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¡Rugirán las Tigresas!

Tomada de FB

 

Las Justas no lucen complicadas en féminas. Habrá instituciones que recogerán algunos puntos, pero nada como para festejar.

La Central de Bayamón presenta a Jankelis Rodríguez como su carta de triunfo en el salto de longitud. Fuera de ahí, no hay mucho más. Sus compueblanas Vaqueras tienen un dúo impresionante con Carla Rosado y Esther Santana en los 800 m. Ambas deben subir al podio y hasta copar la carrera. Picarán en otros eventos, pero nada del otro mundo.

Por su parte, las pontificias Pioneras cifran sus mayores esperanzas en Yahaira y Janelis González en el salto con pértiga. Este dúo debe llevar unos 15 pts. a la causa.

Las Jerezanas riopedrenses tienen posibilidades con la dupla de Claudia Fernández y Andrea Oliveras en el salto triple. Yereika Cruz, en 800 mts., y Dayanelis Rodríguez en 400 m,  deben figurar entre las primeras, así como Naomi García en la marcha. No tienen mucho más las rojiblancas.

En Mayagüez, las Juanas se lo juegan casi todo con Stephanie Rosario y Yanelis Torres en el martillo. Deben figurar en el evento, pero… sucio difícil derrotar a la tigresa Nery Schizas.

¡Ahora llegamos a la hora de la verdad!

Taínas y Tigresas tienen mucha pólvora y seguirán con su dominio. Ambos equipos lucen sólidos y con bastante profundidad. De esto es que se trata si se quiere retar o ganar una justa: de recoger buena cantidad de puntos en el mayor número de eventos posible.

Las Taínas tienen algunas debilidades en eventos como los 800 y 1500 m. Su mayor fortaleza es en el lanzamiento del disco, en el que Michelle y Andrea Santiago deben llevar 18 pts. Van igualmente cómodas con Natasha Texidor en la bala, además de Diana Soler en la jabalina. Su relevo 4 x 100, luce favorito, al igual que Jomarie Carmona en los 100 m con valla.

¡A pesar de todo lo mencionado, no veo a las Taínas con la potencia suficiente como para imponerse a las Tigresas de la Inter! Estas últimas lucen imponentes. Acumularán buena cantidad de puntos desde el primer evento, con Nery Schizas revalidando en el martillo. Ninoshka Rosa y Anabel Ramírez deben ser 1 y 2 en el salto alto. Pueden ganar alrededor de 11 eventos, más de la mitad de las pruebas y se deben despedir ganando el 4 x 400. ¡Luce aplanadora esta maquinaria de la Interamericana!

Puntuación final aproximada:

Inter 255, AGM 198, UPR 104, CAAM 96, Católica 73, UPRB 32, Sagrado y UCB 14 c/u, Caribbean 9, Ponce 7 Carolina, Politécnica y Arecibo 6 c/u, Humacao 3 y Aguadilla 1.

¡Nos vemos en Mayagüez del 27 al 29 de abril y en el Festival de Claridad del 4 al 7 de mayo!

Análisis para las Justas

 

Especial para CLARIDAD

Dedicado al hermano Elliott Castro Tirado. No había evento que disfrutara más que este Festival Deportivo LAI.

 

¡Luchado hasta el final en varones!

Como es de costumbre, las Justas presentan equipos cuya participación y puntuación debe ser mínima y casi simbólica. Este año no es la excepción.

La Católica, UPR Bayamón y Caribbean University tienen algunos eventos en los que se pondrán en pizarra, pero me sorprendería si alguno acumula más de 50 puntos.

Aunque la UPR tiene algo más que los previamente analizados, tampoco es como para hacer mucha algarabía. Increíble, que en los eventos de 100 a 1500 m puedan coger chiva. La historia no mejora mucho en las carreras de fondo. Estos Gallitos del 2023 lucen heridos y sin mucho pico ni espuelas. ¡Triste realidad!

Por su parte, el Colegio mantiene su consistencia y debe rondar los 150 puntos. La combinación de Diego González y Pedro Rivas en 100 m. es sólida. Igualmente, Edgardo López en entry con Ángel Ruiz en 110 m con vallas. No me extrañaría que reten y se impongan al favorito, Andy Preciado, de la Inter. Este dueto puede copar el evento si no confrontan problemas en las vallas. Ambos relevos lucen bien y ahí podrían conseguir alrededor de 16 puntos.

