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Encontrado en las REDES- Sinéad O’Connor: cantar contra el enemigo

 

Norge Espinosa Mendoza

La descubrieron en una boda, en la cual cantaba una versión de Evergreen, ese tema de Barbra Streisand. Su carrera, que despuntó con la aparición de The Lion and The Cobra en 1987, iría sin embargo en una dirección lejana a la de esa balada que fue el gran hit del segundo remake de A Star Is Born. Sinéad O’Connor, la joven irlandesa que grabó su primer álbum con solo 19 años y ya embarazada de su primer hijo, para espanto de sus productores, nunca iba a ir en una dirección que no fuera aquella que le dictara su propia fe, su propia rebeldía, su obcecada manera de no hacer concesiones.

Era sin dudas muy hermosa, pero eligió mostrar su cabeza rapada, un modo de confirmarse como guerrera punk. Tenía unos ojos extremadamente dulces, y una voz que como dijo alguien, podía derretir a una piedra. Pero la piedra real era ella, sólida en su modo de renunciar a la idea de una estrella del pop, insistiendo en canciones que hablaban de rebeliones y de una tristeza que eran parte de su afán de independencia. Si el primer disco fue un preludio del éxito, en el que deslumbran ya Mandinka y otros temas más oscuros, como Just Call Me Joe, ahí estaba la imagen bien delineada de su carácter. Cuando graba su propia versión de Nothing Compares 2 U, el tema de Prince, estrenado en 1985 por The Family, pasa a pertenecerle y sería su carta de presentación incluso en épocas en las que ella quiso alejarse de lo que la balada representó en su vida. Fue el single de su segundo disco, I Don’t Want What I Haven’t Got, que salió en 1990 y se hizo número 1 a nivel global. Ya ese título (No quiero lo que no tengo) era una declaración de principios. Y a pesar del éxito apabullante, el álbum cerraba con un tema enteramente a capella, como un desafío al mainstream que aspiraba a sacar millones de esta mujer. Pero ella renunció al Grammy que había ganado, acusando a ese premio de comercialismo, y se preparaba para nuevas batallas.

Las tuvo sin dudas, y algunas con efectos devastadores. Un encuentro con Prince terminó en un altercado físico. Se negó a cantar en New Jersey si antes de su aparición se escucharía el Himno Nacional, lo cual causó protestas e hizo a decir a Frank Sinatra que le patearía el trasero. Pero Nothing Compares… arrasaba desde enero de 1990, y muchos pensaron que acabaría domesticándose. Estaban equivocados.

En 1992 apareció Am I Not Your Girl?, que lejos de lo esperado presentaba un puñado de versiones de standars de jazz, blues y hasta teatro musical: de Black Coffee hasta Don’t Cry For Me, Argentina. Si eso no fue suficiente sorpresa, el 3 de octubre de 1992, O’Connor apareció en Saturday Night Life para promover el álbum (que se vendió mucho menos que el previo). En el ensayo general, entonó como canción final una versión de War, de Bob Marley, y mostró a la cámara la foto de un niño desnutrido. En la transmisión en vivo, alzó sin embargo una fotografía del Papa Juan Pablo II y la rompió en pedazos antes de lanzar su grito de guerra: Fight the real enemy! La audiencia en el estudio se quedó pasmada. Pero los televidentes reaccionaron con ira: más de 4 mil quejas llegaron por vía telefónica. Y la promesa de una carrera triunfal se deshizo ahí, para angustia de managers y agentes de venta.

Pero a Sinéad O’ Connor eso le importaba poco, ella tenía su propia batalla, y parte de ella era ese grito como una protesta ante los abusos y el maltrato infantil que sucedía en la Iglesia Católica: eco de su difícil niñez. Acaso no tuvo una dimensión real de las consecuencias hasta que días más tarde, en Madison Square Garden, el público la abucheo hasta impedirle cantar en un homenaje a Bob Dylan. Su siguiente álbum, Universal Mother, no aparecería hasta 1994, e incluye entre otros temas indudablemente hermosos, su versión de All Apologies, de Kurt Cobain, Red Football, Fire on Babylon y Thank You For Hearing Me. Su voz, cálida, madura, maternal, también podía ir al grito de rabia y fuerza indomable que ni siquiera el rechazo de la industria y los fans que rompieron sus copias de discos anteriores pudieron quebrantar.

