Santiago de las lluvias: 1996 y 2025

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En Rojo

 

Comencé a escribir sobre las procesiones de las Fiestas de Santiago Apóstol de Loíza de manera consistente hace 29 años. Antes de eso, había pasado muchas veces por Loíza, pero nunca había marchado las tres millas de la carretera 187 entre el pueblo y el vecindario de Las Carreras con el Santo. Eso cambió el 28 de julio — el día de Santiago de los Niños – de 1996. Fue un día de lluvia intensa, pero decidimos seguir la ruta para experimentarla al máximo posible. Salimos del pueblo bajo lluvia antes del Santo y paramos a la mitad del camino para comer y esperar la procesión.

La lluvia intermitente del día tampoco detuvo a los cientos de personas (en su gran mayoría jóvenes) que marcharon desde el pueblo al frente, al lado y detrás de su Santo por la carretera principal hacia Río Grande y luego en dirección a la playa por Las Carreras.

Escribí entonces, “la lluvia servía casi como un agente catalítico para la enorme energía que mostraron los jóvenes en el camino mientras se enlodaban ellos mismos y a los demás al cruzar los charcos salpicando a todo el mundo. Los adultos llevaron el Santo diminuto por todo el camino y hubo presencia, aunque escasa, de máscaras y vestuarios de vejigantes y caballeros. Sin embargo, la inmensa mayoría de los caminantes fueron los adolescentes y el vestuario de preferencia fue ropa de camuflaje militar con caras pintadas de un solo color o caretas de látex estilo Halloween con todas las posibilidades que ofrecen las películas de horror grado B de Hollywood” (“Claridad”, 23-29 agosto 1996).

Sin embargo, esto definitivamente no era lo que esperaba después de haber leído el libro y los artículos y visto la película de Ricardo Alegría sobre las Fiestas. El pueblo también reaccionó, y más tarde en 1996 y 1997 la Asamblea de Loíza pasó un reglamento para gobernar las fiestas e intentar devolver su carácter como “fiestas tradicionales”.

Aunque con sus propias limitaciones, este proceso ha funcionado para restaurar las Fiestas como un espacio menos precario mientras refuerza la importancia esencial de los tres santos – de los Hombres, las Mujeres y los Niños –por un lado, y por el otro, la activa participación de los personajes festivos de los Caballeros, Vejigantes, Locas y Viejos.  De hecho, el florecimiento del arte de taller y pintar máscaras y de vestirse y actuar el personaje de Vejigante ha sido uno de los principales avances de los últimos 29 años.

Desde entonces, he participado en las Fiestas cada año, excepto durante la pandemia de 2020. Este año asistí solamente a la procesión de Santiago de las Mujeres, el 27 de julio, que todo el mundo imaginaba sería el día más grande de festejar. Era domingo y este santo había ganado más interés a través del premiado documental “Santiago de las mujeres” de la cineasta loiceña Rosamary Berrios.

Pero la lluvia del 27 de julio de 2025 no fue la intermitente con llovizna constante de 1996; fue a nivel de tormenta. Estacioné en Las Carreras para caminar hacia la procesión, pero me detuve por más de media hora bajo techo para escapar un diluvio. Poco a poco salí de Las Carreras, zapatos ya sancochados por grandes lagunas en la calle para llegar a la 187, buscando refugios temporeros con cada reinicio de la lluvia.

En ruta encontré El Carretón Alegre – el museo-vagón-bocina en ruedas de música caribeña grabada — bajando frente a mi para también reunirse con la procesión. El Carretón corre frente a los Santos y los Vejigantes, Caballeros, Locas y Viejos se agrupan alrededor de ello. Pero estábamos tarde porque los Santos – de las Mujeres y de los Niños – ya había viajado la mitad del camino bajo lluvias fuertes.

Mi próxima parada fue en la Capilla de Santiago Apóstol. Como los demás, su quiosco estaba medio apagado. Habían hecho grandes preparaciones, pero la lluvia había detenido la esperada muchedumbre. La calle aparecía medio abandonada, pero seguía bajando hasta mi destino del Sazón de Sylvia en Colobó – ya solamente un quiosco al lado del nuevo restaurante pronto a abrir – para comer la última arepa con bacalao mientras cerraban el negocio. Desde allá se oían los truenos, no de la tormenta sino de las bombas que anuncian la llegada del Santo. La procesión no había parado, y parecía que iba a escampar durante la última tercera parte del viaje hacía Las Carreras. Regresé a las carpas de mis amigxs cerca al final de la ruta para esperar.

Y finalmente, ¿qué llego? Hubo valientes con y sin sombrillas, pero la cantidad de público general acompañando los Santos fue escasa en comparación a otros días sin lluvia. No vi personajes de Locas ni Viejos; mientras, esta procesión mezclaba el público, los Santos y los personajes enmascarados. El Carretón Alegre lucía mejor que nunca en su papel de guiar los elementos no sagrados al punto en Las Carreras donde antes erguía el viejo árbol de corco. Según la leyenda, allí encontraron por primera vez el Santo de los Niños hace 200 o más años.

Cuando llegaron justo frente a mí, a cien metros del mosaico que marca el lugar del árbol, la lluvia comenzó de nuevo a empapar a todo el mundo. Pero llegaron felices, si bien mojadxs, lxs cargadores de las literas de Santiago de las Mujeres seguido por Santiago de los Niños. Fue la primera vez que he visto Vejigantes como los jinetes que llevan las banderas de los Santos a la carretera 187. Cuando las devuelvan, la procesión puede regresar a las Medianías, Santiago de los Niños a su Capilla y Santiago de las Mujeres a la casa de su mantenedor.

Era un día frustrante para fotógrafos. Sin embargo, dentro de la lluvia hubo un despliegue sorprendente de colores y estilos de Vejigantes mostrando un alto calibre de artesanía tanto en sus máscaras como en sus vestuarios. Los verdaderos héroes de las Fiestas, los Vejigantes no solamente resistieron a la lluvia y sino sobresalieron y ganaron sobre la tormenta a sus alrededores.

Las Fiestas son imparables – tanto hace 29 años con lluvia y personajes mediáticos y no tradicionales como en el diluvio del 27 de julio de este año. Con o sin grandes públicos “corren’ los Santos y se destacan los Vejigantes.

 

 

 

 

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