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Dolor de pechos

 

Especial para En Rojo

 

Aquel esqueleto gigante de dinosaurio no me decía nada. Tampoco las momias ni los indígenas de peluca tiesa. Qué tan importante podía ser un museo ante el hecho catastrófico de descubrir que mis tetas estaban creciendo.

“¡Ay, so bruto!”

Subíamos la escalinata cuando mi hermano me dio un manotazo sin querer.

“No es para tanto, nena.”

Incrédula, pasé con disimulo la mano derecha por encima de mi camisa violeta. Sentí una bolita dura y dolorosa en el lugar del pezón izquierdo. Y en el derecho también confirmé con espanto. Mis padres y mi hermano, un año mayor que yo, ignoraban mi tragedia. Ellos seguían caminando relajados y felices mirando las réplicas de dinosaurios, imaginando un pasado de animales imposibles mientras a mí se me iba apretando la tripa y la vida me pasaba por delante como una película que no es mía. Dios mío, ahora tendré que usar brasier y todos se van a poner raros conmigo y me van a empezar a decir cosas de “señorita.

Yo no quería tener tetas. ¿Cómo me mirarán mis nuevos primos y primas? Mis tíos y la abuela, que no me ven desde que era chiquita. Conocí a las primeras primas en casa de la abuela. Entraron corriendo descalzas por el pasillo largo de la casa hasta el patio, donde yo ayudaba a tender la ropa que mami había lavado. Me parecieron hermosas, como pequeñas diosas revoloteando en el Parnaso, vestidas con camiseta y pantalón corto blanco. Su casa quedaba al lado. ¿Ellas también me verán bonita? La que era de mi edad ya usaba brasier –corpiño le dicen allí-, y no parecía importarle. Mientras que yo pegaba el pecho contra la pared de losas frías de la ducha y presionaba lo más que podía para aplastar aquellos dos alienígenas. Ahora me vestía en el baño y envidiaba a mi hermano que tenía la suerte de andar descamisado.

Y lloraba.

Lloraba con la cabeza hundida en la almohada como si se hubiese muerto alguien. Como si me hubiese muerto yo.

A partir de ese momento, todo cambió. Había perdido algo, pero no sabía qué. Solo quería seguir jugando a lo bestia sin que nadie me advirtiera de que a una edad ya debía moverme y hablar con más delicadeza y cuidado. Por eso, cuando le canté a mi primo Julio una canción obscena, papi me dio el peor de los regaños: el que duele más en el alma que en las nalgas. Sentí rabia hacia Julito, que era mayor que yo, porque fue él quien me instigó, pero más rabia sentí hacia papi, que ya no me miraba como la niña a la que le había enseñado a eructar aquel verano en Boquerón. Seguro que a mi hermano le hubiese reído la gracia. A la nena le pasa algo, decía. Y claro que le pasaba. La nena quería arrancarse esas dos cosas extrañas que habían comenzado a invadir su pecho como dos hiedras venenosas, agarrar una tijera y cortárselas de raíz para que no volvieran a salir.

Y entonces nos invitaron a la playa. El agua de ese mar era marrón, y el fondo, baboso, pero en la orilla había una arena casi blanca. Aquel mar no era infinito. El mar del pueblo de papi acababa en otra orilla gemela que está al alcance de la vista y pertenece a Uruguay. La idea de llegar a otro país nadando me pareció mágica. Como si el mundo se hubiese plegado de repente y todas las fronteras cupieran en mi mano. Hasta ese viaje, el resto de países eran para mí una entelequia. Nunca imaginé que la orilla de un río podía parecerse tanto a una playa. Ni que la gente se comportara como en las playas de verdad. Solo que allí en lugar de cerveza y pollo, todos van con su mate, una infusión amarga que sabe a tierra. Nunca me quité la camiseta. La noche anterior me desvelé pensando en todas las miradas escrutando mi cuerpo, comentando mi insipiente pubertad como si yo no estuviese ahí.