Las polémicas continuaron: tuvo otros hijos, se relacionó con hombres y mujeres, se ordenó sacerdote de una iglesia no vinculada a la de Roma, se negó a arrepentirse de aquella noche de 1992 que luego fue parodiada por Madonna y otros nombres del mundo al que ella renunció. Grabó en 1997 su EP Gospel Oak, sacó a la venta el inevitable álbum de grandes éxitos en el mismo año, pero volvió con más impulso en el 2000 cuando presenta Faith & Courage, dos palabras que sin dudas la identifican. El disco tenía puntos sólidos en temas como No Man’s Woman, Jealous, Hold Back The Night, y fue recibido como un «retorno a su mejor forma». Y otra vez, como cierre del álbum, una sorpresa: oírla cantando el Kyrié Eléison. Había sobrevivido a un intento de suicidio en 1999. Acaso ese, en cierto modo, fue su acto de resurrección.

Su música ha estado siempre en mi mp3, o en cualquier reproductora, junto a sus discos físicos, porque al oírla vuelvo en cierto modo a ser el joven que se preguntó quién era esa muchacha desquiciada que bailaba como si no le importase la opinión de nadie en el video de The Emperor’s New Clothes. Luego vino su versión de Prince y no puedo decir cuántas veces la he escuchado. En las buenas y en las malas. En la tristeza y en el desasosiego que también puede ser la felicidad. Alguna vez se habló de una visita a Cuba pero eso nunca se concretó, aunque su hermano, de profesión novelista, sí llegó hasta acá. Seguí sus noticias al tiempo que seguí su música —Sean-Nós Nua, Throw Down Your Arms, Theology, How About I Be Me (And You Be You) y I’m Not Bossy, I’m The Boss completan sus trabajos de estudio. Supe de su conversión al islam, de sus continuos anuncios de intentos de suicidio y de retiro de la música. Pero siempre volvía a ella, o ella volvía a Sinéad. Se necesitaban mutuamente, y en la idea de la música en la que me eduqué, ella estaba ahí como un amor que nadie podía doblegar.

No dejó nunca de ser una guerrera, un alma beligerante, una irlandesa de cuerpo entero, más allá de etiquetas y estereotipos, como demuestran las páginas de su libro de memorias, titulado Rememberings. Prometía un nuevo álbum y una gira para el 2024, y ya eso no sucederá. Hay que volver a sus discos, a sus conciertos y a sus colaboraciones, para mantenerla entre nosotros, los que la amamos por encima del tiempo, el silencio y las modas pasajeras. Quien no la haya oído, que busque además la versión que ella grabó a partir de Sacrifice, para Two Rooms, el disco de 1991 que rinde tributo a Elton John y Bernie Taupin. Su voz y un teclado bastan para demostrar cuán potente era Sinéad O’Connor, y cómo supo siempre hacer de lo que entonaba una prueba de su fe, de su verdad siendo ella misma, del credo que la llevó a cantar persistentemente contra tantos enemigos verdaderos. El tiempo le dio la razón a varias de sus batallas. El futuro, no lo dudo, también de dará la razón en muchas otras. Como una guerrera de ley, seguirá dando pelea con su voz, su mejor arma, aquí, hoy y mañana. Yo la despido como quien dice a un adiós a un amor permanente. A una manera de ser, en su voz, una versión mejor y más radical de nuestras propias existencias.

 

 

Cuentos de Yadira Alvarez Betancourt

 

OLVIDO

Cincuenta años después que la sirena emergiera del mar y se echara a caminar en la tierra por amor, después de enterrar a su amado, se despidió de sus hijas y nietas y regresó a la costa.
Se adentró en las aguas, pero la marejada le expulsó sin piedad hacia la orilla
-Déjame volver -suplicó a las olas rugientes.
El mar ya no recordaba quién era ella.

