La mala gobernanza y la taumaturgia política
Las luchas de Ludmilia Rivera Burgos
Especial para CLARIDAD
Alguien dijo que la historia que no se cuenta, no existe. Si un observador no los reporta o algún investigador no los escudriña, los eventos que sucedieron y, más importante aún, que nos afectaron, efectivamente desaparecen. Lo anterior es aún más cierto con las historias individuales. Los investigadores de la historia concentran su atención en los que por alguna razón particular en determinado momento sobresalieron, pero no en quienes con su trabajo facilitaron que alguien sobresaliera.
Vemos un ejemplo. Juan Mari Brás es recordado, entre muchas otras cosas, por sus batallas en los tribunales para hacer valer derechos fundamentales. La jurisprudencia puertorriqueña recuerda aquellas luchas con el nombre de su principal promotor, Mari Brás, o el de la organización política que él dirigía, Mari Brás v. Alcaide (1972) o PSP v. ELA (1978), para mencionar sólo dos de los casos más sonados. Cada una de aquellas batallas legales requirieron del trabajo capaz, intenso y dedicado de un grupo de abogados y abogadas, ninguno de los cuales cobró un solo centavo durante los largos meses de cada litigio. Ludmilia Rivera Burgos, cuyo fallecimiento sobrevino hace apenas unos días, siempre fue parte destacada de todos aquellos litigios, aunque su nombre ni siquiera aparece en la opinión o sentencia que recoge la jurisprudencia.
Ludmilia participó en aquellos litigios, no sólo por ser una abogada con profundidad jurídica y gran capacidad de trabajo, sino porque fue una destacada militante del Movimiento Pro Independencia (MPI) y el Partido Socialista Puertorriqueño. Su trabajo legal, junto a Enrique “Chino” González, Fermín Arraiza y tantos otros, fue una de sus muchas aportaciones a la lucha patriótica a lo largo de varias décadas.
Su incursión en el movimiento patriótico comenzó muy temprano, poco tiempo después de haber terminado sus estudios de derecho. En 1964 formó parte de un grupo de jóvenes que se integró al Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), revitalizando su organización juvenil junto a Carlos Gallisá, Jenaro “Tuto” Marchand y Jaime Córdova, entre otros. Posteriormente se integró al MPI, luego convertido en PSP, donde estuvo mientras las organizaciones existieron.
Su trabajo como abogada no se limitó a lo que Mari Brás llamó “experimentos jurídicos”, como los mencionados previamente, que surgieron cuando el MPI o el PSP decidieron retar legislación o reglamentaciones utilizadas para perseguir o coartar los derechos de las organizaciones patrióticas. Si revisamos los periódicos de las décadas del ´60, ´70 y ´80 encontramos a Ludmilia Rivera como abogada de los dirigentes estudiantiles víctimas de represión, como resultado de las luchas contra el ROTC y el servicio militar en los años intensos de 1969 a 1973; como abogada defensora de trabajadores y líderes sindicales (entre otros, Arturo Grant Pardo) arrestados y acusados durante las múltiples huelgas que se sucedieron a lo largo de las décadas de 1970 y 1980; y como representante legal de los rescatadores de terreno que el gobierno de Carlos Romero Barceló desalojó a la fuerza de sus humildes hogares. En uno de aquellos rescates -Villa Sin Miedo en Río Grande- representó a los residentes tanto en el proceso de desahucio incoado, como en las acusaciones criminales que se presentaron cuando los rescatadores resistieron el desalojo.
Como otros dirigentes y militantes de aquellos años, Ludmilia incursionó en áreas en las que fue necesario aprender sobre la marcha. Cuando el PSP decidió participar en las elecciones generales estudió a fondo la legislación y reglamentación electoral, representando a la organización en numerosos litigios incoados para defender sus derechos frente a los partidos que hasta el momento habían controlado el proceso, el PPD y el PNP. En las elecciones de 1980, una de las más cerradas de nuestra historia y, como muchas, marcada por el fraude, como Subcomisionada Electoral del PSP, se empleó a fondo en los litigios que se produjeron antes y después de votar, y en el recuento cargado de incidentes que se prolongó durante meses.
Posteriormente utilizaría esa experiencia en el proceso eleccionario para presidir la Comisión Electoral el Colegio de Abogados con la que la ilustre institución cumplió una función fiscalizadora y revisora de los eventos electorales. Hace algunos años el Colegio le otorgó la medalla Nilita Vientós con la que la institución distingue a abogados o abogadas que se destacan en la profesión legal y la actividad cultural.