El día que fuimos con mi tío a navegar al río conocí a las primas grandes de catorce y quince. Yo quería acercarme, pero ellas eran inalcanzables. ¿Qué tendrían que contarle a una prima de nueve años que acababan de conocer? Lo de ellas era tomar el sol en la popa del barco.

No podía evitar compararme. Tampoco entender si la tristeza que sentí al final del día tenía que ver con que odiaba mis simulacros de tetas o porque las envidiaba a ellas.

El domingo, la casa de mi tío el del barco se llenó de tíos y tías con nombres raros, Mingo, Tacho, Mecha… de más primos que no conocía, estaba el cabrón de Julito, y la abuela, que era una especie de espectro de pelo blanco. Yo observaba aquel espectáculo de voces y risas, el trajín de las mujeres en la cocina, a mi tío con un vaso inagotable de fernet controlando el asado. “¿Esta es la tuya? ¡Es igualita a vos!”, le decían a mami…“Andá a jugar con las gurisas…” Los hijos de Eduardo, el que se casó con la caribeña, “Che, ¿y allí todavía andan en taparrabo?” “A ver, decí verde. Velde, amol…”

Era como si papi fuera todos ellos. Lo vi a lo lejos. Hablaba con alguien que acababa de llegar en motora. Salí para ver quién era. “¡¿Y esta también es tuya, tío?!”, dijo otro primo mayor cuando me vio, con una sonrisa enorme y con unos ojos como dos bolas de cielo. Me agarró y me alzó sin ningún esfuerzo y me dio un beso. En ese instante sentí que un rayo me atravesó.

¿Cómo podía ser tan lindo? Tenía puesto un pantaloncito azul muy corto como de hacer deporte y una camiseta mostaza desgastada. Sus piernas parecían de mármol recubierto con una lanilla de pelos muy suaves.  “¿Querés dar una vuelta en moto?”, le ofreció a mi hermano pero él no quiso. Entonces me invitó a mí. Y me agarré con fuerza a su cintura de piedra y pegué mi pecho a su espalda con la misma fuerza que lo hacía contra las losas frías de la ducha.

 

Pero ese dolor me gustó. Entonces ya solo deseaba crecer para alcanzarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuarta carta de la más pequeña

 

 

Especial para En Rojo

Dos posibilidades: hacerse infinitamente pequeño o serlo. La primera es perfección, es decir, inacción; la segunda, comienzo, es decir, acción.

Franz Kafka, Aforismos

Dr. Alonso
Psiquiatra

Estimado doctor:

Hoy llegué antes que mi tamaño a la consulta. Me senté igual. Nadie pareció notarlo.

Le escribo desde una condición que no coincide con el espacio. Mi cuerpo no ocupadonde debería estar. No me refiero a lugares sociales, o quizá también. Me refiero a la
geometría misma de estar en el mundo. Hay días en que la sincronía es mucho más que un trámite lento.

Entro en las habitaciones y la materia se queda rezagada en el umbral. Se detiene a sopesar la entrada. Soy un rastro que se adelanta a su propio peso.

Entro sin entrar. He intentado corregirlo.

Pájaros de papel —¿recuerda, doctor?—. Doblaba para ajustarme a los bordes. El ángulo absoluto. El doblez que no admite la duda. Si el ángulo es de noventa grados, el universose detiene ahí. Intenté coincidir con los marcos: puertas, sillas, turnos.

Pero la coincidencia no se deja aprender. Soy un error de cálculo en el inventario.Usted me habló alguna vez de integración. Yo la reconstruí como pude, con restos de frases. Integrarse era ocupar el lugar que se corresponde.

El problema no es el lugar. Es la correspondencia.

No hay correspondencia posible entre lo que se mide y lo que se mueve en mí. Eficiencia como camuflaje. Dos trabajos. Dedos cada vez más mínimos tecleando una urgencia que era mía. He trabajado para estabilizar esa diferencia. Para que no se note.Producir volumen para comprar mi derecho a ser vista.