 

CUÁNTICOS

Cuando empezó el verano y terminé la escuela, volvimos a la vieja finca familiar. Allí alimentamos a un gato negro que nos recibió con alegría. Al día siguiente había dos, y le dimos también algo de comer al nuevo gato.

Pero ya al tercer día había otro, y al cuarto, otro. Y cada día, a lo largo de dos semanas, iban apareciendo nuevos gatos negros.

No teníamos problemas con alimentar a muchos felinos. No era la primera colonia que se instalaba en nuestra finca cuando estaba ocupada. Pero era sumamente extraño que todos fueran negros y tuvieran más o menos la misma edad y tamaño. No había cachorros, ni gatos ancianos. Todos eran perfectas bolas de pelo oscuro, sin una mancha.

Al final los aceptamos y mi mamá los llamaba «Nuestro pequeño rebaño de demonios»

Hasta un día en que lastimé sin querer la pata delantera de uno de ellos. Se había colado en la cocina y lo quemé por accidente.

Curé al pobre felino lo mejor que pude y lo dejé ir. Al atardecer, cuando los llamamos a cenar, todos acudieron cojeando.

ESTALLAR EN LLAMAS

Amina roció el pan del día anterior y lo acercó al fuego. Si fuera fresco sería mejor, pero no había suficiente harina para hacer más y ese tendría que servir. Tampoco quedaba mucho polvo de té, así que le pidió a la vecina unas hojas de menta.

Un desayuno aceptable era lo menos que podía darle a su esposo. Después de todo, aunque el pobre apenas podía caminar, no había dejado el trabajo. Así tendría que ser por un tiempo, porque desde la muerte de su hijo no entraba a casa más dinero del que traía Ahmad y apenas alcanzaba.

La mujer colocó el pan tibio en la mesa al lado del vaso con té humeante: magra forma de empezar el día, pero era más que nada. Limpió y recogió la cocina, mientras observaba como su esposo comía sin quejarse. Solo se escuchaba el sonido del vaso de cristal tintineando contra la mesa, cada vez que lo dejaba. No hablaban, porque el silencio se había convertido en parte de sus vidas. Amina tenía a veces la impresión que ambos habían olvidado sus propias voces.

Luego que Ahmad se marchó, Amina se cubrió el cabello con el pañuelo, tomó la bolsa de la compra y salió de casa. Caminó con lentitud de vieja durante mucho rato, alejándose de su hogar y su barrio hacia el centro de la ciudad por calles desconocidas, cada vez más concurridas. Muchas personas con el rostro cubierto corrían a su alrededor y más de una vez la empujaron, pero ella no se quejó.

Como en sueños llegó a la plaza central y atravesó la multitud que rugía hasta salir a un claro frente a la gente, una especie de tierra de nadie. Al otro lado de ese espacio se agrupaba otra multitud, mucho más organizada, de gente uniformada en azul oscuro.

Amina escuchó a la multitud gritando detrás de ella. “¿Abuela, qué haces, a dónde vas?”, decían. Se detuvo y levantó la cabeza. Frente a ella un muro de soldados la miraba, inmóviles, tan callados como su esposo. Dejó caer la bolsa de la compra, se llevó la mano al pecho y… estalló en llamas.

La gente gritó y retrocedió. El olor y el calor espantaron a los más cercanos, la multitud de manifestantes comenzó a desbandarse. Dos valientes corrieron hacia la mujer que ardía, sin pensar que podía ser una suicida con un chaleco de explosivos. Trataron de ahogar el fuego con sus abrigos, pero no había forma de apagar las llamas. De entre los uniformados salieron dos gendarmes con extintores, venciendo el temor a una explosión secundaria. Sin embargo, solo crearon nubes de nubes de vapor: la abuela desconocida ardió hasta las cenizas, justo en medio de la Plaza, deteniendo la confrontación antes que comenzara.

La prensa lanzó mil teorías, cada cual más absurda; y las investigaciones no llegaron a ninguna conclusión plausible. Amine Boufaha no era una terrorista, no llevaba ningún acelerante o explosivo bajo el hiyab, ni había mostrado nunca ella —ni su familia— el menor interés en la situación política del país.

