Inicio Blog Página 89

Será otra cosa-Sostener la complejidad de lo vivido

 

Especial para En Rojo

Reclamo la instancia de libertad que me ofrece la escritura, con la única ambición de fallar un poco mejor cada vez, que quizá sea lo más honesto que permite. El ejercicio siempre será fallido, porque me mueve más la duda que la curiosidad: cuestiono lo que creo saber, no busco siempre una explicación. Ya hice las paces con la incertidumbre. Rehúyo la autoridad. Lo que pongo en el papel es un gesto provisional; no me engaño creyendo que la realidad y la palabra con que intento representarla sean lo mismo. De hecho, ese espacio que se abre con la incertidumbre permite que otra cosa siempre pueda ser. Por esas grietas se cuelan los fantasmas de la memoria que en la duermevela susurran advertencias y rectificaciones, recordándonos que el orden fijo y las certezas impuestas resultan ajenos frente a lo vivo de la experiencia.

Grieta, memoria, fantasmas.

El borde incompleto de la incertidumbre, si bien desespera, también permite que la mirada permanezca permeable. En el instante mismo de la pregunta se abre un intersticio, un pequeño portal donde irrumpe la memoria, no como archivo que acumula y ordena, sino como un saber que cruza lo consciente y lo onírico, perforando el filtro de la linealidad. Vuelve como un eco insistente: fragmentos, intuiciones, desplazamientos de sentido, superposiciones temporales que recuerdan que la vida no cabe en marcos rígidos, que lo vivido siempre desborda la forma.

Si la vida no cabe en marcos rígidos, la escritura que defiendo tampoco. Abierta y permeable, busca distanciarse de toda pretensión de explicar o imponer, porque su forma debe reflejar la vida misma: imprevisible, múltiple, siempre en fuga. Ese gesto hace posible que un conocimiento no conclusivo irrumpa en los resquicios que la autoridad, con su orden trazado a cordel, pretende colmar de sentido común.

Y que no se me malinterprete: cuestionar el sentido común no es despreciar la experiencia cotidiana, sino resistir su conversión en dogma. Cuando lo «obvio» se vuelve regla, la diferencia se vuelve amenaza. Por eso la escritura que defiendo —móvil, irregular, desobediente— quisiera fuera coherente con mis ideales de libertad, justicia y solidaridad. La forma abierta no es un capricho estético; es una apuesta ética. Solo lo que rehúsa cerrarse puede acoger aquello que aún no tiene permiso de existir.

Hoy se espera que leer sea útil, que escribir explique, que pensar resuelva. Ese es el verdadero «sentido común» del presente: si no es útil, no vale. La autoridad del sentido común refuerza estas expectativas, convirtiendo la desviación en error. Sin embargo, cualquier forma de escritura o pensamiento que permanezca flexible y dispuesta al sobresalto ofrece un refugio para aquello que lucha por existir frente a los límites de la norma.

Incluso en el ámbito del conocimiento científico, académico o cultural, el imperativo de coherencia y utilidad genera un chantaje silencioso: se premia lo que encaja y se descarta lo que disuena. Pero la realidad y la experiencia vital rara vez se ajustan a teorías, metodologías o marcos preestablecidos. Lo disonante —lo inesperado, lo contradictorio, lo que no se deja simplificar— permite acercarse a la complejidad del mundo sin reducirla, respetando la multiplicidad de sentidos y afectos que la vida contiene.

Esa diversidad y su complejidad se ven a menudo contenidas por normas y expectativas que buscan definir lo aceptable y lo transgresor. Lo políticamente correcto no siempre protege la pluralidad: al decidir qué se considera aceptable o transgresor, incluso los discursos de apertura pueden cerrarse, imponiendo límites sobre lo que puede existir dentro de lo ya permitido. Esto se traduce en silencios forzados, relatos que se pierden, debates que nunca se abren. En la cultura y el arte, ciertas obras o testimonios que desafían la uniformidad se convierten en transgresiones domesticadas, mientras otros gestos, igualmente valiosos y urgentes, quedan relegados.

