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NaciÓN

Con Cuba,  en resistencia y solidaridad 

Listar los ejemplos de la generosidad y solidaridad de Cuba con países, pueblos y personas en el mundo podría llenar varios tomos de su gloriosa historia. Desde los tiempos bajo España, ha sido proverbial la solidaridad de Cuba y el pueblo cubano con las luchas por la libertad y la soberanía de los pueblos de América y el Caribe, particularmente con la independencia de Puerto Rico que formó parte de la plataforma programática del Partido Revolucionario Cubano de José Martí y demás patriotas, desde el 1892.

Cuba logró su independencia de España tras la Guerra Hispanoamericana, pero esta fue mediatizada por un largo período de tutelaje bajo el entonces gobierno del emergente imperio estadounidense. Posteriormente sufrió décadas de intervención y extracción de riquezas y recursos bajo una larga sucesión de gobiernos títeres y tiránicos.

La Segunda Guerra Mundial, del 1939-1945, dejó al mundo dividido en dos grandes polos, capitaneados de un lado por el pujante, arrollador y agresivo imperio de Estados Unidos, y del otro, por la recién constituida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URRS), espacio que Rusia encabezó porque su enorme y aguerrido ejército peleó y ganó los combates cruciales que culminaron con la derrota de la Alemania Nazi y sus aliados, Italia y Japón. Terminada esa guerra, el mundo no solo quedó dividido, sino también desconfiado, vulnerable y frágil, y los países buscaban a duras penas una paz que no llegó. Lo que sí llegó fue la llamada carrera armamentista, impulsada por Estados Unidos, que había desarrollado una monstruosa industria de armas y bombas nucleares que constituían una amenaza a la paz del mundo entero.

Con ese telón de fondo, la Cuba Revolucionaria se presentó ante el mundo en 1959 como un nuevo modelo de gobierno socialista y popular que pondría el énfasis en crear una sociedad cubana más igualitaria, con una población alfabetizada y pensante, que diera trabajo, educación y salud a todas y todos, y construyera un modelo social y económico que fuera ejemplo para otros países del mundo. Cuba también sobresalía como abanderada de la solidaridad, no solo entre su propia gente, sino también entre países, pueblos y personas, y como portavoz de la soberanía e independencia de los pueblos y del derecho de cada nación a dirimir sus asuntos sin injerencias ni intervención extranjera.

Ese mensaje selló su suerte porque chocaba de frente con los planes de dominio mundial del fortalecido imperio guerrerista del Norte. Hasta ese momento, Cuba había sido una plaza fácil de la milicia y la mafia estadounidense para su penetración y control de la región de América Latina y  el Caribe, la que ahora se les escaparía.

Así inició la relación entre la Cuba Revolucionaria y Estados Unidos, que meses después dio paso a la primera oleada de exiliados cubanos millonarios a Miami y Puerto Rico, con dinero e influencia suficiente para financiar una feroz campaña de desinformación y descrédito sobre la realidad cubana. Algunos de los peores elementos de ese exilio cubano enfilaron también su odio hacia las y los luchadores por la independencia de Puerto Rico, cuyos vínculos históricos con Cuba los acercaban aún más.

Esa ofensiva culminó dos años más tarde con la aprobación por el Congreso de Estados Unidos de la Ley de Asistencia Exterior de 1961 y la puesta en vigor del inmisericorde bloqueo económico, financiero y comercial contra Cuba. Más adelante, el Congreso de Estados Unidos aprobó las leyes Torricelli de 1992 y Helms- Burton de 1996 mediante las cuales sucesivos gobiernos estadounidenses han seguido han inrentado y endurecido las prohibiciones, limitaciones y sanciones contra Cuba, hasta el actual bloqueo criminal de petróleo y las amenazas de castigos indiscriminados contra el pueblo cubano del gobierno de Donald Trump, quien parece inclinado a desquitarse con Cuba por el fracaso de su guerra junto a Israel contra Irán. En resumen, la Cuba Revolucionaria y su población han vivido bloqueados y asediados desde siempre, bloqueo que ahora amenaza la salud y la vida de millones de cubanos

Pero, los 62 años de bloqueo jamás han detenido el impulso solidario de la Cuba Revolucionaria. Esta ha exportado generosamente de sus médicos, maestros, y trabajadores diestros hacia todos los rincones del mundo que los han necesitado. También ha acogido con su habitual buena voluntad a una gran y diversa humanidad de nuestra región y del mundo. Con recursos o sin ellos, Cuba ofrece más allá de lo que tiene, y abre sus puertas a perseguidos y exiliados políticos, a personas con necesidades de salud y rehabilitación, a atletas que requieren entrenamiento, a estudiantes de carreras universitarias o de oficios diestros, a artistas y bailarines que quieren perfeccionarse, a cineastas, a literatos, en fin, a todo aquel que necesite y solicite acogida. Ahora mismo, en Italia se resisten a enviar a los médicos cubanos que sirven allí de vuelta a su país, porque son excelentes y muy necesarios.

Con la independencia de Puerto Rico y sus luchadores, además de otros cientos de instancias humanitarias, la solidaridad de Cuba se ha desbordado incondicionalmente. Si la autodeterminación e independencia para Puerto Rico gozan de la simpatía y apoyo de decenas de países y cientos de miles de personas en el mundo, se le debe a la firmeza, constancia y solidaridad de Cuba, que ha abierto puertas y foros que están cerrados para territorios y países coloniales como el nuestro. Igualmente, Cuba ha sido un aliado formidable de todas las luchas y reclamos justos de gobiernos y pueblos en nuestra región y otras partes del mundo.

Por eso, decepciona y avergüenza que en esta encrucijada de vida o muerte para el pueblo cubano, líderes de partidos y gobiernos progresistas y de izquierda en nuestros países de América Latina y el Caribe, y de otras partes del mundo, hayan optado por callar ante este criminal bloqueo de petróleo y hacia los atropellos, insultos y amenazas de Donald Trump y otros portavoces del gobierno de Estados Unidos. Igualmente, denunciamos y repudiamos que se intente y permita usar nuestro suelo puertorriqueño, sea Ceiba, Salinas o cualquier otro, para ejercicios y prácticas de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que puedan desembocar en una intervención militar en Cuba.

A las personas de buena conciencia en Puerto Rico, América Latina, el Caribe y demás países, les llegó la hora de denunciar esta embestida brutal del gobierno de Estados Unidos contra el pueblo cubano, cuyo único desafío ha sido edificar un país con un sistema educativo y de salud extraordinarios, a pesar del bloqueo y las sanciones, y jamás renunciar a su soberanía ni a la práctica constante de la solidaridad.