Su afligido viudo estaba tan confuso como todo el mundo. No había en el hogar del matrimonio nada que sirviera para fabricar una sustancia capaz de combustionar del modo que lo hizo Amina. Aparentemente, ella solo ardió sin razón alguna: espontáneamente y hasta la desintegración total.

Durante meses la gente se preguntó qué había pasado. Aunque el movimiento que había convocado la manifestación trató de apropiarse de la imagen de Amina, lo cierto fue que su recién descubierta mártir no tenía nada qué ver con ellos.

Semanas después, una recién casada ardió con todo y vestido en una fiesta de boda en LA. La imagen de la muchacha quemándose como un ángel de fuego en medio del salón de baile llenó las redes sociales. Grupos fundamentalistas religiosos elevaron protestas sobre la falta de pureza de las novias occidentales. Los especialistas de análisis del clima hablaron sobre la sequía que azotaba California. Los adeptos a las teorías de conspiración se quejaron del peligro de los trajes baratos de novia fabricados con tejidos sintéticos, y realizaron experimentos sobre qué tan inflamables podían llegar a ser.

Las fábricas de alta costura se alarmaron con la perspectiva de una demanda, hicieron sus propias pruebas secretas y luego vendieron sin pudor sus vestidos a los conspiranoicos: un negocio redondo, porque resultó ser que el tejido utilizado era, además de barato, ignífugo.

Dos meses más tarde una joven prostituta de Bangkok estalló en llamas mientras caminaba por la acera concurrida. La gente a su alrededor escapó horrorizada. Sin embargo varios teléfonos se alzaron y grabaron el evento. En Youtube se vieron los intentos fracasados de sofocar la pira humana que permaneció en pie, inmóvil y como sorprendida de arder sin provocación, hasta que se desplomó en una minúscula tormenta de chispas y ceniza.

Con intervalo de una semana o poco más, una matadora horrorizó a la multitud de la plaza de toros de Béjar, volviéndose una pira en medio de la faena. Tres días pasaron y una de las camareras del palacio de Buckingham se incendió de forma espontánea para las cámaras de la BBC, que cubrían un evento oficial. En una isla del Caribe una madre soltó a su hijo en brazos de la cuidadora, caminó unos pasos hacia la salida del jardín y se detuvo confusa, mientras el fuego subía por sus pies, rodeaba sus caderas y tomaba terreno en el resto de su cuerpo mientras otras madres gritaban aterradas y corrían a buscar a sus hijos.

Semanas después las noticias de las mujeres ardiendo sin causa alguna por todo el mundo no se contaban por las jornadas transcurridas, sino por el número de eventos diarios. El Síndrome de La Doncella de Orléans, como lo llamó un periodista americano, muestra de imaginación poética y falta de rigor histórico (que se supiera, ninguna de las mujeres había sido quemada por nadie) se volvió una emergencia mundial.

Ardían mujeres divorciadas y casadas, con hijos, sin hijos, madres, abuelas, mujeres que eran pilares de la comunidad y otras completamente anónimas. Una actriz se quedó súbitamente muda en medio de un parlamento y enseguida lanzó por los ojos una llamarada azul que cubrió su bonita cabeza y se apoderó de todo el cuerpo primoroso, a la vista de los espectadores. Políticas ardían, ardían criadas, médicos, maestras, empresarias. Ardían las felices, las infelices, las indiferentes.

Al cuarto mes empezaron a arder las niñas y al quinto, estalló en llamas la primera mujer transgénero. Y aunque la gente dijo que eso significaba que ardían también los hombres, lo cierto es que ningún hombre que se considerara tal mostró tendencia a volverse combustible.

