresivo imperio de Estados Unidos, y del otro, por la recién constituida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URRS), espacio que Rusia encabezó porque su enorme y aguerrido ejército peleó y ganó los combates cruciales que culminaron con la derrota de la Alemania Nazi y sus aliados, Italia y Japón. Terminada esa guerra, el mundo no solo quedó dividido, sino también desconfiado, vulnerable y frágil, y los países buscaban a duras penas una paz que no llegó. Lo que sí llegó fue la llamada carrera armamentista, impulsada por Estados Unidos, que había desarrollado una monstruosa industria de armas y bombas nucleares que constituían una amenaza a la paz del mundo entero.
Con ese telón de fondo, la Cuba Revolucionaria se presentó ante el mundo en 1959 como un nuevo modelo de gobierno socialista y popular que pondría el énfasis en crear una sociedad cubana más igualitaria, con una población alfabetizada y pensante, que diera trabajo, educación y salud a todas y todos, y construyera un modelo social y económico que fuera ejemplo para otros países del mundo. Cuba también sobresalía como abanderada de la solidaridad, no solo entre su propia gente, sino también entre países, pueblos y personas, y como portavoz de la soberanía e independencia de los pueblos y del derecho de cada nación a dirimir sus asuntos sin injerencias ni intervención extranjera.
Ese mensaje selló su suerte porque chocaba de frente con los planes de dominio mundial del fortalecido imperio guerrerista del Norte. Hasta ese momento, Cuba había sido una plaza fácil de la milicia y la mafia estadounidense para su penetración y control de la región de América Latina y el Caribe, la que ahora se les escaparía.
Así inició la relación entre la Cuba Revolucionaria y Estados Unidos, que meses después dio paso a la primera oleada de exiliados cubanos millonarios a Miami y Puerto Rico, con dinero e influencia suficiente para financiar una feroz campaña de desinformación y descrédito sobre la realidad cubana. Algunos de los peores elementos de ese exilio cubano enfilaron también su odio hacia las y los luchadores por la independencia de Puerto Rico, cuyos vínculos históricos con Cuba los acercaban aún más.
Esa ofensiva culminó dos años más tarde con la aprobación por el Congreso de Estados Unidos de la Ley de Asistencia Exterior de 1961 y la puesta en vigor del inmisericorde bloqueo económico, financiero y comercial contra Cuba. Más adelante, el Congreso de Estados Unidos aprobó las leyes Torricelli de 1992 y Helms- Burton de 1996 mediante las cuales sucesivos gobiernos estadounidenses han seguido han inrentado y endurecido las prohibiciones, limitaciones y sanciones contra Cuba, hasta el actual bloqueo criminal de petróleo y las amenazas de castigos indiscriminados contra el pueblo cubano del gobierno de Donald Trump, quien parece inclinado a desquitarse con Cuba por el fracaso de su guerra junto a Israel contra Irán. En resumen, la Cuba Revolucionaria y su población han vivido bloqueados y asediados desde siempre, bloqueo que ahora amenaza la salud y la vida de millones de cubanos
Pero, los 62 años de bloqueo jamás han detenido el impulso solidario de la Cuba Revolucionaria. Esta ha exportado generosamente de sus médicos, maestros, y trabajadores diestros hacia todos los rincones del mundo que los han necesitado. También ha acogido con su habitual buena voluntad a una gran y diversa humanidad de nuestra región y del mundo. Con recursos o sin ellos, Cuba ofrece más allá de lo que tiene, y abre sus puertas a perseguidos y exiliados políticos, a personas con necesidades de salud y rehabilitación, a atletas que requieren entrenamiento, a estudiantes de carreras universitarias o de oficios diestros, a artistas y bailarines que quieren perfeccionarse, a cineastas, a literatos, en fin, a todo aquel que necesite y solicite acogida. Ahora mismo, en Italia se resisten a enviar a los médicos cubanos que sirven allí de vuelta a su país, porque son excelentes y muy necesarios.
Con la independencia de Puerto Rico y sus luchadores, además de otros cientos de instancias humanitarias, la solidaridad de Cuba se ha desbordado incondicionalmente. Si la autodeterminación e independencia para Puerto Rico gozan de la simpatía y apoyo de decenas de países y cientos de miles de personas en el mundo, se le debe a la firmeza, constancia y solidaridad de Cuba, que ha abierto puertas y foros que están cerrados para territorios y países coloniales como el nuestro. Igualmente, Cuba ha sido un aliado formidable de todas las luchas y reclamos justos de gobiernos y pueblos en nuestra región y otras partes del mundo.
Por eso, decepciona y avergüenza que en esta encrucijada de vida o muerte para el pueblo cubano, líderes de partidos y gobiernos progresistas y de izquierda en nuestros países de América Latina y el Caribe, y de otras partes del mundo, hayan optado por callar ante este criminal bloqueo de petróleo y hacia los atropellos, insultos y amenazas de Donald Trump y otros portavoces del gobierno de Estados Unidos. Igualmente, denunciamos y repudiamos que se intente y permita usar nuestro suelo puertorriqueño, sea Ceiba, Salinas o cualquier otro, para ejercicios y prácticas de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que puedan desembocar en una intervención militar en Cuba.
A las personas de buena conciencia en Puerto Rico, América Latina, el Caribe y demás países, les llegó la hora de denunciar esta embestida brutal del gobierno de Estados Unidos contra el pueblo cubano, cuyo único desafío ha sido edificar un país con un sistema educativo y de salud extraordinarios, a pesar del bloqueo y las sanciones, y jamás renunciar a su soberanía ni a la práctica constante de la solidaridad.