Inicio Blog Página 89

Colombia. ¿Quedó en un «empate catastrófico» político este 21 de junio?

Por Horacio Duque Giraldo

Con ocasión del reñido resultado electoral de la segunda vuelta para escoger el próximo presidente de Colombia para el periodo 2026-2030, en que el supuesto candidato ganador en el pre conteo, señor Abelardo de la Espriella, alcanzó una votación de 12.957.471 sufragios, esto es el 49,66%, e Ivan Cepeda sumó 12.707.570 voto, esto es el 48,70%; un análisis más riguroso nos está indicando la configuración de un escenario nombrado por el análisis sociológico como “empate catastrófico”, que consiste en una categoría política y sociológica mediante la cual se describe un momento de estancamiento donde dos fuerzas políticas o bloques sociales tienen la fuerza suficiente para bloquearse mutuamente, pero ninguna cuenta con el poder necesario para imponerse y gobernar.

Se trata de un escenario donde dos proyectos de sociedad o dos bloques de clases enfrentados tienen la fuerza suficiente para vetar o bloquear las iniciativas del otro, pero ninguno cuenta con la energía o la hegemonía necesaria para imponer su propio proyecto de manera definitiva. Es catastrófico porque la parálisis frena el desarrollo de la sociedad y consume sus energías económicas, sociales y políticas en una tensión constante que amenaza con la disgregación nacional o la guerra civil. Así, un “empate catastrófico” implica una parálisis institucional en que el gobierno de turno no puede ejecutar sus políticas ni dominar la agenda, pero la oposición tampoco logra destituirlo o forzar un cambio de régimen. Supone también una crisis de representación pues se destapa un descontento generalizado en la sociedad porque ninguna facción logra resolver las demandas de la población. Igualmente se da una tensión prolongada pues, hay una «crisis sin desenlace inmediato» que puede derivar en una polarización extrema si no se abren canales de diálogo y consenso.

Se trata de un concepto que nos describe la parálisis e inestabilidad social y política que ocurren en una crisis orgánica del régimen político de dominación oligárquica, donde ninguna fuerza social logra imponer su proyecto. Aunque si bien el “empate catastrófico” tiende a prolongarse en el tiempo en algún momento ocurre lo que García Linera, identifica como una salida o «punto de bifurcación» pues, el empate catastrófico no puede durar para siempre; tarde o temprano las fuerzas acumuladas conducen a un punto de bifurcación, un momento cumbre de medición de fuerzas (que puede ser violento o democrático/electoral con una Asamblea Constituyente) donde el equilibrio se rompe a favor de uno de los dos proyectos.

El uso de los estados de excepción y de la violencia.

El riesgo de todo esto es la emergencia de un tirano (un outsider mesiánico), que se sitúa por encima de las clases en conflicto para restaurar el orden mediante la fuerza, el régimen de excepción, la guerra, la persecución, la tortura y las megacárceles.

Así, lo que mostró el resultado electoral del domingo 21 de junio es que Colombia quedó dividida en dos grandes bloques socio políticos y geográficos: las periferias y los sectores populares representados en la candidatura de Ivan Cepeda (Costa caribe, costa pacífica, Bogotá, Cauca, Valle del Cauca, Cali) y la candidatura de Trump, de los capitanes empresariales y de la poderosa oligarquía bancaria, financiera y neoliberal bogotana. En gran medida esta simetría catastrófica a la que estamos abocados desde ayer es resultado de la naturaleza abigarrada de nuestra nación en la que coexisten múltiples modos de producción, cosmovisiones y estructuras de tiempo histórico que no terminan de integrarse.

Aunque de manera inmediata creo que todo esto es el resultado de una poderosa injerencia geopolitica orquestada por Trump, Israel y la mafia coquera de Honduras para imponer un presidente y un gobierno de los afectos ultraderechistas y protofascista, tal como se ha dado recientemente en Argentina, Chile, Ecuador, Venezuela y Honduras y se planea para Brasil con el abierto apoyo del hijo de Bolsonaro para que sea presidente de dicho país. Intervención que se ha dado mediante la más descarada “guerra cognitiva” (con potentes herramientas tecnológicas) contra Ivan Cepeda y el presidente Petro.