Esta lógica, premiar lo que encaja, corregir lo que disuena, fijar lo aceptable, no opera solo en lo social o en lo político. También se institucionaliza, espacialmente en la academia, donde los criterios de coherencia, utilidad o corrección determinan qué formas de pensar, investigar o narrar se consideran legítimas.

Reconocer esta tensión —la que surge entre lo que intenta abrirse paso y lo que busca ordenarlo demasiado pronto— exige un tipo de gesto que la academia suele reclamar, aunque con frecuencia lo ejerce solo de manera parcial. Al organizar el conocimiento según criterios de coherencia, utilidad y legibilidad, la institución termina fijando los límites de lo pensable. Lo que se aparta de esos criterios suele quedar invisibilizado o neutralizado.

Mas el gesto intelectual valioso, el que la academia a veces pierde de vista, va en dirección contraria. No asegura, no depura, no ordena demasiado pronto. Permanece abierto, cuestiona sus propios umbrales de validez, escucha lo inesperado y permite que lo disonante interrumpa la comodidad de las formas establecidas. Ese gesto no solo resguarda la pluralidad de pensamiento; también reconoce la densidad de la experiencia y sostiene un espacio para aquello que todavía no encuentra lugar.

En última instancia, escribir sobre el presente no es atrapar lo real en fórmulas ni domesticarlo bajo reglas de coherencia o utilidad. Es permitir que lo inestable se haga visible, que lo disonante encuentre voz, que la vida, en su multiplicidad y contradicción, se haga presente en el texto. La escritura abierta y desobediente funciona así: no predice, no encierra; acompaña la vida, se conmueve con ella y deja que lo que aún no tiene nombre o permiso de existir encuentre un espacio para manifestarse. Quizá desde esa apertura, ética y estética, la literatura cumpla su función política y humana más profunda: sostener, sin aprisionar, la complejidad de lo vivido.

 

 

 

 

 

 

 

Cuando abuela Flavia devolvió el Tercel negro

 

Cuando era chiquito, mi mamá guiaba un Toyota Tercel color azabache que relucía más que la resolana del mar. Era un carro cómodo, no recuerdo si de dos o cuatro puertas, y los asientos servían perfectamente para embadurnarlos de chicle y refresco. Tenía, como todos los Toyotas sobre la faz de la tierra, el mejor aire del mundo.

Mi memoria lo llama la Vellonera, puesto que el apellido materno de señora mother es Vellón. El carro era fuente de cuanta salsa que hoy busco con esmero cocolo: N’Klabe— donde el insufrible locutor antes cantaba— Frankie Ruiz, Jerry Rivas y uno que otro llorón que cantaba del azul del mar azul.

Para entonces, mi mamá disfrutaba guiar por las rutas montunas, de manera que el mar— el mismo mar azul del que cantaba Cristian Castro— se asomaba por entre los resquicios de las bambúas. El Tercel negro era la verdadera nave nacional. Suprema salseología con tufo a new car, bocinas retumbando y tintes más oscuros que el humor de un imperialista. Estuvo así hasta que Mami, urgida por cuestiones que uno olvida, se lo dio a mi abuela Flavia.

Mi abuela sabía que los carros se prendían y se apagaban. Que debían llevarnos a los lugares y que hacían ruido cuando tenían que ir al médico— que diga, al mecánico. Por eso, no le tomó mucho rato percudir los cristales con huellas de dedos de todo tamaño, pestes de toda calaña y fallos de todo tipo. No lo desvieló porque Dios y la Toyota, juntos, son demasiado grandes. Lo cierto es que botaba humo de algún lado y el aire— el mejor aire del mundo mundial— sufrió sus descuidos.