Los Tarzanes han mejorado, pero no lo suficiente como para desplazar a Taínos y Tigres, que han venido repartiéndose el bacalao desde 2010. ¡Tampoco este año será la excepción! Estas son dos maquinarias bien aceitadas que harán a sus seguidores comerse las uñas de principio a fin.

Los Taínos tienen alguna vulnerabilidad en los eventos de fondo, que son precisamente parte de la fortaleza de la Interamericana. En esas careras de 5000 y 10,000 m puede haber una diferencia de 30 puntos a favor de la Inter.

Los Tigres, por su parte, tienen su punto más débil en los 100 y 200 m. En esos dos eventos los Tainos pueden sacarles ventaja de 25 pts. ¡Así de reñida lucen estas justas 2023!

Los Taínos presentan los dúos de Gabriel Comba y Jonathan López en la pértiga y el de José Figueroa con Adrián Canales en los 200 m. ¡Ahí puede haber dos copos! Sus dos relevos deben salir como favoritos y no sería una sorpresa que estos Tainos ganen alrededor de 10 eventos. El problema de estos últimos es la profundidad y solidez de la Inter en prácticamente todos los eventos.  Estos deben imponerse desde que abran el gate, con Elías Pagan en el martillo.

Héctor Pagan es el rey en los eventos de fondo. Debe ganar los 1500, 5000 y 10,000 m, carrera en la que debe dejar atrás la marca de Héctor Papo Díaz en 1982.

El polifacético Andy Preciado sigue siendo carta de triunfo en las aspiraciones de estos campeones del 2022, que entiendo deben revalidar en este 2023.

Cruzando todos los dedos, me voy con la Inter como favoritos, aunque cualquier resbalón que tengan puede virar la tortilla a favor de los Tainos.

Puntuación final aproximada Inter 242, AGM 219, CAAM 150, UPR 55, Caribbean 43, Bayamón 38, Católica 28, Carolina 12, Ponce 7, Politécnica 6, Aguadilla 5, Utuado y Cayey 4 c/u, Humacao 3, Arecibo1.

Orientación para las Justas

 

Especial para CLARIDAD

La liga Atlética Interuniversitaria, como de costumbre, estará celebrando su magno Festival Deportivo una vez más en la ciudad señorial de Ponce, cuyo evento cumbre son las tradicionales Justas de Atletismo. Este año tiene un significado especial, pues se celebrará por todo lo alto el nonagésimo aniversario de la L.A.I. Fue en 1929 cuando el profesor Cosme Beitia Salano, entonces Director Atlético de la U.P.R., convocó a los profesores José D. Morales y Luis A. Izquierdo, del CAAM,  junto a Charles Leker, del Instituto Politécnico de San Germán, para crear lo que hoy se conoce como la L.A.I.

Siempre guardo gratos y bonitos momento vividos junto al inolvidable compañero y hermano Elliott Castro. Hoy, al igual que en las justas del pasado año, le echaré de menos ¡No había evento que Elliott disfrutara más que las Justas. Sé que su espíritu una vez más estará acompañándonos en la mesa de transmisión.

Regresan las Tigresas

La rama femenina presenta un panorama en el que se perfila un triunfo sólido de las Tigresas de la Interamericana, quienes lucen realmente imponentes.

Repasemos lo que pueda presentar cada equipo y sus atletas:

UPR de Bayamón cifra todas sus esperanzas en Valeria Matos en el evento de la Jabalina; habrá uno que otro puntaje, pero nada significativo. Idéntica situación con las Búhas de Humacao y Erika Serrano en los 100 m vallas. Otras, como Ana G. Méndez, Carolina, la Católica y la UPR de Cayey estarán recibiendo puntos y en algunos eventos subirán al podio, pero sin muchas aspiraciones.

Las Jerezanas de la UPR, tienen opciones reales de oro, con Rachel de Orbeta en marcha y Ariana Maldonado en salto alto. El entry de Viviana Quintana y Valeria Matos puede copar oro y plata en la pértiga y con ellas cuatro deben recibir unos treinta y ocho puntos. Picarán en otros eventos, pero nada significativo.

