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Creando sin encargos

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Omayra Rivera Crespo, Irmaris Santiago Rodriguez; Yazmin Crespo Claudio del Taller Creando sin Encargo.

 

En Rojo

ccotto@claridadpuertorico.com

“Una arquitectura, que no responda a la estética ostentosa, a un espacio exclusivo y excluyente”. Ese es el proyecto compartido por Omayra Rivera Crespo, Irmaris Santiago Rodriguez; Yazmin Crespo Claudio en el Taller Creando sin Encargo. Sus creadoras así lo describen:  No trabajamos por encargo del mercado; trabajamos con comunidades. No entendemos el diseño como un servicio, sino como un proceso colectivo. No entendemos la pedagogía como una transacción, sino como aprendizaje horizontal. Creemos en el desaprender para aprender críticamente”.

Las arquitectas coincidieron en sus estudios de bachillerato en la UPR, Rio Pierdas. Luego por diversos caminos cursaron sus estudios doctorales. Ahora son como profesoras en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Puerto Rico. Ahí comenzaron a preguntarse:

¿Cómo se enseña arquitectura en un país colonial, atravesado por crisis económicas, ambientales y políticas? ¿Qué significa formar arquitectos en un territorio marcado por la deuda, la migración y la vulnerabilidad climática? Más que fundar una práctica, buscábamos ensayar otra forma de pedagogía y de producción espacial situada”.

Ante esos cuestionamientos expresan que el proyecto surgió por inconformidad.

Por no querer reproducir una arquitectura centrada en el mercado, en el ego profesional o en la estética despolitizada. Puerto Rico vive en una condición de extracción constante: económica, territorial y simbólica. Ante eso, la arquitectura no puede ser neutral. O fortalece comunidades o fortalece estructuras de desplazamiento”.

Pero también surgió desde el aula. Nos preguntamos qué estábamos enseñando y para quién. ¿Estábamos formando arquitectos para competir en el mercado o para pensar críticamente el territorio que habitan? Entendimos que la pedagogía debía transformarse junto con la práctica. No queríamos una educación vertical, autoritaria o distante de la realidad social, sino una pedagogía situada, crítica y participativa. En ese sentido, el taller es un proyecto pedagógico que cuestiona cómo se produce conocimiento y cómo se aprende a hacer arquitectura en un país colonial.

También surgió de nuestra posición como mujeres profesoras en un campo históricamente dominado por narrativas patriarcales. Queríamos una práctica matríztica, donde el cuidado, la interdependencia y la agencia colectiva fueran centrales”.

¿En qué se enfoca el trabajo comunitario?

En trabajar no solo en ni para las comunidades, sino con las comunidades. Eso implica redistribuir la autoría. Implica procesos abiertos en los que estudiantes, líderes comunitarios, voluntarios, niñez y residentes participan activamente en el diseño y la construcción.

Nuestros Workshops Arquitecturas Colectivas (WAC) — en La Perla, Puerta de Tierra, Barrio Obrero, Capetillo — han sido espacios gratuitos donde el aprendizaje es horizontal. No se trata solo de construir mobiliario o realizar intervenciones; se trata de reactivar el espacio público como territorio de encuentro y de memoria. Estos procesos operan de manera multi-escalar — desde el cuerpo y el gesto cotidiano hasta el barrio y el territorio — y reconocen la agencia tanto de actores humanos como no-humanos: el clima, la vegetación, los materiales, las infraestructuras existentes. Entendemos el espacio como un ensamblaje relacional donde lo social, lo ambiental y lo material co-producen formas de habitar y de resistencia.

El trabajo manual y la conciencia material son fundamentales. Al trabajar con materiales locales y procesos constructivos reales, nos reinsertamos en el ecosistema del territorio. El cuerpo vuelve a ser parte del conocimiento. Traducimos el pensamiento bio regional en algo tangible: una estructura, un espacio, un gesto colectivo.

La mayoría de las personas considera que la arquitectura es solo diseño; mas allá del diseño, cómo explicar su importancia sociocultural e histórica?