En ambos, el reloj se adelantaba dos minutos. Dos minutos.
Abren. Empieza a aparecer un espacio donde no debería haberlo. Eso que llaman interior se vuelve exterior. El aire atraviesa sin permiso. He llegado a pensar que el cuerpo no es un objeto. Es una negociación.

A veces soy demasiado pequeña para los bordes del mundo. Otras el mundo se encoge alrededor de mí e intenta devolverme una forma que no reconozco. Ni crecimiento ni reducción. La unidad falla.Como si el metro se olvidara de sí mismo mientras mide. También he probado dormir para volver a una medida coherente con el mundo. Pero el sueño es un desastre, doctor. Aún sin el vodka, me sueño sin bordes.

No tengo contorno. ¿Recuerda mis sueños, Alonso?
En ellos la lluvia cae con la soberbia de lo grande. Pero las gotas no logran dar conmigo; masas lentas que aterrizan siempre a destiempo.No me atraviesan. El mundo falla el tiro. Soy el blanco entre el agua. El intervalo donde la gravedad no tiene registro. No soy obstáculo. Tampoco apoyo. No puedo prestarme a la carga para dar fe de mi existencia.

Para despertar: arquitectura forzada. Dibujo mis límites con la punta de los dedos. Pared, mesa, sábana. Tanteo la materia buscando anclaje. Pero la materia grosa perdió interés en retenerme. El suelo me sostiene por inercia. Un hábito físico que se desgasta. Da igual.

No es que sea invisible. La visibilidad requiere una superficie de fijación y la mía se queda corta. Usted dirá: síntoma. Yo digo: fuga.

Como el mono de aquel informe, no busco libertad; busco una salida. Desistir no es retirarse. Es dejar de producir forma, tamaño válido, Alonso.

El cuerpo deja de actuar como evidencia, como objeto medible en la escala de los rotundos. Creen que proyectar dimensión es un mérito. No me gano la estrellita.No la quiero.

Ya no hay forma de ser caso. Ni caso perdido.
Ni caso posible. Solo no-caso.

Llega el momento en que la pequeñez no es una condición. Es un desplazamiento. No hacia abajo. Fuera del eje donde las cosas se comparan para existir. Y ese fuera no es un lugar. Es una suspensión. Átomos.

Allí donde la regla de tres no resuelve. A veces no es el cuerpo el que se desajusta, sino la mirada de los otros la que intenta ubicarlo y falla. Aprendí a anticipar esa diferencia. No desaparece. Se acumula como cansancio. El cansancio de ser traducida constantemente a un idioma de magnitudes que no hablo. El lenguaje también participa del error. Las palabras llegan; el orden es otro.

Respondo cuando los demás ya no están en el mismo sitio de la frase. Eco. Fisura.Todo funciona. Pero yo opero en el intervalo. Ya no espero respuesta. El silencio es la única métrica en la que entallo.

Dijeron: falta de ambición. Entré en esa forma. La gente grande cabe. “El cielo es el límite”, dicen. Acepté, más por necesidad que por no incomodar.

Grande pero pequeña. Pequeña pero funcional Pequeña pero legible.

Lo suficiente como para no romper la escala. Un precio desmedido. No alcanzó. No bastaba con coincidir a ratos para habitar mis dimensiones en su justa e inconmensurable medida.

Entonces, ¿qué decirle? Le escribo desde ahí. Desde un cuerpo que ya no sabe si está dentro de su propia escala. O si la escala lo abandonó primero.

