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El suicidio político de La Fortaleza

Francisco Domenech. Foto por Christian Rosado

 

Especial para CLARIDAD

“Un saco de cemento en la espalda de Jenniffer González”, dijo Juan Dalmau en Twitter para describir lo que representa Francisco Domenech para la tercera mujer en gobernar Puerto Rico. Y tenía razón, pero la imagen se queda corta. Porque ese peso no lo carga solo la gobernadora: lo arrastra también el país entero, obligado a soportar en su espinazo la carga de quienes, sin haber sido electos, influyen, deciden y moldean el poder desde las sombras. Ese lastre —hecho de ambiciones privadas, lealtades turbias y un historial político que elude la transparencia— no es una metáfora aislada, sino el retrato de una estructura que se repite y se enquista, una que convierte al pueblo en bestia de carga mientras otros disfrutan del viaje.

La defensa férrea, casi suicida, que la mandataria mantiene sobre su Secretario de la Gobernación ha dejado de ser un asunto de prerrogativa ejecutiva para convertirse en una condena pública. Al amparar a un solo hombre, la Gobernadora ha hipotecado la credibilidad de su administración y ha provocado un estancamiento gubernamental severo que paraliza decisiones fiscales y arrastra al país entero al inmovilismo. Mientras La Fortaleza consume su energía justificando contratos y transacciones privadas, los problemas estructurales de la Isla quedan relegados a un segundo plano, como si la gobernanza fuera un lujo y no una obligación.

Para la gobernadora, sin embargo, la narrativa es otra. González Colón insiste en que los señalamientos contra su funcionario son “peleas vanas” de la oposición y de rivales internos del PNP. “Él vendió su negocio como si cualquiera vendiera su carro o su casa”, ha repetido para defender la pureza de su gabinete. Pero al otro lado de la trinchera, la indignación es total. Tras la querella formal ante el OPFEI, la licenciada Eva Prados — Coordinadora General del MVC— fue tajante: “Francisco Domenech no solo representa un flagrante conflicto de interés, representa la captura del aparato gubernamental para beneficiar a los amigos de la casa a costa de los servicios esenciales del pueblo”.

Para entender cómo un solo individuo llegó a acumular tanto poder institucional, hay que mirar su origen. Domenech no proviene de la aristocracia política; su juventud estuvo marcada por inestabilidad residencial y retos económicos entre San Juan y Ocala, Florida. Ese trasfondo forjó un apetito implacable por el control. Su regreso a la UPR marcó el punto de inflexión: como presidente del Consejo General de Estudiantes, no fue un líder idealista, sino un operador pragmático que entendió que el verdadero poder no está en la protesta, sino en la maquinaria institucional.

Ese aprendizaje lo catapultó. Tras graduarse de Derecho, Kenneth McClintock lo nombró director de la Oficina de Servicios Legislativos con apenas 27 años. Allí descifró el ADN del poder legislativo y construyó una red de contactos invaluable. Luego, en el sector privado, monetizó ese conocimiento fundando Politank Corp, una aduana corporativa para inversionistas que buscaban acceso al gobierno. El clímax llegó en diciembre de 2024, cuando vendió la firma por $4 millones a su socio Manuel Torres, limpiando el rastro justo antes de juramentar simultáneamente en tres de los puestos más poderosos del país: Secretario de la Gobernación, Director de la AAFAF y Presidente del Banco de Desarrollo Económico.

En paralelo, Domenech fue tejiendo con Jenniffer González Colón una alianza puramente política, una maquinaria de conveniencia donde él aportaba cálculo, dinero y estrategia, y ella el vehículo institucional para escalar. Durante cinco campañas, Domenech fue la sombra que afinaba cada movimiento, el ingeniero que la impulsó primero a Washington en 2016 y luego a La Fortaleza en 2024.

La otra historia, la que verdaderamente altera el equilibrio del país, es su matrimonio con Verónica Ferraiuoli, actual Secretaria de Estado. Ese vínculo personal, incrustado en la línea sucesoria, crea una arquitectura de poder que ningún reglamento previó: cuando la gobernadora se ausenta, Ferraiuoli asume el mando interino del Ejecutivo, mientras Domenech, desde un lugar sin cargo pero con acceso, influye sobre el gabinete y sobre las decisiones fiscales que sostienen al gobierno.

