Los Reyes Magos según the Puerto Rican Youth of Chicago

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Que ondeee sola. Fotos suminstradas

Suplemento Especial

Vienen de tierras lejanas a visitar la ciudad de los vientos. Vienen convocados por la gente que insiste en reyar a pesar del frío y por las cartas que todavía reciben de niños puertorriqueños. Vienen Melchor -el inconfundible- y Gaspar y Baltasar, intercambiables. De todas maneras y a pesar de todo, vienen y son reconocidos con alegría por la población boricua. Ojalá tengan tiempo de observar unas imágenes que produjeron l@s estudiantes de varias escuelas para participar en un certamen de arte.

Es@s muchach@s, habitantes de comunidades migrantes que surgieron hace más de medio siglo, ya no reciben regalos el 6 de enero. Su conocimiento de los Reyes Magos es vago y nebuloso y forma parte de una identidad puertorriqueña que sobrevive en una adolescencia de romances acelerados, cambios de tono de voz, sonidos hip-hop y salseros, gangas en cada esquina, riesgo de SIDA, tentación de droga e identificación con bandera monoestrellada.

El proceso del certamen fue un retorno visual a una imagen de sus tiempos infantiles que ha caído en desuso en su tiempo presente. El retorno fue muy breve: durante una hora escucharon una charla sobre los Reyes Magos, mientras miraban imágenes artesanales, láminas de libros y tarjetas de felicitación.

Su participación en el concurso, tras el estímulo inicial de la charla, fue un redescubrimiento, una nueva mirada con ojos adolescentes. L@s muchach@s trabajaron sin volver a consultar los modelos que vieron al principio. Así, produjeron imágenes en las que el recuerdo viejo y la mirada reciente se expresaron intervenidos por la actualidad. De hecho, surgió una expresión de los Reyes Magos que incluye la cotidianidad que l@s jóvenes viven hoy en Chicago. El resultado es una muestra visual en la que se entrecruzan tradiciones, actualidades e innovaciones. Se puede demostrar, sin embargo, que la inquieta variedad de Reyes Magos que l@s muchach@s produjeron tiene una coherencia que trasciende las incidencias del azar.

Lo de inquieta variedad merece un comentario aclaratorio. Los muchachos afirmaron su atrevida juventud y se negaron a seguir instrucciones. Se les convocó a un concurso de pintura y se reglamentó el tamaño de las obras. Los entusiastas concursantes produjeron trabajos en pintura, dibujo, medio mixto y collage. Trabajaron con carbones, pasteles, marcadores, acuarelas, crayones, papeles, textiles, plásticos y polvos de brillo. Sometieron piezas de muchos tamaños. Para completar, acogieron la participación de dos afroamericanos y un asiático. 

Provocaron una pesadilla de decisiones riesgosas a los miembros del jurado pero gozaron con sus propios sueños de noche estrellada.

La coherencia plural de estos trabajos se capta si reconocemos primero la vibrante energía de su individualidad. Los Reyes Magos de l@s muchach@s de Chicago se manifiestan como tres vagabundos callejeros, tres misteriosos encapuchados, tres solemnes y antiguos señores, tres portadores de regalos puertorriqueños, tres encarnaciones del Amor, la Fe y la Alegría, tres barbudos cabizbajos y ricamente vestidos, tres jóvenes de pantalón y chaleco, tres jinetes a caballo vistos de espaldas, ¡tres mujeres bailarinas!, tres guerreros musculosos de rostros hostiles y amenazantes, tres figuras sonrientes cuyo género es incierto, tres esbeltos caminantes bajo un gran cielo rosado, tres coloridos barbudos de facciones orientales, tres difusos personajes frente a tres hojas enormes, tres muchachos que son reyes y se miran uno al otro, tres hechiceros fantásticos de animación de TV, tres visitantes nocturnos en establo iluminado… (tres puntos suspensivos en honor a los que dejo sin mencionar). 