Por su parte, Ana G. Méndez Cupey buscará oro y plata en el lanzamiento del disco con el dueto  de Taisha Ortiz y Lisuanet Rivera. La propia Taisha tiene opciones de ganar bala, al igual que Fraishlan Luna abriendo las hostilidades en el lanzamiento del martillo. Candy Toche debe revalidar oro en triple salto y su relevo 4 x 100 luce con opciones. Su mayor debilidad es que se pueden ir en chiva en siete u ocho eventos y habrá otros en los que recogerán muy poco.

Las Taínas de Gurabo van sólidas con su estelar Asaine Hall en 100, 200 y 400 m. Otra posible doble ganadora es Keysha Dumeng en 400 vallas y 800 m. Franshelly Rodríguez y Geraldine Wiliams debe de recoger unos 14 puntos en el martillo, y el relevo 4 x 400 puede cerrar la noche con oro. Deben estar en  medallero en otros eventos, pero sin muchas pretensiones.

En tanto, las Juanas del Colegio siguen mejorando y presentan atletas con reales oportunidades, como el dúo de Paola Ramos y Alissa Alejandro en los eventos de fondo, igualmente su relevo 4 x 100 las puede poner a gozar abriendo la tarde.

Quienes lucen realmente imponentes y favoritas lógicas son las Tigresas de la Interamericana. Un equipo completo con solidez en prácticamente todos los eventos. De eso se trata cuando se tienen aspiraciones al título. Tienen atletas como el dúo de Soé Maldonado y Carolina Lozano como figuras estelares en los 1,500 a 10,000 m., incluidos los 3,000 con obstáculos. En esos eventos debe haber unos 65 puntos.

Aries Sánchez debe revalidar en salto largo y pelear en 100 y 200 m. La Interamericana recibirá buena dosis de puntos en prácticamente todas las pruebas. Si hubiese que describirlas en una palabra sería ¡PROFUNDIDAD! Las Tigresas tienen de sobra, y en términos hípicos, son una línea.

Puntuación final aproximada: UI  204, CAAM  130, Gurabo  124, Cupey  110, UPR 75, Carolina 52,  Católica  42, Bayamón  29, Humacao  24, Cayey  21, UCB  3, USC  2, American, Ponce y Arecibo  1.

Taínos y Tigres hasta el final

Una vez más, los Taínos de Gurabo y los Tigres de la Interamericana deben protagonizar un gran duelo por la supremacía. Han sido los dos equipos de mayor fortaleza por muchos años y entre ellos siempre se han repartido el bacalao, por lo que este año no será la excepción.

Veamos qué presenta cada equipo y sus atletas con posibilidades

Cayey tiene sus esperanzas en Christian Colón en los 10,000 m, pero de ahí no deben pasar. Por su parte, Ana G. Méndez Carolina tiene su carta de presentación con Alejandro Cox en el salto largo. Deben de recoger algo en otros eventos, pero nada que deslumbre. Irse en blanco en unos 12 a 13 eventos es posible.

Los Pioneros católicos dependerán de Luis Martínez en la pértiga y de Edinson Luna, que debe revalidar en salto triple. Cuadro similar al de Carolina, cogiendo chiva alrededor de diez eventos.

Por su parte, los Gallitos rojiblancos van sólidos en la marcha. Con el dueto de Luis Espada y Jan Moreau pueden entrar en el podio en alguno que otro evento. Al igual que Carolina y la Católica, son muy débiles en alrededor de una decena de eventos.

Cupey dependerá de lo que logren Nahir Pinto y José González en 5,000 y 10,000 m. Además, Yohan Chaverra buscará repetir oro en 110 con vallas, cuadro parecido a los anteriores, con mucha vulnerabilidad en buen número de eventos.

Los Tarzanes colegiales estarán acumulando puntos en gran cantidad de pruebas, aunque sin la fuerza y profundidad que presentan los Taínos y Tigres. Félix Torres en la jabalina es su principal opción a oro. Debilidad en 100 y 200 m, así como en distancias largas y saltos horizontales, entre otros, los coloca fuera de contienda.

¡Ahora es que el gas pela!

Tigres y Taínos son los equipos completos, profundos, sólidos, con mucha pujanza y fuerza. La Interamericana tiene como protagonistas a Edilberto González, buscando repetir en el disco, a Albert Crespo en la bala y a Joshua Medina en salto alto. Estos deben de igualmente llevarse oro. Otro que puede repetir es Alexis Ojeda en los 400 m. El  dúo de Raymond Urbino y Ricardo Feliciano deben posicionarse bien en 100 y 200. Pueden abrir el sábado ganando el 4 x 100 y cerrar la jornada imponiéndose en el 4 x 400.