Por sus dotes en el campo legal y, además, por la gran necesidad de abogados litigantes que hubo durante aquellas décadas de intensa lucha, las aportaciones de Ludmilia Rivera Burgos en ese campo fueron más conocidas. Pero su aportación al trabajo del MPI y el PSP fue más amplia, incursionando también en la lucha cultural, sindical y en la defensa de los derechos de la mujer. También participó en la lucha clandestina armada que se desató en Puerto Rico durante aquellos años como integrante de los Comandos Armados de Liberación. De esa faceta no es posible hablar en detalle. En primer lugar, porque por su naturaleza clandestina y por la necesaria compartimentación, hay poca información disponible y, en segundo lugar, porque el enemigo que entonces acechaba lo sigue haciendo. No obstante, es necesario apuntar el dato para la historia que falta por escribirse.
Por esa lucha efectiva y amplia Ludmilia fue objeto de muchos actos represivos, incluyendo una cobarde y brutal golpiza que en una ocasión recibió en su propio hogar. Como nunca pudieron detenerla en los tribunales ni en la calle, pretendieron callarla a golpes.
El Cerro Pelado fue la primera tribuna Antimperialista del deporte cubano (2)
A 60 años de la heroica gesta del Cerro Pelado
Como no hubo manera de que detuvieran al mercante Cerro Pelado, y mucho menos a su preciada y aguerrida carga humana, después de participar en la inauguración, la delegación cubana comenzó a copar titulares desde los escenarios de competencia de los X Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan 1966.
Ni aviones, ni lanchas ni buques de la marina de Estados Unidos; tampoco los tiburones que amenazaban en el desembarco pudieron impedir la presencia cubana.
Derrotados en el primer combate de San Juan, el imperio arremetió contra las y los deportistas cubanos y el resto de los miembros de la comitiva atlética. Pero volvieron a morder el polvo de la derrota.

foto suministrada por el autor.
Hasta la urbe boricua se trasladaron agentes de la CIA, los odiadores de siempre asentados en Miami, y un grupo de batistianos que habían recalado en Puerto Rico, tras el triunfo de la Revolución. Ellos manipularon la opinión pública con sus mentiras, amenazaron y agredieron a atletas y directivos de la delegación.
Planificaron atentados contra los máximos dirigentes de la representación de la Mayor de las Antillas; organizaron, además, secuestros de atletas, hasta de equipos enteros. El objetivo era humillarlos e intimadarlos y presionar, bajo ese asedio, a la deserción.
A pedradas le cayeron al ómnibus que trasladaba a los peloteros desde el estadio de Caguas hasta la Villa. Sin embargo, los jugadores no se acorbadaron, en cada salida al terreno eran mejores y los aficionados que acudían al parque terminaron por ponderar sus cualidades.
En el atletismo intentaron llevarse a la fuerza a algunas atletas. Pero ?saben con que se encontraron? Con los puños de los boxeadores; sobran los comentarios, otra vez salieron con el rabo entre las patas, como perros asustados.
Un intento de mancillar la bandera ocurrió en la competencia de baloncesto masculino. Allí uno de los grupos de desalmados pretendieron bajar la enseña nacional y colocar en su lugar la de la ex URSS, a fin de colgarle el cartelito de satélite a Cuba.Los propios baloncetistas encararon la afrenta, y le dieron su merecido a los provocadores ante la displicencia de los agentes policiales. Ellos devolvieron a su lugar el pabellón patrio y rescataron el de la Unión Soviética, el cual fue traído a Cuba.
Después de que de manera ruin y cobarde la emprendieron a golpe con Luis Cardenas, uno de los miembros del Comité Olímpico Cubano, quien fue rescatado por los propios integrantes de la delegación, fracasó el intento de atentado contra el presidente del Inder y jefe de la embajada deportiva, preparado en la propia Villa.
En la sede de la esgrima, en uno de los días de competencia le negaron el acceso al público. Solo entraron los que fueron a hostigar a los deportistas cubanos, y una vez más el coraje y la dignidad se impusieron.
Los esgrimistas coparon los principales podios de la lid, y cuando fueron a salir de la instalación se abrieron paso como verdaderos espartanos, con sus floretes, sables y espadas. Frente a esa convicción de victoria, fijada en el compromiso de regresar con el escudo o sobre el escudo, los apatridas se desmoronaron.