No hay mano que pueda cerrarse sobre mi tamaño. Si esto tiene cura, no la quiero en forma de ajuste. Porque ajustar es volver. Forzar en encaje. Y yo ya no sé si eso es una forma de vivir.Hasta que se pueda, Alonso.
Espere sentado. Yo, la más pequeña

 

 

 

Secuela que deleita 20 años + tarde: The Devil Wears Prada 2

 

 

En Rojo

Director: David Frankel; guionista: Aline Brosh McKenna; autora: Lauren Weisberger; cinematógrafo: Florian Ballhaus; elenco Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci, Kenneth Branagh, Lucy Liu, Lady Gaga y cameos de diseñadores y modelos

Sin duda, todxs tenemos una fascinación con mirar algo o alguien que se destaca según nuestro concepto de belleza. Para Laura Mulvey, esto es algo construido en el caso del cine—y podemos añadir toda pantalla con imágenes en movimiento—por la construcción de escenas, montaje, ángulos de cámara, vestuario y maquillaje. Todxs deseamos estar en ese escenario donde las miradas reposan en los cuerpos hermosamente vestidos en la pasarela. Así que si aparte del montaje cinematográfico le añadimos el modelaje (maniquíes en movimiento), maquillaje, peinado y el buen vestir en una agencia dedicada a escribir sobre este mundo, la historia se mueve por las miradas de sus personajes y las nuestras. Mi fascinación con este mundo, cuyos entornos quedan escondidos, comenzó con la 1era exhibición que hizo el Metropolitan Museum of Art de los diseños de Alexander McQueen, “Savage Beauty”. En cine, la fascinación la trajo Robert Altman con Pret-a-Porter (1994) con su realismo, creación de aventuras tras bastidores y conversaciones reales y creadas con diseñadores y modelos. En The Devil Wears Prada 2 son las miradas, actitudes, pretensiones, acercamientos a un mundo privilegiado—que también es afectado por los apresurados cambios tecnológicos—que pone en el mismo escenario a Miranda Priestley, (Meryl Streep), Andy Sachs (Anne Hathaway), Emily (Emily Blunt) y el 2ndo en jefatura, talento y humanidad, Nigel (Stanley Tucci). Tendrán que trabajar juntxs para rediseñar su concepto de lo que es una revista basada en los conceptos de belleza cambiantes y estáticos a la vez.

Revisando mis escritos de cine, encuentro mi reseña de 2006 de The Devil Wears Prada donde escojo el talento de Streep, Tucci y Blunt por encima de la supuesta protagonista, Andy: “El personaje de Miranda Priestly con la presencia de Meryl Streep llena la pantalla en todo momento aún cuando la cámara parece moverse a otras caras. Y como ella es ‘the devil’ a quien todos temen (diseñadores, modelos, ayudantes, secretarias, escritores, publicistas y dueños de empresas), el mundo de cada personaje parece girar a su alrededor.” Lo que entonces me pareció una burla sostenida fue la entrada de Andy como asistente (a pesar de tener excelente preparación como periodista) que hace tareas como “buscar café, enganchar sus abrigos, atender llamadas” y estar a la disposición de Miranda 24/7. Además, en este filme de 2006, se ensalza el tamaño perfecto que debe tener no solamente el/la modelo sino cualquiera que trabaje en la agencia. “Pero en verdad la historia es sobre cómo Andy, la ‘gordita’ en la agencia (tamaño 7) y la que al principio creía que este mundo era superficial y artificioso, se convierte en otra seguidora ciega de Miranda Priestly al cambiar su vestimenta y rebajar para tener la talla apropiada de un tres o menos.” 20 años + tarde (esta secuela del 2026), Miranda ha podido mantener su puesto en la revista, aunque ahora depende del financiamiento del empresario Irv Ravitz y por eso accede a sus demandas de aceptar a Andy Sachs—ya convertida en una celebrada periodista—para mejorar la imagen de la revista. Pero, para Miranda, ella sigue siendo alguien que no reconoce con mérito suficiente para ser parte de su reducido círculo de personas influyentes. Por eso, la fricción entre ellas seguirá casi igual. Andy tendrá amplias oportunidades para congraciarse con Miranda, aunque todavía no entiende cuándo y cómo se puede dar una alianza entre ellas. A través del desarrollo de la historia, se presenta al mundo corporativo casi como un juguete de los súper ricos que lo menos que les importa es si el producto vale la pena.