Dicen que el día en que mi abuelita Flavia— destructora de carros por excelencia— le devolvió el Tercel negro a mi señora mother, Puerto Rico entero le cabía en la boca de asombro. Los chicles que ella no me dejaba pegar fueron, en efecto, maridados bajo el régimen libertino de Flavia Collazo Frau, y las huellas de refresco cubrían todas las alfombras como máculas jamás vistas.

Ahora, mi abuela guía nubes— que no tienen motores para desvielarse— y mi mamá salió de la nave nacional salseóloga hace mucho tiempo. Pero todavía, a veces, me gusta escuchar a N’Klabe y mirar el mar azul de Cristian Castro

Marea según la escultora Cristina Córdova

 

Reseña de la exposición

 

Especial para En Rojo

Es el 22 de noviembre. La sala está llena. Son las 7:49p.m. Se ha ido la luz pero nadie se ha movido. Nadie ha caminado hacia la puerta. Se enciende la linterna de un celular. Luego otra. En un instante, la luz tenue desde las manos de algunos se mueve por el espacio. Marea, la exposición de la escultora Cristina Córdova, no es solo la muestra, sino la prueba de la trascendencia del arte sobre el entorno, sobre la situación misma.

En el segundo piso de la 202 Cristo en el Viejo San Juan, la exposición de Córdova carga un imaginario que se mueve entre la figuración, la expresión y la marea; entrelazando seres, la sugestión y el dominio profundo del medio de la cerámica. Al entrar, a la izquierda, la iluminación superior caía sobre Ninfa escrita (2025) y la sombra se mezclaba con la oscuridad del rostro, la cual apuntaba hacia abajo como la punta de un lápiz y balancea el peso, como un malabarista, a ambos extremos. Pero ahora, alguien pasa y la alumbra indirectamente, y se resalta a su vez la profundidad en la cuenca vacua de sus ojos. Es una sombra que también es suya.

Cristina Córdova nace en 1976 a padres puertorriqueños en Boston, Massachusetts, y llega a Puerto Rico a los seis meses de edad. Sus padres, reconociendo la posibilidad de canalizar la energía de su hija, la llevan a Casa Candina, donde se expone por primera vez a la cerámica de la mano de Susana Espinoza, Bernardo Hogan, Toni Hambleton y Jaime Suarez. Pero no es hasta sus años universitarios que, a raíz de una clase de verano que Suarez ofrece en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, se encuentra completamente identificada con el medio.  Hoy, heredera de la tradición ceramista Candina, es profesora en Penland School of Crafts, en Carolina del Norte, donde reside y tiene su taller.

A su lado, Veo el mar (2025) nos muestra una mujer tras las rejas de un balcón, sentada sobre un almohadón. El elemento de las rejas, familiar y cotidiano, ejerce un papel de encubrimiento, a través del que se revela la terminación de la figura central: la tonalidad y lustre de la cerámica como bronce. La reja, el elemento arquitectónico (que cuenta como participe en la tendencia del construccionismo criollo) a su vez se ve en Ritual de agua y piedra (2025). La obra mural, de gran formato y dividida en 45 segmentos para llevar a cabo su proceso de quemado, plasma una escalinata adoquinada, sobre la que el mar, la marea, va subiendo, y ha llegado hasta sus pies.

Pero se ha ido la luz, y nadie se ha ido. Flota sobre la oscuridad, a la derecha, una barca, De orilla a orilla (2025). Su tripulación, emigrante, va cansada. Su tez y superficie recuerda el fósil de coral, que ha soportado el vaivén de las olas, incrustada por el brillo nacarado de la calcificación en su superficie. Sobre ella, como otro remanente traído por el mar, una concha de mar que la artista ha modelado con sus manos. Parece erosionada por las olas, demostrando la maestría técnica de Córdova; en el proceso de quemado final de la pieza, ha aplicado elementos que reaccionarían contra esta, agujerándola como el mar.