Los Taínos de Gurabo lucen igualmente poderosos y, prácticamente, sin debilidades. Deben de abrir ganando el martillo con José Camacho. El entry Richard Torres y Diemmys Ríos busca copar los 400 m con vallas. Otros que igualmente pueden ganar sus respectivos eventos son Kevin Nogueras en 3,000 con obstáculos, hilando fino ante el Tigre Samuel Morales. El dueto de Adrián Agosto y Christopher Wright darán una buena dosis en los 100 y 200 m.

El cheche de la película es Ryan Sánchez, sin duda el atleta de mayor nivel en las Justas.

En 800 m debe tener oposición únicamente contra el cronómetro; mejorar su marca de 1:46.06 en 2018 está a su alcance. Viene de correr 1:14.52 en 600 m, lo que comprueba la excelente condición por la que atraviesa.

Si hay una línea en las Justas es Ryan Sánchez en 800 m, quien unos 90 minutos más tarde debe doblar en 1,500 m. En final de película, cruzo todos los dedos y me voy de forma apretada con los Taínos, cualquier resbalón por mínimo que sea puede cambiar el resultado.

Puntuación final aproximada: Gurabo  214, Interamericana  206, Cupey  95, Colegio  94, UPR  64, Carolina  43,  Cayey  13,  UCB  10, Caribbean  9, Humacao  8, Arecibo  6 y Politécnica  5.

 

La “unidad submarina” del concierto Poblado de Alegría Rampante

Foto cortesía de Ryan Pérez Hicks

 

 

Especial para En Rojo

Una sensación de irrealidad me ha tomado por sorpresa cuando pienso en los movimientos medusarios de las coristas y los atuendos con fragmentos de espejo, sombreros y máscaras de los distintos personajes musicales encarnados por Eduardo Alegría, su agrupación e invitades en el concierto Poblado, celebrado el 15 de octubre de 2022 en el patio interior del Taller Comunidad La Goyco en Santurce. Era un ambiente, un concierto, diferente a cualquier otro. Nos zambullimos en una aventura magnífica, anfibia, con caretas de buceo, chalecos de construcción, relámpagos, imperdibles y pelucas, preparades lo mismo para el fondo del océano que para una trinchera.

En la víspera del concierto, conversé con Eduardo sobre el concepto detrás de la propuesta. “Es un concierto para la gente, para la comunidad solidaria que siempre me apoya”, me comentó. Poblado por la crema y nata de la escena indie de rock puertorriqueño, el concierto se sintió también como un homenaje a los afectos, influencias y convivencias que hacen posible la existencia y persistencia de dicha escena, cuya “unidad”, en las famosas palabras de Kamau Brathwaite, “es submarina”. A la vez, el evento supuso reflexionar sobre los esfuerzos salvajes (tanto metafóricos como literales) que implica moverse en comunidad y desde otra sintonía.

En el imaginario de Eduardo, “la otra música puertorriqueña”, como ha descrito a aquella que no sigue las pautas de la música comercial y que no se escucha con la misma frecuencia que el reggaetón y el pop en las emisoras de radio, es la historia no documentada de su propia genealogía. Como cada canción del álbum recibe “la visita” de una voz que puebla la música, cada una es, según reflejan las fotos de Uziel Orlandi Alegría que acompañan el proyecto, su propio universo, su propio cuerpo soberano.

Al concierto llegamos temprano porque sabíamos que era limitado el cupo y libre de costo. En la fila frente a La Goyco, edificación centenaria que hoy es un bastión de creación y resistencia de la comunidad en la calle Loíza, se podía apreciar la diversidad generacional de la fanaticada. Dentro se respiraba la atmósfera de las fiestas navideñas, aunque era octubre.

El concierto comenzó con la última canción del álbum, “Este cuarto crece”, en la que se escucharon frases de Eduardo como “¡Viva la Revolución!” con un lenguaje –como sucede en muchas de sus letras– a la vez sensual y paródico. Eduardo es consciente de cuánto les artistas podemos defender la libertad en el arte, algo que él reconoce haber aprendido de sus maestras. La idea de revolución percola entre las canciones del pueblo imaginado por Alegría Rampante.