A las muchachas de voleibol las secuestraron cuando iban de regreso a la Villa en el ómnibus. El chófer era parte de ese plan, pero cuando ellas lo descubrieron lo neutralizaron, se bajaron del autobús y tomaron taxis y otros vehículos, para llegar a su concentración.
Fue grande la humillación de los enemigos, pues ya habían anunciado por la radio que el equipo completo de voleibol había desertado. Felices, las voleibolistas no paraban de reírse de aquel papelazo gusanero. Ni pudieron negarle el derecho a Cuba de participar, y tampoco lograron doblegar a sus atletas. Razón tenía Margarita Skeet, jugadora de baloncesto del equipo cubano en San Juan 1966, cuando expresó que «el Cerro Pelado fue la primera tribuna antimperialista del deporte cubano».
El autor es director del periódico JIT Actualidad del Deporte Cubano
La resistencia de los cubanos ante el acoso y las agresiones del gobierno estadounidense.
El 3 de febrero de 1962, hace algo más de 64 años, el presidente Kennedy anunció un embargo total sobre el comercio con Cuba, con lo que amplió prohibiciones adoptadas en los dos años precedentes y se inició el carácter extraterritorial del bloqueo.
De entre los muchos crímenes del imperio estadounidense contra países de Latinoamérica se destacan las décadas de agresión contra la República de Cuba. Por estos días se repiten las altaneras declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que se va a apoderar de Cuba, hacer con ella lo que quiera, o que los cubanos, llenos de miedo, van a entregar su soberanía y olvidarse de sus tradiciones patria. A la par con ello despliega naves de guerra cerca de nuestras costas.
Con asombro, el mundo ha visto como la hostilidad, al acoso y las agresiones de varios decenios, se suma ahora un bloqueo energético, para impedir que compremos combustibles o incluso con acciones de piratería e incautación de los cargueros que pretendan llevar petróleo a nuestros puertos. Y pretenden justificarlo con acusaciones infundadas y con argumentos insostenibles declarando que Cuba representa “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de Estados Unidos.
Es una acusación ridícula y a su vez peligrosa. Contradice las evaluaciones realizadas durante casi tres décadas por el Pentágono y el Comando Sur. A mediados de la década de 1990, ante una solicitud del Congreso, el Departamento de Defensa yanqui respondió de forma clara que, en su evaluación, consideraba a la isla como una amenaza nula, salvo que se produjera un éxodo masivo hacia Estados Unidos y la región.
El Índice Global de Crimen Organizado, financiado por el gobierno estadounidense, sitúa a Cuba en el puesto 168 de 193 países en términos de criminalidad.
No vemos justificación para una acción militar contra Cuba. Cuba es un país pacífico. No somos enemigos de Estados Unidos. La Isla no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas; ni existen bases militares o de inteligencia extranjera en su territorio, y nunca ha apoyado ninguna actividad hostil contra EE.UU. ni permitirá que desde Cuba se actúe contra otra nación. No representamos ninguna amenaza.
La cooperación bilateral en materia de seguridad con la isla ha demostrado esta afirmación, con una colaboración activa en la interdicción de narcóticos ilegales, el control de la migración ilegal, la ayuda en casos de desastres naturales e incluso la eliminación de residuos tóxicos.
Una agresión militar contra Cuba, además de criminal, originaria una grave crisis e inestabilidad en la región. Lo que suceda con Cuba hoy le puede suceder a cualquier país. Los propios Estados Unidos corre el riesgo de crear un foco de caos e inestabilidad en su propia frontera.
Una añeja pretensión
Es sabido que desde su fundación hace 250 años, ese país anheló y trabajó para apoderarse de Cuba. La hostilidad de ese gobierno se potenció con el triunfo de la Revolución de 1959, al establecer esta una política de rescate de sus recursos nacionales y de su soberanía, y al dar al traste con el statu neocolonial y dependiente. Por ello, para los gestores de la política yanqui devino esencial acabar con el mal ejemplo soberano de Cuba y con nuestro derecho a la autodeterminación.
Se recurrió a una guerra económico-financiera brutal, a la subversión, al terrorismo, agresiones militares, sabotajes, el uso de mercenarios, planes de atentado contra Fidel Castro, introducción de virus para afectar nuestra producción agropecuaria y muchas otras acciones que violan de manera flagrante los principios esenciales del derecho internacional.