Fui a la 1era tanda en Montehiedra del jueves 30 de abril en una sala abarrotada de un público predominantemente femenino que disfrutó cada escena ingeniosa y cada pasarela formal o informal (Miranda, Andy y a veces Emily en corredores como oficinas, lugares de encuentro, reuniones, celebraciones y hasta funerales). Al igual que sucedió en 2006, Stanley Tucci como Nigel tiene el talento de detener todo y brillar solo en escenario. Su tono de voz, sus miradas furtivas y su habilidad de decir tanto en tan poco lo hace la pareja perfecta de Miranda a través de todos estos años. Y hablando de pareja, tener a un actor de la altura de Kenneth Branagh interpretar el marido presente de Miranda, es una clase de actuación insuperable. Y, como regalo especial, Lady Gaga siendo Lady Gaga. Por si no lo percibieron: disfruté enteramente de The Devil Wears Prada 2.

 

Piculín en el Baloncesto Superior Nacional

Foto Archivo CLARIDAD/Alina Luciano

 

Especial para CLARIDAD

Los números de por vida en el Baloncesto Superior Nacional (BSN) de José ‘Piculín’ Ortiz Rijos (Aibonito-1963) en cierta medida ‘no denotan’ la grandeza del ex centro nacional de 6’ 11”, quien falleció hoy martes a los 62 años víctima de un cáncer colorrectal.

Ahora bien ‘no denotan’ quiere decir que ‘Piculín’ pudo haber puesto mejores números en los renglones de puntos, rebotes y asistencias de por vida que los que destacan su actual hoja de rendimiento en 24 temporada en el BSN.

Ortiz debutó en la campaña del 1980 y jugó 14 temporadas seguidas para los Atléticos de San Germán, luego jugó para los Cangrejeros de Santurce del 1998 hasta el 2005 y finalizó su carrera con los Capitanes de Arecibo en la temporada del 2006.

Según el historiador y analista del BSN, el exsecretario de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, Jorge Francisco ‘Paquito’ Rodríguez, las estadísticas finales de Ortiz Rijos reflejan una media de 17.7 puntos por juegos, resultado de 8,925 puntos en 505 partidos oficiales.

Esta cantidad de puntos lo coloca en la posición número 17 de todos los tiempos. En el renglón de rebotes, su promedio de por vida fue de 10.5 por juego, producto de 5,314 rebotes en 505 partidos. Esa cantidad lo posiciona como el número siete de todos los tiempos en el BSN.

Mientras en el área de las asistencias, Ortiz logró 1,134 pases para puntos en 505 juegos para promedio de 2.3.

Hay varios datos interesantes en la carrera de Ortiz Rijos en su paso por el BSN.

Por ejemplo, solamente tuvo seis juegos en que superò los 40 puntos o màs  entre 1985 y 1991. Tuvo un partido de 40 puntos (1985), uno de 41 (1985), otro de 42 (1991), uno de 45 (1990), uno de 47 (1985) y el de mayor anotaciòn de su carrera, un partido de 51 puntos contra Mayagüez en 1985. En el àrea de rebotes, Rodríguez Jimènez indicò que no aparece partido alguno que haya superado los 20 rebotes.

Quiere decir, y lo reflejan sus números de por vida, que su consistencia a lo largo de su carrera fue su carta de presentación. Hay que sumar que Ortiz Rijos ganó ocho campeonatos nacionales en su paso por el BSN, tres con San Germán y cinco con Santurce.Así las cosas, he aquí otra estadística interesante en la carrera de Ortiz Rijos en el BNS.

No jugó las temporadas de 1992 ni del 1993. Tampoco jugó en 1997. En èstos años venía de jugar duras y largas temporadas en Europa y atravesaba por un gran momento en su carrera profesional.

Además hubo temporadas en que no jugó los partidos de campaña regular de forma completa.