Durante ese año ardieron no menos de veinte millones de mujeres y niñas. Con fuerza, de modo impredecible y hasta las cenizas. Y hoy, aunque los eventos han disminuido algo, no podemos dejar de observar con temor a las mujeres que nos rodean. Les miramos a los ojos esperando ver dentro de ellos un rescoldo que espera, latente, para estallar. Les tomamos de las manos y al notar demasiado caliente la piel, algunos las sueltan enseguida. Hay quienes las han rechazado y evitan por todos los medios estar cerca de una de ellas. Otros han intentado llenarlas de alegría y calor, quien sabe si así el fuego que arde se calme, se apague definitivamente, y la mujer amada se salve de convertirse en una antorcha. Pero nada lo garantiza: no sabemos cuándo, cómo ni por qué.

Estallan en llamas. Es todo: estallan en llamas. Y eso nos pone ante la dura realidad de que algún día, tal vez no muy lejano, todas hayan ardido.

 

Yadira Albet es una escritora y profesora cubana residente en La Habana. Puedes seguirla en su blog: https://kykubi.home.blog/category/historias-cotidianas/

 

 

Oppenheimer: el arrepentimiento de poner la ciencia a la disposición de los que creen que la guerra y la destrucción resultan en la paz

 

En Rojo

Director y guionista: Christopher Nolan; autores Kai Bird y Martin Sherwin; cinematógrafo: Hoyte Van Hoytema; elenco: Cillian Murphy, Emily Blunt, Robert Downey, Jr., Matt Damon, Florence Pugh, Kenneth Branagh, Tom Conti, Matthias Schweighöfer, Louise Lombard, Josh Hartnett, Dylan Arnold, Emma Dumont, Jefferson Hall, James D’Arcy, Britt Kyle, Rami Malek, Casey Affleck, Gary Oldman, Mathew Modine)

El ser humano—ayudado por todos los medios audiovisuales y ahora las redes sociales—tiene la capacidad de borrar de su memoria a personas e incidentes que no están bien definidos. Esto por supuesto, le ofrece la capacidad de imaginar, añadir y borrar lo indeseable e incómodo. ¿Qué hacer con las personas asociadas a la bomba atómica que lanzó EEUU bajo la presidencia y orden de Harry S. Truman (sucesor accidentado de Franklin Delano Roosevelt)? ¿Qué hacer con los que insisten en reproducir las fotos de la destrucción de Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y de Nagasaki, tres días después? Desprestigiarlos, acusarlos de traidores y violadores de la seguridad nacional, y no prestar atención a los avisos del daño que la ciencia, bajo el monstruo de la fuerza militar, puede hacer a corto y largo plazo. Esta es la historia que nos narra Christopher Nolan (Memento, Insomnia, Batman Begins, The Dark Knight, The Dark Knight Rises, Dunkirk) a través del personaje de Julius Robert Oppenheimer, nacido en New York en 1904, educado en las mejores universidades (Harvard, Cambridge, Göttingen) y centros de investigación europeas, reconocido por las mentes científicas más ilustres (como Einstein, Max Born, Niels Bohr, Werner Heisenberg), profesor de física en Berkeley y CalTec y organizador del “Manhattan Project” en Los Alamos en el desierto de New Mexico. Aunque la tendencia a celebrar una persona única como autor/inventor es la costumbre, todo—especialmente en las ciencias y matemáticas—se descubre y desarrolla intercambiando conocimiento. Desde el principio, Oppenheimer desarrolla sus teorías en conjunto y la discusión de cada una con colegas y estudiantes resulta en el desarrollo de esas ideas y su implementación. Esa es la base de ese temible invento de la bomba atómica.

Este filme tiene la dirección magistral de Nolan que utiliza cámaras de múltiples ángulos, acercamientos y distancia, en blanco y negro, en oscuridades con espacios de luz, interiores con movimiento o estáticos y el efecto luminario y de energía dirigida de la prueba atómica en el desierto. Sentimos la inseguridad de Oppenheimer de descubrir fórmulas, probarlas una y otra vez, creer tenerlo todo para la prueba final y una vez que lo consigue, temer la creación de un arma que puede exterminar la misma humanidad que lo creó. Sin duda, el trabajo teórico y mecánico ha sido un éxito, pero ¿qué hacer para que solamente se use su conocimiento como prevención y nunca como arma de destrucción de lo que los militares y políticos consideran “enemigos”? Por eso—al igual que el libro que sirve de contenido para el filme, American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer (2005) de Martin J. Sherwin y Kai Bird—su historia se presenta en tres etapas públicas que marcaron la vida de este extraordinario físico.