Ha sido una amenaza inusual. Estamos hablado de la hostilidad sostenida por parte del más poderoso imperio de la historia, situado en nuestra vecindad, a unos 150 Kms.; algo así como la distancia entre Santiago y La Ligua.
Una formulación oficial, el Memorando de Lester Mallory, Vicesecretario de Estado Asistente para Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, que se puso a la atención del presidente Dwight Eisenhower y fechado 6 de abril de 1960, sintetiza las intenciones para establecer el bloqueo, al señalar:
“La mayoría de los cubanos apoya a Castro… No existe una oposición política efectiva… La influencia comunista está impregnando el gobierno… Todos los medios posibles deben emprenderse con prontitud para debilitar la vida económica de Cuba… Realizar los mayores avances para negar dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios monetarios y reales, para provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno…”.[1]
El espíritu de aquella nota, actuó con la fuerza de una directiva contra Cuba llevada a cabo y reforzada por catorce administraciones, tanto demócratas como republicanas. El tenor general de la posición de EE. UU. hacia Cuba es un enfoque de línea dura en lo que considera su patio trasero al estilo de la Doctrina Monroe, y de su temprano afán durante más de un siglo por anexarse la isla. Ciertamente Cuba se encuentra ahora en medio de grandes dificultades. Aunque el gobierno de Estados Unidos sabe que los problemas que enfrenta Cuba se deben, en gran medida, a sus políticas de bloqueo yanqui, Trump incrementa su palabrería pues cree ver en ello como una oportunidad de apoderarse de nuestro país. Son realmente sueños irrealizables, que se les desvanecerán como pompas de jabón,
El bloqueo económico, financiero, comercial, de alcance extraterritorial, con sanciones equivalentes a una verdadera guerra económico-financiera contra Cuba, es llamado por ellos eufemísticamente un “embargo”. Ha generado pérdidas de entre dos y cuatro mil millones de dólares anuales durante sesenta años, aunque no hay cifras para aquilatar la magnitud de las dificultades y sufrimientos ocasionados a la población cubana. Durante un cuarto de siglo, año tras año, la Asamblea General de Naciones Unidas ha apoyado resoluciones que emplazan a Estados Unidos y condenan su política del bloqueo. Han sido votaciones casi unánimes, aprobadas por unos 180 países. Chile ha respaldado sistemáticamente esas resoluciones.
Algunos ámbitos concretos del bloqueo y su impacto
No es una cuestión de que Cuba vuelva a tener o no acceso al mercado estadounidense. Tengamos en cuenta que:
+ el asedio nos obliga a comerciar con la mayor desventaja, con prohibición de transacciones en dólares; obligados al uso de costosos préstamos comerciales a corto plazo; limita el marco de suministradores disponibles y los encarece; restringen transacciones de terceros países con insumos de procedencia cubana, y a Cuba adquirirlos de cualquier procedencia si contienen valores de procedencia estadounidense; se prohíbe a navíos acceder a sus puertos si han hecho escala en nuestras costas; no podemos acceder a tecnologías de los Estados Unidos ni, a veces, a la de ningún otro país desarrollado; y tratan por todos los medios de impedir cualquier vía de ingreso de divisas al país y frustrar cuanta oportunidad de negocio Cuba gestiona en el mundo.
La embestida se extiende a muchos otros campos. Funcionarios estadounidenses se dedican a presionar, con amenazas de fuertes sanciones, a entidades privadas y a gobiernos de todo el mundo para que se abstengan de relacionarse con nuestro país. El marco de esa política también se extiende a la prohibición inconstitucional de viajar a Cuba aplicada a los ciudadanos estadounidenses, con el fin de afectar nuestra industria turística.
Por estos días la presiones y el carácter extraterritorial del bloqueo se intensifican. A comienzos de mayo, el presidente Trump emitió una nueva orden ejecutiva mucho más amplia, con medidas dirigidas contra cualquier persona o entidad “extranjera o estadounidense” que opere en sectores vitales para el ingreso de divisas a la isla. Se trata de subvertir el orden interno, estrangular la economía y anular la capacidad de Cuba para relacionar su sistema bancario y su economía con el resto del mundo.
La ofensiva imperial ha golpeado múltiples frentes: Visa y Mastercard dejan de operar en la isla; mineras canadienses y cadenas hoteleras españolas huyen por miedo a las sanciones secundarias de la administración Trump. Pero el país no está cruzado de brazos; se buscan y se encuentran alternativas para resistir.