Por ejemplo, en 1986 jugó solamente 24 partidos, en 1987 jugó 22, en 1990 jugó 19, en 1991 participó en 11 juegos, en 1994 vio acción en 14 partidos y en 1995 jugó solamente 19 juegos.

Rodríguez Jiménez señaló que jugadores como Bobby Ríos (690 juegos), Georgie Torres (679), Christian Dalmau (639), Mario ‘Quijote’ MorAles (675), Angel ‘Cachorro’ Santiago (617), Larry Ayuso (606), Rubén Rodríguez (631) y Rolando Frazer (603), por ejemplo, tuvieron más juegos de por vida que ‘Piculín’ y sus estadísticas reflejan mayor producción.

“Obviamente que si ‘Piculín’ hubiese jugado esas temporadas completas, sus números a base de sus promedios, reflejarán mayor productividad. Hay que destacar que hubo años en que no jugó, pero venía de matar en Europa y su condición física y de jugador estaba sobre el tope”, destacó Rodríguez Jiménez.

En el renglón de premios individuales en el BSN, Ortiz Rijos fue líder en rebotes en 1984 (379 rebotes en 30 juegos) para promedio de 12.6. En la temporada del 1998 también fue líder con 364 rebotes para promedio de 12.6. Ortiz Rijos fue el MVP de la liga en la temporada del 2002 con Santurce.

A nivel internacional, como jugador bandera del Equipo Nacional de Baloncesto de Puerto Rico, Ortiz Rijos jugó en cinco mundiales de FIBA (1986, 1990, 1994, 1998 y 2002) y cuatro Juegos Olímpicos (1998, 1992, 1996, y 2004) y unos Juegos de Buena Voluntad (1994). Además, trajo a Puerto Rico múltiples medallas de oro, plata y bronce en Juegos Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos, Centrobasket, Preolímpicos y Premundiales, entre otros.

Eterno Picu

Jose (Piculín) Ortiz Foto archivo CLARIDAD/Alina Luicano

Especial para CLARIDAD 

A todas las personas que crecieron viendo el baloncesto en Puerto Rico en los ochenta y noventa y se enamoraron de este deporte

 Una vez trabajando en uno de los Preolímpicos celebrados en San Juan en el área de Prensa, vino un periodista uruguayo a pedirme el roster de Puerto Rico. Cuando se lo entregué me dijo, “que curioso que haya un jugador que se llame José Ortiz, recuerdo un centro que tuvo Puerto Rico hace tiempo que era buenísimo y se llamaba así, le decían Piculín”. Su sorpresa al saber que era el mismo José Ortiz, el que no envejecía y quien no dejaba de representar a su patria. Días después volvió para comentarme que no sólo seguía jugando, sino que no podía creer su nivel. En ese torneo del 2003 y en el juego que nos daría la clasificación olímpica contra Canadá, Picu anotó 21 puntos, cogió 10 rebotes, hizo 10 asistencias y tuvo 7 bloqueos, en 36 minutos con 40 años. Me hubiera gustado ver la cara del periodista uruguayo después de esta proeza.

Y es así, Picu no solo representó a Puerto Rico internacionalmente por décadas, sino que a un altísimo nivel. Pensar que fue el abanderado de nuestra delegación a los Panamericanos de Indianápolis en el 1987, y que en Atenas en el 2004, casi dos décadas después, fue el rostro de la derrota del equipo de baloncesto de Estados Unidos, una de las proezas más grandes del deporte puertorriqueño.

Piculín fue un grande dentro y fuera de la cancha, un patriota que en palabras del gran Flor Meléndez fue “un soldado deportivo de la patria”, pero también con sus actos fuera, siempre a favor de las luchas importantes, como la de la salida de la Marina de Vieques, entre otras. Cuando Papi falleció y posteriormente le dedicaron el Festival de Apoyo CLARIDAD, le escribí a distintas figuras del deporte pidiéndole una anécdota de Papi para poner en el programa del Festival. Esto fue lo que me contestó:

Estoy muy contento que se le dedique, aunque me hubiese gustado más en vida.