Después nos adentramos en “Un soldado”, canción que cuenta la historia de un personaje enfrentando la invasión de terroristas en paracaídas. En este escenario, lo bélico es una simulación (¿seamulación?). Eduardo, quien contó con la colaboración de María de Azúa como vestuarista, llevaba un pantalón de camuflaje agarrado por imperdibles encima de otro pantalón. En su rostro, tenía un relámpago/grieta a lo David Bowie.

Enseguida comenzó una de las canciones que mejor caracteriza la estética del disco. En “Matorral”, Eduardo nos canta –junto a las coristas buceadoras, las Jorobettes, Marilí Pizarro y Génesis Dávila– del matorral como la escena de les artistas independientes. Justo después, se escuchó la intro en piano de la canción “Echarle sal” de Andrea Cruz como bienvenida a la canción “Sajorí”, en la que Cruz colabora como invitada. Esta estructura de bisagra musical entre lo propio y lo ajeno, salpicada con anécdotas de les pobladorxs, continuó a lo largo del concierto.

Luego vino la canción “Jirafa”, con Fofe Abreu. El tema aborda la dislocación a veces hostil de fragmentos físicos, los cuerpos que se transforman en contra de su voluntad, como sucedió con los de Fofe y Eduardo, según contaron. “¡Cualquiera se cansa!” de tener que negociar un cuerpo accidentado y transformado por los embates del tiempo. Los fragmentos (cintura, rodillas) devienen jirafa, mientras quien encarna el cuerpo sopesa sus opciones: “niégalo”, “asúmelo”…

El hablante de las canciones de Eduardo con frecuencia inventa palabras para dar cuenta del esfuerzo submarino que supone mover el cuerpo artístico en el Caribe. Un ejemplo paradigmático es la íntima “Por ahora camino solo”, interpretada junto a Chango Menas, en la que el sujeto se describe como “Atonelado, como un cráter en el fondo del mar”. Luego, se interpretó “El hombre del mundo”, original de Menas.

En este punto, el concierto se convirtió en un recuento histórico, con canciones como “La emergencia”, “Farifo” y “El recipiente”, interpretadas con arreglos diferentes a los originales. La intervención de la marioneta Manateesha (la hablante manatí) en la última de dichas canciones evoca, en palabras de Eduardo, la transformación constante, “la naturaleza queer de las cosas”.

A continuación, se interpretó un set con la banda completa, compuesta por Nitayno Arayoan, William Jorell Roman, Christian Santiago Fuentes, Juan Antonio Arroyo y el tecladista invitado Jorge (Bebo) Rivera. Luego de tocar “Ejnúa”, performearon “La ruta larga”, pieza en la que colabora Mima, quien en el concierto apareció con un atuendo arlequinesco. A esa intervención onírica y algo lúgubre, le siguió el arreglo del clásico de Mima, “Santo camino furtivo”.

Entonces llegó uno de los momentos más esperados del concierto: el tema “Todo en su sitio”, el más rockero del álbum, “hecho”, como dijo Eduardo, “para Macha Colón”. Si bien la cantidad de estímulos sensoriales desbordaba el escenario, todos quedaron reunidos en un mismo cuerpo archipielágico, un “Tanquecito de amor”, como dice la canción de Macha Colón y los Okapi con la que concluyó la interpretación [*].

Cuando pensábamos que ya lo habíamos visto todo, subió al escenario una fanática de Joroba de Pelo (antípoda de la conocida banda de pop rock Jarabe de palo), proyecto reciente en el que Eduardo añadió, según dijo, todo lo que no formaba estrictamente parte del concepto de Poblado. Joroba de Pelo encarna realidades alternas. Por ejemplo, en el concierto en Bellas Artes de Santurce en mayo de 2022, Joroba de Pelo saludó desde el Centro de Bellas Artes Pedro Albizu Campos de la Sala de conciertos Lolita Lebrón, proponiendo un universo paralelo en el que somos un país soberano. Así, cantando desde un proyecto de país inventado, se cerró el círculo náutico de Poblado.