En los últimos cinco años unas 250 nuevas medidas hostiles han sido adoptadas por el gobierno estadounidense. Con cada nueva administración se agregan nuevos pretextos y acciones hostiles en ámbitos que amplían la política de bloqueo. Entre esos ámbitos están el migratorio, tradicionalmente instrumentalizado para atacar a Cuba o crear dificultades bilaterales. Dejaron de cumplir la entrega de visados fijada en los acuerdos migratorios bilaterales, mientras estimulan las salidas ilegales. Paralelamente, con gran el cinismo, Washington amenaza con fuertes medidas si Cuba permite el flujo migratorio desordenado y masivo.
Como parte del cerco, tiene gran impacto la inclusión de Cuba en una espuria lista de países de “países patrocinadores del terrorismo”, la cuales sirve de base a sanciones contra Cuba y a terceros países, mucho de los cuales se ven amedrentados ante esa medida.
La complejidad de las leyes y regulaciones del bloqueo potencia permanentemente la influencia de la claque política y económica anti cubana de La Florida sobre los funcionarios electos y las maquinarias políticas nacionales de ambos partidos del sistema.
En la retórica contra Cuba, quedan relegados múltiples vínculos bilaterales que subsisten y son de beneficio mutuo para ambos países; en materia de seguridad del tránsito aéreo y marítimo, lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, coordinación en materia de meteorología; facilitar vínculos familiares entre los cubanos que residentes en ambos países, y por supuesto, en lo referente a mencionados acuerdos bilaterales para flujo migratorio ordenado.
Hay muchas esferas válidas para un dialogo bilateral constructivo y son muchos en ese país quienes podrían beneficiarse con una relación constructiva con Cuba. Por ejemplo, sectores empresariales, exportadores agrícolas, firmas de capital e inversionistas con oportunidades de negocios existentes en la isla; una parte sustantiva de la comunidad de cubanos residentes en ese país; centros de investigación y empresas farmacéuticas interesadas en los beneficios que pueden derivarse de los logros científicos de Cuba en esos campos, etcétera. En ese marco todo en posible; en el pasado se alcanzaron muchos acuerdos y todos fueron cumplidos por Cuba; no siempre por la parte estadounidense.
Hay que decir, por otra parte, que cierto grado de acompañamiento desde el exterior ha sido importante para nuestra resiliencia. Por momentos, la coyuntura Latinoamérica ha sido un factor a considerar, quizás latente, pero que no puede ser ignorada en los cálculos del gobierno de Estados Unidos en su política hacia Cuba y hacia la región.
Obviamente el objetivo perseguido con el bloqueo de rendir por hambre al pueblo cubano y provocar el derrocamiento de la Revolución no ha sido ni será alcanzado. Muy por el contrario, ha catalizado la capacidad de resistencia de los cubanos y ha concitado una mayor simpatía y la solidaridad para con Cuba en el resto del mundo.
Pero ello no debe opacar que ese fracaso en lo político ha sido acompañado por un impacto real, nefasto sobre nuestra sociedad y nuestra economía. Mucho daño y sufrimiento ha generado para nuestra población, para el ciudadano de a pie, lo cual testifica el carácter criminal de esa política anticuada, hipócrita y contraproducente.
A la par con ello, el gobierno cubano ha expresado una y otra vez su disposición para el diálogo respetuoso y edificar un nuevo tipo de relaciones con los Estados Unidos, de construir una relación respetuosa. Esa disposición a dialogar sobre temas bilaterales ha sido reiterada por estos días por el presidente cubano Miguel Diaz-Canell, al tiempo que se reitera que no puede pretenderse, ni por un momento, que Cuba renuncie a los principios de la Revolución y el Socialismo, ni que realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia, o ceda en el ejercicio de su política exterior comprometida con las causas justas, la defensa de la autodeterminación de los pueblos y el histórico apoyo a países hermanos.