Un golpe de estado electoral tecnológico.

Lo cierto es que hemos sido objeto de un abierto “golpe de estado” electoral mediante tal “guerra cognitiva” que no es más que un dispositivo sistemático de corporaciones tecnológicas, potencias geopolíticas u organizaciones estatales para moldear lo que la sociedad cree que es real, verdadero, lógico o moralmente aceptable. Su fin último es dominar las conductas y decisiones de la población sin necesidad de usar la fuerza física tal como lo estamos presenciando.

Golpe que tiene en el fraude electoral de Penagos y los Bautistas, su espina dorsal, mismo que se está desenmascarando en el escrutinio en curso, único escenario que va a definir el próximo presidente de los colombianos.

Fuente: Rebelión

ONU reafirma: Israel comete genocidio deliberado contra niños palestinos

Por Hispantv

Un grupo independiente de la ONU concluye que Israel comete “genocidio” y otros crímenes atroces al atacar deliberadamente a niños palestinos en Gaza y Cisjordania.

La Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado realizó un estudio sobre las denuncias de violaciones de los derechos de los niños palestinos que se cometieron desde el comienzo de la guerra en Gaza el 7 de octubre de 2023.

En este marco, la investigación ha determinado que Israel ha cometido “genocidio”, “crímenes contra la humanidad” y “crímenes de guerra” en la Franja de Gaza y en Cisjordania. Estas prácticas israelíes, alerta la comisión, continúan incluso después del alto el fuego de octubre de 2025. “Israel continúa haciendo caso omiso del alto el fuego y de la protección que les corresponde a los niños y niñas palestinos según el derecho internacional”, indica el estudio.

Añade que “el ataque deliberado contra niños es uno de los elementos clave que demuestran la intención genocida de las autoridades y fuerzas de seguridad israelíes de destruir al grupo palestino, total o parcialmente, en Gaza».

Al respecto, Srinivasan Muralidhar, presidente de la comisión, ha afirmado que “las pruebas demuestran que niños palestinos han sido atacados y asesinados deliberadamente por las fuerzas de seguridad israelíes”. “Niños y niñas palestinos han sido arrestados y sometidos a torturas y otras formas graves de maltrato en cárceles y centros de detención israelíes, sin que se tenga información sobre su paradero”, ha declarado el jefe de la comisión.

El informe ha encontrado que las fuerzas de seguridad israelíes también han utilizado la violencia sexual contra niños y niñas como parte de la humillación y la opresión colectivas, arraigadas en un patrón prolongado, étnico, de género e intergeneracional de ocupación y hostilidades israelíes. “La esencia de la infancia ha sido destruida”, afirma el documento.

Hace solo un mes, además, la ONU incluyó a Israel en la lista de países que cometen abusos sexuales en contextos de guerra, apoyándose en los datos recabados en otro informe.

La comisión acusa a Israel de atacar centros de maternidad en Gaza, lo que eleva los abortos, malformaciones y daños permanentes en recién nacidos, y denuncia que el bloqueo y la hambruna han causado muertes infantiles y graves problemas de salud por desnutrición, falta de vacunas y un sistema sanitario colapsado.

Al menos 20 179 menores muertos desde el 7 de octubre de 2023, y otros 44 143 heridos, a lo que se añade el «grave daño físico y psicológico» causado a la infancia palestina.

En el informe anterior, publicado el 16 de septiembre de 2025, la Comisión concluyó que Israel había cometido genocidio en Gaza. Al mismo tiempo subrayó que funcionarios israelíes, incluido el primer ministro Benjamín Netanyahu, incitaron a que se llevaran a cabo esos actos.