Oppenheimer, de 45 años y ya inmerso en la fama de haber dirigido el proyecto científico más importante del siglo, intenta leer su presentación al General Advisory Committee en 1949 para que entiendan su posición, su deseo de seguir siendo parte de la comunidad científica que asesora al gobierno y el control interno y externo del uso de la ciencia para una competencia armamentista. Esta primera vista pública se nutre de escenas pequeñas y rápidas de sus años como estudiante universitario en Cambridge y sus asociaciones con otros científicos en Inglaterra y Alemania y luego sus vínculos con profesores y estudiantes en la Universidad de California en Berkeley y en el California Institute of Technology. La segunda etapa pública es en la vista en el Congreso de los EEUU en 1959 para el nombramiento de Lewis Strauss como secretario de comercio de la administración de Eisenhower. Aquí las preguntas giran alrededor de la estadía de Oppenheimer en el Institute of Advanced Study en Princeton, New Jersey en 1947. En retrospección, los intercambios entre Strauss y Oppenheimer son muy parcos y distantes ya que Oppenheimer no considera a Strauss parte de la comunidad científica. Puede fácilmente saludar y hablar con Albert Einstein, aunque sea de otra generación, pero con Strauss, no tiene nada en común. La arrogancia de los grupos científicos que los convierte en un club cerrado, los aparta muchas veces de la realidad del aparato político que los rodea y, a veces, los silencia. Piensen tan solo en las guerras mediáticas de la presidencia de Trump y el Centers for Disease Control and Prevention (CDC) y World Health Organization (WHO).

La tercera etapa pública y la más devastadora es la vista/juicio de 1954 que organiza el Atomic Energy Commission (AEC) contra Oppenheimer para sancionarlo por sus enlaces con grupos comunistas (la obsesión del senador Joseph McCarthy y J. Edgar Hoover desde su imperio del F.B.I.). Sacan a relucir su apoyo a la República en la guerra civil española (1936-39), el hecho de que el primer marido de su esposa, Kitty, fue parte de las Brigadas de Voluntarios y que muere en suelo español, su solidaridad con las manifestaciones y sindicatos en la década de 1930, su relación cercana con amigos y su hermano, Frank, y cuñada, Jackie, que eran miembros del Partido Comunista. Utilizaron rumores, desaciertos de los que cuestionaban el trabajo intensivo y perfeccionista de Oppenheimer, documentos y grabaciones obtenidas ilegalmente y le negaron a su abogado revisar la supuesta evidencia para montar su defensa. Como resultado, con una votación de 2 a 1, fue expulsado de la comisión e invalidado su acceso a la seguridad del estado. Para el público que no sabía cómo los hechos se habían manipulado, consideraron a Oppenheimer como sospechoso de traición y su celebración como héroe quedó en el olvido al ya no ser parte del foro público.

Estas intervenciones públicas son los bordes del Manhattan Project que comenzó en 1942 y terminó dos años y medio después con la fabricación y ensayo Trinity de la bomba atómica el 16 de julio de 1945. La fabricación de este lugar, la reunión de las mentes científicas más brillantes del momento, la posibilidad de tener todo a su alcance sin límite de fondos es el presente del filme donde lxs espectadxres son testigos de todo el proceso hasta llegar a su culminación. De ahí en adelante, el aparato militar y la presidencia se hacen cargo del producto para, según ellos, poner fin a la guerra del Pacífico con la explosión de dos bombas atómicas en Hiroshima (246,000 muertos) y Nagasaki (40,000 muertos) y miles más con heridas, quemaduras y enfermedades inimaginables hasta entonces. Esto después de en abril haber bombardeado una y otra vez a Tokio con napalm. Oppenheimer no incluye el resultado del éxito de Trinity como nueva arma de destrucción, ya que el físico manifiesta su objeción a su utilización como arma secreta y al desarrollo de la bomba de hidrógeno, conocida como “la Súper”.