Mientras el bloqueo y la hostilidad de los gobiernos estadounidenses no se modifiquen y no se dispongan a un trato respetuoso y de igual a igual entre nuestros países es y será siempre fundamental, que Cuba y el pueblo cubano sigan adelante, sin ceder en lo esencial de su soberanía y demostrando su capacidad de mantener la estabilidad, el desarrollo y su inserción económica con el resto del mund
[1]https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d499
Prohíben participación del coro del RCM
La organización habría apoyado a la del recinto de Carolina
CLARIDAD
Múltiples organizaciones de la Universidad de Puerto Rico (UPR) denunciaron que la Administración Central prohibió, el 12 de junio, la integración del coro del Recinto de Ciencias Médicas (RCM) a la graduación de la unidad de Carolina por repudiar las consignas expresadas en la colación de grados de la Escuela de Medicina. De acuerdo con la presidenta del capítulo de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU) en el RCM, Ada Alemán Batista, el coro de Ciencias Médicas presentó, el año pasado, un repertorio idéntico al de este año, incluyendo estrofas de la canción Lo que le pasó a Hawái, de Bad Bunny.
“En la graduación del 2025, cuando Miguel Muñoz era presidente de la UPR, el coro hizo ese mismo montaje. Ellos le cambian la estrofa que dice no quiero que a Puerto Rico por no quiero que a la UPR le pase lo que le pasó a Hawái. Eso estuvo montado ahí y no dijeron nada. En la graduación del 2024, cuando la canción ni existía, ellos cantaron otras canciones puertorriqueñistas… Esas situaciones se han dado en el Recinto de Ciencias Médicas”, contextualizó la profesora.
Este año, reparó, la presidenta Zayira Jordán Conde enfrentó pancartas que leían «sin U no hay PR», narices circenses que criticaban su gestión y un abucheo que «le desfiguró la cara». En medio de la presentación del coro, la jefa institucional dio gracias por vivir en una democracia y gozar de libertad de expresión. Alemán Batista plantea que Jordán Conde comenzó, el lunes siguiente, a tramitar la prohibición. “El año 2025 y 2026, el coro de Carolina acompaña al coro del Recinto de Ciencias Médicas en la graduación de Ciencias Médicas. Inclusive, la voz que canta las partes fuertes de Lo que le pasó a Hawái es una muchacha de Carolina. Me entero (de la prohibición) porque alguien de la administración me lo dijo”, agregó.
Del mismo modo, la profesora indicó que figuras de la administración presionaron a ciertas personas en ambos recintos para que el coro del RCM no participara en la graduación de Carolina. Alemán Batista no reveló la identidad de la fuente. El coro de Carolina, compuesto por voces femeninas, se une a las voces masculinas de Ciencias Médicas a modo de apoyo en los registros de tono.
“El coro es un espacio académico que siempre se ha respetado, y lo usan como para lucirse, para farandulear. Se les hace muy difícil comprender la aportación académica que tienen los coros. La compañera que estaba dirigiendo el coro en Ciencias Médicas no tenía una plaza para dirigir el coro. Ella lo hacía de más. Fue también reclutadora, directora de Educación Continua. No lo reconocen por las aportaciones que hace como coro”, compartió.
Esta determinación de Administración Central, continuó Alemán Batista, refleja su falta de capacidad de conciliación con la comunidad universitaria y sus reclamos. Calificando el estilo de gobernanza como “autoritario”, la docente coincidió con la postura multisectorial de la “mordaza” que supone esta decisión. “Es una contradicción total, y deja ver el estilo de ella. El estilo de ella es aparentar y, tras bastidores, hace este tipo de cosas”, concluyó.
Por su parte, el Consejo General de Estudiantes (CGE) comunicó que Jordán Conde ordenó, el 7 de junio, que el rector de la UPR en Carolina, José Merza Pereira, prohibiera la integración del coro del RCM en cualquier otra graduación. El cuerpo estudiantil repudió la orden y la catalogó de “inconsistente”. “Esta situación añade una nueva evidencia para sustentar que la Dra. Zayira Jordán Conde no debe continuar en funciones como presidenta de la UPR. De acuerdo con el perfil que la Junta de Gobierno de la UPR generó para nombrar a la presidenta, se incluyeron criterios… que la Dra. Jordán Conde no es capaz en este momento de cumplir”, expresaron.
Asimismo, el CGE de la unidad de Carolina argumentó que esta prohibición comunica “que disentir tiene consecuencias, que cuestionar incomoda y que levantar la voz puede convertir a estudiantes y agrupaciones universitarias en objeto de represalias”. La organización envió un comunicado a Jordán Conde en que condenaron su postura contradictoria sobre la libertad de expresión.
El Movimiento Estudiantil en Carolina calificó, por igual, la prohibición de “hipócrita” por las expresiones de la presidenta. En ese sentido, el cuerpo de alumnos exigió de nuevo que Jordán Conde salga de su posición.