Así, dos relaciones distintas —una política, otra íntima— convergen en un mismo punto de control. Y lo que emerge no es solo una alianza, sino una estructura dinástica que mezcla lo público y lo doméstico, lo institucional y lo privado, hasta volver difusos los límites de la autoridad democrática

Pero ese blindaje político está lleno de fisuras. El país recuerda su arresto en 2018 bajo la Ley 54, un caso que se archivó porque su esposa no compareció a testificar. En 2021, una secuela del caso reveló alegaciones de información falsa bajo juramento. Hoy, la crisis es institucional y criminal. La querella del exsecretario del DDEC, Sebastián Negrón Reichard, detalla un patrón de intervenciones indebidas: presiones para frenar destituciones de funcionarios investigados por corrupción y para agilizar decretos contributivos millonarios a favor de antiguos clientes de Politank.

Durante la histórica vista de interpelación en Comisión Total, Domenech intentó defenderse: “No ostento interés alguno en la empresa Politank… vendí y me desvinculé totalmente”. Pero sus argumentos chocaron con la fiscalización. El presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, lo encaró sin rodeos: “Se equivoca, licenciado Domenech, aquí no venga a mentir ni a confundir”.

La pesquisa no se limita a él; arrastra directamente a la gobernadora. Al activar un escudo absoluto sobre su secretario, González Colón se acerca peligrosamente a los delitos contra la función pública. Si se demuestra que conocía las presiones indebidas y utilizó su poder para encubrirlas, podrían configurarse delitos como encubrimiento, obstrucción a la justicia e incumplimiento del deber.

A estas alturas, el daño institucional es profundo. No sabemos si la salida de Domenech salvaría la gestión de la gobernadora; lo cierto es que, tras meses de parálisis, desmantelamiento de agencias y pérdida de fe pública, enderezar el rumbo parece una misión imposible. El saco de cemento ya fracturó la espina dorsal de este gobierno, y el costo de esa rotura lo sigue pagando el pueblo de Puerto Rico.

 

El alcalde de Nueva York  y la independencia de Puerto Rico

Análisis de noticias

Causaron revuelo en Nueva York  y Puerto Rico las expresiones del alcalde de la ciudad de Nueva York,, Zohran Mamdani, en apoyo a la autodeterminación e independencia de Puerto Rico. Las mismas se produjeron durante un encuentro entre el mandatario y líderes de la comunidad boricua en dicha ciudad, como antesala a la celebración del Desfile Puertorriqueña de Nueva York el pasado domingo. Fue una expresión espontánea, como de alguien para quien ser anticolonialista fuera lo más natural del mundo. Tal parece que para Mamdani lo es.
Zohran Mamdani no es un político cualquiera. A sus 34 años, tiene una vasta y variada experiencia de vida que lo expuso desde temprano al conocimiento de asuntos complejos como la geopolítica y demás temas de política, estructuras sociales y relaciones entre países.
Nacido en Uganda y criado hasta los siete años en Ciudad del Cabo, capital de Sudáfrica, Mamdani llegó de niño a Nueva York junto a sus padres, un intelectual y académico ugandés -estudioso de los procesos coloniales y hoy profesor de la Universidad de Columbia- y una reconocida cineasta oriunda de la India, creadora de filmes de impactante contenido social.
Por eso, no es de extrañar que Zohran Mamdani haya leído sobre la historia colonial de Puerto Rico, y sobre la lucha y la resistencia de nuestro pueblo ante los imperios de España y Estados Unidos. Mamdami, además, corrió su campaña y ganó la alcaldía de Nueva York con una plataforma de socialismo democrático que no fue impedimento para que las y  los neoyorquinos, hastiados de la corrupción, la incompetencia, el alto costo de vida, la falta de oportunidades y la desigualdad social y económica lo eligieran abrumadoramente sobre sus contrincantes.
Zohran Mamdani es el rostro de un nuevo Estados Unidos que emerge poco a poco, y se lanza al ruedo político con el propósito de transformar dicha nación y convertirla en una tierra de promesas cumplidas para toda su gente, y no solo para un puñado de millonarios y billonarios. Un Estados Unidos que reniegue de su pasado y presente de imperialismo, dominación y guerras, y aspire a vivir en paz, dentro y fuera de sus fronteras, y en respeto a los derechos de cada país y al derecho internacional.
En cuanto a Puerto Rico, las palabras de Mamdani evocan el ejemplo de solidaridad con la independencia de Puerto Rico que dio Vito Marcantonio, el legendario político  neoyorquino de izquierda, que en el año 1943, y como representante del distrito de East Harlem, presentó en el Congreso de Estados Unidos un proyecto radical a favor de la independencia de Puerto Rico.