Cuba dispuesta a conversar con EEUU, pero con respeto a soberanía

Ciudad de México, 23 jun (Prensa Latina) Cuba está dispuesta a discutir cualquier tema con Estados Unidos, excepto la independencia, soberanía, autodeterminación y ordenamiento interno del país, aseveró la vicecanciller Josefina Vidal en entrevista publicada hoy por el diario mexicano la Jornada.

Acorde con lo referido por la viceministra de Relaciones Exteriores, existe un canal, ha habido encuentros e intercambios con representantes de la nación norteña, pero sin un progreso significativo.

“No hemos visto que Estados Unidos se haya despojado de su aspiración histórica –y no estoy hablando sólo de los pasados 65 años, me remonto a dos siglos atrás- de querer imponer su dictado sobre cómo debe ser Cuba”, apuntó la vicetitular.

Vidal mencionó que se “ha dado el caso en que nos sentamos a conversar y, unos días después, llega una nueva sanción”. “Eso nos genera dudas de cuán seria y responsablemente Estados Unidos está viendo esta conversación, que del lado de Cuba la vemos con absoluta formalidad”, afirmó.

Acerca de qué tan real consideran la amenaza de una acción militar, la vicecanciller comentó que desde los más altos niveles del gobierno de Estados Unidos se reiteran frases que indican que Washington no ha renunciado a una agresión de ese tipo contra la isla. “No lo deseamos, porque van a morir personas, cubanos y estadounidenses. Pero como esa amenaza se mantiene latente y permanente, no podemos ser ingenuos: a la vez que conversamos, nos estamos preparando para ejercer nuestro derecho a la legítima defensa”, subrayó.

En respuesta a una pregunta sobre si las recientes medidas económicas anunciadas en la nación caribeña cambian el carácter socialista del Estado cubano, aseguró que no. “El control sobre los recursos fundamentales –energía, biotecnología, turismo- seguirá siendo del Estado y en beneficio del pueblo. Lo que se incorporan son cambios en la gestión, pero la propiedad seguirá en manos del pueblo de Cuba”, explicó.

Detalló que la redistribución del ingreso operará por la vía impositiva y los servicios públicos como educación, salud y seguridad social “seguirán siendo prioridad absoluta”.

La viceministra hizo énfasis en que estas transformaciones “no surgen de ayer para hoy”, sino que se venían reflexionando desde 2020 y 2021. Denunció la existencia de una gran maquinaria propagandística tratando de trasladar la responsabilidad de lo que ocurre en Cuba al gobierno de la mayor de las Antillas, “cuando está muy claro que hay un agresor que es Estados Unidos”.

“Lo más peligroso es el intento de naturalizar la agresión, de hacerla aceptable para la opinión pública. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ya lo ha dicho: las medidas de Washington están ahogando al pueblo cubano, hay niños muriendo que no tenían que morir. Eso tiene que parar”, sostuvo.

El Normandie es bien de dominio público

Hay edificios que nacen del deseo y otros que nacen del poder; el Normandie nació de ambos. Encallado en la entrada de San Juan como un barco que nunca llegó a zarpar, es al mismo tiempo un monumento al amor privado y una herida abierta en el litoral público. Su historia comienza con Félix Benítez Rexach, ingeniero viequense, constructor de puertos, hombre de fortuna y contradicciones, amigo de Pedro Albizu Campos y aliado del dictador dominicano Leónidas Trujillo Molina, figura que se movía con igual soltura entre los salones diplomáticos y los muelles del Caribe.

Su vida cambió para siempre cuando conoció, a bordo del transatlántico SS Normandie, a una cantante francesa de voz pequeña y presencia desbordada: Lucienne Suzanne D’Hotelle, conocida en los cabarets parisinos como La Môme Moineau, “La Pequeña Gorrión”. Ese nombre artístico —tierno, callejero, casi infantil— escondía a una mujer que desafiaba las convenciones de su época: fumadora empedernida, irreverente, libre, capaz de escandalizar a la alta sociedad sanjuanera con solo entrar a una habitación.