Lo que pasó en La Goyco el 15 de octubre del año pasado fue una de las experiencias más transdisciplinarias, experimentales y gozosas que he vivido como audiencia involucrada. Pero también fue, sobre todo, un acto de amor. La banda ofreció casi tres horas de fabulosidad submarina, llena de estímulos, sonidos y texturas en desafío a las convenciones musicales. Eduardo Alegría, “con la tea en la mano”, dio cátedra sobre su capacidad de encarnar la poética transdisciplinaria, la “unidad submarina” y caribeña de historia, música, teatro, danza y performance. Nuestra inmersión en el matorral costero, submarino y navegable –muy en su sitio– de “la otra música puertorriqueña” fue total.

 

Nota:
[*] Utilizo este concepto en el sentido que le da Beatriz Llenín Figueroa en Affect, Archive, Archipelago: Puerto Rico’s Sovereign Caribbean Lives (Rowman & Littlefield, 2022).

La humanidad que nace unos segundos antes de la explosión: How to Blow Up a Pipeline

 

Especial para En Rojo

 

En una entrevista para Oscars.org, Daniel Goldhaber menciona algunas películas que ejercieron una influencia directa en su más reciente obra, How to Blow Up a Pipeline (2023). Goldhaber afirma que Ocean’s Eleven (dir. Steven Soderbergh, EEUU, 2001) es una de sus influencias por como un grupo de ladrones planifica y ejecuta un complicado robo. El director también incluye The Battle of Algiers (dir. Gillo Pontecorvo, Italia y Algeria, 1967) por su representación de actos revolucionarios en Argel a mediados de la década de los cincuenta. Demás está decir que la voz del director y de los miembros de la producción es importante en cuanto a los elementos que le dan cierta forma y profundidad a la película. Sin embargo, una vez un director suelta su obra al mundo, el espectador se vuelve un participante crucial en su construcción. La visión del espectador perpetúa el proceso creativo añadiendo niveles de complejidad a la expresión. El cine, tanto como el arte en general, es inevitablemente un colectivo de voces contradictorias que una vez calla, la obra se dormirá en el olvido. Independientemente de lo que opine el director, distingo una conexión directa entre la película de Goldhaber y dos clásicos del cine, The Wages of Fear (dir. Henri-Georges Clouzot, Francia e Italia, 1955) y Sorcerer (dir. William Friedkin, EEUU, 1977). Estoy seguro que, aunque Goldhaber no las haya contado entre sus inspiraciones directas, estas dos películas están en conversación con How to Blow Up a Pipeline.

Sorcerer es el remake de The Wages of Fear. En ambas películas, un grupo de expatriados o expats sobrevive como mejor puede en un país no identificado de Latinoamérica. En la original, el pueblo se llama Las Piedras y en el remake se llama Vera Cruz. Aunque me molesta esa división en el nombre del pueblo, lo prefiero separado porque el Vera Cruz de Friedkin tiene tanto de la realidad veracruzana como Las Piedras de Clouzot tiene de nuestra isla. Ambas concepciones de Latinoamérica responden a las fantasías primermundistas de Europa y Estados Unidos donde predominan el fango, la pobreza, las mujeres como objetos sexuales de los hombres abusadores y la corrupción gubernamental. Vera Cruz y Las Piedras son un purgatorio. Los extranjeros luchan por hacer algo de dinero para comprar un pasaje y salir de las mugrientas calles del imaginario colonial. Su oportunidad llega cuando una explosión afecta el oleoducto y la extracción de petróleo. Necesitan explosivos para disipar la gran bola de fuego que sale de la tierra y que no amaina. Los encargados contratan a cuatro expatriados para conducir dos camiones rellenos de nitroglicerina por carreteras y montañas peligrosas. Cualquier movimiento abrupto los hará estallar. Esta premisa tan sencilla en manos de dos maestros como Clouzot y Friedkin se torna en un emocionante viaje donde se profundiza en temas como las relaciones que nacen en situaciones extremas, la fragilidad de la masculinidad y la inexorable prisión del destino. En The Wages of Fear, Clouzot nos presenta una serie de hombres algo acartonados que gradualmente develan su humanidad durante el arriesgado trayecto. Por esto, aunque al comienzo de la película, Mario (Yves Montand) y Jo (Charles Vanel) representan el epítome de la virilidad, el terror que enfrentan durante el viaje resquebraja su bravura. En Sorcerer, Friedkin logra crear el remake ideal ya que expande en la película original y explora de maneras innovadoras el tema principal. El director le da un pasado a cada personaje. Los cuatro principales cuyos destinos conectan en Vera Cruz incluyen a Victor (Bruno Cremer), un banquero francés que escapa de las autoridades francesas por malversación de fondos; Kassem (Amidou), un revolucionario que detonó una bomba en Jerusalén; Scanlon (Roy Scheider), un criminal de poca monta que asaltó a una poderosa familia de la mafia; y Nilo (Francisco Rabal), un silencioso asesino de gafas oscuras. Aunque no tienen mucho en común, los personajes de ambas películas deberán limar asperezas para sobrevivir su misión, una trama que se repite en la más reciente How to Blow Up a Pipeline.

