Marcos Quiñones Otero
Un desastre no comienza cuando el huracán toca tierra o cuando ocurre un terremoto. Comienza mucho antes, incluso antes de que identifiquemos el riesgo. Puede ocurrir de una manera lenta que con detenimiento podemos identificar y analizar. Es el resultado de decisiones, procesos y acciones acumuladas en el tiempo desde desigualdad, planificación desmedida y una relación en desequilibrio entre desarrollo y ambiente. A este proceso se le conoce como “desastre lento”. No se manifiesta de forma inmediata ni espectacular, pero se construye silenciosamente hasta que un evento extremo revela sus consecuencias.
En esencia, el desastre es una construcción social. En Puerto Rico, este concepto cobra una gran relevancia en el contexto actual. A semanas del inicio de la temporada de huracanes, el país se adentra en la discusión de una reforma de permisos caracterizada por la desregulación, la agilización y una visión que tiende a subordinar la planificación. Este enfoque, aunque presentado como una estrategia de desarrollo económico, debe evaluarse desde la gestión de riesgos y la planificación.
La flexibilización de los procesos de permisos no es una acción neutral. Tiene implicaciones territoriales concretas. El ser más permisivo sobre dónde y cómo se construye, reducir controles en áreas ambientalmente sensitivas o acelerar aprobaciones sin el debido análisis son decisiones que, acumuladas, aumentan la exposición al riesgo. En otras palabras, se convierten en factores estructurales de un desastre lento. Lo que hoy se presenta como eficiencia administrativa puede traducirse mañana en comunidades más vulnerables, infraestructura más frágil y sistemas de respuesta sobrecargados.
La historia reciente del país ofrece evidencia clara. Los huracanes Irma y María, la secuencia sísmica del sur y la pandemia del COVID-19 no solo fueron crisis aisladas, también expusieron debilidades preexistentes en nuestro modelo de desarrollo. Muchas de esas vulnerabilidades no surgieron de la noche a la mañana, sino que responden a decisiones de política pública, prácticas de uso de suelo y omisiones en la planificación.¿Cómo trabajamos esto? Ante este panorama, el camino no debe ser la simplificación y agilización de los procesos, sino su fortalecimiento estratégico y planificado.
La planificación debe asumirse como una herramienta central de gestión de riesgos, no como un obstáculo. Esto implica que debemos adoptar un enfoque interdisciplinario que integre dimensiones socioambientales y económicas. Debemos establecer criterios rigurosos para la evaluación de proyectos en zonas de alto valor ecológico, cultural o de riesgo. Y tenemos que alinear el sistema de permisos con instrumentos existentes como el Plan de Mitigación, Adaptación y Resiliencia al Cambio Climático (P-MARCC) y los planes de uso de suelos.
El desarrollo económico no puede construirse a costa de la improvisación ni del interés de unos pocos. Ignorar esta realidad no elimina los riesgos, los desplaza y los acumula. Y cuando finalmente se manifiestan, lo hacen con costos mucho mayores, incluso catastróficos. En ese sentido, la verdadera “supremacía” no será la del crecimiento económico inmediato, sino la de pérdidas económicas y socioambientales que pudieron haberse evitado. Todo esto por un desastre construido que puedo haber sido evitado. Ante la nueva temporada de huracanes necesitamos un cambio, si, pero no uno desarrollado por mecanismos artificiales sino por la retroalimentación de expertos y la plena participación ciudadana.
El autor es planificador y geógrafo







La actividad reunió a destacadas figuras del ámbito cultural y educativo, así como a miembros de la comunidad que han aportado significativamente al desarrollo de Villalba y de Puerto Rico. Además del artista “Toño” Martorell, entre las personalidades presentes estuvieron la voz nacional, Danny Rivera; la propietaria de la Librería El Candil, Tamara Yantín; las productoras culturales Caridad Sorondo y Viviana Torres Mestey; y el artista villalbeño Domitilo Negrón. De manera especial, se destacó la participación creativa del estudiantado, particularmente de los estudiantes de décimo grado, quienes asumieron un rol protagónico en el desarrollo del proyecto.
Entiendo que para aceptar una versión particular de eventos, se necesita alterar verdades históricas ya que lo importante es contar una historia con toques de verdad dentro de un universo imaginario. Para mi que verifico cualquier noticia/anuncio/fotografía/video en el internet que me parece alejarse demasiado de las verdades cercanas que nos rodean, leer es un proceso largo con desafíos que enfrento a cada momento. Así que un filme que me anuncie que los eventos de la historia son en la Argentina de 1983 y que hay 30,000 muertos a causa de la Junta Militar, pero si la novela original se publica en 1976, ya me ficcionaliza la posible época histórica en que voy a sumergirme. El golpe y dictadura militar de Brasil, (1964-1984) que serviría de modelo para el golpe de Chile (1973) y luego Argentina (1976), es el referente histórico que utiliza Puig en su novela. Quizá cuando se escribió y estrenó el musical en Broadway era + conveniente salirse de esa historia lejana o pensaron que poco importaba ese trasfondo histórico. Aunque en sus entrevistas digan lo contrario, no tomaron el modelo musical de Cabaret de Bob Fosse (1972).
Dentro de la represión política, la corrupción social, el abuso de poder y la humillación que ejercen los que se creen superiores sobre los menos privilegiados, se puede crecer en el amor y en la amistad. Pero este crecimiento no se da rechazando una estructura represiva, sino enfrentándose a ella, no dejándose someter. El beso de la mujer araña nos convierte en testigos de cómo dos hombres, al parecer polos opuestos, se van conociendo y entendiéndose mejor hasta que cada uno adquiere rasgos del otro. Molina, el homosexual acusado de pervertir menores, se esconde de la fealdad que percibe en su mundo, escapando en la perfección del cine de Hollywood donde todo es bello, nadie es pobre ni sufre por ser despreciado o ser objeto de mofa. Valentín, arrestado por colaborar con grupos “subversivos”, se mantiene lejos de personas como Molina por considerarse superior al tener una ideología política por la que lucha y está dispuesto a dar la vida. Tras múltiples confrontaciones e insultos, poco a poco dejarán a un lado las murallas que los separan y se acercarán como dos seres humanos dispuestos a darse la mano y a aceptar sus diferencias. De esta convivencia obligada surgirá el respeto y la amistad que no pone reparos y no distingue clase, raza o preferencia sexual.