Ludmilia Rivera Burgos, patriota, abogada, luchadora, compañera y amiga

Ludmilia Rivera Burgos. Foto Archivo CLARIDAD

Desde CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña, lamentamos profundamente el fallecimiento de la querida compañera Ludmilia Rivera Burgos, abogada y  patriota consecuente y firme, que por muchos años ofreció generosamente su talento y su esfuerzo a la causa de la independencia de Puerto Rico y la justicia para nuestro pueblo. Además, fue compañera y amiga solidaria y desinteresada, que servía con alegría y compartía lo suyo con el proverbial desprendimiento que la caracterizó.

Como destacada militante del Movimiento Pro Independencia y Partido Socialista Puertorriqueño (MPI-PSP) durante los años 60, 70 y 80 del siglo pasado, vivió y luchó durante aquellas décadas turbulentas de feroz persecución y acoso contra  el independentismo y contra trabajadores, estudiantes y comunidades que se levantaban por sus derechos. Codo a codo, trabajó como abogada en defensa de quienes reclamaban sus derechos laborales, civiles y humanos, y por ello enfrentaban la represión y persecución de patronos, instituciones y del Estado.

Fue tan valiente y efectiva su labor, que ella misma fue víctima de una salvaje y cobarde agresión, que puso en riesgo su integridad física, en momentos en que defendía a sindicalistas que se enfrentaban a patronos poderosos y a la colonial y represiva Ley Taft Hartley. Como siempre, la impunidad encubrió al culpable, pero Ludmilia prevaleció y continuó con nuevos bríos su esencial tarea.

Pero el trabajo político de Ludmilia Rivera Burgos  trascendió el ámbito legal. Se desdoblaba para servir, proteger, dar consejo, analizar, cuidar y hasta para escribir bajo un seudónimo en CLARIDAD, cuando el tema de la noticia requería de su aguda capacidad de análisis y claridad política y jurídica. Tambien formó parte oficialmente de la redacción de CLARIDAD en los tiempos del CLARIDAD diario, cubriendo la legislatura.

Pero, quizá el ámbito de preferencia de Ludmilia fue el cultivo de sus exquisitas cualidades como ser humano. La abogada aguerrida que infundía respeto y la militante consciente y constante tuvieron su mejor expresión en su grandeza humana, de esa que se mide en gestos pequeños, en detalles. Fue la amiga que alimentó cuerpos y sueños, que acompañó en momentos difíciles, que con su ejemplo enseñó a nunca doblar las rodillas, y que vivió y murió como los buenos del verso de José Martí, de cara al sol radiante de nuestra Patria y con la conciencia limpia de quienes cumplen con su deber.

Reciban sus familiares y sus entrañables compañeros y compañeras nuestro solidario abrazo.

 

Junta Directiva y Colectivo de Trabajo de CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña 

La educación no es un producto de consumo

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La educación de un país es la zapata para su desarrollo. Los países con los mejores sistemas educativos invierten grandes recursos en su sostenimiento, expansión y capital humano. No puede haber prosperidad y plenitud social sin un sistema de educación pública dirigido a las necesidades de sus educandos, y basado en la visión y objetivos compartidos para el desarrollo de un país o sociedad.

En Estados Unidos, sin embargo, la educación pública, como la conocemos, va en dirección contraria. El país más rico y poderoso del mundo, hoy bajo un gobierno Republicano y de extrema derecha, está enfrascado en un proceso acelerado para desmantelar su sistema educativo nacional y devolver a cada estado la responsabilidad y los costos de educar a sus respectivas poblaciones. A todas luces, esto parece una gran contradicción con lo que pretende representar el movimiento «Make America Great Again (MAGA)», con su visión nacionalista y aislacionista que Donald Trump tan orgullosamente articuló, y que lo convirtió en presidente de Estados Unidos en dos ocasiones.

La actual Secretaria de Educación, Linda McMahon, que no es educadora sino comerciante, está por orden ejecutiva del Presidente, desmantelando el  sistema educativo federal y transfiriendo sus funciones a otras agencias o a los 50 estados. Trasladó la división de reclamos por discrimen y violaciones de derechos civiles al Departamento de Justicia, y esta semana, anunció el traslado de los programas de Educación Especial al Departamento de Salud y Recursos Humanos. ¿ Cómo es que la educación especial es un asunto de salud y no de diversidad cognitiva? No sabemos porque no se ofreció explicación para ese cambio. De todo esto puede  inferirse que Trump considera un gasto innecesario la inflada burocracia del Departamento de Educación Federal, pero lo mismo podría argumentarse sobre otras agencias menos importantes y neurálgicas y, sin embargo, éstas siguen intocadas. Ya veremos en qué desemboca este alocado proceso, sobre todo mientras prevalezcan los gobiernos de mayoría Republicana en Estados Unidos.