La arquitectura es política.

El espacio no solo cobija; también contiene memorias, desigualdades y aspiraciones. Decide quién pertenece y quién está desplazado.

Históricamente, la arquitectura en Puerto Rico ha servido tanto a proyectos coloniales como aproyectos de resistencia comunitaria. Por eso, la educación en diseño tiene una responsabilidad social: formar profesionales críticos que entiendan que reconstruir en medio de una crisis no puede ofrecer la ilusión de resolución resiliente, sino que debe atender las condiciones estructurales que generan vulnerabilidad, resistiendo patrones neoliberales y hegemónicos.

La arquitectura debe fortalecer las comunidades y contribuir a la transformación social. Cuando se somete a la lógica especulativa del mercado, reproduce desigualdades y legitima el desplazamiento.

En estos momentos en que Puerto Rico está acosado por los inversionistas de la Ley 22 con la pretensión de la construcción de complejos residenciales millonarios exclusivos, ¿cuál consideran es el papel sociocultural de la arquitectura?

Cuando se construyen complejos millonarios en tierras vulnerables mientras comunidades enfrentan el desplazamiento, estamos ante una crisis ética.

La arquitectura no puede limitarse a ejecutar proyectos sin considerar sus consecuencias. Debe insertarse en la discusión sobre política pública y apoyar herramientas como fideicomisos de tierra, bancos comunitarios, cooperativas y modelos de ayuda mutua.

El desarrollo que ignora los intereses comunitarios, los recursos naturales y las memorias territoriales reproduce la lógica extractiva que ha marcado nuestra historia colonial. La arquitectura debe formar parte de la defensa del derecho a permanecer.

Las entrevistadas narraron que, desde su fundación en el 2012, el taller ha desarrollado una práctica sostenida que articula pedagogía, territorio y acción colectiva. Sus primeros proyectos fueron Nuestro Centro en La Perla —como parte de la Trienal Poligráfica de San Juan— y el mobiliario para Cinema Paradiso en la calle Loíza.

En 2013 se realizó el primer Workshop Arquitecturas Colectivas (WAC I) en La Perla, convocando a estudiantes de diversas instituciones para trabajar junto a la comunidad. En 2017, el WAC II en Puerta de Tierra, en colaboración con la Brigada PDT, profundiza el trabajo en contextos de lucha urbana. De este proceso surge una publicación en la revista Bitácora Urbano Territorial.

En 2019, el taller se extendió a la diáspora mediante un proceso participativo en Worcester, Massachusetts. En 2020 se desarrollaron herramientas de diseño participativo para la comunidad de profesionales interesados en aprender sobre procesos participativos con las comunidades.

En 2021 se llevó a cabo el WAC III en Barrio Obrero San Ciprián, y en 2022 se realiza la Escuela de Verano: Play, Placemaking & Participation en Capetillo, con estudiantes de Puerto Rico y Alemania; de este proceso surge una publicación en la revista chilena De Arquitectura.

Creando sin Encargos será galardonada por la Association of Collegiate Schools of Architecture (ACSA) con el ACSA 2026 Diversity Achievement Award, Honorable Mention, por su trabajo “Contra-Narrativas: Trece Años de una Pedagogía Decolonial Puertorriqueña”.

El comité evaluador del ACSA, reconoció que el trabajo del TCSE, de Yazmín M Crespo Claudio, PhD, Irmaris Santiago Rodríguez, MArch y Omayra Rivera Crespo, PhD, desataca por las perspectivas que aportan desde un contexto caribeño históricamente moldeado por el estatus colonial de Puerto Rico y sus condiciones socio ambientales, así como por su compromiso sostenido con la justicia espacial, el diseño centrado en la comunidad y la transformación de la enseñanza de la arquitectura.

La ceremonia de Premios a la Educación Arquitectónica, se llevará a cabo en la 114ª Reunión Anual de la ACSA: Convergence/Divergence, que se celebrará en Chicago, Illinois, del 26 al 28 de marzo de 2026.

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