Benítez Rexach la amó con una profunda devoción. Quiso regalarle un barco que no se hundiera, un escenario permanente, un hogar que imitara la velocidad detenida del SS Normandie. Así nació el hotel, entre 1938 y 1942.

Para lograrlo, recurrió a Raúl Reichard, uno de los arquitectos puertorriqueños más importantes del modernismo temprano, formado en la tradición del Art Déco y el Streamline Moderne, obsesionado con las líneas aerodinámicas, la geometría limpia y la idea de que un edificio podía sugerir movimiento aun estando quieto. Reichard entendió el encargo no como un simple hotel, sino como una metáfora: un barco detenido en la costa, un transatlántico tropicalizado. Su diseño incorporó motivos náuticos, curvas de proa, ventanas como portillos, un atrio que funcionaba como columna vertebral luminosa y una piscina posterior que imitaba la estela de un navío. Era arquitectura como escenografía, como declaración sentimental, como gesto político sin querer serlo. La ejecución recayó en el ingeniero dominicano José A. Iglesias, quien añadió pisos y balcones para que la estructura pareciera navegar sobre la costa.

Costó dos millones de dólares y se levantó sobre un terreno que no era suyo: un bien de dominio público en el Escambrón, cedido mediante concesiones administrativas propias de una época sin leyes ambientales, sin protección costera, sin vistas públicas, sin la conciencia de que la costa es un derecho colectivo y no un lujo para unos pocos. El Normandie nació, pues, como un gesto privado sobre suelo público, como un privilegio incrustado en la geografía del pueblo.

Durante décadas, el hotel fue escenario de fiestas, rumores, desnudos en la piscina, noches de música y silencios densos. Moineau nadaba desnuda bajo la luna, y esa imagen —la Pequeña Gorrión convertida en sirena caribeña— quedó tatuada en la memoria de San Juan. Con el tiempo, el edificio cerró, reabrió, volvió a cerrar, fue restaurado tres veces, recibió millones en inversión pública y privada, sobrevivió huracanes, negligencias, promesas rotas y proyectos fallidos. Cada restauración fue un intento de resucitarlo; cada cierre, una confesión de que el edificio no encontraba su lugar en un país que cambiaba más rápido que su concreto.

En el abandono, el Normandie se volvió criatura: respiraba, crujía, exhalaba aire frío por el atrio, producía sombras que caminaban. Los exploradores urbanos hablaban de un niño que corría por los pasillos, de una mujer que se lanzó al vacío, de un cuarto sellado que nadie ha logrado abrir, de la presencia de Moineau nadando en la oscuridad. La mitología creció como moho en las paredes: el Normandie dejó de ser un hotel y se convirtió en un fantasma colectivo.

Pero la historia del Normandie no es solo íntima o arquitectónica: es política. El terreno donde se levanta —y los terrenos que lo rodean— son bienes públicos, parte del sistema de parques del Escambrón. Hoy, como ayer, hay una pugna por su uso: inversionistas que quieren convertir el litoral en un enclave turístico, agencias que cambian zonificaciones sin vistas públicas, comunidades que denuncian la privatización encubierta del mar.

El acuerdo entre el Municipio de San Juan y Normandie OZ, LLC se ha convertido en un caso emblemático de cómo una administración municipal maneja —o deja de manejar— sus activos públicos frente a intereses privados. Lo que comenzó como una alianza presentada bajo la promesa de revitalizar el histórico Hotel Normandie y modernizar el entorno del Estadio Sixto Escobar, hoy se encuentra en un punto crítico debido a dudas serias sobre la capacidad financiera del desarrollador principal, el inversionista Ezra “Eddie” Ishay.