Nolan utiliza la cámara, los juegos intercambiables de negro y blanco y colores, los oscuros, las sombras y los esplendores para revelar la interioridad de Oppenheimer. Cillian Murphy, con sus ojos claros y profundos y una delgadez que casi lo hace esfumarse después de Trinity, nos aleja y a la vez conmueve al no poder comunicar sus verdaderos sentimientos hacia los que le rodean. Esto lo refleja en sus silencios, pausas, seriedad y su imposibilidad de asimilar que personas—sean científicos, o políticos o militares—no están entregados al proyecto, tienen otra agenda y que la verdad se distorsiona según la conveniencia del individuo. Ejemplos de esto es la “inquisición” de 1954 y la breve conversación con el presidente Truman donde la incomprensión se manifiesta en los ángulos de la cámara dentro y fuera de la oficina presidencial. Después de este repudio, Oppenheimer parece esfumarse entre sombras. Por otro lado, Robert Downey, Jr., como Lewis Strauss, es el antagonista clásico, pero sin confrontaciones y sí con extrema manipulación tras bastidores.

Este filme ha suscitado a la lectura de libros y ensayos sobre el proyecto de la bomba atómica. Todas las reseñas reviven los años de la guerra europea, cuando casi había la certeza que los Nazis muy pronto pudieran tener la capacidad de construirla y la del Pacífico con su cruel e inhumano bombardeo de poblaciones civiles. Y, en todas, la pregunta sigue sin contestación: ¿era posible terminar la guerra sin usar la bomba atómica? Pero, en Oppenheimer la pregunta es siempre ¿por qué los avances científicos tienen que ser apropiados por la maquinaria militar-política para usar en contra de la humanidad en vez de para su mejoramiento? Les refiero a las reseñas de Oppenheimer del New York Times (Manohla Dargis, July 19), rogerebert.com (Matt Zoller Seitz, July 19), “The Interpreter” (Amanda Taub, July 28), Slate (Fred Kaplan, July 20) y, especialmente, al excelente documental de 1980 The Day After Trinity de Jon Else con entrevistas de primera de los participantes del proyecto y del hermano de J. Robert, Frank Oppenheimer, que pueden ver sin subscripción hasta agosto en The Criterion Channel.

 

 

Crucigrama- Piñera Llera, Virgilio

Especial para En Rojo

Horizontales

2. _____ caja de zapatos vacía; (1986) pieza de teatro de Piñera.

5. Alimento cotidiano.

9. _____ Piñera Llera; poeta, escritor y dramaturgo cubano. Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Premio Casa de las Américas en el género teatro por «Dos viejos pánicos».

11. Francisco _____ y Margall; político, ensayista e historiador español. Presidente del Poder Ejecutivo de la Primera República.

12. _____ Lydia Vega; escritora puertorriqueña.

13. Apocado, timorato.

14. Segunda nota musical.

15. El país _____ arte; (1947) ensayo de Piñera. publicado en la revista Orígenes.

17. Utilicé.

19. Abreviatura de la expresión en francés: «répondez s’il vous plaît», lit. ‘responda por favor’.

20. Orilla de la calle ligeramente elevada.

22. Natural de la Galia.

25. Causarías fastidio o enfado.

26. Presiones y _____; (1967) novela de Piñera.

31. Elevé la bandera en el asta.

32. Anillo.

33. Pequeñas _____; (1963) novela de Piñera.

34. Aire _____; (1959) obra teatral de Piñera.

35. Tesis del gabinete _____; (1945) poema de Piñera.

37. Louis _____; químico, físico,​ matemático​ y bacteriólogo francés.

43. Oculta, encubre.

44. Poesía _____ prosa; (1944) libro de poemas y cuentos de Piñera.

45. 18 de _____ de 1979; fallecimiento de Piñera en La Habana. Autor de «El señor ministro», «La carne de René» y «Cuentos fríos».