Al fondo de la sala, se extiende sobre la pared Madre (2025). Recuerdo haberla visto en su taller en Penland. La trabajaba en el suelo, modelando las formas alrededor de la figura de su hija.  Acababa de perder a su madre, y había comenzado a irrumpir en un hito de deconstrucción en el que busca respuestas, como buscando el significado de un panteón de figuras en su interior.

Fotos suministradas por el autor

Son las 7:57pm. Ha vuelto la luz. Las sombras han vuelto a su lugar. La marea ha llevado y traído el cambio en el vaivén de sus olas.

 

Narrativas falaces y bulos de falsa bandera

 

 

La narrativa propagandística falaz y los bulos de falsa bandera han sido utilizados por Estados Unidos para justificar el inicio de conflictos armados. Para comprender esta realidad hay que retroceder en la historia, desde lo más reciente a lo más remoto.

En 1990, para justificar la operación bélica “Tormenta del Desierto” tras la invasión de Irak a Kuwait, una adolescente kuwaití de 15 años de edad declaró falsamente entre sollozos ante el Congreso estadounidense que acababa de salir de Kuwait y que, cuando su familia se marchó del país, ella había decidido quedarse para ayudar como voluntaria en el hospital Al Adan. «Estando allí, vi a los soldados iraquíes entrar al hospital con sus armas de fuego, sacar a los bebés de las incubadoras, llevarse las incubadoras y dejar a los bebés morir en el frío suelo. Fue horrible», relató.

La adolescente de 15 años se presentó únicamente por su nombre de pila: Nayirah. En aquel momento se afirmó que no se aportarían su apellido ni otros datos personales como medida de protección para ella y su familia ante posibles represalias iraquíes. Su testimonio ante el Congreso se transmitió televisivamente por todo Estados Unidos y el mundo y reseñada por la prensa estadounidense e internacional.

Pues, resultó ser que la adolescente no era una menor cualquiera. Tras concluido el conflicto, se supo que su nombre completo era Nayirah Al-Sabah y que era hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos, Saud Nasser Al-Sabah.

También se descubrió que su testimonio formó parte de una campaña organizada por la asociación Ciudadanos por una Kuwait Libre y dirigida por la firma estadounidense de relaciones públicas Hill & Knowlton, contratada por el gobierno de Kuwait.

El testimonio ante el Congreso de Estados Unidos de la supuesta inocente adolescente formó parte junto a la falacia de que el presidente iraquí para aquel entonces, Sadam Hussein, era un monstruo capaz de las peores atrocidades y que poseía armas de destrucción masiva, lo cual nunca se evidenció y terminó siendo una gran mentira para justificar la invasión bélica a Irak.

Nunca la prensa corroboró la veracidad del testimonio de la adolescente y nada menos que Amnistía Internacional se atrevió a ofrecer la mentira de que 300 bebés habían sido asesinados en ese inexistente atentado a la guardería infantil del hospital kuwaití. No hubo otro testigo de corroboración que respaldara las afirmaciones de Navirah.

La Operación Tonkín fue también una falsedad de un supuesto ataque de barcos comunistas vietnamitas a un destructor estadounidense en el Golfo de Tonkin, frente a las costas de Vietnam en el verano de 1964. El bulo del Golfo de Tonkín abrió el camino a la expansión de la conflagración de Vietnam, Laos y Camboya. Empero, a finales de 2005, la Agencia Nacional de Seguridad desclasificó documentos clasificados que confirmaban que oficiales de la agencia de inteligencia habían engañado deliberadamente a los estadounidenses para hacerles creer que los barcos vietnamitas fueron los que atacaron al destructor de Estados Unidos.