La coherencia plural de estos trabajos se origina en una identificación muy específica entre la autoimagen de l@s jóvenes y la imagen de los reyes. Primero que nada, la vida de l@s muchach@s y el viaje de los reyes tienen en común una prominente festividad, una celebración colectiva de la alegría. La fiesta de los reyes y el party de l@s muchach@s comparten la naturaleza del gozo: reyar es algo que suena familiar porque se parece a to have fun. Segundo, mirar a los reyes nos obliga a lo mismo que mirar a l@s muchach@s: a notar enseguida y antes que nada la importancia de la vestimenta como uso premeditado y gozoso del color. Para l@s jóvenes, vestirse apropiadamente-según la edad, la moda o la ganga- es tan definitorio de la identidad personal como para los reyes: ambos dicen quienes son según lo que llevan puesto. Tercero, la presencia de los reyes y de l@s muchach@s en Chicago es en los dos casos un venir de tierras lejanas, es decir, una migración o viaje. Los reyes viajeros y l@s jóvenes migrantes son encarnaciones visibles de la diversidad cultural. 

Este sistema de identificaciones tiene efectos directos en la expresión plástica de l@s muchach@s. En sus trabajos predomina un juego placentero con las posibilidades de los colores y los materiales. El gozo visual de la imagen que crean es tanto que les permite escapar de los estereotipos y producir una variedad de Reyes Magos irreverente y divertida. Esto es así a pesar de que en ciertos casos los reyes asumen expresiones de seriedad y agresividad. El hecho de transgredir la imagen tradicional de solemnidad bondadosa es una provocación en tono de gufeo. Además, esta violación de la tradición es a la vez una incorporación de la cultura urbana que los muchachos viven y que contiene grandes dosis de violencia. 

En estos trabajos aparecen dos tendencias contradictorias que coexisten, no sólo en la muestra de las obras, sino en la formación cultural de l@s muchach@s. Una es la recurrencia de temas visuales que ilustran la puertorriqueñidad: banderas, güiros, palmas, garitas y un insistente rey negro. Otra es la intervención de derivaciones visuales procedentes de los cómics y los cartoons violentos de la televisión: guerreros míticos, hechiceros superpoderosos y viajeros espaciales. Estas imágenes son parte del aprendizaje visual de los niños a nivel transnacional. De hecho, estos personajes, convertidos en juguetes de moda, son precisamente parte del repertorio de regalos que los Reyes Magos y Santa Claus dejan a los niños del mundo, incluso a los niños de Puerto Rico.

En ánimo de contrarrestar el efecto totalizador de las generalizaciones anteriores, quiero resaltar la fuerza individual de dos trabajos de gran impacto.

El primer trabajo es un dibujo a lápiz de color, demasiado pequeño según las reglas del concurso. El autor se negó a producir otra versión más grande y el trabajo gustó mucho entre sus compañeros, de manera que transamos por ponerle un amplio marco de cartón para exhibirlo. Al principio a muchos les pareció una dulce y bonita representación de la adoración de los reyes. Además, los regalos de los Magos -güiro, garita y bandera- añaden una puertorriqueñidad visible y estimulante. Sin embargo, una mirada detenida y atenta produce una sensación de perplejidad. Veamos.

Uno de los planteamientos de la charla sobre los Reyes Magos que más interesó a los muchachos fue la preferencia y distinción a Melchor el rey negro en la tradición puertorriqueña. El autor de este dibujo, un gang-banger que dirige una sección de 20 hombres en su vecindario, tiene una particular aversión contra los negros miembros de gangas rivales que ya ha expresado en dibujos anteriores, a pesar de que él mismo es un mulato boricua de plena ascendencia africana. Así las cosas, no es extraño que el regalo más importante y visible de su estampa de adoración -la bandera puertorriqueña- no esté en manos del rey más oscuro sino empuñada por otro rey que está de pie y nos mira de frente. Esta es la misma bandera con asta en forma de lanza que en otro dibujo suyo para otro proyecto de arte provoca el incendio de un carro patrulla de la policía. En ese dibujo anterior, la bandera incendiaria estaba en manos de un muchacho boricua que representaba al propio dibujante. En este nuevo dibujo, el rey que sostiene la bandera está vestido de verde y negro, los colores emblemáticos de los Cobras, la ganga a la que pertenece el autor. Como si no quisiera dejar dudas, la punta de lanza del asta también tiene un tono verde y tiene forma de diamante alargado, el emblema de la ganga Cobras. Todavía no acabamos, lector. El rey-cobra-autor tiene un gorro o turbante en vez de corona. ¿Por qué? Porque las coronas son emblemas de los Kings, una ganga rival. Para ser todavía más consistente, las coronas de los dos reyes están pintadas de amarillo y negro, los colores de la ganga enemiga Kings. 