46. El flaco _____ el gordo; (1959) obra teatral de Piñera.

Verticales

1. El _____ ministro; (1947) cuento de Piñera publicado en Anales de Buenos Aires.

2. Parecido a la uva.

3. Joaquín _____ Castellanos; compositor, pianista y musicólogo cubano.

4. Una de las tres provincias de la Región del Biobío en Chile.

5. Virgilio _____ Llera; el Estado cubano creó en su honra, un premio de teatro a su nombre. Autor de «Electra Garrigó», «Aire frío», «Tesis del gabinete azul», «El no» y «La isla en peso».

6. Interjección usada para responder al teléfono.

7. Nena.

8. Dos _____ pánicos; obra de teatro de Piñera premiada en Cuba por Casa de las Américas.

10. En ajedrez, enroque corto.

11. Símbolo del praseodimio.

15. Quinientos cinco en números romanos.

16. Membrana que cubre los ventrículos del cerebro y el conducto central de la médula espinal.

18. Personaje bíblico, hijo de Noé.

20. Del verbo atraer.

21. Gastar del todo, consumir.

22. Que está impregnada de grasa.

23. Una de las especies de perezosos de la cuenca del Orinoco y del Amazonas.

24. _____ boda; (1958) obra de teatro de Piñera.

27. _____; ciudad y río del centro sur del Perú.

28. 4 de _____ de 1912; nacimiento de Piñera en la ciudad de Cárdenas, Matanzas.

29. Época.

30. El _____; (1994) obra teatral de Piñera.

34. Cuentos _____; (1956) libro de Piñera.

36. Virgilio Piñera _____; autor de «Pequeñas maniobras», «Presiones y diamantes», «Una caja de zapatos vacía», «Poesía y prosa» y «El flaco y el gordo».

37. La isla en _____; (1943) poemario de Piñera.

38. Campeón.

39. Símbolo del escandio.

40. _____ estos páramos; (1945) poema de Piñera.

41. Usted, abrev.

42. La carne de _____; (1952) novela de Piñera.

Muere Liliane Pierre-Paul, símbolo del periodismo en Haití

Ayer mientras en Puerto Rico comenzamos a celebrar la Semana del la Prensa en Haiti murió de un infarto la periodista haitiana Liliane Pierre- Pau. Liliane visitó Puerto Rico varias veces y CLARIDAD tuvo la oportunidad de compartir con esta mujer comprometida con la verdad y la justicia para su País. Liliane representa lo mejor  de nuestra profesión.

¡HASTA LA VICTORIA!

Reproducimos  la nota de de Prensa Latina.

Puerto Príncipe, 31 jul – La célebre periodista y decana de la prensa de Haití, Liliane Pierre-Paul, falleció hoy de un ataque cardíaco cuando se dirigía a la emisora, confirmaron familiares y colegas.

Pierre-Paul dirigía la programación de Radio Kiskeya y presentaba desde 1996 el mítico programa Jounal 4è (Periódico de las 4).

“Liliane era un icono, una voz comprometida, una gran figura de la prensa, una de las más famosas y populares del país”, escribió en redes sociales el primer ministro Ariel Henry quien envió condolencias a sus familiares y amigos.

Por su parte, el Ministerio de Comunicación y Cultura destacó su compromiso con la prensa y con la libertad de expresión.

En la década de 1980 Pierre-Paul ganó notoriedad por ser una de las críticas más abiertas al régimen de Jean Claude Duvalier. Por sus reportajes, se le restringió el movimiento y la entrada a edificios gubernamentales, además que fue encarcelada y torturada por sus opiniones contra el régimen dictatorial.

Estuvo exiliada seis años en Venezuela y Curazao donde también recibió amenazas de muerte y sus familiares fueron arrestados. A su regreso pasó a la clandestinidad tras el golpe militar que derrocó al presidente Jean Bertrand Aristide.

Pierre-Paul recibió el Premio al Valor en el Periodismo en 1990 de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios, así como la distinción Roc Cadet de S.O.S Libertad en 2014.

“Su compromiso con la causa de la democracia, de la libertad de prensa, de la emancipación de las mujeres, del respeto a la identidad cultural de Haití es legendaria”, señaló el periodista Roberson Alphonse.

La describió como una madre para muchos periodistas y de convertir Radio Kiskeya en una escuela.