La administración municipal firmó un contrato de arrendamiento por 30 años que cedía terrenos públicos estratégicos a cambio de un canon anual que, en papel, parecía atractivo: $458,250 por el alquiler de los predios, más $50,314 adicionales por el área destinada a eventos. A esto se sumaba la promesa de una inversión privada de $100 millones para rehabilitar el hotel, con diseño a cargo de la firma Marvel Architects. El acuerdo también incluía la construcción de un estacionamiento soterrado, un pabellón de actividades comerciales y mejoras sustanciales a las instalaciones deportivas y recreativas del Parque del Tercer Milenio, con el compromiso explícito de mantener acceso libre y gratuito a las playas.

Sin embargo, el proyecto comenzó a tambalear cuando el municipio notificó formalmente un presunto incumplimiento por parte de los desarrolladores. La razón: la falta de evidencia clara de que Normandie OZ, LLC cuenta con la liquidez necesaria para ejecutar las obras más costosas, particularmente las relacionadas al Estadio Sixto Escobar. Aunque la empresa presentó documentos en su defensa, la administración municipal mantiene el caso bajo análisis riguroso y no descarta rescisión total del contrato.

El escenario político es evidente: el municipio se enfrenta a la disyuntiva de sostener un acuerdo que podría convertirse en un lastre financiero y administrativo, o romperlo para retomar control sobre terrenos de alto valor público. La posibilidad de cancelar el contrato ya se discute abiertamente, y la administración ha comenzado a promover alternativas, como la subasta de un Skate Park, para demostrar que puede avanzar proyectos sin depender de un desarrollador cuya solvencia está en entredicho.

En este momento, el futuro del Normandie y del Escambrón no depende de visiones arquitectónicas ni de promesas de inversión, sino de la capacidad del municipio para fiscalizar, exigir cumplimiento y decidir si este acuerdo sirve al interés público o si se ha convertido en otro ejemplo de cómo los bienes comunes terminan atrapados en negociaciones opacas y compromisos incumplidos.

Pero la pregunta que flota sobre el edificio es más grande que él: ¿qué derecho tiene un hotel privado a ocupar un espacio que pertenece al pueblo? ¿Qué significa seguir invirtiendo millones en una estructura que ha sido restaurada tres veces, que nunca fue accesible para la mayoría, que nació como un gesto privado y elitista? ¿Qué país somos si seguimos sosteniendo monumentos al privilegio mientras el litoral se estrecha y el acceso al mar se vuelve un lujo?

La pregunta es si El Normandie debe seguir siendo un hotel de lujo, un enclave privado. ¿Es posible su demolición? Si así fuera no debe ocurrir sin un debate público serio, transparente, con estudios de valor patrimonial y alternativas de uso. Otra salida podría ser una que honrara tanto la memoria como la justicia al reconvertirlo en un bien público radicalmente abierto: un centro cultural, un archivo de ciudad, una escuela de arquitectura, un espacio comunitario vivo, sin anexos privatizadores en el litoral, sin piscinas exclusivas, sin terrazas cerradas, sin la sombra de otro proyecto turístico que robe el horizonte. Y blindar legalmente el entorno costero para que nunca más se use como plataforma de negocios privados.

Convertir el Normandie en un bien común sería un acto de reparación histórica: devolver al pueblo lo que siempre fue suyo, sin borrar la memoria, sin repetir la exclusión. ¿Vale la pena seguir gastando dinero en una estructura que ha sido restaurada tres veces, que nació como un capricho privado sobre tierra pública, que ha servido más al mito que al pueblo?

Algunos podrían pensar que el gesto más radical sería abrir una ventana al mar donde hoy se levanta este barco encallado. Derribar no como destrucción, sino como reparación. No como olvido, sino como acto de memoria: reconocer que el Normandie fue un sueño privado construido sobre un derecho colectivo. Y que el futuro de Puerto Rico no puede seguir repitiendo los errores de su pasado. Pero la historia nos demuestra que despues viene el arrepentimiento.

La demolición de la monumental estación Beaux-Arts (Penn Station, 1963) para construir un estadio y un centro comercial se convirtió en el símbolo mundial del arrepentimiento urbano. Su destrucción provocó la creación de la Landmarks Preservation Commission, que hoy protege miles de edificios.