Hasta aquí, hemos reconocido unos elementos de identificación puertorriqueña y gansteril que confluyen en la misma persona, el autor. Pero hay algo más profundo. El mundo social de las gangas funciona mediante férreos principios de violencia, desconfianza, hostilidad y competencia. En cualquier situación en que coinciden miembros de gangas rivales, a lo más que se puede aspirar es a una tensa y frágil tolerancia que a la menor provocación se convierte en confrontación abierta. En esta adoración no hay convocatoria ni paz sino tensión y peligro. Cada uno de los cuatro personajes –tres reyes y un niño- mira para un lado distinto. El niño Jesús no logra traer la paz a las gangas de Chicago. ¡Cuánta complejidad y sensibilidad artística hay en este pequeño dibujo! 

Cuando por primera vez se explicó la naturaleza del certamen a l@s jóvenes escolares, una muchacha se puso a pensar con mucha seriedad y anunció que sus tres reyes serían three bums, because although they are bums, they still have something to offer. Días después, me trajo un dibujo a lápiz. Para decirlo en Spanglish, los tres kines son tres bones: sus ajadas vestimentas y sus facciones sufridas son más que elocuentes (*). Uno ofrece de regalo una botella de vino y otro una hogaza de pan. Están de rodillas. El tercero está de pie, sujeta un cofre en sus manos y exhibe abundantes dreadlocks. Este es el Melchor vagabundo, rasta y pobre pero siempre generoso. El niño luce calmado, la estrella ha bajado a verlos y la composición se refuerza con un pórtico y dos tiestos que hacen ámbito de triángulo. Digo más. El pan y el vino, expresión típica de la miseria y la nota del vagabundeo, se trascienden a sí mismos y se hacen expresión de la espiritualidad más sublime: son las imágenes religiosas del sacrificio de Cristo, la Eucaristía que se renueva cada vez que se repite una Misa en conmemoración de la Última Cena. Esta enorme carga de sentido es congruente con la imagen de los reyes vagabundos. Aunque la visión estereotipada de los bums los cataloga de fracasados, derrotados e inservibles, en realidad estos personajes conocen la calle mejor que nadie porque ahí han vivido siempre. En la ciudad, la calle es el eje de la supervivencia y para sobrevivir hay que saber muchas cosas. Ese rico conocimiento inadvertido por los que tienen empleo y casa propia está guardado en el cofre de Melchor, el de los dreadlocks. Junto al pan que mata el hambre y el vino que mata la pena, forman un regalo de buena voluntad para que el niño Jesús -que significativamente está solo- pueda sobrevivir en la cruel ciudad de Chicago.

El pan y el vino. El nacimiento y la muerte. Lo primero y lo último. El arte puede florecer completo en una muchacha boricua y pobre de una escuela de Chicago. Three Wise Men=Street-wise men. ¡Que vivan los reyes! 

(*) En el Spanglish de Chicago, kines es el plural de king. Una de las precauciones que tomé durante la organización del concurso fue evitar traducir tres reyes a three kings porque Kings es el nombre de una de las gangas de la ciudad y se considera enemiga en el territorio de los participantes del certamen. El uso de nombres, colores, emblemas y demás signos de identidad gansteril está intensa y detalladamente ritualizado, de manera que se excluyen unos a otros con la mayor rigurosidad. Three Wise Men es un término neutral que no provoca animosidades. 

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