Por nuestra parte, en Puerto Rico, estamos viviendo otro tipo de desmantelamiento del sistema de educación pública. A la barbarie del cierre indiscriminado de escuelas bajo la tutela de la ex convicta ex secretaria de educación, Julia Keleher, se añade ahora la creciente  penetración de las llamadas escuelas «charters», o «escuelas públicas alianza», que realmente no son públicas porque no sirven al grueso de la población escolar y tienen currículos, reglamentos, disposiciones y personal distintos y ajenos a los de las escuelas públicas. Realmente, lo único de públicas que tienen es que reciben millones de dólares en fondos del Departamento de Educación, aunque sus dueños y directivos son personas jurídicas privadas y no son empleados ni oficiales del Departamento de Educación de Puerto Rico.

Desde 2018 se han creado en Puerto Rico 21 de estas escuelas llamadas «charter» y se ha anunciado la apertura de cinco más para este próximo ciclo escolar. Cerca de $50 millones del Departamento de Educación se destinan al financiamiento de estos planteles cuya matrícula total asciende a 7, 410 estudiantes – 1,600 estudiantes provenientes de colegios privados y 5,810 de escuelas públicas- mientras el resto del verdadero sistema público se reparte los 221,000 estudiantes que lo integran al presente.

Realmente, las escuelas charter son un modelo híbrido, y aunque se supone que rindan cuentas y sean supervisadas por el Departamento de Educación por los fondos públicos que reciben, hay evidencia constatada  por investigaciones periodísticas de que el proceso de supervisión y rendición de cuentas carece de las garras y el rigor necesarios para garantizar cumplimiento. Así ha ido surgiendo  un sistema educativo de doble vara que, poco a poco, socava desde adentro a las escuelas públicas.

Desviar millones de dólares destinados a la educación pública hacia  proyectos educativos privados, sin la debida supervisión ni rendición de cuentas, es fomentar la creación de muchas más de estas llamadas escuelas, que se convierten en fuentes de lucro para dueños, socios o accionistas.

La educación de un pueblo no puede verse como un producto de consumo. Por eso, los sistemas educativos exitosos se basan en modelos filosóficos que promueven el desarrollo integral de sus educandos. La Constitución de Puerto Rico de 1952 consignó oficialmente la educación como un derecho humano fundamental que debe ser provisto y garantizado por el Estado. Por otra parte, el propio Departamento de Educación describe a las llamadas escuelas Alianza o «charter» como » escuelas públicas gratuitas, no sectarias, de calidad y libres de cualquier discrimen».

La tercerización de la educación pública y el otorgar fondos del Estado a entes privados para educar a estudiantes del sistema público, sin unas guías estrictas de supervisión y rendición de cuentas, no es ofrecer mejores oportunidades a nuestros estudiantes. Es abrir la puerta para que se cuelen proyectos educativos privados que respondan a los objetivos de sus dueños y no a las necesidades de nuestra población escolar. Es también debilitar irreversiblemente la zapata del sistema educativo de nuestras futuras generaciones.

 

 

 

 

 

 

Débil el proyecto de estatus de Pablo José Hernández

Pablo Jose Hernández

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

 

De fútil y débil en términos jurídicos son algunas de las calificaciones que dos cabilderos por la independencia consultados por CLARIDAD señalaron sobre el proyecto radicado por el comisionado residente, Pablo José Hernández, que propone para la celebración de una consulta de estatus que incluye la opción del Estado Libre Asociado (ELA).

El proyecto radicado hace una semana por el comisionado residente, quien se alinea con los del Partido Demócrata en la Cámara Baja del Congreso de Estados Unidos, fue coauspiciado por los congresistas Derck Tran, Wesley Bell, Val Hoyle y Jhon Larson.

En entrevista, el portavoz de Plan B independencia (PBI), licenciado Carlos Rivera Lugo, organización que el pasado año cabildeó en Washington y propuso que el presidente, Donald Trump, firmara una Orden Ejecutiva concediendo la independencia a Puerto Rico, describió el proyecto como un esfuerzo fútil por tratar de insertar el problema, que es la colonia, como una posible solución al estatus colonial. “Me parece que está tratando de pescar en río revuelto”. En esa línea, se refirió a que, desde el inicio de esta administración, el presidente Trump, ha hecho claro que descarta la estadidad para Puerto Rico y se ha quejado de la dependencia colonial.

Rivera Lugo destacó que tanto Plan B como otras organizaciones de la diáspora, como Power for Puerto Rico (PPR) y Puertorriqueños Unidos en Acción (PUA), todos han estado cabildeando de manera activa a favor de una pieza legislativa que dé inicio a un proceso de transición hacia la independencia. Su tesis es que, desde la óptica del presidente, si la colonia es un problema para EE. UU. por el alto costo que tiene, la estadidad tampoco es aceptable porque esta es una amenaza al Partido Republicano en el Congreso y al Gobierno federal. Lo que queda es entonces  la independencia.