Mi anécdota más importante con tu padre fue cuando en el CENTROBASKET de Toluca, México 2001
Estaba lo de Vieques en candela y el sabía de mi sentimiento hacia la salida de la Marina de allí, el tenía consigo un Head Band que decía FUERA LA MARINA DE BIEKE Y YO SÉ LO PEDÍ Y EL ME DIJO; Te atreves? Pero no te castigaran? y le dije aunque coja Carcel me la voy a poner y eso ha sido la primera y última vez que se permite en FIBA una protesta durante un evento. Entiendo existe una foto con ella puesta.

 Ese sin duda es de los momentos más importantes en nuestra historia deportiva donde hubo un acto abiertamente político en el terreno de competencia y él sabiendo las posibles consecuencias decidió hacerlo. Picu siempre habló de la importancia de la soberanía deportiva, lo hizo después de la derrota al Dream Team en Atenas y lo dijo en su exaltación al Salón de la Fama del Baloncesto en China en el 2019, en un discurso en español donde habló de la importancia de representar a Puerto Rico con su bandera en el pecho frente a las demás naciones soberanas.

Fotos archivo CLARIDAD/Alina Luciano

Probablemente Picu es nuestro atleta nacional más importante, pues sus números son impresionantes y su impacto es global. Nunca olvido estar en taxis en Grecia y al decir de donde era cada taxista, sin falta, decirme “¿Puerto Rico? Piculín”, cuando hasta ese momento usualmente era Ricky Martin u otro artista. Su fama también se extendía por otros países de Europa y América Latina. Recuerdo la primera vez que visité el Museo del Fútbol Club Barcelona y en la sección de jugadores extranjeros ver la cara de Picu, ¡qué orgullo!

De niña cuando lo veía me parecía gigante, pero claro, a esa edad, una persona de 5’5” me parecía grandota; pero ya de grande, aún en años recientes, me abrazaba y era perderme en su inmensidad. Pocas veces el tamaño físico puede equiparar la grandeza; y Picu era así, un verdadero gigante. Siempre me alegró que cuando me lo encontraba, estaba rodeado de amor, de gente diciéndole cuánto le querían, dándole las gracias por todo lo que hizo por Puerto Rico, regalándole alguna anécdota de su infancia, etc. Porque, como dice El Gran Combo, “lo que me vayan a dar, que me lo den en vida”.  Aunque sin duda habrá muchos homenajes, todos súper merecidos, el homenaje principal fue el amor que recibió en los años que vivió, y no sólo en la Isla, sino fuera. Llevo horas viendo mensajes y me conmueve mucho cómo han llegado de todas partes del mundo. En Puerto Rico, de los más recientes y espontáneos fue su presencia en “la casita” en la Residencia de Bad Bunny en Puerto Rico. Se le veía súper feliz y gozando del concierto, y en un momento Benito lo presenta y parece que el Choliseo se va a caer junto con gritos de “Picu, Picu” y su sonrisa iluminaba más que la luz de la cámara que le colgaba del cuello. Esto fue hace menos de un año y quiero pensar que esa noche fue mágica para él y los miles en presencia en el Choliseo. El video que resumía su velada en el concierto con la canción “DTMF” de fondo, y ahora la frase “vamo’a disfrutar que nunca se sabe si nos queda poco” tiene un significado diferente.https://fb.watch/GWRFvX9Lqe/

En el papel están todos sus números, sus puntos y sus rebotes en el Baloncesto Superior Nacional, sus cuatro Mundiales y cuatro Juegos Olímpicos, su exaltación al Salón de la Fama del Baloncesto Internacional, entre muchos otros logros. Pero como dijo él en China cuando lo exaltaron: “Si ser inmortal representa que todo el mundo se acuerde de ti, bienvenido sea. Es la parte bonita de tantos años dedicados a este deporte”. Y sí, aunque nos dejó físicamente, Picu es inmortal y eterno, como los grandes. Gracias por tanto, descansa en paz.