No debe olvidarse, además, la Operación Ajax en 1953, cuando Estados Unidos emprendió todo un operativo en Irán, junto al MI6 británico, para derrotar al doctor Mohammad Mossadeq, líder iraní democráticamente elegido en las urnas. Mossadeq decidió nacionalizar la industria petrolera persa y despojar del monopolio a la empresa británica British Petroleum que tenía a su cargo el manejo empresarial de Anglo-Iranian Oil Company. Fue imputado de ser comunista y la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) detalló años después cómo sus agentes de inteligencia, junto a los británicos, llevaron a cabo ataques terroristas para luego inculpar a Mossadeq e instaurar la monarquía del Sha Mohamed Reza Pahlevi. El doctor Mossadeq fue encarcelado de por vida y sus ministros fueron ejecutados, justo unos días después de unl golpe de Estado.

Es memorable como ejemplo, también, la Operación Gladio, mediante la cual se encubrió cientos de atentados efectuados por la CIA y la OTAN en Italia y otros países. Desde 1947 hasta 1981, distintos presidentes de Italia han admitido públicamente que la Operación Gladio tenía como propósito atacar a civiles inocentes para inculpar por ello a grupos izquierdistas y comunistas.

Ahora, el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump se inventa de manera mucho más burda lo del Cartel de los Soles, dirigido alegadamente por el mismísimo presidente venezolano Nicolás Maduro, con el fin de atacar a Venezuela y deponer su actual gobierno. Se repite la historia.

 

 

Lo negado, imaginado y vuelto a revivir: Nuremberg y Bugonia

 

En Rojo

Puede parecer que el + reciente filme de Yorgos Lanthimos, Bugonia, sea lo + distante de un filme que recoge un momento histórico tan importante mundialmente como los juicios del liderato del Nazismo en el filme de James Vanderbilt, Nuremberg, pero ambos inventan conceptos y crean un lenguaje que les permite moldear su propia realidad. Ambos están hechos con gran inteligencia y confusión premeditada al utilizar la palabra como un escudo para validar la realidad creada por su imaginación y convicción.

Nuremberg

Director y guionista: James Vanderbilt; autor:Jack El-Hai; cinematógrafo Dariusz Wolski; elenco: Michael Shannon, Russell Crowe, Rami Malek, Lydia Peckham, Leo Woodall, Colin Hanks, Richard E. Grant, John Slattery.

A pesar de las versiones de la historia de la 2nda guerra mundial que cada país participante tiene, todas convergen con episodios como Dunkirk, Desdén, Normandía, Hiroshima y Nagasaki y Nuremberg. Son momentos claves de verdades imposibles de negar, lo que no significa que se sigan debatiendo. Según los historiadores y especialistas en conflictos bélicos, los juicios en Nuremberg eran tanto simbólicos como reales: la cúpula del ejército Nazi sería enjuiciada con evidencia contundente, sin necesariamente contar con admisiones de culpa, en el mismo lugar donde en un tiempo se celebraron sus importantes eventos políticos y ciudad que fue bombardeada por los aliados para adelantar su destrucción total del régimen. Se utilizará el Palacio de Justicia—que no sufrió daño mayor—para juzgar 22 acusados desde el 20 de noviembre de 1945. Existen múltiples documentos visuales sobre estos juicios que fueron grabados precisamente para que no se olvidaran los crímenes contra la humanidad perpetrados por un grupo militar nacional que pretendía imponerse en el mundo.