El portavoz de Plan B dijo que es obvio que ha habido otras gestiones para tratar de promover legislación sobre el estatus de Puerto Rico, como la de los congresistas Daren Soto y Tom McClintock, pero observó que uno de los problemas es que los procesos congresionales se abren a las presiones y los cabildeos. Un ejemplo reciente es el del congresista McClintock, quien hace poco anunció la posibilidad de radicar un proyecto hacia la independencia, pero luego ha estado hablando de que, si bien él favorece la independencia, su proyecto es posible que pueda incluir otras opciones, incluida la estadidad. “En ese sentido, el comisionado residente lo que está buscando es relevancia porque ha sido irrelevante su postura de refundar lo irrefundable, que es la colonia. El llamado ELA ha caído en oídos sordos”.

Mas aun, señaló al comisionado residente como un “cero a la izquierda” en la discusión del estatus y comparó su gestión con el recién anuncio de Jenniffer González, de que el “estatus está en issue” y de que hay que renovar los esfuerzos por la estadidad’.

El profesor de Derecho apuntó que, por el contrario, lo que ha revuelto el tablero político alrededor del Congreso de EE. UU. es lo que ocurrió cuando Plan B el pasado año en sus reuniones con John Thune, portavoz de la mayoría, y con McClintock, reconocieron ambos de forma abierta que estaban recibiendo lo que entendían era una opción que hasta ahora nadie les había planteado de manera seria: una opción para la independencia de Puerto Rico.

Rivera Lugo reclamó que Plan B está poniendo la independencia como una opción frente a una estadidad que ninguno de los dos partidos estadounidenses apoya. En el caso de Trump, este tiene miedo a que el Partido Demócrata pueda recuperar la mayoría en el Congreso e imponer la opción de la estadidad a Puerto Rico por consideraciones estrictamente politiqueras.

Por parte del presidente, dijo, este también tiene que tomar una decisión, y la única manera que tiene para que sea definitiva es aceptar y discutir la propuesta de Plan B de iniciar una transición hacia la independencia y transferir los poderes a Puerto Rico para iniciar un proceso bilateral de una nueva negociación que las distintas organizaciones le plantearon al Congreso y a su administración.

Una réplica del proyecto 8393

En entrevista por separado, el portavoz de Puertorriqueños Unidos en Acción, licenciado Manuel Rivera, indicó que el proyecto presentado por Hernández es una réplica del proyecto 8393, pro estadidad que se presentó durante la administración de Joe Biden. La diferencia jurídica más importante entre ambos proyectos es que el 8393 excluía al ELA y ahora incluye al territorio (ELA) como garantía.

Mientras, al igual que Rivera Lugo, el portavoz del PUA se expresó en el sentido de defender el proyecto que se le presentó al congresista McClintock: “Es una propuesta de ruptura clara con el estatus territorial. Su fuerza principal es que reconoce que la relación actual es colonial, y busca terminarla mediante la independencia con una transición ordenada, protección de derechos adquiridos y continuidad de beneficios federales durante un periodo de ajuste. La medida que se le presentó a McClintock está enfocada en la independencia de Puerto Rico”.

Al respecto, agregó que el proyecto de McClintock parte de la premisa fuerte de que Puerto Rico sigue bajo los poderes plenarios del Congreso y que la solución real es terminar la condición territorial bajo la independencia.

Rivera subrayó que, por el contrario, el proyecto del comisionado residente parte de una premisa más política de que todas las opciones deben estar en la papeleta, incluido el ELA, y es ahí donde esta su debilidad jurídica. Esto se debe a que el ELA mantiene su condición colonial e ignora casos como el United States v. Vaello-Madero, que reafirma el poder plenario del Congreso sobre Puerto Rico.

Entre otras comparaciones, el candidato a fiscal general de Washington, D. C. por el Partido Republicano señaló que el proyecto de McClintock tiene más claridad constitucional, ya que termina con el territorio, ante  el del comisionado residente, que incluye la opción territorial. La medida de McClintock atrae a los republicanos antiestadistas y a los soberanistas; la de Hernández deja en el aire a los estadistas, aunque esa sería su opción si no les ofrecen la estadidad.

“Una papeleta que incluya al ELA como opción permanente no descoloniza a Puerto Rico, perpetúa la ficción de que puede existir soberanía real bajo los poderes plenarios del Congreso”, concluyó Rivera.