La película de Goldhaber se basa en el libro, How to Blow Up a Pipeline: Learning to Fight in a World on Fire, del ecologista sueco Andreas Malm. El argumento central del libro propone que la destrucción de propiedad debe ser considerada como una táctica más en la lucha por proteger el medioambiente. Goldhaber expande en las ideas de Malm demostrando el impacto humano de estas acciones. En How to Blow Up a Pipeline, ocho personajes con pasados disímiles se reúnen para llevar a cabo un plan: armar y detonar una bomba en un oleoducto en Texas. El grupo incluye a Xochitl (Ariela Barer), una estudiante universitaria idealista; Theo (Sasha Lane), una joven indígena que envuelve a su novia, Alisha (Jayme Lawson), en el plan; Dwayne (Jake Weary), un obrero blanco y posiblemente conservador cuya familia se ve afectada por el oleoducto; Shawn (Marcus Scribner), un estudiante afroamericano frustrado con el sistema; Rowan (Kristine Froseth) y Logan (Lukas Gage), una pareja de punks que sueñan con hacer temblar al gobierno; y Michael (Forrest Goodluck), el joven experto en explosivos que está hastiado de su vida. Al igual que en The Wages of Fear y Sorcerer, la simple premisa de How to Blow Up a Pipeline lleva a un estudio profundo de sus personajes. Goldhaber explora la pregunta que guía a cada uno: ¿llevarán estas acciones extremas a un cambio real?

En las tres películas, los personajes dependen de una maquinaria que ellos han construido y que lleva sus huellas. De hecho, los personajes necesitan esta tecnología rudimentaria para cumplir su cometido. En The Wages of Fear, los dos camiones llevan los explosivos que representan el riesgo de los cuatro hombres, pero que ellos deben de cuidar con sus vidas para poder llegar a su destino y así cobrar el dinero para salir de Las Piedras. Esa comunidad rara de extraños debe de colaborar para cuidar del transporte y cruzar el arriesgado trecho. Por otro lado, en Sorcerer, Friedkin nos da unos camiones que los hombres han construido de piezas mohosas y olvidadas. Los camiones parecen tener un rostro diabólico por momentos. Inclusive, se ven varias imágenes de demonios en algunos puntos del camino, haciendo referencia a The Exorcist (dir. William Friedkin, EEUU, 1973). En este caso, la maquinaria no representa un cargamento que los cuatro hombres deben cuidar, sino la condena que cada uno ha trazado para sí mismo y de la cual no hay escapatoria. Sin embargo, la bomba de How to Blow Up a Pipeline simboliza el sacrificio más alto de todo revolucionario. El grupo sufre construyendo y llevando el dispositivo hasta su destino para destruir una maquinaria más grande y sofisticada que amenaza a las comunidades de la región. Mientras que la bomba representa el sacrificio revolucionario, el gran oleoducto demuestra la desigualdad social y la explotación de los recursos naturales que necesitamos para sobrevivir. Los camiones y la bomba se vuelven metáforas complejas que sofocan a los personajes de cada historia, pero que también liberan las más nobles cualidades de cada uno.

El miedo a la muerte despierta la vulnerabilidad de los personajes en cada historia. En The Wages of Fear, los hombres cooperan para llegar a su destino, aunque el trauma del terror dejará su marca hasta después del final del camino. En Sorcerer, los hombres alcanzan una hermandad tanto por su lucha como por ese destino que ninguno podrá escapar. Finalmente, en How to Blow Up a Pipeline, los revolucionarios crean vínculos fortalecidos por su desafío a la muerte. Aunque Goldhaber no pensaba en la independencia de Puerto Rico, su mensaje demuestra cómo nos volvemos gente solo a través de la lucha.