En este filme los protagonistas son todos personajes claves en los juicios desde el acusado principal, Hermann Göring, 2ndo al mando de la maquinaria de guerra y exterminio (interpretado temiblemente por Russell Crowe), el juez estadounidense, Robert Jackson (Michael Shannon) y el psiquiatra/psicólogo, Douglas Kelley (Rami Malek) en quien recae la tarea de entender las razones del comportamiento de estos hombres que nunca se arrepienten ni admiten culpabilidad y que están dispuestos a suicidarse (como ya lo había hecho Hitler) que admitir que sus acciones fueron incorrectas. Entre Göring y Kelley se dará un intercambio de saberes donde parte de la verdad personal se revela—especialmente la familiar con dos recuerdos de su niñez y adultez—y el encuentro con la esposa e hija del supuesto monstruo. Cada uno intenta analizar al otro para poder revelar y manipular la verdad como evidencia de las acusaciones. Tanto los acusados como los jueces y público en la corte verán fotografías y material fílmico tomado por las tropas aliadas en los campos de exterminio de Bergen-Belsen, Buchenwald, Dachau. Negar esta evidencia sería imposible, pero así lo hacen los acusados al “confesar” que no lo sabían. El magnetismo de la historia es en su construcción de la verdad y cómo estar en contacto con estas figuras de poder pone en duda su propia humanidad.

Tanto Nuremberg como el excelente filme de Stanley Kramer de 1961, Judgment at Nuremberg (acaparó 11 nominaciones y obtuvo dos Oscares) que recoge los juicios de 1947 a los que ejercieron como jueces del 3er Reich se establece la importancia de la creación de “Crímenes contra la humanidad”, definidos por Michael Berenbaum como “el asesinato, exterminio, esclavitud o deportación de cualquier población civil; persecución  sobre bases políticas, raciales o religiosas, fueran o no en violación de las leyes domésticas del país en donde los actos tuvieran lugar”. La ironía de estas palabras es que este respetado historiador ahora niega que lo que sucede en Gaza en este momento y desde 1948 pueda ser catalogado como genocidio. Entonces, ¿cómo definirlo según las cortes de Nuremberg?

Bugonia

Director: Yorgos Lanthimos; guionista: Will Tracy; autor: Jang Joon-hwan; cinematógrafo: Robbie Ryan; elenco: Jesse Plemons, Emma Stone, Aidan Delbis, J. Carmen Galindez Barrera, Marc T. Lewis, Vanessa Eng, Cedric Dumornay, Alicia Silverstone

En el mundo ultramoderno y futurista que nos presenta Bugonia, los tres personajes principales parecen habitar realidades totalmente distintas. Por un lado, está Teddy (Jesse Plemons) y su primo/aprendiz, Donny (Aidan Delbis) quienes viven aislados de una comunidad al parecer inexistente geográficamente y que alimentan sus mentes y paranoia a través de las redes escogidas para sostener sus propias e inventadas verdades. Por el otro está Michelle (Emma Stone), quien intenta ser perfecta (o el modelo que ella ha inventado) tanto física, intelectual y empresarialmente. Cuando lo que parece el plan maestro de Teddy se lleva a cabo, comienza a desarrollarse una historia en conjunto que tiene su explicación lógica dentro de estas mentes que creen firmemente en la realidad creada por ellxs mismxs. Si la perfección empresarial es producto de una invasión de extraterrestres, entonces hay que destruir a su agente y a toda su colmena espacial. Si las teorías de Teddy y Don son delusiones, entonces Michelle tiene todo el derecho de destruir a los que amenazan su vida. Según la trama se desarrolla, nosotrxs lxs espectadorxs nos inclinamos hacia una postura u otra, pero sin tener la certeza que contamos con la evidencia necesaria para juzgarlxs.

Teddy y Michelle son oponentes fuertes que no se intimidan ni pierden oportunidad para debatir y atacar físicamente al otrx porque ambos saben que el final de este secuestro es la destrucción de las fuerzas del mal. Mientras Teddy y un muy asustado Donny repiten sus discursos y lista de acusaciones, Michelle los debate para luego jugar un juego doble donde acepta sus premisas como manera de ser “liberada”. El resultado es que la verdad o realidad individual o colectiva se construye de acuerdo precisamente con lo que se absorbe individual y colectivamente. Todas las actuaciones son tremendas y la creación de un mundo futurista con enlaces a la realidad presente es lo que siempre sorprende de los filmes de este director griego (The Lobster, The Favourite, Poor Things, Kinds of Kindness).