Y quizá la lección más educative e incómoda— la ofrece la propia costa de San Juan, donde ya vivimos una batalla semejante. Cuando en los años noventa el Hotel La Concha agonizaba, mutilado por décadas de abandono y con planes oficiales de demolerlo para levantar un complejo más rentable, fue la presión ciudadana, el Colegio de Arquitectos y la conciencia patrimonial del país quienes detuvieron la excavadora en seco. La Concha se salvó no por capricho, sino porque Puerto Rico entendió a tiempo que destruir un ícono moderno era amputar una parte de sí mismo. Y lo que se demolió, finalmente, no fue el hotel —que renació con una restauración ejemplar— sino el viejo Centro de Convenciones del Condado, una estructura sin valor arquitectónico, cuya desaparición abrió paso a la Ventana al Mar, demostrando que el acceso público y la preservación patrimonial no solo pueden coexistir, sino potenciarse mutuamente. Ese precedente es ineludible: cuando el país eligió conservar lo valioso y remover solo lo prescindible, ganó la ciudad, ganó el litoral, ganó la memoria colectiva.

Por eso, frente al Normandie, la pregunta no es si debemos escoger entre patrimonio o mar, entre historia o pueblo, entre belleza o derecho. La pregunta verdadera es si tendremos la lucidez —y el coraje— de repetir la decisión correcta. Porque el acto de justicia no es borrar lo que somos, sino devolver al pueblo lo que siempre le perteneció: su litoral, su memoria, su derecho a un horizonte abierto. El Normandie debe renacer como bien común, no como un monumento al privilegio ni como otro sacrificio innecesario en nombre de un falso progreso. Demolerlo sería un gesto fácil; preservarlo para el país es el gesto valiente. Y en este momento, lo que Puerto Rico necesita no es otra ausencia, sino la afirmación de que todavía sabemos defender lo que importa.

Reclaman al Senado no eliminar Ley del Salario Mínimo

Tras la aprobación en la Cámara de Representantes del proyecto PC 1115 que deroga la Ley de Salario Mínimo y, por consiguiente, la Comisión Evaluadora del Salario Mínimo, más de una treintena de organizaciones entre sindicales, profesionales, comunitarias y políticas, pidieron al Senado votar en contra de la medida que congela el salario mínimo en el país. 

“Es increíble pensar que la Cámara de Representantes de Puerto Rico decida pasar una legislación que amenaza con congelar los aumentos del salario mínimo en el futuro”, expresó Jessica González Sampayo organizadora de Construyamos Otro Acuerdo. “La actual Ley del Salario Mínimo creó las condiciones para lograr los aumentos que nos llevaron al $10.50 y permiten que una Comisión independiente evalúe el salario cada dos años. Ahora, en medio de un momento en el que todo está aumentando y las familias en Puerto Rico sufren, la Cámara le da la espalda al país y se desdobla frente a los intereses de las grandes corporaciones que son las únicas que apoyan este proyecto. Vergüenza es lo que les debería dar”. 

En comunicado de prensa los grupos pidieron al Senado escuchar los múltiples reclamos de organizaciones, uniones y economistas para detener la aprobación de la medida y adelantaron, que al igual que lo hicieron en la Cámara, estarán visitando a los senadores para entregar una carta  solicitando el voto en contra de la legislación. 

“De la misma manera que fuimos a los representantes, visitaremos a los senadores para explicar el por qué es un error aprobar este proyecto. Sabemos que ellos pueden mostrar más apertura sobre el tema y entender el daño que este proyecto le hace a los trabajadores y a la economía del país. Nosotros seguiremos luchando aquí en el capitolio pero también en donde sea que estén esas corporaciones que nos hacen daño. Por esta razón más de 25 grupos tanto sindicales como comunitarios se unieron a una carta en oposición a esta legislación que estaremos entregando en el Senado el martes”, indicó Emilio Nieves, presidente de la Central Puertorriqueña de Trabajadores (CPT).